La verdadera historia de Candy White
(capitulo 21)
Chicago, 'Hospital Santa Bárbara', enero 1916
Candy abre los ojos lentamente a la mañana siguiente, y levantándose apresuradamente se dirige al baño para lavarse la cara con agua fría y cepillarse los dientes: hoy era el 1 el día del año y estaba ansiosa por ver a Albert y desearle otra vez un feliz año nuevo. Bajando las escaleras a toda prisa, la rubia pecosa se dirige al salón a pasos apresurados con la ilusión de volver a ver a su amigo.
Albert que acostumbraba levantarse temprano está leyendo el periódico mientras toma el café, y al notar la presencia de la rubia pecosa exclama sorprendido:
"Que haces despierta tan temprano si hoy te toca el turno nocturno Candy?"
Acercándose al hombre rubio de cabellos largos, Candy le contesta tímidamente: "quise ser la 1era en desearte un feliz año nuevo."
Levantándose de su asiento, Albert se para justo delante de Candy, y levantándole la barbilla le deposita un beso tierno sobre la frente: "feliz 1916 a ti querida amiga y espero que este ano te traiga muchas cosas lindas."
'Un beso fraternal es lo único que he conseguido de Albert para empezar el ano…'
Suspirando, Candy camina hacia la ventana y al notar la vista blanca de afuera exclama:
"Ha nevado anoche! Que bello paisaje y si hacemos un paseo?"
Riéndose a carcajadas ante el entusiasmo de su amiga, Albert le contesta: "por supuesto que saldremos a caminar ya que tienes casi todo el día libre, pero porque no desayunamos 1ero? He cocinado algo que te gustara."
"Que buen servicio tengo aquí ya que siempre cocinas para mí y la verdad es que me muero de hambre!" exclama la rubia pecosa guiñándole el ojo.
"Nunca cambiaras pero sabes qué: yo también me muero de hambre!" Le contesta Albert guiñándole el ojo de vuelta.
'Que pasara si Albert recobra la memoria este año, y que será de mi existencia cuando me abandone?'
El corazón le da un vuelco a Candy en solo pensar que su tierno amigo pueda marcharse tan bruscamente como llego, y el color de la cara se le va.
"Que cara te traes ahora, o es que acaso ya se te quito el hambre sin ni siquiera haber empezado a comer?"Le pregunta Albert, notando lo pálida que se ha puesto.
"No pasa nada, pero porque no nos sentamos ya que me muero de ganas de salir afuera!" Exclama la rubia pecosa fingiendo una sonrisa forzada.
'Debo tener más cuidado con Albert pues es muy perceptivo y me conoce demasiado bien…'
"Pues siéntate ya mientras me ocupo de traerte tu 1er desayuno del ano." Le dice el hombre rubio de cabellos largos observándola curiosamente. Sentía que algo la atormentaba pero no sabía qué.
'Sera mejor que no la cuestione. Si tiene algo que decirme lo hará.'
Una hora más tarde salen los 2 agarrados del brazo como de costumbre, y acu currándose de Albert, Candy le pregunta repentinamente:
"Te has acordado de algún detalle de tu pasado?"
Mirándola algo sorprendido, el hombre rubio de cabellos largos le dice: "acaso es esto lo que te ha estado preocupando toda la mañana?"
Sonrojando levemente, la rubia pecosa le dice: "bueno lo que pasa es que yo tengo miedo de que te marches sin despedirte cuando recuperes la memoria por completo. Me he acostumbrado tanto a convivir contigo que no podría más nunca estar sola."
Lanzándole una mirada intensa, Albert le contesta con voz emotiva: "como puedes pensar que yo haría algo así Candy? Es que todavía no te has dado cuenta lo mucho que me importas, y que vivir a tu lado me hace muy feliz?"
"Gracias Albert, tus palabras me han reconfortado muchísimo." Le contesta Candy al borde de las lágrimas.
"Pues entonces quítame esta cara dramática y sonríeme, que te ves mucho mejor cuando te ríes." Le dice Albert dulcemente.
"Está bien, pero ya regresemos a casa que hace demasiado frio, no crees?" Le dice la rubia pecosa temblando.
Poniendo sus brazos alrededor de la espalda de Candy, Albert la atrae hacia el murmurándole en el oído: "eres bien friolenta amiga, así que cuando lleguemos a casa hare una pequeña fogata para calentarte un poco, te parece bien?"
Colocando su cabeza en el hombro de su amigo, la rubia pecosa le contesta satisfecha: "me parece una magnífica idea." Y acto seguido, los 2 amigos se encaminan lentamente de regreso a casa.
'No me importa solo tener su amistad mientras siempre permanezca a mi lado…' Decide Candy respirando el aire invernal, y disfrutando la cercanía de Albert.
Michigan, mansión de los Leagans, febrero 1916.
