Capítulo 21: ¿Somos suficiente? Parte I

**Flash Back**

San Petersburgo, Rusia. Veinte años atrás. Febrero

-Por favor, amor. Sólo uno.

-Si yo no lo puedo comer, tú tampoco lo harás.

-Pero yo no subo de peso con un poco de helado y jarabe de chocolate.

-Precisamente por eso. Por favor, Vítya. Ten un poco de compasión por mí. Me prometí no comer nada que pudiera engordarme, por lo menos hasta que haya pasado el Cuatro Continentes.

-Yo… tienes razón, Yuuri. Lo siento.

El japonés vio a su esposo volver sobre sus pasos, a dejar el helado de vainilla y el jarabe donde los había encontrado. Sentía un poco de culpa por privarlo de esos pequeños gustos que se daba cuando era soltero, pero no quería caer en la tentación y darle más motivos a Yurio para que lo siguiera llamando cerdo. Y es que, de verdad estaba asombrado por la increíble capacidad del cuerpo de Víctor para comer lo que sea, en las cantidades que se le antojaran, sin aumentar un solo gramo a su peso. Los rusos y su maldito y excelente metabolismo.

-Mira, Yuuri. ¿Qué tal una rica ensalada de frutas? -el peliplata regresó con las manos repletas de todas las variedades de frutos que encontró en el pequeño supermercado.

-Suena delicioso, amor -respondió Yuuri, reconociendo que Víctor se esforzaba por hacer las cosas lo mejor posible. Además, le encantaba ver su tierna sonrisa de pequeño orgullo.

-Creo que ya completamos la lista -dijo Víctor, borrando el último elemento del inventario de la despensa -Bien, entonces vayamos a pagar. Es mi turno.

-No es cierto. Tú pagaste la última vez. Esta semana me toca a mí -replicó Yuuri, haciendo memoria del trato exigido por él, en el que se alternaban por semanas los costos de la casa.

-Aún es sábado por la noche. La semana no acaba -respondió el ruso, triunfante, tomando el control del carrito de compras y dirigiéndose a la caja registradora.

Yuuri lo miró con diversión y decidió no discutir. Ya encontraría el modo de vengarse. Después de pagar, y de que cediera a la insistencia de Víctor por unas pocas de golosinas, salieron de la tienda y se dirigieron hacia la calle, platicando con bastantes ánimos, hasta que Yuuri se detuvo abruptamente.

- ¿Qué pasa, amor? -preguntó, notando el cambio de expresión en su esposo.

-Yo… olvidé comprar algo.

- ¿Quieres que vuelva?

-No, yo iré. Espérame aquí -respondió Yuuri, dejando las bolsas en manos del ruso.

- ¿Seguro? ¿Qué olvidaste?

-Pues…

-Víctor Nikiforov… que agradable sorpresa… -interrumpió una voz delgada, seductora y… femenina.

El peliplateado giró rápidamente la cabeza, para encontrarse con una sensual sonrisa, de labios rojos y carnosos, en un rostro blanco y de finas facciones, con ojos verdes y brillantes y un largo y sedoso cabello negro. Víctor se quedó estupefacto unos segundos, cosa que no pasó desapercibida por Yuuri, quien se sonrojó ligeramente cuando la mujer se percató de que la estaba observando fijamente. Un extraño sentimiento se apoderó del japonés y en ese momento, más que nunca, deseó estar sujeto a la mano de Víctor, como si quisiera demostrar que ese hombre era suyo.

-Wow... Laryssa. Esto es… quiero decir… hola… -tartamudeó Víctor, claramente sorprendido por la presencia de la mujer - ¿Cómo estás?

-Muy bien. Y, por lo que veo, tú también -respondió ella, tocando ligeramente el brazo del ruso, lo que encendió la alerta en Yuuri - ¿No me presentas?

La pregunta pareció descolocar a la pareja, y Yuuri le dirigió una mirada prácticamente aterrada. ¿Quién diablos era esa mujer y porque estaba tocando a su esposo con tanta confianza?

-Oh, sí claro. Laryssa, él es Yuuri Katsuki-Nikiforov, mi…

-Tu esposo -completó la mujer, con una sonrisa y tendiéndole la mano al pelinegro -Es un gusto, Yuuri. Soy Laryssa Novikova, una vieja amiga de Víctor, quien nunca imaginó verlo casado.

-Es… un placer -contestó Yuuri, nervioso, no sabiendo si hacer la reverencia tradicional o solo tomar su mano. Se decidió por sólo devolver un gesto. Se estremeció al sentir el suave, pero frío contacto de la mano de ella.

