Oh por Dios!!! No puedo creer que me haya tardado tanto en actualizar, me muero de vergüenza, pero antes de que quieran matarme por tardada, permítanme explicarles lo que ocurrió, creo que al menos merecen esa consideración de mi parte.

A principios de año me gradué de Licenciada, el vaivén de reunir todo para la titulación, la fiesta, exámenes y trabajos finales me volvieron loca.

Cuando por fin terminó la escuela, pensé en buscarme otro trabajo, sorpresa!! Una de las secretarias renunció y me ascendieron a su puesto, lo cual significó más dinero, más horas trabajo, menos tiempo para escribir, ya que mi jefe y su familia es demasiado absorbente.

A mediados de año a mi madre tuvieron que operarla para poder dializarla, su insuficiencia renal causada por su diabetes tomó esa decisión, por lo tanto tuve que aprender a dializarla y fueron días de ir al hospital muy seguido para análisis y valoraciones, fue un caos total.

Hace como un mes y medio la que se enfermó fui yo, me operaron de la apéndice y me dieron 15 días de incapacidad, y yo, ingenuamente pensé que podía escribir durante ese tiempo, hubo un complot en mi contra, mi computadora se negó a encender y después del ataque de histeria y del dolor por mi falta de apéndice la llevé a arreglar, todavía es hora de que no me la regresan sanita, por suerte este capítulo lo tenía también guardado en la computadora de mi trabajo, pero tuve que esperar hasta que regresé a trabajar para poder acceder a él.

Y aquí me tienen, no andaba muerta, aunque casi me muero con todo lo que me pasó, pero al menos ya estoy de vuelta y espero no tardarme tanto para la siguiente actualización.

Para los que esperan I Wish, tendrán que seguir esperando pues el capítulo que sigue está en mi computadora y por más que quise salvar mis archivos no he podido hacerlo, así que solo me resta esperar a que me arreglen mi computadora y rezar porque mis archivos no se hayan perdido. Pero los que desean saber de Eclipse de Luna tengan paciencia que ya estoy con el siguiente capítulo.

Por cierto, espero tener el epilogo de esta historia a más tardar a finales de este año, ya que aunque ya tenía planeado el epilogo, éste cambió totalmente, a ver que locura me sale ahora jijiji.

Por último quiero agradecer a todas esas lindas personitas que pese a mi desaparición por todo este tiempo no dejaron de enviarme comentario pidiéndome regresar y preguntándome si todo estaba bien, siempre tengo en cuenta sus palabras y son las que me animan a seguir y a no dejar de actualizar estas historia que significan tanto para mi. Prometo contestar poco a poco sus comentarios y espero sinceramente que el final de esta historia sea de su agrado.

Ahora si, lo que tanto desean, ¡¡EL FINAL DE DEVUELVEME LA VIDA!!

Sean todos ustedes bienvenidos.

CAPITULO VEINTE. El final de un Destino.

Todo era extraño.

Él mismo se sentía extraño.

Su propio ser estaba de alguna forma ansioso.

O al menos así era como se sentía al notar que todo a su alrededor era consumido por la oscuridad.

No había inicio o fin, o al menos no había nada que pudiera identificarse de esa forma, pues nada, excepto la negrura, a su alrededor existía.

¿Dónde estaba?

Parpadeó varias veces hasta que poco a poco logró acostumbrarse a esa negrura que todo lo envolvía.

Su cabeza se sentía extraña, como si sus pensamientos fueran envueltos por una confusa neblina que lo cubría todo, y el único razonamiento que lograba filtrarse, era que debía avanzar.

Sólo… avanzar.

Y eso fue lo que hizo.

Simplemente, avanzó.

A medida que lo hacía, la oscuridad que lo envolvía poco a poco comenzaba a desintegrarse, hasta llegar a un punto donde pudo ver con claridad todo aquello que le rodeaba.

Se trataba de un campo que se encontraba cubierto de asfódelos, flores de distintas especies entre las que destacan tulipanes, azucenas, narcisos y jacintos.

Continuó avanzando, ignorando todo a su alrededor. O casi.

Por el rabillo del ojo pudo ver algo que captó su atención, haciéndolo detenerse. Era una flor cuyas raíces se aferraban a una roca, se trataba de un narciso de tamaño tres veces más grande que el resto de las flores. Permaneció quieto un momento observando la flor, algo dentro de él se estremeció, más no supo exactamente el porque de esa sensación; era, como si su corazón se agitara ante algún recuerdo, pero nada venia a su mente con claridad.

No importaba, seguramente cuando llegara, sabría que recuerdo era ese.

Ahora lo importante era simplemente avanzar.

Porque él no caminaba, sus pies permanecían juntos, no se movían, nunca llegaban a tocar el pasto bajo ellos, la realidad era que flotaba como si pendiera de algún tipo de hilos, simplemente avanzaba.

Llegó a un punto del campo donde varios espectros silenciosos vagaban sin rumbo fijo. Cuando estuvo lo suficientemente cerca de ellos, notó como detenían su andar. Un extraño mutismo reinó en ese lugar, era un silencio sepulcral, de alguna forma asfixiante.

Hizo caso omiso a ese detalle, y él continúo avanzando.

Pero entonces, los espectros iniciaron un nuevo movimiento, esta vez no avanzaban sin tener un lugar al que llegar, parecían coordinarse de alguna extraña forma.

Siguió avanzando hasta estar a un par de metros de los espectros errantes donde se detuvo un momento. Para poder llegar al Río Estigia tenía que atravesar esos campos, y eso, a su vez, significaba pasar a través de todos esos espectros.

Con esa idea terminó por anular la distancia entre él y aquellas almas sin rumbo.

Sin embargo, nuevamente los espectros detuvieron su extraño vaivén, y fue entonces cuando se dio cuenta:

Los espectros se habían dividido formando dos filas, donde él quedaba justo en medio.

Habían formado un camino para él.

Sobrecogido por este descubrimiento, pero con la sola meta de avanzar, continuó con su camino con una natural arrogancia.

Flotaba entre ellos observando como sus miradas vacías de pronto se encontraban con la suya, en algunos había envidia, en otros odio, en algunos podía ver un poco de alegría, y en la mayoría, su mirada se llenaba de una tristeza tan profunda que de alguna forma le hacía sentir culpable. Al pasar junto a ellos, podía escuchar ligeros suspiros y llantos, incluso algunas palabras de dolor, acentos de ira, altivas y roncas voces.

Continuó avanzando sin importarle cuanto tiempo llevaba haciéndolo, lo único que habitaba en su mente era la distancia que le faltaba para llegar a su objetivo:

El Río Estigia, su siguiente punto a llegar.

oOoOoOoOoOoOo

El dolor fue intenso, como un cuchillo clavándose sin piedad en su corazón, como si rasgara una parte importante de su alma. Su respiración se interrumpió de tal forma como si alguien la estuviera asfixiando.

Pasada la sorpresa inicial, se irguió sobre su cama, importándole poco el estar denuda o despertar a su acompañante, quien, justo en ese momento, despertaba en medio de un grito.

La terrible certeza del origen de ese dolor, se abrió paso en su mente.

Con sorprendente rapidez, se puso de pie, tomó una bata para cubrir su desnudez, para luego salir de la habitación en dirección de su despacho, ignorando el que Ron la llamaba a gritos.

No, no podía ser cierto, se negaba a creer lo que ese dolor quería decirle.

Las lágrimas se agolparon en sus ojos, nublándole la vista y haciéndole trastabillar en su carrera. Su respiración agitada se unía al dolor en su pecho que se hacía cada vez más intenso, mareándola y nublando su raciocinio, y con el único pensamiento coherente en su mente de llegar a su despacho y observar la pequeña serpiente de cristal sobre su escritorio.

El tortuoso camino llegó a su fin en el momento en que logró estar frente a la puerta de su despacho, pero su ansiedad creció al darse cuenta de que no podía abrirla a causa de los hechizos que ella misma había aplicado antes de irse a dormir. Desesperada, comenzó a golpear la puerta con sus puños cerrados, lágrimas de desesperación se deslizaban por su lindo rostro.

