Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y la historia es de TheSaintsMistress, yo solo la traduzco.


Hola, ya estoy aquí con un nuevo capitulo, seguimos con el jueguecito que se traen entre manos estos dos.

Ahh y deciros que en un par de capis llegará lo que todas deseáis, si en el finde tengo tiempo igual os subo un capítulo y así no esperáis tanto ;)


Capítulo 21 – La progresión, 2ª parte

Parecía la mañana perfecta para tararear mientras agitaba la crema para el pastel de zanahoria que se estaba enfriando después de la cocción en el horno. El aire era fresco y la luz de la mañana era brillante mientras yo permitía que mis ojos vieran la extensión de los bosques desde la ventana de la cocina. El sol estaba saliendo a través de las copas de los árboles, tiñendo las gotas de agua colgadas de las ramas bajas de un esplendor casi similar al diamante.

Quería tararear la melodía, pero la lucha para abrir mis labios fue silenciada por los nudos en mi estómago. Nudos de engaño.

Todo estaba fuera de control. Yo estaba fuera de control, y la causa de ello seguía durmiendo en el sofá de la sala en la que todos nos dejaron anoche, y yo le dejé esta mañana, desenredándome con cuidado de su firme agarre.

¿Cómo iba a permitir perderme en ese cosquilleo eléctrico? La mera idea de la actual insistencia hacía que mi cuerpo temblara mientras mojaba un dedo en la mezcla y chupaba la delicia cremosa.

Edward había invadido todos mis pensamientos, incluso me había robado los momentos de paz que tenía al darle la vuelta a la única cosa que me tranquilizaba. No tenía nada, ni siquiera el hornear estaba proporcionando su consuelo habitual. No me gustaba eso de él. No me gustaba eso de mí.

Me acerqué más al frío pastel de zanahoria y cuidadosamente empecé a esparcir el glaseado sobre ella.

Anoche Edward me sorprendió con la propuesta del nuevo juego. Apenas podía creer lo que oí cuando se ofreció a compartir su vida, su pasado, conmigo. Eso tenía un precio, claro estaba. Pero seamos honestos, era un precio que yo estaba más que dispuesta a pagar, por las breves miradas de corazón y la mente del hombre que había aprendido a conocer y le había dicho casi todos los secretos que tenía. Casi rechacé su sugerencia, pero yo era una mujer orgullosa, no había absolutamente ninguna manera de que dejara este acuerdo.

Su arrogancia era frustrante y molestamente sexy, y me encontré a mí misma despreciando y deseando todo eso a la vez.

Había admitido que le quería.

Mierda, yo todavía no podía creer que hubiera hecho eso. Su confesión de que él me había elegido para editar su libro sin que ni siquiera yo tuviera que implementar todas las estrategias que había planeado para sacárselo, me dejó sorprendida y avergonzada. Allí estaba sentada, en su regazo, en silencio, rogándole que tomara la mejor decisión para la carrera de su libro, cuando me sorprendió completamente. Él siempre parecía estar algo por encima de mí. Yo tenía que darle algo, cualquier cosa, para expresar mi agradecimiento. Así que admití lo que me prometí que nunca admitiría. Lo que me impresionó aún más fue el hecho de que era la verdad.

Admití que le quería.

Mierda. Mierda. Mierda.

"Bueno, buenos días para ti también", su voz me sorprendió mientras yo me inclinaba sobre el pastel para asegurarme de que había cubierto todas las partes.

"¿Qué…?", me ahogué y giré alrededor de mi precaria situación, lanzando mis manos detrás de mi espalda como si hubiera sido sorprendida haciendo algo malo. Edward estaba de pie en el arco de la cocina, con el pelo deliciosamente despeinado, la ropa arrugada, y una sonrisa torcida en su cara.

Él se rió y yo me sonrojé.

"¿Qué te tiene maldiciendo tan temprano en la mañana?".

"Oh... yo...", tartamudeé. Mierda, ¿lo había dicho en voz alta? Instantáneamente me molesté con el hecho de que él hubiera interrumpido mi momento de reflexión interna. Hoy lo sentía como si estuviera en todas partes. En mi casa, en mi cabeza, en mi cara.

"Simplemente tenía problemas con el glaseado del pastel", mentí y puse mis manos a mis costados, la espátula colgaba fuertemente de mi mano.

Un gesto curioso juntó sus cejas mientras sus ojos se iban hacia la espátula, luego con curiosidad fueron a mi cara y luego al pastel que sobresalía de detrás de mí. Sus cejas se enderezaron y se movieron con sorpresa antes de que moviera sus ojos hacia los míos.

"Bueno, bueno, bueno...", todo lo que tenía intención de decir murió en sus labios mientras sus ojos bajaban a mis… ¿pechos? ¿Qué demonios?

Su expresión cambió lentamente de sorpresa a otra cosa. Lujuria. Conocía esa mirada. Hacía que mi interior se apretara por el temor y el deseo.

Bajé los ojos con el ceño fruncido, buscando lo que él parecía estar mirando, y ahí estaba. El glaseado de vainilla estaba en la parte superior de mi pecho derecho. Mierda. Estaba usando sólo una fina camisa azul de manga larga, esta mañana el sol entre las nubes hacía innecesarias las chaquetas y los sueters.