Es una triste fría mañana invernal y a pesar de lo gris que está afuera, Eliza decide salir al jardín a respirar un poco de aire puro: hacía mucho tiempo que no tenía noticias de la hermana Gray, y le preocupaba mucho saber si su amiga seguía viva, con esta terrible guerra que no terminaba. Todo el mundo en los Estados Unidos sabía que cada día fallecían inocentes, y al pensar en su primo Stear, quien se había ido de soldado voluntario el año pasado siente un repentino miedo.
'Solo espero que este bien y que regrese a casa lo antes posible…'
El viento sopla fuertemente y Eliza camina de regreso a la mansión a pasos rápidos. Sin embargo a penas abre la puerta principal, su sorpresa es inmensa al ver en el salón a su madre parada junto a Philip Morgan!
Al ver la mirada insolente que le dirige el joven apuesto, a Eliza se le va todo el color de la cara, y tratando de contener su disgusto se aclara la garganta: "buenos días madre. Porque no me avisaste que teníamos invitados?"
"Porque quise darte la sorpresa yo misma: Philip ha venido a pedirme tu mano en matrimonio y espero que aceptes, y sepas apreciar su interés por ti, hija." Le replica Ruth Leagan con triunfo.
"Porque no nos dejas solos madre que quisiera hablar en privado con mi futuro esposo." Le contesta Eliza con ironía, sintiendo un tremendo odio hacia los 2 por haberla manipulado a sus espaldas.
"Como desees hijita!" Exclama Ruth Leagan cerrando la puerta tras ellos.
"Como te atreves a venir a mi casa con semejante historia si muy bien sabes lo mucho que te odio!" Grita Eliza temblando de rabia.
Riéndose cruelmente, Philip se acerca a ella lentamente, y levantándole la barbilla le dice en voz seductora: "esta será mi dulce venganzaEliza. Tú te casaras conmigo te guste o no, pues le hice una oferta a tu madre y ella acepto encantada."
"De qué clase de oferta se trata?" Le pregunta la joven de cabellos castaños con aprehensión.
"Tu madre me ha rogado que te aleje de la mansión cuanto antes ya que la estorbas, y está desesperada por verte casada lo más pronto posible, y así dejarle el camino libre a tu hermanito!"
"Y que te ofrece ella a cambio?" Insiste Eliza poniéndose pálida.
"Al casarme contigo me convertiré en el heredero de la familia, y tu bien sabes la inmensa fortuna que poseen los Leagans." Termina Philip con satisfacción.
Eliza siente como se le derrumba su mundo al oír las palabras crueles del joven apuesto, y se da cuenta de que realmente está más sola que nunca: 'hasta mi propia madre me ha vendido….'
Sin embargo su orgullo es más fuerte que su temor, y lanzándole una mirada llena de odio, la joven de cabellos castaños le contesta con frialdad: "y que te hace creer que yo acepte semejante farsa, si yo a ti te aborrezco y no me casaría nunca contigo ni aunque fueras el último hombre de este planeta, así que hazme el favor de desaparecer de mi vista y deja ya de perseguirme!"
"No haga que te bese a la fuerza Eliza que soy capaz, y ya verás que caerás rendida en mis brazos." Le dice Philip con voz peligrosa.
"Ni te atrevas, pues tus besos me causan repulsión!" Exclama Eliza dando unos pasos atrás pero es demasiado tarde pues Philip la tiene sujetada fuertemente, y agarrando su cabeza entre sus manos le planta un beso salvaje.
Al sentir sus labios hambrientos en los de ella, la joven de cabellos castaños se queda paralizada durante unos momentos, y reaccionando impulsivamente le administra una fuerte bofetada a su adversario, dejándolo boca abierta.
"Vaya, además de presumida eres una pequeña salvaje pero yo sabré domarte cariño." Le dice Philip acariciándose la mejilla herida, y sin esperar la respuesta de Eliza se dirige hacia la puerta no sin antes concluir: "volveré dentro de unos meses cuando ya esté todo listo para nuestra boda. Adiós cariño, y espero que no me eches mucho de menos."
"Eres un maldito y ojala te pudras en el infierno!" Le grita Eliza tras el cerrar la puerta, y respirando profundamente para tranquilizarse, decide esperar hasta ver su enemigo partir antes de confrontar su madre.
Ruth Leagan está ojeando unas revistas mientras se toma él te del día, y al ver a su hija caminar con la cara enrojecida hacia ella se levanta apresuradamente de su asiento, y sonriéndole tentativamente le pregunta: "que tal te pareció la sorpresa que te tenia? No es acaso apuesto Philip Morgan? Sabes que eres muy afortunada de que un caballero así se fijara en ti y…."
"Como me has podido traicionar de esta manera madre, y porque me odias tanto si soy tu hija?!" Le grita Eliza adolorida.
"Yo odiarte? Pero que cosas dices si lo hice por tu bien. Últimamente has estado tan despistada, que ni te has dado cuenta de los candidatos que pasaban por tus ojos: Philip sin embargo ha manifestado un interés genuino hacia ti, y deberías más bien agradecerme en vez de reprocharme, no crees?" Le contesta Ruth, fingiendo inocencia.
