Capitulo 21

Aquel día era el aniversario de la muerte del General de Brigada Maes Hughes, ahí como todos los años paradas frente a la lapida, su hija, su esposa y Scheska, pero esta vez alguien más las acompañaba, Winry estaba ahí también. El viento soplaba con fuerza, las hojas volaban por el cielo, algunas nubes se asomaban en el horizonte, clara señal que esa tarde llovería, el Coronel Mustang había prometido llegar, pero Gracia sabía que tal vez tardaría. Elysia colocaba las flores blancas frente a la tumba de su padre mientras le contaba todas las cosas que hasta el día de hoy sucedían, ahora le habla mucho de su nueva hermana mayor, aquella que le había enseñado a jugar futbol y que le devolvería a sus otros hermanos, Ed y Al, serían una gran familia llena de hermanos, las adultas le escuchaban sin decir palabra alguna, no querían interrumpirla, no cuando habla así con su padre.

¿creen que es correcto no decirle que Haydeé se ira cuando Ed y Al regresen?- pregunto Scheska a la madre de la niña.

Se lo diré con el tiempo, pero no quiero que este triste antes de eso tiempo, ha perdido demasiado- dijo Gracia observando a su hija como colocaba las flores una por una de la forma que mejor adornarán el nombre de su padre.

No puedo creer como en este tiempo ellas dos se han hecho tan buenas amigas, Haydeé es una persona tan callada-

Jajaja, lo que pasa es que tu no la conoces bien Scheska- dijo Winry- no te imaginas la energía que tiene esa chica, siempre se da el tiempo de jugar con Elysia-

En serio, pensé que se pasaba todo el día encerrada en su habitación, o por lo menos eso fue lo ultimo que me contantes Winry-

Eso fue antes de que Winry y ella tuvieran una platica de mujer a mujer- explico Gracia- le hizo muy bien a Haydeé, ella se sentía sola y utilizada, era por eso que se encerraba, no encontraba una razón por la cual ayudarnos-

¿qué fue lo que le dijiste para que cambiará así?- pregunto intrigada Scheska- no me digas que la amenazaste Winry.

¿qué clase de persona me crees Scheska?... le dije lo que Ed y Al significaban para mi- contesto Winry sonrojada.

No me digas que le dijiste que tu… bueno que tu… estas enamorada de Ed-

Si eso le dije- dijo Winry más sonrojada.

La sinceridad da mejores resultados que cualquier cosa, ahora que ella comparte ese pequeño "secreto" con Winry, se han vuelto amigas- dijo la Sra. Hughes con una sonrisa.

¿porqué no vino aquí?- pregunto Scheska interesada.

Prefirió permanecer en la casa, la comprendo sería algo incomodo venir a dejarle flores a la tumba a una persona que no conoce-

Mamá, ya le conté todo a papá, crees que me escucho- dijo Elysia acercándose a donde se encontraban.

Claro que si lo hizo- contesto la madre poniéndose a la altura de su hija.

Estoy segura que te escucho todo lo que le dijiste, yo también le cuento todo a mis padres cuando quiero hablar con ellos, y estoy segura que siempre me escuchan y me cuidan, al igual que el señor Hughes lo hace contigo- contesto Winry agachándose también.

¿crees que papá esta feliz? Winry- pregunto la niña.

Estoy segura que es feliz, por que tu sonríes- contesto Wnry acariciando el pelo de la pequeña.

Tal parece que Roy no pudo venir- dijo Gracia viendo hacia el camino.

Seguramente no pudo salir de la oficina, ya saben como lo llenan de trabajo- dijo Scheska intentando disculpar al Coronel.

Lo sé, no me molesta, me alegra que se de tiempo de vez en cuando de visitar la tumba de Maes, siempre fue su mejor amigo-

Será mejor que nos vayamos, parece que comenzó a llover- dijo Winry extendiendo su mano para sentir como las gotas caían en ella.

Salieron del lugar de regreso al auto que las había llevado ahí, Roy lo había destinado para ese propósito, Fury las llevo de regreso a la casa, les había hecho bien hablar, por que hablar llevaba a recordar.

