Los días del Colegio

Disclaimer:

Los personajes de Candy Candy pertenecen a sus respectivas autoras K. Mizuki y Y. Igarashi. Algunos párrafos e ideas pertenecen a la traducción del italiano al español de CCFS que maravillosamente han hecho en wattpad (vol. 2, segunda parte).

Este capítulo tiene una gran parte que corresponde a CCFS en el Volumen 2 capítulo 11 de wattpad, aumentado con el manga en español.

Esta es una historia construida con la única intención de esparcimiento, sin fines de lucro, en este capítulo, he añadido poco, por lo que es casi fiel a sus autoras y traductoras.

Capítulo 20.

Algo nuevo en mi corazón.

Mayo.

Mayo 15, 1913.

No sé qué es lo que me está pasando.

Desde el Festival de Mayo es como si una fuente brotante (de agua) se hubiera formado en el centro de mi pecho. Mi corazón lo intenta, pero no puede contener sus heladas aguas y constantemente tengo ganas de llorar.

Al mismo tiempo y sin darme cuenta, he comenzado a buscar a T.G. y eso me da rabia. No logro aceptar lo que me está pasando, y lo niego, pero no hago otra cosa que pensar en él.

Hasta ahora el pensamiento de Anthony había ocupado mi mente casi por completo. Por más que me esforzara, me sería imposible deshacerme de los recuerdos que vivimos juntos. Sin embargo, ahora…

¡Por favor, Anthony perdóname!

Yo no puedo estar olvidándote, incluso ahora mis ojos se llenan de lágrimas. Es tanto lo que mi corazón sintió por ti…

Lo he comprendido. Ahora lo hago en lo más profundo de mi corazón... Yo sé que no podremos vernos nunca más. Tú estás es un lugar en donde no te puedo ver, ni tocar, ni siquiera escuchar tu voz. Siempre lo supe, pero no quería aceptarlo.

Aún pienso en cómo me gustaría ser capaz de hacer retroceder el tiempo…

Si tan solo no hubieran organizado esa cacería de zorros…

Si tan solo no hubiera sido adoptada por el Tío Abuelo William.

A veces creo que estos pensamientos nunca me abandonarán, pero, a pesar de todo, tengo que seguir viviendo

¿No es verdad?

Él (Terrence G. Grandchester… Terry) fue quien me hizo entenderlo. Él me ha obligado a aceptar lo que yo tanto traté de evitar. No sé si debería agradecérselo u odiarlo, pero ahora, ya no le temo más a los caballos… Ni a los recuerdos.

T.G. me está cambiando cada vez más.

Me gustaría que alguien me dijera si es así como debería de ser.

Me gustaría que alguien trajera paz a mi corazón tan agitado.

Candy cerró su diario y suspiró profundamente mientras miraba detenidamente un cajón de su escritorio.

Con cuidado abrió dicho cajón y sacó una prenda de seda blanca. Era la corbata del traje de Terry.

Aún no he podido verlo para devolvérsela… Pensó.

Candy acercó la suave tela a su cara, aún desprendía un ligero aroma a él.

Apretando la corbata en su mano, se dirigió a la ventana. El jardín interior que dividía los dormitorios de chicas y chicos estaba envuelto en la oscuridad de la noche. No se veía una sola luz el otro lado, pero sabía que más allá de toda esa oscuridad, estaba Terry.

.

Quién sabe qué estará haciendo ahora…

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Ella acercó su rostro a la venta y se sobresaltó. Apartándose un poco vio como el vidrio le devolvía la imagen borrosa de su rostro… Candy se llevó suavemente los dedos a los labios; esos mismos labios que Terry había besado. Mirándolos le parecía como si su boca fuera una pequeña e irreal flor que acababa de florecer. Con las mejillas encendidas, apartó la mirada y cerró las cortinas.


Había pasado más de una semana desde el Festival de Mayo, pero los estudiantes aún seguían emocionados.

Ese día, igual que cada uno de estos, tras la memorable fecha, las chicas se agrupaban cerca de las ventanas del edificio escolar inundadas por el sol, para seguir hablando de todo lo acontecido.

- "¡Ha sido una fiesta maravillosa! ¿No es así Luisa? ¡Por no mencionar el espectacular banquete!"

Eliza no perdía la oportunidad de, al encontrarse con Candy, abordar de nuevo el tema.

- "¡Oh sí! El desfile y el salón de baile estuvieron magníficos Eliza." Respondió Luisa captando la intención del comentario.

