¡Guten tag!
Ea, que no me he olvidado de ustedes, sólo que ya no estaba muy segura de cómo hacer este capítulo, porque a decir verdad es meramente relleno, aunque pude sacar algo bueno de él al fin y al cabo hahaha. Me costó un poquitín, pero espero que esté mínimamente interesante. Como sea, los entretendré más al final, y ahora los dejaré leer ¿Les parece?
Capítulo 20: Asuntos Pendientes.
—Kai.
— ¿Quieres decirme donde rayos te habías metido?
Susurraban.
—Cielos Kai. Si no te conociera diría que te preocupas por mí.
Él le dedicó una mirada incendiaria.
—Fui a caminar…
— ¿Durante una hora?
—Tengo muchas cosas en la cabeza, necesitaba un respiro antes de que me hicieran preguntas —hubo una pausa, donde Kai estuvo a punto de replicar, pero ella no se lo permitió — A menos claro que no te importe que sepan dónde estuvimos. ¿Cuál es tu problema, Kai?
¿Su problema? Su problema era que por los 45 minutos que tardó en llegar esa mocosa, luego de que él lo hiciera, su paranoia exprimió todos y cada uno de sus nervios. Creyó que había huido para informar a quien fuera para quien trabajaba, creía que Voltaire sabía de su visita y se la había llevado creyendo que podía hacerlo más miserable con eso, creyó… ¿A quién le importaba qué creyó? El punto es que la mocosa sólo había perdido la noción del tiempo y él había estado muriéndose por dentro para nada. Eso era casi tan malo.
—Eres una cínica, manipuladora y egocéntrica cría…
—Curioso, yo iba a decirte algo similar. — Y de verdad. Ella no creía haber hecho nada malo.
Se miraron echando chispas por segundos interminables, pero al cabo de unos momentos Kai desvió la mirada, sintiendo la presencia de alguien acompañándolos.
— ¿Está todo bien aquí?
—Sí. — Cortante como siempre, fue la respuesta de Kai. Sin embargo Hiro tenía la mirada fija en el brazo de ella, que Kai mantenía opreso.
—No te estaba preguntando a ti, Kai. — Él la soltó, pero ella apenas y se apartó de él
—No te preocupes Hiro. Kai fue tan amable de acompañarme hasta mi habitación. — Hizo una pausa, mirándolo— Gracias Kai. — sonrió a Hiro y entró en su habitación cerrando la puerta tras de si
Hiro miró a Kai demostrando la poca credibilidad que daba a lo que había oído, pero Kai ni siquiera lo miró. Se fue a su habitación, algo más allá por el pasillo, no sin antes propinarle un empujón con el hombro.
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Se había visto obligado a permanecer en aquél intimidante lugar hasta el anochecer. Guilliani había aceptado de buen grado ayudarle, aparentemente interesado en su decisión de acudir a él y ligeramente divertido con la ironía del asunto. Además, parecía tener un especial interés en recapturar, matar, o lo que fuera que tuviera planeado para Rocío.
A Gustav no le importaba, siempre que ella sufriera en el proceso tanto como él lo hacía ahora.
Sin embargo le habían echado de la oficina de Guilliani justo después de que éste mandara a un espía con órdenes de "no volver sin el paradero de ella". Hacía horas de aquello y hasta entonces, no había podido hacer más que mirar a los tipos que fingían ser una estatua en el recibidor.
Y fingían muy bien, apenas y se habían movido e ignoraron por completo cualquier intento de entablar conversación que él había hecho. Estaba casi dormido desparramado sobre el cómodo sillón de espera para cuando el tipo volvió. Le llamaron dentro de la oficina un poco después.
—Señor. — Todos aquellos hombres parecían tener un tremendo respeto por Guilliani. O un miedo muy bien disfrazado. Le habría gustado saber cuál opción era la correcta.
— ¿Y bien? ¿La encontraste?
—Fue así. Está hospedada en una cabaña propiedad de la BBA en las afueras de la ciudad con los BBA Revolution, señor.
