Todos los personajes pertenecen a JK Rowling
N/T: AnneM. Oliver es la autora de este fic. Yo, Tabetaira, lo traduzco del inglés con su permiso.
Capítulo 21 – Contemplaciones silenciosas y un grito:
Lord Harry Potter volvió a la Mansión Potter más tarde de lo esperado. Había pasado el día en Londres, intentando desesperadamente encontrar alguna prueba, ya fuera un documento o un testigo, que pudiera darle información acerca del pasado de su madre. Su madre y su hermana mayor, la madre de Hermione, nacieron en Londres y a os siete y cinco años las dejaron en un orfanato. Este hecho los había sacado a la luz Remus Lupin. Más aún, las había sacado del orfanato, seis meses después, una señora mayor y con ella se habían quedado hasta que se independizaron.
Las razones de la búsqueda de Lord Potter tenían dos caras. Tenía un ardiente deseo de saber más sobre su madre. Sabía mucho de su padre gracias a Remus y a Sirius antes de que muriera y a los residentes de Godric's Hollow, quienes lo conocían desde que era pequeño. Se sabía mucho menos de su madre y Harry se moría por saber más igual que se moría porque sus brazos le rodearan cuando era un niño.
Por otra parte, Lord Malfoy había contratado a su abogado para descubrir todo lo que pudiera sobre el pasado de Hermione y había informado a Harry de su búsqueda. Harry también sentía curiosidad y de ahí el viaje de aquel día. Sin embargo, sus esfuerzos no habían dado frutos y no había reunido nueva información de su madre, su tía o su primo. Incluso había visitado al padrastro de Hermione, pero el hombre no sabía siquiera que Hermione era una bruja, así que no había sido de ayuda para nada.
Algo se le ocurrió. ¿Y si, de alguna manera, los padres de su madre eran magos? ¿No explicaría eso por qué Hermione era una bruja, como su madre? Quizás su propia madre era una bruja que había elegido esconderlo o nunca desarrolló sus habilidades. Las cosas serían mucho más fáciles para Hermione, y también para Lord Malfoy, si se podía probar que ella no era una hija de muggles. No obstante, no había ninguna prueba por ahora.
Fue mucho después de la cena cuando Harry llegó a casa. Le pidió al ama de llaves que le enviara la cena a su habitación. Empezó a subir las escaleras cuando su ayuda de cámara se acercó a él con expresión solemne y silenciosa.
—¿Sí? —preguntó Lord Potter.
—El señor Lupin requiere su presencia en el saló, señor —dijo su ayuda de cámara.
—Dile que he tenido un día largo y duro y que estoy muy cansado y hambriento. Hablaré con él mañana —contestó Harry mientras desatapa su pañuelo del cuello.
—Señor, creo que es urgente, concerniente a su prima.
Harry se volvió hacia el hombre y vio la preocupación en su cara. Corrió por el pasillo a la habitación de Hermione: estaba vacía. Bajó corriendo las escaleras y durante todo el camino hasta el salón y abrió las puertas dobles con fuerza.
—¿Dónde está Hermione?
Vio la cara sombría de Remus Lupin, que parecía más mucho más viejo de lo que era, igual que la de Ron, Charlie, George Weasley y Theodore Nott. La persona que buscaba, Hermione, no estaba.
Remus se levantó y le devolvió la mirada a Harry. Puso la mano en el brazo del joven.
—No sabemos dónde está. No la han visto desde el almuerzo.
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Sentado junto a la chimenea en el salón de la Mansión Malfoy, Draco Malfoy lanzó su vaso de whiskey de fuego a través de la habitación. Había acabado, terminado. ¡Estaba hecho! Había informado a su padrino y a la señorita Clearwater de sus intenciones de NO casarse con la joven y había ido mal, muy mal, de hecho. La joven lloraba, lanzaba cosas e incluso le pegaba. Su padrino le decía que se avergonzaba de él. Al final, Draco tuvo que sacar su avarita y apuntar a los dos. Les ordenó que se quitaran de su vista y los dos se marcharon, pero con mensajes siniestros, aunque muy diferentes.
—¡Esto no ha terminado, Lord Malfoy! —exclamó la señorita Clearwater—. Hay muchas formas de hacer las cosas y verá que al final somos una pareja fortuita. Consultaré a mi amigo el señor Zabini y le pediré que me aconseje.
Aquel mensaje dejó a Draco confuso y preocupado.
