Moriste
O los estragos caóticos de la decepción
Día Dieciocho
Se le había olvidado, casi lo había pasado por alto porque perderlo de vista no le había hecho añorarlo ni nada parecido. Naruto se encontraba esa mañana de lunes mirando sin intención alguna el puesto vacío que Gaara debería ocupar y rebuscaba en su cabeza las razones por las cual Sabaku pudo haber faltado, sinceramente porque eso era mejor que andar recordando que desde hace un par de días no sabía nada de Deidara.
La ausencia del mayor lo estaba martirizando y claramente se encontraba preocupado porque se había atrevido a llamar a la casa del mayor y su tía Sora únicamente le había comentado que Deidara había salido un fin de semana entero de viaje con sus amigos de la universidad.
Pero, ¿qué amigos?
Deidara le había dicho un montón de veces que todos los de su salón eran una larga lista de niños mimados y superficiales que poco lograban caerle bien, a excepción clara de Sasori, su amigo de tantos años y al cual definitivamente Naruto no veía en un fin de semana veraniego hacía algún lugar con playa como le había indicado su tía. Deidara mentía y Naruto ya no podía traerlo de regreso.
—Si sigues así el profesor te va a hacer pasar vergüenza.
Tenten susurró muy cerca de él, y Naruto volvió a la realidad, a la voz del profesor sonando por todos lados dentro del salón, a sus apuntes nulos y a la existencia de Sasuke un par de filas a la izquierda, aquella existencia que lo hacía sentirse terriblemente avergonzado. ¿Cómo pudo pedirle aquello en su casa?
Más vergonzoso no pudo ser, y más complicado para su cabeza definitivamente si lo fue.
…
…
—¿Y cómo están las muchachas?
Shikamaru sonrió un poco, con el jugo cerca de su boca y la notoria forma en la que Kiba rodó los ojos ante la pregunta del rubio.
—Bien, ya han vuelto a hablarse y actúan como si nada.
—Tanto drama y jamás me enteré ni porqué empezó.
—Las mujeres son así —acotó Naruto— dramáticas por excelencia.
Hubo una pequeña sonrisa compartida entre todos mientras Naruto degustaba de ese dulce pastel que había decidido comprar, porque últimamente la vida le resultaba demasiado agria. Pero Shikamaru se encontraba mirándolo como si pudiera leer cada pensamiento de su cabeza y Naruto no quería admitir que los había invitado a salir esa tarde porque prefería huir tanto de sus otros amigos como de su familia.
No tenía más escapatoria que ellos, y por un momento, encerrado en esos pensamientos Naruto descubrió que quizá esa era la razón por la que Deidara se la pasaba con aquellos sujetos desde hace años atrás. Deidara nunca tuvo una buena relación con su familia y desde joven le resultó difícil encontrar amistades, excluyendo a Sasori por supuesto.
El resto eran niños superficiales. Naruto encontraba curioso que Deidara no los soportara cuando vivió rodeado de ellos toda su vida, las mejores escuelas, las mejores academias, lo mejor de todo. Naruto siempre pensó que el mayor debió haber desarrollado algún tipo de tolerancia que claramente no tiene. Quizá es su culpa por no comprender más a Deidara y orillarlo a seguir con esos sujetos con los cuales por alguna razón terminó en la cárcel durante su estancia en Seúl.
—¡Hey, Naruto!
De nuevo Kiba está agitando su mano frente al rostro y luce molesto mientras frunce el ceño y Shikamaru lo mira a la distancia todavía en silencio y aún calmado.
—¿Qué demonios te pasa? Has estado extraño desde que nos encontramos.
—Quiero volver a tener doce años —Apenas fue consciente de que hablaba cuando el rostro de Kiba perdió todo rastro de molestia y el silencio se apoderó de la pequeña mesa que compartían. Naruto odió su propia debilidad y apretó los puños con fuerza, su voz no sonaba a broma ni a un comentario tonto soltado al azar—. Me estoy cansando cada día más, y siento que no puedo más.
Kiba bajó la mirada, de pronto contrariado porque el entusiasmo de Naruto había menguado por completo. Porque su sonrisa no aparecía y Shikamaru de pronto suspiró, colocando una mano sobre el brazo de Naruto, rompiendo un poco esa atmosfera intranquila que se había formado alrededor.
—Eso es crecer, o al menos darte cuenta que lo estás haciendo —Increíblemente, a pesar de todo Shikamaru siempre fue el más maduro de los tres. El único adulto precoz entre tanta tontería estudiantil— Ahora solo tienes que aprender a afrontarlo. O al menos superarlo.
En algún momento Naruto se perdió, ¿le hablaría directamente de Deidara?
¿O era tan solo su cabeza alborotada en busca de soluciones que parecían definitivamente no llegar?
