Los personajes de esta historia le pertenecen a Stephanie Meyer. La trama relatada es de mi autoría.
21. CENA FAMILIAR
Edward POV:
20:30 – Hospital Saint Vincent
—No te ves tan mal. En serio, Edward. Sólo es un poco de…. uhm… ¡¿es que nadie trabaja acá?... solo estás algo hinchado…
Bella gritaba a enfermeras y me hablaba al mismo tiempo, agregándole incluso más dificultad para mi absoluta comprensión. En el estado en que estaba ni siquiera podía entender completamente mis propios pensamientos.
Yo sólo quería cerrar los ojos y olvidar el desastre de hoy. Estaba cansado, física y mentalmente.
¿Creí que la cena iba a ser una completa catástrofe? Sí. ¿Pensé que terminaría en el hospital? Estaba en mis teorías. Pero… ¿en algún momento se me ocurrió que el resultado de la velada fuera de esta manera? Definitivamente no.
Jamás lo vi venir.
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18:10 – Mi casa
Bien, podía hacer esto. No era nada del otro mundo. Simplemente iría, comería, hablaría de forma mínima y me vendría a casa.
No hay nada de malo en eso.
Nada qué temer.
Sólo es una cena con la familia de mi novia.
Sí. Así es.
Entonces… ¿por qué estaba tan aterrado?
Me miré en el espejo y pasé los dedos por mi cabello por enésima vez, maldiciéndolo por no quedarse en su estúpido lugar.
—Deja de hacer eso, Edward. Despeinarás tu cabello incluso más que de costumbre.
Miré a mi hermana por el reflejo. Ella estaba apoyada en el umbral de la puerta que limitaba entre mi habitación y el baño, cruzada de brazos y con una ceja alzada.
Alice tenía razón. No había nada que hacer con ese problema. Si no lo había domado en mis 21 años de vida, no podía pretender que justo hoy encontrara la cura al despeinado crónico. Soplé hacia arriba, mirando cómo se movía levemente uno de mis mechones y acepté lo inevitable.
Tenía otros problemas mucho más importantes que ése.
—Supongo que no tienes un regalo para Leah, ¿no es así?
¿Un regalo para Leah?
—¿No? —sonó más a pregunta que afirmación.
—Edward —reprendió, como si le estuviese hablando a un niño— ¿cómo piensas ir a una cena de cumpleaños si no le llevas un presente?
—¿Y tú cómo sabes todo esto? No recuerdo haberte contado —respondí algo enojado conmigo mismo en no pensar en ese detalle.
—Porque hablé con Bella, por supuesto —dijo contenta, dando un saltito—. No te preocupes, anticipé esta situación y compré algo para Leah. Lo dejé en tu cama, junto con la ropa que te pondrás.
—Alice, ya estoy vestido —señalé lo obvio.
—No, no lo estás. No puedes usar negro para una cena con la familia de tu novia —me miré en el espejo y no vi nada malo a mi camisa negra; pero justo antes que replicara, mi hermana habló—. Te ves bien, hermanito, no lo dudes, pero te ves "bien-chico-malo" y necesitamos que te veas "bien-bien".
Estaba demasiado nervioso como para preocuparme en tratar de entender los razonamientos de Alice. Caminé a mi habitación y tomé toda la ropa que estaba sobre mi cama. Hice que ella se fuera, alegándole que quería vestirme, pero la verdad es que los constantes "consejos" que me estaba dando ya me estaba produciendo dolor de cabeza.
Antes de salir me preocupé en tomar la pequeña caja rectangular que Alice había dejado. Tenía un moño rosado en el centro y una etiqueta de "Feliz Cumpleaños" con letras doradas a un lado. No sabía lo que era, pero era mejor llevar algo que no tenía idea qué había dentro, a simplemente no llevar nada en absoluto.
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18:30
Cuando manejaba camino al departamento de Bella no podía dejar de pensar que este era un gran error.
Tenía un horrible presentimiento, y no era sólo por la pistola que cargaba el padre de mi novia. Simplemente era una sensación en mi cuerpo que no se iba.
Me daban escalofríos pensar en todas las cosas que podían suceder mal.
Cuando Bella apareció por la entrada de su edificio en un vestido verde oscuro hasta las rodillas y un pequeño chaleco sobre ella, mis pensamientos se desviaron de su rumbo original hacia otros más agradables. Ella se veía hermosa. Divina.
Di grandes zancadas hacia ella y la tomé de la cintura, plantándole un beso sin contemplaciones. Ella se sorprendió al comienzo, pero no tardó en afirmarse de mis hombros y acompañar sus labios a mis propios movimientos.
Cuando el aire se agotó, me separé de ella levemente y apoyé mi frente a la suya.
—¿Hay alguna posibilidad de escaparnos de esto? —pregunté con esperanza.
—Ya quisiera —murmuró, sonriéndome con disculpa.