-¡Ábrete! ¡¡Ábrete maldita sea!! – gritaba en medio de sollozos.

-¡Hermione! – la llamó Ron al llegar a su lado, su piel normalmente blanca ahora tenía un color exageradamente pálido, y mientras una de sus manos se mantenía contra su pecho en un intento de calmar el dolor que ahí se agolpaba, la otra sostenía su varita con firmeza, pronunciando los contrahechizos que mantenían cerrada la puerta.

En cuanto ésta abrió, los dos se abalanzaron al interior del lugar y corrieron hasta llegar al mapa que Ron había hecho, sus ojos inmediatamente se dirigieron en busca de la pequeña serpiente, encontrándose con una escena inesperada:

La serpiente no sólo estaba opaca, sino que también estaba partida por la mitad, y ambos fragmentos reposaban en un extraño dibujo que Ron estaba seguro no había incluido en el mapa:

Se trataba de una torre de color bronce con una inscripción en letras plateadas que rezaba: Tria Fata.

Hermione se cubrió el rostro con sus manos, sus piernas no pudieron mantenerse firmes por más tiempo, cayendo contra el frío suelo. El dolor de su pecho haciéndose cada vez más insoportable.

-No – murmuró Ron con voz quebrada – ¡No! – gritó al mismo tiempo que tomaba el mapa y comenzaba a destrozarlo.

-¡Nooo! – gritó Hermione, un grito desgarrador que indicaba el desmoronamiento de la chica.

El pelirrojo dejó lo que estaba haciendo para abrazar el cuerpo lloroso de su pareja.

Ahora sólo se tenían el uno al otro.

Sólo ellos dos...

Nadie más...

OOoOoOoOoOoOo

Una sensación de alivio inundó todo su ser tras haber dejado atrás a aquellos espectros. Finalmente había llegado a la ribera de un gran río, era un río muy ancho, del cual ni si quiera podía ver la otra orilla, sus aguas eran oscuras sin llegar a ser absolutamente negras.

El Río Estigia.

Sus ojos pasearon por todo el lugar, encontrándose con las almas de seres sin fortuna, notando que esta vez no eran espectros, sino que tenían una forma corpórea más sólida, incluso parecían personas vivas. Personas que estaban en la ribera retorciéndose de dolor, sus cuerpos desnudos y lacerados, llorando, mordiendo sus propios cuerpos, en la malvada orilla que aguarda a todo aquel que a los Dioses no teme, lanzando palabras blasfemas en contra de los Dioses.

Un poco más lejos entre las oscuras aguas del río, pudo ver una vieja barca blanca que se acercaba a él lentamente. Y claramente pudo escuchar como el hombre que lo remaba cantaba

¡Hay de vosotras, almas perversas!

¡No esperéis ya más de ver el Cielo!
Aquí vengo a llevaros a la otra orilla
a las tinieblas eternas, al calor y al hielo.
Y tú que estás allí, ánima viva,
aléjate de estos que están muertos.

La canción le era, de alguna extraña forma, muy familiar, aunque no podía recordar exactamente cuando la había escuchado, o si alguna vez la había oído.

El extraño hombre dejó de cantar, al acercarse a la orilla sobre su barca.

Los profundos ojos del Barquero lo miraron con fijeza, como queriendo ver a través de su alma y descubrir sus más profundos y atroces secretos.

-¿Así que ahora os llevaré al otro lado? – le preguntó con voz áspera, formando en sus labios una sonrisa sarcástica.

Él asintió en silencio.

-Nunca, en todo mi existir, conocí a alguien como vos – le dijo con sinceridad, para enseguida cambiar su expresión a una de avaricia – ¿Traéis el tributo?

De entre sus ropas sacó un par de monedas de oro, arrojándoselas y siendo atrapadas por el barquero, quien las observó con atención, sus ojos de fuego brillaron con ambición.

-Subid.

Con arrogancia y la seguridad de que pronto llegaría a donde deseaba, ascendió a la barca. En cuanto Caronte lo vio flotar hacia su embarcación, comenzó a remar, avanzando entre las oscuras aguas del río.

OOoOoOoOoOoOo

Despertó con un sobresalto, el sudor corriendo por su rostro. Confundido, se llevó una mano a su largo cabello enterrándola entre las hebras azabaches en un intento por calmarse.

Tenía un extraño presentimiento, no sabría catalogarlo como algo bueno o malo. Su corazón latía desbocado, nervioso. Tenía una extraña sensación de perdida que de alguna manera era difícil de contener.

Sin saber porque, se puso de pie, de alguna manera estar entre esas paredes le estaba asfixiando. Tomó su bata dispuesto a salir de ese encierro y tratar de encontrar la causa que le mantenía en ese estado de nerviosismo.

Dejó atrás sus habitaciones, internándose entre oscuros pasillos, el sonido de sus pasos era inexistente, su propia figura se confundía entre las sombras.

Sin poder evitarlo, sus pensamientos se dirigieron hacia Draco.

¿Cómo estaría? ¿Estaría bien? ¿Tal vez herido? ¿Habría llegado hasta Potter? ¿Qué clase de trato haría? ¿Podrían regresar ambos? ¿Y si no? ¿Podrían estar juntos aún en la muerte?

Demasiadas preguntas y ninguna respuesta para ellas.

Suspiró con pesadumbre.

Draco era como un hijo para él, fue su soporte durante la terrible guerra contra el Señor Tenebroso, por él se arriesgó a descubrirse como espía para evitar que siguiera los pasos de Lucius.

Se sintió orgulloso de cada uno de los logros de Draco, así como también sufrió el dolor que lo envolvió tras la muerte de Potter; fue su hombro quien soportó las lágrimas de su dragón y fue su voz quien lo tranquilizaba tras aquellas atroces pesadillas que le hacían revivir una y otras la escena donde su propio padre le arrebata su razón de vivir.

¿Por qué la vida tenía que ser tan cruel?

Era una pregunta que siempre se hacía, y a la que nunca encontraba respuesta.

Contrario a lo que todos pensaban, Draco había sufrido desde pequeño; sufrió la soledad que su apellido imponía, sufrió los excesos de Lucius, el desprecio de muchos sólo por su nombre, sufrió el acoso del Señor Tenebroso, y cuando todo parecía mejorar para él, cuando Potter iluminó su vida con palabras y caricias de amor, tenía que llegar Lucius y arrebatarle la tan anhelada felicidad.

Y ahora...

Ahora Draco había desafiado cualquier tipo de lógica al ir en busca del alma de Potter a un lugar del que sólo se sabía por meras leyendas, pero que al parecer eran demasiado reales como para traer esperanza al ya roto corazón de Draco.

Y eso, aunque fuera difícil de creer, le daba miedo.

Miedo de que todos esos mitos de dioses vengadores, que lo controlan todo, de alma perversa, fueran reales, porque entonces, ¿qué podría hacer Draco contra ellos? ¿Qué podía hacer un simple mortal contra decenas de seres inmortales?

¿Qué?

Sus pasos le llevaron inexplicablemente frente al despacho de la Profesora Granger. Confundido por eso, estuvo a punto de darse media vuelta y volver a su habitación, pero algo captó su atención y le impidió cumplir sus deseos.

La puerta estaba abierta de par en par, mostrando una escena por demás triste y desesperanzadora.

Granger y Weasley arrodillados en el piso, abrazados y llorando como aquella vez en que habían perdido a Potter.

Su corazón se detuvo ante un inesperado pensamiento.

Como si hubieran perdido a...

-Draco – murmuró con voz quebrada.

Las fuerzas le fallaron, perdió el equilibrio y a punto estuvo de caer de no ser que alcanzó a sujetarse del marco de la puerta. Su mano libre cubrió su rostro mientras las lágrimas surcaban su rostro.

Había perdido a su hijo...

A su Dragón...

OOoOoOoOoOoOo

Desbordó la barca de Caronte, siendo conciente de la intensa mirada del barquero sobre él. Paseó sus ojos por todo el entorno. Pudo reconocer que estaba al borde de un valle, un abismo doloroso que acogía el rugir de llantos que parecían ser infinitos.

