Lilayroza: ¡muchísimas gracias y bienvenida! Me alegra muchísimo leerte. Ha hecho efecto, porque aquí te dejo un capítulo más. Ha tardado, pero finalmente la musa ha vuelto del Caribe (muy bronceada, eso sí xD) y este es el resultado. Un poco más suavecito que el anterior... pero bueno, que lo bueno, si es breve, dos veces bueno. ¡Nos leemos!
MidoriRodgers: como le decía a Roza, ¡muchas gracias y bienvenida! No tengo intención de dejarla a medias (ni ninguna de mis otras historias, desde luego), es solo que no tengo tanto tiempo para escribir como me gustaría. Pobre Treville, desde luego. Y en este capítulo en particular, casi que meda tanta pena o incluso más Marsac. Y Aramis. Y soy una sufridora y ya dejo de quejarme. Espero que te guste, ya me cuentas. ;)
Swareles: te respondí por privado... pero es que sigo leyéndote y se me pone una sonrisa de tonta que no me quito ni a host**s. ¡Ya empieza, ya empieza! Lo dicho, en nada palomitas, papas fritas y a babear. Y chocolate, que se me olvidaba el chocolate (mira cuánto daño me está haciendo esta carrera, menos mal que me mimas, que sino no sé ni qué sería de mí xD). ¡Cruza los deditos para que nos veamos más antes que después! Abrazo de oso y rebequita pa' ti. Con to'h mi amol. :D
Mitsuky092: ¡Hola, bienvenida! :D ¡Me alegro muchísimo de leerte! Lo sé, yo soy igual. Veo OoC y es como "arg... MarySue again", no me termina. Pero cuando terminé la primera temporada me quedé muy chafada porque el pobre Porthos no tenía a nadie especial (no me convencían ni Flea ni Alice), así que en principio iba a ser solo un pairing para quitarme la espinita... pero luego me dije que si tuviera opción de vivir una experiencia así, seguramente iría con mi hermana/mejor amiga. Y por el capítulo 20 vamos ya. Soy una payasa sin remedio, me encanta saber que te estas divirtiendo. ¡Reír es maravilloso y leer también! ... sé que no estoy siendo totalmente fiel a los acontecimientos históricos ni a los personajes (y que peco volviendo un poco OoC a la Reina, con el marujeo), pero quiero que el siglo XXI cambie ciertas cosas en este fic. Entre ellas, su forma de ser en privado. ¡Muchísimas gracias otra vez y espero que te siga gustando!
AngelaGiadelli: Me has pillado. Queen Latifah total xD Estaba escribiéndolo y pensando: "a ver quién lo ve venir". ¡Gracias! Va a sonar raro, pero mi profesor de Historia de la Música dice lo mismo (debo confesar que me dio un poco de miedito cuando me lo comentó). Resulta que para ser imparcial, corrige los exámenes sin ver el nombre de la persona y me soltó en la revisión: "sabía que era el tuyo no por la letra –que te pega, por cierto- sino por cómo ibas desarrollándolo. ¡Es que hasta escuchaba tu voz en mi cabeza...!" Un poco perturbador, ¿no? Imagínate mi cara. xDD No puedo evitar que fluya así. A veces peco de pedante (también me han comentado que uso inconscientemente dos o tres sinónimos seguidos), pero bueno... es para hacer tiempo y pensar lo siguiente que tengo que decir. :D Jajaja, lo sé, lo sé. Me emocioné; cuando escribo sobre Porthos, sale solo. Piénsalo: esos bombones rulando por los alrededores de tu casa y tener que mantener la fachada de virgen pura e inocente cuando es obvio que no es así para seguir viviendo más o menos de forma acomodada en ese tiempo. La pobre Christie tiene que llevar un desespero y una salida mental tremenda (a mí me pasaría, confieso xD), porque al menos a Katia ya la han besado, pero ella sigue pasando hambre. Es un tira y afloja constante entre ellos, super teatro: saben que el otro sabe. Pero tienen que fingir que no es así, medias tintas para todo, lo que lo hace más excitante e interesante, porque siempre está la duda de si es todo cosa de lo enfermas y pervertidas que son las mentes o no. Cuando se lo monten... xD Ya verás. Y ya me dirás algo. ¡Te me adelantas! Pero sí, con esta ya van tres confesiones y no pienso declarar nada más por hoy: ya tengo escrita la primera escena de el otro Chuchoteur. ;) Y me da más miedo escribir sobe Treville que sobre Milady, ¡mira lo que te digo! Espero que no me odies mucho después de intentarlo en este...