— ¿Porqué no están en un hotel como el resto de los equípos?
—Porque Dickenson lo quiso así.
— ¿Ese viejo gordo? — soltó una pequeña risilla — Para ser el director de la BBA, es bastante imparcial. — luego volvió al frío tono que empleaba con sus empleados— Pero eso no es nada, soldado.
—No la vi en todo el día, señor. Cerca de media noche descendió de una trail blazer, creo; pero no logré ver quien conducía. Deambuló por el bosque y luego se quedó en una rama cerca de una hora. Volvió a la cabaña después de aquello.
— ¿Al menos sabes si planea volver a salir antes de partir a Francia?
— Oh sí. Planean asistir a la ronda de mañana.
—Retírate soldado.
El hombre hizo un saludo y se fue sin rechistar. Guilliani dejó el sillón tan pronto la puerta volvió a cerrarse y se acercó a la chimenea para servirse otro coñac, que calentó entre sus dedos dando vueltas al contenido de la copa mientras tramaba el plan en voz alta.
—Si quieres que algo se haga bien…
Un bufido cansino salió de sus labios cuando Gustav no contestó.
—Lo haces tú mismo. ¡Adrik!
— ¿Señor?
Gustav se sobresaltó, puesto que no había visto que aquel hombre,— que parecía ser importante dado que era el único a quien Guilliani no llamaba por el apelativo de "soldado"—, estuvo de pie junto a la puerta desde el principio.
—Que el helicóptero esté listo por la mañana. Merliev y yo haremos una pequeña visita al beystadio ruso mañana por la mañana.
— ¿Qué? ¿Yo? ¡No, no puedo! — Ni hablar. Él no estaba listo para tomar parte, y dudaba estarlo alguna vez —Tengo mi casa, y mi empleo…
—Seguro que el señor Merliev entiende —El sujeto llamado Adrik definitivamente era importante. Hablaba sin pedir autorización para hacerlo y no había visto a nadie hacer eso en todo el día — que viajar con el señor Ydur es un gran honor y un privilegio que no se le da a cualquier vago…
Guilliani ya tenía cara de gánster matón, así que Gustav asintió no muy convencido. No quería enfrentarlo. Una cosa era acudir con alguien y pedir que hicieran el trabajo sucio luego de enterarse de la verdad gracias a la T.V... y otra muy distinta era verla en vivo y a todo color; la sensación de que podría tocarla seguiría siendo devastadora. Después de todo aquella no era su Juliet.
Lo que menos deseaba era seguir mirando a aquella chica que se la recordaba y no quería seguir siendo consciente de su presencia, de su vida.
Sin embargo, tampoco quería que la causante de la muerte de Juliet anduviera por allí, impune. Y él haría que pagara cada uno de los vidrios rotos en su corazón, cualquiera que fuera el precio a pagar por ello.
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—Hola, chicos.
—Hola Chío.
Luego de quedarse unos instantes detrás de la puerta, se había puesto el pijama —que no era otra cosa que un pantalón de lana y una playera blanca que Hilary le había cedido, desde Austria— y había ido a la cocina en busca de algo para cenar. De verdad moría de hambre. Le llamó la atención lo mucho que debía haber estado concentrada en los acontecimientos del día como para haber ignorado semejante rugir de tripas.
Cuando llegó a la cocina, Tyson merodeaba mordisqueando un pedazo de pan mientras que Max se servía tranquilamente un plato de pasta que — ¡Gracias al cielo!— ya estaba caliente.
— ¿Qué hay para cenar?
—Pasta y bolas de arroz. ¿Quieres?
— ¡Seguro! Estoy hambrienta, no recuerdo haber comido en todo el día.
Tyson dejó escapar un chiflido de sorpresa.
—Debe parecerte muchísimo, Ty.
Ella y Max rieron cuando Tyson asintió. Se sirvió un plato de pasta humeante con la boca haciéndosele agua, y se sentó al lado de Max.
