En este capítulo y los que siguen se narran los sucesos antes y durante el ataque de Drago, una leve retrospectiva, espero que aquí se aclaren muchas dudas.
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Capítulo 21: Siempre hay momentos trascendentales II
"Todo lo que hacemos, veras, tiene consecuencias y repercusiones,
cada buen y mal acto, cada amigo que hacemos, y también cada enemigo.
Todo está conectado".
Cómo aprovechar la joya de un dragón. — Cressida Cowell
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Las catapultas iniciaron de la manera más directa que podía ser.
Parecía que conocían cada centímetro de la isla.
Conocían los puntos débiles, y los aprovechaban para debilitar.
-Por eso no llegó antes de nosotros, regresó por su Armada. –comentó Eret desde su dragón, impresionado, aunque no tanto, pues conocía a Drago.
-Son más que nosotros. –temió Patapez, aferrándose a Albóndiga.
Hipo frunció el ceño y miró hacia la dirección donde estaba Astrid, también le dio indicaciones claras a las personas para que se refugiaran, especialmente mujeres y niños.
El jefe de Berk emprendió vuelo en el Furia Nocturna. Iba en primera fila, lo cual alentó al resto de los vikingos.
Su madre, Valka, lideraba las tropas de dragones.
-Hipo, necesitamos que alguien nos dirija en las alturas, que alcance tus indicaciones. –sugirió Patán, emprendiendo vuelo junto a su líder.
-Dile a Astrid que… -el jefe cayó en cuenta de que su esposa no estaba allí para pelear. Así que tomó un decisión –Quiero que seas tú.
A Patán le brillaron los ojos. Sonrió y accedió con una sonrisa por la confianza dada.
-Cuenta conmigo.
Hipo se puso su careta para iniciar.
Las primeras líneas defensoras de las flotas lanzaban ataques, los dragones claro que las evadían e incluso las llegaban a acabar pero con tantas que lanzaban era muy difícil.
EL jefe le dio una indicación a Patán, él la acató sin rechistar.
-Hermosa, tú, Tacio vayan por encima de las flotas y ataquen los cabestrantes. Mientras tanto, la parte "A" tratará de destruir y esquivar los ataques.
El Cremallerus se le quedó viendo a Patán, diciendo con la mirada que pedí demasiado.
Brutacio se hurgó la nariz mientras que Tilda se rascó la cabeza intentando definir la situación.
El Mocoso resopló con algo de fastidio, vaya familia que le esperaba.
-¿Destrucción? –preguntó de improvisto, esperando que entendieran, lo cual fue asertivo porque los ojos les brillaron a los Thorson.
-¡Destrucción!
Con ese grito, los gemelos alzaron sus hacha, se encorvaron e hicieron ese "circulo mortal fugaz" como le llamaban en el momento en que el cremallerus tomara sus colas y las moridera con amabas cabezas.
Para ellos, estar en medio el círculo de fuego era como el mejor premio que se le podía dar a alguien.
De esa manera, entre los barcos y por el cielo, fueron acabando poco a poco con los galeones, pero lamentablemente no fue suficiente.
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En la cueva solo estaban Heather, Gylda y Astrid.
Gylda preparaba un té para que su sobrina lo tomara y reanimara las fuerzas físicas de ellas.
-¿Qué tal si vuelas un poco y ves cómo va la guerra? –preguntó Astrid por vigésima vez.
Heather la comprendió a la perfección. No era fácil saber que su pueblo estaba en plena lucha.
-Si salimos, puede ser que descubran la ubicación de los refugios. –mencionó Heather desde la entrada de la puerta.
Astrid rodó los ojos.
Gylda estaba en silencio. Observando alrededor esa cueva en la que habían ocurrido bastantes experiencias.
-Aquí nació Hipo. –musitó levemente.
Astrid la miró interesada.
-¿En serio? –preguntó mirando alrededor.