-Vaya, Víctor. Este hombre es increíble. Los felicito mucho. Aunque debo decir que me sorprendió muchísimo que te casaras con un hombre, pero no tanto como que no llegara mi invitación. Creí que éramos buenos amigos, después de todo. ¿No es así? -Yuuri podría haber jurado que el sarcasmo de Laryssa era lo más mordaz que había escuchado en su vida.

-Yo… lo siento. Sabes que soy olvidadizo -se excusó Víctor, que parecía no notar el tono que usaba su amiga -Además, fue algo bastante privado. Asistieron solo nuestros amigos más cercanos.

-Oh, no te preocupes, cariño. Lo entiendo a la perfección -nuevamente, Yuuri sintió que su interior hervía al verla reposar su mano tan tranquilamente en el hombro de Víctor -Yuuri, espero que no te importe que te robe unos minutos con tu fantástico esposo, pero, ahora que lo encontré por casualidad, me gustaría platicar con él.

-Creo… creo que está bien… yo tenía que regresar a la tienda. No tardo, Vitya -indicó él, dejándole las compras a Víctor y caminando lo más rápido que podía hacia el interior del comercio, sin darle tiempo a que el ruso dijera algo.

Estando adentro, se dirigió rápidamente al pasillo donde se encontraban los helados. Apenas unos minutos atrás, había decidido que no podía privar a Víctor de algo solo porque él no tenía fuerza de voluntad, por lo que decidió que le compraría su helado y su chocolate. Pero en ese preciso momento, todo se había convertido en la vía de escape más rápida que se le presentó.

Sin poder explicar por qué, la presencia de Laryssa lo abrumó desde que la vio. Desde que fue testigo de cómo Víctor cambiaba radicalmente, de animado y alegre, a nervioso e inquieto. No le gustaba para nada esa sensación. Se suponía que él era el único que lograba desequilibrarlo. Apretó con fuerza el bote de helado en sus manos. Sí, estaba celoso y desesperado. Le corroía el interior no tener idea que quien era ella y que podía querer hablar con su marido. Le fastidió sobremanera que pusiera sus manos sobre él, y aún más, que a él pareciera no importarle.

Cualquiera que escuchara sus pensamientos, diría que Yuuri se estaba sufriendo de celos enfermizos. Pero no era así. Víctor convivía en el día con bastantes mujeres, dentro y fuera de la pista, y ninguna de ellas había representado un problema para el japonés, ni siquiera Mila, que se la pasaba abrazando a su esposo, como si de un enorme oso de felpa se tratase. Ellas no le provocaban nada más que diversión. Pero Laryssa tenía algo, que había logrado que sus instintos de alejarla de lo que era suyo brotaran.

Se apresuró a pagar lo que había escogido, porque no estaba soportando la idea de que Víctor estuviera solo con esa mujer. Pero la sorpresa le dio de lleno cuando, apenas puso un pie fuera del establecimiento, escuchó la peculiar risa de él, seguida de la de ella. Con el corazón latiendo con fuerza en su pecho, se acercó cautelosamente a donde ambos charlaban. Víctor notó inmediatamente su presencia y le pasó una un brazo por sus hombros, acercándolo a su cuerpo, en donde siempre se sentía seguro.

-Yuuri, estuve platicando con Laryssa y al parecer tiene una interesante propuesta para mí. Ella entrena chicas para el patinaje, ¿no es genial?

-Sí, vaya que lo es -respondió el japonés, fingiendo una mueca de sorpresa lo mejor que pudo.

- ¿Podrías prestarme a Vítya unas horas, Yuuri? -pidió Laryssa, haciendo un gesto tierno, que parecía un arma potencialmente seductora a ojos del pelinegro.

-Amor, ¿te importaría que me fuera y que tú volvieras solo a casa? Solo será un rato y llegaré para la cena -la expresión de Víctor si era tierna, y, aunque Yuuri sentía que su ánimo había caído por los pisos, no pudo decirle que no le parecía.

-No hay problema. Yo me encargo de todo. Te espero en casa, amor -no supo que se apoderó de él, pero antes de despedirse de Laryssa, dejó las bolsas en el suelo, pasó sus manos por la nuca de Víctor y lo atrajo a sus labios, en donde depositó una serie de fuertes y anhelantes besos. Sí, que le quedara claro a quien sea que fuera ella, que era su esposo.

Cuando se despidió de Laryssa, esta le sonrió de una manera que Yuuri entendió como retadora y altanera, aunque trató de convencerse de que solo lo estaba imaginando. Vio a su esposo y a ella alejarse hacia un lujoso coche. Esperó a que Víctor se despidiera de él por última vez, a lo lejos, y que el auto saliera del estacionamiento para tomar las compras y dirigirse al departamento de ambos.