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La lujuria invadía todos los sentidos de Hahn, adoraba la sensación de poder, humillar a aquellos que eran menos que él, su locura había comenzado tras aquella guerra o tal vez ya era así sin saberlo hasta ahora, no importaba. La diversión de la noche comenzó cuando encontraron a aquel hombre intentando huir de su vista, pero de el no huía nada, sus ojos siempre fueron capaces de ver aún en la mayor oscuridad, como lechuza en espera de su presa, por eso pudo ver la sombra que se movía detrás de las casas, con una señal le indico a sus compañeros que lo siguieran sin decirles una palabra, ellos sabían que cualquier cosa que el moreno pensase sería divertida, así que lo siguieron. Las tropas pronto serían movilizadas a otros sitios en los que se necesitasen, aún no sabían si serían enviados a Grecia o África, no les importaba, ya nada importaba, solo la diversión de esa noche.

El hombre se arrastraba como ratón asustado, disfrutaron golpearlo, escucharlo rogar y llorar por su vida, prometer no volver a desobedecer el toque de queda con tal de que le dejasen regresar a su casa al lado de su familia, pero no importaba que dijera, no lo dejaría, sería aburrido.

Hahn supo cuando apareció la morena que aquello sería endemoniadamente divertido, lo vio en los aquellos ojos inusualmente negros, nunca antes había visto unos ojos así, no de ese color negro puro, siempre habían sido cafés u azul oscuro que hacían la ilusión, pero estos no eran así. Además el brillo salvaje que los adornaban, el reto silencioso que le hacia aquel rostro, lo hizo disfrutar aun más cuando estos fueron sustituidos por el temor.

Los otros dos continuaron torturando al hombre que se encontraba todavía en el suelo, habían entendido la orden del otro pero decidieron jugar un poco más con el desdichado hasta que se aburrieran, hecho que no tardo demasiado puesto que les pareció más atractivo ayudarle a Hahn con la pequeña fierecilla. El más bajo saco su pistola del estuche, la Walther P-38 (1) brillo majestuosa en la noche mientras lentamente era dirigida a la cabeza de su victima, el soldado sonrío al reconocer la mirada que este le mostraba el rostro de aquel hombre, ya antes la había visto, en todas las otras personas que había matado, lo disfruto como todas aquellas ocasiones.

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Aún llovía cuando el Coronel llego al cementerio, parado ahí frente a la tumba del que fuese su mejor amigo, recordaba todas aquellas platicas que antes tuviesen, no podía creer que ya no estuviese con él, a pesar del tiempo que había pasado ya, todavía se sentía culpable, no lo podía evitar, ni siquiera aquella lluvia podía lavarle ese sentimiento, no cuando su amigo había muerto solo.

Las flores lucían hermosas en la lápida, las gotas de agua recorrían sus blancos pétalos para después caer a causa de la gravedad en el suelo, parecían lágrimas, aquellas lágrimas que tantas personas habían derramado por su culpa.

Él era feliz y eso lo hacía sentirse peor, y a pesar de que tantas personas le decían que dejase sus culpas atrás no era capaz de hacerlo, no hasta que no regresase a los hermanos Elric a su mundo, por eso luchaba ahora, por cumplir la promesa que una vez hizo de ayudarlos, porque sabía que de esa forma por lo menos podría decirle a Riza que la merecía. Apretó sus manos con estos pensamientos mientras se despedía de su amigo ahí en la tierra, a paso lento regreso al auto donde la Teniente lo esperaba, llevando sus culpas consigo, una vez más.

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El cuerpo de Danielle se estremecía ante el contacto del frío metal, el soldado delineaba su rostro con el cañón de la pistola siguiendo los delicados rasgos de la adolescente, era hermosa, la poca luz de las calles hacía que la piel de la morena adquiriera una palidez más pura, la mano del soldado ahora sujetaba el delgado cuello, dejando en el las marcas de sus dedos. Danielle gemía del dolor que le provocaba, acción que provoca más placer al soldado frente a ella, quería hablar para decirle quien era, pero no tenía suficiente aire para gesticular ninguna palabra, no quería pensar que pasaría con ella, solo rogaba con lagrimas en los ojos que alguien la ayudará. Vio con angustia como los otros dos se preparaban para ejecutar al hombre por el cual se encontraba en aquella situación, ni siquiera había sido capaz de ayudarlo, y ahora ella correría con un destino peor.

El disparo hizo que Danielle se estremeciera hasta su alma, abrió sus ojos hasta donde sus párpados se lo permitieron, el cadáver del hombre yacía en el suelo, la sangre que salía a través del agujero en la frente del hombre manchaba la arena, mientras la imagen manchaba el alma de Danielle. Se sintió miserable, las lagrimas corrieron sin parar por su rostro, al final no pudo hacer nada por él, y tampoco lo podría hacer por ella misma.

