Blaine, Kurt y Warblerlandia nacieron de otra mente (RM) y pertenecen a otros dueños. Yo nada más los hago caminar por otros mundos :D
Capitulo 21. No cuentes las millas, cuenta cada te amo…
-¿De verdad tienes que irte ahora?- dijo Blaine con una voz que dejaba traslucir cierta tristeza.
El muchacho de los ojos color avellana miraba a su mejor amigo con ganas de no dejarlo ir. Él sabía que Nathan tenía que hacerlo, que tenía que estar en el hospital de Massachusetts el día siguiente pero, por eso mismo ¿por qué no quedarse unas horas más?
Quizá Nate podía bailar un poco antes de irse, quizá podía reírse con él y con Kurt de los reyes del baile y de la cara de logro total que tendría Emily Williams cuando la corona de plástico brillante estuviera sobre su cabeza y bueno… la verdad era que Blaine no quería que Nathan se fuera. Siempre habían abandonado Dalton al mismo tiempo, juntos como los hermanos y amigos que eran. La verdad, dejar que Nathan se fuera antes era demasiado extraño y más que eso, no poder graduarse con él era hasta cierto punto, triste.
-Es necesario Blainey- dijo Nate con una sonrisa comprensiva- y quita esa cara de tristeza y emociónate por el primer baile al que irás ¿entendido? Kurt, haz el favor de hacer que este torpe se divierta un poco ¿vale?
-Sí Nate- dijo Kurt quien estaba al lado de Blaine.
Él también se sentía un poco triste porque Nathan no pudiera quedarse al baile, ni a la graduación, pero se repetía una y otra vez que eso era necesario y en todo caso, estaba seguro que despedirse así de Dalton era también muy difícil para el joven Bailey.
-Más les vale que me hagan sentir orgulloso esta noche- dijo Nathan sonriéndoles a los dos- y por "sentirme orgulloso" quiero decir que esta noche nadie dormirá con Blainey Kurt, y Blainey, alguien me dijo que el guapo compañero de habitación del joven Hummel tampoco estará así que…
-Nathan Erik Bailey- dijo Blaine remarcando con fuerza el "Erik"- ¿podrías dejar de atormentarme con ese tema, por favor?
-¿Atormentarte?- dijo Nate riendo divertidamente- pensé que estaban disfrutándolo, ahora que si quieren algunos consejos sobre cómo mejorar su nueva vida, no tienen que hacer más que preguntarle al buen Dr. Bailey.
-Aún no eres medico, Nathan- dijo Kurt poniendo los ojos en blanco.
-No, ya sé que no- dijo Nathan sin poder evitar la risa- pero para hacer esas cosas no necesitas un titulo ¿o sí?
-Ya vete Bailey- dijo Blaine rojo como un tomate.
-Y yo que pensé que ibas a extrañarme Blaine- dijo Nate con una sonrisa desilusionada y un tono lastimero de voz- pensaba que hace cinco minutos no querías que me fuera. Nunca entenderé tu bipolaridad hacia mí.
-No es eso, yo…- dijo Blaine un poco arrepentido- es que tú… Nathan, yo no quería decir que quería que te fueras, es que… eres exasperante, amigo.
-Kurt- dijo Nate mirando al chico de los ojos azules quien reía alegremente del gesto que Nathan trataba hacer pasar por una mueca dolida- ¿de verdad soy un poco exasperante?
-Claro que no Nate- dijo el aludido sin dejar de reír- la verdad es que eres completamente exasperante pero creo que te extrañaré ¿sabes?
-Claro que lo harán, los dos me extrañarán- dijo el joven Bailey con voz altiva- pero no se preocupen, nos veremos pronto y una vez que mi corazón vuelva a la normalidad les daré su merecido por burlarse de mi encantadora personalidad.
El chico de los ojos verdes sonrió al terminar su discurso y luego miró con más detenimiento a Blaine y Kurt. Bueno, la verdad era que sí los extrañaría, sobre todo a Blaine. Habían empezado aquella aventura juntos y lo cierto era que Nate pasaría el verano entero en completo reposo y después de eso Blaine se iría a Londres y la verdad es que ellos dos habían crecido demasiado pronto.
Después de pasar más de quince años uno al lado del otro, resultaba completamente extraño estar separados por tantas millas. Habían empezado a reír y a llorar juntos desde que eran niños, siempre se habían tenido el uno al otro para hablar de lo que fuera y aquel instante se sentía como un adiós a lo que habían sido, un adiós que sin embargo era necesario para alcanzar lo que serían.
-Claro que lo haremos- dijo Blaine- ¿puedes prometerme algo, capitán?
-Lo que sea Blainey- dijo el chico un poco emocional por los recuerdos que había en su mente.
-Cuídate mucho ¿sí? Hazle caso a todo lo que te digan los médicos, no dejes que Sebastian te deje solo, yo iré a verte apenas nos graduemos ¿vale? Por favor Nathan, haz eso por tu madre regañona ¿sí?
-Te preocupas demasiado, torpe- dijo Nate- claro que haré lo que me digan, y lo de Sebastian, no tenias que decírmelo, no dejaré que se vaya a ningún lado. Todo estará bien mamá, te lo prometo. Tú sólo trata de disfrutar del baile ¿está bien? Búrlate de doña perfecta por mí y Kurt, más te vale que ese discurso de despedida haga llorar a todos en Dalton ¿vale?
-Entendido capitán- dijo Kurt con algo de nervios. Aquel discurso de despedida aún no estaba si quiera esbozado en su cabeza- te prometo que será algo memorable.
-Claro que lo será - dijo Nate mirando su reloj- bueno chicos, la limusina de mi padre debe de llegar en menos de dos minutos así que… esto no es un adiós, no tienen tanta suerte para librarse de mí aún. Los veré en el verano porque pasarás las vacaciones con Blaine ¿verdad, Kurt?
-Sí- dijo el chico de los ojos azules con genuina emoción- ese es el plan, mi padre está de acuerdo.
-Esas son buenas noticias para Blaine y para cierta parte de su cuerpo- dijo Nate sumamente divertido del rojo profundo que tomaba la cara de su amigo- es decir… me alegra, así podré verlos juntos más tiempo, no se porten tan mal ¿oyeron?
-Siempre terminas por matar todo mi cariño por ti con comentarios de ese tipo, Bailey- dijo Blaine- pero te veré en una semana, cuídate por favor.
-Sí Nate- dijo Kurt- cuídate porque no sé quién más en el mundo podría hacer bromas tan ingeniosas como las tuyas y además… eres mi amigo, de verdad te quiero aunque a veces hagas comentarios idiotas.
- Y yo lo quiero a usted joven Hummel- dijo Nate- creo que nunca te lo he agradecido correctamente pero… gracias por devolverme a mi mejor amigo, no vayas a decirle nada a aquel torpe, pero la verdad es que a veces no sé que habría sido de mi sin él y sin sus torpes discursos. No le digas a Blaine que lo quiero con toda el alma y que me duele un poco no poder graduarme con él. Tampoco vayas a mencionarle que lo extrañaré cada día que esté en Londres y que la verdad él ha sido y será siempre el mejor amigo que alguien haya podido encontrar en el mundo. Esto sólo te lo digo a ti porque sé que eres discreto y que no dejarás que ese torpe se ponga triste y preocupado por mi operación, dile que no sea un bebé y que aguante esto valientemente, como le he enseñado a ser. Abrázalo siempre que ponga cara de desdicha ¿vale? No lo dejes solo aún, el muy tonto de seguro creerá que algo saldrá mal y querrá llorar, pero dile que no lo dejaré, ni a él ni a las otras personas a las que amo… eso te incluye Kurt, de verdad, agradezco tu amistad y ese hermoso regalo que me hiciste cuando tú me devolviste a…
Nathan no pudo seguir con el discurso porque los brazos de Blaine lo envolvieron haciéndolo callar. El chico de los ojos color avellana no pudo resistirse a hacerlo. Las palabras de Nate le habían recordado tantas cosas. Blaine recordaba ahora cada noche en la que Nate lo había abrazado después de la muerte de Elena. El chico no podía llorar, pero Nathan siempre lograba reconfortar ese dolor callado. Nathan había sido todo lo que Blaine había tenido por mucho tiempo y la verdad es que no podía ocultar que moría de miedo por lo que llegara a ocurrirle, pero esas palabras, ese discurso que Nathan no había querido decirle directamente –porque Nate odiaba el drama- habían sido como rememorar cada buen momento que ellos dos habían vivido juntos. Algo cálido, brillante y hermoso, como lo era toda la amistad de aquellos dos muchachos. Kurt miraba a los dos amigos en silencio, siendo cómplice y testigo de aquella escena. Él nunca había tenido un amigo con el cual compartir la vida entera, pero podía entender que lo que unía a Blaine y a Nathan, era más poderoso incluso que un lazo de sangre.
-Nathan Bailey- dijo Blaine al fin- ¿por qué siempre me haces esto?
-Porque soy yo, Blainey- dijo Nate- y no llores, se supone que tú no sabes nada de lo que dije.
-Idiota- dijo Blaine- eso es lo que eres, un reverendo idiota pero ¿sabes algo? Eres mi idiota favorito y no sé qué sería de mí sin ti. Anda ya, ve que se te hace tarde, todo estará bien, yo lo sé. Es una lástima que Sebastian esté en Los Ángeles aún, me gustaría haberle dicho algunas otras cosas pero…
-Deja de atormentar a mi novio, mamá- dijo Nate volviendo a sonreír- te juro que ni mi verdadera madre lo vigila tanto como tú. Pero te lo agradezco, no te preocupes, Sebastian me cuidará, yo lo sé y bueno… ha llegado el momento, chicos. Abrácenme una vez más y vamos cada uno hacia el lugar donde tenemos que estar ¿vale?