Athosislifexx: ¿En serio? ¡Pues no te lo vas a creer, pero lo cambié a última hora porque tenía que ser ese nombre, el anterior no me terminaba! Para eso soy un show: nombres y descripciones. He llegado a llamar a Katia y a Christie "X" e "Y", respectivamente hasta que me decanté por los que tienen ahora. ¡Es que es imposible no ver esa tensión sexual que se me traen...! :D Madre mía, el otro día me probé un sujetador que hacía siglos que no usaba y cuando fui a ponérmelo (era medio corsé, una cosa rara que se abrochaba con botones por delante) vi las estrellas, por eso creo que lo primero que inventaría yo en el siglo XVII sería un suje decente, para ir cómoda y que me llegara el oxígeno suficientemente al cerebro para seguir incorporando cosas útiles del siglo XXI. ¡Yo también he tenido que decirlo...! x'DD En un principio quería que sonara más burlón que sensual (se tiene que quedar con su cara, es lo primero que le escucha a la "hermana muda" después de lo ocurrido en la Havre)... pero terminó siendo ambos y no pude tocarlo. :) A mí me encanta Louis, me parto yo sola viéndolo, super infantil para algunas cosas y tan digno para otras. JAJAJAJAJA, lo sé, lo sé. Eso es lo que hace la castidad: mantén puro el cuerpo... que la mente se divierte sola. Pronto habrá dos Chuchoteur, a ver cómo me lo monto y si podéis distinguirlos ;) Christie y Porthos son tal para cual, me encantan.
Guest: :D :D :D Guest, muy en serio, cada vez que te leo, me río sola. Tus reviews son cortitos... ¡pero tan intensos que me matas! Este capítulo va a ser un poco más relajado. Quiero ir alternando momentazos entre parejas y desarrollar la serie, conforme a los capítulos. Así que espero tenerte en vilo un poco más y seguir viciándote como hasta ahora. ¡No desesperes, ya está aquí!
DarkDivine131: ¿Te puedes leer que te he leído con la voz de Jesulín antes siquiera de terminar el "Im-prezionante"? xD Estoy fatal. ¡Me alegro! Sí, quería hacer algo en plan Iron Man (ya sabes, "genio, millonario, Playboy, filántropo"), pero bueno, poco más podía ponerle a Katia. #SeSabe *Guiño perver de vuelta* Exacto. Nada más empezar a ver la serie (ESA escena, en mayúsculas, con el tenedor) me dije: "Estúpido y sensual Porthos". Howard Charles es lo p*** máximo, peta el personaje y quería hacerle honor. Rubbish, she can't stand him ;) Llevaba una temporada muy moñas con Aladdin, así que ahí quedan los restos de la niña inocente (lo suelto después de lo de la cubana, olé yo). Sinceramente, me cuesta dibujar a Treville. Me parece un reto increíble. ¡Gracias! Sí, sí, Constance va a empezar a moverse un poquillo más.
OoOoO
No pretendía acecharlo así pero, al seguirlo, se dio cuenta de que Treville se dirigía a una de las muchas entradas laterales de Palacio, cerca de donde se hallaba el despacho del Cardenal. No podía ser coincidencia que se le uniera al paso, así que a pesar de que sabía que se perdería fragmentos de la conversación, fue siguiéndolos a una distancia prudencial desde los arbustos, hasta esconderse tras la misma columna en la que había cazado a Marsac y hablado con el Chuchoteur.
-¿Qué saben?