Sintió la lengua del soldado recorriendo su mejilla, tenía asco de si misma, como su vida había cambiado tanto en tan poco tiempo, la pistola bajaba recorriendo su cuello acercándose a su busto, ahora sentía un verdadero mar vertirse de sus ojos, los apretó tratando de imaginarse en otro lugar, tal vez dormida en su cama, olvidando de esa forma su realidad.

Todavía la ahogaba la mano que estaba en su cuello, se sentía débil, se sentía sucia.

¿qué están haciendo soldados?- pregunto una voz grave en la entrada del callejón- acaso no saben que la violación es un crimen pagado con la muerte-

¿quién eres tú? Nunca antes te había visto aquí- dijo el soldado parado atrás reconociendo el uniforme y las insignias en la vestimenta del recién llegado.

Soy el Teniente Engel, encargado de la seguridad del Dr. di Estefano, por lo tanto déjame decirte que es mejor que sueltes el cuello de su hija- dijo saliendo de las sombras- no creo que a él le agrade demasiado que la toques, no es un hombre muy paciente que digamos- Danielle pudo reconocer a quién hablaba antes de desmayarse, agradeció al cielo su llegada.

¿de que estas hablando? Esta mujer no puede ser quién tu dices, no luce como una aristócrata- dijo sosteniendo aún a la chica por el cuello.

No es mi problema que me creas o no- dijo acercándose hasta donde se encontraban- entrégame a la chica, no necesitamos que más soldados mueran por estupideces como estas, no cuando estamos en plena campaña contra Gran Bretaña-

Hahn es mejor que le hagas caso, no quiero enfrentarme a una corte marcial, no quiero morir así… mi familia no soportaría la deshonra… mi hijo- dijo aquel que hasta ahora no había hecho ni dicho nada.

Stishhh- fue el sonido que soltó antes de soltar a chica para que el teniente la tomase.

Entierren a ese hombre- dijo el teniente cargando en sus brazos a la inconsciente Danielle- daré por olvidado este asunto, pero será mejor que no vuelvan hacer algo como esto nunca más, sino yo mismo me encargare de hacer justicia, como uds. lo han hecho hoy- termino caminando por donde había llegado.

Los tres soldados quedaron en la callejuela, dos agradeciendo su suerte y Hahn maldiciendo la llegada del teniente, sabia perfectamente que lo dicho por él era cierto, ya muchos otros había sufrido esa suerte al ser encontrados en aquellas acciones, pero aún así se sentía como un niño al cual le habían robado su juguete en su cara, frustrado acato la orden dada por su superior, daría sepultura al cadáver.

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Los sueños no paraban, cada noche eran peor, antes dulces y en cierta forma le daban paz, era por eso que en ocasiones se negaba a despertar, pero ahora eran pesadillas que quedaban grabadas en su mente, imágenes de atrocidades que solo en fotografías y documentales había visto, pasaban una a una en su mente, ahora odiaba dormir, prefería quedarse despierta hasta que sus fuerzas se lo permitían, para luego caer irremediablemente en su castigo. Haydeé se levantaba agitada, ahora ni siquiera lo miraba a él, solo aquellos ojos siniestros, aquella mirada oscura que trataba de olvidar.

Todos podían darse cuenta que algo sucedía con Haydeé, la chica lucía siempre cansada y las ojeras siempre adornaban su rostro, pero por más que le preguntaban esta solo negaba con su cabeza y volvía a los libros. Winry ya no sabía como hablar con ella, era la persona más testaruda que había conocido, bueno tal vez no, sonrió ante el recuerdo de su rubio y amado amigo.

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Amaneció y ellos continuaban caminando a través del bosque, los rayos del sol se filtraban por las ramas dando una vista mágica y poética, habían descansado por periodos cortos en el camino hasta ahí, turnándose para vigilar en caso de que alguien o algo se acercará. Ed se lamentaba mientras estiraba sus entumecidos músculos, como odiaba dormir en el suelo, cansado y hambriento como estaba esperaba que en algún momento pudiera salir de aquel maldito bosque.

tienes alguna idea de por donde vamos- pregunto Ed interesado.

Ninguna, pero caminar es mejor que quedarnos en medio de la nada, ¿no crees?