"Parece que el glaseado ha ganado", él me hizo volver a la realidad mientras mi cabeza se movía para verlo boquiabierto.

Tiré la espátula sobre la mesa delante de mí con un sonido metálico y una maldición en voz baja, levantando las manos frenéticamente para eliminar el desorden que había hecho.

"No", la voz de Edward me interrumpió mi momento de pánico silencioso. Mis manos se congelaron mientras lo miraba fijamente por la vergüenza. "Déjalo", su voz era apenas un susurro mientras daba un paso más cerca de mí.

Mi primera reacción fue dar un paso atrás, mi corazón martillaba en mi pecho mientras la encimera se clavaba en mi espalda baja.

"Edward", le dije como advertencia mientras él andaba hacia mí.

"Shh...", él llevó un dedo hasta sus labios, sus ojos revolotearon hasta el techo, lo que indicaba que no estábamos solos.

Él estaba casi parado justo delante de mí, y por mi vida no podía decidir si luchar o huir.

Yo fruncí el ceño en señal de desaprobación mientras su mirada caliente quemaba la mía.

"¿En serio?", pregunté con exasperación. "Son apenas las siete de la mañana. ¿No podemos dar un descanso a los juegos por un momento?".

Él sonrió con un guiño arrogante. Gilipollas arrogante.

"Ya sabes, señorita Swan", dijo con una voz grave mientras se ponía justo en frente de mí, manteniendo con cuidado su pecho presionado contra el desastre que había en el mío. "Haces que sea muy difícil para mí mantener mis manos lejos de ti".

"Eres tan estúpido", suspiré con fastidio por sus palabras sugerentes y por la reacción de mi cuerpo ante ellas.

"Y tú eres tan hermosa", él suspiró mientras sus ojos se alejaban de los míos, yendo de vuelta a mi pecho. Empecé a cubrirme los pechos, pero mis muñecas fueron rápidamente atrapadas por sus manos y puestas en mis costados.

"¿Qué pasa, señorita Swan?", levantó sus ojos - los cuales ahora me recordaban al bosque fuera de la ventana - para mirar a los míos. "Pensaba que querías saber más acerca de mí".

Le miré boquiabierta por la confusión. ¿Qué diablos estaba pasando ahora?

"Deberías saber que el pezón es la zona erógena más evidente en el cuerpo de una mujer", no lo dijo como una pregunta, pero arqueó una ceja.

"Por supuesto que lo sé", le contesté mortificada.

"La mayoría de la gente piensa que pellizcar y morder el pezón de una mujer es la forma fácil de encenderla", él continuó sin pausa mientras ponía los ojos en mi pecho derecho. "A pesar de que tiene sus ventajas el estirar...", llevó sus ojos hacia los míos como para asegurarse de que le estaba siguiendo. Yo rodé los ojos a cambio, ganándome una sonrisa. "La estimulación erótica requiere un toque mucho más suave", sus palabras fueron dichas en voz baja.

Su mirada fue de nuevo a mi pecho, y sentí mi brazo izquierdo ser liberado. Antes de que tuviera la oportunidad de mover mi mano en señal de protesta, su pulgar muy suavemente limpió el glaseado sobre mi pecho, calentando mi pezón en el proceso.

Suspiré y cerré los ojos con fuerza. Estaba en un gran problema. Mierda.

Le oí chuparse el pulgar antes de expulsar un gemido bajo.

"Que bueno", me estremecí con el doble sentido de sus palabras y recé para que mis ojos se abrieran de nuevo.

Quise detenerlo cuando me di cuenta de lo que planeaba hacer a continuación, pero no pude. Si había una cosa que este hombre sabía hacer, era hacerme olvidar mis inhibiciones. Me sentí como el gallo que se volvía loco sobre el techo de la iglesia, primero girando en una dirección y luego en la otra, sin poder evitar la fuerte fuerza de los vientos cambiantes. Edward era el viento, y yo siempre estaba confundida. Creo que pudo haber tenido algo de razón cuando me llamó bipolar.

Le observé mientras bajaba la cabeza y luego lamía el glaseado de mi camisa. Una sola y suave lamida y yo estuve inquieta. Él se alejó un poco y luego volvió de nuevo sin darme un segundo para calmarme. Lo lamió otra vez, pero esta vez sacó la lengua por el lugar justo encima de mi pezón donde difícilmente podría haber caído cualquier trozo de glaseado. Cerró su boca alrededor de mi pezón por encima de mi camisa y mi sujetador, y ambos gemimos al mismo tiempo.

Supongo que esta mañana iba a ser capaz de tararear, pero no la canción que se había pegado en mi cabeza desde que me desperté esta mañana, sino más bien la canción situada profundamente en mis huesos. Era una canción que toda mujer tenía en ella. Era la canción que conseguía que un hombre le hiciera...

"Ugh...", dije cuando Edward movió ambas manos hacia el frente de mi camisa, desabrochando el sujetador y empujándolo hasta dejarlo debajo de la camiseta en un movimiento constante.

