Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a J.K Rowling, a excepción de los de mi invención.


A penas una rendija de luz entraba por la ventana en la habitación, marcando las siluetas de Sirius y Astrid. Ella comenzó a desperezarse lentamente, era su día libre, por lo que podía dormir hasta la hora que quisiera. Al sentir que la mujer se movía, Sirius se estiró y la abrazó contra su cuerpo reteniéndola.

-¿Qué hora es? –susurró Sirius sin abrir los ojos.

-Temprano.

Sirius suspiró y volvió a acomodarse para seguir durmiendo, pero los planes de Astrid eran otros. Se dio vuelta y empezó a darle cortos besos en la boca, rápidamente Sirius se despertó, se puso encima de ella y profundizó el beso. Astrid lo apartó y se quitó la remera que usaba para dormir. Los besos bajaron a los senos de la mujer, suaves gemidos se empezaron a escuchar de ella.

A pesar del frío que hacía afuera, adentro del cuarto la temperatura aumentaba con cada caricia y beso que se daban. Las manos de ambos recorrían el cuerpo del otro como si fuera la primera vez. Sirius siguió bajando sus besos hasta llegar a la parte íntima de Astrid, ella soltó un gemido y dejó que el hombre haga el trabajo que tan bien sabía hacer. Cuando estaba por llegar al clímax, Sirius introdujo dos de sus dedos en su sexo, haciendo que Astrid suelte otro gemido y le rasguñe los hombros a él. Las piernas de la morena temblaron en cuanto llegó a la cima, sin dejarla respirar, Sirius se introdujo en ella de una estocada.

-Oh, por Merlín.

Los movimientos de Sirius eran lentos, casi tortuosos, enseguida Astrid tumbó al moreno quedando ella encima de él y tomando las riendas del asunto. Las caderas de la mujer se movían con rapidez, ambos gemían sintiendo un placer que hace varios días no tenían. Sirius fue el primero en acabar, seguido enseguida por Astrid.

-Buen día –dijo Sirius después de respirar un momento.

-Buen día.


Sirius y Astrid estaban en la cocina almorzando cuando escucharon el ruido de la chimenea y apareció Tonks.

-¿Tan temprano tú aquí? –preguntó Astrid extrañada.

-Llegó esto al Ministerio con tu nombre y Kingsley me lo alcanzó para que lo trajera porque parecía importante –contestó la metamorfomaga tendiéndole un pergamino-, además quería agarrar una chaqueta que me había olvidado.

-¿Sucede algo? –preguntó Sirius al ver que Astrid se había puesto pálida.

-Mi hermana viene a Londres.

-¿Tienes una hermana? –preguntó Sirius extrañado.

-¿Tan grave es que venga? –preguntó esta vez Tonks.

-No, pero la última vez que la vi yo tenía 18 y estaba discutiendo con mis padres –explicó Astrid tocándose el vientre inconscientemente-, fue cuando hui de mi casa, ella tenía nueve y mi hermano cuatro, y sólo los dejé allí.

Ni Sirius ni Tonks sabían que hacer, ambos eran pésimos consolando gente y parecía que Astrid en cualquier momento iba a llorar, en situaciones así necesitaban a Remus y el muy bastardo no aparecía.

-Ey, tranquila, no podías hacer nada, eras joven, apenas mayor de edad y te estabas yendo a un país que no conocías completamente sola –intentó tranquilizar Sirius, después de todo él también había huido de su casa y dejado a su hermano atrás.

-No. Podría haber hecho algo más y simplemente hui y no volví a mirar atrás –se lamentaba Astrid.

-Tranquilízate, si tu hermana quiere verte por algo será –dijo Tonks- ¿Cuándo viene?

-Mañana.


El Caldero Chorreante había sido el lugar acordado para encontrarse con una hermana, un lugar público y del que se podía ir rápidamente si la cosa se ponía fea. Estaba extremadamente nerviosa por lo que podía llegar a pasar. Trece años habían pasado desde la última vez que se habían visto, ambas eran unas niñas y ahora eran adultas, no iba a ser algo fácil. Tonks se había ofrecido a acompañarla, pero era algo que tenía que afrontar sola, tenía que poder hacerlo.

Se sentó en una mesa algo aislada y pidió una cerveza para matar el tiempo, diez minutos pasaron hasta que vio a su hermana cruzar la puerta del andrajoso bar. Era imposible no reconocerla, los mismos ojos que ella tenía la miraban desde la otra punta del ruidoso salón, tenía el cabello más oscuro a como lo recordaba, pero seguía siendo más claro que el de ella.

Ya no había rastro de la niña que dejó en Francia trece años atrás, ahora una mujer firme y decidida la miraba. Poco a poco se fue acercando a la mesa donde se encontraba sentada, en ningún momento habían dejado de mirarse.

-Dominique –dijo Astrid entre lágrimas a la vez que se lanzaba encima de su hermana para abrazarla, ésta correspondió el abrazo fuertemente-. Te extrañé tanto.

Cuando se separaron volvieron a mirarse, ambas con lágrimas cayendo de sus ojos, tomaron asiento y continuaron mirándose en silencio unos minutos más.

-Estás muy bella –comenzó Astrid sin saber muy bien que decir.

-Tú también, estás igual, pero a la vez te veo distinta –siguió Dominique con un claro acento francés que Astrid poco a poco había ido perdiendo.

-Estoy distinta. Me siento una persona completamente diferente. Ha pasado mucho –se lamentó.

-Sí, demasiado. Hay muchas cosas que quiero contarte y muchas cosas que tengo que contarte, pero tengo que ir al grano –dijo poniéndose seria, Astrid prestó incluso más atención que antes-. Madre y padre no saben que estoy aquí, recién se deben haber enterado que me he ido de la casa. Las cosas se han puesto bastante feas desde que te fuiste, en el momento no lo entendía, pero después sí. Al principio estaba enojada porque te habías ido, ya no tenía a nadie con quien hablar, Andrew era demasiado pequeño, pero luego empecé a comprender todo, las reuniones en la casa, las actitudes de padre, los castigos, todo.

»No veía la hora de poder salir de ese lugar, pero era difícil. Empecé a discutir cada vez más, entonces empezaron a vigilarme cada vez más, era casi imposible hacer algo sin tener a alguien detrás de mí. Hace tiempo que tenía las maletas preparadas por si llegaba a pasar algo o tenía alguna oportunidad de irme, dos días atrás madre había dicho que tenían una fiesta a la que no me iban a llevar, así que era la oportunidad perfecta, con Andrew en el colegio todo era más fácil. Así que pude salir y llegar aquí.

-Siento tanto no haber escrito, era muy difícil para mí saber que los había dejado atrás, pero ya era complicado poder mantenerme a mi sola, no podía tener dos niños a cargo, además de que iba a ser mucho más fácil que me encontraran –explicó Astrid llorando nuevamente-. Lamento que todo hubiera sucedido de esta forma, ahora lo único que falta es que Andrew venga para poder estar los tres juntos nuevamente.

-No, Astrid; Andrew no va a venir. Él se unió a los mortífagos, al igual que padre.


¡Cuanto tiempo!Vamos a omitir la parte que me disculpo por no actualizar, porque todos lo conocemos ya.¡Personaje nuevo! Por fin vamos conociendo un poco más de la vida de Astrid. Dominique va a aparecer bastante por ahora. Espero que les haya gustado el capítulo y no se olviden de dejar su opinión en los comentarios.¡Saludos!