La mujer asintió levemente. –Fue una noche de invierno. Tu tío Finn resguardó la entrada, Gothi y yo nos encargamos de que Valka diera a luz.
-No lo sabía, es por eso que Hipo dijo que este era un refugio.
-Sí, en ocasiones la familia del jefe se escondía aquí, cuando fue el ataque de piratas cuando… cuando tu madre murió, Estoico quería que llegaran a este punto para resguardarse. Al fondo de la cueva hay un túnel que lleva al centro e Berk. –comentó Gylda, moliendo algunas hierbas, pero no se dio cuenta que con esas palabras le había dado una idea a la mente traviesa de Astrid.
-Vaya. –comentó, viendo el fondo de la oscuridad donde su tía le había indicado.
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Los ataques de los gemelos habían mermado más de la mitad de la flota y el resto de ella estaba claramente dañada.
-Bien hecho, chicos. –felicitó Hipo pasando a la velocidad del sonido al lado de ellos.
Los gemelos rubios se tocaron el pecho.
-Creí que no sentiría esa calidez de satisfacción por hacer algo bien. –se asustó Brutacio.
-Lo sé, es extraño, pero… también… se siente bien. –confesó desde el otro extremo del dragón.
Los consanguíneos se miraron entre sí, como si acabaran de descubrir algo nuevo e interesante de sus vidas. Se sonrieron y golpearon sus cascos en señal de complicidad y hermandad que sólo los hermanos unidos son capaces de entender.
-A por más. –levantó la espada al tiempo que su hermana.
-Y más allá. –imitó a su hermano.
Locos, únicos y excepcionales, pero unidos lograban grandes cosas y ellos estaban por hacer más de lo que pensaban.
En las alturas estaban tres amigos.
-No encuentro a Drago. –dijo Hipo. –Ni a su dragón.
Valka, desde el cortatormentas estaba inspeccionando por todo el lugar.
-Pues de seguir así, el mismo se irá. Casi derribamos su flota entera. –alentó Bocón al notar que la mitad de la flota estaba casi deshecha.
Pero no podían cantar victoria. Drago era más astuto que eso e Hipo lo sabía.
-Parece que no está atacando como creí. –observó.
De inmediato se vieron miles de dardos siendo disparados a las alturas. Hipo se resguardó con un escudo y trató de ayudarle a su madre a esquivarlos.
Se alzó el casco para ver mejor y se alarmó en el momento en que vio que los dragones empezaban a caer a las profundidades del mar.
Valka tomó uno de esos dardos y lo inspeccionó. Era un dado común, pero el problema no era el dardo, sino la punta. La punta de esa insignificante pero poderosa arma que fue capaz de derribar a la más grandiosa bestia; el ápice tenía veneno.
-Es veneno de esclavos. –reconoció la mujer, ella misma había sido infectada por dicha sustancia durante varios meses, mucho tiempo atrás.
-¿Veneno de esclavos? ¿Qué es eso? –preguntó Hipo, confuso, pues la historia la conocía a grandes rasgos.
Bocón miró a Valka bastante apurado.
-Hay que evitar a toda costa esos disparos. –aconsejó, retomando vuelo con su dragón.
Hipo no entendió, pero si era un veneno, además de tener la palabra "esclavos" en su nombre, y Drago lo utilizaba… no era nada positivo.
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Gylda salió de la cueva, poniendo de nuevo las ramas y el follaje para tapar la entrada y que siguiera pasando desapercibida.
-Ya se durmió. –informó la mujer, tomando asiento en la roca.
Heather asintió, manteniendo firme la mirada hacia el camino que habían tomado.
-Gracias por cuidar de mi sobrina, pero no tienes que hacerlo, si deseas ir a pelear con Hipo, adelante, yo me quedaré aquí. –comentó Hofferson para evitar que Heather cargara con una culpa. –Además, tu hermana está aquí.
El dedo en la llaga le afectó demasiado.