- "Había tantos chicos que querían bailar conmigo. Realmente me encontré en un gran aprieto ¡Incluso Terrence esperó su turno para sacarme a bailar!" dijo Eliza mientras miraba fugazmente a Candy.

- "¡Ah, qué pena que no pude participar!" respondió Candy encogiéndose de hombros y con aire desolado, tratando de cumplir con la reacción que Eliza esperaba de ella.

- "Bueno Eliza, en realidad Terrence bailó contigo únicamente cuando no tuvo más remedio que liberar a la pelirroja aquella que nadie conoce ¿Alguien habrá averiguado quién sería?" Comentó una de las chicas del séquito de Eliza. No cabe duda que Eliza era molesta incluso hasta para ellas.

- "¡Su vestido era sencillamente soberbio! Debe haberlo mandado hacer en Milán meses atrás, era definitivamente una fiel copia del traje de Julieta que Shakespeare hubiera deseado." Exclamó otra de las amigas de Eliza.

- "Se le veía muy bella, hacía una linda pareja con Terrence que estaba más guapo que de costumbre. Debe ser hija de algún noble inglés, de otra manera ¿Por qué ese disfraz?" dijo otra, haciendo caso omiso de la rabia que comenzaba a dibujarse en el rostro de Eliza.

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¿Linda… Pareja? Pensó Candy luchando por parecer neutral.

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- "¡Pues Daniel (Niel), mi hermano, me ha dicho que bailaba como un torpe animal! Le hizo tanto daño que acabó por retirarse después de bailar con la peonza aquella." Argumentó Eliza fuera de sí.

- "¿Cómo un animal? Digamos… ¿Cómo una mona? ¡Vaya que me hubiera gustado ver eso!" respondió Candy con aparente ingenuidad. Después, a escondidas, sacó la lengua en señal de complicidad, guiñándole un ojo a Patty, que contuvo una risa.

También para Patricia, el Festival de Mayo se había transformado en un día inolvidable. Cuando por fin se quedaron a solas después de presenciar los desplantes de Eliza hacia sus amigas que no la habían secundado, Patty comenzó su relato con gran entusiasmo.

- "Candy… ¡Stear es realmente un chico muy simpático! ¿Sabías que su sueño es volar?"

- "¿Volar? ¿Quieres decir que quiere convertirse en un pájaro?" dijo Candy sorprendida de que Stear llegara a esos extremos. Estaba muy contenta por ellos, parecían haberse entendido bien.

- "¡No, Candy! ¡Quiere construir un avión! ¡Dice que algún día, ´´el construirá uno! ¿Entiendes? ¡No sólo quiere subirse a uno, sino que también ¡Quiere construir uno! ¿No te parece maravilloso?" dijo Patty embelesada.

- "¿Un avión?" preguntó Candy temerosa, - "Esperemos que pueda volar…"

- "¡Por supuesto que va a volar! ¿Cómo no podría lograrlo, cuando Stear será quien lo construya?"

- "Precisamente…" Candy se interrumpió a sí misma y miró con ternura a Patty, que como si estuviera soñando, con los ojos cerrados, se llevaba las manos al pecho.

- "Tienes razón Patty, así será."

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Qué bonito… Patty puede llegar a ser la mejor confidente de los sueños de Stear.

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Patty seguía hablando del simpático chico de gafas, sin darse cuenta de nada a su alrededor, cuando Candy de manera repentina se sobresaltó y sintió el corazón agitado, dándole un vuelco en el pecho… Por la ventana, en el sendero solitario, había vislumbrado la alta figura de Terry.

Él ensimismado como siempre, avanzaba con pasos lentos, con las manos en los bolsillos, probablemente dirigiéndose hacia la Falsa Colina de Pony.

El corazón de Candy le empezó a latir violentamente. Sentía una ansiedad creciente que la hacía desear salir corriendo tras él, pero sus pies estaban pegados al suelo.

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Seguramente pretende saltarse las clases de nuevo…

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Candy intentó justificar su deseo de encontrarse con él pensando en que aún no le devolvía la corbata, pero ni siquiera la traía con ella en ese momento como para justificar el topárselo.

Desde el Festival, era la segunda vez que lo veía por casualidad, pero en ambas ocasiones estaba acompañada e intentó controlar el impulso de ir tras él.

- "Escucha Candy… Yo quiero pedirte un favor… ¿Candy? ¡¿Candy?!"

- "¿Qué? … ¿Qué decías Patty?" dijo, separando la vista de la ventana.

