¡Hola a todos!
Último capítulo de la segunda parte. Cerramos un ciclo con este capítulo. Solo os voy a adelantar de él que las decisiones nos pueden costar alguna que otra cosa importante. Y Quinn y Rachel lo van a descubrir aquí.
A quien preguntó por los problemas, bueno, va a ser en lo que se va a centrar la próxima parte de la historia. Si no, no tendría qué contar.
También, para quien me preguntó por ESO, comentarle que lea este capítulo. No digo nada más.
A todos los que lleváis conmigo desde que empecé a escribir esta historia y a los que lo hacéis ahora, gracias de todo corazón.
Y aquí os dejo con un nuevo capítulo. ¡Disfrutadlo!
GLEE NO ME PERTENECE, PERTENECE A RYAN MURPHY Y A LA CADENA FOX
Capítulo 19: Decisiones a tomar
Para las chicas, aquellos últimos meses habían sido increíbles. Su relación se había fortalecido al máximo. Al principio sus compañeros se habían sorprendido de aquella relación. Nadie en aquel instituto se podía imaginar como pareja a aquella dos chicas. Y la respuesta al por qué era que las chicas pertenecían a mundos distintos, nadie conocía su vida antes del instituto. Sin embargo, al poco tiempo todo el mundo olvidó la "extraña pareja" y se centró en otras cosas.
Por su parte, la popularidad de Quinn no había caído por su relación con Rachel. En realidad, la castaña, en aquel momento, era cada día más valorada dentro del instituto. Ella y sus amigos, ya que detrás de uno iban los otros. Todos eran mirados con respeto por los pasillos del J. Williams. Para ellos, todo iba mejor que nunca.
Además, cada una se había abierto completamente a la otra. Ya no había nada oculto entre ellas.
FLASHBACK
Era el cuarto mes que las chicas llevaban saliendo juntas. Para aquella noche, Quinn se había esforzado durante la última semana para que todo saliera perfecto. Sus padres aquel fin de semana no iban a estar en casa, por lo que aprovechó para preparar la mejor noche de sus vidas. Durante los últimos encuentros entre las chicas a solas, la tensión sexual se había disparado considerablemente. Ninguna sabía si se podría contener un poco más de tiempo. Pero tener el cuerpo de la otra para hacer lo que quisieras se estaba volviendo una tortura para las dos. Por eso, Quinn pensaba que era mejor acabar con todo aquello de una vez, por el bien de las dos.
Ya eran las ocho de la tarde. Rachel estaba en la puerta de casa de su novia, esperando a que le abrieran. Aquella noche celebraría con Quinn su cuarto mes juntas y estaba nerviosa. Aún no había llegado al máximo nivel con la rubia pero se notaba que ambas lo estaban deseando. No quería decírselo a Quinn por si la estaba presionando. Sin embargo, la castaña notaba que su novia también estaba esperando lo mismo que ella.
Quinn no tardó mucho en abrir la puerta.
Q: ¡Hol... Mi madre. -la rubia se había quedado con la boca abierta al ver a la castaña.
R: ¿Qué pasa? -preguntó extrañada.
Q: ¿Qué qué pasa? Que mi novia está preciosa. Eso es lo que pasa. -la castaña simplemente llevaba una americana coral y unos pantalones negros pero para la rubia iba perfecta. Por su parte, la dueña de la casa llevaba un vestido corto veraniego que hacía ver sus perfectas piernas. Quinn hizo pasar a la castaña y le depositó un beso en los labios. El beso se tornaba cada vez más posesivo pero la falta de aire les hizo parar.
R: ¡Vaya recibimiento!
Q: ¿Te gusta? Porque si la respuesta es sí voy a hacerlo siempre. -dijo mientras iba acercando poco a poco su boca a la de su novia.
R: Hazlo siempre. -y cerró el espacio que quedaba entre ellas con un suave beso.- Bueno, ¿qué tienes preparado para hoy? El mes pasado te sorprendí bastante con mi picnic bajo las estrellas.