Esa respuesta no me tranquiliza para nada- dijo Ed suspirando- espero que al menos tengas algo de comer, tengo hambre.

No, sabes no tuve tiempo de sacar muchas cosas del auto antes de que me pegarán un tiro, agradece que sacará esa cosa tuya-

No lo digas como si de verdad me hubieses hecho un favor, uds. también necesitan el libro si no lo recuerdas…- dijo Edward molesto- así que moriremos de hambre después de haber escapado, vaya suerte-

No exageres tanto, el cuerpo humano no empieza a consumirse solo en tan poco tiempo- contesto Henner sonriendo.

¡eso no me lo tienes que decir! ¡ya lo sé!- exclamo Ed aún más molesto.

Tenemos dos opciones, ver que podemos encontrar en este bosque…-

No me atrae mucho esa opción, ¿Qué haremos? ¿comer bellotas?- dijo Ed interrumpiendo a Henner- ¿cuál es la otra?-

Esperar a salir de aquí- contesto Henner con una sonrisa.

Sabes no eres muy bueno dándole esperanzas a la gente-

No te quejes tanto, te dará más hambre- le dijo con una sonrisa aún más grande.

Por lo menos agradezco que Al se allá ido con Bòrk y no contigo, seguramente en estos momentos esta mejor que yo-

Vamos no seas mal agradecido, por lo menos te puedo asegurar que soy una compañía más entretenida que Bòrk-

¡Hubiera preferido estar aburrido!-

mientes-

no lo hago-

ven por aquí- dijo Henner antes de correr.

Edward comenzó a correr detrás de él. Si había algo que Ed odiara de Henner era esa costumbre de actuar sin decirle nada, tal vez después le haría saber que odiaba las sorpresas. Seguía sin saber a donde se dirigían, habían dejado tiempo atrás el caudal del río debido a que ya no necesitaban esconder su rastro. Tras unos minutos de carrera continua, habían llegado a lo que parecía el final del bosque, salieron de entre los árboles a un claro de verde pasto que comenzaba a cambiar de color.

vez te lo dije muchacho, que confiaras un poco más en mi- dijo Henner con una gran sonrisa.

tal vez lo haga, las cosas no te salen tan mal de vez en cuando-

Y ambos caminaron en busca de señales de algún poblado cercano al lugar.

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Aquella casa era pequeña y modesta, en ella vivía una familia pequeña, franceses campesinos, lo suficientemente alejada de la ciudad como para vivir en una tranquilidad relativa, en los campos los restos de vehículos de guerra era lo único que evidenciaba la época que se vivía en Europa, eso y las visitas esporádicas de los Nazis para embargar los alimentos que producían para su propio consumo, pero no podían hacer nada, era preferible un poco de hambre que la muerte. Pero no por ello dejaban su honor atrás, su alma patriota era grande en el jefe de familia, era muy viejo para unirse a la resistencia, pero alojaba en su casa a los prófugos que llegarán a ella, fue así que comenzó a ayudar a la Interallié (1) sirviendo como refugió a sus espías y prisioneros prófugos de guerra, no solían quedarse más de tres días ahí, pero se sentía feliz de ayudar a su patria de alguna forma.

La cama era cómoda a pesar de la humildad del lugar, sus párpados luchaban por permanecer cerrados contra los rayos de sol que le decían era hora de levantarse, se dio vuelta tratando de huir de ellos, pero el ruido de una puerta cerrándose y pasos la obligaron al fin ha abrir sus ojos negros.

Parado frente a ella el moreno que conoció en tan corto tiempo y que según Danielle, era el causante de su súbita mudanza a Francia, Hansen aún vestía aquel uniforme alemán con el cual lo había visto la noche anterior, al recordar lo sucedido volvió a sentir temor miro hacia todos lados buscando si en algún sitio se encontraban aquellos que la apresaban, al no encontrarlos asumió lo lógico, Hansen la había salvado, acaso no podría odiarlo después de todo.

veo que al fin despiertas- dijo Hansen rompiendo el silencio- quedaste inconsciente, así que te traje a este sitio, es seguro, la gente te tratará bien hasta que termines de recuperarte de la impresión… no todos los días una noble italiana es apunto de ser violada por soldados Nazis- Hansen dijo esto último con un poco de burla que Danielle reconoció.

Muchas gracias por la ayuda, pero ya no necesito nada más que provenga de ud.- dijo Danielle levantándose herida en su orgullo.

