Beyond of Times

by

Aline S.V

Disclaimer: Todos los personajes de Inuyasha son propiedad de Rumiko Takahashi, yo sólo los he tomado prestado para realizar esta frikada.


Capítulo XXI: Jealousy

Esperé un momento antes de preguntarle cuál era el motivo de toda esa rabia. No sabía si tener resentimiento con ella por lo que decía era mi culpa.

No sé qué hacer.

―Mis padres hablaban siempre maravillas de ti―musitó de pronto, continuando con su monologo anterior―tía Naomi les contaba de lo activa que eras, una alumna ejemplar dentro de tu clase y de lo sociable y cariñosa que eras. Mis padres, cada vez que íbamos a Japón, regresaban encantados con tu imagen.

―Yo era una niña como cualquier otra―le dije.

―No, no lo eras―masculló―eras mi peor pesadilla―el aire le faltaba por toda la rabia acumulada durante años. ¿Jamás se había desahogado? ―mis padres querían que fuera como tú, un prodigio en todo lo que se te ocurría hacer. Tenías buenas calificaciones, ellos también deseaban que yo las tuviera…

―Keiko, mis tíos… ¿ellos no te dejaban salir a jugar?

― ¡Claro que no! ―bramó―Caleb y yo nos hicimos amigos un día en que mamá lo trajo con nosotros del jardín de infantes.

Quise gritar.

―El resto del tiempo me la pasaba en casa, haciendo trabajos, cuidando las calificaciones…―susurró―cuando comenzaste a interesarte por los deportes, ellos también decidieron que era tiempo de que yo hiciera alguno, pero ningún deporte me venía, yo no nací con la vena de los deportistas, supongo. Ellos se decepcionaron bastante. El día en que me quemaste el cabello… me diste una razón para odiarte de verdad. ¿Cómo era posible que ellos me compararan contigo, que quisieran que fuera como tú? Una niña hiperactiva y escandalosa, una niña a la que todo le entregaban en bandeja de plata.

―Yo no era perfecta, Keiko, tuve mis traspiés―le dije entonces―es cierto que tenía facilidades para muchas cosas, pero la vida para mí no fue fácil, el dedicarme a estudiar era una manera de despejar mi cabeza de esos problemas, es todo.

― ¡Pues esa no era la visión que tenían mis padres de ti! ―exclamó furiosa―cuando se dieron cuenta que me habían criado como un robot, procuraron no cometer el mismo error con Heiji. Pero para mí… para mí el mal estaba hecho, ya había crecido a tú sombra.

― ¡Pero no es mi culpa! ―reclamé, aunque no podía verla a la cara―la forma en que te criaron mis tíos no es culpa mía, yo era tan niña como tú. No puedes simplemente apuntarme por la clase de educación que te dieron.

― ¡Claro que puedo!

― ¡No, no puedes! ―grité―yo no soy culpable por el camino que eligieron tus padres―reiteré.

― ¿Y qué me dices de Caleb? ―pronunció con el mismo tono mordaz― ¿no lo buscaste sólo porque era mi mejor amigo? ―yo la miré, por primera vez, la vi horrorizada por su palabras, ¿qué clase de persona me creía? ― ¿o tal vez lo buscaste porque te diste cuenta de que sentía algo más que amistad por él?

―Estás diciendo tonterías―musité incrédula―amo a Caleb por quién es, no porque sea tu amigo. Jamás se me pasó por la cabeza siquiera arrebatártelo.

― ¿A no? ―se mofó.

― ¡Claro que no!

―No mientas, siempre has sido así―yo negué con la cabeza.

―Keiko, esa rabia que me tienes es ridícula.

― ¡No es cierto!

―Claro que lo es―dije―escúchate, me culpas por cosas de las que ni siquiera estaba al tanto, me culpas por la forma en que viviste cuando yo era tan niña como tú, y ahora me culpas de quitarte a Caleb cuando ni siquiera se me ha pasado por la cabeza alejarte de tu amigo.

Keiko se mordió el labio, pero no contestó.

―Caleb y tú seguirán siendo amigos―le dije―pero tienes que conversar con él.

―No―sentenció―no hablaré con él para que me restregué en la cara lo bien que se la pasa contigo.

―Por favor, Keiko―dije frustrada.

―No soy estúpida―respondió ―tal vez acostarte con él fue suficiente, pero...

Furiosa, me levanté de la cama.

― ¿Ves? ―dijo ella con una sonrisa de suficiencia― ¿creías que no me iba a dar cuenta de que su asunto importante tiene por nombre sexo? ―suspiré, con ella no se podía hablar―tal vez cuando él vea que no sirves para mucho te deje a un lado, Kagome, eres una muchachita insoportable. Te conozco lo suficiente como para saber que ningún hombre podría estar contigo por más de un mes.

―Retráctate.

Jadeé al escucharlo. Caleb estaba de pie en el umbral de la puerta, con el ceño fruncido y la boca tensa, tal cual lo hacía cuando sentía una furia asesina por alguien al que no deseaba hacer daño.

―Inuyasha…―se escapó de mi boca, él me miró y extendió su mano hacia mí. No tardé mucho en aceptar su invitación. Cuando él me tuvo entre sus brazos, bien lejos del cuerpo de mi prima, besó mi frente y luego volvió a dirigir su vista hacia ella.

― ¿Heiji? ―susurré.

