Hola! Como están? Lamento haberme demorado tanto para traerles este capitulo. Espero que les guste, y subiré dos para compensar la falta de Nuevas Direcciones de estos días. :)

Disclaimer: Glee no me pertenece. La idea original y los personajes son propiedad de Ryan Murphy.

XXI

- ¿Te gustan los lirios?- inquirió Rachel, mientras ella y Finn entraban a la casa, cargados de bolsas de papel.

- No lo sé… ¿a ti te gustan?- respondió él, poniendo las bolsas en la cocina mientras ella ordenaba el contenido de las mismas. Rachel sonrió.

- En algún momento tendrás que elegir algo, Finn. Es nuestra boda, después de todo.

- ¿No son tu y Kurt los que se casan?- bromeó él, mientras colgaba los abrigos. Vio por el rabillo del ojo como Rachel le echaba una mirada furibunda, así que se acercó hasta ella para abrazarla, apoyando su frente en su coronilla.- Rach, te estás olvidando de que yo ya elegí lo más importante de la boda.- le murmuró tratando de acaparar su atención. Rachel se giró en sus brazos, con un gesto inquisidor, y Finn entendió al instante que había conseguido su cometido. Se acercó más, hasta casi besarla, para susurrarle.- Yo, cariño, elegí a la novia.

Rachel sonrió tanto que los ojos se le llenaron de lágrimas. Se acomodó más en los brazos de Finn, abrazándolo por el cuello, y lo besó con tanta fuerza como le fue posible. Finn también sonrió, y se giró para sentar a Rachel, con un solo movimiento, sobre la isla de la cocina. Finn había estado con bastantes mujeres en su vida, especialmente en esos años en que había sido el Quarterback estrella del equipo universitario, pero ninguna de ellas llegaba siquiera a los talones de una Rachel Berry. No, él y Rachel tienen una conexión mental y sentimental en absolutamente todos los aspectos de su vida, y el sexo es sólo uno de ellos. Él sabe que ella se acerca más a su cuerpo cada vez que él le acaricia la parte baja de la espalda, especialmente con las manos frías como las tiene ahora. Ella sabe que ganará un gruñido por cada vez que acaricie su corto y desprolijo cabello, sobre todo si deja que sus uñas rasguen un poco su cuero cabelludo. Saben que deberían estar guardando las compras del supermercado, que Rachel ha puesto la cafetera para su café de la tarde, y que Amy podría volver en cualquier momento de su tarde con Lindsay… pero todas esas cosas parecen desvanecerse en el momento en que ambos se encuentran solos en la cocina, con la luz del sol entrando por las amplias ventanas y el sonido del viento otoñal golpeando los vidrios. Finn se las ingenia para limpiar la mesada de la isla, tirando al suelo una de las bolsas de papel y dejando que las manzanas que esta contenía se deslizaran por la cocina. Rachel soltó una carcajada que se vio ahogada por los labios se Finn, mientras se recostaba en la ahora limpia superficie y separaba sus piernas para acercarse tanto a él como le fuera posible. Sintió cómo la respiración de Finn se cortaba en el momento en que ella le desprendía, con un movimiento fluido y conocido, el cierre de sus jeans, y éste dejaba que los mismos cayeran al suelo con un ruido sordo. En el momento en que Finn estaba por hacer lo mismo con los pantalones de ella el estruendoso ruido del teléfono irrumpió en la habitación, y Rachel presionó sus rodillas contra la cintura de Finn para que éste no se alejara. Sin embargo, en cuanto oyó la voz que salía de la contestadora, fue ella la que se incorporó, sorprendida.

- ¿Hola? Bueno… supongo que no hay nadie. Rachel soy… soy Shelby. Tú dejaste un mensaje en mi contestador y quería saber si podíamos…-

- ¿Shelby? Aquí… aquí estoy.- respondió Rachel, mientras Finn se corría para dejarle lugar. La vió alejarse hasta el living, oyendo apenas su suave voz detrás del sonido del viento que no paraba de azotar.