-Hipo me pidió que cuidara a Astrid. No lo defraudaré en esto. –estableció, siguiendo firme. –Y Karena no vino a verme a mí, además ella es la nueva reina de Berserk.
-Sí, y tú eres la princesa.
La castaña negó con dolor.
-Jamás he sido una… crecí aparte de todo y… en realidad crecí como burglar, o al menos con lo que quedaba hasta que Dagur apareció.
-Me cuesta creer que fue tu hermano. –comentó Gylda, indicándole que se sentara.
Heather accedió, la verdad es que habían pasado unas horas y sí estaba algo agotada.
-Ni a mí, saber eso es de lo más difícil que me pasó, pero… con ayuda de Hipo y los demás, pues, todo fue más fácil.
La rubia sonrió por la muchacha.
-Conocí a tu madre en una ocasión, me imagino que estaba embarazada de ti cuando la vi.
-¿En serio? –preguntó interesada por desconocer esa situación.
-Sí, ella y tu padre fueron a la isla Bog Burglar. Para dar la información de que tu tío había muerto y que el tratado de paz que habían hecho debía cambiarse.
Heather sonrió.
-¿Y cómo era ella?
Gylda sonrió.
-Hermosa, como tú. Tenía un cabello negro, muy largo y perfectamente trenzado. Tu padre la amaba y Dagur, de cinco años era un tremendo.
-No me lo imagino.
-Siempre llevaba a Karena de la mano, incluso pedía que su siguiente bebé fuera niña, no imaginaba otro varón igual de loco que su primogénito. –comentó, con una sonrisa. -´Debes estar segura que tus padres querían lo mejor para ti. No te culpes en las cosas que no pudiste hacer o vivir, sólo… tienes una hermana que te quiere y necesita, es tu familia, trátala como te gustaría que te trataran, y acepta lo que eres, una princesa vikinga.
-es tan fácil de decirlo, pero la verdad es que para mí es…
-Algo nuevo.
La chica asintió temerosa, platicar con aquella mujer era como platicar con su antigua familia, misma que Dagur se encargó de eliminar.
-Sí, eso… es sólo que toda mi vida recuerdo como nómada y muy poco de mi vida en Berserk… sólo recuerdo que estaba llorando y alguien vino y me cargó, logrando que me tranquilizara… después de eso, mis recuerdos son completamente burglars, incluso con Eret de niño.
-Es difícil cuando te cambian tu vida, pero sólo recuerda que los cambios son buenos.
Heather le agradeció las palabras a la mujer.
Siguieron conversando mucho rato más hasta que escucharon muchas pisadas.
En ese momento las dragonas se pusieron en pie y prepararon sus espinas. Gylda y la castaña tomaron sus armas y las apuntaron, hasta que aparecieron al menos una docena de guerreros de Drago.
-¿Dónde está la esposa del jefe?
Las mujeres evitaron mirarse para no dar información, pero fue inevitable, de alguna forma, sabía dónde estaban.
Les inyectaron dardos envenenados a los dragones y a las mujeres las amordazaron para que no se movieran fácilmente.
Uno de ellos vio luz dentro de la cuevita, vio las sabanas y a la jefa completamente tapada.
-No le hagan nada. –rogó la tía de ella intentando escapar, pero con ella amarrada y los dragones sometidos al veneno, no se podía hacer prácticamente nada.
El soldado rio con manía.
-El Amo de Dragones, Drago pide que le lleve la cabeza como obsequio al jefe de Berk.
-No, por favor, no… está embarazada. –advirtió Gylda, tratando proteger a su sobrina, pero en el momento en que lo dijo se arrepintió por la sonrisa oportunista que desencadenó.
-Embarazada… ¿del jefe de Berk?... en ese caso, el premio será doble. –comentó el soldado justo antes de que tomara la espada con todas sus fuerzas y la clavara en medio del cuerpo de la rubia cubierta por las pieles.