"Le prometiste convertirlo en el heredero si se casaba conmigo, así que no trates de convencerme que lo hiciste por caridad!" Exclama la joven de cabellos castaños enfurecida.
"Y si así lo fuera que tiene de malo? Los 2 hacen una linda pareja y ya están en edad de casarse. Francamente no te entiendo Eliza, pues cualquier otra chica estaría brincando de felicidad de convertirse en la esposa de un joven tan apuesto, como lo es el."
"Philip me odia madre y solo quiere casarse conmigo por venganza! Es que no lo entiendes?"
"Y tu que sientes por el?" La interroga Ruth, escudriñándola.
Eliza se queda muda durante unos instantes sin saber que contestar, pues a pesar de todo se sentía fuertemente atraída hacia aquel individuo tan insoportable, y sin embargo lo odiaba.
"Lo odio con todas mis fuerzas!" Exclama ella finalmente.
"Y porque dudaste en contestarme?" Continúa Ruth sin quitarle la mirada de encima.
"Porque quería explicarte mis sentimientos de manera diplomática, eso es todo."
"Diga lo que digas, ya Philip te escogió como esposa y lo dudo que cambie de parecer."
"Esto ya lo veremos." Concluye Eliza, mientras se le forma una idea en la cabeza.
Nueva York, 'teatro de Stratford', marzo 1916.
Últimamente a Terry le costaba mucho trabajo recordar sus líneas: el, que normalmente era un excelente actor, y solía obtener los papeles principales parecía más bien distraído.
'Espero que no esté pensando otra vez en Candy?' Piensa Susana, observándolo con preocupación.
"Terry así no! Quiero que te aprendas tus líneas seriamente, o si no le daré tu papel principal a otro!" Ruge el director del teatro con impaciencia.
"Lo siento… No sé qué me pasa hoy. Le prometo ser perfecto la próxima vez." Le contesta el joven de cabellos largo oscuro disculpándose.
"Pues más te vale, porque en una semana se presenta la obra y quiero que resaltes aún más, entendido?" Le ordena el director.
"Sí señor. Y con su permiso me retiro para irme a estudiar a mi habitación."
"Puedes retirarte por hoy, pero Susana se queda ensayando un poquito más. Hasta mañana!" Exclama el director del teatro despachándolo, y acto seguido se concentra en sus otros alumnos.
Terry sube las escaleras rápidamente, pero en vez de dirigirse a su habitación decide irse al techo del edificio, con su cuaderno de obras: 'de esta manera tendré mi privacidad absoluta, y ni Susana sabrá donde encontrarme…'
Al cerrar sus ojos pasa una imagen repentina de Candy por su mente, y suspirando el joven de cabellos largo oscuro murmura en voz alta: "porque te habré dejado ir, tarsana con pecas?"
"Me imagine que aún lo habías podido olvidar!" Exclama una voz familiar, y al encontrarse frente a frente a la joven de cabellos castaños claros y ojos azules, Terry exclama sorprendido:
"Susana, pero como supiste que estoy aquí, y acaso ya se terminaron las clases?!"
"Pedí permiso para ir al baño, y te conozco demasiado bien para saber cómo te sientes y lo que pasa por tu mente, y aunque tu corazón todavía lata por Candy yo nunca te dejare irte de mi lado Terry Grand chéster: tú me perteneces hasta la eternidad te guste o no! Yo a ti te amo con toda mi alma, y no permitiré que nadie te aparte de mí, me oíste!" Le grita la joven hermosa de ojos azules.
"Susana!" Exclama Terry sin saber cómo reaccionar ante tanta pasión.
'Ella está realmente hecha para el teatro… mucho más que yo, y si Candy nunca hubiera aparecido en mi vida podríamos ser felices… Sin embargo últimamente me ha estado persiguiendo su sombra y no sé qué hacer…'
"Porque no me contestas Terry si sabes que tengo razón?" Insiste Susana muerta de celos.
"Por favor no grites tanto que me das dolor de cabeza! Acaso no estoy contigo viviendo en el teatro? Te dije mil veces que Candy ya hace parte de mi pasado y tu del presente, estas satisfecha?"
"Está bien, te creo." Le dice Susana sin mucha convicción, y sin esperar su respuesta se dirige nuevamente hacia la sala de teatro para reunirse con los demás alumnos.
Terry respira aliviado al encontrase solo nuevamente, pero le surgieren de nuevo las dudas: 'serás feliz con Albert o todavía piensas en mi Candy?'
Hogar de Pony, orfanato para niños de todas edades, abril 1916.
La hermana María ha estado bastante distraída últimamente, y la señorita Pony que la conoce bien sospecha la razón principal: Candy cumpliría 18 años de edad el mes próximo, y a pesar de ser todavía tan infantil de espirito era oficialmente casi una adulta.
"No puedo dejar de preocuparme por nuestra pecosa, y todavía recuerdo aquella noche en que las encontramos a las 2 en la colina de Pony: Annie la morena y Candy la rubia y no solo el físico las diferenciaba, pero también los temperamentos. Y sin embargo hay algo que me deja perpleja…" Exclama la monja pensativa.