- Sí… claro que podemos vernos. Para eso te había llamado en un principio. Sí, mañana a la tarde está bien. Puedes… puedes venir a mi casa, si quieres. Sí a esa hora es perfecto. Muy bien, nos vemos mañana.- Rachel volvió a entrar en la cocina, dejando el teléfono en su lugar y sentándose en la mesa. Finn se acercó también, deslizándose en la silla vacía que había a su lado y abrazándola. Pensó que en esos momentos, cuando Rachel dejaba que sus barreras se caigan y le daba rienda suelta a sus miedos e inseguridades, la amaba tanto como en las ocasiones en que se dejaba llevar por sus instintos sin temor alguno (como había hecho unos minutos antes en esa misma cocina). Sintió como ella se acomodaba en sus brazos, buscando confort y protección, y le besó la coronilla mientras la acercaba más a su lado.

- ¿Porqué esto me afecta tanto?- le preguntó, con una voz pequeña y dolida, mientras dibujaba círculos con sus dedos en el pecho de Finn.

- Bueno ella… ella se ha portado bastante mal en el pasado, cariño. Eso sienta un precedente.- contestó él. Rachel negó con la cabeza.

- Yo no soy una persona rencorosa, Finn…

- Eso lo sé, Rach, no era eso…

- No, yo se que lo sabes. Lo que quiero decir es que con ella… con ella existe esta nube de incertidumbre, estas preguntas sin respuestas. Yo siempre se lo que quiero, Finn. Siempre. Supe que quería estar contigo desde el primer momento en que te vi, como supe que quería ser una estrella en cuanto me subí por primera vez a un escenario. Pero con ella… con ella eso no sucede.- le explicó, mientras contenía unas inmensas ganas de llorar. Sintió entonces como el peso de la verdad la aplastaba, y supo que podía confiar en Finn, que debía hacerlo, que necesitaba decírselo a él con la misma urgencia con que había necesitado descubrirlo.- Tengo miedo de convertirme en ella. Es eso, es muy simple. Tengo miedo de convertirme en Shelby.- le confesó, sorprendida por su propia declaración. Él la miró por un segundo, mientras dejaba que las palabras resonaran en su mente hasta que cobraran sentido.

- Debes escucharme, Rach. Nunca, nunca te convertirás en ella. Y, ¿sabes cómo lo sé? Porque se, de buena fuente, que tú tienes algo que Shelby no tuvo.- le dijo, tomando sus mejillas, y obligándola a mirarlo a los ojos. Rachel alzó las cejas, con un gesto inquisidor, y Finn continuó.- Tú me tienes a mí. Me tienes para protegerte y cuidarte, incluso de ti misma. Me tienes a mí y la tienes a Amy, y tienes a tus padres y a los míos y a tus amigos. A nuestra familia, Rach. No estás sola.- Rachel no pudo soportarlo más, y colapsó allí mismo, apoyando su frente en el pecho de su futuro marido.

- Te amo mucho. Muchísimo.- le murmuró ella al oído, en cuanto fue capaz de calmarse lo suficiente para formular algo.

- Lo sé, cariño. Yo también te amo.- contestó Finn, mientras la besaba dulcemente, sintiendo el sabor salado de sus lágrimas en la punta de su lengua.- Ahora necesitaría… darme una ducha.

- Sí. Sí, lo siento. Lo siento mucho. Más tarde podemos… continuar con lo que comenzamos.- dijo ella, con voz seductora, mientras le devolvía los pantalones y le daba una palmadita en el trasero.

Esa noche, mientras Finn dormitaba debajo de ella, Rachel pensó que existía más de una forma de hacer el amor. Que ella y Finn lo hacían todos los días, en pequeñas dosis y en extrañas maneras. Que aquella tarde, mientras él la protegía de sus propios miedos, habían encontrado otra forma nueva de amarse el uno al otro (como cuando habían aprendido, años atrás, que cantaban mucho mejor cuando lo hacían a dúo). Le acarició el rostro, deseándole las buenas noches, y ambos se pusieron los pijamas al mismo tiempo, previendo que Amy fuera a despertarlos a la mañana siguiente.

- Creo que los lirios son muy bonitos. Y prefiero la banda de swing.- le murmuró Finn, mientras la abrazaba y dejaba que sus piernas se entremezclen debajo de las sábanas.