Blaine no fue capaz de decir nada más. Él y Kurt se acercaron a Nathan y lo abrazaron por un largo momento, hasta que el joven Bailey tuvo que limpiarse un par de lágrimas que resbalaban ya por sus mejillas. La verdad era que el capitán Bailey tampoco era nada bueno para las despedidas. Después de que los chicos lo soltaran suavemente fue un poco más consciente de que aquella lucha que tenía que enfrentar era cada vez más real, pero que no tendría que hacerlo solo. Si bien, nadie sostendría su mano en el quirófano, el amor de todas esas personas a las que él amaba también, sostendría su alma y sus ganas de vivir mejor que otra cosa.
El joven Bailey les sonrío y se alejó de ellos con una de sus más brillantes sonrisas. El mundo es bueno cuando además de encontrar tu lugar en él, tienes con quien compartirlo. Él tenía ya esas dos cosas y al pensar en ello, el miedo que aún trataba de colarse en su pecho se transformo en esperanza, en una fe inquebrantable de que todo saldría bien.
Kurt y Blaine lo miraron alejarse y no pudieron reprimir el hondo suspiro que escapó de sus pechos. Aunque no tardarían mucho en verlo otra vez, Nathan había sido la primera de una larga lista de despedidas que tendrían que dar en los próximos días.
-Será mejor que vayamos al baile- dijo Kurt apretando suavemente la mano de Blaine, que seguía mirando el lugar por el cual Nathan había desaparecido.
-¿Es hora ya de la coronación?- dijo Blaine intentando sonreír.
-Sí- dijo Kurt comenzando a caminar lentamente hacia el jardín donde se desarrollaba toda la fiesta- ¿te imaginas lo psicópata que se volverá Emily si no estamos ahí para cantar en su gran momento?
-Ok- dijo Blaine riendo con genuina alegría- evitemos un desastre a la Carrie White y cantemos bien para su dulce y graciosa majestad.
Los dos chicos rompieron a reír a medida que sus pasos los acercaban al toldo donde se desarrollaba el baile. La verdad era que a pesar de las molestias y los gritos que habían tenido que soportar todo el día, el baile lucia realmente hermoso. Los miles de farolillos que guiaban hacia el toldo, aunados a las luces doradas que brillaban encima de las flores de los jardines, le daban un aire mágico al lugar. Era como contemplar un jardín lleno de hadas, de luciérnagas. De verdad aquel parecía el lugar propicio para el nacimiento de un hechizo de primavera y los chicos ataviados con elegantes trajes oscuros que caminaban de la mano con una chica elegantemente vestida eran la parte que completaba perfectamente aquel encantamiento. La verdad era que sobre aquel jardín no había nadie que luciera menos guapo o guapa que los demás.
Y eso sólo era en la parte exterior. Una vez que Blaine y Kurt entraron al toldo, sobre el que había esparcidas un montón de mesitas redondas y sillas decoradas con listones rojos y azules, recordando el escudo de Dalton, y también verdes y plateados para señalar la presencia de Crawford, y sobre ellas un hermoso arreglo florar desde el que colgaban cristales que hacían de todo algo un poco más brillante, se dieron cuenta de que "elegante y magnifico" era poco para describir a ese baile.
Los dos jóvenes se acercaron a la mesa que estaba señalada como suya y se encontraron en ella a Nick y Jeff que reían alegremente mirando una papeleta blanca que contenía el nombre de los nominados a reyes y reinas del baile.
-¿Votando por Emily?- dijo Kurt sentándose a un lado del rubio- de todos modos, las encuestas dicen que la corona es suya.
-Lo sé- dijo Jeff con una mueca de disgusto- al parecer hizo una campaña enorme, dicen que incluso regaló brazaletes de brillantes a todas las chicas de Crawford, eso debe darle ventaja sobre todas las demás.
-Es una pena que la democracia sea sólo un mito en este tipo de eventos- dijo Blaine- es una lástima que ella vaya a ganar.
-¿Quién?- dijo una alegre voz femenina detrás de Blaine haciendo que el chico casi saltará hasta el techo - ¿Hablas de Hanna Lee? Sé que tiene un grupo de apoyo, pero no te preocupes no ganará.
Todos los chicos de la mesa se quedaron mirando en silencio a la recién llegada. Emily Williams lucia realmente hermosa en su vestido color azul pálido que resaltaba el gris de sus pupilas y sus rizos rubios cayendo en suaves bucles por su espalda.
-Por cierto- dijo la muchacha ignorando olímpicamente el gesto de los cuatro jóvenes- Blaine, Kurt, es un honor para mí… es decir, para los que resulten ganadores que ustedes dos canten para su primer baile. He visto la interpretación de la balada que cantarán al menos mil veces en youtube y cada vez suena más perfecta que la anterior. El baile ya era épico, pero con ustedes cantando al rey y a la reina, superará cualquier estándar en la historia ¿no creen?
-Sí claro- dijo Blaine diplomáticamente- mucha suerte, Emily…
-Bobo- dijo la chica confiadamente- yo no necesito suerte, ya lo verán. Gracias por votar por mí.
Y sin decir más, la joven se alejó de ellos, caminando alegremente por toda la pista en un revoloteo de seda, y destellos de sus brazaletes de oro y aretes de diamante.
-Oficialmente, la detesto- dijo Kurt- ¿quién se cree que es? ¿La dueña del mundo?
-Algo así- dijo Nick riendo mientras cerraba su papeleta de votación y miraba de forma cómplice a Jeff- quizá tengamos suerte y no gane…
-Quizá- dijo Blaine sin mucha esperanza- oigan ¿de qué nos hemos perdido?
Nick y Jeff comenzaron a contarle a los recién llegados todas las peripecias del baile, olvidándose por completo de Emily y de la coronación. O bueno, al menos eso fue lo que intentaron hacer, hasta que las luces comenzaron a parpadear y las canciones que los Warblers encargados aún cantaban se silenciaron de golpe. Wes, quien lucía un poco "alegre" – lo que Blaine interpretó como efecto de las copas de champagne vacías que había en su mesa- subió al escenario improvisado y tomó el micrófono con mucha seguridad.
-Buenas noches a todos- dijo el chico en un tono algo alto- espero que todos hayan tenido una agradable velada porque ahora, ha llegado el momento que todos habíamos estado esperando ¿no es así? Por favor, todas las parejas nominadas a rey y reina del baile, suban aquí conmigo, ha llegado su momento jóvenes.
Los chicos aludidos caminaron rápidamente hacia el escenario, junto a Wes. Blaine y Kurt los observaban con una mezcla de lastima y de comprensión. Era evidente que algunos de los chicos, como Emily y Thad por ejemplo, deseaban aquello con toda el alma, pero los demás lucían como si aquel nombramiento diera lo mismo en realidad. Los dos chicos se miraron y se sonrieron tranquilamente, era de verdad genial no tener que hacer aquel tipo de extrañas cosas para sentirse bien con ellos mismos.
-Muy bien, muy bien- dijo Wes con una amplia sonrisa- antes de decir el nombre de la pareja ganadora, me permito recordarles que los votos fueron cuantificados y validados por los directores de nuestras escuelas y que por lo tanto, el resultado no pudo ser alterado de ningún modo ¿ok?
Los jóvenes en el escenario asintieron solemnemente lamentando que a Wes le gustara dejar todo claro. Sin duda alguna, como todo maestro de ceremonias, el chico disfrutaba causar más expectación en el auditorio.
-Pues bueno- dijo el joven sacando de un sobre color crema una pequeña tarjeta que contenía en él los nombres de los ganadores de aquel año- es un honor para mí presentarles a los reyes del baile anual de despedida 2012 de las Academias Dalton y Crawford, démosle un cálido aplauso a sus nuevas majestades…. Blaine Anderson y Kurt Hummel.
Silencio. Después de que Wes mencionara aquellos nombres todo fue silencio en aquel salón. Nadie fue capaz de decir nada, ni siquiera Emily quien parecía al borde del colapso nervioso de un momento a otro. Kurt y Blaine se quedaron estáticos en la mesa, con el eco de la voz de Wes pronunciando su nombre resonando en sus oídos.
Si aquello era una broma, no era para nada graciosa ¿qué significaba aquello? ¿Quiénes habían sido los artífices de aquello? Era más que evidente que los alumnos podían votar por una pareja que no estuviera postulada pero ¿Por qué ellos? ¿Por qué? La luz de un reflector los iluminó de pronto haciendo visible para todo el mundo su gesto de desconcierto absoluto.
-¡Oh por Dios si ganaron ustedes!- gritó Jeff sumamente emocionado, rompiendo el silencio pesado que se había cernido sobre toda la concurrencia- ¡Y yo que pensé que sólo Nick y yo habíamos votado por los dos!
Las risas invadieron el lugar después de que las palabras de Jeff se perdieron en el silencio. Después del impacto inicial todos los chicos rompieron en aplausos y vítores. La verdad era que los chicos de Dalton no podían negar que habían votado por aquel par de chicos, y muchas de las chicas Crawford que habían visto a Blaine y a Kurt correteando por los jardines y mirándose de aquel modo en el que sólo ellos podían mirarse, no habían podido resistir el impulso de votar por aquel par que era simplemente perfecto.
Jessie Aller, un muchacho pelirrojo que lucía un traje azul marino, se levantó de pronto con una cámara fotográfica al hombro y lagrimas de sincera felicidad rodando por sus mejillas, preparado para el momento en el que Kurt y Blaine fueran coronados.
-¡Blaine!¡Kurt!- llamó Wes después de dejar de reír alegremente- vamos chicos, no sean tímidos, ustedes han ganado legalmente y es su deber portarse a la altura de su titulo, venga todos, démosle un aplauso a los reyes del baile para animarlos a venir a reclamar su premio.
Todos los chicos aplaudieron de pie mientras Blaine seguía mirándolos a todos sin saber qué hacer y Kurt se levantaba de su lugar con una sonrisa confiada. Bueno, ya no podían hacer otra cosa que disfrutar de aquello, que aunque inesperado, la verdad también resultaba sumamente divertido y hasta gratificante al ver el gesto descompuesto e infeliz de Emily Williams quien lloraba amargamente en el hombro de Thad.
