Narra Quinn
Toda la noche me la había pasado llorando ¿Qué otra cosa me habían ocultado de mi pasado? ¿Quién demonios era yo? ¿Por qué di a mi hija en adopción? Tan mala persona era que mis padres decidieron abandonarme.
Una hija ¡Por Dios! ¡Tengo una hija! Y nadie me lo dijo. ¿Cómo confiar en alguien que no te revela quien eres realmente? Aparece una mujer que dice ser tú madre, la persona que te ha dado la viva, que se supone que debe velar por ti, y digo se supone porque yo no tengo madre – o al menos no que yo recuerde – pero por lo que he podido averiguar así a grandes rasgos… no es que fuera la gran madre.
Miles de cosas y pensamientos recorrían con fuerza mi mente somnolienta, a duras penas había logrado dormir dos horas, después de darle varias vueltas a la cama por más de tres y haberme fumando un cigarrillo, bien fumado, que apenas mi mente si tuvo conciencia de funcionar correctamente a las 6 de la mañana para prepararme para volver a Nueva York. Lo único claro que tengo – si es que ha eso se le puede llamar claro – es que debo hablar con Rachel, se supone que ella me amaba en aquella época, ella me dirá la verdad o eso quiero pensar, total, la mujer que adopto a mi hija es su madre yo ya no sé ni qué creer. Venía por respuestas a Texas y me voy con más preguntas, pero la única constante es ¿Quién soy yo?
Apenas y si tuve apetito. El estomago lo tenía completamente cerrado desde que vi como esposaban a Lucían de manos y pies, aunque no lo conocía muy bien, esa imagen me perforo por mediamente mi corazón; lo que lo perforo por completo fue el saber que tengo una hija en algún lugar del este inmenso país, una pequeña criaturita que lleva mi sangre. ¡Con razón me dolió cuando me cubrí el tatuaje! Mi mente no lo recordó pero mi corazón sí.
Llegue a nueva york sin mayor problema, tomaba mi maleta de la cinta transportadora, a la vez que sacaba mi teléfono celular para llamar a Rachel; la necesidad de llamarla era tanta que llegue incluso a pensar que algo le había sucedido. Con la maleta en una mano y pegado a la oreja, me encamine hacia la salida del aeropuerto.
-Hola amor – la salude apenas me contesto; paralelamente las personas me miraban de reojo al ver las maromas que hacía tratando de parar un taxi
R: Hola cariño – esa pequeña palabra hizo que cerrara los ojos mientras mi corazón latía desbocado. El poder que esa mujer tenía sobre mi era cosa de locos.
-Acabo de aterrizar en Nueva York – al termina de decir eso, mi maleta tropezó con un pequeño bache, cayendo estrepitosamente en el suelo – iré a mi departamento a ducharme y dejar la maleta y luego iré a tu casa ¿Está bien? – le pregunte mordiéndome el labio
R: ¿Por qué no vienes directamente?
-Eh… – lo había pensando sí, pero de ahí hacerlo realidad pues… - te veré en unos minutos… cuando consiga taxi – agregue al ver como una muchacha de unos diecinueve años me ganaba el taxi - te quiero – colgué la llamada, respirando profundamente, dejando que el aire puro invadiera mis pulmones y me encamine en busca de un condenado taxi que me llevase a la casa de mi novia.
No era que andará sucia, ni que no me hubiese duchado. Pero desde ayer tenía un pequeño dolor en la espalda, que con el paso de las horas se estaba convirtiendo en algo más intenso cada vez. Mis pastillas las había olvidado, por lo que sentía la cabeza que se me iba a estallar. Por una parte quería hablar con mi chica y por la otra quería desconectarme por completo del mundo.
Espere cerca de diez minutos a que un taxi me recogiera. Y las cosas comenzaron a colocarse extrañas ¿Por qué? Bueno vamos a enumerarlas.