-Que mis órdenes cayeron en manos del Duque y fueron traicionados.
-¿No controláis a vuestros hombres?
-Quieren saber la verdad. Es cuestión de honor.
Cielo santo. Aquello tenía que se producto de sus orejas. No podía ser verdad lo que escuchaba. Treville detestaba al Cardenal, ¿qué diantres hacían hablando así entre ellos y voluntariamente?
-¿Honor? No hay palabra con mayor probabilidad de conducir a la estupidez y a la inconveniencia, ¿sabéis qué hay en juego?
-No lo ignoro, Cardenal.
-¡Pues encargaos!-le ordenó entre dientes antes de notar cómo se quedaba unos pasos detrás, mirando entre columnas.
No tenía tiempo para aquello, el Duque y el Rey estaban esperándolo y al capitán Treville le daba por volver sobre sus pasos a mirar los jardines.
-¿Qué sucede?
-Nada.
Aramis inspiró profundamente, agradecido. Si Richelieu estaba de por medio... el movimiento de su Capitán lo había salvado de una buena.
Pero no quería agradecerle nada, quería saber. Se merecía saber. Y le haría confesar.
-Debo irme, el Duque ha solicitado una audiencia con el Rey.
-¿Por qué?
-No estoy seguro. Con suerte, ya habrá entrado en razón...
Solo entonces se atrevió a dar la cara. No sabía con cual mirarlo. No sabía qué pensar de él. Ni sabía tampoco qué quería creer.
Solo sabía que –aunque no estuviera bien- necesitaba perderse en los ojos de la Reina, porque besar su cruz no lo ayudaba. Incluso dudaba de llegar a encontrar consuelo para su alma en la dulce Anne... Alto, alto. No debía pensar así en ella, de ella, como Porthos bien le había dicho. Sacudió la cabeza, tratando de alejar esos pensamientos mientras Treville se dirigía hacia él, con decisión y el sombrero en la mano.
-Os creéis con derecho a una explicación pero no es asunto vuestro.
-Vos y el cardenal-enunció entre dientes, obligándose a respirar despacio y mirando por donde el hombre más poderoso de Francia desaparecía-, como uña y carne y veinte mosqueteros muertos... –asintió con vehemencia- lo convierte en un asunto mío.
-¿Creéis que no os arrestaré, que estáis por encima de las ordenanzas?-frunció el entrecejo, entornando los ojos.
Aramis se limitó a ignorar lo que había salido por su boca, volviendo a preguntarle.
-¿Nos traicionasteis por el duque de Saboya?
El Capitán de los Mosqueteros no tenía intención de responder; siguió, muy digno.
-¡No podéis inmiscuiros en complejos asuntos de Estado!
-Es una pregunta sencilla- lo fulminó, ya sin paciencia, con la mirada, esperando-. ¿Lo hicisteis?
Treville sabía que se iba a arrepentir. Sabía que el Chuchoteur tenía razón y que Aramis se merecía una explicación; necesitaba saber la verdad. Aquel dejo brilloso en sus ojos indicaba que estaba tratando de contener las lágrimas. Él mismo podía haber muerto allí. Pero no podía saber la verdad, porque si se la decía ambos terminarían colgados y el futuro de Francia peligraría. Las órdenes son las órdenes.
Inspiró profundamente, desviando la mirada y arrepintiéndose. Encajó la mandíbula, porque sabía que se merecía un golpe... y que Aramis necesitaba propinárselo. Prefería que lo odiara a renunciar a ser soldado. Cumplía órdenes; Aramis no entendía y él no podía explicárselo. Era más sencillo así, dijera el Chuchoteur lo que dijera. Aramis había nacido para ser soldado también. Algún día, puede que algún día, lo llegara a perdonar, si entendía.
-Sí.
PUM. Cayó al suelo del impulso y alzó el rostro, dolorido y sin tratar de defenderse, para recibir un segundo puñetazo.
