21.

-¡Dios! – gritó John viendo el fuego en el andén que estaba en lo alto cuando llegaron a New Cross. No era la estación entera lo que se estaba quemando, sino más bien parte del acceso y del andén junto a la subida. Sherlock ignoró el quejido de John y bajó rápidamente del auto mientras John lo seguía detrás lanzando improperios mezclados con la Santísima Trinidad. Lestrade comenzó a llamar por el radio del vehículo a quienes se habían dirigido a la otra estación terminal, mientras marcaba el número de emergencias para pedir que cortaran completamente la energía de la línea del metro.

Sherlock entró rápidamente mientras un poco de gente que andaba por el sector e incluso en la misma estación de metro corría en busca de ayuda o de una explicación sobre lo ocurrido. Pasó junto a John por los torniquetes de acceso saltándolos sin dificultad y se lanzó por las escaleras fijas hacia arriba, ya que en las mecánicas había fuego en el camino. Cuando logró llegar junto con John al andén, no vio más que el humo y el fuego saliendo de una puerta además de algo del mobiliario de la estación quemándose.

-Quizás no estaban aquí, sino es Cross Gate… -supuso John con un dejo de pánico en su voz. Lestrade llegó detrás de ellos segundos después, luego de recibir informes sobre la estación terminal contigua y dejar a un oficial encargado de las personas afectadas abajo.

-New Cross Gate también explotó, pero ha sido peor. La estación completa está en llamas. Pedí que cortaran la energía, así que el fuego está controlado. Los servicios de emergencia ya vienen…

John echó la cabeza hacia adelante, frustrado al enterarse del estado de la otra estación. Estaban los tres hombres parados en el espacio de andén que estaba alejado del fuego, después de todo eran simples llamas ahora y mucho, mucho humo. John se llevó las manos a la cabeza, pensando que hacer.

-Quizás aún están dentro y hay que bajar a buscarlas… mierda. – John daba pequeños pasos sobre sí mismo, abrumado ante la idea del estado actual en el que se podría encontrar su esposa. Sherlock en tanto miraba a lo largo del andén, observando. Entonces saltó hacia los rieles del metro, cayendo de pie y sin hacerse daño. Sacó una linterna de su abrigo y la encendió para ver mejor, debido a que la energía en general estaba cortada y además, ya era muy de noche.

-¡Greg! – gritó de pronto- trae una ambulancia, ahora. John, ven rápido. –miró a su amigo fijamente, y el doctor de inmediato comprendió.

Molly y Mary estaban ocultas debajo del andén, junto a los rieles de la estación. Molly estaba sujetando a Mary contra su pecho mientras la rubia daba fuertes gritos de dolor. John bajó y se adelantó corriendo hasta ellas mientras Sherlock le seguía desde atrás.

-¡John! –Gritó Mary mientras seguía contra el pecho de Molly, apenas abriendo los ojos.

-Contracciones, comenzaron apenas bajamos aquí y se cortó la luz después de la explosión –informó Molly mientras Sherlock se le acercaba y la miraba fijamente, buscando signos de heridas- estoy bien, ayuda a Mary. –cortó ella desviando su mirada.

John tomó a su esposa en brazos, mientras aún se quejaba. No sabía si tomar el papel de esposo protector y cuidarla o hacer las de doctor, ser frío y darle instrucciones claras y precisas para enfrentar el momento de shock en el que se encontraba.

-Mary, amor, escúchame. Respira hondo. ¿Sientes dolor? – Mary asintió en silencio apretando muy fuerte los ojos- ¿Cuándo comenzó con las contracciones?

-No lo sé, pero es la segunda vez que le sucede desde que quedamos escondidas aquí, había estado bien mientras estábamos abajo y salíamos… -aclaró Molly.

Greg volvió momentos después seguido de paramédicos y de los bomberos que comenzaban a apagar el fuego que había en el andén.

-Tenemos que sacarte de aquí ahora – John tomó a Mary por los brazos y con ayuda de Greg la subieron a la camilla de los paramédicos y la sacaron de los rieles. John salió junto a ella, dejando a Lestrade con Sherlock y Molly aún entre los rieles.