Le di un corto beso en los labios y le tomé su mano, llevándola camino a mi volvo. Abrí su puerta y le hice entrar con un suspiro de resignación.
Cuando me senté en el asiento de piloto, Bella tomó mi mano y le dio un suave apretón.
—Lo siento —susurró apenada. Su expresión facial gritaba la palabra "culpa".
—¡No Bella!, no lo hagas —me apuré en decir—. No hay problema, está bien. Sólo estoy algo nervioso, ya se me pasará.
No quería admitirle a mi novia que su padre me asustaba más allá de los límites normales… me haría parecer una nena.
Besé sus nudillos uno a uno y dejé que su mano descansara en mi muslo, acariciando su dorso de ella de vez en cuando mientras manejaba.
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18:45 – Fuera del Restaurante Chino
Llegamos al restaurante más rápido de lo que esperé. Después de estacionar, ayudé a Bella a salir del auto y caminamos juntos a la entrada del local. Aún faltaban 15 minutos para la hora estipulada, así que decidimos esperar un rato y tomar aire fresco.
Cualquier cosa con tal de aplazar aquel momento…
Me dediqué a mirar las calles, los avisos, las personas que pasaban, las motas de polvo. Mi mente era un caos.
Un movimiento repentino me sacó de mi auto-sufrimiento. Bella se paró frente a mí y subió sus brazos a mis hombros, peinando suavemente mi cabello. Solté un suspiro de satisfacción y cerré los ojos con gozo.
—Mhmm… se siente bien —susurré contra sus labios.
Bella me besó suavemente, succionando mi labio inferior. La tomé de la cintura y la pegué a mi cuerpo, deleitándome de esos preciados instantes en donde el mundo dejaba de girar y los relojes detenían el paso de los segundos.
—¿Te sientes mejor? —preguntó después de unos cuantos besos.
—Quizás necesito probar más de tu técnica tranquilizadora… —la acerqué más a mi cuerpo, sonriendo por primera vez en toda la tarde.
Bella rió conmigo. Aquella tensión que sentía anteriormente había disminuido drásticamente, hasta el punto de no recordar muy bien la razón del por qué debería estar nervioso.
De pronto una suave melodía se escuchó entre nosotros… ¿acaso estaba tan ensimismado en Bella, que ahora podía oír música cuando estaba con ella?
Bien, eso fue bastante cursi de mi parte.
Bella se separó de mí y revolvió su bolsito, sacando finalmente su celular.
Oh… eso era…
—Es papá —dijo—. Dame un segundo.
Caminó unos cuantos pasos, acercando aquel aparatito a su oreja.
Estaba viendo cada pequeño movimiento de mi novia —por muy psicópata que suene— cuando escuché a alguien a mi espalda, llamándome. Giré mi cuerpo por inercia y me encontré con aquel chico que vi en el bar la otra noche, el que dijo salir con la hermana de Bella.
—Hola… Embry —dije finalmente, cuando logré recordar su nombre.
—Mierda, Edward. ¿Estás tan cagado de miedo que yo? —comentó con un deje de pánico—. Siento que mi puto corazón está taladrando mi pecho en este momento.
Comprendía el sentimiento, pero creo que Bella había hecho un muy buen trabajo en calmarme.
—En realidad… creo que no —respondí con orgullo.
—Hombre, no sabes lo mucho que te admiro en este momento. Si estuviese en tu situación yo estaría en otro estado en este preciso instante. A mí al menos me vieron con ropa —ok, culparía al nerviosismo por ese comentario—. En serio, eres mi héroe ahora mismo. Eres lo máximo.
De acueeeerdo… incómodo.
—No, Embry, no lo es —Leah apareció desde algún lugar con cara de pocos amigos—. Edward definitivamente no es lo máximo. Él es… lo anti-máximo, eso es lo que es.
—Qué gusto de verte otra vez, Leah —dibujé mi mayor sonrisa irónica—. Tan dulce como siempre.
Esa chica me molía los nervios.
—¿Ah, sí? —Leah levantó ambas cejas en forma de falso asombro y sonrió malignamente—. Te contaré algo más dulce aún. ¿Sabes quién tiene muchas ganas de verte? Sip, papá Swan. ¿No quieres saludarlo, Edward?
Iba a replicar algo realmente mordaz, pero afortunadamente Bella llegó a nuestro lado e interrumpió las ácidas palabras que estaban por salir de mi boca.
Pero rescataba algo bueno de la situación: por mucho que temiese la aparición de la completa familia de Bella —especialmente su padre— no estaba tiritando como hoja de papel, tal como lo hacía Embry.
Al menos yo temía con algo de masculinidad.
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19:05 – Restaurante de Comida China, Hao Chi
—Hola papá.
¿Es demasiado patético si no levanto la cabeza por el resto de la velada?
Sentía la mirada de Charlie Swan como si fuese una lucecita roja de francotirador. Sus abundantes cejas marrones estaban extremadamente juntas, asimilando a una gran cuncuna con muchas patas, justo sobre sus ojos. Tenía una vena palpitante en su sien izquierda y un pequeño tic en el ojo de ese mismo lado, mirando directamente en mi dirección.