Escocía. Aquel corte no le permitiría expresar facialmente durante un tiempo sin causarle molestias. Pero le escocía más ver aquella mirada traicionada en los ojos de uno de sus mejores mosqueteros. Podía entenderlo, se lo merecía: la muerte de veinte mosqueteros era responsabilidad suya, aunque la orden fuera del Rey.
-Esto no ha acabado-aseguró, caminando hacia atrás y colocándose el sombrero, con la ira incendiándole todavía los ojos.
Treville se quedó tirado en el suelo, con el pómulo y la nariz sangrantes, viéndolo irse corriendo. Suspiró, tratando de aligerar la pesadez de su pecho... pero lo que le dolía no era su cara. Era el corazón, dividido entre el deber y la lealtad.
OoOoO
Aramis seguía siendo tan noble como lo recordaba. Ni se molestó en preguntarle por qué D'Artagnan lo había atado, simplemente lo liberó con un cuchillo mientras le explicaba lo que le había confesado Treville, tal y como él se temía:
-¿Y qué harás ahora?-le preguntó. Siempre parecía saber qué hacer, lo envidiaba tanto. Él estaba perdido, irreconocible.
-Denunciar a Treville. Se enfrentará a un Consejo de Guerra.
No, eso sí que no. No le gustó la respuesta. Con eso no harían nada.
-Con el Cardenal de por medio ni irá a juicio. ¡Debemos actuar, ocuparnos nosotros!
Tomarse la justicia por su mano era la única solución aunque algo en el fondo de su cabeza le replicara que, si lo hacía, nada lo diferenciaría de su antiguo Capitán, que se había tomado indirectamente las vidas de veinte compañeros. Sabía que si seguía su plan personal justiciero dejaría de ser la persona que un día fue. Apenas le devolvía la mirada el mosquetero que fue antaño, lo que había pasado en la cocina solo lo volvía más evidente.
-Soy soldado, no soy un justiciero-se negó.
Marsac lo tomó por los hombros, con desespero.
-Si quieres justicia, es la única vía-no había otra solución. No podía ser de otra forma.
Los gritos. Los gritos y la sangre de sus amigos pasaban a cámara lenta por delante de sus ojos, como hacía cinco años. Era horroroso, ya no lo aguantaba más, tenía que actuar. Tenía que hacer lo que no hizo entonces en Saboya.
Aramis lo miró con lástima, acunándolo; enmarcándole la cara con sus manos, para volver a mantenerse en sus trece:
-Yo no soy así.
Dolía. Aquello no podía continuar. Ahí estaba la prueba: Aramis seguía vivo. ¿Por qué dolía tanto verlo vivo? Porque no tenía delante a los otros, a tantos otros, supuso. No los salvó, no hizo nada por ellos. Se quedó con Aramis, inconsciente, viendo la masacre en lugar de intervenir y morir como debía haber hecho.
Dios, tenía que parar. Debía hacer que parara, dolía mucho. Y el causante de todo era Treville, no había sido solo culpa suya. Si Treville no los hubiera traicionado, a día de hoy él seguiría siendo parte del Regimiento, llevando el estandarte de los Mosqueteros con honor. Madame Bonacieux lo tendría en consideración, le hubiera partido la cara hacía tiempo a D'Artagnan y a Athos y después se iría de copas con todos los que murieron en el Ducado. Y Aramis no lo miraría así, con pena.
Lo vio claro: su amigo era demasiado noble. Hizo bien salvándolo aquel día. El mundo necesitaba más hombres buenos, más Aramis. Era un hombre de honor, aunque la justicia no se lo hiciera a él ni al resto de mosqueteros que perdieron la vida hacía cinco eternos años. Así que... tendría que hacerle otro favor. Tendría que actuar él solo.
-Tienes razón-lo vio sonreír, comprensivo-. Lo siento.
-Sigues siendo un desertor; si te cogen, te colgarán -lo avisó, dándose la vuelta, como poniendo sus ideas en orden-. Lo mejor que puedes hacer es... irte de París lo antes posible-se dio la vuelta y entonces Marsac no se lo pensó más.