―Le dije que se quedara abajo―me susurró de vuelta.

―Llévatela―pronunció Keiko tras de mí, su voz sonaba quebrada de nuevo. No quise mirarla.

―Tienes que dejar de culparla por todo lo que te pasa―respondió con una voz seria―tus padres cometieron un error, lo sabemos, pero tú misma te estás condenando por la forma en que actúas. Esa amargura y ese resentimiento no te llevarán a ninguna parte.

― ¡Así de fácil lo dices! ―apreté los dientes― ¡como si no supieras!

― ¡Claro que lo sé, por eso te lo estoy diciendo a la cara! ―bramó―Keiko, lo que hay entre Kagome y yo no es sólo un revolcón como quieres categorizar.

―No―rogué en voz baja. Me alejé un poco para mirarlo a la cara―es peligroso―susurré.

―Está bien―contestó, yo volví a negar.

―Son demasiadas las personas que lo saben―susurré, él arqueó una ceja―mis amigos… el día en que te mostraste ante mí.

Él asintió quedamente y me apretó más contra él, la mano que tenía en mi cintura acarició mi espalda. ¿Realmente no estaba molesto?

―Kagome es mi compañera―jadeé, pero él no hizo ningún ademán por ello.

―Está claro, es tu novia ¿no? ―Keiko habló en voz baja, pero el tono de resentimiento seguía ahí.

―No, Keiko, es más que eso―aclaró. Yo lo miré sin comprender a qué se refería―Kagome es mi compañera, mi mujer… ella y yo, ante la ley de los demonios, somos marido y mujer.

― ¡¿Qué? ―grité en voz baja― ¿por qué no me dijiste eso antes? ―musité.

―Te lo iba a decir mañana―me dijo de vuelta.

― ¿Qué, hicieron un pacto con el demonio? ―se mofó―deja de decir estupideces y salgan de mi habitación.

―Hablo enserio―siguió él―en toda mi vida, siempre estuve avergonzado de lo que era, me consideraba un ser sucio, incapaz de recibir compasión o amar.

Sentí su músculos tensarse, sabía del dolor por el que había atravesado, tanto como sabía que lo que estaba diciéndole a mi prima era difícil para él admitir.

Entonces me volteé, armándome del mismo valor que a él mismo lo impulsaba para hacer frente a esa época oscura. Miré a mi prima, que seguía sobre la cama, pero ya no mostraba esa expresión altanera y llena de ira.

―Kagome me enseñó a llorar, a tener compasión incluso por los que me apuntaban y despreciaban―sentí su mano, antes en mi espalda, acariciar mi vientre, una sensación de regocijo me abordó por ello―amo a tu prima por lo que me enseñó y por lo que es. Ella me dio una razón para vivir, después de todo―declaró―quinientos años es demasiado tiempo de espera y no pienso desperdiciar un minuto más.

―Caleb, estás diciendo tonterías.

―No, no lo está―comenté entonces. Keiko me miró, incrédula.

― ¿Le implantaste esas ideas estúpidas? ―me acusó―conozco a Caleb, prácticamente desde que ambos llevábamos pañales, él no es ningún demonio ni mucho menos un ente espiritual que atraviesa el tiempo. Es humano.

―Sí. Caleb es humano―acordé―pero su esencia sigue siendo la de un mitad demonio.

― ¡Por favor! ―exclamó golpeando el colchón con un puño.

―Inuyasha―suspiré sin saber qué hacer.

Entonces una pequeña molestia sobre mi vientre llamó mi atención, bajé la vista para notar que las uñas de mi compañero se habían convertido en garras. Keiko gritó en ese momento, pero yo no me alarmé, sólo subí la vista para encontrarme con esos ojos dorados que tanto adoraba.

Caleb había tomado una forma casi idéntica a la del mitad demonio que recordaba. Sus garras, los colmillos que sobresalían ligeramente por la comisura de sus labios, esos ojos dorados, el cabello tan brillante y platinado, y esos triángulos que conformaban sus orejas y que yo tenía la manía de frotar cada vez que podía. La única distinción entre su yo pasado y el de ahora, era el largo del cabello. Lo tenía tan corto como en su forma humana.

― ¿Crees ahora?

Lunes 06 de junio, 22: 28 hrs.


Bien, el segundo capítulo del tercer round. Este capítulo fue inspirado en una ex compañera de salón, cuando yo era muy niña. El pasado de Keiko es basado en parte de la infancia de ella, esta compañera, con la que llegué a ser cercana, tenía unos padres tan opresivos con respecto a su perfección que no la dejaron disfrutar su infancia como se manda, creo que la peor experiencia de la que pude ser testigo fue cuando se puso a llorar por no haber obtenido una calificación perfecta en una de las pruebas, pero aún así, era una nota alta para una prueba complicada. Keiko en este caso recibe esta opresión, pero la única diferencia entre mi compañera y este personaje, fue el hecho de que Keiko culpaba a Kagome y su imagen idealizada de todo su sufrimiento. Aquello, por supuesto, tiene sus consecuencias, y es posible que mañana lo sepan.

Siguiente capítulo: That pain.

PD: Effy, perdona por no responderte, ahora lo hago. Inuyasha nació humano, sí, pero su alma es la misma que la de su yo pasado debido que el feto del cual se posesionó no tenía alma alguna. Es por eso que él sigue teniendo su esencia demoniaca. Posteriormente explicaré más sobre esto.