La verdad de aquel día parecía simplemente una mentira, más de ser cierto las cosas cambiarían. Una nueva perspectiva la que Chitose quiere eludir, sea por el amor, o por el grado de aprecio que tiene hacia su princesa.
─ Nee-san, no debes dejar que eso te afecte ─ Chizuru pensó en que tal vez se precipito con su hermana
─ Lo sé ─ Chitose miró hacia una ventana los colores que por ahí se colaban ─ estoy segura de que ella es diferente, aun si toda su familia sea una tanda de asesinos, yo… creo en Akari
─ ¿la amas? ─ dijo Chizuru provocando que las mejillas de su hermanas se tornaran rosadas ─ eso es lo que te hace confiar en ella, pero no solo eso, nosotros hemos visto la bondad en su corazón, ella es diferente
─ Akari es como un ángel
─ tienes razón, y es debido a tu admiración por ella que no resistirás por mucho tiempo la tentación ─ Chizuru tenía ese presentimiento, Chitose caería tarde o temprano
Chitose miró a su hermana preguntándose qué era lo que quería decir, sin más ella no compartía emoción positiva incluso se podría decir que estaba preocupada. Ya sea cual sea su preocupación, algo debía suceder para que Chizuru confiara en los sentimientos de su hermana, y eso no le agradaba.
─ Nee-san, dependemos de la unión de los reinos para lograr sobrevivir ─ dijo Chizuru recordándole a su hermana su objetivo, y recordándolo lo desdichada que eran sus vidas en ese lugar ─ si dejas que tus sentimientos se interpongan en tu misión, la guerra destruirá a los que estamos en medio… a los más débiles, a los humildes… a nosotros.
─ debo… dejarla ir
Chitose comprendió perfectamente el pesar de Chizuru, admitió que razón la tenía y mucho, pero dejar al amor de su vida era algo muy difícil. El juego nuevamente había cambiado de dirección, estaba como al principio, sin ilusiones, sin esperanzas.
─ Nee-san
─ Yo… lo haré ─ dijo con firmeza, y se marchó por la puerta.
─ lo siento mucho, pero tu dolor será recompensado Nee-san ─ Chizuru dijo con voz quedo ─ lo prometo.
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Abandonaron el valle muerto que encerraba entre volcanes la aldea de los pesares, para dirigirse una vez más a su destino, el destino de Akari y el destino de Chitose lejos de ella. Chitose ya no confiaría en nada, y nada le detendrá hasta entregar a la princesa al palacio de Himawari.
La princesa iba en frente recorriendo los senderos que llevaban a la entrada del más grande reino, Chitose le seguía y junto a ella iba Hanako, todas montadas en caballos que Chizuru les había facilitado. Estaban cerca de los límites territoriales, ya solo faltarían, si todo sale bien, tres días para llegar a su destino.
Entre ellas había un silencio casi total, de no ser por la chica castaña que mataba el tempo contando o preguntando cualquier cosa. Pero hasta Hanako notaba esa tensión que se había formado entre la princesa y su escolta.
Akari podría sentir culpa por lo que ha Chitose y su hermana les había sucedido, sintiéndose alguien infectado por la sangre de sus antepasados cuyos actos lastimaron a muchos, y entre ese mar de gente herida esta Chitose.
Pero Chitose no compartía los mismos pensamientos, en ella estaba presente siempre los maravillosos recuerdos que ha pasado junto a la pelirroja, aquellos que solo serán recuerdos y que no habrá más nunca algo igual. Sin duda recordar dolería de ahí en adelante, pues ya se había decidido y el camino que ha tomado la lastimará.
─ ¿en qué piensas? ─ Hanako sacó a Chitose de su trance
─ nada ─ dijo ella no queriendo seguir un tema de conversación
─ Bueno, deberás estar despierta si quieres seguir siendo escolta de la princesa
─ yo no fui la culpable de todo lo que nos sucedió ─ por alguna razón inexistente Chitose se tomó muy enserio ese comentario inocente de Hanako
─ cálmate ─ dijo la castaña tratando de apaciguar a la chica ─ solo bromeaba ─ Hanako se acercó más a Chitose para hablar con ella sin que la pelirroja le pudiera oír ─ sé que no está en tus planes alejarte de Akari
Chitose tenía una respuesta para eso, pero tardó unos segundos en contestar ─ ya no serán más
─ ¿Qué tatas de decirme?
─ solo hay que concentrarnos en la tarea, Akari debe llegar sana al palacio de Himawari
─ si tienes razón ─ Hanako presintió que Chitose no quería hablar nada que tenga que ver con la princesa ─ ¿Cómo sigue tu hombro?