Sherlock no había tenido mucha injerencia en la escena que acababa de ocurrir, pero agradecía que Mary y Molly estuvieran bien y esperaba que, de nacer la hija de John, fuera con la menor cantidad posible de complicaciones. Se asomó un poco y miró a los bomberos trabajar en controlar el fuego y entrar hacia el subterráneo de la estación por la puerta que suponía, había sido por la cual ambas mujeres escaparon. Supuso que los cuartos del subterráneo pasaban por debajo de los rieles de la misma estación, para así aprovechar mejor los espacios y no invadir la vía pública. Sin embargo, la misma distribución le hacía cuestionarse por qué Molly y Mary no buscaron la salida directa a la calle y escogieron huir dentro de la misma estación. Sería algo por lo que preguntaría más tarde.

Volvió a la realidad cuando vio a Greg acercarle una manta a Molly y ponérsela por la espalda. Tenía el chaleco rasgado por el brazo derecho y se estaba destejiendo lentamente. Tenía un poco de sangre en la frente y le faltaba un buen poco de cabello junto a la oreja derecha.

-Gracias Greg… estoy bien –la oyó murmurar mientras el DI la tomaba con cuidado para ayudarla a subir de vuelta al andén, donde ahora solo quedaba mobiliario quemado. Sherlock subió detrás de ellos y luego los siguió hasta la salida de la estación, donde Greg dejó a la forense junto a una ambulancia donde sería atendida.

Uno de los paramédicos comenzó con el examen de rutina para conocer su estado actual. Mientras le tomaba la presión, Sherlock se asomó por la puerta de la ambulancia, sin decir nada. Solamente buscando su mirada.

-¿Qué hora es? –preguntó Molly mientras estaba recostada en la camilla con el tensiómetro en su brazo derecho y el estetoscopio del paramédico en su antebrazo.

-Casi medianoche. – contestó Sherlock mirándola fijamente.

-Si nos vimos durante la noche… –afirmó Molly recordando como Sherlock la había despedido durante la mañana. Sherlock solo desvió su mirada. -¿Me van a llevar al hospital?

-Sufriste varias contusiones además de respirar mucho aire potencialmente contaminado con monóxido de carbono por lo que deberían hacerte exámenes para descartar…

-Ok. –le cortó Molly aún recostada en la camilla.- ¿Y Mary?

-Llegando a la clínica. John me escribió hace poco. Cree que dará a luz esta misma noche…

Molly asintió en silencio y Sherlock siguió apoyado en la puerta de la ambulancia, mirándola fijamente. Molly miró en otra dirección, procurando ocultar el poco de cabello que le faltaba en el lado derecho.

-Señor, voy a pedirle que se retire, iremos hasta el Hospital. ¿Es usted pariente o tiene relación con la paciente… Molly Hooper? –preguntó el paramédico a Sherlock mientras miraba la ficha médica que de momento solo tenía los datos de la forense.

-Ella es mi…compañera… compañera de piso. –corrigió Sherlock mientras Molly le miraba algo sonrojada. Sherlock supuso que por su estado actual, preferiría viajar sola- nos vemos allá entonces, iré detrás con Greg…

Sherlock salió de la puerta del vehículo y Molly le quedó mirando algo avergonzada por el trato cortante que le acababa de dar, mientras el paramédico cerraba la puerta y era conducida por la ciudad hasta el Hospital St. Thomas en Westminster, que se encontraba a solo 20 minutos en vehículo.

No sabía cuanto tiempo había pasado, solo recordaba que había llegado y la habían puesto en una silla de ruedas, que le habían tomado la presión nuevamente, que la misma enfermera le hizo una serie de preguntas sobre como se sentía, le había tomado una muestra de sangre y accedió a cortarle el cabello que le quedaba para dejarlo más o menos parejo. (la chica no era peluquera, pero Molly le rogó que le ayudara o ella misma tomaría unas tijeras y el resultado sería peor) luego vinieron un par de radiografías y resonancias para conocer el estado de sus pulmones y le habían puesto el brazo derecho en cabestrillo, pues había sufrido un ligero esguince gracias a la fuerza empleada en abrir la puerta y luego al recibir todo el peso de Mary de muy mala manera para hacerla bajar a los rieles, momentos antes de la explosión y posterior incendio.