Lo tomó desprevenido. Le atestó el puñetazo de su vida antes de que pudiera alzar defensas siquiera, derribándolo al suelo contra la pared.
Sacudió la mano, dolorida. No era solo físico; a él le dolía más hacerle eso que a Aramis el haberlo recibido, estaba seguro. Ya lo perdonaría. Aramis era bueno, Aramis siempre perdonaba. Entendería... y terminaría agradeciéndoselo.
-Lo siento, viejo amigo, pero dijiste que querías justicia...-le quitó la pistola- Cuando Treville esté muerto, la tendrás.
Y salió de la casa Bonacieux, escuchando gritos y viendo rojo. No podía más. Necesitaba paz. Y Aramis, justicia.
OoOoO
-Arréglate, va. Christie, en serio, no me hagas echarte un vaso de agua por encima.
Christie gimió entre las sábanas. Había tenido un buen sueño. No recordaba lo que había soñado, pero sabía que había sido bueno, porque estaba descansada como hacía días que no se sentía. Ojos burlones. Sonrisa aún más insolente que los ojos...
-¡Que despiertes, coñe!
No quería despertar. ¿Por qué, Señor? ¿Que había hecho ella en su otra vida para merecer aquello? Oh, sí. Ya se acordaba. El incidente del buzón del vecino.
-No grites-graznó casi sin voz, entornando los ojos por la incisión de luz que le llegaba por entre las cortinas-. ¿Qué pasa?
Katia estaba plantada a los pies de su cama, vestida de Chuchoteur, mirándola muy seria.
-¿Qué haces vestida así?
-Es Halloween y quería ser original-sonrió, enseñándole todos los dientes-. ¿Truco o trato?
-¿Qué?-volvió a preguntar, todavía amodorrada.
-Vale.
Katia bufó, rodando los ojos, y le arrancó las sábanas de cuajo, haciendo que se cayera al suelo del ímpetu.
-¡AAAAAAAH! ¡Katia, joder...!
-¡Jodamos, que a todos nos gusta!-dio una palmada encantada, viendo que ya se había despertado de golpe, bueno, del golpe-. Ahora arriba, ya deberías estar en Palacio-y canturreó-. Venga, ¡vamos, vamos!
Y sí, de camino a Palacio, Christie no podía pensar en otra cosa más que en lo mucho que detestaba la hiperactividad de su hermana, lo oportunamente madrugador que era el Duque y en la de sujetadores que iba a crear para poder deshacerse del puñetero corsé.
Al menos, la capucha la cubría un poco de los molestos rayos de sol que la deslumbraban a galope.
Aunque, aquello no era Palacio. ¿Por qué diantres su dichoso equino la había conducido hasta casi la puerta del cuartel de los Mosqueteros? Otro caballo llegó al galope y Christie reconoció al vuelo la capa.
Su tocaya le hizo un gesto con la cabeza y terminó de despertarse, siguiéndola.
Buen chico, le susurró a su caballo. Buen chico.
OoOoO
-Corre a esconderte y contaré hasta veinte.
El pequeño salió disparado a obedecerla, debajo de la mesa cubriéndose como buenamente pudo con el mantel.
-Uno... dos...-y miró a su marido, concentrado en unos papeles. Hora del show- Tres-avanzó con cuidado y elegancia hasta él-. No esperaba disfrutar de vuestra compañía en París-le acarició la mejilla y él rechazó su contacto, esquivo sin dirigirle la mirada siquiera. Christinne no se dio por vencida- Pensé que preferiríais al Cardenal a mí.
-Hay una cuestión que resolver antes de concluir con las negociaciones.
Era hombre de pocas palabras. Parco y afilado. Pero la quería. Y ella a él.
Aunque el hecho de que hubieran sentimientos de por medio en ese matrimonio no significaba que no hubieran otros intereses. Cuestión de prioridades... y de actuación constante. Era teatro dentro del teatro. Ya era una maestra en aquel arte.
-Imagino que el Cardenal tramará alguno de sus famosos trucos... –añadió, para hacerse con su atención y confianza- ¡Qué hombre tan horrible!