- Nadie te pidió tu opinión, Hudson. Tú solo fuiste elegido para ser le novio.- bromeó Rachel, haciendo que ambos se fueran a dormir con una sonrisa en el rostro. De todas formas, ¿no era acaso así todas las noches?

- OO-

- ¿No quieres que vuelva antes? Puedo hacerlo, cariño, en serio.- le propuso la voz de Finn, del otro lado del teléfono, mientras Rachel acomodaba nerviosamente por centésima vez los almohadones del sofá del living.

- No, está bien. Nos veremos más tarde. Te amo.- contestó, no muy convencida, colgando el teléfono con las ganas urgentes de gritarle a Finn para que volviera a casa, a su lado, con ella. Sintió el sonido del timbre retumbándole en las paredes del cerebro, como si cada nervio acabara de morir.- Muy bien, Rachel, puedes hacerlo. Si puedes sostener un Fa alto enfrente de miles de personas, esto será pan comido.- se dijo a sí misma, arreglándose el vestido y dirigiéndose a la puerta. Shelby Corcoran la devolvió, desde el umbral, la misma mirada nerviosa.

- Rachel.- dijo, tendiéndole una mano.

- Shelby.- respondió Rachel, devolviéndole el apretón.

- Hola.- murmuró una tercera voz, y sólo entonces Rachel notó a la pequeña niña rubia que se escondía, tímidamente, detrás de la mujer.

- Hola… soy Rachel.- dijo, imitando el gesto de Shelby y tendiéndole la mano.

- Soy Beth.- contestó la niña, y Rachel sintió como si de pronto un témpano de hielo se le formara en la garganta.

- Beth…- murmuró, acercándose a ella y acariciándole la larga y suave cabellera. ¿Podía ser acaso…? ¿Cuántos años tendría? Sólo unos pocos más que Amy, por lo que aparentaba.

- ¿Podemos pasar? Está soplando un viento horrible.- propuso Shelby.

- ¡Claro, pasen! Que tonta soy yo… pasen.- dijo, haciéndoles lugar en el vestíbulo, mientras les tomaba sus abrigos y los colgaba delicadamente en el perchero.

- Es una casa hermosa. Realmente muy linda. Me gusta la decoración.- le dijo Shelby, mientras ella y Beth se sentaban en el sofá tal cómo Rachel le señalaba.

- Sí, la compramos hace unos meses. Y Kurt, mi cuñado, me ayudó a decorarla.- explicó Rachel, sentándose en el sillón opuesto.

- Me recuerda al edificio en que vivía…

- El personaje de Audrey Hepbrum en Desayuno en Tifannys.- finalizó ella, mientras destapaba las pequeñas bandejas en las que había colocado las cosas para el té.

- ¿Mami? ¿Ya llegó tu amiga?- inquirió Amy, bajando rápidamente las escaleras, y sonrojándose al ver a las dos extrañas que ocupaban su living.

- Sí, Amy, acércate así las presento.- le ordenó, y la niña se sentó en su falda sin levantar la vista.- Ella es Shelby y ella es Beth.- explicó Rachel, señalándolas.- Ella es mi hija Amy, quien en este momento está teniendo un ataque de vergüenza, aunque no se porqué. No ha hecho más que hablar de este té durante todo el día.-

- Hola, Amy. Me gusta tu vestido.- dijo Shelby, tendiéndole una mano. Amy se la apretó rápidamente.

- Gracias. A mi… me gusta el de ella.- murmuró, levantando ahora la vista para mirarla a Beth. La niña le sonrió, y Rachel pudo sentir como Amy se relajaba en sus brazos.

- ¿Quieres ir a jugar a mi habitación? Tengo muchos juguetes y tengo una máquina de karaoke.- le propuso, con un brillo de esperanza en los ojos. Beth miró a su madre por unos segundos, buscando su permiso, y sonrió en cuando Shelby le hizo una seña afirmativa con la cabeza. Ambas niñas se pararon al mismo tiempo, dejando a las dos mujeres solas en la habitación, rodeadas por un incómodo silencio.

- Así que Amy… ¿cuántos años tiene?- le preguntó Shelby, mientras tomaba la taza de té que Rachel le tendía.