No tenía idea de la hora (lo cual le angustiaba un poco), pero era consciente de que estaba en un cuarto de hospital, con ventanas amplias que dejaban la vista a los edificios de la calle de al frente. Temió que James tuviera a uno de sus francotiradores apuntando directamente hacia ella, e incluso alzó un poco la cabeza buscando ese puntito rojo que solía aparecer antes del disparo, pero no halló nada. Quizás James había dejado pasar la promesa que le dio de matarla en pocas horas. Estaba sola, o eso creía hasta que vio una silueta que se hallaba sentada frente a ella en un rincón junto a la ventana. Sherlock permanecía con las manos dentro de los bolsillos de su abrigo, el cuello de este levantado y el mentón inclinado hacia la bufanda. Tenía los ojos cerrados.

-¿Duermes? –murmuró incrédula Molly acomodándose el cabestrillo y mirándolo desde su posición en la cama. Diablos, además tenía una bolsa de suero junto a ella y el catéter iba justo sobre su mano derecha. Dolió un poco moverse.

-No la verdad, pero tú lo hiciste por mucho rato. – Molly se sobresaltó al oír esa voz grave en la oscuridad. Sherlock se puso de pie y se acercó a ella, dejando ver tan solo la mitad de su rostro frente a las luces de los edificios aledaños. Se quedó junto a ella, pero no hizo ningún gesto- Debo informarte que Isabel Sophie Watson ha venido al mundo hoy a las 01.29 am. Son casi las cinco de la mañana ahora.

Molly volvió a incorporarse en la cama y al alzar su cabeza, se le desordenó un poco su reciente cabello corto.

-¿Cómo está Mary?

-Estable, ahora duerme. Mañana podrá tener a su bebé durante todo el día, la última vez que vi a John iba detrás de su hija, a quien la llevaban a neonatología. Ahora debe estar en el cuarto de Mary. –Molly asintió en silencio, desviando la profunda mirada del detective- te queda bien el cabello corto.

Molly se encogió de hombros.

-¿Te alcanzó el fuego mientras huías…?

-No. –la voz de Molly se quebró un poco ante el recuerdo del verdadero fuego que la quemó- fue James… me acercó un encendedor, creí que me iba a quemar la oreja o parte de la cara cuando me tomó, pero solo fue cabello. Tuve suerte. –concluyó con una sonrisa triste.

Sherlock apretó los labios, Molly tenía la habilidad de dejarlo sin habla a veces. Sabía que lo que ella y Mary habían pasado era por su culpa, por los desgraciados sentimientos y emociones que profesaba hacia ellas, y en particular por sus recientes expresiones de cariño hacia Molly. Pero no era capaz de dejarla sola, a la deriva de un criminal que estaba dispuesto a cualquier cosa por literalmente quemar todo lo poco que Sherlock apreciaba realmente. James lo conocía bien, conocía sus debilidades, donde debía tocar y atacar. Y si ahora Molly, Mary y la bebé estaban vivas había sido por la sola fuerza de voluntad de ambas por salir de ahí como fuera posible. En unas horas más debería ir a Scotland Yard y a la misma estación de metro en búsqueda de evidencia que al menos le proporcionara respuestas sobre lo ocurrido.

-No me pongas esa cara, te puedo contar todo lo que pasó antes de que hagas tus deducciones. –La voz de Molly sonaba triste. Sherlock la miró, evaluando si podía hablar de todo o no, y finalmente acercó una silla junto a su cama. Echó la espalda sobre el respaldo y juntó las manos en su regazo. Molly recién entonces le sostuvo la mirada por más de tres segundos.

-Bien, te escucho…

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A la mañana siguiente cuando despertó, la figura de Holmes estaba de pie frente a su cama, pero este Holmes lucía repeinado, vestido con un evidentemente caro traje de tres piezas, corbata y camisa a juego. Un paraguas pendía de su mano derecha y la observaba con determinación clínica.