El camino hacia su casa fue extraño. Se sentía particularmente solo, o casi abandonado. No estaba procesando muy bien la idea de que su esposo hubiera salido a divertirse con una mujer que no le inspiraba un mínimo de confianza, sino todo lo contrario. Pero tampoco podía desconfiar de él. Estaba seguro de que Víctor lo amaba y que no haría nada que dañara a Yuuri o su matrimonio.

-Eres un tonto, Katsuki -se recriminó, ante tantos pensamientos fatalistas que estaban acudiendo a su mente.

Llegó a su hogar, pero una vez adentro, un sutil sentimiento de soledad se apoderó de él. Hubiera querido que ambos llegaran juntos, platicando de cualquier tontería. Podrían haber dejado la organización de la comida para después, y en su lugar, habrían hecho el amor unas cuantas veces en la sala, tal vez en su cuarto y terminar sobre algún otro mueble. Le encantaba cuando eso pasaba. Y tal vez estaba siendo melodramático, pero en verdad sentía angustia dentro de su corazón, y lo único que quería era envolverse en sus cobijas hasta que Víctor llegara, y le hiciera saber que estaba ahí y que nunca volvería a ver a Laryssa, porque Yuuri era más importante que una vieja amiga.

Mientras arreglaba las cosas en la cocina, una idea asaltó su mente. Víctor no tenía relación alguna con alguien que no fuera del medio del patinaje o algo que tuviera relación con el mundo artístico. Entonces, ella tendría que conocerlo de ahí. Se dirigió a la sala, con un té en sus manos, y abrió la computadora portátil. Su mente le gritó que no lo hiciera, porque seguramente se arrepentiría. Pero se sentiría peor si no averiguaba algo. Entonces tecleó: "Laryssa Novikova".

En la sección de información, confirmó sus primeras sospechas. Ella había sido una de las mejores patinadoras de Rusia. Había cientos de fotos de sus presentaciones. Y tuvo que admitirlo, era hermosa. Si figura era fina y con curvas armoniosas. Siempre llevaba una sonrisa blanca y amplia, su mirada era seductora, y tenía una sarta de admiradoras que la consideraban una de las mujeres más hermosas.

Más abajo, encontró sus datos. Tenía 35 años recién cumplidos, había nacido en Volgogrado, al sur de Rusia. Se había mudado a San Petersburgo cuando tenía diez años, para entrenar en el patinaje artístico bajo la tutela de Yakov Feltsman, quien la instruyó hasta su retiro, cinco años atrás.

Yuuri sorbió de su taza. Entonces sí era como él lo pensó. Probablemente eran amigos. Pero… ¿qué tan buenos amigos? No tuvo que investigar mucho más para saberlo. En cuanto lo vio, su estómago se revolvió y sintió que un fuerte nudo en la garganta le impedía respirar.

"Laryssa Novikova anuncia el fin de su romance de un año con la estrella Víctor Nikiforov", anunciaba el titular de una noticia salida hacía casi cuatro años. Para Yuuri, todo tuvo sentido. Recordó con claridad la plática que ambos habían tenido el día antes de la boda. Había tenido una novia a la quiso mucho, con la que se entendido demasiado bien, en todos los sentidos, el sentimental… incluso el sexual.

Se notaba que así había sido. Encontró algunas pocas imágenes en donde los habían captado en alguna clase de cita o paseo. Ella siempre iba de su mano, y él sonreía mucho, se veía feliz. Yuuri se preguntó si Víctor tenía la misma sonrisa cuando salía con él.

El desbordante de su impresión se la llevó la imagen de una primera plana de revista, en donde Víctor y Laryssa habían posado en lo que a todas luces era una magnífica relación, compartiendo un magnífico beso.

No quiso ver una sola imagen más. Dejó todo como estaba, incluso su taza de té y fue a refugiarse a la cama que compartía con Víctor, que de pronto se sintió muy fría. ¿Por qué estaba haciendo eso? ¿Qué estaba haciendo con ella?

"No, Víctor jamás haría algo como eso" se repetía incesantemente. Estaba seguro… casi. Porque… Víctor se veía muy feliz de verla, y aún más de salir con ella. Pues claro que así debía ser. Ambos eran increíbles, guapos, exitosos, carismáticos, atractivos, seductores… Y Yuuri era… Yuuri. ¿Qué podía hacer contra Laryssa? Probablemente Víctor había salido con ella porque extrañaba esa clase de momentos. De una mujer y un hombre. ¿Yuuri que podía ofrecerle que no se lo diera ya una mujer?

Sendas y constantes lágrimas resbalaron por sus mejillas y mojaron la almohada. No se había sentido así desde un tiempo atrás, meses antes de la boda, cuando Víctor tuvo que pasar unas cuantas horas convenciendo a Yuuri de lo mismo que, de nuevo, volvía a dudar.