—Me has avergonzado más de lo que nunca creí posible. ¡A mí, que he sido como un padre para ti, me has hecho a un lado para tirar todo por la borda por el amor de una sangre sucia! ¡No seas idiota, Draco! ¡Volverás a tus cabales y verás que no es una buena pareja para ti! ¡Te verás obligado a llegar a esa conclusión, Draco! —Draco le dijo a Snape que no tenía nada que ver con Hermione Granger, excepto que sí era así—. ¡Intenté convencerla hoy mismo de que se marchara y fuera a Hogwarts a enseñar! Yo creo que está convencida. ¡No me sorprendería que ya sea haya ido! ¡No está destinada a ti!
—Deja a la señorita Granger tranquila, padrino, o responderás ante mí —advirtió Draco al hombre mayor.
¡Draco no creía que Snape le dijera eso! Después de todo, ¿cuándo la habría visto hoy? Daba igual; Snape mentía. Ella prometió que esperaría por él. Después de la silenciosa declaración de amor de aquella mañana, sentía que se entendían. ¡Ella esperaría por él! Era una mujer de palabra.
Draco usó la varita para levitar toda la botella de whisky de fuego hacia él y bebió directamente de la botella. Ahogaría sus penas en bebida esta noche y rezaría por la salvación mañana.
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Harry caminaba por la habitación como un animal enjaulado.
—¿Quién fue el último que la vio? ¿Quién la visitó hoy? ¿Por qué no le dijo a nadie a dónde iba?
Las preguntas iban dirigidas a los otros ocupantes de la habitación, pero ninguno tenía las respuestas.
Lo único que sabían, según el mayordomo, es que Lord Malfoy había llegado esta mañana y le había dado clases. El mayordomo también había visto marchar a Lord Malfoy. Dijo que la señorita Granger había recibido a un invitado, pero que lo dejó entrar una sirvienta que también había desaparecido de repente. A parte de eso, no habían respuestas.
—La hemos buscado por todas partes —dijo Remus—. Hemos peinado los bosques y la ciudad. Hemos usado todos los hechizos y encantamientos que se me ocurren para localizarla. O está muy lejos de aquí o bajo algún encantamiento de ocultación. Llamé al señor Nott por ser miembro de la milicia. Tiene a hombres buscándola mientras hablamos. Intentamos que te llegara un mensaje antes, pero nadie sabía dónde estabas.
Harry se sentía inútil ahí de pie sin hacer nada. Salió de la casa para intentar buscala él mismo.
Theo Nott también se escabuyó. Quería contárselo a Malfoy.
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Bueno, por fin estaba todo terminado y hecho. Desde ahora podía irse todo al diable y a Draco le daría igual. Aunque no calmaba su corazón porque aún no tenía la libertad de tomar a Hemione como su esposa, pero era su deseo más querido. Algún día, quizás, ojalá algún día. Por eso había lanzado el vaso.
Se dirigía escaleras arriba cuando golpearon fuertemente la puerta. Sonrió cuando pensó en cómo le había dicho a Hermione que era impropio responder la puerta por sí misma y cómo ella la había cerrado en su cara. Le dijo al mayordomo que él abriría la puerta, la abrió y fuera estaba Theodore Nott.
Draco abrió la puerta para dejar que entrara.
—Bueno, ha terminado, viejo amigo. Se lo dije a los dos. Les dije que igual que tendría que casarme con una sangre pura para mantener mi título y mi casa, también podía quedarme soltero. Parece que ninguno lo había pensado. Se lo debo, Nott. —Sonrió de oreja a oreja a Nott, quien no le devolvió la sonrisa. —¿Qué le pasa? Es como si acabara de perder a su mejor amigo.
—No soy yo el que ha perdido su mejor amigo, Malfoy —dijo Nott. Puso la mano en el hombro de Malfoy—. Lord Potter pide su ayuda para encontrar a su prima.
Draco se rió brevemente.
—¿Se ha perdido en esa enorme casa suya?
—No. Está desaparecida desde después de su lección de hoy —contestó Nott.
Draco sintió cómo se hundía su corazón. Se abotonó la chaqueta y se apresuro a la puerta para desaparecerse.
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En una habitación fría y oscura de un lugar desconocido, Hermione Granger yacía en el duro suelo con nada más que la paja como colchón. No había necesidad de negarlo: estaba sola y asustada. Estaba atada y amordazada y con una venda en los ojos. La habían maldecido, aunque era una maldición que no conocía. Si supiera más de las imperdonables, podría haber pensado que era un Crucio por el dolor que había dejado en su cuerpo.
Estaba confusa: no sabía dónde estaba ni por qué. No tenía noción del día o del tiempo. Estaba completamente sola y llena de miedo y desesperación. Si al menos pudiera dormir, quizás sus pesadillas serían menos espantosas que la vida real.