"Que cosa?" Le pregunta la señorita Pony con curiosidad.
"Se acuerda del collar rojo que le entregue a Candy la última vez que la despedimos en la estación de tren?"
"Si, pero cuál es el misterio con todo esto hermana María?" Continúa la anciana sin entender.
"Usted no sabe mucho sobre joyas, pero déjeme decirle que lo que llevaba Candy puesto, aquel día que la encontramos en la canasta era un collar de mucha calidad, y sea quien sea que la haya abandonado era una persona muy rica." Le contesta la monja con intriga.
"Pero usted le dijo a Candy que fue su madre que le dejo la joya antes de abandonarla, y sin embargo ya no esta tan segura?" Le dice la señorita Pony, mirándola perpleja.
"Es lo más probable, pero solo dios es testigo de lo que realmente ocurrió."
"Se puede saber porque da tantas vueltas y no me explica más bien lo que está pensando amiga?"
Mirándola atentamente, la hermana María le dice misteriosamente: "lo que pienso, es que Candy viene de una familia prestigiosa y no humilde como los demás niños. Siempre lo sospeche, pero no le di mucha importancia porque estaba tan feliz de tenerla a nuestro lado. Decidí que dios me había dado una segunda oportunidad con ella, después de haberme negado a mi hijo."
"Y ahora que Candy está por cumplir la mayoría de edad, usted quiere que ella busque sus raíces, no es así?" Intuye la señorita Pony.
"Así es. Sin embargo cuando le entregue el collar la última vez que vino, no pareció darle mucha importancia."
"Dele tiempo a nuestra pequeña pecosa, que ya madurara y deseara ir en busca de sus verdaderas raíces." Le asegura la anciana sabiamente.
"Así lo espero amiga." Le dice la moja sin mucha convicción.
"Créame que soy mayor, y la edad me ha hecho muy sabia." Le dice la señorita Pony poniendo su brazo alrededor de la espalda de la monja, y continua: "porque mejor no vamos a tomar un poco de aire en el jardín con los niños, que ya ha llegado la primavera y está empezando a calentar."
"Por supuesto que sí, y gracias por sus buenos consejos querida amiga."
"Siempre nos tendremos la una a la otra." Le contesta la señorita Pony guiñándole el ojo.
Chicago, 'Hospital Santa Bárbara', mayo 1916.
Aquella mañana caliente de verano Candy se despierta con anticipación, pues finalmente había llegado el día tan esperado de toda su existencia: hoy cumplía 18 años y oficialmente era mayor de edad!
"Dios mío, pero si todavía me siento como una niña y deja ir a verme al espejo para ver si estoy más grande!" Exclama la rubia pecosa dirigiéndose al baño a toda prisa, y observándose en el espejo solo ve que tiene unas grandes ojeras y su larga melena está completamente descompuesta.
"Que fea me veo, y que pensara Albert de mi apariencia cuando me vea?" Exclama Candy poniéndose roja como un tomate, y sin pensarlo 2 veces se toma una ducha larga. Después de secarse se dirige a su armario, optando por un vestido rojo oscuro y se amarra sus cabellos con un lazo rojo, y admirándose en el espejo se decide por unos zapatos con tacos altos y unos pendientes rojos. Por último se retoca un poco la mejilla con maquillaje, y sonríe satisfecha con su nueva imagen.
'Que suerte de que este ano mi cumpleaños caiga fin de semana, pues estoy libre hoy y mañana también!'
Candy sale de su habitación con una nueva determinación, y corriendo hacia el pasillo con sus tacos altos tropieza con Albert quien la agarra justo a tiempo, evitando su caída:
"Me parece que te salve la vida pequeña." Le dice el hombre rubio de cabellos largos acariciándole la cara.
"Albert no me llames más pequeña, que a partir de hoy soy oficialmente mayor de edad!" Exclama la rubia pecosa ruborizando, al sentir las caricias de su amigo.
"Y sin embargo todavía te comportas como una niña!" Se burla el, riéndose a carcajadas.
"Eres un imbécil!" Le grita Candy dispuesta a pegarle, pero Albert baja las escaleras a toda prisa escapándose.
"Espera Albert, no te escondas que solo bromeaba!" Exclama Candy, bajando las escaleras lentamente esta vez.
Un instante más tarde ve aparecer a su amigo con un paquete grande, y dirigiéndose hacia ella le dice sonriendo: "feliz cumpleaños querida amiga, y será mejor que te comportes como una verdadera dama a partir de ahora."
Tomando el paquete que le entrega el hombre rubio de cabellos largos, Candy le contesta con voz emotiva: "muchísimas gracias por acordarte de mi cumpleaños Albert, pero no hacía falta que me regalaras algo."
"Por supuesto que si Candy. Solo se cumple 18 años de edad una vez, y es una ocasión importantísima que hay que celebrar en grande."