-Buenos días, señorita Hooper. –Mycroft dio un paso hacia los pies de la cama mientras Molly, aún media dormida, alzaba el respaldo de esta con el control remoto dispuesto a su costado izquierdo.

-¿No se supone que debería venir una enfermera antes que una visita? –Molly se movió con cuidado mientras se quitaba las lagañas de los ojos. Había dormido poco, Sherlock se había ido después de las 6 y no tenía idea de la hora actual.

-Pedí permiso para poder conversar con usted, saber como está; si se siente mejor del esguince de su brazo…

-¿Si sabe que un esguince tarda al menos quince días en mejorar, no? Estoy bien. Gracias por preguntar. – le quedó mirando por un momento- ¿Qué necesita realmente de mí?

Mycroft Holmes sonrió incómodo ante la rudeza con la que Molly le trataba. De buenas a primeras parecía una chica tan tímida, pero cuando ya tenía un poco más de trato con la gente sabía donde poner la línea divisoria entre la confianza y el respeto. Dio otro paso hacia los pies de la cama. Molly, inconscientemente, pegó su espalda al colchón.

-Bonito corte de cabello. –Comentó- mi hermano está ahora haciendo algunas indagaciones para ver si puede hallar algo de James Moriarty, pero ambos sabemos el panorama real. –Molly ladeó la cabeza, sosteniendo firmemente la mirada del gobierno británico, en señal de interrogación- Moriarty no se detendrá. Quizás tenía la real intención de acabar con su vida y la de la esposa del Doctor Watson, pero usted demostró la fuerza suficiente para huir de él, aún con una mujer embarazada a cuestas…

-¿Puede ir al grano por favor? Sé lo que pasó ayer, estuve ahí. –A Molly le irritaba un poco la presencia de Mycroft con su afán controlador, ufano de que ningún secreto le podía ser oculto. El pelirrojo suspiró dramáticamente antes de seguir.

-Por su seguridad, no podrá volver a su anterior hogar. Si usted lo desea, sus cosas serán mudadas al 221B de Baker Street indefinidamente, o al menos hasta que podamos en conjunto con la policía local dar captura a James Moriarty. Estoy al tanto además del estado actual de su relación con mi hermano menor. –Le miró con suficiencia y Molly desvió la mirada, sonrojándose un poco- Creo que le hará bien a mi hermano menor no estar solo en el piso y tener un toque femenino además del que le da la casera.

Molly pestañeó un par de veces ante lo que parecía más una orden que un mero aviso o una sugerencia.

-¿Podré volver al trabajo? Mejor dicho ¿me dejará usted hacer mi vida como la hacía antes? ¿Me vigilará siempre con un GPS en mi bolsillo?

Mycroft dio el último paso hacia la cama de Molly, tocando sus muslos con los barrotes de la cama que había delante de él.

-Por supuesto que su vida no será como antes, señorita Hooper. Usted está dentro del corazón de Sherlock. Eso la convierte en un objetivo potencial para James Moriarty, aún después del ataque que acaba de sufrir con la señora Mortsan. Puede volver al trabajo, puede seguir su vida si quiere, pero considere que muchas cosas han cambiado desde que hizo su relación con Sherlock algo mucho más…cercana.

Molly asintió en silencio.

-¿Es todo? –se sentía molesta, pero sabía que no podía partir de esa premisa para alegar algo y que debía procesar mejor toda la información.

-Es todo. –Aseguró Mycroft- finalmente, y debo añadir, cuide de su salud y la de mi hermano. Puede que él esté dispuesto a dejarle a usted mostrarle las maravillosas relaciones humanas ordinarias, pero le sugeriría no caer en la bajeza y forzarlo a algo que él no desea realmente. –Molly movió la cabeza, confundida. ¿Mycroft Holmes acababa de insinuarle que ella quedaría embarazada intencionalmente si seguía acostándose con Sherlock? (se le hizo un nudo en el estómago al articular la palabra "acostarse" en su mente).