Sus dedos pasaron sobre mis pechos y dejaron de dar vueltas lentas sobre mis pezones.

"Tuvo que ser un hombre quien diseñó el sujetador con el cierre frontal", murmuró para sí mismo mientras mantenía sus ojos concentrados en sus manos.

Yo grité cuando sentí sus manos caer hasta mis muslos, y antes de que tuviera la oportunidad de protestar, me puso sobre el borde del mostrador como si no pesara nada.

Los nervios entre mis muslos hormiguearon tan furiosamente que anhelé cerrar las piernas, pero las piernas de Edward se interpusieron entre ellas, negándome la fricción tan deseada. A través de la nube asfixiante, me vi frotándome contra él. Además quería ver lo que él tenía en mente. Conociendo la mente malvada de Edward, estaba segura de que lo que él había planeado superaría todas las ideas de placer que yo pudiera tener.

"¿Cómo se llaman estos pantalones?", Edward me sorprendió con una pregunta que me obligó a aclarar mi mente enloquecida por un momento.

"¿Pantalones de yoga?", fruncí el ceño hacia su cabeza que estaba doblada, inspeccionando curiosamente los pantalones negros que me había puesto esta mañana.

"¿Pantalones de yoga?", preguntó, pasando sus manos por mis piernas y haciendo que mi cuerpo temblara. Sus pulgares acariciaron mis muslos a escasos centímetros de distancia del lugar donde deseaba que me tocara. "Creo que mi teoría actual sobre tus pantalones será contestada al final", respiró, y entonces, muy suavemente, puso su mano izquierda debajo de mi rodilla derecha y puso mi pie contra el mostrador. La nueva posición me había dejado abierta delante de él como esa pequeña rana en mi laboratorio de biología en la escuela secundaria.

"Muy bien", sus ojos eran oscuros, y prácticamente vi a los demonios jugando dentro de las profundidades de ellos. Pasó su mano desde mi pantorrilla hasta mi rodilla doblada, manteniendo la mirada fija en la mía mientras su mano descendía muy lentamente por la parte exterior de mi muslo y mi cadera. Estábamos compartiendo oxígeno mientras nuestras respiraciones trabajosas dejaban nuestras bocas ásperas.

Mi mano derecha, sujeta alrededor del borde del mostrador, fue rápidamente arrancada por sus ágiles dedos. Le permití levantar mi mano y tragué profundamente cuando me di cuenta de su destino. Yo sabía lo que estaba pasando, pero todavía estaba en estado de shock cuando puso mi mano entre mis piernas.

Él esperó con ansiedad, con su mano aún cubriendo la mía, cubriendo mi parte más sensible. Yo quería desesperadamente presionarme hacia abajo para aliviar la tensión construida lentamente en mi interior, pero estaba congelada y sorprendida. Sorprendida por lo que estábamos haciendo, sorprendida por lo mucho que quería hacer esto y sorprendida por el hecho de que este hombre hiciera que yo quisiera esto.

Edward levantó su mano de la mía y alejó la cintura de mis pantalones de mi cuerpo. Inmediatamente miré con curiosidad para ver sus movimientos, pero él se detuvo, mantenimiento los pantalones apartados de mis caderas como una invitación. Una invitación para...

Mis ojos volaron de regreso a los suyos cuando me di cuenta de lo que él estaba esperando que yo hiciera. La mirada en sus ojos confirmó mis sospechas. Me mordí el labio inferior con nerviosismo, considerando mi próximo movimiento con ansiedad. Él levantó su mano derecha, la cual había estado aferrada a mi cadera sin que yo la notara, y la colocó suavemente sobre mi pecho, aplicando la más dulce presión en mi sensible pezón.

Gemí con los ojos cerrados, como si ese sonido confirmara la ruptura definitiva de mi resolución, levanté mi mano de entre mis piernas y la empujé entre mis pantalones y debajo de las bragas. Mis dedos yacían sin vida en mi centro desnudo, inseguros y sin voluntad.

Edward soltó la cintura de mis pantalones y colocó su mano sobre la mía, fuera de mi ropa, frotándola suavemente hacia arriba y hacia abajo, instándome a marcar el ritmo.

Yo gemí más fuerte cuando mis dedos temblaron debajo de los suyos.

"Shh", Edward ronroneó suavemente, haciendo que mis ojos se abrieran y reconocieran el hecho de que había otras personas en la casa. "Tienes que estar tranquila, azúcar", su voz era profunda y suave, casi irreconocible por su lujuria.

Asentí con la cabeza, mordiéndome el lado de mi mejilla, cuando una vez más mi mano se movió con la suya. Metí mi dedo corazón entre mis labios y ahogué mis gemidos cuando descubrí mi hinchado clítoris.

Edward soltó un largo y retumbante gemido cuando mi aliento se enganchó mientras la tan necesitada fricción causaba que toda la sangre en mis venas acabara en las terminaciones nerviosas de entre mis piernas.

"Lo siento", se rió suavemente, dándose cuenta de que tendría que bajar también sus gemidos.

Yo murmuré algo incoherente y sentí mis piernas temblar bajo el lento ritmo que habíamos establecido entre mis piernas.