"Acaso lo celebraste tú también en grande Albert?"
"Si lo supiera te lo dijera, pero como aún no recuerdo nada de mi pasado no lo sé." Y mirando intensamente a la rubia pecosa continua: "acaso me conocías ya, cuando tenía tu edad?"
Meneando la cabeza, Candy le contesta: "cuando te vi por primera vez tenías 20 años y yo solo 12; En esta época yo andaba con Anthony y vivía en la 'mansión de los Leagans', y tú en aquel entonces, vivías en un pequeño castillo rodeado de animales."
"Pareces conocerme bien." Le dice el hombre rubio de cabellos largos sonriéndole con ternura.
"Te conozco mejor que a nadie, y es una pena que después de un año y medio que vivimos juntos no recuerdas tan siquiera algo de tu pasado."
"Porque no abres tu regalo?" le pregunta Albert desviando la conversación.
"Ay perdón que casi se me olvidaba que la que cumple ano hoy soy yo!" Exclama la rubia pecosa guiñándole el ojo, y sin perder tiempo empieza a desempaquetar el paquete grande, y al abrirlo descubre un abrigo caliente de invierno con unos guantes, y una gruesa bufanda de color rojo oscuro.
"Albert…. Esto este es el regalo más hermoso y útil que haya recibido, y te agradezco con toda mi alma." Le dice Candy, abrazándolo efusivamente.
"Me alegro que te guste el regalito, y espero que te mantenga caliente el próximo invierno." Le contesta el hombre rubio de cabellos largos, y los 2 se quedan abrazados durante unos momentos.
Candy se despega de su amigo con reticencia, y secándose las lágrimas que acaban de resbalar por sus mejillas exclama repentinamente: "y si desayunamos algo que me muero de hambre!"
"Así me gusta! Si no has perdido el apetito sigues siendo la misma chica traviesa de siempre!" Exclama Albert riéndose a carcajadas.
"No te burles de mí!" Exclama Candy fingiendo estar ofendida, y guiñándole el ojo se dirige a la cocina para ayudarlo con el desayuno.
"Que cocinaste para la ocasión?" Le pregunta ella, sin poder contenerse.
"Porque no pones mejor la mesa y deja que me ocupe yo de la comida, que el cocinero aquí soy yo." Le contesta el hombre rubio de cabellos largos, guiñándole el ojo.
"Está bien, tu ganas." Le dice Candy aliviada, pues la verdad le interesaba muy poco la cocina.
Unos minutos más tarde aparece Albert con una variedad de salchichas asadas, huevos preparados de diferentes maneras, panes de todo tipo y muchas mermeladas de todo estilo.
"Que rico se ve todo y que bien huele!" Exclama la rubia pecosa con entusiasmo.
"Buen provecho, y que te parece si hoy en la tarde hacemos un picnic? Hace poco descubrí una colina que quisiera ensenarte." Le propone Albert con un aire misterioso.
"Me encantan las colinas! Que emoción!" Exclama la rubia pecosa alegremente.
"Pues entonces trato hecho, y por cierto todavía no te he dicho lo bella que te ves hoy: el rojo te queda muy bien y hace resaltar el verde intenso de tus ojos." Le dice el hombre rubio de cabellos largos con dulzura.
Sintiéndose halagada al oír las palabras de su amigo, Candy sonroja levemente y le contesta: "gracias por todo Albert, y por ser simplemente tú."
"Brindemos por tu gran día Candy, y porque siguas siendo feliz y que nunca pierdas la bella sonrisa que tienes!" Exclama Albert sirviéndole una taza de café, y guiñándole el ojo continua: "la champagne lo dejamos para esta noche!"
"Te parece?" Le contesta Candy guiñándole el ojo de vuelta.
Después del largo desayuno los 2 amigos quitan la mesa y limpian la cocina, y cuando finalmente terminan ya es casi mediodía: "que te parece si hacemos cada uno una siesta, y nos juntas en el salón en un par de horas?" Le propone Albert a Candy.
"Me parece una excelente idea, pues la verdad es que tengo un poco de sueño." Le dice la rubia pecosa bostezando.
"Pues a descansar, y hasta más tarde!" Y acto seguido, cada uno camina a sus respectivas habitaciones.
Antes de acostarse Candy se quita su bello vestido para ponerse algo más ligero, y apenas recuesta su cabeza sobre la almohada cae en un sueño profundo:
Es una noche oscura de verano, y una mujer rubia se encamina hacia una colina desconocida con una canasta.
"esta joya es de parte de tu mama que te quiso muchísimo, pero que desgraciadamente se tuvo que ir al cielo antes de su tiempo." Le dice la mujer al bebe que lleva dentro de la canasta, y quitándose el collar valioso que lleva en el cuello lo deposita dentro de la canasta y mira largamente a la criatura.
De repente oye unos ruidos, y alarmada sale corriendo de la colina a toda prisa…
Candy se despierta sobresaltada de aquel sueño tan raro, y mirando el reloj lee las 3 de la tarde, y sin perder tiempo se levanta rápidamente para volver a ponerse el vestido, y retocarse un poco antes de reunirse con su amigo.