— ¡No olvides la mostaza! —Ya le estaba sirviendo— Oh, cierto. Gracias Maxie. Aunque ¿Sabes? Siempre creí que se llamaba mayonesa.
Fingió estar confusa y Max rió un poco más.
—Cuando era pequeño adoraba la vieja broma, tu sabes Mustard, Must-tard.* y le llamaba así a todo el combo. Mayonesa, kétchup y mostaza. Con el tiempo mis padres aprendieron que lo que yo quería era mayonesa, aunque le llamara mostaza y… creo que nunca pude dejar de decirle así.
—Eso lo explica todo.
Rió por lo bajo imaginado a Judy en su batalla por entender a un Maxie pequeño que no podía dejar de decir mostaza.
—Y ¿Qué tal el viaje?
"Raro" —Eh… bien, creo. Lamento haberme ido sin decir nada. Kai parecía molesto…
—No le hagas caso— como siempre, Tyson hablaba con la boca llena— él también se fue y llego poco antes que tú.
— Oh. Espera, ¿Pelearon? — le preocupaba haber discutido un poco con él si es que ya había discutido con el resto poco antes.
—No. Sólo llegó, preguntó por ti y extrañamente se tumbó en el sofá en vez de ir a su habitación como siempre hace.
— ¿Por mí?
—Si — Tyson hizo su mejor imitación de la cara de póker de Kai, así como de su tono irónico — ¿Dónde está su defensora? — La imitación provocó que Chío riera — luego nos miró extrañado.
—Sólo Rei le dijo que siempre era un placer hablar con él.
Le alegraba ver que lo tomaran con más humor. Quizá puesto que Kai les había calmado los nervios diciéndoles que no planeaba abandonarlos; fuera como fuese, ya no importaba tanto. Tuvo que reprimir una risita histérica; cuando menos podría concentrarse de lleno en Kai. Todavía tenía que convencerlo de que le contara qué le había sucedido a Morgan, eso si no había logrado exasperarlo demasiado.
Quizá debería hacer las paces.
—Mañana iremos a Moscú a ver la siguiente ronda… supongo se pondrá bueno. ¿Te nos unes?
—Suena bien —sonrió. Considerando la distancia hasta Avesley, dudaba que estuviera en los planes de Kai regresar al día siguiente, además de que aunque así fuera, no había vuelto a invitarla.
—Genial.
Tyson había ido a la sala nuevamente y Maxie parecía querérsele unir, así que la dejaron sola. Terminó su sopa y levantó la mesa. Después calentó tres onigiris en el microondas y guardó dos de ellos en una servilleta, mientras mordisqueaba el otro camino a su habitación. Sin embargo, se detuvo en la habitación de los chicos, y asomó la mitad de su cuerpo luego de abrir sin tocar. Estaba a oscuras, pero la luz de la luna iluminaba un poco la cama dejándole ver el pantalón morado brillante de Kai.
— ¿Qué quieres?
—No tienes que ser así de rudo conmigo todo el tiempo, Kai. — Se encogió de hombros, fingiendo un puchero— sólo me imaginé que podrías tener hambre. Te traje un par de onigiris.
—Hmp
Ella rodó los ojos, Kai de verdad podía llegar a ser un necio. Dejó la servilleta sobre una mesita que estaba junto a la puerta y volvió a encogerse de hombros. —Entonces los dejaré aquí. Cuando menos le ahorré a Tyson un viaje de media noche a la cocina. — Luego se fue, riendo suavemente a causa de su broma y dando las buenas noches.
Kai miró con odio la puerta incluso después de que ella se fuera, pero de verdad no pudo resistir el olor de las bolas de arroz así que se levantó y fue por ellas, empezando a mordisquear una. A decir verdad sí que tenía algo de hambre, aunque se preguntaba por qué actuaba ella de esa manera. No le importaba pelear con él por defenderse de sus acusaciones, pero momentos después le traía la cena. Vaya que era una chica rara, nunca podía estar seguro de que haría después.