"No te detengas", murmuré mientras su mano se levantaba de la mía y hacía su camino hacia mi pecho derecho, sujetándolo firmemente en su mano. No podía parar, incluso aunque quisiera, aún cuando mi cerebro me regañaba en silencio por ser tan malditamente fácil. Su mirada era firme, estaba centrada en la mía como si yo fuera una especie de espectáculo que le fascinaba hasta el extremo.

Yo expulsé una respiración pesada cuando ambas manos lentamente empezaron a frotar mis pezones, provocando una fricción implacable. Mis dedos de los pies se doblaron mientras mi dedo acariciaba suavemente y en círculos pequeños mi clítoris.

"Pon tu dedo en tu vagina", susurró Edward. Se lamió los labios y aplicó más presión a mis pezones. "Mantén tu palma contra tu clítoris".

Me encontré a mí misma asintiendo con la cabeza con los ojos cerrados mientras acercaba más mi dedo medio y lentamente lo empujaba dentro de mí, manteniendo la fricción contra el clítoris con la palma de la mano como me había dicho.

Yo gemí y temblé por la nueva sensación.

"Joder, Bella", Edward se ahogó. Yo abrí los ojos y encontré su cabeza agachada, sus ojos miraban el movimiento de mi mano debajo de mis pantalones. Seguí su mirada y casi me corrí cuando vi lo que él estaba viendo.

"Esa es la cosa más caliente que he visto", dijo con casi un gruñido. Le sentí sacudir la cabeza mientras su pelo acariciaba suavemente mi mejilla.

Su mano se salió de mi pecho y se instaló entre mis piernas. Ambos estábamos acelerados mientras su mano se movía contra la mía. Él empujó la palma de su mano contra la mía, lo que aumentó la presión sobre mi clítoris e hizo que empujara mis caderas.

Él levantó un poco la cabeza y bloqueó mi vista al chupar mi pezón con su boca, gimiendo suavemente contra mi pecho mientras nuestras manos trabajaban a un ritmo frenético.

Todo mi cuerpo estaba temblando, y sentí como me acercaba a la cima de mi liberación.

"¿Qué sientes?", Edward preguntó contra mi pecho.

Mi respiración coincidió con la suya - que salía a borbotones desesperados - y me llevó hasta el borde.

"Todo", me las arreglé para pronunciar, cerrando los ojos con fuerza mientras dejaba que las sensaciones familiares hundieran mi cuerpo.

"¿Cómo se siente?", preguntó y luego lamió mi camisa de nuevo.

"Muy bien", gemí. Esa fue probablemente la mayor subestimación de mi vida, pero era incapaz de formar una frase coherente mientras mi orgasmo comenzaba a construirse lentamente en mi columna vertebral, siguiendo lentamente hacia adelante.

Él gimió contra mi pecho justo cuando un fuerte golpe desde arriba nos asustó.

"Mierda", yo grité, tratando de sacar mi mano de mis pantalones. Una persona estaba despierta y podría estar dirigiéndose hacia abajo en cualquier momento.

"No", me pidió Edward, empujando su mano firmemente contra la mía y atrapándola en mis pantalones. Él levantó sus ojos a los míos, advirtiéndome con vehemencia.

"Podrían bajar en cualquier momento", grité con terror, mis ojos probablemente se asemejaba a los un adolescente drogado, asustado y fuera de control.

"No lo harán", él sacudió la cabeza constantemente. "Escúchame", me exigió, inclinando la cabeza hacia un lado, con los ojos implorantes. "¿Confías en mí?".

Yo le miré boquiabierta, moviendo mis ojos furiosamente, tratando de obtener algún tipo de control.

"En teoría", finalmente murmuré.

"Entonces no pares", dijo con una sonrisa leve, empujando su mano contra la mía con énfasis.

Nos miramos el uno al otro por un momento, mis oídos se esforzaron por escuchar cualquier movimiento arriba, pero quienquiera que fuese no se oía ahora.

Asentí con la cabeza, sorprendida de lo fácil que me dejaba convencer por él.

Él me guiñó un ojo y luego bajó la cabeza hacia mi pecho de nuevo. Una vez que su boca me tocó el otro pezón, me olvidé por completo del inminente peligro que acechaba desde el piso de arriba.

Nuestras manos siguieron trabajando entre mis piernas, y en poco tiempo, volví a mi estado anterior de deseo.

"¿Tienes idea de lo duro que estoy ahora mismo?", me preguntó contra mi clavícula, pasando su nariz contra la curva de mi cuello.

Sacudí la cabeza y apreté los ojos cerrados. Hablando así me haría correrme en segundos.

"¿Estás cerca?", Edward me preguntó como si pudiera leer mi mente.

Asentí con la cabeza.

Mi respuesta le envió de vuelta a mi pecho, empujando suavemente mi pezón con su nariz.

Yo era una perdedora estremeciéndose. Mis oídos estaban zumbando por la sangre que corría por mis venas, y si estaba haciendo ruidos, no podía oírlos.

"Así es como un poco de juego en el pezón tiene sus beneficios", Edward dijo antes de cerrar sus labios sobre mi pezón y morderlo suavemente.