No dijo nada. No necesitaba decirlo.
Si… Charlie Swan me aterraba. No había duda de eso.
—¿E-e-entremos? —sugirió Bella, tratando de llamar la atención de su padre.
Charlie sólo gruñó en respuesta.
Sue, la pareja de Charlie y madre de Leah, asintió con una mirada amable. Seth no contestó, estaba demasiado ocupado mirando hacia arriba con la boca muy abierta y señalando "lo alto que es el edificio", "los colores que tiene el restaurante" o "si atenderían chinos que practican karate".
Ese chico sí que era algo especial.
Entramos a un pequeño vestíbulo, adornado con grandes dibujos de mujeres orientales en kimono y algunos jarrones de notorio origen chino. En un gran mesón una dulce viejecilla de varios años se asomó y nos sonrió, achicando más sus ojos.
—¡Hey, los que venden comida china son chinos! —dijo Seth en un susurro algo fuerte y muy alegre.
—Idiota. Por supuesto que los hacen —Leah golpeó a Seth en el brazo con su puño y rodó los ojos.
—¡Ow! No es tan obvio —dijo Seth, sobándose el lugar adolorido—. En Forks el señor Smith es el que tiene el local de comida china, ¡y él es de Oklahoma!
Leah hizo un intento de replicar, pero justo en ese momento aquella mujer que estaba en el mesón se nos acercó y saludó efusivamente.
—¡Bienvenidos al lestaulant Hao Chi! Espelo que disfluten su estadía pol acá. Tenemos una glan valiedad de platos pala todos los gustos. Pasen pol favol, una mesela los atendelá —dijo todo demasiado rápido y con un marcado acento oriental, difícil de entender.
Seth rió tontamente… al menos hasta que Leah le palmeó la cabeza con fuerza.
—¡Que se divieltan! —gritó la señora a nuestras espaldas.
Me recordaba algo a mi hermana con toda esa energía y buen humor.
Si, se podría decir que era una versión de Alice más vieja y con acento chino.
Caminamos por entre las mesas. No había mucha gente, pero era de esperar; estábamos en día de semana y ahora las personas cuando quieren comida china prefieren pedirla a domicilio y no venir a restaurantes. Además, ya son poco usuales las comidas familiares.
Finalmente llegamos a una mesa situada al centro del local. Levanté la silla de Bella y la ayudé a sentarse, esperando que Charlie Swan viese aquel gesto caballeroso de mi parte. Necesitaba todos los puntos que pudiese ganar.
Cada uno se fue sentando en sus respectivos asientos, yo fui el último en sentarme. Quedé al lado de Leah y poco más allá estaba Embry, tiritando como si tuviese Parkinson. Al lado de Bella estaba Seth, hablándole de quién sabe qué.
Pero no me percaté, hasta que levanté la vista, que justo frente a mí estaba la mirada inquisidora del padre de mi novia.
El padre de mi novia…. él que me vio desnudo… con su hija única.
¿Soy yo, o el aire del lugar de pronto se acabó?
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19:15
—Bienvenidos al restaurante Hao Chi. Soy Mel, su camarera.
Una chica, de no más de 16 años, nos estaba entregando los menús. Su voz sonaba realmente monótona, como si estuviese aburrida a morir. Sus ojos —rasgados, al igual que aquella mujer en el mesón del vestíbulo— estaban delineados intensamente de color negro. Tenía un piercing en su nariz y, al sostener la libreta en sus manos, me percaté que sus uñas también estaban coloreadas de negro.
—¿Practicas karate? —preguntó Seth con voz soñadora.
Mel lo miró con cara de pocos amigos, negando lentamente su cabeza.
—Oh, qué pena. Yo pensé que todos los chinos lo hacían, que era algo así como su tradición.
—¡Seth! —reprendió Sue—. Estás siendo maleducado con la señorita.
—En realidad, son los japoneses los que practican karate por tradición —respondió la chica, con deje de burla.
—Oh, lástima —Seth se encogió de hombros, sin darse por aludido. Cambió de tema rápidamente, hablándole otra vez a nuestra mesera—. ¿Y tu nombre significa algo espiritual en tu país? Ya sabes, ¿algo como "viento en la montaña", "sabiduría infinita", "flor de loto" o algo así?
La muchacha suspiró y casi podía ver los números sobre su cabeza, contando hasta diez para no perder la paciencia.
—No —respondió con voz restringida—. Mel es diminutivo de Melanie. ¿Desean pedir ahora? —preguntó lo último mirándonos a todos, claramente tratando de evitar las preguntas de Seth.
A mí en realidad no me molestaron. Cualquier cosa con tal de llevar la conversación a niveles más simples y poco ásperos, como mi relación con Bella, o la pistola de Charlie en mi cabeza, todo estaba bien.
