21. Edward
Edward POV
Flash Back
Mis dedos se movían con elegancia por las teclas de mi piano, estaba aburrido y sin saber que hacer. Decidí componer algo, lo que fuera, alguna melodía para alguien.
Eso haría, decidí componer una canción para mi hermana Alice. Ella rondaba por mi cuarto cotilleando mis cosas pensando que no lo sabía, tenía claro que estaba prohibido mirar mis cosas pero era una norma que incumplía.
Comencé a probar cada una de las teclas, me las sabía de memoria pero quería memorizar cada nota como si estuvieran olvidadas y quisiera saber el sonido, la posición. Mis dedos se movieron con gran maestría, tras tantos años tocando el piano, donde tenían que moverse y cuando lo hacían, sincronizadamente.
- ¿Qué haces? – me preguntó Rosalie mientras pasaba el trapo por la cola de el piano.
- Estoy componiendo algo para Alice ya que no tiene melodía propia, pero no se lo menciones – susurré, no la miré ya que estaba demasiado concentrado con el piano.
- ¡Alice! – dijo en un susurro, le pegué flojo en el brazo y reímos juntos mientras se iba a continuar la limpieza.
Pasados minutos, más bien una hora de concentración suprema, relajé la frente y me levanté del banco del piano. Me dirigí a mi cuarto y la sorprendí registrando una caja de debajo de mi cama en la cual guardaba música.
Se levantó de un salto. Alcé una ceja y negué con la cabeza.
- Alice ¿tienes un segundo? – alzó la mirada tímidamente y afirmó con la cabeza.
Bajamos. Me senté en el banco palpándolo para indicarle que se sentara a mi lado y así lo hizo. – te he compuesto algo, es un detalle que hago para los familiares, como una música con la que identifico a todo el mundo. – me miró curiosa y miró las teclas de el piano.
Posó uno de sus finos dedos en una tecla y dio un pequeño pero notable respingo y tras eso un pequeño gruñido inofensivo, que me hizo reír.
¡Que susto! ese pensamiento me hizo reír a carcajadas, ¿A caso no se esperaba que un piano hiciera sonidos?
Retiró su mano y esperó a que yo empezase. Estaba un tanto nervioso, hacía tiempo que no componía algo.
Comencé a tocar lo que sería su melodía. Nota tras nota, fueron fluyendo libremente, llenando el aire de música nuevamente. Era una canción que tenía un ritmo constante, tendía a utilizar las notas más altas que la hacían más bella.
Noté como Alice apoyaba la cabeza en mi hombro mientras suspiraba aparentemente alegre.
Las notas acabaron y posé las manos en mi regazo esperando alguna reacción. No se movió pero un sollozo brotó de su garganta sin más, se incorporó sollozando de nuevo, la miré, tenía una mezcla de pena y cariño en el rostro.
Lentamente, se inclinó hacia mí y me rodeó con sus brazos el cuello. Apretó fuertemente mientras otro sollozo tomaba el control de su garganta por segundos.
- Eso es una de las cosas más… tiernas que he recibido – dijo entre sollozos. Me besó la mejilla y de nuevo apoyó su barbilla en mi hombro mientras me abrazaba con dulzura.
- Es lo que te mereces, por ser tú, esa canción te identifica para mí, eres especial y muy linda, como la canción. – Su respiración que rozaba parte de mi clavícula paró impidiendo el paso de algún que otro sollozo descontrolado.
- Gracias por la canción, gracias… jamás lo olvidaré. Es una de las cosas más hermosas que mis oídos han escuchado, todavía siento la vibración.
Le acaricié la espalda mientras ella hacía lo mismo con mi pelo y se separó de mí, mirándome a los ojos con expresión agradecida. Alcé mi mano y con la palma de mi mano acaricié su mejilla. Inclinó la cabeza y cerró los ojos con mi palma aún en su rostro.
Eres el mejor fue lo único que pensó. Era una persona muy tierna y cariñosa, lo supe desde que la vi. En sus ojos nunca faltaba amor y tampoco faltaba alegría, que la caracterizaba siempre.
- Tú igual – me levanté y le besé la frente. Me retiré del banco del piano y caminé hacia la cocina, cuando me di cuenta, Alice me seguía como un patito, hacía eso al encariñarse con la gente.
A todos nos seguía cuando le demostrábamos cariño por momentos. Sobre todo seguía a Esme, sin duda la quería como una madre con todas las letras. Siempre iba con ella y al mirar a Esme cuando lo hacía se leía en su rostro una alegría infinita.
A la segunda que más seguía era Rosalie, le gustaba seguirla por lo que leí en sus pensamientos. A Rosalie también le encantaba por que cuando Alice lo hacía, Rose la trataba como a una niña pequeña, se giraba para sorprenderla, le hacía cosquillas y eso a Alice le encantaba.
A mí también me gustaba que me siguiera. Así lo hizo todo el rato. Cuando no lo hacía se sentaba en el piano a tocar cosas sin sentido. Como quería a mi hermana, mi hermana. Aplicando ese término a Alice era lo mejor. No se podía tener una familia más perfecta que la mía.
Fin de Flash Back
Alice estaba sentada en el jardín con una florecilla en la mano y sola. Nadie la había seguido hoy por lo que lo hice yo por si le pasaba algo.
Se dirigió a nuestras tumbas y puso la pequeña flor en mi tumba. Esa era mi flor favorita, a veces íbamos a buscar algunas y rara vez encontrábamos mi flor. Pequeña, blanca y rosada, de un color inmaculado y puro.
Se sentó en la tumba y yo me senté a su lado pero ella no lo sabía. Al rato se cansó y se dirigió a mi piano. Se sentó en el banquillo y tomó la partitura donde ponía Alice's lullaby.
- Ojala pudieras tocar para mí – Se lo dijo al piano, no a mí. Yo podía tocar para ella pero si lo hacía se asustaría al ver como el piano tocaba solo, eso era lo único que le faltaba, más locura.
Un sollozo y un gemido salieron de su garganta, me senté en el banquillo mientras me vino un deja vu. Ojala pudiera volver atrás y decirle todo lo que no pude decirle. Pero era imposible, al igual que ahora, Alice, no volvería a oír su canción e identificarse con ella, como lo hacíamos. Sus oídos no volverían a oír mi voz, jamás oirían su preciosa melodía.