Mycroft se dio la media vuelta y cerró la puerta del cuarto al salir. Molly se quedó ahí, a medio sentar en la cama esperando por la enfermera.

Luego de comer, pasar por los exámenes rutinarios de cada mañana y comprobar que su estado de salud era óptimo y podía recibir el alta médica antes del mediodía (bajo el compromiso de asistir a controles durante las próximas semanas) Molly recibió a la señora Hudson, quien le abrazó con cuidado y le extendió un pequeño bolso con algunas ropas nuevas y limpias. Se dio una ducha en el baño del cuarto de hospital y se vistió con uno chaleco delgado color verde esmeralda y pantalones de tela negros. Se puso unos zapatos bajos y la casera le ayudó a vestirse y a ponerle el cabestrillo. Además, Molly le dejó que peinara su cabello castaño mientras la Señora Hudson le hablaba de lo preocupada que había estado la noche anterior y de lo feliz que se sentía al saber que podría verla a diario en Baker Street.

Bajaron juntas hacia maternidad, Sherlock las esperaba junto a Greg frente a la puerta de la habitación donde Mary estaba, ambos hombres saludaron a la señora Hudson con un abrazo y Sherlock solo le dio una mirada de soslayo a Molly quien era delicadamente abrazada por Greg, quien expresaba la felicidad de que le hubieran dado el alta tan solo horas después. Los cuatro entraron al cuarto y entonces vieron a Mary, quien sostenía a Isabel en brazos. Era una pequeña bebé vestida en un enterito rosado, aún con la piel rojiza, los pequeños ojos muy cerrados y mostrando unas largas pestañas rubias además del típico pelo en la frente con el que nacían todos los bebés, solo que el cabello parecía ser igual de claro que el de sus padres. La señora Hudson fue la primera en saludar a John y Mary y feliz, tomó a la bebé en brazos.

-¿Ya la sostuviste? –preguntó Molly a Sherlock, quien negó con la cabeza.

-Acabo de llegar del Yard con Graham.

-¿Algo nuevo? –musitó ella mientras John y Greg se saludaban.

-Moriarty dejó otra de sus notas, asegurando que no me habías contado todo sobre tu relación con él y que dejaría algunos complicados crímenes por resolver mientras se sigue esfumando por la ciudad. Supongo que debe tener una larga lista de clientes pendientes.

Molly apretó los labios. Sabía exactamente lo que Moriarty había intentado decir con eso de que no había contado todo.

-Dormí con él un par de veces. Es todo. –murmuró Molly a Sherlock, que seguía de pie, a su lado- solo es eso.

Sherlock asintió en silencio, incómodo por aquella revelación mientras apretaba los labios. Se alejó de Molly y le pidió a la señora Hudson si podía sostener a la bebé. Cuando se la entregaron, la sostuvo primero de manera torpe con sus grandes manos, pero luego la acunó contra su pecho, mirándola fijamente. John, que no cabía de emoción, solamente miraba a su amigo mientras Greg sacaba su teléfono y le tomaba una ráfaga de fotos a Sherlock con la pequeña Isabel en brazos. Molly miraba todo desde un rincón, acomodándose el cabestrillo de vez en cuando. Se acercó a Mary y conversó un poco con ella, mientras Sherlock se paseaba con Isabel en sus brazos y con John a su lado, mientras hablaban en voz baja.

-Se ve bien, pero debe estar ahogado en pánico con un bebé en brazos –bromeó Mary. Molly solo asintió en silencio- bonito corte de cabello.

-Oh, el estilista no fue para nada delicado cuando lo hizo. – broméo Molly. Finalmente comenzaba a sentirse mejor de ánimo con solo verse rodeada de las personas que ella quería.

Esa misma tarde Molly volvió a Baker Street junto con Sherlock. Tomaron el té con la señora Hudson y luego simplemente subió a su habitación, pues solamente quería dormir profundamente.

Entre sueños, pudo oír el violín de Sherlock interpretando la misma melodía que había tocado durante las primeras noches que estuvo ahí. Se sintió reconfortada, sonrió para sí misma y durmió sin pesadillas.