Lo que fuera no lo logró descifrar, porque su celular empezó a sonar molestamente en el bolsillo de su pantalón y el nombre de Deidara brilló con fuerza desde la pantalla, su estómago entero se revolvió, el dulce en su boca perdió el sabor y cuando pudo reaccionar de nuevo a sus movimientos autómatas, se encontraba alejado varios metros de la mesa que ocupaban, hablando en susurros con el mayor.
…
…
Que necesitaba hablar con él, que era urgente y que debían verse en la casa de él, eran las pocas cosas en su cabeza mientras llegaba a la dichosa casa enorme que sus padres habían comprado hace tantos años atrás. No había terminado de hablar con sus amigos, de decir todo lo que pasaba por su cabeza cuando le tocó enfrentarlo una vez más.
La moto de Deidara estaba ahí, aparcada justo a unos metros dónde se estacionó el chofer que había esperado por él fuera de la cafetería, caminó sin prisa, esperando mientras subía las escaleras despacio, porque sabía de la presencia del mayor en su habitación, y verlo ahí, con esas ojeras lo hizo perder toda esperanza de reconciliación.
Deidara había sido automático, se había quitado las gafas de sol apenas lo vio entrar y Naruto no se molesto siquiera en saludar, apenas cerró la puerta sin cuidado y dejó las cosas sobre el escritorio, sin importarle el peso que la laptop recibió, mucho menos la mirada seria del mayor.
—Sé que aún no es el momento de hablar.
—Oh, ¿en serio? —La ironía rodeó a su voz— ¿cuándo es el momento entonces? Cuando yo finja de nuevo que olvidé todo lo que pasó e ignore la forma en que estás llevando tu vida.
—Tú no entiendes… —Deidara negó despacio, con su cabeza apenas sacudiéndose y sus piernas cruzadas mientras descansaba sentado sobre la cama— Ya no puedo volver atrás. Tienes que aprender, aunque sea una de las pocas cosas buenas que te enseñe, que cuando una persona se mete en un camino del que ya no hay regreso, ni siquiera vale la pena intentar ayudar, solo deja las cosas pasar.
—¿Te estás escuchando?
—No vine a hablar de mí, Naruto —Deidara lo cortó de inmediato, justo antes de que comenzara otra discusión— Ya no eres un niño, y por lo tanto vas a empezar a ver cosas de mi que no te van a gustar. Y por lo mismo no te voy a permitir inmiscuirte en mi vida, porque ya es muy tarde para mí, muy tarde para que intentes algo, las personas no son buenas, nunca, no por completo. Esa época del honor y la moral alta ya no existe, estás a punto de convertirte en un hombre y cuando eso suceda descubrirás que ni siquiera tus padres se salvan de haber hecho algo malo, o de estar haciéndolo, no importa lo mucho que los idolatres.
—Eso no te exime de…
—Lo sé, pero al menos no quiero que te pase lo mismo que a mí. Yo estaba solo, Sasori no era como cualquier adolescente normal, a él no le gustaba salir ni las fiestas, así que prácticamente estaba solo. Tú no. Tú eres muy diferente a mí.
De pronto Deidara se levantó y Naruto se sintió pequeño otra vez.
—Tú tienes muchos amigos Naruto, por lo mismo… Aléjate de Gaara por favor.
Sus ojos se abrieron de par en par, sin comprender lo que acababa de ocurrir, ¿cómo habían podido cambiar de tema así? Entonces se encontró así mismo sacudiendo su cabeza de un lado a otro. No, claro que no. Gaara era algo así como ese puente de atracción que no había terminado de desarrollar, ese ser misterioso e inteligente que rodeado de soledad él había decidido ayudar.
—No puedes ser tan hipócrita de decirme que no me meta en tu vida, cuando tú estás haciendo lo contrario.
—Naruto por favor escucha.
—¡No! ¡No eres quien para decirme con quien me debo llevar y con quien no!
Deidara se ofuscó, sacudiendo un poco su cabello y alejándose un par de pasos de él.
—¿Crees que no sé lo que pretendes? ¿Crees que no sé cómo lo mirabas en la fiesta de tu cumpleaños? Incluso me pareció divertido ver como se desarrollaba todo, hasta que lo vi en la discoteca el día en que peleamos.
—¿De qué hablas?
Naruto se alejó, con sus cejas juntas y las manos apoyadas en el mueble tras él.
—Gaara estaba ahí, buscaba droga al igual que muchos de los que buscaban a Nagato esa noche. —Lo notó por la forma en que Deidara relajó sus facciones, su rostro estupefacto y seguramente pálido. Gaara era igual a Deidara, exactamente igual—. Por favor aléjate de él. Averigüe y me dijeron que va casi todas las noches, esa ya no es tipo de adicción que puedas controlar o siquiera ayudar.
—Deja de decir tonterías…
Bajó la voz, sin fuerza en la mirada, cansado y aturdido por igual.