Era oscuro, profundo y nebuloso, tanto que aún fijando su vista en algún punto delante de él, no reconocía cosa alguna, sin embargo, podía escuchar suspiros que se transportaban a través del aire hasta llegar a sus oídos, haciéndole estremecerse. Avanzó tratando de seguir esos sonidos, sabía que debía de seguirlos para encontrar su propio camino.

Levitó entre la niebla oscura hasta encontrar el origen de esos suspiros, se trataba de una multitud conformada por niños, mujeres y hombres, cuya angustia se teñía en el rostro de aquellos infelices.

Continuó avanzando ignorándolos, sabía que de nada le serviría hablarles, estaban siendo presos de su propio tormento, él sabía donde se encontraba, así que siguió con su camino.

Llegó hasta el pie de un noble castillo, el cual estaba cercado siete veces por altos muros, defendido en torno por un bello riachuelo, de aguas claras y tranquilas. Observó el castillo, y pudo ver que sobre la enorme puerta de roble, estaba una inscripción en griego que rezaba:

"Juzgado"

Sus pies se elevaron sobre el riachuelo, avanzando decidido, hasta atravesar la puerta, encontrándose con un largo y escabroso pasillo. Con lentitud comenzó a recorrerlo, no tardó mucho en encontrar una última puerta, la abrió, encontrándose con un prado de verde pasto fresco.

Estando dentro pudo ver las almas de aquellos a quienes juzgarían, sus rostros estaban alicaídos en espera de su destino final, algunos murmuraban un poco con voz suave, y otros permanecían en total silencio.

A medida que avanzaba un extraño sentimiento de ansiedad se apoderaba de él, sabía que hacia donde se dirigía no era otro lugar que donde sería juzgado.

¿Qué destino le esperaba?

¿Sería acaso el dolor de una cruel condena?

No recordaba mucho sobre los actos que cometió antes de llegar a ese lugar, pero tenía el presentimiento de que había sufrido mucho y rogaba por no seguir con aquel dolor.

Llegó hasta el final de una fila de espectros, con cuidado tomó su lugar, esperando con paciencia su turno.

No supo cuanto tiempo pasó, en realidad, su noción de la realidad y el tiempo estaba muy distorsionada, tanto, que ni siquiera lo sintió pasar, para él pudieron haber transcurrido horas, sin embargo también pudieron haber sido segundos y él no habría notado la diferencia.

Finalmente llegó su turno. Ante él, un hombre se erguía imponente y orgulloso, sabía que ese hombre era quién examinaba las culpas de las almas, las juzgaba y ordenaba su condena.

Ese hombre no era otro que Minos.

Cuando el alma mal nacida esta frente a él, toda se confiesa; y ese conocedor de pecados ve cual es su lugar en el Tártaro, cuantos grados abajo quiere que sea puesta. Siempre, delante de él, hay muchas almas que van y vienen, cada una tiene su propio juicio, dicen sus pecados y Minos los escucha para después castigarles si es necesario o recompensarles, según el caso.

El juez tenía un cabello largo y negro, brillante como ala de cuervo, y si bien su piel era pálida eso solo hacía resaltar la profundidad de sus ojos negros, ojos que eran capaces de ver a través de los escudos forjados para esconder los más oscuros secretos. Minos estaba de pie, sujetando un gran libro, el cual él sabía que era una especie de archivo, si un alma mentía, Minos inmediatamente lo sabía a través de ese libro, llamado también el Libro de las Almas. Se acercó a él, sin poder evitar sentir cierto temor.

Minos levantó la mirada al percibir una nueva alma para ser juzgada, sus ojos negros como la más oscura noche se encontraron con unos ojos grises que lo miraban con cierta frialdad.

-Nos volvemos a encontrar – afirmó Minos.

Él se mantuvo en silencio.

-Vuestro caso es único, nunca supe de algo parecido – le dijo el juez sin dejar de verlo –, aún así, espero, por vuestro propio bien, que siga siendo así.

Minos pasó su mano por encima del Libro de las Almas, en una suave caricia. Sabía que esta vez si encontraría el nombre del alma frente a él, pero ni siquiera se molestó en buscarlo, pues él ya lo había juzgado la primera vez que le había visto.

-¿Espero que vos recordéis mis palabras ante un segundo encuentro entre nosotros? – preguntó, obteniendo un asentimiento impregnado de duda de parte de quien le escuchaba –. Pues bien, vuestro destino por el amor que habita en vuestro corazón, será aquel donde moran los héroes y los poetas, los hombres que amaron y fueron correspondidos, los hombres que aún contra todo luchaban por un causa justa. Los hombres como vos.

El Juez hizo una pausa, notando el nerviosismo del alma que juzgaba. Una suave sonrisa se dibujó en sus labios.

Sabía que lo que iba a hacer, era lo justo.

-Los Campos Eliseos os esperan – hizo una pausa que aprovechó para convocar el portal que mostraba una imagen ligeramente envuelta en una niebla sobrenatural, advirtiendo que a lo lejos había un camino que llevaba a algo similar a un pueblo rodeado por hermosos y altos árboles.

Su cuerpo se tensó al comprenderlo.

Había sido juzgado.

Y el veredicto era el habitar en los Campos Eliseos.

-Adelante Draco Malfoy, Harry Potter os espera.

OOoOoOoOoOoOo

-Gracias por acompañarme Profesor Firenze

-No tiene nada que agradecer Profesor Longbotton.

-Oh, claro que si, se muy bien que es bastante peligroso estar en el Bosque Prohibido a estas horas de la noche, pero es necesario recolectar estas muestras.

-La Coclearia aumenta sus propiedades cuando la luna se encuentra en cuarto creciente.

-Exactamente, por eso me era necesario venir a esta hora.

Ambos profesores caminaban entre la espesura del Bosque Prohibido, la luna creciente iluminaba un poco el oscuro firmamento. Los ruidos de la noche eran devorados por esa negrura y tenebrosidad que siempre rodeaba al bosque. De vez en cuando Neville se detenía para revisar algún espécimen sin notar que a su lado Firenze observaba con aprensión a su alrededor, como si estuviese esperando a que algo sucediera.

E indudablemente algo sucedió…

Lo primero que sintieron fue que la tierra bajo ellos comenzaba a sacudirse, no demasiado fuerte, pero lo suficiente como para sacarlos de balance. Casi enseguida que el temblor iniciaba, una extraña luz refulgía en el fondo del bosque, expandiéndose con rapidez, como si de una explosión se tratase.

El silencio, que hasta ese momento los había rodeado, se había visto roto por aullidos lastimeros y sonidos que claramente indicaban una huida.

Cuando el fulgor se extinguió y la tierra dejó de sacudirse, Neville logró ponerse de pie.

-¿Qué fue eso? – preguntó nervioso.

-El final de un destino – pronunció solmene el centauro sin dejar de observar el lugar en donde la luz se había extinguido.

-¿Qué? – inquirió Neville, sin comprender de que hablaba el centauro.

-Provino de la Capilla de los Caídos - y sin más, el centauro galopó hacia el lugar señalado.

Neville permaneció estático sin saber que hacer o pensar. Durante un par de minutos permaneció igual, procesando todo lo ocurrido sin llegar a entenderlo por completo. Finalmente decidió seguir al centauro y averiguar lo que ocurría.

Corrió lo más rápido que sus piernas le permitían, tratando de hacer lo posible para no tropezar con algo en medio de aquella incremente oscuridad. Tras unos minutos esquivando todo tipo de arbustos y rezando porque ninguna criatura decidiera cenarlo, llegó hasta la capilla donde los caídos en la guerra descansaban.

Se detuvo unos instantes delante de la enorme puerta de cristal que resguardaba la entrada. La capilla se alzaba imponente frente a él, de pilares macizos y hermosos de mármol blanco, los ventanales eran de un color azul claro, lo que le confería a la capilla una apariencia divina, casi fantasmal en medio de la oscuridad del Bosque Prohibido.

Intentó calmar su agitada respiración, con la intención de no desfallecer. Cuando pudo mantenerse erguido abrió la puerta, una súbita ansiedad lo invadió.

-Vamos Nev, eres un Gryffindor – se dijo a sí mismo, pero aún así, la ansiedad no se fue.