Y aquello no le agradaba.
/
Al medio día de la mañana siguiente, nuestros chicos ya estaban en Moscú. Habían abordado la furgoneta tan pronto Tyson y Daichí terminaron de satisfacer su gran apetito. Los demás habían terminado de desayunar bastante antes de que eso sucediera. El camino sin embargo fue de lo más lento. Seguro la fricción que había entre la Dinastía F y el Batallón Barthez tanto dentro como fuera del plato, les estaba asegurando el estadio lleno ahora que se enfrentaban. Los medios habían logrado que Barthez y la Dinastía F se liaran en una larga lucha de declaraciones frente a las cámaras durante casi todo el torneo. Ahora que finalmente se enfrentaban muchos parecían tener toda intención de presenciar el encuentro, las largas filas de tránsito en las calles aledañas al estadio eran la viva prueba de eso.
La gente empezó a abandonar los autos a media calle en cuanto comenzaba a hacerse tarde, por lo que los chicos se vieron obligados a abandonar la furgoneta también. Caminaron hasta el estadio, trotando de tras de un emocionado Daichí que estaba ansioso de llegar para encontrar un buen lugar. Y lo hicieron. A decir verdad, desde dentro el transito parecía un tanto exagerado, puesto que el estadio aún no se llenaba y todavía había tiempo de sobra para empezar la beybatalla.
Hiro encontró con la mirada una fila con asientos vacios suficientes para todos ellos y los guió a ella escaleras arriba. Chío reía, bromeando con Tyson sobre la pobre Hilary que no tenía más que hacer algunos pucheros. Sin embargo, camino a los asientos alguien en especial le llamó la atención, sin razón aparente; al menos hasta que descubrió de quien se trataba. Aquél hombre rubio que la miraba con una sonrisa displicente, era el mismo hombre a quien había temido por tanto tiempo; aquél que la mantuvo prisionera en la abadía Austriaca y de quien se había librado hacía poco más de un mes. A su lado, un hombre castaño distraía su atención, no sin que Guilliani dedicara un guiño en su dirección antes de voltear.
Sus ojos se abrieron como platos mientras tomaba asiento entre Hilary y Tyson, un par de filas más arriba. ¿Era posible? Los únicos dos hombres que no debía volver a ver en la vida, y que no creyó ver allí estaban juntos, apenas unos asientos por delante del suyo. ¿Qué podría el marido de su hermana estar haciendo en Rusia? ¿Con Guilliani? Y allí, de todos los lugares en el estadio. No podía verla, sabría de la farsa, la pondría en evidencia… aunque claro, si de verdad ese era Gustav, puede que ya supiera de la farsa. Esa era la única idea que tenía un mínimo grado de lógica.
Luego de aquella deducción empezó a morir lentamente, nerviosa como pocas veces había estado en su vida, con miedos y teorías en ebullición dentro de su cabeza. No podría decir quién ganó la ronda o si se decidió desde el principio en vez de tener una tercera vuelta, por ejemplo. Ni siquiera supo quién había ido contra quién dentro de los equipos; aunque sí era vagamente consciente de que había contestado con monosílabos un par de preguntas y emulado una sonrisa cuando lo creyó necesario.
Los chicos estaban allí ¿Y qué si Gustav la reconocía? ¿Cómo explicaba a ellos que él creyera que era su hermana? ¿Cómo seguir fingiendo con él? Guilliani también debería preocuparle ¿Y qué si sus hombres la estaban buscando? ¿Y qué si Gustav sabía ahora la verdad y se los decía todo? No quiso ni pensar que habrían pensado de ella, o la expresión que habría en sus caras. Especialmente en la de Kai, que seguramente se sentiría traicionado de un modo distinto al resto, por haber confiado en ella. Y aún peor, aquello podría asegurar que jamás dejara que alguien le diera la ayuda que pedía a gritos de silencio. Al menos no le había contado la historia aún…
Pudo notar que Guilliani volteaba a verla de vez en cuando, fingiendo charlar con quien creía que era Gustav. Y eso la ponía nerviosa, a pesar de que tenía entrenamiento para huir… o especialmente por eso. Podía sentir el cosquilleo de la sangre huyendo hacia sus piernas, demasiado acostumbradas a huir; pero no podía hacer algo así sabiendo que probablemente Guilliani no dejaría a los chicos fuera de eso, sobre todo si sabía lo mucho que le importaban.