Aquello terminó de sacar a su marido de su estado de abstracción. El toque de gracia, la guinda del pastel.
-Nadie podrá nunca confiar en él.
Víctor la miró cautelosamente. Como si la midiera, como si le agradeciera la preocupación. Con muchas cosas en los ojos, que no llegó a decir con palabras.
-No tengo intención de hacerlo.
-Qué ladino sois...-sonrió, mirándolo intensamente a los labios- Sin embargo, es algo por lo que os admiro.
El Duque dejó olvidados los papeles y la tomó de la muñeca, guiándola hasta hacerla sentarse sobre su regazo.
Hombres, sonrió la Duquesa. El ego masculino está conectado al miembro. Controlando uno, una se vuelve dominatrix sin darse cuenta.
-Y... ¿qué más admiráis de mí?
Ahí estaba la prueba. Le había cambiado la voz, la dureza de su mirada.
-Oh, ahora queréis oírlo-se burló a medias-. No alimentaré vuestra vanidad.
Desafío. Lo siguiente es beso caliente y ya lo tenía de nuevo donde ella quería.
-... mami, ¿me buscas?-se escuchó la voz infantil desde debajo de la mesa.
-¡Ya voy!-pero no pudo moverse, un brazo la había inmovilizado por el vientre y no le permitía abandonar el regazo de su esposo. Lo miró, preguntándole con los ojos.
-¿Y si decidiera desafiar a Francia y aliarme con España?
Dios, ahí estaba. La duda, la sospecha. Tenía que deshacerse de ella como fuera, no podía permitir que aquello fuera más lejos. Tenía una tapadera. Tenía que mantenerse a salvo también. Víctor la quería... pero era Duque antes que marido. Y ella era francesa y espía antes que esposa.
Su voz no tembló ni abandonó sus ojos cuando lo pronunció muy alto y muy claro, imaginando que le decía esas mismas palabras a su hermano. Si lo decía pensando en Francia, en vez de Saboya, sonaría más sincera.
-En cualquier decisión os apoyaré hasta el final.
Y vio el cambio en su marido de nuevo.
-Y por eso os quiero.
La besó con entusiasmo hasta que, cuando por fin consiguió relajarse, escucharon un carraspeo que los hizo separarse.
Ese ministro detestable. Tenía la desfachatez de sonreír a medias. Se levantó muy digna.
-Gontard, sois un hombre de lo más inoportuno.
Él le hizo una reverencia y Christine tomó aquello como una invitación a salir del lugar. Tenía que hacer como que buscaba a su hijo mientras los hombres hablaban de política; ella sobraba, en pocas palabras.
Taconeó quieta en el sitio, lejos de sus miradas, pero lo suficientemente cerca para escucharlos susurrar:
-Clouset está aquí en París.
Víctor se levantó escandalosamente de la silla, arrastrándola hacia atrás.
-¿Estáis seguro?
-El prisionero responde a la descripción en todo.
-¡Maldito Richelieu...!
Supo lo que venía a continuación. Después de algo, lo que fuera, que no le gustara a su marido, necesitaba acción, movimiento.
Se apartó como alma que lleva el diablo de la puerta, colocándose junto a la mesa haciendo como que miraba detrás de las cortinas y se agachaba a mirar bajo el mantel de la mesa a su pequeño, mientras los dos hombres salían de la estancia.
Ya podía darse prisa si quería continuar viva. Ya podía correr, galopar si hacía falta, si quería mantener su cubierta.
Cuando estuvo segura de que su marido y el ministro bajaban por las escaleras, cogió a su hijo de la mano.
-¡Te encontré! Anda, sal de ahí. ¡Beatrice! –llamó al aire con prisas- Hazte cargo de su Alteza-le pasó la mano del chiquillo.
Le partía el alma marcharse de forma tan apresurada y sin explicación del lado de su niño, pero la necesidad apremiaba y no tenía tiempo tampoco de cambiarse de ropa para camuflarse y salir disparada por la puerta de las caballerizas hacia el cuartel de los mosqueteros. El Duque de Saboya no podía encontrar a Clouset.