Respiró profundamente y antes de que el poco valor que había podido reunir se evaporara entró con paso decidido. Inmediatamente la grandeza de la estructura se mostró ante él. Desde el centro podía apreciarse su estructura octogonal, hacia donde mirara había una puerta con forma de arco, cada puerta se dirigía hacia una cúpula aún más pequeña donde se encontraban los cuerpos de los caídos.

Exhaló un suspiro de alivio cuando localizó a Firenza.

-Profesor – lo llamó al mismo tiempo que avanzaba hacia él –. Profesor, ¿qué fue lo que...

Él mismo se interrumpió cuando llegó al lado del centauro y vio la escena que se presentaba en la cúpula en donde el centauro permanecía.

La cúpula donde descansaba el cuerpo de Harry Potter.

Las paredes de la cúpula estaban finamente talladas, con grabados que honraban a la persona que descansaba en ese lugar, había también, varias velas que perfumaban el aire así como la placa en la que Hermione, Ron y Draco habían plasmado sus sentimientos hacia la persona que descansaba en ese lugar.

Y justo al centro se encontraba el féretro que resguardaba el cuerpo del mago que trajo la paz al Mundo Mágico.

Sin poder creer lo que veía, Neville se acercó al féretro, deteniéndose a sólo un par de pasos de él. Su varita cayó al piso provocando un leve tintineo, intentó por todos los medios reprimir el impulso de echarse a llorar ahí mismo.

-No – murmuró

Neville se decidió, abrió el féretro, viendo el joven cuerpo de Harry Potter, del Salvador del Mundo Mágico... junto al cuerpo de Draco Malfoy.

Sin poder retenerlas por más tiempo, las lágrimas escaparon de sus ojos.

-Draco...

La escena que se desplegaba ante él, era tan hermosa como triste.

Harry, o mejor dicho su cuerpo, permanecía igual al primer día en que había sido llevado a esa capilla: recostado boca arriba, como si durmiera; sin embargo uno de sus brazos ahora estaba extendido, acunando al cuerpo de Draco, quien reposaba su cabeza sobre el hombro del brazo que lo rodeaba.

Ambos cuerpos se veían tan... llenos de vida, como si solo estuvieran durmiendo, y peor aún, como si tuvieran un sueño agradable y no las constantes pesadillas que les asechaban.

Acercó su mano temblorosa a la garganta de Draco, intentando encontrar en vano su pulso, sintiendo el frío de la piel sin vida. Retiró su mano, asustado por la cruel realidad. Cerró los ojos tratando de mantener bajo control las emociones que se agolpaban en su pecho y la torturaban poco a poco, tratando de desgarrarle el alma.

-Era lo mejor.

Abrió los ojos al escuchar la voz de Friese tan cerca de él. El centauro se había acercado hasta estar a su altura.

-Pero Draco esta...

-Junto a Harry – respondió sin alterar el tono de su voz, para luego girarse hacia el mago y clavar sus ojos azules en los castaños –. ¿Acaso no era eso lo que él deseaba? ¿Estar junto a la persona amada?

Regresó su vista hacia los dos cuerpos que reposaban uno sobre otro, vio el abrazo suave, pero posesivo, la tenue sonrisa de Draco y Harry, dichosos por amarse uno al otro...

Por estar juntos...

-Si – respondió –, era lo que ambos deseaban.

oOoOoOoOoOoOo

Tras salir del portal, lo primero que notó fu el olor a tierra húmeda que regía en el ambiente.

Algo mareado, observó como una niebla sobrenatural rodeaba el lugar imposibilitándole ver más allá de sí mismo, una niebla muy similar a la que envolvía sus propios pensamientos.

Respiró profundo, llenando sus pulmones de todo el oxígeno posible, en un intento de hacer pasar esa sensación de mareo.

Pero no obtuvo exactamente lo que esperaba.

El mareo desapareció, si, pero fue sustituido por algo de mucho mayor impacto.

La neblina, que hasta ese momento había cubierto sus recuerdos, súbitamente se había desvanecido, haciéndolo recordar una vida entera, llena de dolor y soledad, una vida con matices de cariño y amor, una vida llena de lágrimas, una vida...

Su vida.

Esos recuerdos eran el retrato de su propia vida, las imágenes que desfilaban por su mente eran la secuencia de sus actos y emociones...

Y se sentían tan... reales...

Tan profundas...

Que dolían...

Y mucho.

-Harry – fue lo primero que brotó de sus labios al recuperarse del shock.

Los recuerdos continuaron fluyendo como la corriente del río a su lado, negándole a sus ojos observar a su alrededor y fundirse con el hermoso paraíso que se abría a su paso, pues sólo estaba centrado en continuar sumergido en ese mar de recuerdos.

-¿Así que tu eres el chico que busca salir con mi hijo? – escuchó que le decían. Confundido abrió los ojos para encontrarse con un hombre idéntico a Harry, claro si este tuviera poco más de 30 años, con la diferencia de que el hombre frente a él tenía los ojos color avellana en lugar de verdes.

-Te advierto jovencito que mi ahijado no está solo – continuó otro hombre de larga cabellera negra y ojos azules, uniéndose al primero.

De la impresión, Draco sólo podía observar con ojos y boca muy abiertos, sin poder emitir palabra alguna. De una extraña forma, él estaba seguro que debía de conocer a esos hombres que le hablaban de forma tan... intimidante, pero su cabeza seguía siendo un completo desastre y no podía hilar ningún pensamiento coherente.

-¡James! ¡Sirius! – gritó una voz femenina que hizo a los tres hombres temblar, más a los dos desconocidos que a Draco, quien se preguntaba porque debía de temblar ante esa voz – ¡Lo están asustando!

-¡Pero Lily! – se quejaron ambos hombres con sendas expresiones de cachorros apaleados.

-¡En vida siempre quise hacer eso! – se quejó James.

-¡Y yo también! – le siguió Sirius.

Sin hacer caso al lloriqueo de los dos hombres, Lily se acercó hasta ellos y tomando a cada uno de una oreja los alejó de Draco.

-¡Amor, me lastimas! – se quejó James.

-¡Auch, auch! Calma a tu esposa Prongs.

-¿Pero que no entienden que el pobre chico esta desorientado y asustado?, y encima ustedes lo trauman con su complejo de padre y padrino sobre protectores.

-Hola Draco – lo saludó otro hombre quien acababa de llegar a su lado. Al reconocer de quien se trataba, el rubio sólo pudo abrir y cerrar la boca sin que ningún sonido saliera de ella –. Disculpa a estos dos – continuó Remus –, generalmente no saben comportarse.

-¡Moony! – se quejaron los aludidos para luego gritar: – ¡Lily!

-¿Qué tal estas mi muchacho? - preguntó Dumbledoree acercándose al recién llegado, causando aún más conmoción en Draco que éste no pudo ni cambiar de expresión –. ¿Un caramelo de limón? – cuestionó ante el silencio del chico.

-Lo que Draco necesita es ver Harry – afirmó Lily, dejando atrás a James y Sirius con sendas lágrimas en los ojos y con las orejas rojas por los jalones dados.

Ante la mención de su amor, los ojos de Draco se dirigieron con rapidez hacía la única mujer del grupo.

-¿Harry? – alcanzó a preguntar a media voz, temiendo que todo fuese un juego de su mente o alguna otra trampa de algún juez loco.

La pelirroja debió notar su angustia porque enseguida acortó la distancia que lo separaba de Draco, y tomando el pálido rostro entre sus manos lo acercó a su propia faz hasta que sus ojos estuvieron a la misma altura.

Draco se sorprendió por la acción de verse tocado por quien se suponía estaba muerto, pero aún mayor fue su sorpresa cuando se vio reflejado en esos ojos verdes tan parecidos a los que tanto amaba.

-Si, Harry – le dijo Lily sin despegar su mirada de la otra –, el mismo Harry por el que has luchado tanto, el mismo que te espera en la que será tu morada de ahora en adelante – poco a poco las palabras hicieron mella en su cabeza.

Harry lo esperaba...

Lo esperaba en donde ahora vivirían.

¿Eso quería decir que ya no habría más pruebas?