Sip, que Seth siga hablando.
—Muchas gracias, cariño. Veremos qué queremos y después pediremos —dijo Sue, y la chica se fue aliviada, escapando de nuestra mesa.
Me gustaría hacer eso…
Miré a Charlie Swan de soslayo, sólo para asegurarme que no estuviese planeando el mejor ángulo para un buen tiro. Él me miraba fijamente —¿Es que acaso no hay nada mejor que ver?— y su boca era una perfecta línea recta.
Levanté el menú entre nosotros, creando una barrera.
—Edward, ¿qué haces?
Miré hacia Bella, quien tenía el ceño levemente fruncido.
—¿Yo? Nada, nada. Yo sólo miro el menú. Sí, eso es. Mhmm… muchas cosas deliciosas para comer.
Bien, hasta yo me di cuenta lo desesperada que sonó mi voz, aún en un murmullo.
Bella se coló en mi pequeño refugio de papel, acercando su cara a la mía. Podía oler su delicioso perfume de rosas y su respiración cosquilleaba en mi piel.
—¿Estás… —murmuró—… estás asustado?
Tenía varias opciones para negar aquella pregunta. Podía optar por la indignación "¡Por supuesto que no!", responder con una pregunta "¿Cómo puedes decir eso de mí?", el sarcasmo "Claro, me muero del susto. Mira cómo tiemblo" o palabras ininteligibles "¿Yo? Pfff, que yo voy a… nhaaa… tú crees que… pfff…". Pero en realidad estaba demasiado aterrorizado para usar cualquiera de ellas.
—Si —admití quejumbrosamente—. Tu papá me tiene a bordes de un ataque cardiaco.
Bella rió disimuladamente, tapándolo con una tos repentina. La miré feo y ella sólo me sonrió con dulzura.
—Edward… estás siendo melodramático, creo que esto está resultando mejor de lo que esperaba. Papá no te ha gritado una sola vez.
¿Y se supone que eso era bueno?
No quería saber cómo era lo malo.
—Hey, ustedes dos, ¿qué hacen escondidos ahí, detrás del menú? Estamos en un lugar familiar, ¿saben? Hay niños por acá.
Leeeeeah…
Recompuse mi semblante lo mejor que podía, sonriendo como sé que puedo hacerlo. Salí del menú y miré a mi querida cuñada.
—Leah, qué bueno que lo preguntas —hablé con falsa alegría. Me merecía un puto Oscar por mi brillante actuación y capacidad improvisadora—. Estábamos hablando del regalo que te trajimos por tu cumpleaños. Te encantará.
Esperaba que así fuese.
Leah me miró con incredulidad, levantando una ceja y con una sonrisa que decía "¿y ahora qué harás, avergonzarte aún más frente a la familia de tu novia?"
Si, podía leerlo. En momentos de tensión se puede hacer cualquier cosa. Punto.
Saqué aquella caja que me dejó Alice y deposité toda mi confianza en ella. Todos en la mesa me estaban mirando y por primera vez en mi vida sentí pánico escénico.
Leah tomó el paquete con superioridad y lo dejó en la mesa, frente a ella. Me miró justo antes de abrir la caja y sonrió socarronamente, esperando ver un desastre.
No sucedió.
Al sacar la tapa, ella miró con incredulidad hacia la caja, hacia mí, y otra vez hacia la caja.
—¿Y bien? ¿Qué es, Leah? Nos matas del suspenso —dijo Sue con una sonrisa.
—Es… es… una pañoleta.
¿Una pañoleta? Mataré a mi hermana…
—No es sólo una pañoleta —señaló Embry, hablando por primera vez en la velada—. La vimos el otro día en el centro comercial. Juraría que Leah dejó la marca de su cara en la vitrina cuando lo vio. Fue amor a primera vist-
—Sí. Quiero decir, me gustó algo —le cortó, restándole importancia con un movimiento de mano.
No podía mentir, conocía esa mirada de "compradora maniática". Mi hermana siempre la tiene cuando vuelve a casa llena de bolsas.
—¿Algo? Prácticamente lloraste cuando dijeron que no estaba en oferta y tenías que pagar el precio original. Al parecer era costoso ¡ow!
Sonó un fuerte golpe por debajo de la mesa y Embry se encorvó en su posición.
—Como sea. Gracias —soltó rápidamente, con indiferencia.
Já. Edward 1 – Leah 0.
Bella me apretó mi mano y cuando me giré, ella me guiñó el ojo.
Tenía que agradecerle más tarde a mi queridísima hermana. Escuchar un "gracias" de parte de la malvada hermanastra no tiene precio.
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19:30
—¿Ya desean ordenar?
Charlie Swan aún no se dignaba a decir una sola palabra. Sentía que sería como aquella leyenda de la mujer con pelo de serpientes, que si la ves a los ojos te conviertes en una estatua de sal. Acá sería lo mismo, pero con la voz. También tenía el fuerte presentimiento que si eso pasaba, Charlie correría hacia mi estatua y la llevaría a un callejón sucio y maloliente, la empujaría para que se rompiese y bailaría en ella, mientras los perros vagabundos mean encima.
