Se podía oír unas voces algo distantes dentro de la oscuridad en la que se encontraba. Un solo punto de luz se empezaba expandir, revelando un blanco techo casi impecable justo arriba de el. Trataba de pestañear más, su vista se aclaraba con el tiempo, y pudo notar que era el techo de su propia enfermería. Trató de tocar su cara, pero le dolía tan solo mover su brazo hacia su propio rostro que decidió no mover su brazo, además de que sentía una gran pesadez en la nuca de su cabeza.
Seguía oyendo aquellas voces hablando fuera del cuarto, la confusión en su mente no le dejaban escuchar bien la conversación que estaba siendo llevaba a cabo en los pasillos, lo que podía notar era que la puerta estaba abierta frente a el. Aunque seguía sin saber a quién le pertenecían tales voces, lo cual le empezaba a desesperar terriblemente, sintiéndose inútil o incluso inservible en estos momentos. Odiaba sentirse vulnerable ante otras personas, en especial en una era como en la que se encontraban.
De pronto sintió como si una mano se posara sobre su hombro creando una gran presión en todo su brazo, de repente sintió la presencia de otra persona además de él en el cuarto pero al ver los alrededores no logró ver a nadie, pero seguía sintiendo como si una mirada lo estuviera juzgando gravemente, una pesadez empezó a invadir su mente y su pecho no dejándolo respirar, la culpabilidad le absorbía pero alguien le estaba haciendo esto más no entendía quién o cómo. Solo podía oír unos susurros decir: culpable, culpable, una y otra vez.
-¿Comandante Sato?- preguntó Hera desde afuera de la puerta, la presencia extraña ya se había ido, más solo una cosa rondaba por la mente del comandante, un color azul zafiro.
()
Las estrellas nunca se alineaban, solo en ciertos planetas pero Barriss siempre supuso que nunca tendría la suerte de ver tal evento con sus propios ojos, por alguna razón siempre había soñado con aquello más su sueño nunca realizó.
Comparado con lo que había vivido a lo largo de toda su vida, era un sueño pequeño y nada relevante acerca de ella. Recordó las noches vacías en los campos de batalla durante la guerra de los clones, y como su maestra Luminara siempre aprovechaba para enseñarle una que otra cosa cerca de la fuerza y como ser uno con ella, más Barriss nunca logró captar bien lo que quería decir su maestra, tal vez era por el talento que poseía. Lastimosamente no conocía a muchas personas con este talento, más que al el chico Ezra Bridger.
-Vaya si que me agrada ese pequeño.- pensó Barriss sonriendo ante los recuerdos de cuando lo tenía bajo custodia antes de que los rebeldes se lo llevarán.
Recuerdos flotaban a lo largo de su mente, hasta el punto de recordar al Gran Inquisidor, que supuestamente había muerto a manos de jedi Kanan Jarrus cerca de la atmosfera de Mustafar, más sobrevivió y desarrolló una parte del talento, pero ahora de verdad estaba muerto, tantas sustancias para mantenerlo en control sus emociones lo mataron lentamente, de verdad Barriss disfrutaba hablar con lo menos una persona. Un nuevo prisionero iba a llegar a su prisión hacía ya unas horas pero no hubo suerte, ya que el los rebeldes de Lothal se lo habían llevado, y por falta de troopers y de seguridad aérea no los pudieron detener, aunque para ella era mejor, puesto que no tendría que interrogar y torturar al sujeto ese que fue rescatado sola, desde que Ezra se había ido, Barriss interrogaba completamente sola a todos los de la base, y se estaba volviendo algo rutinario.
Caminó a través de los solitarios pasillos sosteniendo firmemente un sable de luz en su mano, se veía algo insegura sosteniendo el artefacto en sus manos mientras recorría los fríos pisos metálicos de aquella pequeña prisión imperial. El sentimiento del sable sobre su mano se sentía tan familiar, la textura lisa de los alrededores y lo ligero que era. Hacía ya unos años que no tenía su propio sable de luz, claro que sabía pelear con uno pero desde hacía ya mucho tiempo se había acostumbrado a usar la fuerza como su arma, no tanto un artefacto físico tal como el sable, símbolo de que eras un jedi o un sith.
-Pero yo no soy ninguno de los dos.- se dijo a si misma mientras con el gancho conectaba su sable al cinturón. Se paró frente a una puerta de una celda y con los controles las abrió revelando a Ephraim que se levantó inmediatamente de la posición acostado en la que estaba.
-¿Qué quieres?- preguntó Ephraim con cierto desprecio, pero Barriss solo se quedó callada mirándolo atentamente, más no parecía ponerle atención alguna. -¿Otra interrogación? Ya te dije que no sé nada.
-¿Crees en los jedi?- preguntó la mujer de piel verde algo melancólica para la sorpresa de Ephraim.