─ está bien ─ dijo ─ ya casi no me duele
─ huh debe ser duro pelear con las arqueras del cielo
Chitose paró el caballo de golpe sorprendiendo a la castaña ─ ¿Cómo lo sabes?
Aunque la pregunta estaba algo mal pues fácilmente Hanako lo pudo averiguar de Akari pero… ─ me lo dijo tu hermana
Hanako no dejó que Chitose le detuviera pues la princesa había tomado una ventaja considerable y eso no debía suceder. Sin embargo Chitose se quedó ahí mismo un tiempo procesando lo que la castaña había dicho.
─ ¿Cómo pudo ella?
Cierto, ¿Cómo pudo Chizuru saber que fue atacada por las arqueras del cielo?.
Chitose sacudió su cabeza y siguió adelante. Le estaba dando demasiadas vueltas al asunto, pus bien y Akari pudo haber compartido esa información, además de que la pelirroja se preocuparía por Chitose y demandaría que le dieran un trato adecuado mientras estaba inconsciente. Aunque existía la posibilidad de que Chizuru hubiera estado siguiéndolas desde mucho antes.
Con la tarde por terminar las chicas montaron su campamento en los límites territoriales a la orilla de un rio. Como práctico y con agua abundante para el aseo, así lo pensó Hanako. Chitose preparó todo para que la princesa no pase por malos ratos y tenga una noche de sueño placentera
─ creo que todo está listo ─ dijo Chitose terminando de montar la tienda para que ahí duerma la princesa
─ Y yo termine de encender el fuego ─ dijo Hanako
─ gracias por todo chicas ─ agradeció la pelirroja ─ me siento mal por no haberles ayudado
─ descuida Akari-chan, ese es nuestro trabajo ─ dijo la castaña ─ que les parece si tomamos un baño antes de que oscurezca?
─ Seria grandioso ─ Akari se entusiasmó ─ vamos Chitose
─ No ─ dijo ella seca sin emoción ─ lo siento tengo algo que hacer
─ está bien ─ Akari tenía un tono de desilusión ─ vamos Hanako
Chizuru tenía mucha razón, Chitose no soportaría mucho tiempo en caer en la tentación, y por eso eligió estar lo más lejos posible de la pelirroja. Tal vez así después no duela tanto la despedida, aunque eso sea imposible, y más sabiendo que su corazón late por esa chica cada día mas.
Con todo listo y la noche sobre sus cabezas, Chitose decidió que haría la guardia y daría paso a que Hanako descansara. Akari no estaba en el plan así que no le quedó otra más que atender la orden de Hanako aun si ella intentase hablar con Chitose la castaña le dijo que no era una buena idea.
Con la vista en las estrellas y la fogata iluminándole en la noche, Chitose buscó en los cielos patrones que le den sentido a su existencia, pero en esas luces el recuerdo se hacía con sus deliberaciones momentáneas. Chitose suspiro amargamente estrujando su corazón con el toque de su mano y de sus ojos una lagrima floreció.
─ perdóname
Ese ángel no le estaba haciendo las cosas fáciles y el suave tacto de sus delicadas manos no hacían más que acelerar sus latidos. Hacia frío pero sus manos eran tan cálidas, y la caricia sobre su mejilla calienta aún más su alma como el fuego de sus cabellos.
─ Akari-chan
Era un sueño, debía ser un sueño. Era imposible que Akari estuviera junto a ella en esa noche tan fría, tomando sus manos entre las suyas y recostada sobre su pecho. Pero todo era tan real, como el roce de sus cabellos y el suave susurro de sus labios.
─ te amo Chitose
No podía ser cierto, era una mentira cruel de su imaginación, pero más que eso, sus manos no lo soportaron y entre ellas su delicado cuerpo sostuvo. Ella le miró sonrojada con los ojos deseosos rogando por algo, atención tal vez, pero la atención de Chitose se desvió a esos labios que siempre había querido besar.
─ te amo Akari-chan
Si todo era mentira no había consecuencias en dejarse llevar. Y así fue que Chitose descendió hacia ella despacio algo insegura, pero ella le esperaba ya con sus ojos en la oscuridad. Chitose comprendió que tenía permitido hacerlo, dio ese paso y con suavidad unió sus labios con los de ella en un cálido beso que maravilloso se volvió, las sensaciones amargas desaparecieron en un instante.
─ Chitose ─ susurraba ella entre respiraciones ─ te amo te amo
Aquellas chicas junto al fuego se besaron una y otra vez, y despacio recorriendo el corto camino en la tienda juntas se acostaron y siguieron hasta convertir esa mentira en un dulce sueño. Pero aunque para Chitose sea un sueño, para Akari era todo real.