¿Qué todo el dolor y el sufrimiento habían terminado?

¿Qué ya no habría más dolor?

¿Qué todo por lo que había pasado había valido la pena y que ahora podría estar junto a Harry?

-Si, Draco – le dijo Lily, como si hubiera podido leer sus pensamientos –. Todo el dolor terminó, y ahora tú y mi hijo podrán estar juntos y ser felices.

-¿Dónde está Harry? – preguntó, ansioso por estar con su amor –. ¿Por qué él no está aquí? ¿Pasó algo malo?

-Nada de eso mi muchacho – respondió Dumbledore – sólo tardaste un poco en llegar y Harry aprovechó para preparar el lugar donde vivirán.

-¿Dónde... viviremos? – Draco cada vez estaba más confundido, no entendía lo que ocurría a su alrededor, su único pensamiento era el estar junto a Harry, y al no tenerlo cerca comenzaba a ponerle nervioso.

-¡Claro! – esta vez fue Remus quien tomó la palabra –. No pensarás que vivirán a la intemperie del bosque, ¿o si?

Fue en ese momento cuando Draco decidió observar su entorno. Su comitiva de bienvenida y él estaban situados en lo que parecía ser el principio de un camino que llevaba a algo similar a un pueblo.

Era hermoso, un paraíso prehelénico, una tierra donde se respiraba paz y felicidad plenas.

Su respiración se detuvo al comprenderlo.

Estaba en los Campos Eliseos.

Estaba en la tierra donde eran llevados los grandes héroes, en cuerpo y alma, para hacerlos inmortales. Donde eran libres de proseguir con sus actividades favoritas, y las penas y las enfermedades eran desconocidas, donde vivían en total felicidad, rodeados de hierba, árboles y suaves brisas.

Y lo más importante:

Donde se encontraba Harry.

El viento sopló trayendo con él casi imperceptibles gotas de agua. Dio un largo suspiro acompañando de esta manera al sonido producido por el movimiento de las ramas.

-Ven, vamos, te llevaremos ante él – le dijo Lily, comenzando a tirar de su mano, instándolo a caminar.

El pequeño grupo inició su caminar, avanzando hacia aquel pueblo que se vislumbraba a lo lejos. El pasto húmedo gruñía a cada paso que daban.

Caminando por ese lugar, en su pecho se agolpaban un tumulto de emociones: miedo, ansiedad, anhelo... ilusión. Y no era para menos, estaba en los Campos Eliseos, Harry estaba ahí... él se dirigía hacia el lugar donde vivirían... por siempre.

La luna llena iluminaba el oscuro firmamento sin permitir que las nubes opacaran su brillo, lejos de ser tétrico el ambiente, le conferían una imagen mística, evocando los cuentos en donde las hadas paseaban alegres en medio del bosque. Continuaron caminando, sus ojos escudriñaban cada rincón a su alrededor, pronto se dio cuenta que varias personas se agolpaban a ambos lados del camino, adultos, niños, incluso animales como aves, perros y gatos; algunas personas le sonreían, otras le miraban con orgullo, también había quienes le veían con confusión como los niños.

-Todos te ven porque saben todo lo que hiciste por Harry, y están orgullosos de tenerte entre ellos – le dijo Lily sin soltar su mano y sin borrar esa linda sonrisa de su rostro.

El corazón de Draco se hinchó de emoción ante esa declaración.

-Harry también esta orgulloso – le dijo otra voz, en seguida el rubio observó hacia su izquierda, encontrándose con el padre de Harry quien le miraba con orgullo. Draco apenas y pudo asentir con nerviosismo.

Mientras más avanzaban, más personas se agolpaban a su alrededor, Draco pudo reconocer entre ellos a magos que había conocido, incluso creyó ver a Cedric Diggory saludarle desde lejos.

Todo era tan... irreal.

Como si se tratase de un sueño, un verdadero sueño del que no quería, por ningún motivo, llegar a despertar. Todo era tan idílico, tan difícil de creer después de todo lo que había pasado, después del dolor y del sufrimiento, después de estar a punto de morir tantas veces, incluso, aún le era difícil creer que había muerto para poder estar en ese lugar.

Era tan inverosímil, tan fuera de toda lógica, pero...

Estaba ahí...

Estaba en los Campos Eliseos.

Las personas a su alrededor eran la prueba fehaciente de que aquellas viejas leyendas eran reales.

Había un mundo ideal para aquellos que daban sus vidas en nombre del amor, donde residían los mejores seres humanos, en cuerpo y alma, para hacerlos inmortales.

Y él estaba ahí.

Y Harry también.

-Hemos llegado – el suave susurro femenino le hizo salir de su ensoñación.

Frente a él se alzaba una linda casa de paredes en color crema, a simple vista se veía amplia y llena de luz, parecía resplandecer de entre el resto de las viviendas a su alrededor.

Era hermosa, o tal vez él así la veía porque sabía que Harry le esperaba ahí.

Un sonido proveniente del interior de la casa lo hizo sobresaltarse.

-Vamos, entra – le dijo Lily, dándole un pequeño empujón. Draco asintió ausente y nervioso, pero aún así comenzó a salvar la distancia que le separaba de la puerta de madera.

-¡Nosotros vivimos a tres casas, si le haces algo a Harry lo sabré!

-¡Oh James, cállate!

Pero Draco ya no prestó atención a algo que no fuera esa puerta. Con inseguridad levantó su mano y la llevó hasta el picaporte, con extrema lentitud lo giró y empujó, la puerta se abrió mostrando sólo oscuridad. No sabía que hacer o pensar, incluso estuvo seguro de haber dejado de respirar y que su corazón había dejado de latir, y entonces la escuchó:

Una risa suave y divertida...

Él conocía esa risa, cientos de veces la había escuchado y disfrutado de ella.

Y a continuación...

Alguien le saltó encima, de un momento a otro alguien se aferraba a su cuello y cintura, con brazos y piernas, y él por inercia enredó sus brazos alrededor de una esbelta cintura.

-Llegaste – le dijo una voz que le hizo estremecer.

Levantó la mirada para encontrarse con un par de ojos de un verde esmeralda que brillaban llena de felicidad.

Su corazón no cabía de gozo, y una sonrisa afloró en su rostro.

-Si... llegué – le dijo, antes de inclinarse y besar esa linda sonrisa.

Al fin estaban juntos.

oOoOoOoOoOoOo

Hogwarts estaba de luto.

Un profesor había muerto, y eso era algo que cimbraba toda la estructura escolar.

Los profesores estaban ausentes, por lo tanto, las clases se habían suspendido. Los alumnos de grados mayores, tenían fresco en su memoria el funeral de Harry Potter, y no podían evitar el pensar que la muerte del Profesor Malfoy estaba relacionada con aquella sucedida hacía ya casi dos años.

Contrario a los funerales de Harry Potter, ésta vez los honores del Profesor Malfoy se habían llevado a cabo en absoluta privacidad, sólo los profesores habían estado presentes, ningún alumno había podido escabullirse, al igual que ningún medio ni ningún representante del Ministerio.

Algunos alumnos estaban en los jardines, en esta ocasión no había ni risas ni platicas amenas, esta vez los alumnos estaban silenciosos, con el semblante triste y meditabundo.

David Morag se encontraba en la orilla del lago arrojando piedras, su semblante era serio, para quien no lo conociera, su rostro no mostraba tristeza alguna, pero el simple hecho de estar en ese estado de meditación mostraba que de alguna manera estaba alterado.

Lanzó una nueva piedra, y observó como ésta rebotaba tres veces antes de hundirse por completo. Suspiró. La muerte del Profesor Malfoy le había trastocado más de lo que se hubiese imaginado.

Es que todo había sido tan... repentino. Un día Malfoy los castiga a él y a Andrew y les daba de beber veritaserum, luego desaparece y la siguiente noticia que tienen de él es que había muerto.

El Profesor Malfoy siempre había sito atento con los slytherin, sobre todo con él, había una cierta afinidad en sus caracteres que les hacía llevarse bien, los hacía sentirse cómodos en la presencia del otro, después de todo ambos eran slytherin y pertenecientes a una familia llena de tradiciones y complejos.