Yo casi grité mientras mi cuerpo se sacudía por una picadura agradable.

Él lo lamió todo y luego pasó al otro pezón, succionándolo con rudeza con su boca. No me podía imaginar que el material de mi camisa tuviera un buen sabor, pero si no era así, Edward no mostró signos de mala gana.

Mi mano entre mis piernas se movió a un ritmo desesperado, y justo cuando pensaba que no podría soportarlo más, Edward metió su mano en mis pantalones. Me dieron ganas de gritar de placer cuando su dedo corazón se empujó debajo de mi mano, cubrió mi excitación al pasar por encima de mi clítoris y luego lo empujó dentro de mí. Ambos dedos estaban ahora entrando y saliendo, y yo me mordí mi labio para no gritar.

"Joder, lo siento", él dijo contra mi pecho, lamiendo esporádicamente mis pezones. "Estoy rompiendo las reglas".

"No me importa", mi respuesta salió en un gemido cuando él se empujó contra mi clítoris. Quería estar sorprendida por el hecho de que Edward tuviera una parte de su cuerpo en el interior del mío, pero la presión era tan abrumadoramente maravillosa que me olvidé de todo lo demás.

"Entonces muéstramelo", murmuró cuando su dedo se movió hacia arriba y su boca abrazó mi pezón.

Estaban ahí y en todas partes. La luz, el hormigueo, la gran O. Mi cuerpo se convulsionó agresivamente mientras mi orgasmo rompía cada célula de mi cuerpo.

Mis labios se partieron en un grito silencioso a medida que todo eso aumentaba, y cuando el sonido amenazó con hacerme explotar, dejé caer mi cabeza en el hombro de Edward y lo mordí.

"Joder, joder", Edward gimió mientras yo me agitaba contra nuestras manos, mordiendo la carne en su hombro y en su cuello. "Quiero follarte tan" - empujó su dedo más profundo - "malditamente" - lo sacó y lo metió de nuevo - "fuerte".

Le mordí aún más fuerte en el hombro, las sensaciones de sus palabras y su dedo me hicieron dar vueltas.

Él se frotó suavemente hasta que toda sensación de hormigueo salió lentamente de mi cuerpo, mis piernas temblaban a sus costados.

"Joder", respiré en su cuello una vez que la euforia desapareció lentamente, dejando mi cuerpo inerte y apoyado contra el de él. Dejé caer mi pierna mientras Edward lentamente quitaba nuestras manos de mis pantalones.

"Eso ha sido intenso", respiró junto a mi oído, frotando despacio ambas manos arriba y abajo de mis muslos, aliviando suavemente el dolor en mis músculos.

Asentí con la cabeza, incapaz de hablar todavía. Lamí el lugar donde mis marcas de dientes habían manchado su piel. Las lamí bien como él había hecho.

Su cuerpo se estremeció contra el mío antes de alejarse suavemente, llevando sus manos hasta mis brazos, frotándolos laboriosamente a fondo.

Nos miramos el uno al otro durante unos segundos, sin hablar. Sus ojos estaban tratando de transmitirme algo que yo no entendía. Le fruncí el ceño, incapaz de descifrar el significado detrás de sus ojos.

Con un suspiro Edward dejó caer su mirada de la mía y luego se rió. Miré mi pecho, donde él estaba mirando otra vez y vi los círculos húmedos en mi camisa provocados por su boca.

"Será mejor que te tapes eso", dijo con una sonrisa final antes de caminar lejos de mí. Le miré con confusión, mi mente todavía estaba lenta como para comprender frases sencillas. Nunca había tenido un orgasmo que me dejara tan estúpida. Salté del mostrador y luché por mantener el equilibrio sobre mis piernas temblorosas. Por Dios.

Edward regresó momentos después con un delantal en sus manos. Se lo cogí, riendo en voz baja por su ingenioso plan. Lo pasé por encima de mi cabeza, manteniendo los ojos en sus pies, y fingí concentración mientras lo ataba a mi espalda.

Sentí más que vi a Edward inclinándose delante de mí. Cuando regresó a su lugar, finalmente reuní el coraje de mirarle a los ojos. Jadeé cuando vi que el dedo que había estado dentro de mí hacía unos momentos, ahora estaba cubierto de crema, desapareciendo en su boca.

Cerró los ojos y gimió alrededor del dedo.

"Delicioso", murmuró mientras se sacaba el dedo de la boca con un chasquido rotundo, meneando las cejas hacia mí sugestivamente.

"Eso es asqueroso", me estremecí.

"No estoy de acuerdo", respondió con un guiño y una sonrisa engreída de su marca. "Parece que el glaseado no ha ganado después de todo", sentí mis labios estirarse en una línea de desaprobación por la referencia en su comentario anterior.

"¿Estás sugiriendo que tú has ganado?", me reí con sarcasmo.

Él se encogió de hombros, su sonrisa todavía estaba firmemente plantada en sus labios.

Era tan exasperante.

"No estoy de acuerdo", le lancé sus palabras y deliberadamente bajé los ojos a su entrepierna, donde su pene parecía estar librando una batalla perdida contra los confines de sus pantalones vaqueros.

