Disclaimer Harry Potter y todos sus personajes son propiedad de J.K.Rowling.
Advertencias:Slash, shota, dark y lemon, conforme se vaya desarrollando la trama. Fuera homofóbicos.
Veinte: Ventaja
Draco Malfoy suspiró cuando tuvo que mirar el rostro de uno de los gemelos.
¿Black no tenía nadie más que abriera la puerta por él?
- Weasley - dijo a modo de frío saludo y penetró la estancia, dejando su abrigo en lo que debería ser un perchero.
- Que honor que decidas acompañarnos, Malfoy - dijo el pelirrojo con cinismo.
George Weasley, reconoció Draco al instante, sin molestarse en responder y penetró hasta la estancia, donde debería estar el resto de los aurores.
- ¡No me digas que no pasa nada, maldita sea! - exclamó Gregor Ambar con demasiada exaltación. La suficiente para que Draco se olvidara de ser cortes y decidiera sentarse a un lado de Wood, quien se veía bastante pálido - ¡Tú mismo lo viste! ¡Tú hijo esta comportándose de manera muy extraña! ¿No fue la causa del ataque al colegio?
Oh, Ambar intentaba culpar al médium, ¿no?
Draco posó su mirada en el semblante pálido de Sirius. Estaba claro que se había perdido de algo bastante importante.
- Tardaste en llegar, Malfoy - susurró Charlie Weasley con calma - Espero que no se te haga costumbre.
- Mi hijo se cayó en el baño - replicó Draco apoyando la barbilla en una mano - Es evidente que no fue el único que sufrió un accidente.
- El hijo de Sirius cayó desmayado frente a todos nosotros - admitió Charlie - Parecía en verdad angustiado por algo, pero no pudo decir palabra alguna.
- Que mi hijo sea la causa del ataque reciente no lo hace culpable - retó Sirius con fiereza.
- Estoy de acuerdo - intervino Draco, llamando la atención de los presentes - Los ataques sucedidos parecen tener bastante carga oscura como para afectar a un médium. En mi opinión, el causante de todo, lo sabe - miró a Ambar - En vez de buscar culpables entre nosotros, deberíamos prever la idea de la ayuda que puede darnos el hecho de que "necesiten" al hijo de Black.
- ¿Eso en qué nos va a ayudar? - gruñó Gregor.
- Nos ayudará más que un vidente que ha perdido su poder - ironizó Draco, logrando que el hombre enrojeciera de vergüenza.
- Mi herencia se esta transfiriendo - farfulló Ambar débilmente.
- Si quieres comprensión, debes darla - calló el rubio y se puso de pie, mirando atentamente a los gemelos - ¿Cuáles son los resultados de la prueba a la muñeca?
- Sangre de sirena - dijeron de manera eficiente. Sirius frunció el ceño.
- Curioso - aceptó Draco y miró a Oliver - Me dijeron que querías matar a la hija de Black.
- Fue mi orden - aceptó el hombre.
- Y, aparentemente, el causante de todo esta interesado en Apollo Black - Draco torció los labios - No es la acción que espero de una devota madre.
- ¡Porque no fue ella! - defendió Sirius.
- Estoy de tu lado, Black - tranquilizó el rubio - Sin embargo es evidente que tu hijo sabe algo... y no puede decírnoslo. ¿Hay una manera de que nos lo comunique, indirectamente?
Sirius arrugó el ceño.
- ¿La hay? - se interesó Gregor.
- Supongo que aún existe - Sirius se encogió de hombros - Cuando los gemelos eran pequeños... solían intercambiar pensamientos, por así decirlo.
Oliver jadeó.
- Quizá sea esa la razón por la que me ordenaron matarla.
- No puede ser en un momento cualquiera - corrigió el hombre y se puso de pie, para observar por la ventana - No sé porqué, pero debe ser en Luna llena.
- La energía griega esta más exaltada durante esas noches - explicó Draco - Las criaturas son capaces de recuperar cada una de sus capacidades mágicas, especialmente las que perdieron al entrar en la adultez - se cruzó los brazos - Es un buen momento para "experimentar".
- ¿Qué quieres decir? - el moreno frunció el ceño.
- Black, deberías investigar más del tema, ya que eres padre de dos híbridos de sirena con bastante herencia mágica - sonrió - Las noches de luna llena son las más iluminadas en el océano. Los machos exaltan todas sus cualidades para ser elegidos por una hembra. Especialmente a esta edad.