- "¡No me has estado escuchando! Bueno, verás… Quería pedirte que me ayudaras a crear una ocasión para hablar con Stear de nuevo…" Confesó enrojecida hasta las pestañas por la vergüenza.

- "¡Por supuesto! ¡Déjaselo todo a Candy!" dijo golpeándose el pecho con tal fuerza que terminó tosiendo.

Riendo, Patty le acarició la espalda.


(*1)

La campana comenzó a sonar indicando que el final del descanso había llegado. Distraídamente, pensando en si Terry habría ido a la Falsa Colina a fumar, Candy se sentó en su lugar en el aula.

La clase comenzaba y Candy no entendía absolutamente nada. Dentro de uno de sus bolsillos encontró algunos dulces que Archie le había dejado en el árbol del Proyecto S, ellos tampoco habían podido volverse a encontrar pues, tras los festejos, los deberes se habían acumulado. Con cuidado para no hacer ruido en la silenciosa aula, quitó la envoltura a uno de los caramelos y se lo echó en la boca, al tiempo en que logró escuchar las palabras de una de las chicas que hablaba apasionadamente de Guy de Maupassant.

- "¡Maupassant era un verdadero poeta, pero inapropiado para cualquiera de nuestros espacios sociales! ¿No es hermosa, pero irrepetible la cita: Un beso legal nunca vale tanto como un beso robado?" Hablaba Ruth, una de las chicas de la clase. Parece que más de una había sido inspirada por el Festival.

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Beso… robado…

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Eso fue todo lo que Candy escuchó, sin poder evitar tragarse el dulce entero y que éste se atorara en su garganta, haciéndola toser sin parar.

Asustada y aleteando como un pájaro comenzó a darse golpes en el pecho hasta que el dulce finalmente se abrió paso, liberando su respiración, pero aun así no dejaba de toser.

- "¡Dios mío, Candice! ¡¿Qué pasa?!"

- "No es… COFF COFF, no es nada COFF COFF." Candy apenas podía hablar.

- "¡Retírese a la enfermería! No sólo es preocupante ese acceso de tos, sino que tampoco me deja continuar con la clase. Y usted, Ruth, por favor, deje de incomodar a sus compañeras. Sigamos con lo establecido para el día de hoy…"

Candy, resignada, pensaba en dirigirse a la enfermería, sin embargo, sus pies tomaron vida propia y la dirigieron hacia… La Falsa Colina de Pony.

Con paso acelerado por fin llegó al lugar y con una especie de alegría divisó como, entre los narcisos y la hierba, salía una estela de humo. Definitivamente él estaba ahí.

Aprovechando la voz carrasposa que le había producido el acceso de tos y tapando su nariz, firmemente exclamó:

(*2)

- "¡Terrence G. Grandchester!"

Terry abrió los ojos enormemente y se incorporó tan rápido como pudo, cuando para su aun mayor sorpresa, divisó una chica de coletas sonriéndole alegremente.

- "¡Así que todavía fumas!" dijo Candy riendo de su cara de susto.

- "Me asustaste Pecas, pensé que era la Madre Superiora".

- "Lo sé, he logrado igualar su voz tapándome la nariz al hablar. Veo que hasta tú le temes."

- "No es verdad, sólo me sorprendiste. No estaba al tanto que a esta hora de la mañana dejaban salir de su jaula a las monas pecosas."

- "¡Cállate Terry! ¿Me das los cigarros?" dijo Candy contrariada, pero extendiendo decididamente su mano hacia él.

- "¿Desde cuándo fumas, Tarzan?"

Candy rodó los ojos hacia atrás ante el despliegue de apodos de Terry y rápidamente arrebató la cajetilla completa de su mano.

- "Desde luego que no fumo, ¡Están confiscados!"

Ante la mirada atónita de Terry, que la miró fijamente sin saber qué hacer, Candy guardó la cajetilla en uno de sus bolsillos y comenzó a buscar algo en el lado contrario.

- "Te doy esto en su lugar." Candy orgullosa le extendió un hermoso instrumento plateado.

- "¿Una armónica?" preguntó Terry sin entender de qué le serviría aquello.

- "Es mi armónica, mi instrumento favorito. Sólo tienes que tocarla cuando tengas ganas de fumar…"

Terry comenzaba a reír con un brillo malvado en su mirada.

Candy no entendía por qué Terry se reía de ella, así que siguió hablando, aunque su reacción había sido muy confusa ¿Qué rayos podía parecerle tan divertido a ese mocoso malcriado?