-Ven Blaine- dijo Kurt tomando al chico de los ojos color avellana de la mano- ganamos, celebremos juntos porque no quisiera hacer esto con nadie más que no fuera contigo.
Blaine miró la sonrisa decidida de Kurt y tragando saliva, decidió hacerle frente a aquella situación. Después de todo, lo único que tenía que hacer era sonreír como tonto tres minutos mientras Wes colocaba una corona en su cabeza y después bailaría en frente de todos con Kurt. Y eso podía hacerlo. Blaine podía hacerlo todo si Kurt lo miraba de aquel modo, si, como siempre lo había hecho, lo tomaba de la mano para enfrentar todas esas cosas que nunca había creído que pudiera enfrentar.
-Vamos- dijo Blaine al fin- hagamos esto bien.
Kurt sonrió deslumbrantemente ante las palabras de su novio y caminó con él de la mano y con la frente en alto hacia el escenario donde Wes los esperaba con una descomunal corona brillante para cada uno de ellos, elección Williams, sin duda alguna.
Los chicos sonrieron todo el camino hacia Wes mientras sus compañeros silbaban alegremente y Jessie Aller tomaba fotos de ellos dos sonriéndose dulcemente sin consideración alguna. Blaine y Kurt llegaron hasta Wes, quien los condujo hasta un par de improvisados tronos encima del escenario haciendo que los chicos se sentaran en ellos y sin esperar más, colocó la corona sobre sus cabezas, arrancando una nueva tanda de aplausos y suspiros al por mayor al hacerlo.
Blaine y Kurt sólo podían reír en medio de aquel escándalo, una vez pasado el miedo, todo era absurdamente divertido y por ello, en medio de toda la algarabía, al verse los dos bañados por los brillos sin final de las coronas sobre su piel, Blaine y Kurt se besaron con verdadera emoción causando un "awwwwww" generalizado que terminó con más aplausos y más silbidos. Los chicos se separaron con una hermosa sonrisa en los labios y se levantaron de sus asientos para hacer una profunda reverencia ante su público, que estaba de más decir, estaba totalmente rendido ante aquel par de inusuales pero perfectos reyes del baile.
-Y ahora- dijo Wes un poco preocupado- bueno, se suponía que ellos dos cantarían la balada del primer baile de los reyes pero, como es obvio no podrán hacerlo ahora así que, permítanos cinco minutos para poder tenerlo todo listo, no van a arrepentirse en serio.
Después de las palabras de Wes, todo mundo se unió a la revolución que había en el baile: algunos seguían festejando el "triunfo Klaine" con más champagne y silbidos, mientras los Warblers, haciendo una reunión de emergencia trataban de decidir cuál sería el mejor tema para aquellos dos y quiénes serían los cantantes perfectos para interpretarla. Parecía que todo mundo se había olvidado de ellos por un momento y Kurt se dio cuenta de ello perfectamente. La verdad es que el chico de los ojos azules estaba deseoso de tener un momento a solas con su nuevo rey del baile.
-Oye Blaine- dijo el chico en un susurro- ¿qué opinas de tener nuestro primer baile real lejos de los ojos de todos?
-Me parece una idea fenomenal- dijo el chico de los ojos color avellana con una sonrisa traviesa en los labios- ¿a dónde vamos?
-¿Me permite el honor de huir conmigo a donde yo quiera llevarlo, su majestad?- dijo Kurt tomando la mano de Blaine.
-A donde usted quiera, señor- dijo Blaine causando la risa del otro chico, quien, sin pensar en nada más comenzó a bajar rápidamente del escenario sin dejar de sonreír.
Los dos corrieron por los jardines iluminados, imaginando la cara de todos los demás chicos que se quedarían sin ver el primer baile de los reyes. A ellos nunca se les habría ocurrido que algo así pudiera pasar, pero había pasado. Quizá no tenían que preguntarse por qué, quizá como siempre lo habían hecho, vivirían ese momento porque se convertiría en uno de esos recuerdos que siempre los harían sonreír sin importar el tiempo y la distancia.
Kurt llevó a Blaine hasta el laberinto que también había sido sometido a una re-decoración y lucía brillante y luminoso con las miles de lucecillas de colores que invadían sus altas paredes de hierba. Kurt recordaba que siempre había evitado aquel lugar en las noches por lo sombrío que solía lucir pero ahora se veía realmente encantador. Aquellas chicas Crawford habían hecho bien su trabajo.
Los dos chicos corrieron sin detenerse hasta que llegaron al corazón del laberinto que, quién lo hubiera pensado, estaba lleno de luces también. La fuente bailaba al compás de los destellos dorados que emitía todo aquel conjunto de luz. Era de verdad un espectáculo magnifico, todo eran flores, todo era luz, todo volvía a ser sólo acerca de Blaine y Kurt.
-¿Sabes algo?- dijo Kurt tomando a Blaine por la cintura mientras volvía a enlazar sus dedos con los del chico- parece que los dos tuvimos la misma idea esta noche.
-¿Cuál?- dijo Blaine maravillado aún por el cambio del que fuera su oscuro refugio alguna vez.
-Eso de regalar canciones en lugar de un adiós- dijo Kurt sonriendo dulcemente- había preparado algo para ti, aún si no pasaba esto, aún si no eras el rey más guapo que el baile de Dalton hubiera querido tener alguna vez, te habría cantado esto porque…
-¿Un adiós?- dijo Blaine con voz suave- pensé que eso no existía entre nosotros.
-Y no lo hace- contesto el chico de los ojos azules- pero, quiero que también tengas algo para cantar y quiero hacerlo ahora porque este es el último día que tendremos para estar así, solos tú y yo. Esta última semana los dos estaremos corriendo de un lado a otro. La señora Deschannel no deja de insistir en querer leer mi discurso, que por cierto aún no escribo y por eso… por eso quiero hacer esto ahora Blaine, lejos de todos, quiero cantarte a ti.
-Y decías que yo era el irresponsable- dijo Blaine mirando con mucho amor al otro chico.
-Sólo déjame cantarte- dijo Kurt con un susurro que se perdió rápidamente en el silencio- bailaremos lejos de todos y de todo en este lugar, aquí donde te encontré. Vas a recordar esto siempre Blaine, cada segundo de este baile, porque este baile es mi regalo para ti y mi promesa de que pase lo que pase nunca amaré a alguien más que a ti ¿entiendes?
-¿Es una orden?- dijo Blaine conmovido por las palabras de Kurt
-No, es así como tiene que ser.
El viento dulce de la primavera sopló de pronto haciendo que los chicos se juntaran un poco más cerca del otro. En verdad parecía que ese laberinto iluminado era un mundo aparte, una galaxia lejana en el que no existían las despedidas, las graduaciones, el champagne o los discursos que aún no estaban escritos.
Los ojos de los dos brillaron al constatar lo cierta que era aquella afirmación. Ese laberinto era su mundo, ahí en medio de sus paredes, la historia que el cielo les había prometido había empezado a escribirse. Kurt sonrió cuando Blaine comenzó a moverse lentamente, sin que él hubiera empezado siquiera a cantar. El chico siguió el vaivén que Blaine le proponía y sus labios empezaron a tejer una melodía suave que dio paso después a la voz mágica de Kurt Hummel cantando esa canción para el primer baile de los reyes que nunca nadie más llegaría a ver:
So here we stand in our secret place with the sound of the crowd so far away.
You take my hand and it feels like home, we both understand is where we belong.
So how do I say? Do I say goodbye? We both have our dreams, we both want to fly.
So let's take tonight to carry us through the lonely times.
I´ll always look back as I walk away this memory will last for eternity
and all of our tears will be lost in the rain when I found my way back to your arms again.
But until that day you know you are the king of my heart.
Blaine escuchaba la canción que Kurt estaba cantándole y le parecía que de verdad no había palabras más acertadas para ese momento. Ellos tenían que separarse, tal parecía que había llegado el momento pero ¿podría aquel cumulo de recuerdos contra la inminente distancia que habría en medio de ellos dos después del verano? ¿Era tan fuerte su corazón?
Claro que lo era. Elena le había dicho que la promesa de las estrellas le enseñaría que nunca podría estar solo y así sería. Blaine paseó sus ojos de las estrellas del cielo, hacia las luces del laberinto y después hacia los ojos de Kurt que lo miraban con el mismo amor con el que lo habían mirado el primer día en el que se encontraron ahí.
Ese día Blaine había cantado su dolor a las estrellas y ahora, aunque el universo hubiera parecido estar en su contra por mucho tiempo la estrella de la promesa que había esperado toda la vida cantaba para él mientras sus cuerpos seguían girando en medio de aquel paraíso iluminado y entonces, Blaine lo supo: en su corazón siempre habría un solo rey, Kurt Hummel y al entender eso, el joven se sintió tan feliz que la única forma que encontró para expresar tanta felicidad que parecía no caber en su pecho fue besar los labios de Kurt lentamente, interrumpiendo por un momento la canción del chico de los ojos azules mientras las estrellas protegían su danza solitaria. Ese era otro de los momentos en los que el mañana dejaba de existir.
Kurt se separó de Blaine un poco renuente a ello pero tenía que terminar de cantar esa canción. Como le había dicho a Blaine, no le estaba diciendo adiós pero necesitaba hacer aquello. Era sólo otra forma de decir "te amaré por siempre" y que mejor que diciéndolo con una canción.
Toda su historia con Blaine había estado llena de música. Había sido por aquella triste canción que Kurt lo había encontrado, había sido gracias a una canción que Kurt se había dado cuenta de cuánto amaba a aquel chico que sonreía con los ojos cerrados sobre su nuca. La música era su lazo. Por eso, tenía que seguir cantando. Suspirando sin poder evitarlo, Kurt continuó con su canción que para ese entonces sonaba con más energía, dejando que las notas de su voz se unieran al viento:
So let's take tonight and never let go while dancing we´ll kiss like there´s no tomorrow.