Tenía que quedarse, tenía que quedarse, había que quedarse. Cielo santo, sabía que se estaba torturando a sí misma, pero temía que si no se lo repetía no habría nada que la detuviera de salir corriendo. Ni siquiera estaba segura de que alguien fuera a ir a por ella, Guilliani era un genio para las torturas psicológicas, ella lo sabía y aquella no era más que otra prueba de ello.
Luego de lo que le parecieron horas, la gente empezó a levantarse de sus asientos y a abandonar el estadio, con la adrenalina emanando por los poros. Los chicos también se levantaron, compartiendo impresiones.
Guilliani permaneció en su lugar, charlando tranquilamente.
— ¿Estás segura de que estás bien Chío? Estás muy callada.
Un escalofrío le recorrió la espina. —Si, si, estoy bien Rei. — sonrió convincentemente. Se dijo que debía lucir más nerviosa de lo que creyó, pero es que la presencia de aquellos hombres allí la tenía francamente asustada. Guilliani no actuaba de un modo tan… tranquilo, de no tener un plan.
Y probablemente era un plan que no le complacería del todo al descubrirlo.
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Hiro suspiró, quejándose de su mala suerte al tener que esperar a que la furgoneta pudiera moverse entre el tráfico de afuera. Max sugirió que el resto podría ir a dar una vuelta mientras tanto, y entonces verse en algún lugar dentro de un par de horas.
— ¡Sí! de verdad quiero volver a la tienda de antigüedades que vimos en la plaza roja.
— Pero Jefe, lo mejor fue aquel restaurante de comida rápida donde no nos quedamos porque había demasiada gente — Ty hizo un puchero.
—Tyson, ¿Es que nunca te cansas de pensar en comida?
Rei rió — Francamente lo dudo. A decir verdad, tal vez deberíamos separarnos. A mí me gustaría visitar el Kremlin de nuevo. Todos sabemos qué evitó que disfrutáramos la visita la otra vez.
La mirada acusatoria fue dirigida tanto a Tyson como a Daichí, mientras el resto reía.
Daichí mencionó algo sobre buscar a alguien que quisiera ser vencido en una beybatalla, Kai un neutral 'Hmp' y Rocío su deseo de visitar el parque que acababan de pasar cuando abandonaron la furgoneta. O al menos, eso dijo para no levantar sospechas. Todo lo que quería en ese momento era salir de allí.
— Entonces los veo en la parte trasera del beystadio. A las tres.
Cuando todos asintieron, Hiro se les adelantó. El resto empezó su camino escaleras abajo. Chío sintió la necesidad de esconderse sólo en caso de que Gustav aún no lo supiera todo. Y su necesidad absurda la hizo intentar volver el escalón que había bajado y chocar contra el pecho de Rei, que estaba justo detrás de ella.
— ¿Chío?
Ella fingió un fuerte estornudo —Lo siento Rei. Ouch. Creo que el estornudo me hizo girarme. — rió nerviosamente, aunque ligeramente aliviada puesto que los dos hombres que la habían tenido tan nerviosa se habían puesto de pie y ya se estaban yendo. Estaba casi fuera de peligro.
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—Vámonos.
— ¿Irnos? Creí que estábamos aquí para… — Gustav interrumpió su propia frase al ver a quien fuera su cuñada y sus amigos abandonar sus lugares y dirigirse a la escalinata.
—Yo nunca dije eso. Anda, Merliev. Tendrás tu venganza, pero no será hoy. Sólo quería que ella lo supiera.