Gylda cayó de rodillas.
Heather reprimió un grito de desesperación, le había fallado a sus jefes.
El soldado sonrió triunfante y movió su espada para sacarla del cuerpo, pero se llevó una sorpresa al darse cuenta que no la había clavado a la chica.
-¿Pero qué? –preguntó, moviendo las pieles y viendo que debajo de ellas no había nada más que pieles dobladas. Se hizo de furia. -¿Dónde está?
Gylda sonrió orgullosa, esa bribona había escapado.
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-Lo siento mucho, pero mi esposo me necesita al frente en la batalla. –musitó Astrid saliendo por el túnel que Gylda le había dicho.
Le había prometido a Hipo que "sería cuidadosa" y claro que lo sería pero para eso necesitaba estar al tanto de lo que le ocurría a Hipo y al resto de Berk.
No había sentido dolor y la herida que Dagur le había hecho había dejado de sangrar, por lo que no creyó necesario seguir guardando reposo.
Tocó su vientre y pidió fuerzas de su bebé.
Cuando se escapó, Heather y Gylda estaban hablando, por lo que aprovechó el momento, ya la descubrirían después pero mientras tanto iría con Hipo.
Llamó a Tormenta pero la dragona nunca apareció, debido a que la reptil no le hacía caso, optó por seguir caminando rumbo a Berk en esos caminos que conocía de memoria y fácilmente los recorrería con los ojos cerrados.
Con cautela y cuidado para que no se cansara o agitara debido a su embarazo llegó hasta el muelle, el cual estaba recubierto con las puertas fuertes de madera para evitar la toma de Berk, se subió con cuidado al mirador y observó la escena de la batalla a muy poca distancia de la orilla de la isla. Notó claramente que la armada de Drago la estaba pasando mal, lo cual alegró y también noto que los dragones estaban cayendo, eso le preocuó un poco. Sintió algunas pisadas debajo de ella, se ocultó bajó una manta en el mirador y agudizó su oído.
— Debemos encontrar a la mujer del jefe, no puede estar lejos.
Sorprendida vio que llevaban a las mujeres que la habían estado cuidando en las últimas horas, y no solo eso sino que también llevaban a Tormenta y Cizalladura sin mencionar el pequeño Terror Terrible de su tía.
Fue cuando entendió que la guerra sólo era una distracción para que dejaran descuidada la isla, lo que en realidad deseaba Drago era a ella, y claro que lo entendió debido a que ella era una de las debilidades de Hipo.
Dejaron los dragones a un lado, de la manera que pudo se escabulló por el suelo y llegó hasta su Nadder, la acarició con ternura y preocupación hasta que percibió un dardo que traía en el cuello, recordó que esos mismos dados le habían puesto un año atrás cuando conocieron por primera vez al irritante de Drago.
— Tranquila chica. Necesito que te reanimes y salgamos de aquí, hay que darle aviso a Hipo.
No pasó mucho tiempo para que Tormenta volviera en sí, acarició a Astrid con su hocico y En el primer descuido que los soldados tuvieron vieron que la Nader salía volando, trataron de retenerla pero no lo logaron, además no le prestaron mucha atención porque sólo se trataba de un dragón pero la tía de Astrid sonrió satisfecha al ver que su sobrina iba montada en el dragón.
-Bien. Será mejor que te alejes de aquí. –susurró para sí misma.
Creyó que la chica volaría por los aires mientras que los hombres en Berk se debatían en encontrarla.
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Los pequeños Terribles Terrores se encargaron de quemar los dardos que aventaran, lo cual también aprovecharon los dragones para volar más alto.
-¡Hipo!
El mencionado sacudió su cabeza desde su dragón. Le había parecido una locura escuchar la voz de su esposa en medio de ese lugar.
-¿Astrid? –preguntó Valka, asustada por lo que sus ojos veían, allí fue cuando Hipo también volteó y se asustó por ver a la rubia montando a Tormenta.