Se dirigió a la puerta pero Hansen la detuvo tomándola de la muñeca y acercando esta ha su cara, fue entonces que pudo percatarse de los moretones que la chica tenía en ella y a lo largo de su brazo, la chica ya no llevaba el suéter que los ocultaba. Danielle dirigió su vista al sitio que Hansen observaba con tanta curiosidad, al darse cuenta que era, retiro su brazo rápidamente ocultándolo detrás de su cuerpo.

no sabía que te habían golpeado más, pensé que solo era lo del cuello- dijo Hansen señalando las marcas que habían dejado los dedos del soldado en el bronceado cuello de Danielle.

No lo hicieron, estas marcas siempre aparecen en mi cuerpo, estas tienen algunos días- dijo viendo las equimosis en su piel.

¿así? ¿Acaso tienes alguna enfermedad que las provoca?-

no- contesto la chica reafirmando la negación con la cabeza.

Es extraño…- dijo analizándolas detenidamente- ¿estas segura de eso?-

Cuando le pregunto a mi padre me dice que no es nada, así que he dejado de preocuparme, según dice mis exámenes de sangre salen bien- dijo soltando su mano del suave agarre de Hansen.

Sabes tengo una curiosidad, ¿qué hacia la hija de un asesino como tu padre ayudando a un francés sin importancia?- pregunto Hansen sin ningún tacto, la mención del científico le había hecho recordar las atrocidades de las que fue testigo en el laboratorio, de lo que este le había hecho a Jacqueline.

¡Mi padre no es ningún asesino!- grito Danielle en defensa.

Tu padre no es diferente en nada a los hombres que te atacaron ayer… si tal vez en algo sea diferente, el tiene más poder por lo que hacer sufrir a la gente le es permitido en pro de la ciencia y recibe aclamaciones por ello, y el perdón de todos-

No tengo por que estar escuchando lo que dice- dijo Danielle saliendo del cuarto.

Los niños estaban sentados en la mesa mientras la madre les servia el desayuno, el padre se preparaba para ir en busca de algún trabajo en la ciudad, ya que el tiempo de cosecha había pasado y no tenía suficiente para el invierno. Todos observaban intrigados la discusión de los dos invitados sin entender una palabra de los que decían ya que estos hablaban en alemán. Súbitamente la chica paro su marcha a la salida girándose para acercarse nuevamente a Hansen que la seguía.

¿Y cómo sabe ud. que yo estaba ayudando a ese hombre?, eso significa que estuvo observándolo todo desde un principio y no hizo nada por tratar de ayudarlo, se quedo ahí en un sitio seguro, eso no lo hace mejor que ellos, sabe-

no es así, llegue tras escuchar la detonación, estaba cerca por una coincidencia, nada más- contesto Hansen serio sin cambiar la expresión de su rostro- solo pude ayudarte a ti-

…- Danielle se sintió culpable, no conocía mucho a Hansen pero estaba segura que no era un cobarde y de haber tenido la oportunidad de hacer algo por aquel hombre lo hubiese hecho- lo siento… yo pensé…-

no tiene por que explicar nada-

pero fue su culpa por decir lo que dijo de mi padre- dijo recordando el por que de su enojo- ud. destruyo su laboratorio, como se atreve a insultarlo así-

por que yo vi lo que había en ese laboratorio es que puedo decir eso- dijo Hansen retirándose a la salida de la casa.

¿qué quiere decir con eso?- pero Hansen no la escucho, ya había salido del lugar.

Danielle lo siguió, no podía quedarse con aquella intriga, porque Hansen decía que su padre era un asesino, que había visto en el laboratorio para asegurar eso, podía ser que Hansen estuviera mintiendo, después de todo era un espía del país enemigo al suyo, pero las palabras y forma en que lo había dicho no le dejaban a Danielle la duda, eran verdad. Lo encontró ahí parado en la entrada viendo hacia el horizonte, su mirada era triste como si estuviese cansado de todo lo que hasta el momento había visto. No quiso molestarlo, pero tampoco quería quedarse con la duda, no sabia que hacer.

¿por qué me salvaste?- pregunto Danielle curiosa.