As the stars sparkle down like a diamond ring I´ll treasure this moment till we meet again.
But no matter how far or where you may be I just close my eyes and you´re in my dreams
and there you will be until we meet.
I´ll always look back as I walk away this memory will last for eternity
and all of our tears will be lost in the rain when I found my way back to your arms again
but until that day you know you are the king of my heart.
-El mejor baile del mundo- dijo Blaine cuando la voz de Kurt se silenció- es una lástima que los demás no lo hayan visto.
-¿Ah sí?- dijo Kurt, moviéndose aún al compás de Blaine- yo no lamento nada. Es así como quería que fuera.
-Lo dices porque bailaste con el rey del baile ¿verdad?- dijo Blaine provocando la risa en el otro chico- la verdad Kurt, yo tampoco hubiera deseado que fuera de otra forma, además, supongo que desde ahora he de irme acostumbrando a la realeza, creo recordar que viviré cerca de una monarquía, quizá me nombren caballero.
-Tal vez- dijo Kurt abrazándolo con fuerza- nada de coquetear con el príncipe Harry ¿está bien? Debo agradecer a Kate Middleton por quitar a William del camino.
-Te preocupas demasiado- dijo Blaine con suma seriedad- ni siquiera los reyes de verdad podrían compararse contigo, dime tú ¿quién puede cambiar la luz de una estrella por el brillo de una corona de brillantes?
-Sólo un loco- dijo Kurt sonriendo sin abrir los ojos- lo mismo te digo a ti Blaine, no habrá príncipes en Nueva York pero nunca te cambiaré por nadie, nunca habrá alguien que sea como tú, nunca lamentaré nada.
-¿De verdad tengo que irme?- dijo Blaine con un suspiro- podría quedarme aquí, decirle a la Real Academia de Música de Londres que sus instalaciones están muy lejos de mi hogar y que pensándolo mejor quizá Julliard sea una mejor opción educativa. Te apuesto a que mi padre lo entenderá, puedo trabajar con él este año y prepararme para Julliard el año que viene, puedo quedarme contigo, de verdad puedo Kurt, sólo tienes que…
El chico de los ojos azules detuvo la voz de Blaine poniendo uno de sus dedos sobre los labios del muchacho de los ojos color avellana. No. Blaine no podía hacer eso. Kurt no podía negar que en medio del discurso del otro chico una chispa de emoción y felicidad egoísta que había causado que él quisiera gritar ¡Sí, quédate Blaine! Había disipado su angustia por un momento, pero… no, Blaine no podía hacer eso. Blaine no podía abandonar ese sueño que había forjado toda su vida sólo por él.
-Blaine- dijo Kurt tratando de disipar el nudo en su garganta- cuando te conocí supe que tú tenias el talento suficiente no sólo para estar en los Warblers, tienes el talento suficiente para poder hacer que el mundo entero te conozca y te ame. No puedes decirme que quieres dejarlo todo por mí porque ¿sabes? No voy a permitírtelo. Irás a Londres, a la escuela de tu madre y de tu abuela y ahí te convertirás en el mejor músico del mundo ¿entiendes? Me encantaría que te quedaras conmigo Blaine, pero debemos de luchar por lo que queremos, para eso hemos nacido, para eso y para estar juntos así que… nada de tonterías, además no te irás para siempre….
-Sabia que me dirías eso- dijo Blaine sonriendo tristemente- pero tenía que intentarlo ¿no?
-Mal intento, señor Anderson- dijo Kurt volviendo a abrazarlo- y en todo caso ¿por qué estamos despidiéndonos? Que yo sepa nos queda todo un verano por delante.
-Eso es mucho tiempo ¿verdad?- dijo Blaine volviendo a mirarlo a los ojos. Mirando esos ojos era muy fácil creer en la eternidad.
-Si no es mucho, haremos que lo sea- dijo Kurt- sé cómo hacer que un segundo dure infinitamente.
-¿Ah sí?- dijo Blaine con una sonrisa divertida- supongo que yo también.
Y sin dejar que el otro chico respondiera, Blaine lo volvió a atrapar en un beso que hizo que Kurt riera. Los dos jóvenes dejaron que la magia de esa noche volviera a colarse en su cuerpo sin importar nada. La verdad era que el tiempo no era mucho pero, a veces resulta que a fuerza de besos y caricias uno de verdad puede detener el andar de cronos. El dios del tiempo los miraba complacidos. Parecía que toda la primavera se había detenido en ese instarte sólo para regalarles una noche más de locura y de ternura al mismo tiempo. Después de todo, había llegado el momento de que Nathan Bailey se sintiera orgulloso de ellos, otra vez.
Definitivamente la bata blanca no era para nada su vestimenta favorita. Nathan pensaba mientras la dulce enfermera que se encargaba de él seguía colocando el suero en su muñeca izquierda, que definitivamente al mundo medico le hacía falta un poco de onda. Ya se encargaría él de ello cuando Harvard le diera su titulo. Aún así, en aquel momento, mientras esperaba la hora indicada para la operación sentía que la monocromática vestimenta del personal médico no era lo único deprimente en la habitación.
Él sabía que la operación que tenía que enfrentar no sería nada sencilla, que había riesgos. Que lo menos que le podía ocurrir era quedar con un daño permanente en el corazón y ahora sí, no poder si quiera volver a caminar de forma normal sin miedo a sufrir un infarto en cada paso pero aún así, no se explicaba la cara de funeral que tenían todos alrededor suyo: Su madre lloraba desconsoladamente sobre el hombro de su padre. Erik Bailey miraba al vacio, con ganas de poder cambiar de algún modo aquella situación y dándose cuenta de que no podía hacer nada. Incluso los pequeños gemelos estaban un poco alicaídos, y toda esa tristeza que llenaba la habitación de Nate trataba de colarse en su corazón, pero él no podía permitirlo. El chico suspiró de forma cansada. Bueno, esas eran las consecuencias de ser siempre el valiente de la familia.
-Oigan, clan Bailey- dijo el chico atrayendo la atención de su familia- me temo que se han equivocado de lugar, aún no he muerto.
-No juegues con eso Nathan- dijo Erik un poco molesto- tu madre no puede soportar tus bromas el día de hoy. Trata de tomar esto con la seriedad que merece, por favor.
-Sí lo tomo en serio papá- dijo Nate sonriendo con disculpa a su padre- pero ¿no creen que ya es suficiente con saber que es riesgoso y que puede que no salga vivo de ahí? Creo que podría enfrentarlo mejor si solamente vinieran aquí a abrazarme. Es como si trataran de estar lejos de mí para acostumbrarse a la idea de que probablemente ya no estaré con ustedes y francamente….
Nate se interrumpió en la mitad del discurso cuando sintió a sus pequeños hermanos trepando por su cama hasta que Matt y Michael lo envolvieron con sus pequeños brazos. Nathan sonrió cuando sintió los rubios rizos de sus hermanos sobre sus mejillas. Eso era lo que él necesitaba, que alguien lo sostuviera de aquel modo porque después de todo, aunque no había hecho más que sonreír en todo el día, él también moría de miedo.
-Lo siento Nate- dijo Emma corriendo a abrazarlo también- no puedo evitarlo ¿sabes? Es que tengo tanto miedo, sé que esto es por hacer que estés mejor pero… no quiero que te pase nada malo.
-No pasará nada malo- dijo Nate acariciando el cabello cobrizo de su madre- y si sucede, tienes que ser muy fuerte Emma Bailey, siempre has sido así.
-Perdóname a mi también- dijo Erik acercándose a la cama de su hijo y envolviendo a su familia entera con sus brazos- a veces se me olvida que ya no eres un niño y que entiendes algunas cosas mejor de las que yo las he entendido, pero, tienes razón, nada pasará. Seremos fuertes por ti como siempre los has sido por nosotros.
Los Bailey se quedaron un momento en silencio. En la habitación sólo se escuchaban los sollozos intermitentes de Emma y de los pequeños gemelos, o los suspiros del padre de Nathan y sin embargo, esa cercanía, ese cariño con el que toda su familia lo sostenía bastaba para que el chico de los ojos verdes, tan parecidos a los de su padre, estuviera sonriendo tranquilamente. Sí, probablemente todo saldría mal pero pasara lo que pasara después de esa operación nadie le podía quitar la dicha de saberse amado de aquel modo.
-Hola, buenas noches- se escuchó una voz en la puerta.
Sebastian había entrado a la habitación un poco apenado. Él no se esperaba interrumpir un momento familiar como aquel, pero ahora que lo había hecho, la verdad es que no sabía qué cara poner.
-Llegaste justo a tiempo, Seb- dijo Nathan en medio de la sonrisa que afloraba en sus labios al contemplarlo- es el momento en el que todo mundo le da amor al capitán Bailey.
Sebastian contempló a su novio con una sonrisa algo apenada. Eso era lo que amaba de él, ni siquiera en momentos como aquel Nathan dejaba de ser él mismo, ese brillante rayo de sol que podía iluminar hasta las tinieblas más profundas. Sin embargo, el chico se quedó parado a un lado de su cama sin saber qué hacer. Sebastian no había tenido la oportunidad de conocer al padre de Nathan y no sabía cómo él señor Bailey reaccionaría ante él. Bien es cierto, que los padres de Nate no tenían problema con lo que él había elegido pero, Sebastian sabía que en una familia tan unida como aquella, la historia del dolor que le había causado a Nathan años atrás era de dominio público.
-Me alegra que por fin te hayas dado cuenta de lo maravilloso que es mi hijo, muchacho- dijo Erik con una sonrisa algo fría- yo personalmente tenía ganas de mandarte al desierto del Sahara después de lo que le hiciste pero… ¿quién puede luchar contra el amor, no crees? Anda, no seas tímido, creo que después de todo ya eres un Bailey, así que, abraza a mi hijo como lo merece.