-¿Qué haces aquí? –le preguntó con molestia.
-Los soldados de Drago llegaron a Berk. Llegaron hasta el escondite donde yo estaba, capturaron a Heather y a mi tía… -madre e hijo se miraron asustados. –Están empezando a buscar por los refugios.
Hipo le extrañó esa información.
-¿Qué buscan? –preguntó Valka.
-A mí. Drago piensa que si me tiene, podrá… podrás darle a Chimuelo y al resto de los dragones de Berk.
Cuando Astrid terminó de hablar, se vio claramente a Drago emergiendo nuevamente de las profundidades sobre la cabeza de su Escupehielo, pisando y destruyendo el muelle de Berk.
Hipo colocó la mano en la cabeza de Chimuelo.
-Amigo, esto ya es personal.
Con un par de señas el jefe de Berk se dirigió a la isla, junto a los soldados de Berserk, mientras que la mitad de la flota de Karena empezaba a crear una última línea defensora junto a los dragones para evitar que pisaran la tierra.
-Patán, lleva a Astrid a un lugar seguro.
-No. –chilló la rubia. –Mi lugar es a tu lado. –refutó.
-Tu lugar es dónde yo te indique. No olvides que eres mi esposa, mi mujer, jamás te he negado nada, te pido que te alejes de esto por favor. –establció Hipo.
-No quiero. –repitió, volando a su lado.
-Astrid, por el amor de… entiende. No se trata sólo de ti. Se trata de…
-Se trata de Berk. –finalizó la rubia.
Hipo la miró apurado, tenía una guerra frente a él como para debatir con su esposa.
-Se trata de nuestro hijo. Recuerda que no estás en óptimas condiciones ni puedes andar peleando en combate.
-Podré ayudar de otra forma.
-Astrid. –por primera vez en su vida Hipo le gritó. –Creo que puedes dejar de ser orgullosa por un momento y pensar en nuestro bebé, el cual sería perjudicado si tú no obedeces.
El resto de la pandilla estaba sobrevolando detrás de ellos, con el paso del tiempo sabían que no debían entrometerse para nada en sus asuntos.
-De acuerdo. Pero si yo veo que nadie más puede ayudar, me meteré a la pelea, tranquilamente, pero lo haré.
Hipo le asintió y Astrid se sintió satisfecha con esa decisión.
-Patapez, Sotma, lleven a Astrid a un lugar seguro.
Sotma quien recién empezaba a montar obedeció al jefe, y sin despedirse, Astrid se marchó en Tormenta.
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El lugar más seguro que se le ocurrió a Patapez fue la casa de Gothi, en realidad detrás de la casa había una cueva lo suficientemente amplia para tres grandes dragones y dos amigos que cuidarían de su jefa.
La medición del tiempo había pasado, tenía estrictas indicaciones de estar tranquila y ayudar "sólo" si era necesario.
-Patapez, Hipo necesita que dirijas unos Gronckles –comentó Brutilda desde su dragón, acompañada de Brutacio. –Ahora.
El mencionado asintió, montó a Albóndiga.
-Sotma, no dejes que Astrid se vaya. –indicó el regordete vikingo.
La ex-esclava asintió efusivamente, como si tuviera una gran comisión.
Astrid rodó los ojos y se dedicó a ver por dónde andaba Hipo, claro que si exponerse demasiado.
Sacó su cabeza y lo que vio no le gustó en absoluto.
Berk estaba casi en llamas, algunos dragones ayudaban a llevar agua a las partes dañadas, pero por fortuna, los soldados aun no llegaban a los refugios.
Miró hacia debajo de nueva cuenta y vio a algunos soldados lastimados.
-Sotma, ve con ellos, atiende sus heridas. –rogó, entregándole a Sotma un pequeño morral con algunas hierbas y vendajes, además de darle el catalejo para que observara en dirección de dónde estaban los afectados.