-¿Qué si creo? Yo vi con mis propios ojos que son reales, ello si querían hacer un bien para la galaxia.- protestó el transmisor de radio con cierto enojo.
-En eso no puedo estar contigo de acuerdo.
-¿A qué quieres llegar con esto?- preguntó Ephraim tratando de zafarse de tal extraña conversación.
-Te contaré un poco de mí, para que no te sientas tan extraño ante mi presencia.- dijo Barriss tomando asiento sobre un silla que estaba pegada a la pared, claro asegurándose de cerrar la puerta detrás de ella.
-Esta mujer ha perdido la cordura.- se pensó a mi mismo Ephraim mientras se alejaba lo más posible de aquella mujer que le acompañaba en la celda con una extraña sonrisa. –Que no sabe sonreir.- añadió mentalmente.
-No te contaré de mi pasado en la guerra de los clones, sino de algo más reciente. De unos seis meses para acá.- comenzó a hablar Barriss jugando mucho con su pronunciación mientras Ephraim escuchaba silenciosamente. –Hace unos meses me deje poner en custodia por la celda rebelde de Lothal, la que conocerás mas como la que ayudó a tu hijo a transmitir su mensaje de esperanza por la antena imperial hacia toda la galaxia.- empezó a relatar burlonamente para el mucho disgusto de Ephraim. –Entonces empecé a conectarme con él, y en una misión con datos de un informante rebelde logré que capturaran a Ezra, y así lo dejaron bajo custodia mía y del gran Inquisidor, ya que el es experto en romper a jedi tal como lo era tu hijo. – Barriss solo observó la reacción sorprendida del hombre frente a ella al saber que su hijo era un jedi como los que habían ya hace 15 años. –El inquisidor tenía parte de este talento que tu hijo y yo poseemos.- continuó hablando Barriss.
-¿Te refieres a la fuerza?- preguntó objetivamente Ephraim.
-Además de eso. Verás, trajimos a tu hijo aquí, a la misma prisión en la que te encuentras ahora, a unas cuantos pasillos mas delante de aquí, en esa celda el Inquisidor se encargó de romper a tu hijo.- dijo con una siniestra sonrisa. –Se aseguró de torturarlo con droides, objetos físicos como martillos, corrientes eléctricas pero el más importante, le inyectamos varias sustancias alucinógenas y con ayuda de la fuerza le ayudamos a encontrar el verdadero camino, el camino de la oscuridad.- Barriss sentía el enojo emanar de Ephraim, por lo que continuo hablando. –Recuerdo como Ezra lloraba y lloraba de como quisiera verlos a ti y a tu esposa una vez más, me encargué de decirle que no era más que un ser insignificante en la galaxia, un simple huérfano de las calles, que no tenía futuro alguno, solo en el lado oscuro. El me rogaba que dejara de quebrarle la mente en dos, me estaba suplicando pero eventualmente con días de estar en una celda con temperaturas congelantes le llegó la noción de su realidad, y por fin aceptó su nuevo yo, su verdadero yo, tal como yo lo hice hace ya varios años atrás.
La ira hervía dentro de Ephraim mientras se levantaba abruptamente para atacar a Barriss pero poco antes de alcanzarla sintió un enorme dolor provenir del centro de su pecho y de su nuca, sentía como si su corazón se le fuera a salir por e pecho y los latidos retumbaban fuertemente en su cabeza no dejándole ni siquiera procesar lo que estaba ocurriendo. Se tiró al piso apretando su pecho viendo los pies de Barriss, que con la fuerza le levantó el rostro para mirarla directamente a sus ojos, un ojo tenía su color normal y el otro era color ámbar.
-Veras, el talento que tu hijo y yo tenemos consiste en recibir auras de la fuerza de cualquier lugar incluso de personas muertas, con esta habilidad podemos dañar a otras personas a través de la fuerza sin siquiera estar presentes, hacer lo que nos plazca, por lo que no estamos específicamente en el lado oscuro o en el de la luz.- empezó a explicar Barriss mientras caminaba hacia la fuerza. –En conclusión Ezra ha estado perdiendo su cordura cada vez más, y tu nunca podrás ayudarlo, porque eres un padre inservible.- concluyó Barriss dejando a Ephraim solo en aquella oscura celda en sus propios pensamientos mientras oía las risas maniáticas de la ex jedi. Lágrimas corrían a lo largo de su rostro llenando en silencio con sus llantos desconsolados.
-Te he fallado Ezra, mi querido hijo.
Bueno, el capítulo no se concentró tanto en la tripulación, solo en Ephraim y Barriss, y por cierto, una pregunta que tal vez les ayude a entender cosas, me avisan si le entienden.
-¿Quién será el informante dentro de la Rebelión de Barriss?
Espero les haya gustado este capítulo, y no se les olvide comentar su opinión y así, lo apreciaría un buen
Que la fuerza los acompañe, Nuyen236
