HELLO, IT'S ME, okno. Aquí estoy de vuelta con otro capítulo. Este es como una pequeña recopilación de drabbles, son "crónicas", por eso el título. Espero que os guste y porfavor (insertar carita extremadamente tierna como la de Boo) dejadme en los comentarios que personaje quereis que aparezca pronto en los próximos capítulos, y ese capítulo será dedicado a quiénes me den la idea.

¡Gracias a mi querida NigerLacrimam, que no se deja ni un capítulo sin un review, siempre presente!

Venga, no os molesto más, disfrutad de mis personajes resacosos.

~Topi

THE AFTER-BALL CHRONICLES

Hay sucesos que por muy comunes que se vean desde fuera, para los involucrados, posiblemente, parezca la cosa más extraña o bizarra en la que podrían imaginar estar metidos. Si no que se lo dijeran a Hermione Granger.
Todo había comenzado cuando el profesor Flitwick fue a avisarles que ya debían retirarse a sus dormitorios, salieron en tropel hacia el pasillo y se dividieron en todas las direcciones. Hermione vio a su amigo desaparecer arrastrando a Astoria Greengrass hacia la Torre Gryffindor, pero no veía a Ginny por ninguna parte.

-¿Quieres que te acompañe?-susurró una voz a su espalda.

-No es necesario, de verdad.- Charlie tenía un aspecto lamentable y gracioso, con su espesa mata pelirroja despeinada y la pajarita desatada, lo mejor sería que fuera a su habitación.

-¿Segura? No me fio mucho de…

-Yo haré que llegue sana y salva, Weasley.- le interrumpió Draco, visiblemente en mejor estado que hacía unas horas.

-¿Ves, Charlie? Malfoy se asegurará, no tienes de qué preocuparte. Ve a dormir.- y después de darle un dulce beso en la mejilla se fue junto a su recién estrenado amigo.

Caminaron junto a Goyle, que llevaba en brazos a una muy dormida Padma y les exigía silencio, pues temía despertarla. Flora, Cormac, Dean y Daphne habían desaparecido hacía cosa de una hora, tal y como lo habían hecho Blaise y Ginny. Lo que hacen la juventud y las hormonas… pensó Hermione.
Al llegar a su sala, esperaban escuchar ruidos extraños, cosa que no sucedió, y después de que Gregory posara a la chica en su cama para que durmiera, se despidió y fue a dormir. Draco y Hermione se metieron en sus habitaciones, se pusieron sus pijamas y salieron para asearse en los baños. La castaña estaba lavándose los dientes tranquilamente con la puerta abierta cuando escuchó como la llamaban.

-Granger- gritó Draco desde el otro baño.

-Gue guiegues Magfoy-tenía la boca llena de pasta de dientes.

-No hay pasta de dientes.

-Fen agui y agaga de ga miga.

Al entrar al baño, Draco estalló en carcajadas, pues el aspecto de la chica era realmente cómico, la pasta de dientes le chorreaba por la barbilla. Ella lo miró con enfado pero le tendió el tubo de mejunje blanco y pastoso. Hermione imaginó que él lo tomaría y se iría, pero la empujó suavemente con su cadera para hacerse un hueco en el lavamanos y procedió a lavarse los dientes junto a ella, que seguía frotando los suyos con los ojos desorbitados.

-¿Gabes gue Granguer? Ge vegs mug gaguiosa agui.

-Y gu guenas gomo gun iguiota.- se burló la chica.

-Gusto gomo gu, tgonta.

Ambos se enjuagaron, sus cabezas peligrosamente cerca y se incorporaron, mirándose a los ojos a través del ornamentado espejo. Draco se giró y acercó una mano al rostro de ella, que ahora le enfrentaba. Le deslizó el pulgar por la comisura del labio suavemente, mientras ella contenía la respiración. Cuando su mano se alejó de su rostro, su mirada cambió por una de interrogación.

-Tenías restos de pasta de dientes en la cara.- se encogió de hombros, mientas se dirigía a la puerta.

-Malfoy… espera.- ella se acercó un poco más a él y tendió su mano cerrada hacia el rostro pálido del chico, que trataba de comprender qué hacía ella y si le estaba acariciando, hasta que sintió como algo pastoso se pegaba en su nariz y ella estallaba en risas. Pasta de dientes.

-Me las vas a pagar.

Y antes de que ella se diera cuenta, el rubio le había pegado la misma pasta que ella a él, en la cara. Los siguientes diez minutos transcurrieron entre carcajadas, gruñidos y pasta de dientes volando por los aires hasta que Hermione empujó en broma a Draco y este resbaló, se golpeó la cabeza contra el borde del lavamanos, y cayó inconsciente en el sucio suelo del baño. Hermione comenzó a colapsar.