Se preguntó si la echaban de menos. ¿Había vuelto Harry de sus asuntos para encontrarse con que ella no estaba? ¿Se lo había contado alguien a Lord Malfoy? Sus pensamientos se dirigían a él con frecuencia durante las últimas horas. Se preguntaba si lo vería otra vez y se arrepentía de que podría morir sin nunca sentir los labios sobre los de él. Sabía que era un pensamiento extraño, ya que podía ser el último, pero lo pensaba igualmente.
Alguien entró en la habitación. Por la forma en la que se movía y el modo en el que sus pasos golpeaban el suelo de piedra, sabía que era un hombre. Él se arrodilló junto a ella y, sin compasión ni cuidado, tiró de ella para sentarla. Entonces hizo un hechizo, el mismo de antes, y todo lo que pudo hacer Hermione fue gritar. Su cuerpo era un ejemplo de dolor. Cuando el dolor amainó, pues nunca paraba del todo, una voz conocida habló:
—Lord Potter acaba de descubrir que has desaparecido y, a estas alturas, también Malfoy. No tenemos mucho tiempo. ¡Piensa en él por última vez antes de que él deje de existir para ti! —El hombre tiró de ella para ponerla de pie y le quitó la venta. Entonces, la apuntó con la varita y exclamó—: ¡Obliviate!
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Harry estaba de pie en medio de la plaza del pueblo con la mitad de los residentes a su alrededor. Todos lo respetaban y admiraban al joven vizconde y si le podían ayudar, lo harían. Harry rogó silencio mientras sostenía la varita en lo alto y murmuraba el hechizo de los cuatro puntos. Ordenó a su varita a que apuntara hacia su prima y apuntó al Este, así que Harry y compañía siguieron la indicación.
Draco Malfoy se quedó en el pueblo, fue a la iglesia, se sentó en un banco y esperó. Su mente viajó hasta aquella tarde. ¿Qué le diría a ella cuando se presentara ante ella una vez más? ¿Admitiría finalmente su amor en el acto? Ese era su mayor deseo.
Su mayor remordimiento era haberla dejado sola aquella tarde, especialmente después de que él y Lord Potter admitieran que no estaba segura. Harry había recibido una carta anónima diciendo que el ataque al carruaje de Mafoy aquel día había sido, en realidad, un ataque a la joven. Aunque dos de los tipos no sabían que la señorita Granger estaría en el carruaje, el tercero sí. Era su intensión… no, su orden encontrarla y hacerle daño. No había tenido éxito, pero eso no significaba que no lo intentaría otra vez.
¿Qué diría cuando la tuviera de nuevo cara a cara? No podía ofrecerle más que lo que le había ofrecido por la tarde. ¡Cómo deseaba que fuera tan fácil como renunciar a su título y a su casa y escaparse con la mujer a la que amaba! Pero no era tan fácil. No era tan simple.
Durante la lección de la mañana, después de que completara con éxito tres apariciones y antes de que ella intentara la de ir desde dentro a fuera, ella le dijo:
—Nunca me había sentido como una bruja tanto como ahora.
Draco sonrió ahora cuando pensó en ese comentario. Era un comentario dulce y adorable. Si esta joven tuviera la oportunidad de perfeccionar sus habilidades con el tiempo, era difícil saber lo poderosa que sería. La magia que corría por sus venas, fuera de ancestros mágicos o no, era fuerte.
¿De verdad había pasado solo una semana y media desde que se habían conocido? Qué locura. Cuando se acostaba en la cama por la noche, deseaba su tacto, su olor y sus manos sobre su cuerpo. Si hubiera sido solo deseo, la habría tomado en la glorieta aquella tarde. Ella estaba dispuesta. No, era amor, pues solo el amor podría haberle dado la voluntad de parar el galanteo. Solo el amor podía hacer que Draco simplemente deseara mirar su rostro. Solo el amor podía dar calor a su alma y causar ese fuego que existía en su interior. La amaba y, la próxima vez que la viera, se lo diría.
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Hermione Granger, que ya no estaba atada, amordazada o vendada, caminaba por una carretera abandonada. Los alrededores le eran familiares, pero no recordaba aquel camino. No le haría bien llorar. Necesitaba encontrar a alguien para suplicar ayuda. Entró en la plaza de un pueblo pequeño. La única luz, pues el día estaba llegando a su fin y oscuridad estaba empezando a envolver la claridad, provenía de una vela en la ventana de una pequeña iglesia. Caminó hacia la iglesia y abrió las enormes puertas. Un hombre, que parecía solo y triste, se sentaba en un banco en primera fila, con la cabeza gacha. No la sintió entrar, así que Hermione dio a conocer su presencia abriendo más la puerta y haciendo que sus pasos fueran más ruidosos de lo esperado.
EL hombre se puso de pie y se giró hacia ella con la boca abierta.
—¿Dónde has estado?