¿Por qué lo había escogido a él? Había mujeres hermosas como Laryssa, e incluso, podía ser que hubiera más hombres, con los que Víctor se viera todavía más fantástico. Alguien que le ofreciera lo que él no podía. Alguien que le diera lo que él no tenía.

Con los ojos llorosos, miró la hora en su celular. Eran casi las doce de la noche, y no tenía un solo mensaje de él, de su esposo. Seguramente lo estaba pasando bien.

0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0

Llegó cerca de las dos de la madrugada. El departamento estaba en completa oscuridad, lo cual le causó extrañeza. Su esposo siempre dejaba una luz prendida cuando tenía que llegar tarde. Fue a la cocina a tomar un vaso de agua, y encontró todo en su lugar, a excepción de la tetera con agua fría. Después de conocer a Yuuri lo suficiente, sabía que usaba cualquier té que tuviera a su alcance para tranquilizarse cuando algo se salía de su control. Y, viendo la taza con la verde y helada bebida y la computadora abierta y abandonada a mitad de la sala, tuvo un mal presentimiento, pues. Yuuri no solía dejar las cosas en algún lugar que no fuera el que lo correspondía.

Primero, abrió ligeramente la puerta de la habitación de ambos y se aseguró de que Yuuri estaba completamente dormido. Tuvo la intención de ir y darle algunos besos para hacerle saber que ya estaba ahí. Pero antes quería saber que lo había molestado. Regresó a la sala y, después de dejar la taza en el lavavajillas, prendió la computadora. Ni siquiera tuvo que hacer un mínimo esfuerzo para saberlo.

Esa era una nota muy vieja, y bastante injusta, a decir verdad. Alababan una relación que ya estaba quebrando, y que se quebró meses después. Pero lo entendía. Lo más probable es que Yuuri estuviera enojado porque había salido con su ex novia. Y a Víctor le resultaba algo gracioso. Porque Yuuri podría haberse imaginado un cúmulo de escenarios fatídicos. Y todos estarían lo más alejado a la realidad que fuera posible.

Decidió que dejaría a Yuuri dormir y le hablaría de las fantásticas propuestas de las que Laryssa le había hablado durante toda la noche. Eran tan geniales y le habrían provocado tal entusiasmo, que estaba seguro de que Yuuri sentiría lo mismo.

Se deshizo rápidamente de toda su ropa, se lavó los dientes para darle un fresco beso de buenas noches y se deslizó entre las sábanas. Yuuri estaba hecho un ovillo en la orilla de la cama, así que, de la manera más cuidadosa posible, lo atrajo hacia él, enredó sus piernas con las del japonés. Dejó un beso en el cuello de su dulce pelinegro, que fue respondido con un leve quejido. Víctor río y lo abrazó con fuerza por encima de su abdomen.

-Te amo tanto, Yuuri.

Y durmió con seguridad y tranquilidad. Con su hermoso esposo a su lado.

0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0

Lo primero que hizo al despertar fue llevarse una mano a la cabeza. Le dolía como pocas veces lo había hecho. Sus ojos pesaban, probablemente por haber llorado hasta quedarse dormido. Después, fue consciente de que Víctor estaba prácticamente enredado a él. Descansaba con la tranquilidad de una piedra y tenía los labios pegados a su hombro. Eso nunca lo molestaba. Primero, porque vivían en Rusia y ese lugar siempre era frío por las mañanas, y el calor humano de su esposo reconfortaba. Segundo, porque nunca se cansaría de ver lo bello que era Víctor y como Yuuri era a lo que más se aferraba. Lo hacía sentir muy amado.

Pero entonces recordó de golpe todo lo que hizo sentir tan miserable por la noche. Y entonces deseó fuertemente separarse de Víctor. No podía fingir que no sabía lo que pasaba. No podría despertarse y acceder a las caricias de Víctor, esas que lo hacían sonrojarse a morir, pero que llevaban a uno de los actos más hermosos y placenteros. No sabiendo que Víctor deseaba más y él no podía dárselo.

Con toda la paciencia que le fue posible, se deshizo del vehemente abrazo del peliplata y salió de la cama. Fue directo a la cocina a buscar alguna pastilla que le ayudara con la jaqueca. Una vez tomada, y con una humeante taza de café en sus manos, se sentó en la mesa, bajo la matutina luz del sol. No estaba pensando en nada absolutamente, porque sabía que esos pensamientos lo romperían de nuevo. Resolvió esperar ahí hasta que Víctor despertara y le ofreciera la explicación que creía que se merecía.