—Sí, querida. Queremos siete arroz chaufán, dos carnes mongolianas, un cerdo cantonés, un pollo… —Sue enumeró nuestros pedidos a la mesera.
Me acerqué disimuladamente a Bella, inclinándome en mi silla como si estuviese estirando mis músculos.
—Bella —susurré— ¿es bueno o malo que tu padre no haya hablado desde que llegó?
—Bueno —dijo inmediatamente, pero después arrugó el entrecejo, pensándolo mejor—. No, malo. Espera… definitivamente bueno. O puede que un poco malo —se mordió el labio, afligida.
Genial. Simplemente… genial.
—Mel —dijo Seth. Nuestra mesera miró en su dirección con una completa expresión de exasperación—. ¿Hablas chino? ¿Puedes decir algo en chino?
La chica dijo algo rápidamente, cambiando las entonaciones y fonéticas al hablar.
—¡Eso es tan genial! —exclamó Seth como un completo crío—. ¿Y qué dijiste?
—No lo quieres saber.
Y con eso la muchacha se fue, dejando a Seth entre confundido y maravillado.
—Me agrada —comentó Leah.
—A mí también me agrada —secundó Seth con alegría, completamente ajeno a lo recién ocurrido.
—Charlie —dijo Sue, y el simple hecho de mencionar el nombre del padre de Bella hizo que diera un respingo en mi silla—. Bella comentó que Edward está estudiando Medicina, al igual que ella, pero él ya terminó las clases esenciales. Él ahora va al hospital, ¿no es así, Edward?
Sue miró en mi dirección, claramente esperando una respuesta de mi parte. Me armé de valor y me dirigí a ella —sólo a ella, sin mirar a cierta persona que estaba a su lado—, sonriéndole por cortesía.
—Así es, Sue. Este año comencé las clases prácticas en el Hospital General de LA.
Fin de mi respuesta.
¿Qué? El que no conoce a Charlie Swan podría opinar que estaba siendo un quejica con todo este tema, pero en realidad ese hombre era de temer. La forma en que te mira… ¡uf!, dan escalofríos.
—Oh, eso es muy interesante. También supe que te va muy bien. Bella dijo que has sido ayudante en varias asignaturas.
¿Sue estaba tratando de… hacerme ver bien?
Eso era muy considerado de su parte… y también incómodo.
Bella se percató de mi reacción.
—Sue, estás incomodando a Edward —dijo con las mejillas coloradas.
Yo sonreí por lo adorable que se veía, pero de pronto recordé que estaba en una cena con su padre e inmediatamente mi mirada se dirigió hacia él. Charlie aún me miraba intensamente, quizás maquinando las mil y una formas de sacarme partes de mi cuerpo sólo con una cuchara.
Era aterrador. Cuando lo veía es como si fuese de esas pinturas tenebrosas retratadas, en donde sientes que te miran desde donde te ubiques. Sus ojos siempre te siguen.
—Oh, Bella. Creo que pasamos la etapa de la incomodidad —dijo Leah con malicia—. ¿No es así, Edward?
Entrecerré los ojos y pensé en cosas no muy agradables hacia Leah. Ella me sonrió y parpadeó con aires inocentes.
Me excusé para ir al baño, aunque era una patética excusa para salir de ahí y respirar tranquilo por algunos preciados minutos.
Después de mojarme un poco la cara, mirarme al espejo, pasearme unas cuantas veces por la habitación y repetir la misma secuencia unas cuantas veces, salí del baño y caminé hacia la mesa.
Antes de girar por el pasillo y encaminarme al salón, se me ocurrió una idea brillante. Una pequeña lamparilla se encendió justo sobre mi cabeza y casi podía ver un diablillo en mi hombro izquierdo restregándose las manos y riendo con malicia.
Me acerqué al mesón del vestíbulo. Aquella adorable ancianita aún estaba ahí, así que preparé mi mejor sonrisa y me acerqué a ella. Después de algunas charlas triviales y uno que otro piropo de mi parte, expuse mi inquietud hacia ella.
—¡Pol supuesto, quelido huáng! Yo misma me encalgalé que todo esté listo. No te pleocupes.
—Muchas gracias, señora Fa. A ella le encantará, se lo aseguro.
—Pol supuesto que así selá —respondió con entusiasmo.
Yo sonreí y me giré en mis talones, caminando alegremente hacia los demás. Mi humor había cambiado drásticamente después de formular mi pequeño plan, prácticamente silbaba de lo tranquilo que me sentía.
Oh, sí. El resto de la velada será de lo más interesante.
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20:05
—¿Por qué sonríes así? —preguntó Bella en un susurro disimulado.
La chica que nos había atendido ya estaba sirviendo los platos.