Albert está parado en el salón vestido elegantemente, y al ver lo apuesto que se ve su amigo, Candy recuerda repentinamente su cumpleaños del año pasado y le da un vuelco el corazón.
Como si presintiera su presencia, el hombre rubio de cabellos largos levanta la mirada hacia las escaleras y ve a la rubia pecosa bajar lentamente, como mesmerizada.
"Buenas tardes señorita. Espero que haya descansado lo suficientemente y deje que la escolte hacia la colina más hermosa de la ciudad." Le dice Albert, acercándose a ella.
"Encantada de ser su compañía de la noche señor!" Exclama Candy, tomándola del brazo.
Los 2 amigos se dirigen hacia la puerta principal, y al abrirla respiran el aire puro del comienzo del verano:
"Y donde queda tu famosa colina Albert?"
"Súbete en el auto y lo veras!" Le contesta el, guiñándole el ojo.
"Desde cuando tienes un auto, y porque no me habías dicho nada?" Le pregunta la rubia pecosa, al notar el vehículo blanco parqueado en la esquina.
"No es mío: me lo presto el dueño de nuestro apartamento por unos días, pero no te dije nada porque quise esperar hasta tu cumpleaños antes de darte la sorpresa."
"Que emoción!" Exclama la rubia pecosa excitada, y sin esperar ni un momento más se sube en el auto a toda prisa.
"Ya sabía que te gustaría la idea!" Se ríe Albert, y subiéndose en el auto empieza a conducir.
Finalmente después de una eternidad el auto se detiene frente a una colina muy parecida a la del 'Hogar de Pony', y bajándose del, Candy se dirige hacia el 1er árbol que ve y se pone a trepar sin dificultad hasta arriba.
"Candy pero y tu vestido acaso no se dañara?" Le pregunta el hombre rubio de cabellos largos perplejo.
"Súbete tú también Albert, que la vista desde arriba es mucho mejor!" Exclama la rubia pecosa riéndose a carcajadas.
"La verdad es que no me acuerdo ni siquiera si se trepar a arboles!" Le contesta el hombre rubio de cabellos largos corriendo hacia el árbol donde se encuentra su amiga, y para su sorpresa se sube en el sin esfuerzo.
"Me imagine que tú también sabias trepar en los arboles!" Grita Candy entusiasmada.
Albert sigue trepando hasta llegar hacia donde se encuentra la rubia pecosa, y sentándose a su lado le dice: "que hermosa es la vista desde aquí arriba efectivamente!" Y al notar el aire pensativo de Candy continua: "que te pasa que te has quedado tan callada de repente?"
"Es que de repente recordé un sueño raro que hice esta tarde mientras dormía la siesta."
"De que se trata?" Insiste el hombre rubio de cabellos largos, mirándola con curiosidad.
Aclarándose la garganta, Candy empieza: "soné que una mujer rubia abandonaba un bebe que llevaba en una canasta en una colina tarde en la noche, dejándole un collar valioso antes de marcharse, y cuando quise saber lo que seguía me desperté…"
"Este es efectivamente un sueño bien raro el que tuviste, pero no creo que signifique nada." Le dice Albert pensativo.
"Ojala tengas razón ya que a mí me parecía tan real…" Le contesta Candy con poca convicción.
"Porque no bajamos del árbol y empezamos con nuestro picnic?" Le dice Albert suavemente.
"Casi se me olvida lo del picnic, y dónde diablos esta mi cabeza si ni siquiera nos hemos ocupado de traer la comida?!" Exclama la rubia pecosa alarmada.
"No te preocupes que yo ya me encargue de todo!" Le dice el hombre rubio de cabellos largos riéndose a carcajadas, y bajando del árbol rápidamente se dirige hacia el auto para sacar toda la comida del baúl.
Momentos más tarde, la rubia pecosa baja del árbol también, y abriendo los ojos en grande exclama: "la verdad es que eres hábil como nadie Albert! Sabes cocinar, trepar a los árboles y bailar también!"
"Quieres que bailemos ya amiga?" Le pregunta el hombre rubio de cabellos largos notando lo roja que se ha puesto la rubia pecosa.
"Sin música?" Le pregunta Candy.
"También traje el fonógrafo para tu ocasión, y tu Vals favorito del año pasado." Le contesta Albert dulcemente.
"Como olvidarme de mi cumpleaños pasado y lo bien que te portaste conmigo amigo." Le dice Candy con voz emotiva.
"Hasta el momento en que llego Terry…." Termina Albert suavemente.
Candy se queda paralizada al oírlo hablar así y no sabe muy bien cómo reaccionar. Sin embargo al escuchar la melodía del Vals, este se acerca a ella, y tomándole de la mano le pregunta dulcemente: "me dedica este baile señorita?"