- Cumplió seis la semana pasada.

- La tuviste de muy joven, entonces.

- ¡Oh, no, Amy no es… Amy no es mi hija biológica! Es la hija de Finn, en realidad, aunque ya soy su madre legalmente. ¿Recuerdas a Finn?- inquirió, mientras le señalaba la gran fotografía de ellos tres que reposaba sobre la chimenea.

- Sí, lo recuerdo. Él fue quien cantó contigo ese dueto de Journey en las Regionales, ¿no?

- Sí, el mismo.- afirmó, mientras miraba la fotografía y deseaba con todas sus fuerzas que Finn estuviera allí, a su lado, sosteniéndole la mano.- Vamos a casarnos en la primavera. En Lima.

- ¡Los felicito! Me alegro mucho de que hayas conseguido un buen hombre. En serio.- le dijo Shelby, y Rachel no pudo evitar creerle. Volvieron a quedarse en silencio unos momentos, mientras el sonido del viento se colaba en la habitación. Entonces Rachel sintió como Shelby contenía una carcajada, y la miró de forma extrañada.

- ¿Qué… qué es lo gracioso?- inquirió, con un tono casi dolido en la voz. Shelby dejó la taza vacía en la pequeña mesa, y se limpió la comisura de los labios antes de hablar.

- Esto es mucho menos incómodo de lo que pensaba. Si hubiera sabido que iba a ser así te hubiera contactado mucho antes.- le explicó.

- Tú no me contactaste. Yo lo hice.- la corrigió Rachel, con el mismo tono dolido.

- Yo no podía aparecerme en tu vida, Rachel. No después de todo lo que pasó. Y menos aún cuando tu eres… Rachel Berry. Una estrella de Broadway.- se excusó Shelby, sin siquiera mirarla a los ojos. Rachel sintió como el dolor se transformaba, de pronto, en ira.

- ¿Qué tiene eso que ver? Esa no es excusa. Tú… tuviste la oportunidad conmigo y la dejaste pasar, y decidiste que era mejor continuar por tu lado, sola, a tenerme en tu vida.- soltó Rachel, dejando ella también la taza de té y cruzándose de brazos. Shelby sonrió amargamente.

- Y no me arrepiento ni por un segundo. Sí, podría haberlo hecho de otra manera, podría haber sido menos egoísta, y haber pensado más en ti. Pero, ¿sabes que, Rach? Creo que las cosas terminaron saliendo bastante bien.- Rachel no pudo soportarlo: la combinación del sobrenombre (aquel que sólo su gente más allegada utilizaba) con las palabras de Shelby hicieron que la ira se desatara en ella, y tuvo que hacer uso de toda su fuerza para no echarla de la casa. Cuando habló, lo hizo con el tono más medido del que fue capaz.

- Salieron bien, Shelby, porque trabajé para eso. Porque me rompí el alma misma durante años para que las cosas salieran así. Porque hice sacrificios, por los demás, y porque siempre tuve mis prioridades en claro. Y, ¿sabes cuál era esa prioridad? No ser como tú. No dejarme llevar por tu ejemplo, por ese que no me diste, si no que tuve que encontrar sola. No perder de vista que al final del día lo único que nos salva es nuestro hogar, nuestra casa, ese que tú misma te negaste.- soltó, mientras presionaba tanto sus brazos alrededor de sí misma que comenzaba a hacerse daño. Shelby no contestó, si no que se miró las yemas de los dedos por un segundo, como buscando allí las respuestas.

- Siempre he pensado que lo más asombroso de nuestra relación es esta cosa… invertida que tenemos. Como tú eres la que constantemente me enseña cosas a mi. Cosas que no logro aprender en ningún otro lugar.- le dijo, con tono suave, poniéndose de pie y sentándose a su lado.- Como tú siempre tomaste las riendas de esta relación, de la misma forma en que tomas día a día las riendas de tu vida.

- No hables como si me conocieras, porque no es así. No tienes idea de quien soy.- la interrumpió, una vez más, haciendo lo posible para alejarse de ella tanto como se lo permitía el sillón.