—Disculpe, señor —fue todo lo que ella dijo—, pero parece que me he perdido. ¿Puede decirme por dónde está Kent? Mi madre debe de estar preocupada.
Draco se acercó a ella.
—Señorita, ¿sabe dónde está?
—No. No conozco este lugar. Debo de haberme perdido. ¿Dónde estoy? —se preguntó.
Draco se fijó en su apariencia, que estaba diferente desde que la había visto. Llevaba el pelo suelto y desordenado y el bonito vestido estaba cubierto de suciedad y lo que parecía ser sangre. Él se acercó lentamente.
—La fecha, señorita, ¿se acuerda de la fecha?
Ella lo miró preocupada y confundida.
—Puede que piense que soy una mentecata, señor, pero no recuerdo la fecha tampoco.
—¿Se acuerda de mí? —preguntó.
—No creo que nunca nos hayamos visto. Mi nombre es Hermione Granger —dijo ella, haciendo una reverencia ligeramente la cintura.
Draco Malfoy sentía que no podía respirar. Su mundo estaba cayendo a su alrededor y se sentía inútil por no poder impedir su inminente caída.
—Mi nombre es Lord Draco Malfoy. ¿Conoces a Lord Harry Potter?
—Es mi primo, señor. ¿Lo conoce usted? ¿Es amigo suyo?
—¿Dónde vive? —preguntó Draco.
—En un pueblo pequeño llamado Godric's Hollow —contestó ella.
—Ahí es donde está —le explicó, acercándose lentamente—. ¿Qué es lo último que recuerda?
—Solo dolor, señor. Recuerdo un terrible dolor y un grito, que sé que era mío —dijo con suavidad.
Draco quería envolverla en sus brazos, pero no quería asustarla. De hecho, ella puso la manos frente a ella, como para mantenerlo lejos.
—Estará bien, señorita. Quiero que se quede aquí mientras yo salgo fuera a enviarle un patronus a su primo.
—¿Es usted mago?
Él quería contestarle que era un mago y mucho más, pero en su lugar solo contestó que sí. No sabía lo que había pasado; solo que Hermione había vuelto y a salvo. FUe a la puerta de la iglesia y envió el patronus a Harry Potter. Volvió a entrar en la pequeña iglesia, donde fiel a su orden ella se había quedado. No había movido ni un músculo.
—Le ruego que se siente, señorita, antes de que se caiga. —Ella se sentó en el último banco y él en posabrazos de madera enrollado. No sabía cómo proceder—. ¿Cuándo fue la última vez que vio a Lord Potter?
—No recuerdo haberle visto nunca, pero nos hemos escrito a menudo. Es mi primo. Mi madre y su difunta madre eran hermanas.
Draco se acababa de dar cuenta de algo: no sabía que su madre estaba muerta. Al principio, había pensado que su confusión había sido resultado del estrés o de una herida en la cabeza. Ahora sabía que debía ser el resultado de una maldición o un hechizo. Si llegaba a encontrar a las personas que le habían hecho esto, los mataría. Era tan simple como eso.
Harry Potter subió corriendo solo hacia la iglesia. Abrió la puerta y empezó a correr hacia su prima, pero Lord Malfoy lo paró. La joven del banco se acobardó en su sitio, temerosa del hombre que se apresuró hacia ella.
Malfoy agarró el brazo de Lord Potter.
—Creo que le han borrado la memoria con un obliviate. También me temo que sufre los efectos retardados de la maldición cruciatus.
Harry se acercó a ella más lentamente que antes.
—Hermione, soy tu primo, Harry Potter. ¿Te acuerdas de mí?
—Sí, nos hemos escrito a menudo.
Hermione se levantó, pero en lugar de ir al pasillo, donde estaban Harry y Draco, fue hacia la otra punta del banco y se quedó de pié cerca de la pared.
—Hemos hecho más que escribirnos. Ahora vives conmigo —dijo Harry.
—Eso no es posible, señor. Yo vivo con mi madre y mi padrastro en Kent —contestó ella, ahora asustada.
Harry sintió como su corazón latía en el pecho. Levantó las manos hacia ella y se acercó.
—Hermione, tu madre está muerta.
La chica cayó al suelo y gritó.
N/A: En el siguiente capítulo: nuevos comienzos, diferentes a los de antes.
N/T: Hey, hola! ¡Cuánto tiempo hacía que no actualizaba el fic! Lo siento muchísimo :( A decir verdad, me había planteado no seguir traduciendo, pero siento que no puedo hacerlo. Es como una responsabilidad, así que voy a intentar terminarlo. Espero que no tarde en volver a colgar el siguiente capítulo, que parece que se está poniendo interesante :). Sé que siempre digo lo mismo que casi nunca cumplo, pero ojalá esta vez sea de verdad.