Q: Fue perfecto. Te lo curraste muy bien.
R: Todo lo que yo hago es perfecto. Y lo sabes.
Q: Lo que tu digas, creída. Vayamos al comedor. Pero te tengo que poner una venda en los ojos.
R: Siempre haces lo mismo, Q. ¿No puedes simplemente taparme los ojos con las manos?
Q: Esta bien. -la rubia hizo que le había pedido su novia. La condujo hasta el comedor y le susurró al oído.- Abre los ojos. La castaña obedeció. Cuando lo hizo, no pudo evitar abrir su boca.
R: Quinn, esto es increíble.
Q: ¿Te gusta?
R: ¿Qué si me gusta? -la castaña se giró a la rubia.- Es lo más bonito que han hecho por mí. Gracias. -le dio un dulce beso en los labios.
decenas de Y es que Quinn le había preparado todo el comedor iluminado con la luz de varias decenas de velas. En el centro había una masa que también tenía una vela sobre ésta. En el centro, una mesa iluminada con una vela ya tenía servida la cena.
Q: Me alegra que te guste. Y ahora, si me permites, cenemos. -la rubia arrastró la silla hacia atrás para que la castaña se sentara.
La cena transcurrió tranquilamente. Hablaron de todo tipo de temas. Había momentos en los que simplemente se miraban a los ojos sin intercambiar palabra. Y es que había momentos en los que no las necesitaban. Una mirada o una sonrisa para ellas ya era perfecto.
Después de cenar, las dos se encontraban sentadas en el sofá del comedor. Habían retirado la mesa para tener más espacio. Habían decidido acabar aquella perfecta velada viendo una película romántica, perfecta para aquella ocasión.
Después de una media hora de película, la castaña, quien se encontraba sentada con la rubia apoyada en ella, empezó a acariciar el pelo de su novia. Quinn, ante esta acción, tocó con suavidad la pierna de Rachel de arriba a abajo y la miró a los ojos. Cuando los de ambas conectaron, no pudieron evitar una sonrisa. La rubia se acercó a su novia y la comenzó a besar. Al principio eran besos dulces y demostraban amor. Pero cada vez, la temperatura iba subiendo. Sus manos buscaban más, necesitaban más. Sabían que los besos ya no eran suficiente.
Quinn empezó a besar el cuello de Rachel. La castaña solo pudo echar su cabeza hacia atrás para dejar más espacio a su novia. Un gemido salió de su boca, ya no podía resistirse más. Se acercó a la oreja de la rubia y le susurró al oído.
R: A tu habitación, Quinn. -la rubia se separó un poco.
Q: ¿Estás segura? -le preguntó mirándola a los ojos.
R: Completamente.
La rubia no esperó más y la llevó escaleras arriba. En cuanto llegaron a la habitación de Quinn, los besos siguieron con más intensidad, si aquello era posible. La rubia comenzó a desprender a la castaña de su ropa mientras que esta última buscaba el cierre del vestido de su novia. Cuando se deshicieron de toda la ropa y quedaron en ropa interior, Quinn tumbó a Rachel en la cama. La rubia quería llevar el control de la situación. Se colocó encima de la castaña y le comenzó a besar el cuello. Allí dejó una marca, de la que más tarde su novia le reprocharía. Comenzó a bajar por su cuerpo hasta llegar al valle de los pechos. Rachel ya estaba completamente excitada y su novia no había pasado de su torso. Había llegado a un punto de no retorno. La rubia volvió a mirar a su novia. La castaña simplemente asintió, permitiéndole a su chica quitarle el sujetador. Cuando lo hizo, la rubia se quedó admirada ante la visión ante ella. Sin esperar más, los atacó. Con su boca estimulaba uno y con su mano el otro. Rachel aprovechó la ocasión para quitarle el sujetador a la rubia y estimular los pechos de su chica con sus manos. Quinn siguió bajando hasta llegar a la zona más íntima de Rachel. Quitó la última prenda que quedaba en aquel cuerpo y la suya propia. Antes llegar hasta el final, volvió a dar una mirada a la castaña para luego introducir uno de sus dedos en la intimidad de ésta. Cuando esto ocurrió, Rachel se retorció. Sentía un dolor placentero. Quinn se acercó a su oreja y le susurró haciendo que se excitara aún más.