- Apollo estará llamando la atención - comprendió Fred - Pero si su hermana logra traspasar o compartir sus pensamientos, es porque comparten elegido.
- Muy común entre criaturas que compiten una con otra - Draco se encogió de hombros - Son lo suficientemente animales para intentar saber las debilidades de su rival, pero lo bastante "caballeros" y utilizarlo sólo para demostrar a su potencial pareja, que ellos son mejores.
- Es... ridículo - susurró Sirius - Ellos no pueden... ¡No pueden estar rivalizados así!
- Mi madrina Deborah se encargó de hacer lo mismo - señaló Draco con frialdad, logrando que Sirius apretara los labios - Se dio cuenta que su competidor ganaba la batalla y prefirió matar... "al macho", por así decirlo... - se encogió de hombros - Es curioso que halla decidido aceptar a aquel con quien estaba compitiendo. Eso demuestra que logró rescatar cierta consciencia humana, después de todo.
- No es lo que nos interesa - intervino Charlie y miró a Sirius - ¿Es posible que hables con tu hija para que nos ayude?
- Supongo - el hombre frunció el ceño.
- Excelente - Draco se encaminó hacia la salida - Ahora, me retiro. Mi hijo decidió resbalarse del baño y golpearse en la cabeza.
- Tu hijo siempre tiene más accidentes en casa - señaló Fred.
- No me lo explico tampoco - Draco no le dio importancia y tomó su abrigo - , pero nada pasará mientras esté bajo mi cuidado.
- ¿Y Harry? - se interesó Sirius.
- Creciendo...
o.o.o
Una tormenta de nieve sorprendió el ártico esa noche. Los vientos azotaban furiosamente cada orilla pedregosa, pero no fue impedimento para que ese cuerpo emanara de entre las violentas olas hasta acomodarse contra unas rocas e impulsarse hacia el exterior.
Al frío habría dañado a cualquier criatura, pero no a ella, quien se acomodó en tierra firme y dejó que el aire agitara sus cabellos mojados.
Los ojos dorados se posaron hacia el horizonte.
- Es un desafortunado regreso... - susurró tocando la tierra - , pero aún así debemos evitar que siga llevando esa carga a cuestas.
Las manos se posaron en ese miembro marino, cubierto de escamas. Cerca de las aletas inferiores se alcanzaba a ver una herida reciente; justo la que pudo causarle la muerte.
Él sabía que ella podría detenerlo.
Por el momento tenía la ventaja, pese a que no había logrado matarla. Así que era tiempo de pensar en colocarle una trampa, sin que se diera cuenta.
Y no había nadie mejor para poner trampas, que ella: Deborah Potter.
o.o.o
Gregor Ambar había regresado a casa aún más nervioso de cómo salió de ella.
Eso interesó a la atenta anciana que le miraba, desde su descuidada verdulería.
- Sería mejor ayudarte a calmarte un poco, Ambar - susurró ella y avanzó con pasos temblorosos hasta la chimenea derruida, donde lanzó un poco de polvo - El campo esta libre.
o.o.o
Andrew se sentó en el cómodo sofá que estaba frente a su chimenea y miró con aburrimiento el crepitar de las llamas.
Una sonrisa apareció en sus labios.
Se levantó hacia el fuego y metió una mano en él, haciendo que unas chispas violetas bañaran su piel.
- Campo libre - susurró con voz baja - Los veré en casa de la vidente.
El ruido de la puerta llamó la atención del joven rubio, quien se incorporó al instante, viendo entrar al adulto.
Ah, si. Ese era su padre.
- Deberías estar descansando - regañó Draco, quitándose el abrigo.
El niño debería recordar ese gesto perfectamente, ya que lo obligaría a repetirlo varias veces, se veía muy bien, al hacerlo.
- ¿Andrew?
- Estoy bien, padre - dijo con tranquilidad y volvió a acomodarse en el sofá - Es aburrido estar solo - sonrió - ¿Seguro que no puedo ver a mi... hermano?
- Ya te dije que Harry esta enfermo. No quiero tener que lidiar con dos niños enfermos.
Pensó que eso era ridículo. Draco Malfoy era ridículo.
- Bien - aceptó dócilmente y vio que el adulto avanzaba hacia la biblioteca. ¿Había algo que Draco Malfoy no supiera?
El pequeño sonrió. Si, bueno, lo había.
Un discreto jadeo le anunció la molesta intrusión del niño y el rubio bufó, sintiendo la forma en que se desvanecía de ese cuerpo.
Pronto sería de forma definitiva.