- Fui a verte a cada uno de tus trabajos. Wicked, Ana… incluso en esas pequeñas obras que hacías estando en la universidad.- le explicó, y Rachel no pudo evitar girarse para mirarla. Shelby sonrió.- Fui a verte brillar en el escenario tantas veces como pude. Porqué allí, Rachel, allí entendí cuan distintas somos. Yo pensaba que tu eras… una versión un poco alterada de mi misma. Y eso no es verdad. No hay un solo cabello de Corcoran en tu ser. Y el hecho de que tu hayas logrado tanto en tu vida (una carrera, una reputación… una familia) prueba ese punto. Me convence de que es muy poco lo que ambas tenemos en común.

- Tú… tu lograste bastante también, Shelby. Tienes una hija.- la consoló Rachel.

- Tú sabes quién es. Sabes que fuiste tú misma la que me condujo a ella.- Rachel la miró de forma inquisidora, y Shelby asintió con la cabeza, corroborando todas las dudas que ella había tenido desde el momento en que había visto a Beth.

- ¿Qué ocurrirá ahora? ¿Tomarás tu abrigo y te marcharás? ¿Me enviarás una tostadora como regalo de bodas?- inquirió Rachel, volviendo a ocultarle la vista.

- Tu no necesitas realmente a una madre, cariño. O al menos no me necesitas a mi. Has probado que tienes lo que hace falta para hacer las cosas bien, y una relación de madre e hija requiere de cierta… desigualdad de experiencia que nosotros no tenemos.- le explicó Shelby, mientras comía delicadamente uno de los brownies que Rachel había preparado. Ésta guardó silencio, esperando a que la mujer completara las ideas.- Vine aquí, Rachel, a decirte cuan orgullosa de ti me siento, y cuan avergonzada de mi. Vine a decirte que no puedo ser tu madre, pero que puedo ser tu amiga. Que podemos tratar de… de verlo así. Como dos personas que acaban de conocerse.- finalizó. Rachel frunció el ceño, sin saber que decir.

- ¿Cómo… cómo es ella?- murmuró, cambiando de tema. Shelby entendió al instante que Rachel se refería a Beth, y sonrió.

- Le encanta la música de Journey y es una feminista empedernida. Tiene… tiene algunas actitudes raras, de todas formas. Como un magnetismo por todo lo que sea judío. Y no lo entiendo, yo no soy judía ni tenemos a nadie conocido que lo sea.- dijo, de forma risueña, contenta de compartir con ella ese tipo de charlas. Rachel sintió como se le hacía un nudo en la garganta. Se vieron entonces interrumpidas por la gran figura de Finn, que ingresó en el vestíbulo combatiendo con el viento del exterior.

- Hola.- dijo, mientras se acomodaba el despeinado cabello.

- Has… regresado más temprano.- respondió Rachel, mientras ella y Shelby se incorporaban del sillón para acercarse hasta él.

- Hola, Finn, soy Shelby Corcoran. No se si me recuerdas.

- Sí, claro. ¿Cómo estás?- le preguntó, mientras la saludaba con la mano y se acercaba hasta Rachel, para besarle la mejilla.

- Muy bien. ¡Felicitaciones por la boda!- dijo Shelby, y Finn asintió en agradecimiento, abrazando a Rachel por los hombros. Sonrió para si mismo al sentir como ella se tranquilizaba con aquel simple contacto.

- Debería irme, Beth tiene escuela mañana y ustedes deben estar muy ocupados.- dijo, mientras tomaba sus cosas. Rachel subió las escaleras para buscar a las niñas, dejando a Finn y a Shelby solos en la habitación.

- Escucha… quiero que sepas que no le haré daño. No esta vez.- le murmuró ella, mirándolo sinceramente. Finn no contestó, si no que la miró con cierto resquemor, mientras se engullía de un solo bocado uno de los brownies de Rachel.

- Ella es fuerte, por lo que diría que probablemente costará mucho esfuerzo que la dañes más de lo que ya lo has hecho. Sin embargo… yo no soy tan tolerante. Sólo le sugerí que te contactara para que ella pudiera cerrar esta etapa y… seguir. Pero mi paciencia, Shelby, no es mucha. Menos aún cuando se trata de mi familia.- le dijo, de forma segura pero educada.