Sebastian miró a Erik Bailey de forma avergonzada pero no dijo nada. Aquel reclamo camuflado en la voz del padre de Nate era lo menos que merecía por haber sido un tonto de remate por mucho tiempo así que, sin pensarlo ni un minuto más, se acercó a Nathan y besando sus labios con suavidad antes de abrazarlo, se quedó cerca de él, sin importar que en aquella cama hubiera mucha gente y poco espacio. El muchacho se quedó sin abrir los ojos por mucho rato porque, nunca antes se había sentido así: tan rodeado de amor. Sebastian supuso y con razón que era así como debía sentirse el tener una familia de verdad.
-A esto me refería- dijo Nate- ¿Quién puede tener miedo después de esto?
Todos rieron ante las palabras de Nate pero nadie fue capaz de agregar más nada. Sus brazos habían dicho todas esas cosas que la voz nunca hubiera podido decir.
-Hola a todos- dijo una joven mujer de larga cabellera negra irrumpiendo en la habitación- soy Ivy Wechsler, la cardióloga que intervendrá a Nate.
-¿Usted es Ivy Wechsler?- dijo Erik un poco desconfiado- esperaba a alguien más…
-¿Viejo?- dijo la mujer con una hermosa risa cantarina- no se deje llevar por las apariencias, señor Bailey, a veces la experiencia no se mide por el numero de arrugas y canas que tengamos en el cuerpo ¿no cree?
-Claro, claro- dijo Erik carraspeando un poco- a lo que me refería es que usted parece… bueno, en todo caso, sabemos que hará un buen trabajo.
-Eso no tiene que dudarlo, señor- dijo la doctora con una enorme sonrisa confiada que terminó por disipar las dudas en los padres de Nate- ¿estás listo, campeón?
-Toda mi vida he estado listo, doctora- dijo Nate con su sonrisa brillante- ¿ya es hora?
-Sí- dijo la mujer- todo está listo para devolverte tu sueño Nathan, todo saldrá bien, ya lo verás. Confíen en mí, sé lo que hago y Nathan estará entrenando de nuevo antes de la próxima primavera, se los juro.
-Anda hijo- dijo Erik soltándolos a todos- te veremos en unas cuantas horas ¿verdad, Emma?
-Sí Nate- dijo su madre- vas a volver a jugar, como cuando jugabas con Blaine ¿recuerdas? Los dos ni siquiera podían hablar pero pateaban aquella pelota como si nada en el mundo los hiciera más felices. Todo estará bien, mi pequeño.
-Tu pequeño- dijo Nate con una sonrisa feliz- hace siglos que no me llamabas así… estaré bien, lo prometo, confíen en Ivy.
-¿Nate?- dijo Michael con sus ojos verdes llenos de lagrimas- no voy a perderte, ni Matt tampoco ¿verdad?
-No quiero perderte Nate- dijo el otro pequeño- nadie quiere perderte en realidad.
-Escuchen algo demonios- dijo Nate con una dulce sonrisa- su hermano no irá a ningún lado ¿entienden? Y si eso pasa, recuerden que tienen otro hermano ¿o ya no quieren a Blaine? Son igual de torpes que él, no los dejaré, se los prometo.
Por toda respuesta los hermanos pequeños de Nathan lo abrazaron otra vez. La verdad es que todas las personas reunidas en esa habitación querían ponerse a llorar como Matt y Michael, sin importar nada pero tenían que ser fuertes, de verdad tenían que serlo.
-Es tiempo- dijo la doctora Weschler reprimiendo un suspiro. Ella sabía que no sólo la vida de Nathan estaba en su manos, también tenía que cuidar de la alegría de toda aquella familia.
-Sebastian- dijo Nate mirando al chico rubio que seguía en silencio junto a él- no me dejarás hasta que llegue a la puerta del quirófano ¿verdad?
-Claro que no- dijo el joven Smythe tomando su mano- no te dejaré nunca, incluso cuando cruces esa puerta estaré contigo.
-Bueno- dijo Nate respirando profundamente mientras sus hermanos bajaban de su lado y corrían a lado de su madre- los veré más tarde, supongo.
Por toda respuesta, sus padres le sonrieron y sus hermanos agitaron su manita en el aire. Era lo único que podían hacer. Los padres de Nate sospechaban que si intentaban decir algo más terminarían llorando de nuevo y no querían que su hijo los viera así. La doctora Wechsler salió de la habitación, esperando que las enfermeras llevaran a Nate hacia el quirófano. Había llegado el momento y mientras Sebastian volvía a tomar su mano, mientras la cama avanzaba por los blancos pasillos del hospital, haciendo que su corazón comenzara a latir con fuerza como presintiendo lo que les esperaba, Nathan supo que no había marcha atrás.
-Gracias Sebastian- dijo Ivy Weschler cuando la puerta metálica que indicaba que habían llegado a su destino estuvo frente a ellos- puedes esperarlo junto a su familia ¿vale? Saldremos de aquí en unas cuantas horas y lo tendrás de nuevo sano y salvo, es una promesa profesional.
-Eso espero- dijo el joven Smythe sin poder evitar que su voz se quebrara- por favor, cuídelo, por favor…
-No te preocupes, Seb- dijo Nathan aferrándose a él- no voy a perderme mi vida a tu lado.
-Claro que no lo harás- dijo Sebastian besando su frente- recuerda, no te dejaré.
Después de eso, Sebastian soltó su mano y la doctora Wechsler le sonrió como queriendo decirle "de verdad volverá a tu lado". El chico se quedó fuera de la puerta, contemplando aquel lugar donde Nate lucharía una batalla en completa soledad pero…. No, no estaría solo, era verdad que algo de él acompañaba a Nathan en medio de esas duras horas que le esperaban. El chico decidió caminar hacia la sala de espera, sospechaba que no sólo Matt y Michael necesitarían un abrazo mientras la cirugía pasaba.
Lo último que Nathan vio, fueron las luces de la mesa del quirófano y un montón de rostros amigables y sonrientes que volvían a asegurarle que todo estaría bien. Cuando el anestesiólogo puso la mascarilla sobre su nariz y le pidió que le contara cualquier cosa acerca de su vida, el chico no supo si había empezado a hablar de Blaine y de Elena, de la historia de las estrellas o de cómo quería poder ir a los juegos olímpicos. Su mente se perdió en un espiral interminable mientras su cuerpo era inmune al dolor. Su último pensamiento coherente fue la certeza de que al otro día era la graduación en Dalton y que él no estaría ahí.
- Lo cierto es que cuando uno empieza a caminar por cualquier camino lo único seguro que hay es que habrá un final. Un final inevitable que resulta tan necesario como el encuentro que un día nos reunió aquí, en estas paredes, en este sitio donde hemos aprendido, crecido y vivido tantas cosas.
Todos los ojos de la Academia Dalton estaban enfocados en el apuesto chico que ataviado con su uniforme de gala estaba dando el discurso de despedida a la generación graduada causando al instante sonrisas y toda la admiración de los ahí reunidos. Todo mundo había pensado que Kurt Hummel cambiaría el tradicional discurso- honor que se le otorgaba al alumno más sobresaliente de Dalton cada año- por una canción, pero lo cierto era que también resultaba sumamente maravilloso escucharlo pronunciar esas palabras que desde el principio alegraban el corazón de todos. Los Warblers no podían estar más contentos y felices por su vocalista. Pero nadie lo miraba con más cariño y admiración que Blaine.
El joven de los ojos color avellana absorbía cada una de las palabras de Kurt como si solamente para él hubieran sido escritas y es que, aunque aquel era su último día en Dalton, no podía sentirse más feliz. Porque de verdad su último año había sido mágico, no sólo porque su vida había cambiado para bien sino porque él mismo era ya una mejor persona. Una persona que amaba y era amada, una persona que después de terminar la preparatoria, tenía aún mucho que ofrecer al mundo. Era verdad: su vida apenas estaba comenzando.
Blaine paseó sus ojos por todo el jardín donde la ceremonia de graduación se llevaba a cabo. Todos los chicos Dalton que se graduaban aquel día lucían una toga azul y el tradicional birrete a rayas rojas y azules como era la tradición. Todos tenían ya su diploma en la mano y una sonrisa satisfecha en los labios.
Los padres de Kurt y Blaine estaban sentados en las filas de atrás, uno al lado del otro. Para ellos era de verdad maravilloso que sus hijos se hubieran graduado en aquel lugar y estaban orgullosos también porque después de ese día, cada uno tomaría el camino que les llevaría a construir una vida mejor. Una vida mejor de la que aquellos dos hombres que trataban de reprimir las lagrimas, habían soñado para ellos. Blaine sonrió al darse cuenta del estado de su padre y volvió a posar sus ojos en Kurt, parecía que el chico de los ojos azules, aún tenía mucho que decirle a él y a sus compañeros:
-Esta escuela, que al principio no era más que un edificio lleno de gente con ideas diversas, lleno de gente con la que quizá nunca pensaron hablar o reír se hizo parte de ustedes y es un hecho que eso es precisamente lo que hará que hoy no digan adiós: uno no puede despedirse de algo que es parte de uno mismo. Es probable que los sueños y las metas que tengan hoy los llevarán por caminos muy diversos. Es probable que nunca más en la vida vuelvan a ver la sonrisa amiga de aquellos con los que pasaron ratos agradables y compartieron lagrimas y esperanzas, pero lo verdaderamente importante, lo que nunca se borrará de sus mentes los acompañará para toda la vida, sin importar que miles de cosas más los estén esperando al cruzar esta puerta. Aunque hoy digan adiós, nadie puede decir que no volverán a encontrarse alguna vez caminando por esta vida. La amistad de verdad perdura a pesar de la distancia. Los verdaderos amigos siempre te acompañan en el corazón.
"Recuerden eso si algún día llegan a sentirse solos, incomprendidos, sin ganas de seguir adelante. La soledad es algo que no puede existir en el mundo porque con nosotros están las palabras cálidas del amigo que nos reconfortó cuando estábamos tristes, a nuestro lado están las enseñanzas de los maestros que no son solamente acerca de números, fechas y palabras. La memoria es un lugar cálido al que uno puede volver cada vez que el mundo se presente como un lugar frio y sin esperanza. Pueden refugiarse ahí un momento, pero nunca dejen de luchar."