Me reí cuando las orejas de Edward se pusieron rojas. ¿Ahora elegía avergonzarse?

Me di la vuelta y levanté algo del glaseado de la tarta con el mismo dedo con el que había hecho cosas malas antes.

Lo metí en mi boca, oí la respiración de Edward engancharse. Quería probar el sabor desagradable del glaseado mezclado con… mi sabor, pero seguí con mi cara neutral y gemí alrededor de mi dedo. Nunca entendería cómo a los hombres les podía gustar eso. Liberé mi dedo con un estallido victorioso y me giré para encontrar a Edward mirándome fijamente, con la boca ligeramente abierta y su respiración pesada.

"Joder", murmuró y sin ceremonias acarició su erección. El movimiento era erótico, pero yo mantuve la calma. Dos podían jugar a este juego.

"Buenos días, tortolitos", la voz de Emmett sonó desde detrás de Edward, cogiéndonos a ambos con la guardia baja. Edward sacó su mano de su entrepierna a la velocidad de la luz y se giró con sorpresa.

"Buenos días, Emmett", dije con una risita, encantada por la interrupción. "Rose", asentí con la cabeza ante la belleza rubia mientras ella salía de detrás de la forma imponente de Emmett, recibiendo un asentimiento de ella en respuesta.

"Huele a-", no digas sexo, no digas sexo. Yo cantaba con ansiedad, moviendo mis ojos a Edward, quien todavía parecía estar en la misma posición de sorpresa. "Pastel".

"Pastel de zanahoria", Alice cantó mientras saltaba a la cocina con Jasper detrás. Sonreí con fuerza, tratando de ocultar mi alivio. Mis ojos se posaron sobre Rosalie, quién nos estaba mirando a Edward y a mí de manera sospechosa. Ella lo sabía. Yo sabía que ella lo sabía. La intuición de una mujer era un regalo peligroso. Sus ojos se estrecharon cuando cayeron en los míos. ¿Qué podía hacer? Ciertamente no iba a dejar que me mirara de esa manera, así que arqueé una ceja y me encogí de hombros.

Alice me alejó de la interacción silenciosa lanzando sus brazos alrededor de mi cuello en un abrazo.

"Te quiero", declaró alegremente.

"Quieres mi pastel de zanahoria", señalé con una sonrisa mientras se desenredaba de mí.

"No me gusta el pastel de zanahoria", oí comentar a Rosalie con frialdad.

"¿Por qué no?", Emmett le preguntó con horror, lo que me hizo reír.

"Son zanahorias en un pastel", se encogió de hombros. "No me gustan las cosas que pretenden ser algo que no son".

Mientras tanto, Edward poco a poco se había movido de su posición, tratando de escapar a escondidas de la habitación. El estaba de pie detrás de Rosalie cuando ella dijo su última frase. Él frunció el ceño, dándose cuenta del doble significado de las palabras de ella que nos habían dejado a todos en un incómodo silencio.

"A mí me gusta el pastel de zanahoria", declaró y levantó sus ojos hacia los míos con un guiño.

"Seguro", Rosalie murmuró, pero yo no pude quitar mis ojos de Edward mientras él rodaba los suyos de forma dramática.

Señaló con un gesto de su cabeza que se iba hacia arriba, probablemente para darse una ducha. Yo asentí con la cabeza y casi me eché a reír cuando Edward se chocó de pleno con mi padre mientras giraba la esquina.

"Mierda, lo siento, Jefe Swan", murmuró mientras saltaba. Mi padre le miró con escepticismo y Edward se pasó la mano por el pelo con ansiedad, expulsando una risa nerviosa. "Yo sólo… estaré…no importa", dijo con otra risa nerviosa, sorteando a Charlie y desapareciendo en la esquina.

Charlie se quedó mirando detrás de él por un segundo, negando con la cabeza por la confusión y luego entrando en la cocina.

"¿Qué pasa con ese chico?", refunfuñó mientras nos saludaba a todos. Él me plantó un beso en la frente y me dio una palmada en el hombro. "Buenos días, Bells".

"Algo está definitivamente para arriba", Jasper dijo antes de que yo pudiera contestar, mientras Charlie empezaba a ponerse un café. El doble sentido no se me escapó. Le di a Jasper una mirada de advertencia cuando sentí el calor de mis mejillas. ¿Todos habían notado la erección de Edward? Todo el mundo excepto Emmett por supuesto.

Dirigí mi atención a Rosalie, lista para mirarla mal por su comentario anterior, y encontré a mi madre de pie detrás de ella, sus ojos se movían de Jasper a mí sospechosamente. Ahora ella lo sabía. Genial. Como había dicho antes, la intuición de una mujer era un regalo peligroso.

Me sonrió sabiéndolo, y yo me ruboricé… mucho.

"¿Quién me va a ayudar con el desayuno?", anunció mientras caminaba hacia la nevera. Yo suspiré de alivio.