Pronto, ese cuerpo sería totalmente suyo.
o.o.o
Diana estiró una mano para retirar el cabello oscuro, que insistía en cubrir la frente de su hermano. El pensamiento de que le había fallado le inundó de forma arrolladora. Apollo le habló de sus inquietudes, incluso le dio un nombre, pero no le dio tiempo para prepararse. Y ese era el resultado.
Su insistencia por entender lo que estaba ocurriendo fue el detonante para que Diana se inmiscuyera en una reunión donde no debería estar. Sólo para presenciar de forma impotente lo que había ocurrido a su hermano, quien se dejó arrastrar por una angustia, capaz de ahogar a Diana también.
Ella, sin embargo, tenía un nombre y una razón.
¿Sería lo que Apollo había intentado comunicar?
Diana suspiró y se acomodó en la cama, acurrucándose junto a su hermano. Sería bastante simple ir con su padre y decirle lo que estaba pasando; sin embargo, había algo distinto en esa situación que le impedía hacerlo.
Antes podía sentir a su hermano. Ahora tenía la impresión de que lo estaba perdiendo.
o.o.o
El sonido líquido de una aparición animal se dejó sentir a mitad de un campamento, mal colocado.
Al instante se vio a una mujer, arropada con unos harapos desgastados que apenas cubrían su desnudez. La pálida piel lucía mortalmente cremosa y húmeda, excepto en los dos sitios donde las escamas habían tenido que sustituir dos miembros arrebatados a la humana.
Los ojos dorados de la mujer miraron el abandonado campamento y sus labios carnosos se apretaron al instante.
Había llegado tarde.
La criatura levantó la mirada hacia el cielo, semi oscurecido por el atardecer, en busca de un rastro mágico.
Nada.
No estaban usando magia oscura.
Sin embargo había demasiada influencia negra en ese lugar. La suficiente para saber que algo terrible se había estado desarrollando, mientras ella estuvo en el ártico, en busca de protección.
La mujer caminó suavemente hasta algo que parecía ser un nido.
Lo reconoció al instante. Sólo ella haría una estructura de esa naturaleza.
Y ese aroma...
¿Una sirena?
Deborah enarcó una ceja, tocando la blanda superficie del nido, hasta que una serpiente la sorprendió y se abalanzó contra ella de forma bastante veloz.
La mujer la atrapó con la otra mano, justo cuando los dientes estaban por clavarse en su nariz y vio el líquido venenoso, deslizarse por los dientes. Apretó el puño, hasta romper el cráneo del animal y dejar que esa sangre fluyera por su brazo. Tiró el cuerpo en una esquina del nido y se incorporó, mirando el sitio detenidamente.
Si quería entrar en el juego, de manera ventajosa, tendría que llamar la atención en sí misma.
Por el momento tenía idea de cómo hacerlo.
o.o.o
Gregor abrió la puerta y miró con curiosidad a su vecina.
- Disculpe - dijo ella - se me ha agotado la azúcar.
¿Azúcar? El hombre se hizo a un lado para dejar entrar a la anciana mujer y miró con un tanto de incomodidad el temblor de sus achacosos pasos.
¿Azúcar? A su vecina jamás se le agotaba nada. Generalmente era lo contrario. Y, precisamente por ello, Gregor caminó hacia la cocina para auxiliar a su vecina. No sería nada agradable cerrar una buena relación, aún cuando fuera sólo de vecinos.
- ¿La joven Amairani estudia? - escuchó la voz de la anciana, desde la cocina.
- No innecesariamente - respondió el hombre y salió de la cocina para dejar caer la taza con azúcar, justo al ver a su... No, esa no era su vecina.
Los reflejos de Gregor hicieron que intentara sacar la varita, sin embargo el movimiento de la mujer fue más veloz y un poderoso golpe de magia le hirió la mano, acompañado de ese ágil movimiento corporal que acercó a la mujer hasta él, colocando un antebrazo en su cuello con ridícula fuerza.
- Que grosero - reprochó Bellatrix con un tono de voz infantil - Nos molestamos en venir a visitarte, y es así cómo nos recibes.
- ¿Se "molestan"? - Gregor paseó la vista por la estancia sin ver a nadie más.
- Mi señor y yo - ronroneó ella y la puerta principal de abrió con un rechinido.
Gregor tuvo que admitir que no esperaba ver justo a esa persona en su recibidor. Detrás de esa pequeña figura se dejaron ver varios hombres desalineados, penetrando en su casa y tirándolo todo para avanzar desordenadamente por toda la casa.