"Que el mayor de los faros sea siempre la fuerza de lo que quieren lograr en la vida. Salgan y luchen, vuélvanse fuertes peleando por lo que más anhelan. Quizá no haya una fórmula secreta para alcanzar el éxito y la gloria pero sí puedo decirles cuál es la fórmula del fracaso: rendirte, dejar de hacer lo que quieres hacer sólo porque alguien más dice que no podrás hacerlo."
"Uno no puede quedarse estancado en un mismo lugar toda la vida, por más que queramos hacerlo, por más felices que hayamos sido en él: tenemos que ser como el rio que fluye hacia el mar, sabiendo que allá afuera formará parte de algo que es mucho más grande y majestuoso que él mismo. Sean pues como el rio y fluyan, sean fuertes y derriben todas las barreras. El mundo espera por ustedes, para verlos luchar y sonreír al terminar cada nuevo día"
"Tengan un buen viaje y recuerden que este es sólo el inicio de la vida que ustedes decidan tener. Luchen por ella, porque nadie puede hacerles creer que tienen que conformarse con menos. No hay límites para un corazón valeroso y sé, que su corazón es así. Felicidades generación 2012 por este logro, pero vayamos por más, nunca se conformen. Recuerden que pueden llegar muy alto, tanto como ustedes lo quieran porque ¿para qué conformarnos con vivir a rastras cuando tenemos el anhelo de volar? No le nieguen al mundo la oportunidad de escucharlos, dejen que sepan lo increíbles que son, lo maravillosos que sin duda alguna llegarán a ser."
-Felicidades a todos- terminó Kurt sin poder evitar que la voz se le quebrara después de haber pronunciado su emotivo discurso- esto es apenas el principio de todo ¡Lo logramos, Dalton!
Una lluvia de ensordecedora de aplausos acompañó al chico de los ojos azules al bajar del estrado. Mucha gente tenía lágrimas en los ojos pero ¿cómo poder evitarlo? Aquellas palabras habían sido el inicio del fin. Después de eso, podrían ir a festejar con sus familias pero tenían que decir adiós también.
Kurt llegó a lado de Blaine quien lo esperaba con una hermosa sonrisa en los labios y lo abrazó. Realmente su verdadero premio por tres años de excelencia en Dalton no había sido pronunciar aquel discurso: su verdadera recompensa estaba en ese pequeño chico que lo miraba de aquel modo y que aún seguía haciendo que sus piernas se volvieran gelatina cuando sus ojos color avellana se posaban en él.
-¿Te gustó?- susurró Kurt- ¿fui buen orador?
-El mejor de todos los tiempos- dijo Blaine besando su frente- de verdad fue hermoso.
-Cumplí con mi promesa a Nate- dijo Kurt dándose cuenta de cómo los ojos de Blaine se llenaban de pesar- los hice llorar a todos, incluso a papá. Eso quiere decir que lo hice bien.
-Claro que sí- dijo Blaine tratando de que su preocupación por Nathan no se notara mucho- apuesto a que tu discurso será un modelo de aquí en adelante. Eres maravilloso, Kurt.
-Gracias- dijo el chico de los ojos azules- y Blaine, Nathan está bien, tranquilo.
-Lo sé- dijo Blaine sintiéndose un poco bobo porque Kurt se hubiera dado cuenta- es que, no hemos tenido noticias. Nadie me ha dicho nada. Se supone que entró al quirófano ayer en la noche y ya es más de medio día…
-Blaine- dijo el chico de los ojos azules con calma- si hubiera pasado algo malo, ya lo sabríamos, créeme.
-Generación 2012- dijo una voz sacando a los chicos de su conversación- declaro oficialmente concluido este año. Gracias señor Hummel por tan bellas palabras, después de ellas no me queda más que decir que: felicidades graduados, vayan a donde vayan Dalton será parte de ustedes.
Un aplauso ensordecedor llenó los jardines de Dalton y los jóvenes graduados sonriéndose los unos a los otros, llevaron sus manos hacia su cabeza y quitando de ella el birrete lo lanzaron al cielo, siendo conscientes de que algo terminaba pero también, de que después de todo, lo habían hecho bien.
Blaine y Kurt sonreían en medio de la lluvia de birretes roji-azules que caían a su alrededor. Sus compañeros corrían a abrazar a todo mundo, con lágrimas en los ojos pero con una sonrisa feliz en los labios. Bien es cierto que las despedidas con palabras habían sido dichas mucho tiempo antes, en aquellos momentos los abrazos y las sonrisas hablaban mejor que cualquier discurso. En medio de aquella algarabía el móvil de Blaine comenzó a sonar y el chico decidió que era mejor contestar, seguramente eran noticias de Nathan y no quería pasar ni un minuto más de incertidumbre.
-¿Emma?- dijo Blaine sin ponerse a pensar en que podía ser alguien más, pero ¿quién más querría hablar con él a esas horas?
-Blaine- dijo la voz de Sebastian Smythe con un tono que no le gustó nada al chico de los ojos color avellana: parecía que Sebastian había estado llorando por un largo rato.
-¿Seb?- dijo Blaine con un nudo en la garganta- Seb, ¿qué sucede? ¿Está todo bien?
-No- dijo Sebastian haciendo que Blaine casi cayera en el suelo de la impresión- Blaine, Nathan…
-¿Qué ocurre Seb?- dijo Blaine sin saber si sería capaz de enfrentar la respuesta.
Kurt llegó a su lado y al darse cuenta del estado en el que se encontraba, supo que Blaine iba a necesitarlo más que nunca. Kurt lo tomó de la mano mientras la voz de Sebastian seguía hablando al otro lado de la línea, dejando a Blaine sin habla. Dejándolo frio y ausente, tanto, que Kurt también empezó a sentirse enfermo pero… no podía ser ¿o sí? Nathan estaba bien ¿verdad?
-Está bien- dijo Blaine quien lloraba ya sin importarle nada- está bien Seb, llegaré allá hoy mismo en la noche, gracias por…. Te veo allá Seb.
El chico terminó la llamada y se quedó en silencio un largo rato. Kurt lo observaba en silencio también, mirándolo sin saber qué decir pues la llamada de Sebastian seguía siendo un misterio para él. Después de un rato en el que Blaine sólo había podido sollozar sin poder evitarlo, los padres de ambos llegaron hacia el lugar donde se encontraban. Henry miró a su hijo y sintió que el invierno se metía de golpe en su pecho. Si Blaine estaba llorando de aquel modo, eso sólo podía significar que… pero no, Nathan, no.
Burt Hummel se quedó parado en seco apenas miró los semblantes de los chicos y del hombre que hasta hacia apenas unos minutos había sido todo sonrisas y bromas ¿qué pasaba ahí? Él sabía que uno de los amigos de los chicos estaba algo delicado de salud pero ¿qué clase de noticia los había puesto en ese estado?
-Papá- dijo Blaine corriendo a abrazar a su padre- papá, Nathan…
-Cálmate Blainey- dijo el hombre abrazando a su hijo con mucha fuerza- cálmate, no podemos hacer nada ya…
-¡Claro que podemos!- dijo Blaine- ¡Podemos!
Kurt miró a su novio con una mezcla de dolor e incomprensión al mismo tiempo. Él no entendía nada, pero si Henry Anderson había dicho que no podían hacer nada eso sólo significaba que…
-¡NATHAN VOLVERÁ A JUGAR- dijo Blaine haciendo que todo mundo lo mirara de forma extraña- papá, Nathan volverá a jugar, todo salió bien, mejor que bien de hecho… tendrá que hacer terapia física todo el verano, pero volverá a jugar. Comenzará a entrenar para el equipo de Harvard la próxima temporada ¿entiendes, papá? Nate está bien, Nate volverá a ser nuestro Nate de siempre.
-¿Y por eso llorabas de ese modo?- dijo Henry sin soltarlo- vaya que Nate tiene razón, eres un torpe hijo.
-No pude evitarlo- dijo el muchacho sonriendo en medio de sus lagrimas- Sebastian estaba en el mismo estado que yo, de verdad es genial ¿no creen? Nate volverá a jugar, Nathan Bailey será el mejor jugador del universo.
-Me asustaste Blaine- dijo Kurt soltando todo el aire que había estado conteniendo- no debes hacernos esto.
-Kurt tiene razón muchacho- dijo Burt dándole una palmadita en la espalda- bueno, limpien esas lagrimas, se supone que estaos celebrando ¿no?
-Sí- dijo Blaine tomando el pañuelo que Kurt le ofrecía- de verdad lo siento pero Nathan es parte de mi familia y si algo le pasaba…
-Pero nada pasó- dijo Kurt tomándolo de la mano- así que ahora todos podemos festejar que nuestros sueños se cumplirán ¿no? Todos los sueños de esta enorme familia van a cumplirse.
-Yo no pude haberlo dicho mejor, Kurt- dijo Henry comenzando a caminar hacia la salida de la Academia- ¿se despidieron ya de sus compañeros?
-No- dijo Blaine con un último suspiro- les dijimos hasta luego el día de ayer, pero nunca les diré adiós.
-Ni yo- dijo Kurt recordando las emotivas despedidas en la sala del coro, donde todos habían terminado cantando del himno de la Academia entre lágrimas y risas- trataremos de seguir en contacto.
-Claro que lo harán- dijo Burt abrazando a su hijo- y ahora ¿qué les parece si vamos a almorzar algo? Después de eso yo volveré al taller y tú Kurt, puedes ir con Blaine y Henry, te alcanzaré en su casa en dos semanas ¿vale?
-Suena a un plan perfecto- dijo Kurt comenzando a caminar de la mano de Blaine.