Yo sólo negué con la cabeza, sin lograr despegar la sonrisa de mis labios.
Será tan genial…
—¡Hey, Mel! —gritó Seth a la mesera antes de que se fuera. La muchacha se giró y prácticamente lanzaba dagas de sus muy delineados ojos—. Mel, ¿puedes traer ketchup?
La pobre chica, con su autocontrol en niveles críticos, asintió suavemente y le mostró una mueca con la boca, la que suponía, trataba de ser sonrisa. Se dio la vuelta y creo que la oí decir "mi mesada no es suficiente" camino a la cocina.
Miré disimuladamente hacia el umbral de la puerta, deseando ver claramente la cara de Leah cuando todo suceda.
Quizás saque algunas fotos con mi celular… o podría hacer un video.
—¿Edward?
—Dime —dije distraído.
—Creo que es el momento indicado para que hables de las intenciones con mi hija.
Un balde de agua fría cayó justo sobre mí. Era Charlie Swan. Charlie Swan me estaba hablando. A mí. Sobre su hija.
Oh, mierda.
—Papá, me incomodas. Nos incomodas—reprochó Bella en un murmullo, completamente sonrojada.
Me aclaré la garganta y deseé con todas mis fuerzas que mi boca no me traicionara en este momento de crisis diciendo algo indebido.
—Está bien, Bella —dije con la voz más firme que logré acopiar—. Creo que debíamos tener esta conversación en algún momento.
Esperaba que nunca pasara, pero como siempre, la vida no es justa.
—Señor, yo…
—No, muchacho. Acá hablaré yo —cortó con severidad.
—¡Papá!
Comprendía completamente que aquel hombre frente a mí era policía. Podía dar mi vida a que era excelente en su trabajo y, si quisiera, podría intimidar a criminales sólo sacándoles la lengua.
Charlie Swan estaba respirando fuertemente por la nariz. Aquella vena que tenía en su sien izquierda palpitaba a un ritmo casi frenético. Sus ojos estaban escrutando cada pequeño movimiento que hacía, y sus manos, tensas hechas puños, estaban sobre la mesa en mi dirección.
—Creo que deberíamos comer primero, cariño —dijo Sue, palmeándole una mano—. La comida se enfriará.
Vi como todos agachaban su cabeza y se disponían a comer. Embry tomó un wantán y prácticamente se empujó aquella masa crujiente a su boca, masticándolo con efusividad. Yo tomé algo que parecía pollo, pero cuando me lo iba a llevar a la boca la voz grave de Charlie me detuvo.
—No me agradas.
—¿Oh?
No fue lo más inteligente que podría decir, pero creo que ni siquiera con días de preparación podría llegar a otra respuesta. ¿Qué se le puede decir a una persona, digamos, padre de tu novia, que te vio desnudo con ella en claras intenciones de propasarte con ella, cuando dice que no le agradas? Casi quería estar de acuerdo con el hombre.
—Papá, te estás sobrepasando —gruñó Bella a mi lado.
—Bella, tu papá está con el derecho de expresar su descontento —traté de razonar con ella y de paso disminuir un poco la tensión. Lo menos que quería era una pelea padre/hija.
O padre/novio, si vamos al caso.
—Charlie, prueba este plato. Está delicioso —comentó Sue, cambiando de tema.
Embry miró de reojo a Charlie y engulló la comida que tenía en frente. Al parecer estaba tan alterado que comía de nervios.
Miré mi plato y la cantidad de comida que había en la mesa, pero el apetito se había ido de mi sistema. Tomé otra vez el pollo y lo metí en mi boca, masticando sin saborear.
—No es sólo que no me agrades. Creo que no eres para mi hija —dijo con dureza, haciéndome levantar la vista de golpe.
Tragué la comida que tenía en la boca con algo de dificultad. Tomé un trago de agua para aliviar el escozor del esfuerzo.
—Con todo respeto, señor Swan, creo que no me conoce lo suficiente como para emitir un juicio con tanta facilidad —dije con total convicción, creyendo en cada una de mis palabras.
Quizás tenía fallas, no podía negar eso, y probablemente me había equivocado en algunas ocasiones desde que conocí a Bella, pero eso no decía que Bella y yo no debíamos estar juntos. Ella me hacía sentir cosas que nunca había sentido por una chica. Bella era inteligente, sencilla, graciosa, humilde, fuerte, dedicada… los adjetivos se acumulaban sin cesar en mi mente para poder describir a aquella hermosa mujer que estaba sentada al lado mío. Sabía que quizás era más de lo que merecía, pero creía que al menos tenía derecho a una oportunidad para hacer las cosas bien.
—Hijo, no necesito conocerte para saberlo —dijo Charlie de forma ácida. Me miraba como si fuese el peor insecto al que ha posado sus ojos. Una basura. Un parásito. Me sentía pequeño ante su escrutinio—. Aléjate de mi hij…
—No Charlie. No. Lo. Hagas. No te atrevas a decir lo que creo que vas a decir —dijo Bella entre dientes.