¡Ah! Y estaba seguro de que lo sabía. Habría sido algo delicioso ver más de cerca todo su nerviosismo. Ya habría tiempo para eso… y la venganza sería dulce.
Dejaron sus lugares, salieron del estadio y se dirigieron al vehículo donde Adrik los aguardaba pacientemente. Habían dejado una camioneta de alquiler a sólo unas cuadras, donde el tráfico no se había aglomerado mucho más de lo normal. Entraron en el vehículo y esperaron, sin decir palabra, hasta que vieron una nerviosa figura correr calle arriba.
Su mente brillante a veces lo sorprendía a él mismo, se dijo el rubio. No tenía idea de porqué sabía que tomaría esa ruta, pero lo sabía y eso era lo que importaba. Allí estaba ella, trotando hacia el parque que dijo tener planeado visitar, en un tono demasiado fuerte para su conveniencia.
Sonrió.
— Síguela Adrik. Despacio. Quiero verla correr muerta de miedo.
— Sí señor.
El vehículo se puso en movimiento al mismo tiempo en que Gustav miraba a su acompañante por el rabillo del ojo. De verdad que era perverso el hecho de que disfrutara de ver a la chica sufrir. A él sinceramente le roía la conciencia, pero trató de convencerse a sí mismo de que se debía a que era idéntica a Juliet. Quizá una parte de sí todavía creía que era ella.
La siguieron, variando la velocidad conforme ella lo hacía, más rápido, casi de reversa y después más y más rápido, girando por una calle más transitada pero de mayor velocidad. Una especie de avenida aledaña al rio.
Rocío corrió a tanta velocidad como sus pulmones lo permitieron una vez que tuvo seguro que aquella camioneta de vidrios polarizados le estaba siguiendo. La capa no era de mucha ayuda cuando el ambiente estaba húmedo debido al agua nieve de la noche anterior y sus pantalones cortos y la ombliguera en que se había convertido su playera no eran de mucha ayuda. Atravesó una cuadra, dos, tres. Giró a la izquierda cuando no hubo más calle hacia el frente. Corrió aún más rápido y cuando por fin la camioneta la rebasó, escuchó el rechinido de llantas contra el pavimento a su izquierda. Giró la vista para ver una camioneta negra a escasos centímetros de su posición. No se había preocupado de reparar en el semáforo antes de cruzar y no había terminado de hacerlo cuando se dio cuenta de que la camioneta aceleraba. El claxon de la camioneta que había estado a punto de arrollarla la volvió a la realidad y se sorprendió al ver que era Kai quien conducía.
Mejor aún, se había inclinado a abrirle la puerta del copiloto. Suspiró aliviada, y se subió.
— ¿Quién te enseñó a cruzar avenidas? — la reprendió, aunque no pudo evitar que una chispa de buen humor se hiciera notar en el tono de su voz. — Pude haberte matado.
—Lo siento. Me distraje. — Calló un segundo y luego frunció el ceño — ¿Por qué fuiste por la camioneta?
Kai evitó mirarla, concentrándose en tomar la misma avenida por la que ella había estado corriendo.
—Porque iba a buscarte. Creí que estarías en el parque.
Entonces sí la miró de soslayo, tan rápido que ella no estuvo segura de que fuera cierto.
—Yo también. Espera, ¿Estabas buscándome? — No entendía qué conexión había entre una cuestión y otra, pero tal vez se debiera a que su mente estaba demasiado concentrada en sus pulmones, que comenzaron a arderle tan pronto su ritmo cardiaco emprendió el camino de vuelta a la normalidad.
—No creí que tuviéramos otra oportunidad de hablar a solas hoy— Kai se encogió de hombros como si fuera de lo más normal, pero su expresión se tornó helada inmediatamente. —Mañana vuelvo a Avesley.
Rocío bajó la mirada hacia sus manos, empezando a retorcerse los dedos. No quería ser inoportuna, pero estaba muriendo por preguntarle si la dejaría acompañarlo aunque el que la estuviera buscando hacia que así pareciera. Igual tuvo que hacerlo, porque Kai no dijo nada más.