—Naruto, escucha…
—¡No! ¡Ya cállate! Quiero que te vayas.
—¡No me hablas hablar con tía Kushina!
—¡No me hagas tú hablar con mi tía Sora!
De pronto la puerta se abrió, y Naruto hubiera deseado que sus rostros enojados se hubieran podido disimular, pero por el rostro molesto de Kushina pudo notar que no fue así.
—¿Qué sucede? ¿Por qué se están gritando?
Naruto respiró agitado, su cara había perdido emoción alguna y Deidara fue el primero en responder.
—No peleábamos tía, solo hablamos alto, ya sabes cómo somos de escandalosos.
Kushina lo miró a él, directamente como si buscara la verdad en sus ojos otra vez.
—Es cierto. —Afirmó sin emoción alguna— Solo hablábamos escandalosamente porque Deidara prometió llevarme a comer fuera hoy. —Los ojos confundidos del mayor lo atravesaron de inmediato—. ¿Cierto, Dei?
—…Si.
Kushina no preguntó demasiado, Naruto en verdad estuvo agradecido por eso, así que mientras cogía un abrigo cualquiera y se cambiaba de camisa, Deidara suspiró.
—¿Qué pretendes?
—Llévame a esa discoteca tuya, quiero verlo con mis propios ojos.
—¿Qué? Claro que no.
—Deidara ¿quieres que me aleje de él? ¿Lo quieres de verdad? —Los ojos intrépidos, avezados y confiados del menor lograron atravesar a Deidara, esa resonancia que tenía por siempre destruir hasta la más ínfima duda lo hizo escucharlo con atención—. Él en verdad me gusta, no te voy a creer hasta no verlo ahí.
Si Deidara pudiera cambiar algo en su vida, eso sería darle a Naruto un mundo feliz. Uno que el menor mereciera en verdad. Para él no había salvación, no importaba cuantas veces intentara vivir de nuevo, el ancla se había clavado en su espalda sin opción a dejarlo escapar. Cayendo en desgracia y dolor una y otra vez, no importaba la vida que le tocara vivir.
Naruto en cambio era libre. Libre de verdad.
Porque él solo pretendía serlo, le mentía al mundo, esclavizado y atado por igual, a las manos de Nagato que ya no pensaban dejarlo ir. Si tenía que hundirse más en la mente del menor no le iba a importar, con tal de alejarlo de inmediato, con tal de que siguiera volando más lejos y alto que él, hundido en el barro por el cual le tocaba caminar.
…
…
Sasuke se sorprendió cuando escuchó la puerta de su cuarto siendo golpeada con fuerza y sin precaución, se sobresaltó casi sin pretenderlo, se quitó los audífonos y miró la hora en su celular, daban casi las nueve de la noche cuando los golpes volvieron a sonar y él ni siquiera se podía hacer una idea de quien se trataba.
Caminó hasta la puerta para abrirla de una vez y los cabellos rubios de Naruto fue lo único que pudo alcanzar a ver, olía a cigarrillo leve y su rostro estaba oculto en su pecho, mientras lo abrazaba con fuerza, demasiada. Sasuke apenas alcanzó a cerrar la puerta y sintió la incomodidad de no saber qué hacer, dónde poner sus manos, ¿qué debía ser lo primero que debía decir?
—Naruto…
Pero el otro solo lo apretó más.
—Ino siempre decía que un abrazo lo podía solucionar todo, pero no importa cuánto te abrace, nada parece cambiar, mi cabeza sigue igual.
No supo cómo sentirse en realidad, porque no estaba resultando de ayuda al parecer, y el reproche le pareció innecesario cuando era Naruto el que lo venía a buscar, cuando era el rubio quien lo abrazaba en busca de una paz que evidentemente él no le podía dar. Pero Naruto, sorprendente como siempre, ni siquiera lo dejó formar una frase coherente en su cabeza. Atacó sus labios sin miramientos y el beso llegó hasta él muy diferente a la última vez.
Había un control esperado, un roce suave y un quejido de la boca del menor que lo hizo sorprenderse todavía más, porque las manos frías de Naruto se posaban en sus mejillas, porque el cuerpo de Naruto estaba frio por culpa de la noche y de repente los labios de Uzumaki no parecían tan ajenos como para reaccionar velozmente y alejarlo de él.
…
…
Tal vez las pruebas de fuego hayan hecho colapsar al resto de especímenes,
Pero hay que esperar, por el resultado final al proceso de experimentación.
…
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Fin del día Dieciocho
…
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En verdad quiero disculparme con todos los que dejan comentarios, estoy sumamente agradecida por eso, pero ando con el tiempo justo y no podré contestar sus reviews, pero en serio muchísimas gracias por dejarlos, por hacerme saber que les gusta mi historia, siempre es un placer escribir para ustedes.
Un abrazo.