- "Porque… ¿Sabes? Fumar es muy malo… Los médicos dicen que…"

- "¿Es tu armónica? … ¡Con que, tu favorita! … ¿No estarás tratando de darme un beso indirectamente a través de ella, Pecosa?" Soltó Terry arqueando una de sus cejas y sonriendo de manera burlona.

- "¿Qué…? ¿Un be…? ¡Terry!" Chilló Candy con abriendo la boca tan grandemente que parecía que se le zafaría la mandíbula.

- "O… ¿Es que esperas que yo te lo agradezca dándote un beso?" dijo Terry poniendo un dedo sobre su mejilla, aparentando meditar al respecto.

Candy había quedado completamente muda, con los ojos y la boca tan abiertos, en una mueca mezcla de vergüenza e incredulidad, que al verla, Terry bajó la mirada, clavándola en el brillante instrumento entre sus manos.

Terry se había preguntado todos estos días si Candy recordaba su cabalgata de la semana pasada… Si recordaba haber bailado con él, y no con Anthony, y sobre todo, varias veces se había preguntado si ella recordaba… Eso que había sucedido tras su primer baile juntos. Por su reacción, ella definitivamente no se había olvidado… De aquello. (*1)

- "Es una broma Candy, la tocaré si tú quieres." Dijo Terry finalmente para liberar la tensión que se había establecido entre ellos.

Dios, qué manera tiene este chico de bromear. Pensó Candy, y aún algo nerviosa, se sentó al lado del chico, mientras él hacía sonar unos acordes con la armónica.

El viento de la primavera comenzaba a volverse tan agradable como refrescante, el verano se acercaba rápidamente.

- "Es un lindo día…" dijo él finalmente, con la mirada más allá del paisaje.

- "En un día como éste, fui a hacer un picnic… Tenía tres o cuatro años, era muy pequeño, pero lo recuerdo muy bien y sé que me divertí mucho. También recuerdo la sonrisa de mis padres, ambos estaban ahí, mi padre… Y… Mi madre, no sé dónde estaba, pero fue en un día hermoso como hoy."

Fascinada, mirando a Terry perdido entre sus recuerdos, Candy pensó:

Su madre… Eleanor Baker, estoy segura de que era una madre tierna y cariñosa.

.

- "Qué afortunado eres de tener esos recuerdos Terry…"

- "Ese es el único…" respondió con tristeza.

- "Está bien, aunque sea uno solo. Yo no tengo ninguno."

Candy… Es verdad que tú no conociste a tus padres, no puedes tener ningún recuerdo de ellos.

- "Terry, vayámonos de picnic alguna vez ¿Quieres?"

Candy…

La campana que anunciaba la pausa antes de la comida comenzaba a resonar a la lejanía.

- "No faltes a clases ¿De acuerdo? Y toca la armónica en vez de fumar ¡No lo olvides!" dijo Candy levantándose y tomando el rumbo de vuelta al edificio principal.

- "¿Qué tal si entro a clases tocando la armónica?" murmuró Terry sonriendo suavemente, mientras se incorporaba y se dirigía a su vez, hacia las aulas de los chicos.

Candy ya estaba a medio camino de vuelta, sin dejar de pensar en el encuentro con Terry.

Me alegra que me haya hablado un poco sobre él. Terry hablaba de su madre como si la despreciara… Pero una madre es una madre…

Candy sentía el corazón alegre, las barreras que le separaban de Terry parecían haber cedido momentáneamente, y sus propios muros comenzaban a albergar un sentimiento muy especial hacia ese arrogante y solitario chico, que le parecía ahora, tan sensiblemente humano.


Notas:

(*1) Todo esto ha sido de mi inspiración.

(*2) Proviene del manga, casi en su integridad.

Chicas se me ha hecho muy tarde y les dejo un capítulo pequeño.

En el próximo capítulo contestaré a quienes me han dejado un review en el capítulo anterior pues por esta vez, me ha alcanzado la prisa, pero leo cada uno de ellos, ¡Son mi mayor fuente de inspiración para continuar esta historia!

Mientras qué les parece si me dicen si incluimos el capítulo en que Annie le pide a Candy que no le quite a Archie y es descubierto su pasado en el Hogar de Pony, y si les gustaría ver cómo Archie descubre este encuentro de Candy con Terry, al tiempo en que descubre sus sentimientos ante ella (manga). Creo que esto lo incluiré de todas maneras, pues más adelante, en el manga, Archie continúa mirando a Candy de esa forma aun estando con Terry.

Les dejo un gran abrazo y mis deseos de una buenísima semana para todas.