"Con mucho gusto señor." Le contesta Candy tímidamente, y al sentir sus brazos apoderarse de su cintura no puede evitar de pensar en el famoso sueno que ha tenido tantas veces: "en el que los 2 se encuentran bailando en el hogar de Pony, y del famoso beso profundo que Albert le da al final del Vals…"
La música del fonógrafo para súbitamente, y todavía caliente después de aquel baile, la rubia pecosa declara: "porque no comemos algo mejor?"
"Como quieras. Feliz cumpleaños querida Candy, y ojala celebremos muchos más!" Exclama Albert alegremente.
"Gracias por todo Albert, y solo quiero que sepas lo mucho que te quiero y que siempre ocuparas un lugar especial en mi corazón." Le dice la rubia pecosa con voz emotiva.
Acercándose a ella, el hombre rubio de cabellos largos le contesta: "tú también siempre ocuparas un lugar especial en mi corazón Candy, y por esto quiero que me prometas siempre compartir tus problemas y preocupaciones conmigo."
"Claro que sí, y espero que tú también compartas los tuyos conmigo, de acuerdo?"
"Trato hecho! Y si comemos ya que tengo hambre!" Exclama el hombre rubio de cabellos largos.
El resto de la noche termina bien, y ya cuando llega la hora de partir Candy se siente feliz y al mismo tiempo triste de que su cumpleaños llegue a su fin pero la vida sigue.
Francia, junio 1916.
Stear ha estado de soldado voluntario durante un año, y a pesar de haber perdido una multitud de amigos durante vuelos aéreos, no perdía las esperanzas de poder combatir los enemigos y ganar la batalla:
'Cuando regrese a América, lo 1ero que hare es correr a abrazar a mi novia Patty, y a ver qué tal está Candy que siempre ocupara un lugar especial en mi corazón.'
"Stear súbete en una de las avionetas que hoy es tu día, y quiero que combatas con la mayoría de Alemanes posibles, ya que eres mi mejor piloto, entendiste?" Le interrumpe el jefe, sacándolo de su ensueño.
"Por supuesto que si mi general!" Y sin vacilar, el joven tímido de cabellos oscuros y anteojos claros se dirige hacia el 1er avión, e instalándose en el prende el motor, para empezar a volar.
Unos momentos más tarde, Stear detecta sus enemigos desde lejos y se prepara para el combate: 'si solo Patty pudiera verme instalado en la maquina aplaudiría orgullosa, y pienso que Candy se reiría entusiasmada…'
"Concéntrate Stear, que los Alemanes ya se están acercando hacia ti así que dispárales ya, antes de que te maten ellos a ti!" Exclama uno de sus compañeros volando en otra avioneta.
"Claro que si amigo! Y concentrándose, el joven de cabellos oscuros y anteojos claros apunta hacia la multitud de alemanes en vano pues son demasiados, y mientras trata de desviar el camino para distraerlos sigue pensando en sus 2 chicas favoritas: 'Patty es realmente mi alma gemela por lo mucho que nos parecemos, y sin embargo no he podido olvidar a Candy por su carácter rebelde y vivo…Las amo a las 2 aunque parezca imposible, pero solo con una me puedo quedar… A quien elijare?'
El disparo inoportuno lo toma por sorpresa, y al sentir las balas atravesarle su cuerpo, Stear pierde el equilibrio y ve su vida pasar delante del: 'adiós Patty… adiós Candy…'
El avión cae bruscamente al suelo, y el impacto causa una gran explosión atrayendo a todos los militares de la base: "dios mío no tú Stear! He perdido a tantos jóvenes voluntarios en menos de un ano y tú eras el mejor de todos! Porque tuvo que pasar esto dios?! Porque?" Grita el jefe principal de la base corriendo hacia el avión, con la esperanza de encontrar al joven tímido de anteojos claros vivo; Sin embargo al ver el cuerpo intacto de Stear, se echa a llorar inconsolablemente, pensando en lo terrible que es esta guerra interminable que ya tenía 2 años, y cada día se volvía peor.
'Que le diré yo ahora a la familia de aquel joven tan brillante?'
Michigan, junio 1916 tarde en la noche.
Patty se despierta gritando esta misma noche de Junio agotada, después de una pesadilla en la que ve a su amado Stear caerse de un avión, fusilado por sus enemigos, y levantándose rápidamente de su cama camina hacia su ventana para abrirla, y observando el cielo estrellado de la noche se pone a temblar de aprehensión: 'estarás todavía vivo Stear?'
Regresando a su cama lentamente, Patty sigue temblando y siente un sudor resbalar por su frente: 'dios mío, significara algo aquel sueño tan horrible que acabo de tener?'
Finalmente después de moverse toda la noche logra dormirse a las primeras horas del amanecer, y cae en un sueño profundo…
Los fuertes golpes de alguien tocando la puerta la hacen sobresaltar, y brincando de su cama sale de su habitación corriendo a abrir la puerta principal, pero su sorpresa es mayor al encontrar delante de ella a un mensajero y teme lo peor:
"Que paso y porque está usted aquí?" Le pregunta Patty temblando.