¡Ouch!, esto se está poniendo cada vez más incómodo.
Decidí intentar la técnica de Embry: comer para olvidar. Tomé un gran pedazo de aquel pollo entre los palillos y lo zambullí en salsa de soja, metiéndolo finalmente en mi boca.
—Isabella, no te metas en este tema.
—¿Qué no me meta? ¿QUE NO ME META, CHARLIE? ¡Estás hablando de MI novio! ¡No puedes venir a criticar a quien YO decidí que sería mi pareja! No tienes ningún derecho —Bella cada vez estaba hablando más fuerte, logrando acaparar algunas miradas curiosas del local.
—Baja la voz, Isabella —gruñó su padre.
—¿Por qué? Al parecer sólo así me escuchas. ¿No comprendes que acá no tienes voto? No puedes opinar en mi relación con Edward. Por mucho que te moleste, he crecido, no puedes decidir con quién puedo estar y quién no.
—Soy tu padre. Tengo el derecho.
—¡No lo tienes!
—Bella, no es necesario —susurré.
No era necesario que peleara con su padre para defender algo que claramente no comprendía. Quizás con el tiempo a Charlie Swan se le pasaría ese odio compulsivo hacia mí.
—¡Claro que es necesario! No hemos hecho nada malo, Edward. La mayoría las parejas del siglo 21 tienen sexo antes del matrimonio. No somos los primeros y ciertamente no seremos los últimos.
Los ojos de Charlie se abrieron como platos y una expresión de disgusto inundó su cara.
Carraspeé incómodo, sintiendo una extraña picazón en la garganta.
Genial, gracias a esto me ganaré una úlcera.
—Isabella Marie Swan, no toques esos temas en la mesa.
—¿Te incomoda que hable de sexo, Charlie? —Bella claramente había salido de sus cabales, porque sabía que en sus cinco sentidos intactos, nunca habría dicho "sexo" en público ni en una mesa, rodeada de su familia—. Es tu culpa. Si no fueses tan intransigente, no estaríamos teniendo esta conversación.
Tosí en disgusto. Esto no tenía pinta de buena solución.
—Ok, todos. Vamos a calmarnos y tomar aire… —Sue, como buena mediadora, trató de llegar a un concilio, pero los ánimos ya estaban demasiado calientes para detenerlos.
—No, Sue. Papá tiene que saber cómo me siento. Él ya dijo lo que quería decir, ahora es mi turno.
Tosí otra vez, mi garganta estaba picando cada vez más.
Oh, no…
—Bella…
—No, Edward. Charlie tiene que saber que yo no soy uno de sus criminales, a los cuales domina y hace lo que quiere con ellos. Yo soy su hija y merezco algo de respeto. Su hija ADULTA, por lo demás.
Bella no me miró, todo lo que dijo lo hizo hacia su padre. Ambos se miraban con fuego en los ojos. Una pelea de miradas.
Le tomé la mano para llamar su atención, pero ella no me hizo caso, estaba demasiado enfrascada en su furia.
—Isabella, soy más viejo y sé de lo que hablo.
—No me vengas con esa excusa, papá. Toda la vida me has dicho que no sabes nada sobre relaciones, ¿y ahora intentas arreglar tú mismo mi vida amorosa?
—Bella…
—Es cierto, Edward. No trates de detenerme.
Oh, Dios. Tenía que detener a Bella. Ahora. No sabía cuánto más tiempo me quedaba.
—¡Por todos los santos, Isabella! Tú no eres así, ¿no lo entiendes? Jamás pensé que podría encontrar a mi hija con un sujeto en ropa interior, solos en un departamento. Mi hija es decente, es educada, es…
—¿Mojigata? No, no lo soy. No me agrada lo que estás tratando de decirme. Edward es mi novio, no un tipo que encontré una noche. No soy una puta, si eso es lo que sugieres.
—¡Isabella!
Ya no podía más, me estaba costando respirar y me sentía algo mareado.
Tosí otra vez, apoyando una mano en el borde de la mesa, aferrándome fuertemente y parándome de mi silla.
—¡Wow, hombre! ¿Qué tienes en la cara?
Seth fue el primero en mirarme, pero después de hablar, todos los ojos de la mesa se enfocaron en mí.
Yo sabía cómo debía de verme. Probablemente tenía manchas rojizas en la cara y mis labios deberían de estar algo hinchados.
Típico. Siempre pasa cuando como nueces. No sé cómo fui tan estúpido como para no fijarme que comí la única comida a la que soy alérgico.
Mierda, mierda, mierda.
El problema fue que el plan que había hecho hace pocos minutos atrás se me devolvió. Un grupo de orientales, encabezado por la viejecilla del mesón, llegó a nuestra mesa y comenzó a cantar lo que suponía era el Cumpleaños Feliz en chino.