No tuvo que esperar más de media hora. Escuchó los particulares pasos cansados de su esposo moverse al interior de la habitación, y unos minutos después salir de ella.

- ¡Yuuri! Buenos días, amor -saludó, con un humor radiante, abrazando al japonés por el pecho.

-Buenos días, Víctor. ¿Dormiste bien? -preguntó, sin ningún sentimiento en su voz.

-Muy bien. Cuando llegué estabas dormido.

-No tuve una buena tarde -soltó de repente, enrojeciendo al descubrir que eso a Víctor no lo había sorprendido en lo absoluto.

-Supongo que te enteraste de cosas que no te agradaron -dijo, señalando a la computadora en la sala -Eres muy curioso, pero pudiste preguntarme eso a mí.

-Lo habría hecho, de no ser porque mi esposo se fue toda la tarde y la madrugada con su ex novia -espetó, provocando una mueca de confusión en Víctor.

-Laryssa es una buena amiga, Yuuri. Tenía algunos años que no la veía -intentó explicar, pero se topó con que el japonés le desviaba la mirada -Yuuri… ¿me estás escuchando?

- ¿Te divertiste? Porque para eso son los amigos, para pasar un buen rato. Ella parecía muy entusiasmada.

-Pues sí. Pasamos un buen rato. Tenemos muchas memorias, amor. Fue divertido recordar, además…

- ¿Recordar qué? ¿Los tiempos en donde eran la pareja modelo? Porque es ella, ¿no? De la que me hablaste en Barcelona, la que es cinco años mayor que tú y con la que te entendías muy bien.

-Yuu… Yuuri… bueno, sí. Es ella. ¿Pero eso que tiene que ver? ¿Estás enojado? -Víctor notó que el pelinegro sujetaba con fuerza la taza en sus manos, además de que su ceño se había fruncido.

-Sí. Estoy enojado. Ella no me agrada -sentenció Yuuri, levantándose de la mesa y alejándose de ahí.

- ¡Yuuri! ¿A dónde vas?

-A darme un baño.

-Bañémonos juntos.

- ¡Ni se te ocurra acercarte, Víctor!

Yuuri intentó cerrar la puerta, antes de que el ruso entrara al baño con él, pero no contaba con que este prácticamente se arrojara al interior, y sin dar tiempo a que el japonés reaccionara, se abalanzó sobre él y lo abrazó por la espalda.

-Amor, no estés enojado -pidió, restregando su nariz en el cuello de Yuuri.

-Oh, gracias. No se me había ocurrido. Ahora estoy mucho mejor.

- ¿De verdad?

- ¡No! ¡Aléjate, Víctor! -utilizó sus manos y toda la fuerza que tenía para separarse del cuerpo de su esposo, quien, después de ver que Yuuri iba en serio con el enojo, se apartó de él con cautela, viéndolo como si estuviera arrepentido por algo que no entendía.

-Pe… pero Yuuri. ¿Qué hice? ¿Es porque llegué tarde? Si es así, lo siento, en verdad. Encontramos en el bar a otros amigos y perdí la noción…

- ¿Bar? ¿Estuviste con ella en un bar? ¿Llegaste ebrio a la casa?

- ¿Qué? No, Yuuri, claro que no. Solo tomé un par de copas -tomó sus manos, a pesar de que el pelinegro puso resistencia - ¿Es eso? Por favor, amor, dime que pasa. No estoy entendiendo.

- ¿Qué pasa? ¡Ella es lo que pasa! ¡No tolero la idea de que salga contigo!

-Pero, Yuuri… no la conoces. Laryssa es muy agradable, amistosa…

-Sí, seguro que es amistosa. Yo también lo soy, pero creo que me falta la parte del coqueteo. Creo que le gustan tus brazos.

-Ella no estaba coqueteando conmigo, Yuuri -replicó Víctor, casi sin poder creer de lo que estaba hablando.

-Pues o soy un paranoico o tú demasiado iluso -Yuuri se soltó nuevamente de Víctor y se alejó para dejar correr el agua de la ducha, que no fue usada, porque el ruso lo tomó de la mano y lo jaló hacia él.

- ¿Crees que no me daría cuenta si alguien intentara seducirme? Sé cómo es ella. Su… manera de ser es algo…

-Seductora.

-Sí, y siempre ha sido así. Pero no haría nada que yo no le permitiera. Yuuri, Laryssa es solo una buena amiga. Como lo es Phichit o Minami para ti.

-Mala comparación, Vitya. A ti no te agrada que ellos me abracen demasiado. ¿No me dijiste que te sentías celoso porque como llevábamos nuestra amistad?