Porque tu ayudaste a ese hombre o lo intentaste- contesto sin verla- no se por que lo hiciste, nunca me pareció que fueras una mala persona, pero todavía no confío en ti… no se si tu nos delataste ese día, pero no encuentro otra forma de explicar que nos hayan descubierto tan rápido como para preparar esa trampa, no sin saber que entraríamos esa noche-

¿cómo puedes decir eso? Yo no le dije nada a nadie, si no confías en mi esta bien, yo tampoco confío en ti- dijo Danielle para volver a entrar en la casa tirando la puerta detrás de ella.

Todavía es una niña- exclamo Hansen con una sonrisa- ¿será verdad lo que dice?- dijo con duda.

Danielle tiró la puerta de la habitación también, nunca antes había sido insultada tantas veces seguidas, se tiro en la cama, grito en la almohada para desahogar su frustración, quería gritarle a él todo lo que pensaba pero no ganaría nada. Se calmo un poco después de un rato, coloco su cabeza de lado en la almohada descansando un poco, no pudo evitar preguntarse si Edward también pensaría que los había traicionado, que ella los delato, inevitablemente se sintió triste, acaso ahora Ed la odiaba, y ¿Dónde estaba él?, siempre supo que abandonaría Alemania pero no estuvo segura de adonde se iría, después de todo Ed y Al ya habían recorrido casi toda Europa, quería salir y preguntarle a Hansen por ellos pero su orgullo pudo más, no saldría de esa habitación hasta que el otro volviera a buscarla.

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Era su turno en pasar, Alphonse volteo a ver a Bòrk quién asintió para darle apoyo, se estaban haciendo pasar por una familia por lo cual pasarían los tres, Al era aún menor de edad, era sencillo hacerlo pasar como hijo de Bórk aunque no se parecieran mucho. Bórk tenía el cabello rojizo, llamaba mucho la atención, nunca le gusto y pensó en teñirlo pero siempre cambiaba de idea por que era del color del cabello de su madre, de cuarenta y seis años era el mayor de aquel grupo, pero también el más maduro. Los tres pasaron al escuchar el llamado del oficial, Alphonse entro de primero haciendo una inclinación en forma de saludo al estar frente al hombre uniformado.

¿así que son una familia?- dijo el hombre al verlos a todos- ninguno se parece entre si-

mi hijo se parece a su difunta madre, vera señor me volví a casar hace poco- dijo atrayendo con su brazo a Jacqueline- tenemos solamente tres años de casados-

ya veo…- dijo el oficial frunciendo la boca como si estuviera pensando en algo- muéstrenme sus papeles- ordeno.

Rápidamente Alphonse le entrego los papeles de todos que el llevaba consigo en un bolso, se sorprendió de si mismo al ver que su mano no tembló al extendérselas al oficial. El hombre calvo las tomo sin decir nada, su rostro no mostraba ningún cambio, pero analizaba todo con sus ojos, Alphonse lo pudo notar, aún así no sabia que pensar, el oficial cambiaba de un pasaporte a otro sin levantar la mirada de ellos, al fin dio señales de hablar.

¿cuál es la razón de su viaje a Suiza?- pregunto sin mucho interés.

Después de comenzar la guerra mi tienda quebró, no muchas personas están interesadas en comprar flores estos días, tenemos un familiar que vive en Suiza y esta dispuesto a ayudarme por un tiempo hasta que abra una nueva tienda- explico Bòrk.

Entiendo… tiene alguna prueba de la existencia de ese familiar- contesto el oficial.

Tengo una par de cartas que el me envío- dijo Bòrk sacando un majo de sobres.

Entréguemelos- dijo extendiendo la mano y recibiendo los papeles en ella, los abrió y leyó, aún sin mostrar cambio alguno- interesante…-

El oficial se levanto de su silla, camino hacia donde se encontraban, uno a uno los observo en busca de alguna duda, Alphonse contuvo la respiración pero no dio señal alguna, pero sabía que Jacqueline estaba muriendo del miedo, volteo en busca de ella, estaba ahí con la cabeza baja sin decir nada, había hecho caso a todas las instrucciones que le dio Bòrk, pero ¿sería suficiente?.

Quiero que la señora me diga su nombre- dijo parándose frente a Jacqueline.

Ella…- Al intento decir algo pero el oficial no lo permitió poniendo la palma su mano enguantada frente a su rostro.

Dije que ella dijese su nombre- interrumpió la mirada era penetrante, Al supo que se había dado cuenta de todo.

…- Jacqueline no decía nada solo levanto la cara y vio directamente a los ojos del oficial, este se acerco a ella- Gretchen- susurro.