-¡Malfoy!- chilló arrodillándose junto a él.- mierda. Malfoy, despierta. Vamos Malfoy.- le tomó la cabeza y la colocó sobre sus piernas, zarandeándolo para ver si reaccionaba. Tenía miedo, mucho miedo.- AYUDA. CHICOS, AYUDA.- gritó.

-¿A qué viene tanto alboroto, joder?- murmuró semi dormida Daphne, seguida de Dean, Flora y Cormac. Miró a donde sus dos amigos estaban.- Hermione, ¿Qué ha pasado? ¿Está bien?

-Hay que llevarle a la enfermería, rápido.- dijo con voz temblorosa, ¿y si era algo grave? Sería su culpa.

No comprendía del todo como había llegado a suceder, pero no le importaba. La tenía entre sus brazos, y nunca se había sentido más en calma. La hermosa cabellera, esparcida por la almohada, soltaba destellos a causa de los rayos de sol que se colaban por la ventana. Sintió como ella se revolvía en sueños, pero no quiso despertarla, así podría seguir contemplándola un rato más.
La noche anterior había sido un verdadero caos en el preciso momento en el que les permitieron quedarse solos, recordaba vagamente la bebida, los juegos y los bailes, pero recordaba claramente cómo había llegado esa hermosa chica a despertar en sus brazos.
La vio pestañear de sopetón, encandilada por la luz que entraba y se miraron sonriendo, no se arrepentían para nada, no habían hecho algo malo por lo que no deberían sentirse culpables.

-Buenos días, dormilona.- le susurró mientras ella se acurrucaba contra su pecho.

-Buenos días a ti también. ¿Has dormido bien?

-Como un bebé.-dijo guiñándole un ojo.- ¿y tú?

-Más o menos… roncas como un dragón.

-¡Yo no ronco!- exclamó el chico ofendido.

-Oh sí, claro que lo haces.- contestó dándole un pequeño y casto beso en el pecho.

-Mentirosa.- dijo él sacándole la lengua.

-Eres tan maduro-rió mientras él la abrazaba fuertemente.-Oye… ¿estás seguro de esto?- él la miró con el ceño fruncido.

-Te lo dije anoche, yo no he cambiado de opinión… ¿acaso tú no estás segura?- no quería creer que después de todo lo acontecido la noche anterior ahora ella dudara.

-Claro que no, tonto. Es solo que tengo miedo de qué dirán tus amigos cuando se enteren…- murmuró cohibida.

-¿Mis amigos? ¿Qué hay de los tuyos? Van a intentar envenenarme con esas lenguas de serpientes que tenéis.- ella le miró ofendida, se la veía tan adorable, con el pelo despeinado y las mejillas sonrosadas mirándolo como si quisiera arrancarle la cabeza y besarle a la vez.- Mira, si es por eso, a mí me da igual, quiero estar contigo, y eso no va a cambiar porque el resto estén en contra.

-¿Lo prometes?- susurró ella haciendo un puchero.

-Lo prometo.

Y después de eso, todo se convirtió en un enredo de sábanas rojo escarlata y dos cuerpos incapaces de soltarse, daban igual si Slytherin o Gryffindor, querían estar juntos, y no tenía nada de malo ser joven y estarse enamorando.

-Harry espera…- le frenó ella en un momento.

-¿Qué sucede Astoria?

-Tus gafas se han enredado en mi cabello, debieron engancharse desde tu mesita de luz.

Blaise se desperezó sonriente cuando el sol comenzaba a despuntar, había tenido una noche fantástica. Por fin había logrado que la pelirroja sucumbiera a sus encantos, pero incluso le había gustado acurrucarse con ella, cosa que jamás había permitido a ninguna otra chica… había algo en Ginny que le hacía ser irracional en lo que a ella refería. Aún con los ojos cerrados, movió su mano a tientas por la cama, buscando la calidez y suavidad de la chica, pero se encontró con un lecho frío y vacío, ella debía haberse ido hacia horas.
De pronto se sintió realmente enfadado, al final iba enserio eso de "solo por esta noche" que ella había dicho. Lo usaba y se largaba como si nada hubiera pasado, ¿dónde cojones estaba su puta valentía Gryffindor? Y luego decían que los Slytherin eran los maestros en escabullirse. Por un momento al menos, durante la noche, se vio tomándola de la mano por los pasillos, abrazándola cuando hiciera frio, besándola frente a todo el mundo y mimándola como si nadie más existiera en el mundo. Por un jodido y estúpido momento había sido débil, y él no podía permitirse tener sentimientos, ni por ella ni por nadie, mucho menos si esa persona se largaba en medio de la noche después de compartir lo que ellos habían compartido.
De un malhumor visible, se vistió y salió de su habitación para darse una ducha y preguntarles a los chicos si querían ir a jugar un rato al Quidditch, pero la sala se encontraba vacía. Se acercó a la habitación de Draco, su puerta estaba abierta pero al igual que la de Granger, estaba vacía, también la de Goyle y Daphne. Extrañado, se aseó y decidió bajar al Gran Salón a desayunar algo, aún eran las once y media. Estaba por entrar cuando escuchó como lo llamaban.