-Sí, lo dije. Pero yo confío en ti, amor. Y si me pongo celoso es porque me da miedo que todos descubran lo espacial que es mi Yuuri y me lo quieran quitar.

-Pues todos saben lo increíble que es mi Vitya, y todos me lo quieren quitar.

Después de decir eso, Yuuri no pudo más. Se aferró al torso desnudo de Víctor, escondió su rostro en el cuello de Víctor y lloró una vez más. De impotencia y enojo. ¿Cómo diablos Víctor no podía darse cuenta de lo que esa mujer estaba haciendo? ¿Cómo no podía ver lo que él estaba sintiendo?

Sin ser muy consciente de cómo, se encontró debajo del agua caliente, la cual lo hizo sentir más reconfortado. No se dio cuenta en que momento Víctor se había deshecho de la ropa de ambos. Bajo el agua, regalaba tiernas caricias sobre su espalda y masajeaba su cabello.

-Yuuri, amor. No son solo celos, ¿verdad? -preguntó, y percibió como Yuuri negaba y un débil "no" salía de sus labios -Dime que sucede, Yuuri, por favor. Me preocupas -tomó el rostro de su esposo entre sus manos e hizo que lo viera a sus ojos. Víctor estaba seguro que la mirada de Yuuri era lo más hermoso que había visto en su vida, pero le provocaba una terrible angustia ver sus orbes llorosas e inundadas en lágrimas de tristeza.

-Yo… yo no soy… no soy Laryssa -respondió entrecortado, bajando la mirada, pero volviendo a subirla por insistencia de Víctor.

-Eso lo sé. Pero no te entiendo, Yuuri.

-Víctor… vi las fotos. Incluso había un video… y ustedes… se veían tan felices e increíbles. Tú te veías radiante… y yo… yo me pregunté… me pregunto si así te ves cuando estás conmigo -no resistió el peso de sus palabras y volvió a ocultar su rostro de la mirada de Víctor, quien no hizo nada para impedírselo y guardó silencio un momento.

- ¿Eso es todo?

-También pensé en que… bueno… ella es una mujer, una muy atractiva. Y yo… soy yo. No destaco mucho y tampoco podría darte nunca lo que ella te puede dar. Víctor… -Yuuri se levantó y vio la mirada ausente del ruso. No estaba viendo a ningún punto en específico. Puso una mano en la pálida mejilla -Víctor, yo… quisiera saber… llevamos dos meses de casados, pero… tú… ¿Tú crees que escogiste bien? ¿Crees que hiciste lo correcto en estar conmigo? Yo… yo no puedo hacer lo que ellas sí. Yo creo que soy muy pequeño si me comparas conti…

No terminó de hablar. En ese instante, Víctor cambió su semblante por uno de verdadera molestia. Tomó la muñeca de Yuuri, cerró el paso del agua y salieron al cuarto, sin importarle que estuvieran desnudos o que la humedad de sus cuerpos salpicara todo en la habitación.

-Mírate -Víctor dejó a Yuuri frente a un espejo de cuerpo completo que tenían en su habitación. Lo soltó y se posicionó junto al cristal, para quedar de frente a Yuuri, en quien clavó su fría mirada -Yuuri, mírate al espejo.

-No… no quiero… -Yuuri se puso completamente rojo y escondió el rostro entre sus manos. Por lo menos hasta que sintió a Víctor apartándolas, tomándolo de las mejillas y haciendo que se viera al espejo.

-Yuuri, obsérvate y dime que ves.

-A… a mí… te veo a ti…

-Hay más, Yuuri. Hay más en ese espejo, dime que más ves.

No podían decir que no lo había intentado. Su mirada dio un rápido recorrido por su desnudo cuerpo. Quiso hacerlo, quiso ver más allá de lo que estaba a simple vista. Pero no pudo. En algún punto, su vista se concentró en la espalda al descubierto de Víctor, tan perfecta, tan suave, tan sublime. Y luego estaba él. Yuuri. ¿Quién era Yuuri junto a Víctor? "Un fanático con mucha suerte" pensó. Y el razonamiento fue tan fuerte, que se dejó vencer por el peso de su aflicción y cayó de rodillas al suelo, llorando a mares, pensando que Víctor debería alejarse en ese momento. No quería que lo viera así. Tan débil.

Instantes después, que le parecieron una eternidad, Víctor se hincó a su lado y entrelazó una de sus manos.

-Yuuri, si tú no puedes ver lo que yo veo, entonces no me vas a entender -con la punta de sus dedos retiró las lágrimas y lo vio directo a los ojos -Mi Yuuri… mi inseguro Yuuri… No he hecho un buen trabajo como tu entrenador, ¿verdad?

- ¿Eh?

-Se supone que debo devolverte la confianza. Pero no lo he hecho. Así que arreglaremos eso ahora.