Q: Juntas. -Rachel no dudó e introdujo un dedo dentro de su novia.
La temperatura cada vez aumentaba más. Con otro de sus demos estimulaban el clítoris de la otra haciéndola retorcerse de placer. Finalmente, un segundo dedo se unió a la ecuación. Un grito de placer por parte de ambas recorrió toda la habitación indicando que juntas habían llegado al clímax.
Salieron de la intimidad de la otra y Quinn, quien aún estaba encima de su novia, se colocó a su lado.
Q: Eso ha sido… -pero no pudo continuar porque su novia la interrumpió.
R: Te amo, Quinn. Ha sido perfecto. No podía imaginar a alguien mejor para mi primera vez.
Q: Yo tampoco. Te amo, Rachel. -y juntaron sus labios en un tierno beso.
R: Creo que tengo ganas de más. ¿Otra ronda?
Q: Pensé que nunca me lo pedirías. -y siguieron haciendo el amor durante toda la noche.
FIN FLASHBACK
Habían pasado ya unos cuantos meses. El verano estaba a punto de terminar también. Las chicas se encontraban en España. El equipo de fútbol de la castaña había ganado un torneo nacional lo que las llevaba a competir contra equipos de otros países en allí. Quinn no se había querido perder la oportunidad de visitar aquel país y decidió acompañar a su novia en aquella aventura. También se habían trasladado hasta aquel país Kurt y Blaine, quienes no tenían ningún interés en el fútbol pero querían conocer otro nuevo lugar. Algo que sorprendió a todos fue que Santana y Brittany decidieron ir allí. La morena alegó que quería practicar su idioma, ya que en su país no solía usarlo y ella era latina. Como no, Brittany la había acompañado porque no se podía despegar de su novia.
El torneo se celebraba en Barcelona, o como llamaban los españoles, la ciudad condal. Allí habían acudido equipos de todos los países del mundo. El ambiente que se respiraba en aquella ciudad era de variedad de lenguas y culturas enorme.
Todos estaban disfrutando de aquella estancia en aquel país. Era algo nuevo para todos. Además, nunca habían compartido tanto tiempo juntos y aquello les iba a ayudar a conocerse mejor. Desde que la relación de las chicas había empezado, los amigos de las chicas se llevaban cada día mejor. Y aquel viaje iba a ser más motivo para llevarse bien.
Aquel día decidieron recorrer la ciudad condal para conocerla un poco más. En los días que llevaban allí solo habían ido a la playa y Quinn ya estaba harta. Quería conocer un poco de la cultura de aquel país. Su novia no le pudo decir que no y a los demás no les quedó más remedio que seguirla. Se hicieron muchas fotografías y pasaron una gran tarde todos juntos. Decidieron cenar en un pequeño restaurante en el centro de la ciudad para no tener que cenar en el mismo hotel siempre.
T: ¿Qué os ha parecido la ciudad?
K: A mí me está gustando mucho.
S: La verdad es que porcelana tiene razón. Barcelona es muy interesante.
Bl: Totalmente de acuerdo, no con lo del nombre que le has puesto a mi novio pero si con lo de la ciudad.
B: Ojalá este viaje no terminara nunca.
M: Una lástima que la final torneo sea ya mañana.
T: La cual vamos a ganar.
B: Vas muy confiada, ¿no crees?
T: Porque sé que vamos a ganar. ¿Verdad, Rach?
R: ¿Qué decías?
Y es que la castaña y su novia se habían pasado toda la cena cuchicheando entre ellas y diciéndose cosas no muy inocentes al oído.
S: Por favor, buscaros un cuarto, rubia. No queremos ver cómo le metes mano al gnomo delante de todo el restaurante.