-¡Blaise, Blaise!- era Daphne que corría en su dirección visiblemente agitada.

-Con calma ¿qué pasa?

-Es Draco, está en la enfermería inconsciente.

-Eh ¿cómo, por qué?- pero la chica le ignoró y lo arrastró con ella hacia la enfermería, donde una Hermione ojerosa miraba con culpa el camastro donde estaba tendido su amigo.

-Zabini-murmuró ella como todo saludo.

-¿Qué ha pasado?-miró interrogante a las dos chicas.

-Fue mi culpa.- sentenció Hermione.- Él me pidió pasta de dientes, y terminó lavándoselos en el baño en el que yo estaba. Nos pusimos a bobear y terminamos haciendo una guerra de pasta de dientes, luego lo empujé.-La castaña comenzaba a hipear, al borde de las lágrimas, siempre había sido muy sensible en cuanto a dañar a personas que no lo merecían o que eran sus amigos.- y… y resbaló golpeándose la cabeza con el lavamanos.

-Seguro no es nada, Granger, no debes preocuparte.- dijo el moreno tratando de animarla.

-Madame Pomfrey dice que se ha dado un golpe muy fuerte, podría tener una contusión o una hemorragia interna. ¡PODRÍA ESTAR MURIENDOSE!-chilló desesperada, sabía que exageraba pero no podía evitarlo.

Justo en ese momento, dos cabezas pelirrojas, una rubia y una morena entraban en la enfermería como un rayo.

-Gracias por avisar, Daph- agradeció su hermana Astoria.- ¿Cómo está?

-Aún no sabemos nada, pero dudo que sea algo muy grave.-Hermione se disponía a abrir la boca para recordar todo lo que había dicho antes y el peligro en el que estaba pero Harry la interrumpió.

-Ey Herms, ¿es cierto que esto pasó jugando con pasta de dientes?- él trataba de romper la tensión, pero a todos les pareció gracioso menos a ella.

-No seas tonto, Harry, seguro que el hurón oxigenado este se lo merecía.

-No seas imbécil, Ronald. Podría estar grave y tú estás diciendo estas estupideces.

-Pero si no he dicho nada malo…

-Cállate, Ron- corearon el resto del grupo.

Se acercaron más al sillón en el que Hermione llevaba sentada toda la noche, ni siquiera se había cambiado, seguía con el pijama, para que les explicara bien lo sucedido. Ginny notaba las taladrantes y furtivas miradas de Blaise, y no comprendía qué le sucedía al chico. Habían pasado una noche fantástica, le había dicho que le gustaba y ahora la trataba como si tuviera la peste, como si nada hubiera sucedido entre ellos. ¿Qué le pasaba al Slytherin?
Habían pasado unos veinte minutos cuando Draco comenzó a revolverse entre las sábanas.

-Necesito agua- murmuró con voz áspera.

-¡Oh por Merlín, Malfoy estás vivo!- gritó Hermione abalanzándose sobre él en un acto reflejo, que dejó a todos perplejos.

-Mejor voy a buscar a Madame Pomfrey…-murmuró Ron alejándose.

-Ni veinticuatro horas de amistad y ya has intentado matarme, Granger. ¿Debería esto preocuparme?- su mano se posó involuntariamente en la cabeza de ella.

-Cállate, imbécil, me has dado un susto de muerte.- le regañó, aun apretándolo entre sus brazos.

-¡Pero si ha sido tu culpa!- rió él.

-Señorita Granger, deje respirar al pobre señor Malfoy.- la regañó Madame Pomfrey. Hermione se apartó bruscamente y visiblemente sonrojada se sentó otra vez en el sillón en el que estaba antes.

Harry y el resto se miraban interrogantes, sabían que los chicos habían pactado una nueva amistad pero aquello era exagerado, y ninguno de los dos parecía percibir que parecían una adorable pareja. Tampoco se daban cuenta de que se miraban el uno al otro, sin siquiera posar sus ojos en el resto. Solo ellos.