Todo el mundo empezó a darse prisa mientras Renee gritaba órdenes. Les di la espalda y miré por la ventana de la cocina. Estaba cubierto de nuevo, el sol se había retirado de nuevo en su escondite, como si nunca hubiera tenido la intención de hacer notar su presencia. Simplemente había desaparecido, como si todo fuera un engaño o una treta, y hubieras tenido esperanzas para nada.

La culpa constante de la mentira estaba viviendo, reapareció. Siempre estaba ahí, nublando mi día soleado, obligándome a mí misma a mentalizarme de que nada de esto era real.

OoOoOoO

Era de noche, y todo el mundo se encaminaba a la cama después de un largo día. Me senté en el borde de la cama de matrimonio en la habitación que Edward y yo compartíamos. Él estaba en la ducha, sólo a una puerta de distancia de mí. Mi mente vagó a la última vez que me encontré en esta posición, y luego en otras varias posiciones donde estaba contra de la pared de la ducha. Sacudí la cabeza para aclarar mis pensamientos.

Hoy había sido un día largo. Los hombres habían pasado la mayor parte de su tiempo en el río, no muy lejos de la cabaña. Charlie quería pescar, y los chicos querían aprender. Yo pasé la mayor parte de mi día leyendo y evitando las preguntas de Alice. ¿Cómo explicarle que mi plan había funcionado a la perfección y había un solo inconveniente? Quería tirarme el objetivo.

La cena fue pescado a la parrilla, como era lógico. Emmett no podía dejar de jactarse de que él había cogido dos, mientras que Charlie, Jasper y Edward no habían cogido ninguno. La única respuesta de Charlie fue un encogimiento de hombros y un gruñido dirigido a Emmett por la suerte del principiante. Sin embargo, a Emmett no le importó, nada podría amortiguar el espíritu de ese chico. Eso me gustaba de él.

Me quedé pensando en todo lo que pasó en la cocina esta mañana. Las cosas estaban avanzando mucho más rápido de lo que jamás hubiera imaginado. Mierda, yo no esperaba progresar en absoluto. La última cosa en mi mente cuando entré en este acuerdo fue el pensar que Edward y yo seríamos incapaces de mantener las manos en nosotros mismos. Siempre había estado orgullosa de poder estar centrada fuera cual fuera la situación. Pero yo estaba muy, muy equivocada. ¿Y ahora? Ahora tenía todo lo que quise cuando me acerqué a Edward por primera vez, y mucho más. Y era la parte del 'mucho más' la que daba vueltas en mi cabeza. No podía permitir que esto fuera más lejos cuando todo ello se basaba en una mentira de un solo lado.

Sabía que iba a perder la oportunidad de editar el libro si le decía la verdad a Edward, pero la idea de permitir que esta atracción física continuara con una mentira de tal magnitud era algo con lo que no podía tener paz.

Oí el agua apagarse desde el interior del cuarto de baño y el sonido característico de las puertas de la ducha abriéndose. Respiré hondo, sabiendo que iba a tener que enfrentarme a él. Sabiendo que iba a tener que ser clara más temprano que tarde.

Mis pensamientos fueron interrumpidos cuando Edward abrió la puerta del baño, entrando en la habitación con poca luz con sólo una toalla alrededor de su cintura.

Desde luego él no iba a hacer que esto fuera más fácil para mí con ese aspecto.

Las gotas de agua salían de su pelo mojado y corrían por sus abdominales perfectamente definidos. Dejé que mis ojos viajaran por sus abdominales esculpidos hasta su camino feliz, ubicado entre esa V perfecta y desapareciendo en la toalla que colgaba baja en sus caderas. Era tan hermoso.

"Sí, sé que quieres un poco de esto", Edward ronroneó, lo que hizo que levantara la mirada hacia él. Su boca tenía una sonrisa arrogante, sus ojos estaban brillantes de alegría. Gilipollas.

Me encogí de hombros, fingiendo indiferencia. Él se rió. Sabía que era una mentira.

"Tu padre es realmente serio a la hora de pescar", cambió de tema y se acercó al armario donde yo había desempaquetado su equipaje el día de hoy. Seguí el movimiento de su trasero envuelto en la toalla. Él me había dado un adelanto de su magnificencia hacía un par de días, era un culo muy, muy agradable. "Gracias por esto", él movió la cabeza hacia las camisas y los pantalones doblados. Yo asentí con la cabeza, tratando de ocultar el rubor causado por el recuerdo de oler delicadamente sus camisas antes de desempaquetarlas.

"Charlie cree que la pesca es un deporte real", le comenté mientras seguía las líneas de su espalda tonificada. Estaba prácticamente babeando mientras mis ojos se centraban en los dos pequeños hoyuelos en su espalda baja.

"Después de hoy", Edward dijo con una sonrisa, doblando correctamente sus pantalones, poniéndolos en una pila y volviéndose hacia mí. "Creo que estoy de acuerdo".

Yo me reí en voz baja, sabiendo lo agotador que podía ser cuando se pescaba con Charlie. Él era un perfeccionista.

En un movimiento sorprendente Edward movió su muñeca, haciendo que la toalla cayera al suelo. Estaba frente a mí, completamente desnudo. Yo tragué saliva espesa mientras luchaba para mantener mis ojos en los suyos. Me acordé de lo que Edward tenía allí abajo. Si quería mantener mis piernas cerradas y mi mente clara, no me atrevería a echar un vistazo.