Q: ¡Santana! ¡No llames a mi novia gnomo!
R: Además, no estamos tan unas obsesionadas con el sexo como tú.
S: Sois iguales que yo y la sabéis. Y es que una vez probado, ninguno puede escapar de él.
Sabían que Santana tenía razón pero nunca se lo iban a reconocer. Desde la primera vez que estuvieron juntas, cada vez que podían, lo hacían. No con la frecuencia que lo hacían Santana y Brittany pero sí muy habitualmente. Aquello parecía que las había unido más como pareja.
Terminaron la cena y se dirigieron todos al hotel. Allí, cada uno se dirigió a sus respectivas habitaciones. Quinn se dirigió corriendo al baño alegando querer darse una ducha rápida. Rachel no puso impedimento. Se cambió de ropa y se tumbó en su cama con el ordenador a esperar a la castaña. Diez minutos después, Quinn salía del baño. Rachel alzó la cabeza para mirarla y se encontró con una visión que le nubló la mente. La rubia únicamente llevaba puesto un conjunto de ropa interior de encaje rojo.
R: ¿Y esto? -Rachel aún no salía de su asombro.
Q: Un regalo para mi novia. -dijo mientras se iba acercando a su novia.- ¿Te gusta? -fue gateando por la cama hasta posicionarse encima de la castaña.
R: ¿Qué si me gusta? -Rachel se pasó la lengua por sus labios.- Déjame demostrarte cuanto me gusta. -y se lanzó a los labios de su novia. Ninguna de las dos dormiría mucho aquella noche.
Había llegado la hora del partido. Rachel estaba muy nerviosa. Ese partido iba a significar algo muy importante en su vida. No se lo había contado a sus amigos pero hacia unos días, un ojeador del FC Barcelona había hablado con ella. La quería aquel año en su club. La había visto jugar durante todo el torneo y estaba dispuesto a pagarle su estancia en Barcelona al menos dos años.
Rachel no sabía qué hacer. Ser futbolista era algo que nunca se había planteado. A ella le gustaba más escribir. Esa era su verdadera pasión. La tenía oculta porque sus padres pensaban que ser escritor era algo de uno entre un millón. Sus escritos los tenía todos en su ordenador. Escribía cuando no tenía nada que hacer. Pero nunca los daba por buenos porque pensaba que nunca sería escritora.
Sin embargo, aquella oportunidad que le estaban ofreciendo le abriría las mejores universidades del mundo donde podría estudiar literatura y poder perfeccionar su técnica de escritura.
Dejó de pensar en el tema en cuanto pisó el césped del campo. Aquello era lo más importante para ella en aquel momento.
El partido fue muy intenso durante los noventa minutos. El marcador no se movió hasta que un fallo defensivo en el minuto 85 llevó a las chicas de Chicago a perderlo. A pesar del resultado, estaban contentas con su participación en el torneo.
Al sonar el pitido final, Quinn bajó de las gradas a buscar a su chica. Ésta la abrazó con fuerza.
Q: Lo habéis hecho muy bien.
R: Lo sé. La lástima ha sido ese gol casi al final. ¡Qué rabia!
Q: Lo sé. Pero lo has hecho perfecto. -la volvió a abrazar y le iba a dar un beso cuando una voz las interrumpió.
-Señorita Berry, ¿puedo hablar con usted un momento en privado?
R: Claro. -se dirigió a Quinn.- Enseguida vuelvo. -le depositó un beso en la mejilla y se alejó en compañía de aquel hombre.
A los cinco minutos, la castaña volvió con su novia.
Q: ¿Quién era aquel hombre?
R: Mejor te lo explico luego, ¿vale? Déjame que me duche. -y le depositó un suave beso en los labios antes de dirigirse a los vestuarios.
La rubia se quedó pensando en aquello hasta que Santana y Brittany bajaron de las gradas a hacerle compañía.