¿Cómo era posible?
Bellatrix le clavó la varita en el abdomen y murmuró un hechizo que le arrancó un alarido, apenas cubierto por una mano de la mujer.
- Él no sirve - declaró una tranquila voz infantil.
- La niña está arriba - informó Bella.
- Con eso bastará.
Gregor deseó evitarlo, pero la fuerza de la bruja lo mantuvo quieto y tuvo que reconocer que no tenía los medios para enfrentarla.
Así que vio la manera en que el niño avanzó, viendo a sus fieles mortifagos atentos y subió por las escaleras hasta la habitación donde estaba su hija.
- ¡Corre, Amairani! - logró gritar.
La risa de Bellatrix resonó en su cabeza, justo antes de sentir un nuevo golpe mágico que le arrancó un doloroso alarido. Sintió que lo dejaba caer y jadeó. Siendo consciente de la humedad que le bañó el costado y parte de la cara.
¿Sangre?
- No nos demoraremos mucho - susurró Bella y lo miró desde lo alto, cruzando los brazos - Sólo estamos interesados en conocer un poco del futuro.
o.o.o
Amairani apretó la varita contra su pecho y se obligó a mantener silencio.
Había alcanzado a escuchar la voz de su padre, pero no pudo correr hacia el traslador que tenía celosamente guardado en su habitación y sólo pudo correr hacia el closet para esconderse.
La puerta había quedado un poco abierta, desde ahí pudo ver perfectamente la puerta, a medida que escuchaba los pasos que subían hasta su lugar.
¿Qué hacer?
Si. Había aprendido muchas cosas en la escuela, pero jamás esperó ocuparlas, especialmente las referentes a la defensa.
De todas maneras no sabía quien era el oponente. ¿Quién querría atacar a su familia? ¿Por qué?
Un terrible estruendo hizo estallar su puerta y Amairani retuvo el aire, haciendo memoria de todos esos hechizos que le habían enseñado. Un jadeo escapó de su pecho al ver a esa frágil figura y se cubrió los labios.
¿Él?
- ¿Por qué? - susurró asustada.
El niño se paró en medio de la habitación. Recorrió el sitio con la mirada, hasta posarla justo en la puerta del closet. Fue entonces que la rubia supo que la habían descubierto.
Una sonrisa adornó los labios del muchacho pálido y Amairani alcanzó a ver un brillo rojo en sus ojos, mientras él se acercaba.
No. No era Malfoy.
Amairani dejó escapar un jadeo cuando las puertas de la habitación de abrió de forma violenta y clavó sus ojos en los de él.
- Hablemos, Amairani - susurró él con una pasmosa tranquilidad que alteró más a la muchacha.
Con un movimiento rápido corrió, a un lado de él en busca del traslador.
Una magia la envolvió y la detuvo en el aire, arrancándole un grito de terror.
- No necesitamos llegar a algo desagradable, niña - siseó el niño y se colocó ante ella - Sólo necesito una predicción.
- Yo no puedo…
- No aún - él sonrió -, pero estoy seguro que el dolor activará tu poder.
¿Dolor?
o.o.o
Apollo despertó. Lo primero que sintió fue la presencia de su hermana, justo a su lado. El calor de su cuerpo resultaba gratificante, casi tentadora. Eso le hizo sonreír.
El muchacho exhaló aire y disfrutó de esa presencia un poco más. La presencia en su interior se había vuelto definitiva, y no había forma de moverla, no tras la predicción que había logrado obtener de la vidente, donde requirió de mucha magia, para ser capaz de doblegarla.
Fue un tanto cruel que la chica tuviese que experimentar justo esa muestra de poder, sin embargo con él no podía ser de otra manera.
Ganaría. Esta vez ganaría.
El muchacho estiró los brazos y atrapó el cuerpo de Diana. Le sorprendió sentir la suavidad y fragilidad en ella; justo la bruja que podría echar abajo todos sus planes. Incluso era un tanto ridículo, ya que no había tanta concentración mágica en ella.
Sin embargo sabía que el complemento que era capaz de realizar con el médium era simplemente magnífico. Después de todo él había absorbido parte de la magia que a ella le faltaba. La absorción de poder que él hacía era fantástica.
Eso le hizo sonreír. Había descubierto esa cualidad por accidente, la primera vez que avanzó hacia Albus. De alguna manera él se lo hizo saber, cuando el anciano lanzó el primer rayo de magia ofensivo. Inconscientemente la utilizó, intentando defenderse.