La rubia se mordió un labio.
-No estoy segura, Astrid. No quiero dejarte sola. –comentó culposa.
-Por favor, mi gente está en apuros, te pido que la ayudes. –rogó Astrid con sinceridad.
La manipulable Sotma no tuvo más remedio que ir. La jefa se sentó junto a Tormenta.
-Tal vez deberías ir a ayudar. –sugirió acariciando su hocico, pero la dragona negó con astucia.
La rubia sonrió, ella la cuidaba. De repente escuchó el temible "Ahhahaha" de Drago.
Asomó con cuidado su cabeza y notó que Hipo estaba tirado, al lado de Chimuelo inconsciente y atiborrado de dardos.
-No, Hipo… -alcanzó a musitar. –
Endureció su mirada y volteó a todos lados para buscar ayuda.
Todos estaban ocupados, peleando, defendiendo o ayudando heridos, pero no podían ayudar a Hipo.
Ese era el momento para lo que se había resguardado.
-Vamos Tormenta, recuerda lo que te pedí. –mencionó la chica, montando a su dragón.
Pese a las indicaciones de Hipo le dio respecto a que no dejara a Astrid marcharse, ella le era lean a su jinete, por lo que le pemitió dirigirla y cuando vio a Chimuelo en el suelo y a Hipo punto de ser asesinado, aceleró demasiado, bajando rápidamente esa colina hasta el acantilado donde se llevaba a cabo la pelea.
-Rápido Tormenta.
Sin embargo, alguno de los hombres de Drago vio a la Nadder y le disparó, haciendo que ella perdiera el vuelo y cayera con Astrid.
La rubia se enderezó, a como pudo le quitó el dardo envenenado del cuello y empezó a correr.
Vio a Drago apuntarle a Hipo con el arpón y justo cuando él le iba a encajar el arma en el pecho, Hipo abrió los ojos, intentó estirarse, pero las heridas que él le había causado no eran nada sencillas.
Le causó terror perder la vida en manos de él, pero en cuando vio a Astrid aventarse en contra Drago, pensó lo peor, pero le agradeció infinitamente porque le dio tiempo de levantarse y entrar a la pelea de nuevo.
Cuando miró la escena, Astrid estaba un poco apartada de los pies de Drago y había chocado contra una de las partes de la colina pequeña que estaba al lado, tenía la oportunidad de acabar con Drago de una vez por todas y también tenía que acudir con Astrid.
Fueron los dos segundos más pesados de su vida. Sin pensarlo más veces, tomó la decisión de ir con su esposa. Caminó con algo de dolor en un costado, consecuencia del enfrentamiento con Drago, pero en cuanto caminó, se percató de la inestabilidad de las rocas que había encima de su lady.
Empezaron a caer, Hipo sintió su sangre caer hasta su pie. Corrió fuerte esos escasos pasos, pero fueron inevitables, las rocas cayeron encima de Astrid, o al menos eso fue lo que pareció.
-No, no. –gritó desesperado.
Chimuelo se despertó, pese a la gran cantidad de sustancia venenosa por su venas, ayudó a Hipo a eliminar las rocas y después de agregó Tormenta quien también se despertó.
Por fortuna no eran tantas rocas como pensaron.
Hipo descubrió a Astrid y la movió un poco.
La rubia estaba en posición fetal, cubriendo con sus brazos y piernas su vientre.
El corazón de Hipo se aceleró demasiado, con miedo a pensar que el corazón de su amor ya no latía, pero se tranquilizó cuando vio que ella estaba empezando a abrir los ojos.
-Hipo, estas bien. –susurró, llevando sus manos a su rostro.
-Yo debería decir eso. –confesó el mencionado. -¿Te ocurrió algo? –preguntó apurado, inspeccionándola de pies a cabeza.
-Estoy bien, las rocas no me golpearon. –susurró. –El bebé está bien cuidado dentro de mí.