Los cuatro hombres caminaron hacia la salida después de tan emotiva ceremonia de graduación y, cuando la puerta de entrada de Dalton se cerró tras ellos, Blaine y Kurt se miraron en silencio, sonriéndose el uno al otro, sabiendo que aunque aquella aventura llamada preparatoria se había terminado al fin, la vida les tenía preparadas muchas más. Pero aunque el futuro era aún incierto, siempre tendrían la certeza de que fueran a donde fueran se tendrían el uno a otro y eso, ese amor que los unía era la única aventura que nunca tendría fin.
El verano se fue perdiendo poco a poco entre rayos de sol, fuertes tormentas que hacían que Kurt frunciera las cejas con más frecuencia que antes y un sinfín de momentos que él y Blaine seguían añadiendo a su álbum de recuerdos.
El chico de los ojos azules había pasado aquellos dos meses cómodamente instalado en la enorme casa de Blaine a las afueras de Westerville. La verdad, no podía quejarse de las buenas vacaciones que había tenido. El joven había tenido la oportunidad de conocer un poco más de la historia de Blaine y estar ahí se sentía realmente bien porque cuando Kurt pensaba que por aquel lugar habían caminado Giselle y Elena, las dos mujeres que de algún modo le habían entregado a Blaine para poder amarlo toda la vida, una sonrisa de absoluta dicha se dibujaba en su cara. En aquel jardín, sobre aquel columpio en el que Blaine solía mecerlo todas las tardes en las que no había llovido, la promesa que las estrellas ahora protegerían con su brillo, había empezado a escribirse.
Su padre había pasado con ellos tres semanas junto con Carole. Finn se había negado rotundamente a abandonar a su novia aquel verano, así que había decidido no ir a aquellas vacaciones junto con la familia de Blaine. Después de todo, Kurt había tenido el verano de sus sueños, tan distinto, luminoso y lleno de un amor que rayaba en lo sobrenatural.
Y mientras tanto y aunque sólo los habían dejado verlo unos cuantos días después de su operación, Nathan seguía recuperándose en el centro de rehabilitación de la universidad. A Blaine le habían tomado menos de cinco segundos darse cuenta de que Nathan había recuperado su más bella y luminosa sonrisa por fin. Aquel chico que había sonreído al verlo de nuevo, aunque luciendo sumamente agotado y algo débil, había sido el Nathan que él siempre había conocido: el Nathan que ya no tenía que resignar ninguno de sus sueños por culpa de un desconocido.
Después de eso, Blaine y Kurt habían tenido que volver a Westerville, pues el joven Bailey no podía volver con ellos. A diferencia de los dos chicos, Nate tendría que pasar su verano entre cuidados especiales, mimos de su familia y de Sebastian que había terminado ya de grabar su primer disco, y la constancia de que cada ejercicio que sus fisioterapeutas le proponían no eran nada más que un escalón que lo acercaría a ese sueño que había creído perder algún día. Por eso Nate no podría decirle adiós a Blaine cara a cara, pero los dos habían estado de acuerdo en que uno nunca se despedía de la familia aunque quisiera.
Y así, como el verano había llegado un día, también estaba preparándose para irse. El otoño empezó a manifestarse poco a poco, el viento de la tarde comenzaba a sentirse más frio y los árboles, verdes y brillantes durante todas las vacaciones, se fueron pintando otra vez de fuego y oro. Los cambios hubieran sido apenas perceptibles para las demás personas, pero no para ellos dos.
Aquel día, era el último que los dos pasarían juntos. Blaine tenía que irse a Londres al día siguiente, pues tenía que realizar algunos trámites finales en la Real Academia de Música de Londres, quien esa mañana, le había llamado por teléfono diciéndole que su canción había resultado ganadora y que el próximo año, Blaine haría el tour por Europa junto con los mayores del instituto.
Kurt se encontraba sentado en el viejo columpio que después de tanto tiempo seguía amarrado del fuerte roble que parecía también inmune a las tormentas y a las plagas. Mientras Blaine lo mecía lentamente, sin dejar de reír y recitando sin cansancio los planes acerca de las vacaciones del próximo año en las que Kurt lo acompañaría a visitar Europa, él sonreía también. No era tiempo de mostrarse triste por el inminente adiós. Ese no era el momento y nunca ningún momento lo sería. Habían sido unas hermosas vacaciones, y Kurt estaba seguro, que después de que Blaine volviera de Inglaterra convertido en el brillante músico que quería ser sería también una hermosa vida a su lado.
-Y después iremos a Venecia- dijo Blaine sin dejar de mecer a Kurt- tengo la loca idea de cantar para ti en una góndola ¿te imaginas?
-Ya puedo verte- dijo Kurt- la profesora de Italiano siempre decía que eras su mejor alumno.
-¿En serio?- dijo Blaine un poco sorprendido- no pensé que les dijera eso a todos.
-Blainey, Blainey- dijo Kurt sonriendo- nunca dejarás a un lado esa mala costumbre de pensar que no eres nadie en este mundo ¿verdad? Créeme, la profesora Conti no dejaba de alabarte en cada clase.
-De cualquier modo, creo que en Venecia la pasaremos bien. Quizá podamos ir a París o a Grecia, no sé. Tenemos tantas cosas que ver juntos Kurt.
-Lo sé- dijo el chico de los ojos azules con un nudo en la garganta. Planear el futuro, a veces lo ponía de aquel humor melancólico, tan diferente del estado totalmente ilusionado de Blaine.
-Oye- dijo Blaine dándose cuenta del estado de su novio- lo digo en serio, estaremos ahí, tú y yo.
-Lo sé Blaine- dijo el chico intentando sonreír- es sólo que, ya sabes cómo soy, no puedo evitarlo.
-Lo que necesitas es que te haga otra promesa ¿verdad?- dijo Blaine con una dulce sonrisa- pues bueno, eso es lo que haré.
-Blaine, no… de verdad no es necesario, yo.
-Nada de peros- dijo Blaine guiñándole un ojo- ¿tienes el anillo que te di en navidad?
-Sí- dijo Kurt un poco confundido, dejando ver la cadena dorada de la que pendía su anillo en forma de estrella- ¿por qué?
-Permítemelo un momento- dijo Blaine sacando el aro dorado de la cadena que rodeaba el cuello de Kurt.
El chico sonrió al tener en sus manos aquel trozo de diamante que irradiaba luces de colores en su cara cuando los rayos de la luz del sol de la tarde confluían en él. Blaine lo observó por un momento antes de poner una de sus rodillas en el suelo, frente a Kurt, haciendo que los ojos azules del chico se abrieran de par en par por la sorpresa que esa acción de Blaine le producía ¿qué estaba planeando aquel adorable pelinegro?
-Kurt Hummel- dijo Blaine con un tono de voz que sonaba profundamente emocionado- una vez te prometí en Nueva York que yo regresaría a casa por el simple hecho de que tú estarías apoyándome en un concierto enorme que daré en Central Park ¿recuerdas?
-Sí- dijo Kurt intentando contener las lágrimas- pero, sé que harás eso y claro que estaré ahí, te lo dije, los asientos de la primera fila serán sólo para mí.
-Muy bien- dijo Blaine mirándolo a los ojos- voy a añadir algo más a esa promesa: Kurt, cuando vuelva de Londres, cuando esté frente a esa multitud y tus ojos estén brillando otra vez ante mí, voy a poner este anillo de nuevo en tus dedos y entonces, te pediré que estés conmigo para siempre ¿entiendes? Te pediré en frente de todas esas personas que seas sólo para mí la vida entera.
-Blaine- dijo el chico sintiendo como un suspiro escapaba de sus labios- tú me estás pidiendo que…
-Sí- dijo Blaine con mucha seguridad- si quieres resumirlo en pocas palabras, voy a pedirte que te cases conmigo. De ese modo, tendrás siempre la certeza de que serás la única razón de todo ¿vale?
Kurt no pudo decir nada, pero asintió sumamente convencido mientras Blaine volvía a poner su anillo en sus dedos y sellaba su promesa con un beso que se hizo largo y profundo mientras el sol se ocultaba en el horizonte, pintando el cielo de esos mágicos colores que sólo el atardecer podía tener. La noche cayó sobre Westerville y los chicos fueron a dormir con la conciencia de que esa noche era la última en la que estarían el uno en los brazos del otro por un buen tiempo.
La mañana los sorprendió abrazados con fuerza. Como aquel día en el que Blaine había despertado para iniciar su último año en Dalton, el sol no lo dejó en paz hasta que abrió los ojos. Pero esta vez no había un nudo apretado en su corazón. Esta vez no sentía que fuera a un lugar donde nunca había sido bien recibido. Aquel amanecer era distinto porque era el primer día de una vida diferente, de esa vida que había elegido con Elena desde que tenía siete años.
Kurt despertó minutos después, mirándolo con una enorme sonrisa que le dejó a Blaine la sensación de que de verdad aquel no era el día de la despedida. De que seguramente se levantarían de la cama e irían a desayunar con Henry que haría bromas acerca de "los ruidos nocturnos que no habían dejado que durmiera" y luego, pasarían todo el día en el jardín, planeando la vida que tendrían juntos, las obras que Kurt protagonizaría, las canciones que Blaine compondría
Pero no. la forma en la que Kurt lo abrazaba aquella mañana era de algún modo distinta. Había llegado el momento y con esa constancia, Blaine besó los labios del chico de los ojos azules y se levantó de la cama sin querer dejarla. El jet de su padre estaría listo para el medio día. Blaine de verdad tenía que ir a Londres.
Después de un silenciosos, pero de algún modo cálido desayuno, Henry y los chicos se dirigieron al hangar donde los esperaba el jet que los llevaría a Europa. Después de que Blaine se fuera, alguien pasaría a recoger a Kurt para llevarlo de vuelta a Lima. El chico también tenía que mudarse a Nueva York la próxima semana, pero eso tampoco era ya un problema. Henry había insistido en que el chico ocupara uno de los departamentos que tenía en la ciudad, así que, la morada de Kurt en la gran manzana estaba lista para albergarlo desde hacía mucho tiempo. El enorme departamento que Henry le había asignado, tenía una hermosa vista que lo dejaría contemplar Central Park cuando volviera del colegio: esa sería otra forma de recordar a Blaine y la promesa que le había hecho la tarde anterior. Una promesa que siempre le haría sentirse en conexión con él.