- Mamá, ¡eso estuvo genial! No me dijiste que Rachel era la cantante que habíamos ido a ver. Amy tiene fotografías con un montón de gente increíble.- dijo Beth, mientras bajaba las escaleras seguidas por Amy y Rachel. Finn la miró por un momento, desconcertado, y sus ojos se agrandaron en cuanto entendió de que se trataba todo eso. Miró primero a Rachel después a Beth y por último a Shelby un par de veces, mientras ellas se despedían del resto y se ponían sus abrigos.

- ¿Podemos volver otro día, mamá?- preguntó Beth. Shelby miró a Rachel de forma inquisidora, y esta se acercó hasta la niña, acariciándole el cabello como había hecho antes.

- Eres siempre bienvenida aquí, cariño. Ambas lo son.- le respondió. Beth le dio un beso en la mejilla, mientras Shelby murmuraba un gracias.

- Bueno… ¿cómo estuvo?- inquirió Finn, cuando ambas se fueron y ellos tres se sentaron en el mismo sillón, un poco apretados, para terminar de comerse la merienda que Rachel había preparado.

- Beth es genial. Es un poco más grande, pero es muy dulce y es linda. Me recuerda mucho a la tía Quinn, porque es parecida a ella. Y miramos un par de dibujos animados, y ella me contó del primer grado, porque ya lo hizo, y dijo que no debo tener miedo, que no es difícil. Y me contó muchas bromas graciosas, pero no voy a contárselas a ustedes porque son groseras. Me recuerdan a esas bromas que a veces el tío Puck suele hacerme. Y le gusta Madonna, como a nosotros, mamá.- Amy siguió hablando el resto de la tarde y de la cena de lo increíble que Beth era, de la cantidad de cosas que pensaba hacer con ella en el futuro y de todo lo que podía aprender de Beth porque, después de todo, era cuatro años mayor que ella. No fue hasta que se fueron a dormir que Finn y Rachel tuvieron tiempo de discutir todo eso.

- Es igual a ella, Finn, te lo estoy diciendo. La sonrisa es de Noah, definitivamente, pero esos ojos y ese cabello… gritan Quinn.- dijo Rachel, mientras se masajeaba distraídamente el cuello. Finn se las arregló para sentarse detrás de ella, quitando sus pequeñas manos para masajearla él.

- ¿Y a ustedes como les fue?- inquirió, mientras sentía como Rachel se relajaba bajo sus manos.

- Creo… creo que bien. Pude decirle muchas de las cosas que tenía guardadas y llegamos a una especie de acuerdo.- le explicó.

- No sabes cuánto me alegro de que todo tome su rumbo, Rach, en serio.- dijo él. Ella se recostó en su pecho, dejando que él la abrace, y acariciándole distraídamente las palmas de las enormes manos.

- No sé qué haría sin ti, Finn. En serio. Todo esto es gracias a ti, en algún punto.- murmuró, moviéndose para que ambos se recostaran en la cama sin perder el contacto. Finn la acercó más, besándole la frente.

- Preguntarte eso es una pérdida de tiempo: siempre estaré para ti. Cueste lo que cueste.- le dijo, con la voz cargada de emoción, haciendo que ella también se emocionara.

- ¿En qué momento te volviste tan perfecto, Finn Hudson?- le dijo, acariciándole la mejilla y sintiendo como él sonreía ante el cumplido. Rachel se adentró más aún en sus brazos, dejando su cabeza en aquel hueco que quedaba entre el cuello de Finn y la almohada. Se durmió pensando en Shelby, en Beth, en la cita que tenía con Kurt y Mercedes para diseñar los vestidos de las damas de honor y en que a la mañana siguiente debía buscar la ropa a la lavandería. Se durmió más bien con la increíble sensación de que entre los brazos de él nada podía lastimarla. Ni Shelby, ni los críticos, ni un wedding planner un poco obsesivo, ni siquiera una bomba atómica. Finn era, aquella noche y una vez más, el remedio indiscutible para todos sus problemas.

Sigan leyendo que hay más Nuevas Direcciones. :)