1. Apenas le di la dirección de donde vive mi chica, un sentimiento encontrado se apodero de mí. Un sentimiento de ansiedad y a la vez de dolor. Menos mal tenía el estomago completamente cerrado, sino, lo más seguro es que mi.
2. Curiosamente, el taxista cogió – literalmente – todos los semáforos en rojo y en cada semáforo en el que parábamos, había un aviso que si bien no llevaba el nombre de "Beth" si lo llevaba implícito; como aquel anuncio que decía "No olvides pasar por tú boutique favorita para adquirir los nuevos Jeans… los mismos que utiliza ElizaBETH…"
3. A la hora de pagar el taxi, este no contaba con cambio, por lo que tuve que esperar hasta que, entro en una tienda de Rosquillas y cambio mis veinte dólares.
Bueno…ahora que lo pienso no fue tan extraño…depende de la manera en que lo vea. Después de todo, me encontraba frente a la puerta del departamento de Rachel. Se escuchaban varias voces dentro del lugar, cerré los ojos y con un respiro profundo, toque el timbre anunciando mi llegada, sin abrir mis ojos, escuche o más bien, deje de escuchar el ruido que había dentro.
Unos pasos lentos sonaron segundos antes de que la puerta se abriera y me dejara ver a mi novia.
-Hola mi amor – susurre robándole un beso, dulce y amoroso
-¿Cómo te fue en tu viaje? – Me pregunto abrazándome por la cintura – te extrañe mucho
-Yo también te extrañe mucho – volví a besar sus labios antes de entrelazar nuestros dedos para entrar en el departamento
-Cariño, te quiero presentar a una persona – asentí dejando mi maleta cerca de la puerta, saludando a todos única y exclusivamente de manera verbal – mamá - ¿mamá?
Una mujer, no muy mayor salía del pasillo que lleva a las habitaciones. Era morena, como igual de alta a mi persona y con un parecido increíble con Rachel ¿Esta es la mujer que adopto a mi hija?
-No lo puedo creer – murmuro aquella mujer, escaneándome de pies a cabeza con sus ojos – Quinn Fabray
-Hola – mi saludo salió ahogado producto del nudo en la garganta que empezaba a formarse.
-¿Puedo abrazarte? – únicamente me encogí de hombros, por lo que aquella mujer aprovecho para abrazarme, al mismo tiempo que Rachel soltaba mi mano.
-¿Cómo te llamas? – pregunte aclarándome la voz después de que me soltó
-Lo siento – empezó a reírse nerviosamente – Mi nombre es Shelby Corcoran ¿Te suena?
-¿Debería? – respondí cortantemente mientras alzaba mi ceja. Al darme cuenta de mi tono de voz me sonroje agachando la cabeza – lo siento, lo que quería decir es que, no me suena su nombre
-No te preocupes – sonreía al igual que Santana – como acabas de hablar, hablaba Quinn Fabray – Eso solo me confirma lo que ya presumía, yo era una mala persona – Rachel nos comento que andabas de viaje ¿Cómo te fue? – mire a Rachel que seguía parada a mi izquierda
-Bien – murmure pasándome las manos por la cabeza – algo pesado pero bien – esperaba poder tener un momento de intimidad con Rachel para poder resolver las dudas que atacaban mi mente, hasta que todo fue silencio…
-Quinn – la voz de mi ¿Madre? Sonó lejana en mi mente, mis ojos únicamente estaban fijos, en la pequeña rubiecita que acababa de salir de la habitación de Rachel con un osito de felpa – te queremos presentar a al…
-Hola – la interrumpí, y sinceramente no me importo. Me acerque lentamente a la niña que me miraba con ilusión. Trague fuerte, intentado que las lagrimas que se estaban formando en mis ojos no me impidieran ver a mi cosa perfecta ¿Cosa perfecta? – Hola Beth – un quejido generalizado sonó a mis espaldas, pero yo solo podía ver la sonrisa que se comenzaba a formar en los labios de mi pequeña
-¡Mamá! – se lanzo a mis brazos y con mucho cuidado, la abrace, abandonándome al llanto. Mi corazón, a diferencia del resto de personas presentes en la habitación, reconocía a mi hija. Podía sentir el latido de su pequeño corazón, contra el mío, que latía con igual fuerza que el de ella – te extrañe mucho – murmuro contra mi oreja, haciéndome sollozar más fuerte
-Yo también pequeña – y no mentía. El tenerla en mis brazos, me hizo comprender lo mucho que la extrañaba, aunque mi mente olvidara su existencia
-Te quiero mami
-Y yo a ti – le bese su cabecita, antes de levantarme con ella en brazos. En este preciso instante, el dolor agonizante que estaba sufriendo mi espalda, paso a un segundo plano, cuando sus manitos se entrelazaron en mi cuello.