Ahora no podía carecer de ella, simplemente.
Diana suspiró. Eso llamó su atención y bajó la mirada para ver ese rostro pacífico, adornado por delicadas facciones que sólo había visto en la sirena, su asesina.
Era increíble lo mucho que se parecían a Deborah. Pese a ello carecían de ese dolor y rencor de la mujer. Justo lo que le permitió hacerse de su voluntad, tomando su deseo de venganza y utilizándolo para sus propios intereses por varios años.
Resultaba un tanto irónico tener el poder en uno de sus hijos y la posibilidad de perderlo, por la gemela.
Debía… romperla.
o.o.o
Draco levantó la mirada y la posó en ese muchacho moreno, quien sostenía la puerta y se mantenía inquieto.
Sabía perfectamente a qué se debía esa inquietud. Los últimos días había desarrollado un aprendizaje curioso con Harry, especialmente cuando había desarrollado tanta dependencia hacia el sexo.
Era preferible tener sexo a recordar. Recordar implicaba sentir dolor, al menos para Harry.
- Harry - susurró Draco, viéndolo avanzar suavemente.
- Necesito de usted.
Esas palabras se habían vuelto vitales para el muchacho y un tanto chocantes para el rubio, quien comenzaba a resistirse a la idea de ser utilizado, pese a que disfrutaba de la cercanía que tenía con Harry.
- ¿Ahora?
- Por favor.
Resultaba una forma un tanto ridícula para iniciar una actividad íntima, al menos Draco la encontraba poco estimulante. Con serenidad vio la manera con la que Harry se acercaba, rodeando el escritorio para posarse frente a él y lamerse los labios, antes de inclinarse a besarlo.
No había podido resistirse a él, y lo amó de nuevo, pese a que el acto sólo llenaba una necesidad corporal el Harry.
¿Podría aspirar a llenar su corazón?
Cada que Draco se topaba con esa duda, volvía a sentirse derrotado. No había previsto lo que causaría toda esa espera, especialmente tratándose del mar de dudas que habían comenzado a llenarlo.
Por eso accedía a volver físico todo ello. Disfrutando del sexo, siempre que pudiera. Y evadiendo todo lo que su corazón deseaba gritar.
Fue cuando ocurrió.
Un fino ruido llamó la atención del rubio y sus ojos se desviaron hacia la entrada de la biblioteca.
Su corazón se detuvo cuando vio la mirada atenta de su hijo, quien permanecía de pie, justo bajo protección del marco de entrada. Mirando a ambos con una serenidad espantosa.
No.
- ¿Andrew?
El niño levantó la barbilla, sin despegar los ojos de la escena. Una burlona sonrisa adornó su rostro y se transformó en risa hasta tronar en una cruel carcajada.
- No importa Malfoy. Puedes quedarte con el cuerpo de Potter - las pupilas grises del niño se colorearon de rojo - Me has traído de regreso. Al menos puedo concederte eso, a cambio del cuerpo de tu hijo.
¿Voldemort?
Draco vio la forma en que el rubio salía del lugar, aún riendo.
Se mordió los labios con fuera y bajó la mirada hacia la expresión confundida de Harry.
¿De regreso?
Recordó la advertencia de Deborah, justo la que no tomó en cuenta, cuando había tomado al niño en sus brazos, recién hecho el conjuro: "No sabes lo que has traído de regreso".
¡No pretendía traerlos a los dos!
¡No con ese precio tan alto!
Las manos de Draco rodearon el cuello del joven. El dolor de su alma aumentó a medida que la presión de sus dedos intentaron arrebatar el aliento del chico, quien llevó sus manos a las de él, en un intento por detenerlo.
- ¿Se-ñor?
No. No su hijo.
¡No!
Harry jadeó dolorosamente y sus ojos se llenaron de lágrimas.
La presión aumentó.
- Draco... - sollozó - confía...
El rubio vio la manera en que una lágrima caía justo encima de los labios de Harry y se volvió a morder los labios, ante la impotencia que le invadió.
- ... por favor... - insistió el chico, levantando la mano para posarla en la mejilla del rubio - ... confía en mí...
Las temblorosas manos de Draco se apartaron de Harry y se apartó de él, recogiendo su ropa para vestirse. Miró que Harry acomodaba su cuerpo en posición fetal, sollozando amargamente.
Deseó abrazarlo, pero prefirió avanzar hacia la habitación de su hijo.
Necesitaba... creer.