Parecía que todo estaba preparado para que Blaine y su padre, quien viviría con él en Londres, partieran en cualquier momento. Un amable piloto de elegante traje se acercó al señor Anderson para pedirle que lo acompañara a revisar los últimos detalles del jet. Henry asintió al hombre y en lugar de seguirlo, se acercó a Kurt y a su hijo que seguían aún tomados de la mano y dijo:
-No te preocupes Kurt, no dejaré que Blainey ponga sus ojos en alguno de aquellos muchachos ingleses que conocerá en la Academia.
-Gracias señor Anderson- dijo Kurt un poco divertido- aléjelo de la realeza. Después de haber sido el rey del baile, probablemente quiera quedarse por allá.
-No lo creo hijo- dijo el hombre- bueno Kurt, ha sido maravilloso tenerte en casa este verano. Nos veremos en navidad, así que no te digo adiós. Saluda a tu padre y dile que no me debe nada por lo de Nueva York ¿vale?
-Yo le diré- dijo Kurt abrazando a Henry sin poder evitarlo- muchas gracias por todo.
-De nada muchacho- dijo Henry correspondiendo su abrazo- tú has hecho feliz a mi Blainey de una forma en la que nunca nadie más lo hará. Todo lo que pueda darte es poco comparado con esto. Así que, hasta luego. Blainey, no tardes mucho, me temo que este piloto es algo extremo en cuanto a exactitud en la bitácora se refiere.
Los dos chicos vieron a Henry alejándose hacia el jet que lucía totalmente preparado para partir en cualquier momento.
-Supongo que es hora- dijo Blaine suspirando profundamente- Kurt, yo…
-No digas nada- dijo el chico de los ojos azules abrazándolo con fuerza- sólo mantenme así un largo rato y luego… bueno, ya sabemos lo que pasará luego pero, antes de eso, además de mi hay algunas personas que quisieran decirte hasta luego ¿sabes?
Blaine abrió los ojos al momento en el que Kurt decía aquello y sonrió al observar lo que sus ojos contemplaban: ahí, en medio del hangar estaban reunidos los Warblers, todos los amigos que había logrado hacer aquel último año en Dalton estaban sonriéndole de forma deslumbrante, preparados para lo que parecía ser una despedida al más puro estilo de la Academia Dalton: una canción.
Kurt se separó un poco de él y uniéndose a los otros chicos esperó el momento propicio para poder seguir con el plan que todos habían armado para aquel momento.
-Así que pensaste que te dejaríamos ir del otro lado del mundo así como así ¿no?- dijo Jeff causando la risa de Blaine- pues te equivocaste.
-Así es- dijo Wes con una enorme sonrisa- no podías irte sin ser víctima de una última serenata Warbler ¿listo, Kurt?
-Listo- dijo el chico de los ojos azules sin dejar de sonreír- Blaine Warbler, disfrútalo.
La melodía de las voces de los Warblers llenó de pronto todo el lugar con la introducción de una canción que sonaba alegre y movida. Y como siempre ocurría la voz de Kurt volvía a unirlas de nuevo, creando para Blaine esa última serenata que sería su compañera en todos los lluviosos días que lo esperaban en Londres:
Say my name like it´s the last time. Live today like it´s the last night. We want to cry but we know it´s alright ´cause I´m with you and you´re with me.
Butterflies, butterflies we were meant to fly, you and I, you and I colors in the sky. We could rule the world someday, somehow but we´ll never be as right as we are now.
We´re standing in a light that won´t fade; tomorrow´s coming but this won´t change ´cause some days stay gold forever. The memory of being here with you is one I´m gonna take my life through ´cause some days stay gold forever.
Los Warblers comenzaron a bailar realmente alegres después de aquella bella interpretación de Kurt. Incluso los miembros de la tripulación del jet habían salido a mirar el espectáculo que aquellos chicos habían preparado y bailaban y sonreían al ritmo de sus voces. Mientras tanto, Blaine no sabía si reír o llorar o simplemente bailar. Aunque, aquella decisión quedó zanjada en el momento en el que, de en medio de sus compañeros, Nathan Bailey salía caminando hacia él con una enorme sonrisa brillante y lo tomaba de la mano para seguir cantándole:
Promise me you´ll stay the way you are. Keep the fire alive and stay young at heart. When the storm feels like it could blow you out remember you got me and I got you.
´Cause we are butterflies, butterflies we were meant to fly, you and I, you and I colors in the sky, when the innocence is dead and gone these will be the times we look back on.
We´re standing in a light that won´t fade; tomorrow´s coming but this won´t change ´cause some days stay gold forever. The memory of being here with you is one I´m gonna take my life through ´cause some days stay gold forever.
I won´t, I won´t let your memory go ´cause your colors they burn so bright. Who knows? Who knows what tomorrow will hold? But I know that we´ll be alright.
La canción termino en medio de una explosión de risas y aplausos y un abrazo de grupo enorme que terminó con el chico de los ojos color avellana en medio de más de diez pares de brazos que lo sostenían. La verdad es que Blaine no podía imaginarse de otro modo esa despedida. Ni siquiera se sentía como una. Estaba seguro que el amor y la amistad no sabían nada de fronteras.
-Creíste que de verdad no vendría a desearte suerte ¿no?- dijo Nate abrazando con fuerza a su amigo. El chico lucia algo pálido aún, pero todo era parte de su proceso de recuperación.
-La verdad sí- dijo Blaine mirando con mucho cariño a Nathan- y más te hubiera valido estar en cama aún ¿estás loco? Hace apenas dos meses de tu operación y te atreves a bailar así… debiste de quedarte en el centro de rehabilitación, Nate.
-Madre mía- dijo Nate poniendo los ojos en blanco- para tu información no bailé nada, y además, de verdad tenía que abrazarte y decirte "torpe" antes de que te vayas. Así que torpe, enorgulléceme en Londres ¿quieres? Y por "enorgulléceme" no quiero decir lo que seguramente estás pensando, esta vez hablo estrictamente de música.
-Idiota- dijo Blaine riendo feliz de la vida- haré mi mejor esfuerzo.
-Claro que sí- dijo Nate- sé que lo harás, torpe. Siempre has sido mi orgullo, aunque no me lo creas.
Los dos chicos se miraron en silencio un largo rato. Todo lo que hubieran querido decirse, ya lo habían dicho tiempo atrás.
-Blainey- se escuchó la voz de su padre- ya es hora, hijo.
Blaine volteó hacia Henry y asintió débilmente antes de volver a mirar a sus compañeros. El joven Anderson, caminó hacia ellos y volvió a abrazarlos a todos uno por uno, evitando pensar que aquel era un adiós. Les dio las gracias a todos nuevamente, sonrió a Nathan y al llegar a Kurt, lo abrazó como queriendo que el perfume del chico se quedará impregnado en su piel por toda la eternidad. Kurt lo besó lentamente, ignorando el suspiro generalizado y las lagrimas de Jeff que lloraba con verdadera pena en el hombro de Nick. Wes Y David los contemplaban también sabiendo que aquello sería difícil para ellos, pro bueno, Nathan al contrario de todos los otros chicos sonreía porque él sabía que Klaine, era simplemente irrompible.
Kurt rompió el beso segundos después acariciando el rostro de Blaine en el que una sonrisa triste se dibujaba. Él sabía que aquel no era el momento para palabras, así que, con la mirada, el chico hizo saber a Blaine lo mucho que lo extrañaría y al mismo tiempo, lo mucho que lo amaría a pesar de la distancia.
Blaine tampoco dijo nada, simplemente miró a Kurt de pies a cabeza, intentando grabar esa imagen de su chico ojiazul en su memoria y después de sonreírle una última vez, dio la media vuelta y comenzó a caminar al lado de su padre. Aquel era el inicio del sueño de toda su vida.
Todos los Warblers vieron como la puerta del jet se cerraba y todo el personal se ponía en acción para llevar a los Anderson rumbo a otro continente. Después de quince minutos de maniobras, el pequeño avión se elevó en el cielo y Kurt dejó que las lágrimas que había estado conteniendo se derramaran por su cara. Nathan se dio cuenta de ello y abrazó al chico con una sonrisa comprensiva porque, vaya que aquel torpe que volaba ahora con rumbo a Londres era demasiado fácil de extrañar.
-Lo verás en navidad- dijo Nate limpiando las lagrimas de Kurt- verás que el tiempo pasará sin que te des cuenta de ello.
-Lo sé- dijo Kurt tratando de recomponerse- es sólo que… será un poco difícil estar separados por un océano ¿no crees?
-No lo creo- dijo Nate con mucha seguridad- simplemente no cuentes las millas que van a separarlos: cuenta cada "te amo" que seguramente se dirán y todo será más sencillo, lo prometo.
Kurt miró los ojos verdes de Nathan que en ese entonces brillaban con mucha fuerza y decidió creerle. Sí, porque tenía una promesa que cumplir con Blaine, tenía muchos sueños que cumplir sin él también, pero de algún modo, todos aquellos kilómetros que se interponían entre ellos no eran nada comparados con la magnitud de su amor. Kurt levantó la mirada al cielo, mirando de nuevo el jet que ya no era más que un punto blanco en la lejanía y sonrió. Nathan tenía razón: la lista de "te amo" que habría a partir de ese momento, la fuerza y la verdad con la que sus labios lo pronunciarían cada noche al oído de Blaine, reducirían ese océano que había en medio de ellos al tamaño de una gota de agua…
CANCIONES:
QUEEN OF MY HEART- WESTLIFE
GOLD FOREVER- THE WANTED
NdA/: me puse meláncolica dudes... dos semanas y terminaré la universidad TwT
Dos capítulos más y esta histoia, llegará a su final :´)