No sabía la causa de la muerte de su profesor, y eso de alguna forma lo exasperaba, lo hacía aún más incomprensible y creaba incluso una situación irreal, sobre todo con todo ese secretismo que los profesores se encargaban de crear alrededor de su fallecimiento, ni siquiera les habían permitido entrar a la capilla y dar su pésame, sólo les habían dado la noticia y se habían ido así, sin más.

Bufó con molestia.

Se arrebujó aún más en su capa, el viento invernal soplaba con fuerza, y sus mejillas comenzaban a congelarse.

Desvió su vista de lago para buscar a su pareja en medio de aquellos alumnos que aún mantenían la esperanza de que los profesores les permitieran entrar a la capilla. Encontró a Andrew a varios metros de donde él se encontraba, y lo que vio le hizo fruncir el ceño con molestia.

SU pareja estaba abrazando a una estúpida chiquilla que lloraba desconsoladamente sobre su hombro, y el muy idiota de Andrew le regresaba el abrazo mientras murmuraba sabe Merlín que cursilerías. ¿No se supone que Andrew, al ser su pareja, debería de estar a su lado y no junto a una ofrecida cualquiera?

Oh oh, eso había sonado a celos.

Volvió a observar a Andrew, quien ahora daba suaves palmaditas en la espalda de la zorra, mientras la zorra deslizaba sus zorras manos hacia la espalda de SU novio

Oh, si, y vaya que estaba celoso.

Con pasos decididos y rápidos se acercó hasta donde estaban esos dos, y sin ningún tipo de consideración, tomó el brazo que daba de palmaditas y lo jaló con fuerza, separándolo de la estúpida que osaba tocar a SU novio.

-Mira pequeña zorra – le dijo en el tono más despectivo que tenía en su repertorio –, vete a manosear a otro estúpido porque éste es mío, y si vuelves a posar tus pérfidas manos en él, me aseguraré de desprenderlas de tu zorro cuerpo.

La chica se fue de ahí llorando al doble y con una mirada llena de terror y conmoción.

-¡Oye! ¡No debiste hacer eso! – se quejó Andrew soltándose del fuerte agarre de David – ¡Y no soy ningún estupido!

David le dio una mirada escéptica para luego negar con la cabeza y comenzar a caminar.

-¿Qué? ¿Ahora te vas? ¿Después de lo que hiciste? – El gryffindor siguió al otro chico quien le ignoraba deliberadamente – ¡¡La asustaste!!

De pronto David se detuvo, haciendo que Andrew trastabillara.

-Pues si tanto te importa, regresa a consolarla – le dijo con voz fría –, por lo visto ella no fue la única que disfrutó de tu consuelo –. Y en seguida retomó su andar.

Andrew permaneció inmóvil unos instantes, en lo que su mente procesaba lo dicho por su novio.

-¿Estas celoso? – Medio preguntó – ¡¡Estas celoso!! – gritó para luego carcajearse por todo lo alto, sin embargo, al instante siguiente, su espalda estaba siendo golpeada contra el tronco de un árbol y su cuello sujetado por un par de manos, desorientado y dolorido abrió los ojos para encontrarse con otros azules que le miraban de manera fulminante.

-No solo estoy celoso – le dijo David con voz tensa –, estoy dolido y decepcionado de ti. El que esta muerto es el profesor que prácticamente nos unió, el que nos hizo aceptar lo que sentíamos, y a ti lo único que se te ocurre es consolar a una estúpida zorra, en lugar de venir a buscarme. ¡¿Es que no significo nada para ti?!

Andrew abrió y cerró la boca varias veces sin emitir sonido.

-¡Di algo! – le exigió el slytherin.

-No... puedo... res... pirar – balbuceó Andrew. Inmediatamente David retrocedió, liberando al gryffindor de su agarre, el chico tosió un poco en lo que sus pulmones se llenaban nuevamente de oxígeno.

-¿Intentabas... matarme? – le preguntó tras recuperarse un poco.

-No es mala idea – fue la seca respuesta, obteniendo una mirada de reproche.

Permanecieron en un tenso silencio, en lo que Andrew volvía a respirar con normalidad, tras lo cual se miraron uno al otro, perdiéndose en la mirada contraria, volviendo a sentir todo aquel cúmulo de emociones que les embargaban cada que se miraban a los ojos.

Finalmente Andrew suspiró, rompiendo la tensión que los había rodeado.

-Lo lamento – comenzó –. Yo venía en tu busca cuando me encontré con... no me mires así – le dijo cuando David le miró con escepticismo –. No sólo te buscaba para ver como estabas con todo esto, sino para decirte que ya recibí la respuesta de mis padres y que pasaría las vacaciones contigo y tu familia.

-¿En serio?

-¡Por supuesto! ¿Por qué te mentiría? – le preguntó ofendido.

-Para evitar que volviera a asfixiarte.

Andrew estuvo a punto de replicar pero sólo logró abrir la boca sin emitir palabra alguna, al ver la sonrisita que bailaba en los labios de David.

-¡Eres un...! – quiso decir, pero fue interrumpido por su novio.

-Adonis, lo sé.

-Iba a decir un estúpido, pero ahora súmale la palabra arrogante.

-Te acepto lo de la arrogancia, pero la estupidez es cosa tuya.

-Idiota.

-Estúpido.

-Presuntuoso.

-Zorro.

-¿Qué? ¡Yo no soy ningún zorro!

-¡Claro que sí! ¡Te dejaste manosear por esa zorra! Por lo tanto, eres un zorro.

Andrew hizo un sonido que sonaba a una exclamación de ternura.

-Estas celoso.

-Ese punto ya quedó aclarado, así que pasemos a otro. – le dijo sin poder ocultar el bochorno del que fue presa.

El Gryffindor se acercó al otro chico, dispuesto a abrazarlo, pero fue terminantemente detenido por David.

-Ni se te ocurra tocarme, toda esa ropa ya fue manoseada y lagrimeada por esa zorra.

-¡David, no seas ridículo!

-Ya te lo dije, con esa ropa no me tocas.

-¿Y sin ropa? – preguntó sugerente.

-Eso suena mejor – y sin más lo tomó de la mano, tomando rumbo hacia las mazmorras.

La vida de alguien especial para ellos, de quien les había orillado a aceptar sus sentimientos, había terminado, pero ellos aún tenían vida, aún les faltaba mucho para llegar a término, y que mejor forma de honrar a Draco Malfoy que vivir con el amor que él les había hecho aceptar.

oOoOoOoOoOoOo

Calidez y seguridad era lo que esos brazos al rodearle le proporcionaban, y los labios suaves deslizándose con sensualidad por la piel de su espalda se encargaban de alimentar la creciente pasión que les envolvía.

Escuchaba a su propia voz transformada en gemidos, alentando a su amante a continuar, a seguir con ese acto de entrega que tanto habían anhelado y que por fin se les concedía.

Apoyado sobre brazos y rodillas, aferrándose a las sábanas, siendo dominado y al mismo tiempo permitiéndole a su bravía pasión liberarse, Draco le amaba y le envolvía en esa hipnótica danza llena de placer

Besó su nuca, mordió sus hombros y lamió toda la extensión de su columna vertebral; su cuerpo temblaba presa del placer, mezcla de desespero e impaciencia. Sus manos se aferraban a las sábanas en busca de algo a lo que asirse, buscando un soporte que le permitiera mantener un poco de cordura.

-Te he extrañado tanto – le susurró Draco al oído, antes de que su lengua delineara los contornos de su oreja, al mismo tiempo que una mano traviesa descendía por el moreno pecho en busca del pene erguido que le esperaba ansioso.

-Oh Dios – gimió Harry cuando sintió como su pene era apresado por esa hábil mano – también te… oh… extrañé… aah más… si… - su mente quedó en blanco cuando la mano de Draco tomó su pene y comenzó a masajearlo.

Draco esparció besos por toda la extensión de las espalda hasta llegar al firme trasero, donde besó y mordió a placer, provocando aún más incoherencias de parte de Harry. Sin poder esperar más tiempo, se colocó de tal forma que su erección quedaba justo frente a la entrada del moreno, y sin más preámbulos tiró del cuerpo de Harry y entró en él despacio pero con firmeza.