—¡Oh, Dios, Edward! ¿Qué te pasa? —dijo Bella con preocupación. Tomó mi cara en sus manos y las pasó suavemente por mis mejillas y labios, aliviando un poco la picazón que estaba comenzando a sentir—. ¿Es… es una alergia?
Asentí como pude.
—Nueces… —susurré con voz muy ronca, tratando de hacerme escuchar entre las fuertes voces que entonaban la famosa canción.
—¿Nueve veces? —preguntó la viejecilla, con un brillo especial en los ojos— ¡Ya escuchalon al muchacho, familia! Quielo que canten nueve veces la canción. ¡Sonlie, Mel!
La mesera estaba en una orilla, con los brazos cruzados y una cara de aburrimiento que ni ella se la podía. Todos los demás, con los ojos rasgados, como la abuela y la chica con ojos delineados, sonreían en nuestra dirección.
Curiosamente, nadie se había fijado en mi deplorable estado.
Y así comenzaron a cantar otra vez, quizás más fuerte y con más emoción que la primera.
—Tenemos que llevarte al hospital —dijo Bella.
Le hizo ademanes a su familia, tratando de llamar su atención, pero con todos los gritos cantados de la familia china —que por lo demás, no cantaban muy bien—, no podía explicarse correctamente.
Cansado y casi sin aire, metí la mano en mis bolsillos y saqué la llave de mi preciado volvo, entregándoselas y tirando de ella por el pasillo. Sabía que en este estado no podía conducir.
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(?)
El resto es algo borroso.
Recuerdo vagamente subirme al volvo en el asiento de copiloto. Vacíos en el trayecto. Entré al hospital, eso sí que lo recuerdo. Después nos sentamos a esperar en urgencias. Bella gritaba, yo me rascaba la cara y tosía.
Me sentía mal. Horrible.
Finalmente me hicieron pasar y me inyectaron aquel maravilloso medicamento que me hizo sentir muy, muy feliz.
Me deshinché y dejé de rascarme, porque ya no me picaba, pero seguía sintiéndome feliz.
Siguieron otro par de recuerdos vagos, algunos caramelos, lentes de sol y… ¿un pony?
No lo sé, en realidad.
Lo que recuerdo perfectamente es acostarme en un colchón mullido y unas pequeñas manos desvistiéndome. Por más que traté de atraerla, lo único que conseguí fueron risas y empujones en mi pecho. El aroma de Bella me inundó y me aferré a lo primero que encontré.
Justo antes de caer en la inconciencia del sueño repasé los sucesos del día…
¿En algún momento se me ocurrió que el resultado de la velada fuera de esta manera? Definitivamente no. Jamás lo vi venir.
Los labios de Bella hicieron contacto con mi frente, susurrándome un dulce "que duermas bien".
La pregunta que debía hacerme era otra…
¿Preferiría que los acontecimientos se hubiesen dado de otra manera? ¡Claro que no! Porque si pudiese cambiar algo de lo ocurrido, no estaría en este momento, semi desnudo con una hermosa chica a mi lado, embriagado en su perfume y con la plena certeza que la tendré para mí solo la mañana siguiente.
Las vueltas del destino a veces son raras y confusas, y la mayoría de las veces no comprendemos a totalidad el por qué. Podría quejarme de lo mal que lo pasé en la cena, lo irrespetuoso que fue Charlie Swan, del veneno que lanza Leah cada vez que me habla, e incluso de mi idiotez por comer algo que me hace fatal. Pero no podía negar que todo lo vivido me había llevado a ese momento, en donde todo el mundo es perfecto y la vida es color de rosas. Justo ahí, en ese instante, rodeado del aroma de Bella y escuchando su respiración, supe que todo era por algo.
No. Definitivamente no cambiaría nada.
¡Y aquí está! Apuesto a que muchas esperaban un puñetazo de parte de papá Swan, ¿eh? Nadie se esperó una alergia de mi pobre Edward. xD
Lo sé, lo sé, me he demorado y me disculpo. Es que siento que desde que me demoré por primera vez, que la historia se me ha ido de las manos. Leí un artículo de fics muy interesante, en donde hablaba de esto. Les invito a leerlo y ver la página, es muy buena (le sacan los espacios):
http : / / spilledcoffeeonafic . blogspot . com / 2010 / 05 / suicidio-de-fics-cuando-ya-la-autora-no . html
¡No se asusten si lo leen! No estoy pensando en dejar la historia, para nada —¡toco madera, toco madera!—, sólo me sentí identificada. La historia al comienzo se me daba tan fácil que casi podía actualizar cada 2 días. Ahora, no sé… creo que tengo que evaluar cómo quiero que siga y volver a integrarme a la trama. Las semanas que estuve sin escribir me pasaron la cuenta.
Bueno, pasemos a un tema más divertido… ¿Les gustó la cena? ¿Odian a Charlie? ¿Aman completamente a Seth? ¿Le darían un puñetazo a Leah por ser tan entrometida? ¡Opiniones, opiniones! Quiero saber qué piensan. :)