"Es usted la señorita Patty O'Brien?" Le pregunta el hombre tendiéndole un papel.
"Sí señor, pero porque está aquí y que significa este papel?" Insiste la joven tímida de anteojos gruesos, sin atreverse a mirar lo que hay escrito en el papel, pues generalmente los mensajeros siempre traían malas noticias.
"Siento muchísimo tener que informarle que el señor Alistair Cornwell acaba de fallecer en la guerra en Francia: al parecer él estaba luchando contra unos enemigos Alemanes desde su avioneta y le dispararon."
La cabeza empieza a darle vueltas a Patty y siente como se le derrumba su mundo: Stear su único amor, el grande y verdadero no podía haber muerto y dejado de existir! No lo podía aceptar, y rompiendo el papel que lleva en la mano sin haberlo leído se pone a gritar como una histérica:
"Usted es un mentiroso, pues no le creo en absoluto lo que me está diciendo! Stear está bien vivo, y justamente recibí una carta suya el otro día y…"
Patty se queda congelada al ver un carro acercarse rápidamente, y del bajar a Annie y Archie blancos como el papel, y siente que le falta la respiración.
"Annie… Archie por favor díganme que esto es una pesadilla de la que muy pronto despertare, y que mi Stear sigue sano y salvo… Díganmelo por favor!" Grita Patty cayéndose al suelo con la bata que todavía lleva puesta, y se echa a llorar amargamente.
Acercándose a ella, Annie se echa a llorar con ella mientras Archie despacha al mensajero.
"Porque el Annie? Porque me mataron a mi Stear?" Continúa Patty, con la cara sucia de tantas lágrimas.
"No lo sé amiga… no lo sé." Le murmura Annie, abrazándola fuertemente.
Archie que ha estado parado en silencio tiene una expresión sombría y se siente destrozado: acababa de perder a su único hermano que había siempre sido su ídolo, su mejor amigo y su consciencia; Sabía que a partir ahora su vida más nunca sería la misma, ya no habría más sonrisas y alegrías, sino tristeza infinita, y un enorme vacío…
'Que pasara con Candy cuando se entere, y como darle las noticias?'
Chicago, 'Hospital Santa Bárbara', unos días más tardes.
Candy está poniendo la mesa del desayuno un sábado en la mañana mientras Albert prepara algo en la cocina, cuando de repente se oyen unos fuertes golpes en la puerta.
"Ya abro!" Grita la rubia pecosa corriendo hacia la puerta de entrada a abrir.
"En que puedo ayudarle señor?" Le pregunta Candy, al encontrarse frente a frente a un hombre desconocido.
"Es usted la señorita Candy White Andry?"
"Si, pero que pasa?" Y al darse que se trata de un mensajero, la rubia pecosa se pone pálida.
"Siento tener que darle esta mala noticia, pero el señor Alistair Cornwell acaba de fallecer en la guerra."
Al oír aquella noticia Candy se queda paralizada de terror y no puede hablar.
"Se siente usted mal señorita?" Le pregunta el hombre al notar como se le ha ido todo el color de la cara a la rubia pecosa.
Albert que ha estado en la cocina todo este tiempo aparece súbitamente, y al ver a Candy parada delante de un desconocido les pregunta: "que pasa aquí y quien es usted?"
"Soy un mensajero y vine a traerle a la señorita, la mala noticia de un amigo de ella fallecido en la guerra. Lo siento."
Candy, que ha estado callada todo este tiempo se pone a temblar violentamente y lanza un repentino grito salvaje: "STEAR! ANTHONY! NO!" Desmayándose en el acto.
"Candy!" Exclama Albert corriendo hacia ella, y tomándola en sus brazos le dice al mensajero: "gracias por venir hasta acá, pero ahora debo de ocuparme de mi amiga."
"Lo siento mucho. Adiós."
Después de esperar que se marche el mensajero, Albert sube las escaleras con Candy todavía desmayada en sus brazos, y dirigiéndose a su habitación la deposita en su cama.
"STEAR… ANTHONY…" La oye murmurar en su sueño, y acariciándole la cara se pregunta quienes serán estas 2 personas. De repente siente un fuerte dolor de cabeza, y parándose de la cama Albert empieza a caminar por la habitación completamente mareado.
'Quién soy? Como me llamo? Quienes son Stear y Anthony? Donde estoy y porque me duele tanto la cabeza?'
El dolor se vuelve cada vez más intenso, y el hombre rubio de cabellos largos pierde el equilibrio y se cae al suelo inconsciente….
Otro capítulo finalizado, y les pido perdón a mis lectores por haber matado a STEAR (que es uno de mis personajes favoritos), pero era inevitable, ya que muchos mueren en las guerras, y como dije antes: esta es, la Verdadera historia de Candy White.
Les agradezco también por los reviews, especialmente a ti JOSIE que me dejaste 2! Y con lo que se refiere al 'famoso collar': más adelante se resolverá el misterio…
Hasta la próxima y espero que lo hayan disfrutado!