Harry gimió con placer al sentir su cuerpo invadido, sus manos se cerraron con mayor fuerza y enterró su rostro en la almohada tratando de soportar el placer que le invadía.

-Oh Harry – murmuró Draco en cuanto se sintió aprisionado, tomó con firmeza las caderas del moreno, comenzando a moverse con estocadas lentas pero profundas, tratando de disfrutar la placentera sensación de sentirse atrapado de esa forma. Draco cerró los ojos fuertemente y acarició la erección de Harry arriba abajo, tratando de mantener la misma cadencia de sus propias embestidas, provocando con eso que los gemidos del moreno se intensificaran así como las sacudidas de su cuerpo.

-Draco – le llama Harry en medio de un gemido de placer –… bésame – le pide, y el rubio sin poder negarse se inclina sobre él, encontrando el rostro moreno bañado de sudor, pronto sus labios se ven atrapados por otros, quienes de inmediato comienzan una danza sensual, llena de pasión y erotismo.

La nueva posición era ahora incómoda, pero Draco no desea dejar de besar a su chico de ojos verdes, no cuando ha sufrido tanto para volver a hacerlo, así que con cuidado comienzó a sentarse, jalando a Harry hacia arriba y más cerca de él; dejó por un instante la erección que atendía para poder rodear la cintura del moreno y acomodarlo sobre sus piernas sin salir de su cuerpo.

Harry jadeó dentro del beso, sintiendo como el pene del rubio se hundía aún más dentro de su cuerpo.

-Te amo – murmura Draco, depositando suaves besos contra la espalda sudorosa del otro.

-También te amo – dijo Harry sin aliento

Draco gimió de manera profunda, aferrándose con fuerza a las caderas del moreno, intentando adentrarse aún más en ese cuerpo cálido y ávido de caricias. Harry recargó su espalda contra el pecho níveo y sus labios buscaron nuevamente los del rubio, encontrándose con una lengua dispuesta a derrocar a la suya en una guerra de sensaciones. Sintió como Draco le tomaba de las caderas con firmeza, elevándolo hasta estar apunto de separarse de ese cuerpo, para luego dejarlo caer con fuerza, arrancando gemidos y palabras incoherentes, alzándole una y otra vez, moviéndole de arriba abajo, empalándolo con fuerza, solo en busca de placer para sí y para aquel al que amaba.

Harry se aferró al blanco cuello, tratando de encontrar algo a lo que aferrarse ante cada nueva oleada de placer, separando sus labios y enterrando su rostro en el cuello, cuando los gemidos se hacían inevitables, besando y lamiendo, saboreando todo aquello que estuviese a su alcance.

Draco apretó los dedos en torno a las delgadas caderas y prosiguió aumentando el ritmo, mientras que el moreno arqueaba la espalda para permitir a una pálida mano llegar hasta su erección y comenzar a masturbarlo.

El moreno se sacudía, su cabeza iba de un lado a otro mientras sus labios se movían frenéticamente en medio de gemidos e incoherencias, sus manos se abrían y cerraban espasmódicamente intentando soportar las oleadas de placer que le consumían.

Draco aumentó la velocidad de sus movimientos, era demasiado con la visión que tenía desde allí, y escuchar a Harry pedirle mas; la visión de ambos se tornó borrosa y de pronto, todos los músculos de su cuerpo recibieron una descarga de placer tal, que por un momento dejó de respirar, dejándose consumir por aquél remolino de sensaciones que le devoraba, haciéndolo retorcerse y gritar el nombre del rubio que llegaba a la cima del éxtasis al mismo tiempo que él.

Harry suspiró dejándose caer sobre el cuerpo de Draco, sudoroso y agitado, descansando su cabeza sobre el pálido hombro, fatigadamente feliz.

Harry colapsó sobre la espalda de Draco y los brazos de éste temblaron bajo el peso adicional. Saliéndose con gran cuidado, Harry se dejó caer a un lado y aterrizó de espaldas, jadeando pesadamente mientras observaba a Draco desplomarse también sobre la cama.

Permanecieron así, juntos, disfrutando de los ligeros estremecimientos que dejaba a su paso el orgasmo, sumergiéndose en una cálida neblina que adormecía sus sentidos. Perezosamente, Draco buscó la mano de su pareja, la tomó llevándola hasta sus labios donde la llenó de suaves besos para delicia de Harry.

-¿Siempre juntos? – le preguntó Draco, mirando esas bellas esmeraldas que tanto había añorado, sin poder evitar el sentir miedo, un miedo que le carcomía con solo pensar el poder perder nuevamente al hombre que descansaba placidamente entre sus brazos.

-Siempre juntos, toda la eternidad – respondió Harry, con una sonrisa en sus labios y la seguridad y el amor en su mirar, sentimientos que alejaron para siempre cualquier miedo que inundara el corazón de su dragón.

-Si, toda la eternidad – repitió el rubio antes de encontrar los labios de su amor para no dejarlos escapar nunca más, ni por toda la eternidad.

oOoOoOoOoOoOo

La capilla de los caídos se veía más imponente que nunca, sus pilares de mármol blanco se elevaban solemnes; luz del día se filtraba a través de los ventanales, iluminando el interior en un tono azul claro, lo que le confería a la capilla una apariencia divina, casi fantasmal, impresión que se acentuaba al observar a aquellas personas vestidas de negro que formaban un círculo alrededor de algo.

El profesorado de Hagwarts era el único presente en el resinto, todos viviendo el luto una vez más, pues la muerte se había llevado a un nuevo miembro de su pequeña familia.

Las grandes puertas de caoba que resguardaban la cúpula yacían cerradas con hechizos poderosos que evitaban que alguien ajeno a ellos entrara. Nadie más que ellos tenían derecho de velar el cuerpo que ahora yacía ahí, no permitirían que esa ocasión tan íntima fuera mancillada con seres que no comprendían la grandeza de lo que ahí había ocurrido, no permitirían que el nombre de Draco Malfoy quedara empañado de alguna forma.

Flitwick, McGonagall, Sinistra, Firenze, Neville, Hermione, Ron y Severus eran quienes rodeaban el féretro donde yacían ambos cuerpos, las mujeres mayores cantaban el treno fúnebre sin poder retener las lágrimas que se deslizaban por sus rostros.

No habían podido preparar el cuerpo, nadie se había atrevido a tocar siquiera un resquicio de piel, simplemente no se atrevían a mancillar de alguna forma la escena que se desarrollaba dentro del féretro, todos concientes de que todo ello había sido obra de seres mucho muy superiores a ellos.

El pequeño profesor de transformaciones se encontraba de pie ante un estoico Severus Snape, quien con la varita en alto murmuraba una oración fúnebre, laudatio funebris, siendo él el único que podía considerarse el pariente más cercano a aquel que yacía sin vida, tenía el derecho y la obligación de proclamar esa oración en donde se ensalzaban las preclaras virtudes del fallecido.

No por ello siendo menos doloroso el hacerlo.

Tras terminar la oración y los cánticos, poco a pocos los profesores fueron saliendo del reciento, dejando sólo a las tres personas que conocían casi de primera mano toda la historia tras esa misteriosa muerte.

Hermione lloraba en silencio mientras era abrazada por un sereno Ronald Weasley, quien pese a todo lo que se desarrollaba a su alrededor, los cantos fúnebres y la oración, pese a ver frente a ellos el cuerpo sin vida del que fuera su amigo, mantenía el semblante sereno, como si estuviese en paz consigo mismo y con la situación que se desarrollaba.

Ella aún no podía creer que el cuerpo que estaba siendo abrazado por Harry en el interior de ese féretro de cristal, fuera el de Draco Malfoy.

A ella todavía le parecía verlo discutir aquella tarde sobre el Altar de Muertos que le daba la esperanza de volver a ver a Harry, le parecía escuchar su voz segura diciéndole que todo era posible en un mundo donde la magia era su eje central, y al parecer, no se había equivocado.