-¿Sabes quién es? – me pregunto Santana completamente sorprendida. Solo asentí mirando a los ojos de mi hija
-Quinn…
-Hablaremos luego – murmure sentándome en la silla con la pequeña - ¿Qué quieres hacer?
-¿Peli?
-Dale – aunque todas se había acomodado de manera en que pudiéramos ver la película. No fue sino hasta quince minutos después de haber comenzado que Rachel se ubico a mi derecha, consiguiendo que un sentimiento de paz y de completa armonía se apoderara de mi
-¿La quieres acostar? – me pregunto la versión mayor de Rachel, por lo que asentí, tomando en brazos a mi pequeña que se había quedado profundamente dormida en mis brazos.
Con sumo cuidado la acomode en la cama, rodeándola con varias almohadas para que no se fuera a caer. Al sentarme sobre la cama, un fuerte mareo comenzó a sacudir mi cabeza. Era un poco más intenso que el de la última vez, cuando estaba en el restaurante con Rachel y sus amigos.
Un frio helado comenzó a descender lentamente por mi espalda, mis ojos los sentía cansados y pesados. Un sonido sordo atravesó de lleno mi cabeza, que lentamente gire para observarme en el espejo y ver como mi piel estaba más blanca que una hoja de papel. Me estaba costando respirar, el pecho me dolía y las piernas ya no me respondían. No tenia forma de llamar a alguien.
Trague fuertemente, esperando que de mi garganta brotara algún sonido, que alertara a alguna de las mujeres que se encontraban a fuera. Pero nada. Mi teléfono se había quedado entre mi chaqueta, que descansaba sobre la silla del comedor, no tenía forma de comunicarme con nadie. Con la poca fuerza que me quedaba, me recosté al lado de mi hija, mirándola dormir profundamente. Cuando mis ojos comenzaron a cerrarse, la puerta de la habitación se abrió.
-Amor – la voz de Rachel sonó baja, supongo que por temor de ir a despertar a Beth - ¿Amor? – como pude levante mi mano y ella se acerco - ¡Quinn! ¿Qué tienes? – Exclamo angustiada - ¡Judy! – le grito a mi madre mientras sentía cada vez más pesado mi cuerpo. Pasos corriendo entraron a la habitación
-¡Por Dios! Quinn – mi aspecto físico no debía ser el mejor si se asombraban de esa forma - ¿Estás bien?
Con mi último aliento abrí los ojos mirando a Rachel que ya tenía lagrimas en sus ojos y con la garganta completamente cerca murmure un "Te amo" antes de escuchar un grito ahogado antes de que mi mente se separase de mi cuerpo.
No me gusta hacer esto, pero si son generosos con los comentarios... naaa xD
Yo en dos capítulos, di dos pequeños detalles, que adelantaban que sucedería de aquí en adelante. Si los encontraron genial... sino pues ya lo averiguaran.
Espero les guste y nos leemos el lunes, aprovechando que es festivo. No olviden comentar.