Necesitaba ayuda real. Ayuda leal. Ayuda, simplemente, rápido.
OoOoO
Cuando cruzaron el pasaje hasta el cuartel, el galope de los caballos llamó la atención de los pocos que habían sentados en la mesa.
Athos, Porthos y D'Artagnan, así como Serge (no sabía de dónde se había sacado el título de cocinero del lugar), se levantaron de sus respectivos asientos, dejando la bebida o lo que tuvieran en las manos sobre la mesa, mirando a las dos figuras encapuchadas que bajaron de los animales.
Como si hubieran preparado una coreografía, ambas se retiraron con eficiencia y elegancia sus capuchas, retocándose el pelo.
Christie vio a Porthos apretar los labios en una línea tensa para evitar sonreír, al tiempo que los tres mosqueteros y el hombre con puchero hacían una reverencia.
-No tengo tiempo para explicaciones. Hay un importante prisionero en una prisión de París...
Christie se abstuvo de rodar los ojos. ¡Que no hay tiempo, Tocaya, no jodas!
-¿Habláis de Clouset?-la interrumpió Athos.
¡Bendito hombre! Exclamó interiormente. Él sí que sabía organizar el tiempo y las prioridades. Y ganar dinero rápidamente. Y hacerle mojar las bragas a su hermana, porque reconozcámoslo: el tipo tiene actitud... Christie sacudió la cabeza, volviendo a escena.
-¿Lo conocéis?
-No, pero sabemos dónde encontrarlo-respondió por él Porthos.
-El Duque ha salido en su busca ahora mismo. Por el bien de Francia, no debería descubrirlo. Están en juego muchas vidas, incluso la mía-confesó temerosa.
Christie la tomó de la mano, para infundirle ánimos.
-No podemos evitar que el Duque entre en la prisión-negó Athos, realista como siempre.
Ella bufó escandalosamente, atrayendo hacia ella todas las miradas.
La que le interesaba era la de Porthos: cuando los ojos de ambos conectaron ella alzó una ceja. Con mímica fingió abrir una puerta y se llevó una mano a la altura de las ceja, fingiendo buscar algo. Luego sonrió y se colocó de nuevo la capucha, ocultando sus rasgos y señalando con la cabeza al cocinero, que no se enteraba de nada.
Porthos sonrió ampliamente y volteó a ver a Athos, como respondiéndole.
-Ya, pero... no tiene por qué encontrarlo dentro.
OoOoO
N/A: no me lapidéis, por favor. Sé que he estado ausente mucho. Mucho de MUCHO.
Pero es que voy de culo, en serio. No tengo tiempo para nada. He colgado siete capítulos que ya tenía escritos por ahí cogiendo polvo de Arrow (la serie a la que recurro por la asombrosa habilidad –y abdominales- de Stephen Amell con la escalera de salmón cuando estoy histérica y atacada de los nervios y estrés) para subir algo porque me sabía mal tener esto tan atascado, pero la semana que viene empiezo los exámenes y digamos que mis horas de sueño y libres se van a reducir drásticamente.
También he estado más liada por el tema de la organización de mi graduación, que será en poco más de un mes... y sinceramente, creo que me ha vuelto a pasar: la inspiración viene y va. No sabía qué hacer con mi vida ni con el fic después de la escena de la taberna.
Este capítulo es un poco light, lo sé. En nada se termina el cuarto capítulo de la serie y supongo que el próximo lo centraré más en Aramis, Marsac y Treville. Katia ha aparecido poco en este porque, como comprenderéis, va a ver cómo termina el trío sacapuntas y no podía presentarse con su hermana y la Duquesa en el cuartel.
Y no sé si se ha notado o no, pero quiero que no odiemos a Marsac, que me da mucha penita, pobre hombre. Está desesperado, ojalá lo haya plasmado patético (en plan muy humanizado) y no detestable.
En fin, no me odiéis. No mucho, al menos. Gracias por seguir ahí.