Ambos enamorados se sonrieron, incluso sus dragones, hasta que se pusieron en posición de ataque.
Los jefes miraron hacia un lado y allí estaba Drago.
-Maldito amor. Los dragones me quitaron todo. –comentó el serbio. –Y también haré que te lo quiten a ti.
Dicho eso le dio la orden al dragón de un colmillo que asesinara a los muchachos. Ellos pensaron que ese era e fin.
Astrid se apretó su vientre y escondió su rostro en el pecho de Hipo, el jefe sólo la atrajo hacia sí para protegerla.
Sin embargo, Tormenta le lanzó espinas a Drago y Chimuelo le lanzó plasma, al hacerlo, obligaron a Drago a caer por el acantilado y su dragón lo acompañó.
Hipo abrió un ojo y para su sorpresa sólo estaba Chimuelo dándole lametazos en la cara a los dos.
-Gracias amigo.
Astrid también carcajeó, se levantó con cuidado y se apoyó en una roca, mientras que Hipo iba se cercioraba que Drago estuviera fuera de su alcance.
Se escuchó una trompeta, diferente a la de la isla, cuando terminó, todos los hombres de Drago, los pocos que lograron pisar Berk, empezaron a echarse al agua.
-Volveré, Haddock, volveré a demostrarte que los dragones quitan todo. –amenazó. –Mientras haya dragones en Berk, regresaré.
Hipo endureció su mirada.
-Te estaré esperando.
Astrid se levantó y quiso ir con él. Escuchó el vitoreo de los soldados que aun montaban a los dragones y también de los berserkers que estaban en las flotas del mar.
-Cuentas blancas, jefe. –informó Patán desde Colmillo.
Hipo sonrió.
-Sigan a Drago y asegúrense que no vuelva por esta noche. –ordenó, Patán y otros jinetes acataron su orden.
Hipo giró de nuevo a ver su lady.
Ambos se sonrieron, por fin era el inicio de un nuevo capítulo.
Estaban por caminar y acercarse, pero en ese momento Astrid se dobló de dolor.
Hipo corrió a ayudarla y evitar que se golpeara en el suelo.
-¿Qué tienes?
Astrid ni pudo decir nada, era demasiado el dolor por los calambres que sentía en la parte baja de su abdomen
El jefe la cargó sin importar las heridas que él mismo tenía y la llevó a la casa. Veía que jadeaba y sentía el dolor de ella cada vez que le apretaba los hombros.
-Es igual que la última vez. –comentó la chica, jadeando de dolor.
Valka y Gylda vieron lo que ocurría y les entró pánico, por lo que también se dirigieron a la casa del jefe.
-Tranquila mi lady, todo va a estar bien. –le dijo asustado al depositarla en la cama.
Los ojos de Astrid se empañaron debido a las palabras y al dolor.
-¿Lo prometes?
Hipo le sonrió para tranquilizarla, sin saber que esa sería la primer promesa que rompería.
Se incorporó, pero al hacerlo vio que las ropas de Astrid y también las suyas estaban manchadas de sangre.
-No… no puedo perder al bebé. –chilló asustada.
El jefe, salió del cuarto por petición de las mujeres que atenderían a Astrid.
-¿Puede perder al bebé? –preguntó sin creerse la posibilidad.
Gylda lo miró con compasión, cerrando la puerta. –Sí.
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Notas de la autora:
Bueno, ya saben que sigue, lamento haber tardado tanto, pero mis vacaciones terminaron e inició ciclo escolar de nuevo, por cierto, me tocó en 1er grado, sin mencionar lo de la maestría, pero gracias por seguir aquí.
No fue tan triste como lo imaginé, pero el resto del fic sí lo será
Gracias por estar aquí!
¡Gracias por leer!
Dios los bendiga
**Amai do**
―Escribe con el corazón―
Publicado: 6 de septiembre de 2015