En cuanto se levantó, Charlie corrió a darse una ducha y asearse para bajar a desayunar y ver si encontraba a Hermione. Había pasado una noche espléndida junto a ella, y estaba preciosa. Recordó el primer baile que habían disfrutado en el Gran Salón hacía apenas unas horas, era una canción muggle y Hermione reía con la cabeza apoyada en su hombro mientras él tomaba su cintura. Había constado de mucho autocontrol no intentar besarla, por respeto a su hermano pero sobre todo por respeto a ella. Aún no estaba seguro de los sentimientos de la castaña por él, y por encima de todas las cosas no quería arruinar ese hermoso vínculo que habían desarrollado en los últimos años. Si su madre se enterara de que intentaba salir con Hermione, que era casi una hija para ella, sería capaz de matarlo, o peor, cortarle el pelo.

Estaba entrando al Gran Salón cuando chocó contra un cuerpo. Una chica. Una chica con una taza de café.

-Oh por Circe, lo siento muchísimo.- masculló nerviosa la chica.

-Tranquila no es nada, yo lo arreglo. Fregotego.- y con un movimiento de varita, los limpió a ambos de manchas de café.

-Gracias.-murmuró avergonzada.-señor…

-Weasley. Charlie Weasley.- el pelirrojo la observó. Era una alta y esbelta chica pálida de pelo negro azabache y ojos oscuros, vestía un traje de falda y chaqueta de color lavanda y unos zapatos de tacón que estilizaban sus delgadas piernas.

-Ah, el de los dragones. He leído mucho sobre usted.

-¿Leído?- la miró extrañado, pensando si la chica no había consumido algún tipo de planta alucinógena o había sido blanco de un confundus.- ¿Quién es exactamente usted?

-Oh siento haber sido descortés, soy Mae Winerbread.

-¿Y a qué se debe que haya leído sobre mí, señorita Winerbread?

-Yo analizo junto a la profesora McGonagall los diarios de los chicos… te sorprendería saber todos los que hablan de ti.-comentó con una sonrisa pícara. Si el joven Weasley supiera pensó.

-Me encantaría quedarme aquí y pedirle que me explicara exactamente qué quiere decir con eso pero mi cuerpo me pide un café bien cargado y estoy seguro que usted debe seguir con su deber y que nos veremos por los pasillos ¿no es cierto?- le sonrió y ella se ruborizó… era el efecto Weasley, como Bill lo llamaba.

-Claro, señor Weasley. Que tenga una buena mañana.

-Charlie, llámame Charlie.

-De acuerdo, Charlie.- y con una inclinación de cabeza, que desprendió un fuerte olor a té verde de su pelo, Mae Winerbread se alejó por el pasillo.

Ron encontró la excusa perfecta para no pasar más tiempo en la Sala Común contemplado aquella escena tan molesta, cuando Harry, Astoria y Ginny aparecieron por el retrato de la Dama Gorda y lo arrastraron hasta la enfermería murmurando algo sobre Malfoy y Hermione. Cuando llegaron allí, la situación se tornó tan incómoda que fue capaz de olvidarse incluso de lo que seguramente estaba sucediendo, en ese instante, en la Torre Gryffindor. Pero dado un momento no pudo soportarlo más, la manera involuntaria en la que Hermione acudió a Malfoy le molestó, pues aún no aceptaba esa extraña amistad entre Gryffindor y Slytherin de la que él no formaba parte, y se largó al Gran Salón, aún tenía tiempo para desayunar. No dejaba de cavilar sobre lo ocurrido anoche y lo que veía esta mañana, le estaba provocando un gran dolor de cabeza, aunque quizá eso fuera más culpa de la resaca que de otra cosa. Simplemente no comprendía porque se veía arrastrado a ella cada vez que había una oportunidad, es decir ¿no se supone que se odiaban? Y aun así había sucumbido al deseo cada vez que se encontraban a solas, sobre todo cuando ella parecía enfadada y pataleaba… joder, se veía condenadamente caliente cuando estaba enfurecida, principalmente con él, y le gritaba, porque luego, cuando él se le acercaba, ella se rendía y ambos cuerpos se unían donde fuera que estuvieran. Pero no podían pasar más allá, era una línea imaginaria que ambos se habían impuesto sin que el otro lo supiera, porque ella era una Slytherin respetada y temida, y él un Gryffindor héroe de guerra que había ayudado a salvar el mundo mágico. No se parecían, no debían, nadie aceptaría esa pareja, y Ron lo sabía, pero no podía dejar de pensar en su cuerpo entre sus brazos, en su pelo oscuro enredado entre sus manos… suspiró. Ahora ella debía estar muy entretenida retozando con ese estúpido chico mientras él pensaba en ella como un estúpido enamorado.

LA ODIABA.

O eso se decía…