Gretchen, un hermoso nombre para una hermosa mujer, ¿Dónde nació?, quiero que me cuente su historia- dijo el hombre más cerca de ella.

Lo siento pero…- Alphonse trato de volver a hablar pero la mano de Bòrk en su hombro le indico que hiciera silencio.

Estoy esperando su respuesta- dijo llevándola a otro lado de la habitación, no quería otro tipo de interrupción.

Yo tengo… algo para ud.- dijo Jacqueline entregando un sobre al oficial quien lo tomo intrigado, la mirada de la mujer era fuerte, no había ningún tipo de temor.

¿qué es esto?- pregunto pero la mujer no contesto.

Al apenas podía escuchar las palabras que intercambiaban, vio sorprendido la carta que Jacqueline entrego, busco con su mirada la de Bòrk pero en ella observo la misma confusión que él sentía.

El hombre abrió el sobre para ver su contenido, al abrir la carta pudo reconocer en ella la firma del Obergruppenführer Reinhard Heydrich y sello de su oficina, la Reichssicherheitshauptamt (RSHA), la gran oficina central de seguridad del Reich, leyó su contenido rápidamente sin cambiar en ningún momento su expresión, levanto la mirada para observar a la mujer que estaba frente a él, arrugo carta y la guardo en su bolsillo, y de nuevo camino de regreso a su escritorio para después sellar los pasaporte de los tres sin decir una palabra. Alphonse y Bòrk observaron intrigados toda la escena.

debieron decir que la mujer sufría un retraso mental, he perdido mi tiempo con uds.- dijo molesto- regresen al tren, pueden pasar la frontera y no regresen a Alemania, no queremos gente como ella en nuestro país- finalizo entregándole los pasaportes a Alphonse y señalándole a otro soldado que los llevara al tren.

Muchas gracias, sentimos las molestias- dijo Bòrk saliendo los tres de regreso- le aseguro no regresaremos al país, señor-

Entraron en el vagón en espera que los últimos pasajeros pasarán la inspección para al fin partir en dirección a Suiza, Alphonse no podía creer lo que había sucedido minutos antes en la oficina, que tenía escrito la carta para que el oficial les allá permitido pasar, casi podía asegurar que se había dado cuenta de que los pasaportes y todos los documentos eran falsos, pero la carta lo había cambiado todo, o acaso el esta equivocado y solo fueron sus dudas y miedos los que le hicieron pensar eso, recordó la advertencia que le dio Ed antes de partir.

El tren comenzó a moverse, las rejas se abrieron para permitir el paso del tren y sus pasajeros, pocos quedaron en el lugar prisioneros con un próximo destino diferente al que planearon, un campo de concentración. Las rejas del lado Suizo también se abrieron permitiéndole al tren entrar en su territorio.

¿qué tenia escrito la carta?- pregunto al fin Bòrk a Jacqueline, el también tenia dudas- ¿y como hablaste con ese hombre?-

Hansen me enseño a decirlas, el me dio esa carta antes de partir y me dijo que si sucedía algo, cualquier cosa. se la entregara al que luciera como el oficial de fronteras- explico Jacqueline calmada- no se que decía, aún ahora, estaba escrito en Alemán-

Entiendo, es extraño no recuerdo que Hansen allá dicho algo de eso, aunque Hansen no siempre dice que va hacer- dijo Bòrk más tranquilo.

Él es una persona muy inteligente- dijo Jacqueline sonriendo.

Veo que Hansen te simpatiza mucho- dijo Bòrk sonriendo de regreso, en la cara de Jacqueline apareció un discreto sonrojo- jajaja, tranquila no le diré nada-

Gracias- dijo Jacqueline tímidamente.

Alphonse permaneció callado, pudo entender parte de la plática pero no toda ya que su francés era poco, pero aún así la explicación sonó razonable, aunque, tenía dudas. Algo en su interior le decía que hiciese caso a las palabras de su hermano mayor, vigilaría a Jacqueline más de cerca.

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arma corta reglamentaria del ejército alemán calibre 9mm, adoptada a partir de 1938.

Red de espionaje francesa reunía información en el campo de batalla, pasaban información entre el territorio ocupado de Francia y el territorio "libre" (cuya capital era la ciudad de Vichy) y la comunicaban a Inglaterra con quién tenía contacto directo. Parte de la resistencia Francesa, formada por civiles casi en su totalidad.