-Pero Víctor… no hace falta…

-Claro que sí. Porque sigo sin poder creer que tu belleza pase inadvertida para ti mismo -lo ayudó a ponerse de pie y se colocó detrás de él, mirando de nuevo al espejo, cosa que seguía sin ser de su total agrado -Vamos a ver… Empecemos por aquí -tocó un punto en su sien -Mi Yuuri es un hombre muy inteligente, testarudo y necio, pero es brillante.

-Víctor…

-Luego mira esto -señaló sus ojos -Tienes la mirada más hermosa que he visto en mi vida. Color chocolate, un poco rojiza. Y expresiva. Brilla cuando estás esperando algo. Me dice cuando estás triste y cuando estás feliz. Aún recuerdo como me viste el día de la boda. Como enamorado.

-Sigo enamorado, Vitya -replicó Yuuri, tratando de girar hacia él, pero impedido por los brazos que lo acorralaban.

-Lo sé. Lo veo cada mañana al despertar. ¿Ya viste tus labios, Yuuri? Son muy lindos. Mis mejores momentos los he vivido pegado a ellos. Dicen cosas interesantes y unas cuantas tonterías. Palabras de amor, algunos regaños, consuelo y fortaleza para otros. ¿Cuándo empezarán a decir lo mismo para ti, Yuuri?

-Detente, Víctor, por favor…

-Quiero que mires tu cuerpo, Yuuri.

-No es perfecto. Se nota que estaba gordo. Aquí -el japonés señaló sus caderas, en donde se notaban estrías y pequeños surcos de piel, resultados del abrupto cambio en el peso del chico.

-Estas imperfecciones te hacen todavía más perfecto. Porque demuestran que te esforzaste, que diste todo de ti. Qué no te rendiste hasta que lo lograste. ¿Sabes cuántas personas quisieran tu determinación? ¿Por qué tú no ves lo increíble que eres? Yo lo veo, Yuuri. Lo veo todos los días, y cada vez me siento el hombre más feliz.

- ¡Víctor! Pero ella…

-Ella es una persona, y tú eres otra. Y yo estoy enamorado y casado de la persona que está frente a mí.

-Pero tú necesitas…

-A ti. Sólo a ti -Víctor lo giró para que sus pechos quedaron pegados y pudieran sentir sus corazones desbocados -Nada de lo que hay allá afuera me interesa si no tengo a mi Yuuri.

-Amor…

- ¡Sí! -el grito de Víctor asustó a Yuuri, quien cayó sobre la cama -Soy tu amor y tú el mío. Me lo prometiste. Tengo un papel que lo demuestra.

Por fin, Yuuri se rindió ante las palabras de Víctor. Habían calado en lo más profundo de sus inseguridades. Aún pensaba que no tenía manera alguna de ofrecerle lo que ella o cualquier otro podía darle. Pero, si lo pensaba un poco más, ellos tampoco podían darle lo que Yuuri le daba todos los días. Amor incondicional y una completa devoción. Porque Yuuri no sería de nadie ni de nada antes que de Víctor.

-Lo siento, Víc… amor -Víctor sonrió, sentándose a su lado y atrapando una de sus manos -Es que… creo no concibo la idea de… de que puedas alejarte de mí…

-Desde hoy y para siempre… -dijo Víctor, jugando con la argolla en el dedo de Yuuri -Eso dije después de que oficialmente estuviéramos casados. Y lo decía en serio. Desde ese día, y para siempre, estaré a tu lado. No te das cuenta, Yuuri, pero a veces creo que te necesito más de lo que tú a mí.

-Y soy tuyo y eres mío -el pelinegro recordó sus propios votos y las palabras que encerraron toda una promesa de vida.

-Sí. Solo tuyo. De nadie más.

Y se lo demostró besándole fervientemente. Como quiso hacerlo desde que lo vio tan derrotado. Por supuesto que su querido esposo aún estaba en un camino inconcluso para reconocer su propio valor, su propia belleza y lo que había conseguido por su propia cuenta. Pero para eso estaba Víctor. Para acompañarlo en ese camino. Para ser su guía, y a veces su tabla de salvación.

¿Cómo se le podía ocurrir que Laryssa o quien sea podría darle algo más de lo que Yuuri ya le daba? Estaba seguro de que en su esposo tenía todo lo que anhelaba y lo que podía desear.

O tal vez… casi todo.