Él arqueó una ceja en desafío. Yo levanté una mano deliberadamente hasta mi boca y fingí un bostezo, lo que hizo que Edward echara la cabeza hacia atrás y riera.

"Realmente eres algo más, señorita Swan", dijo con un movimiento de cabeza, sin hacer ningún movimiento para cubrirse.

"Realmente no eres nada fuera de lo común, señor Cullen", conocía este juego. Él debería saber a estas alturas que yo siempre ganaba este juego.

"¿A quién estás tratando de convencer?", él sonrió y se inclinó para ponerse los pantalones, con los ojos fijos en los míos.

"Nunca lo sabremos, ¿verdad?", respondí con descaro. Si pensaba que Edward sería una amenaza menor con los pantalones, me equivoqué. Se veía pecaminosamente hermoso.

"Tengo mis formas de averiguarlo", su voz había asumido el mismo tono profundo de esta mañana.

"¿Te refieres a lo de esta mañana?", él asintió con la cabeza. "Todo lo que fuiste capaz de sacarme esta mañana fue un orgasmo, Edward. No hay secretos profundos subyacentes".

"¿Eso es un reto, Bella?", Edward sonrió misteriosamente, acercándose poco a poco a mí.

"No, Edward. No es más que la verdad", negué con la cabeza.

"Eres imposible de complacer, ¿no es así?", él suspiró exasperado y se detuvo a una distancia segura de mí.

"¿Quieres complacerme?", le pregunté con una ceja arqueada.

Él se encogió de hombros.

"Entonces responde a mi pregunta, creo que me debes una", le contesté.

La cara de Edward se iluminó con la realización.

"Después de esta mañana, probablemente te debo dos", murmuró con confianza y cayó en la cama a mi lado, tumbándose de espaldas y cubriéndose el rostro con sus brazos.

Tuve que girarme hacia él para tener la oportunidad de disfrutar de los tensos músculos de sus brazos mientras se limpiaba los ojos. Edward estaba cansado. Pero no dormiría hasta que tuviera mi respuesta.

"¿Cuál es la peor cosa que alguien te ha hecho?", las manos de Edward se detuvieron y su cuerpo se tensó. Necesitaba saber la respuesta a esa pregunta antes de decidir si iba a decirle a Edward la verdad. Todo dependía de su respuesta.

Finalmente dejó caer las manos de su cara y miró hacia el techo pensativamente.

"Mi padre me mintió sobre algo durante una parte importante de mi vida", respondió en voz baja, el humor y la arrogancia estaban ausentes en su voz. Habían sido reemplazados por una emoción que nunca pensé que volvería a ver en él. Amargura. Era un sonido tan familiar para mí, porque yo había dominado esa emoción. Me sorprendí al encontrar cuánto odiaba oírla en su voz. No le convenía en absoluto, y por una fracción de segundo, me arrepentí de preguntar.

"¿Sobre qué?", pregunté con cautela, temerosa de su respuesta.

Negó con la cabeza y luego bajó sus ojos a los míos. "No te ofendas, pero casi nadie sabe eso de mí, y no es algo que me apetezca compartir contigo", sus palabras me escocieron, pero no podía culparlo. Obviamente era todavía un punto delicado, y debido a las reglas de nuestro juego, no me garantizaba el pleno acceso a los secretos más profundos de su corazón.

Asentí con la cabeza.

"¿Le has perdonado?", pregunté suavemente, manteniendo mis ojos en los suyos.

"¿Es esa tu segunda pregunta?", preguntó con cansancio.

Asentí con la cabeza otra vez.

"Sí. Pero nuestra relación ha sufrido. Ya no confío en él", su voz ahora estaba libre de toda emoción. No sabía sobre lo que le había mentido su padre, pero debió haber sido algo muy grande como para que afectara a Edward tan profundamente. Estaba escrito en las líneas de su rostro, nunca me había dado cuenta hasta ahora.

Tragué saliva.

"¿Hemos terminado?", 'espero que no', respondí a su pregunta en silencio.

Asentí con la cabeza.

"Entonces ven aquí", me atrajo más cerca con su dedo. Reaccioné al instante y avancé hacia su cuerpo. Edward llegó a mí y me tiró para su lado, lo que me obligó a acurrucarme contra su pecho.

Estuvimos en silencio mientras yacíamos allí, cada uno perdido en sus propios pensamientos. Edward probablemente pensando en su padre. Yo pensando en la mentira que había dicho, la verdad sería revelada próximamente.

Los brazos de Edward me soltaron, y cuando estaba a punto de protestar, sentí las sábanas sobre nosotros, haciéndonos entrar en calor.

Me quedé despierta hasta que su respiración se volvió superficial.

Lo cierto era que después de lo que me había dicho esta noche. Iba a tener que decirle la verdad, y nada volvería a ser lo mismo después de eso.


Uff, ahora que Edward se ha sincerado un poco, Bella está replanteándose el decirle la verdad... ya veremos si lo hace o no.

¡Hasta el lunes (o algún día del finde)! Jajaja.


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