Aún no encontraba explicación sobre la aparición del cuerpo sin vida de Draco junto al de Harry, no podía creer que tras aquel rastro de luz que había iluminado la Capilla el cuerpo de su rubio amigo hubiese sido transportado de quien sabe donde y despojado de cualquier resquicio de vida, su mente racional se negaba a dar crédito a todo lo sucedido.

¿Pero que había de racional en que Draco proclamara que iría a rescatar al alma de Harry?

¡¡Nada!!

¡¡¡Absolutamente nada!!!

Y sin embargo, en lugar de que Draco regresara junto a Harry, les había dejado también. ¡¡Era injusto!!

-Era lo mejor.

La voz de Ron la hizo sobresaltarse, dándose cuenta que tanto los cantos como la oración de Severus habían terminado, siendo la voz de su ahora pareja quien había roto el pesado silencio que los había envuelto.

-¿Cómo, podría explicarme Weasley, el que Draco haya muerto por una vana ilusión, pudo haber sido lo mejor?

Severus siseó entre dientes, demostrando en su voz el dolor que le carcomía, que le mataba de a poco al saber que al que consideraba un hijo nunca más lo volvería a ver, al menos no con vida. Ya había perdido mucho en la guerra, y no podía concebir que aún tuviera que sufrir una perdida más cuando la paz había llegado por fin, que la vida nuevamente se regodeara de su dolor al perder al que consideraba su hijo por la insulsa locura de traer a Potter de entre los muertos.

¡¡Simplemente era inconcebible!!

Sin embargo, Ron no perdió la calma que lo había acompañado desde que Neville les dijo que habían encontrado el cuerpo de Draco junto al de Harry, para él eso había sido una señal de que Draco había podido llegar hasta su amigo, y que en lugar de regresar, se había quedado allá donde yacían las almas al final de sus días.

-Obsérvelos Profesor, y dígame si sus expresiones, o si la forma en que se abrazan o simplemente el que Draco haya aparecido aquí "como por arte de magia" desde quien sabe donde, ¿no le dicen algo?

-¡Por supuesto que me dicen algo! ¡¡Me dicen que Draco esta muerto!! ¡¡Qué dio su vida por una ilusión sin fundamentos, por una locura, por…

-Por amor – terminó el pelirrojo, sin dejarse amedrentar por el que antaño fuera su profesor de pociones. Tomó aire para dar la explicación que todos le pedían, pero sobre todo para que el dolor y el reproche en los ojos castaños de Hermione menguara.

-Siempre me he preguntado que había más allá, que era lo que pasaba cuando las personas morían, si eran verdad todas aquellas historias en donde te decían que habría un bello lugar esperando por ti se te portabas bien y tenías buenos sentimientos. Nunca tuve el valor de preguntar a alguien todo eso, sin embargo, siempre tuve miedo a morir, y el miedo se acrecentó cuando vino la guerra, cuando cualquier minuto podía ser el último en el que estuviera vivo, o que alguien cercano a mi muriera. Harry murió, y aunque tal vez alguna vez me pregunté hacia donde iría su alma, el dolor de haber perdido a mi mejor amigo fue peor, así que dejé de pensar en eso. Y no fue sino hasta que Draco llegó con la idea de hacer aquel altar y tras recibir aquella carta que tuve la certeza de que si había un lugar al que ir tras la muerte. Y pensé, que tal vez si existiera aquel sitio al que llamaban cielo, y que Harry podría estar ahí, y cuando buscamos todo aquello sobre el Hades, cuando hice el mapa, me di cuenta de que tal vez Draco no regresaría.

-Y no era porque no confiaba en sus capacidades, Merlín me libre, nunca conocí a un mago tan fiero como él cuando se trataba de defender lo suyo, y Harry era suyo, o al menos su corazón, y sabía, que costase lo que costase, Draco llegaría a él, que aquellos dioses que se vanagloriaban de ser los más fuertes, podrían ver el amor que esos dos se profesaban y que les permitirían estar juntos de nuevo, pero luego me pregunté ¿Qué si todo lo bueno que se cuenta en verdad existe en ese lugar? ¿Qué si no existe el dolor, ni la tristeza, ni el odio? ¿Qué si sólo existe el amor? Y pensé, que no había mejor lugar para dos seres que han sufrido tanto que vivir su amor en aquel sitio, donde ya no existe la muerte, ni el temor a ser separados. Sé que es así, porque los cuerpos que allí yacen, abrazados y sonrientes, así me lo confirman.

Sus ojos azules estaban empañados, pero su voz nunca se quebró, se mantuvo firme, como firme estaba su creencia en que todo había sido para bien, y que Draco estaba al lado de Harry, como siempre debió ser.

Hermione se desprendió del abrazo del pelirrojo, una mirada firme resplandecía en sus ojos castaños. Había comprendido lo que Ron había dicho, y había estado ciega ante su dolor para no ver que Draco y Harry ahora podían ser felices.

Con firmeza levantó su varita y transformando una de las velas que flotaba a su alrededor, convirtiéndola en una placa de oro semejante en forma y dimensiones de la que yacía ante el féretro de Harry, y con un hechizo aprendido tiempo atrás, comenzó a escribir sus pensamientos.

"Aquí yace un Dragón de Plata,

mago de alto abolengo,

fiel a sus creencias,

de alma indomable y

orgullo reacio."

Hermione bajó la varita, conciente de las otras dos miradas sobre ella, sin embargo, permaneció imperturbable admirando las letras escritas con su magia.

Otra varita se alzó en dirección a la placa, un rayo similar al anterior convocado cruzó el recinto, tallando letras sobre la superficie de metal.

"Aquí yace un hombre aguerrido,

guerrero que luchó hasta el final

en una batalla donde la inmortalidad

era su oponente

y el amor de un alma su único escudo."

Pronto otro hechizo se unió, esta vez fue la mano de Severus Snape quien invocó su magia para expresar su sentir.

"Aquí yace el hijo deseado,

nacido de lagrimas y un corazón moribundo,

orgullo forjado a base de amargo amor."

Una lágrima surcó su ya curtido rostro, haciéndole temblar el brazo que se mantenía en alto.

"Aquí yace el hombre que desafió lo imposible,

que luchó contra dioses inmortales,

en busca del amor que perdió

y que encontró al final de su travesía."

Los tres permanecieron en silencio, rodeándose de esa atmósfera cargada de tristeza y dudas, de incertidumbre ante lo que sería con el alma de Draco, tratando de creer en que había logrado llegar hasta Harry y permanecer a su lado donde quiera que estuviese.

Y justo en ese momento un suave viento les envolvió, de los ventanales de la Capilla un rayo dorado se filtró, llegando hasta la placa que acababan de crear, y con suaves movimientos, como si de una pluma se tratase, fue grabando palabras en una fina caligrafía.

"Aquí yacen dos seres excepcionales,

muerto uno por defender su amor,

muerto el otro para llegar a él,

tal vez el amor pueda ser manipulado por el destino,

pero el corazón y el recuerdo,

son la fuerza de algo mas que la inmortalidad;

al igual que el polvo, son eternos,

porque ellos mismos se crean.

No hace falta que se adentren en un sueño

pues para Harry Potter y Draco Malfoy

la muerte no existe

cuando hay amor."

FIN.

oOoOoOoOoOoOo

Y terminó!!!!

Este es el final de una historia que comenzó con la idea de mostrar un poco de mis tradiciones mexicanas, de algo que me siento orgullosa y se desarrolló de manera asombrosa, atrayendo la atención de muchas personas de distintos lugares del mundo, algo que aún no deja de sorprenderme y que me hace sentir enormemente emocionada.

Sinceramente no tengo palabras para expresar lo que esta historia ha significado en mi vida, no sólo noches de desvelo, ni idas al diccionario de mitología griega o de redacción y gramática, sino las satisfacciones que cada uno de los comentarios que ustedes dejaban, ya sean criticas constructivas o no, o un simple 'hola' eran gratamente recibidos y tomados en cuenta, tanto así que pese a los meses que no pude actualizar, seguí recibiendo comentarios que me animaban a continuar.

A todas esas personas que dejaban un comentario o que simplemente leían mi historia,

MIL GRACIAS.

Sailor Earth.

P.D. Nos vemos en el epilogo. Besos