0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0

¡Hola hermosas personas que me siguen leyendo! Cada día crece más y más el número de personas que siguen esta historia, tanto en FanFiction como en Wattpad y yo no tengo nada más que hacer que agradecerles con todo mi corazón de escritora (que por ahí dicen que es cruel y despiadado). De verdad, muchas gracias a quienes se toman el tiempo de leer este esfuerzo y un doble agradecimiento a quienes me comentan, porque así puedo saber qué es lo que piensan o esperan, y eso me ayuda a perfeccionar las ideas originales, que aún siguen en pie, y que se acercan cada vez más.

Creo que no tengo nada más que decirles. Espero que hayan disfrutado este capítulo. Retratar un personaje como Yuuri es complicado, porque lo vemos tan inseguro de sí mismo durante toda la serie, incluso en los últimos capítulos, que me resultaría ilógico que no tuviera otro ataque de inseguridad después. Pero bueno, tiene a su Vitya, que, aunque no sabe mucho de sentimientos ajenos, hace lo que puede.

En el siguiente capítulo retomamos la historia corriente, y la segunda parte de este capítulo vendrá después, con algo que ya estaban esperando y que me preguntaron desde que empecé a escribir. Espero que sepan a qué me refiero.

Bueno, ahora sí. Me despido de todos. ¡Los amo! No olviden dejar sus comentarios.

Zryvanierkic: Espero que ya te encuentres bien, o por lo menos mejor. No sabes lo mucho que me emociona que consideres una joya mi capítulo. Es más, de lo que puedo pedir. Tu fan interna me asustó, porque sentí, la primera vez que lo leí, sentí que o no lo había gustado o había sido demasiado. Pero después de releerlo, entendí que tu fan captó el sentimiento que quería dar. Básicamente, indignación. Lo sé, todos se están portando de las maneras más equivocadas, y los que no tienen la culpa lo están pagando. Pero creo que entiendo de alguna manera a Víctor y Yuuri, de cierta forma, ellos están defendiendo no nada más a una de sus hijas, sino que defienden lo que sientes y ven reflejado en las chicas. Víctor se fue a otra habitación con Sasha, porque sabe que para Yuuri sería molesto que la persona con la que acaba de pelearse esté durmiendo a su lado, además de también necesita su espacio para tranquilizarse. O eso es lo que piensa, ya sabemos que Vitya está medio loquito. Lamento decirte que sí, el drama sigue, y tu corazón tendrá que ser fuerte, aunque aún falta para lo interesante. Pues no importa lo pasado, pero ahora quiero saber porque piensas que Yuuri se sintió abandonado. ¡Es tu culpa por alimentar mi curiosidad! Anota todas tus teorías para que no las olvides. Espero que esta entrega te haya gustado y no haya sido tan devastadora ¡Te envío muchos saludos!

Aizawa-Hana: Me encanta tu deseo porque el caos llegue a esta bonita familia. Solo te puedo pedir paciencia, porque es algo que se irá construyendo, no falta demasiado, pero lleva su proceso. Tu disfruta del momento. Yo tampoco creo que sea algo como favoritismo, solo creo que, como papás, siempre estaremos más inclinados por uno de nuestros hijos, lo cual no hace que amemos menos a los otros. Supongo que es cuestión de identificación. ¡Lamento mucho el spoiler! Según yo, lo iba a anunciar. Te prometo que, si vuelvo a poner uno, pondré una advertencia en letras mayores. Ya escogí los nombres, pero gracias de igual manera, puede que me sirvan para algunos otros pequeños personajes nuevos. No te diré cuanto falta para lo de los papeles de adopción, pero prometo que eso no va a doler, no tanto, pienso yo. Gracias por seguir leyéndome y por tus increíbles comentarios que siempre me animan. Espero que esta entrega te haya gustado. ¡Saludos!

Estrellas de Papel: ¡Tu corazón! Lamento que haya sentido dolor… y que aun falte más agonía *inserta risa malvada*. Sí, yo también lo siento mucho por Sasha. Es un niño muy sensible y estos problemas lo lastiman. Pero ni modo, así tienen que ser las cosas. Gracias por el corazón y por los buenos deseos. Me levantas el ánimo. Espero que haya gustado este capítulo y te envío muchos saludos.

Sakura furinji: ¡Ya sé! A mí me duele también que mis hombres se peleen, pero, es que hay que aceptarlo, son muy difíciles y cada quien tenía su motivo de estar enojado. Preparen los pañuelos que pronto empieza lo más dramático. Gracias por el comentario. ¡Saludos!

Maryteresaichimo: ¡Muchísimas gracias por tu comentario! ¡Me sacas una enorme sonrisa! Sí, creo que, además de estar enojados, las peleas también son parte de la convivencia, pero es que esta familia además de eso, es dramática a morir (solo hay que ver quiénes son los papás). Espero que este capítulo haya sido de tu agrado y si así, que se merezca un comentario. ¡Saludos y muchas gracias!