— ¿Vas a ir solo esta vez? — Cielos, aún le costaba bastante respirar debido al ardor. Kai mantuvo el silencio, pero aparcó junto al parque aquél. Ya no había ni rastro de la aglomeración previa. Todavía miraba por la ventana.
—A menos que quieras regresar.
Ella sonrió. A pesar de que parecía haberle costado mucho, y de que no se lo había pedido formalmente, aquella frase le supo a triunfo en sus oídos.
—Sí, me agradaría hacerte compañía.
Kai soltó un ligero bufido ante la mención del término "compañía". Luego de un par de segundos, por fin volvió a mirarla, reparando en lo mucho que le costaba hablar.
—Deberías comparte un abrigo.
—Lo sé. — Ella sonrió, ligeramente entretenida con su facilidad para cambiar de tema. — pero yo no tengo un sueldo de beyluchadora, Kai. Ni una herencia de Hiwatari. — ella rió por lo bajo. No hacía mucho que los chicos le habían comentado que Kai tenía una mansión allí, bueno, su abuelo en realidad. Se llevaban del asco, el tema era prácticamente un tabú para el equipo completo, pero aquello no cambiaba que Kai fuera el único heredero.
Él rodó los ojos y volvió a encender la camioneta, recuperando un poco el buen humor.
—Necesitas ropa nueva y un abrigo si pretendes que te siga llevando conmigo. Vladivostok es más estival, pero la autopista es fría en el más cálido de los veranos.
Aparcó la camioneta un par de calles después, frente a un conjunto de boutiques y le extendió un par de billetes que escondía en la bolsa interna de su chaqueta.
—Toma. Aún falta media hora para que sean las tres. Si te tardas más de veinte minutos, llegas al beystadio por tus medios ¿Entendiste?
Rocío tomó los billetes, mirándolo extrañada; pero asintió, abriendo de inmediato la puerta y descendiendo. —Gracias Kai. — alcanzó a decir, antes de dar un portazo y entrar en la primer boutique que vio, sabiendo que de todos modos el no habría sabido que contestarle.
Minutos más tarde, volvió con sus compras en un par de bolsas de cartón. Había elegido un abrigo largo con hebillas al cuello, de un morado tan profundo que apenas se distinguía del azul marino. También había comprado una playera de manga larga y un pantalón acampanado verde militar.
— Me alegra que sigas aquí.
— Estaba a punto de irme — Kai encendió la camioneta tan pronto ella cerró la puerta.
—Oh, vamos Kai.
Ella sonrió, sin percatarse que había olvidado del todo su nerviosismo desde que se había topado con Kai. O de que, en cambio, no dejaba de sonreír.
—El beystadio está una cuadra a la derecha. — le indicó Kai.
— ¿No vienes?
—Tengo que dejar la camioneta de vuelta a la pensión. Te veré más tarde.
Ella asintió, tomó sus compras y descendió, quedándose en la acera hasta que Kai dobló una esquina. Cuando llegó al sitio de reunión, Max, Rei, Hiro, Kenny y Hilary ya estaban allí. El resto se les unió más tarde y a eso de las cuatro ya estaban camino a la cabaña.
Rocío suspiró mirando por la ventana una vez que su charla con Hill sobre sus compras terminó. El día siguiente sería un día muy largo.
Más de lo que ella cree mwhahaha. :P ¿Qué tal? ¿Les va gustando? Espero que sí, porque a mi me gustó mucho escribirlo, aunque ahora se me hizo más corto de lo que creí que era. En fin. El próximo capítulo va a ser por mucho el más interesante, pero por lo mismo el más largo. Además el lunes ya debo entrar a clases uwu así que si me tardo lo siento mucho, pero no crean que me olvidé de ustedes porque nada que ver. ¿De acuerdo? ¡No se olviden de los reviews! Y mil gracias por seguir leyendo.
Küsse.
Mixio.