Un rato más tarde, todos se encontraban cenando en el restaurante del hotel. Rachel aún no le había contado a su novia quién era aquel hombre porque quería decírselo a todos sus amigos. Quinn pensaba que tenía que ser algo importante para que su chica estuviera actuando de aquella manera. Finalmente, la castaña habló.
R: Chicos, tengo algo importante que deciros. -Santana iba a hablar pero la castaña la paró antes de tiempo.- Por una vez en tu vida, Santana, no me interrumpas. -la latina asintió.- El otro día un ojeador del FC Barcelona habló conmigo. Me dijo que quería ofrecerme una beca completa para estar aquí los dos años que me quedan de instituto. Quiere que juegue el año que viene en el femenino B. -todos estaban callados, no sabían qué decir. Después de unos segundos, Kurt habló.
K: ¿Y tú qué le has dicho? -esa era la pregunta que le rondaba por la mente a la rubia. Tenía miedo de lo que podría contestar la castaña.
R: Le he dicho que me lo tenía que pensar. Hoy ha vuelto a hablar conmigo y me ha dado hasta que se acabe agosto para darle una respuesta.
Bl: Eso son solo dos semanas.
R: Lo sé. Por eso quería hablar con vosotros cuanto antes para pediros vuestra opinión.
T: La verdad es que el Barcelona es uno de los equipos más importantes del mundo y su femenino uno de los mejores de su liga.
M: Es una gran oportunidad para ti, Rachel. Te va a abrir muchas puertas.
B: Sin embargo, vas a tener que perder otras cosas para ganarlas.
R: Kurt, ¿tú qué opinas?
K: Siendo egoísta te diría que no aceptaras pero eso significaría no darte la oportunidad de que el mundo descubra el gran talento que tienes para jugar al fútbol. No sabría responderte, Rachel.
Q: ¿Y tú, Quinn?
La rubia había permanecido callada durante todo aquel tiempo. No había querido interrumpir a nadie en sus opiniones pero tampoco sabía que decir. La noticia que les acababa de dar Rachel era demasiado para ella por lo que se levantó, se disculpó con todos y se fue a su habitación. Cuando llegó, se tumbó en la cama y acurrucó. Al poco tiempo llegó una Rachel preocupada por la reacción de su novia.
R: ¿Por qué has salido de esa manera del restaurante, Quinn?
Q: No podía quedarme allí.
R: Quinn, por favor, no me des la espalda. -la rubia se giró encontrando su mirada la de su novia.- Pídeme que no acepte la oferta y lo haré. -acarició con su mano la mejilla de la rubia.- Eres la única razón por la que renunciaría a todo.
Q: No lo hagas, es tu sueño.
R: Sabes que mi sueño es ser escritora.
Q: Sí, como también sé que esta beca te puede abrir las puertas de todas las universidades del mundo.
R: Quinn, no quiero separarme de ti. -la castaña había empezado a llorar.- Te quiero demasiado como para separarme de ti.
R: Yo también te quiero con toda mi alma. -dijo recogiendo algunas lágrimas que caían por la mejilla de Quinn.- Pero quiero que triunfes. Y es a costa de no estar a mi lado lo aceptaré.
R: No voy a romper contigo ni loca. Somos fuertes y podremos llevar esta relación, ¿vale?
Q: Te amo, Rachel.
R: Y yo a ti, Quinn.
Sé qué vais a querer ahorcarme y cosas de esas pero tengo una buena razón para hacerlo. A pesar de que pueda parecer repetitivo de otras historias veréis que lo de separarlas, al final, traerá cosas que os gustarán, solo tenéis que esperar un poco.
Con este capítulo cierro, además, la segunda parte de la historia. Quería acabar como la anterior: un problema, hay que buscarle una solución.
Aviso, se avecina drama pero, como siempre digo, lo que es tuyo siempre vuelve.
Capítulo 20: Vuelve por Navidad
PRÓXIMA ACTUALIZACIÓN: MIÉRCOLES 11
Dejad vuestros reviews y gracias por leer la historia.
Con cariño, CVC
