¡Hola chicas! :D ¡Aquí vuelvo con 51 páginas de word, que espero que las disfrutéis y os riáis mucho! ¡Este capítulo he tenido que partirlo porque si no me hubiese ocupado bastante y lo más probable es que hubiese tardado mucho más en actualizar! Espero que os guste ^^

ADVERTENCIAS: Recomiendo que cuando leáis este capítulo no estéis comiendo y tampoco lo leáis si es muy tarde y vuestra familia está durmiendo XDDDDDD

Quiero dar las gracias a todas las que me estáis apoyando y que sepáis que esta vez, el capítulo VA DEDICADO A TODAS VOSOTRAS :D ¡MUCHÍSIMAS GRACIAS!

Alesz, Jean, kionkichin, Leonor Snape, Aurora Caelestis, Melanie Lestrange, Mei Fanel, rosedrama, Shirmione Malfoy, Hermy Evans Black, ValeenG, LucyTheMarauder, Lunajely, leo-jasper-ilove-vampires, Romaaa, keki46livecom, Tess21, sirone aphrody, Style-Shinigami, mariapotter2002, Adarae, Viridiana, Saori Haruno, The Ladycat69, mila0628, Milymu, Jazmin Saigan96, merylune, Vale Malfoy, Rosyr, ladymist89, ZhirruUrie, caroone, Ishiro Shizuka, Jane Meyer, Emma Felton, DeinoO-Dragomir, Fersha Malfoy, Sam Wallflower, crazzy76, Effy Malfoy Reckless, seddielovenathan, mileyvulturi, HikariGoth, Isabel, Gardeniel, Guest, ian, En Resumen soy un Heroe, gabyDM47,Gaby, BereLestrange, Morgana Argay Malfoy,dreapls, CoposdeHielo, tammysol, alissa-2012 y Luladark.

Contestaciones a las no registradas:

Jean: Holaaa Jean! :D jajajja yo también me reí mucho escribiendo el capítulo, y por si fuese poco, luego vi en google una foto de Ron rubio y me iba a morir de la risa JAJAJAJAJA ya no voy a poder verlo de la misma forma a partir de ahora xDDD como ves, Theo en este capítulo fue... ainss... todo un amor! Ojalá alguien me cuidara así D: es tan mono... bueno y con la escena del dibujo, no sabes como me reí xDD qué vergüenza! Aunque me hizo mucha gracia cuando Draco pensó que el pelo de Hermione era la parte más difícil de dibujar! jajajajajaja mira que es malo! XDD Espero que te rias mucho con este nuevo capítulo! ya verás... un besazo muy grandee! :)

Mei Fanel: ufff Ginny y Blaise, jajajajaj efectivamente entre ellos hay fuego! FUEGO PURO! ahora si surge un momento íntimo entre ellos dos... uff, uff miedo miedo jajajajja Draco no hizo nada con Hermione porque estaba castigada jajajaja si no lo más seguro es que hubiese pasado algo jijiji por cierto, yo lo pasé muy mal escribiendo la escena de Oníria pero gracias a Merlín al final todo salió bien, y eso es lo que importa :) Ahora sólo queda que las dos malditas arpías reciban lo que se merecen! ¿Qué pasará con las galletas? ¿Las verán? muajajjaajjaa en este capítulo lo sabrás! Espero que te guste muuucho :D

keki46livecom: Hola keki! Me alegra que te gustase el capítulo. :D Con respecto al tema de las palabrotas, ya he puesto varias veces la advertencia de vocabulario soez, lemons y demás a lo largo de la historia. Y a estas alturas del fic no voy a cambiar el carácter de los personajes. Espero que te guste el siguiente capítulo! Un besazo :D

Tess21: Holaaaa guapa! :D Me alegra que te gustase tanto el capítulo! Yo disfruté mucho escribiéndolo (aunque hubo partes en las que sufrí mucho, como la de Oníria), pero bueno... como dice la frase de las mil y una noches, su principio fue amargo, pero dulce su fin jijiji :D así que todo salió bien! Menos mal! Ahora a esperar a que Astoria y Pansy reciban su merecido muajajajjajaa! no sabes como me he reído escribiendo este nuevo cap.! Espero que te guste muuucho y te saque más de una sonrisa! hahahahaa Un besazo muy grandee :D

Rosyr: Hola querida Rosyr! :D Últimamente cada vez me salen más largos los capítulos ajajajjaa este tiene 51 páginas de word y creo... que te vas a reir bastante. Y vas a disfrutar mucho con algunas cosas... JAJAJAJAJA ya lo entenderás cuando lo leas XDD Efectivamente, Oníria no había hecho nada malo a nadie (y parece que Pansy se arrepintió un poco en el último momento porque no quería llegar tan lejos), pero Astoria... ejem, ejem. Ambas se merecen lo que tu dijiste. Que se disequen! JAJAJAJAJA no sabes como me reí cuando escribí la parte del pelo de Hermione (Draco como siempre. Él sigue en su línea de cabroncete jajajaj xDD). Normal que Hermione le diese una ostia. Yo hubiese hecho lo mismo. A ver si hace algo para devolvérsela :B en fin, en cuanto a Blaise, Modo bipolar ON. Veremos a ver qué hace en la fiesta, aunque parece ser que al menos ha admitido que le gusta Ginny (aunque sólo sea un poco y a su manera xD). Y en cuanto a Ron... JAJAJAJAJA el Locomotor Wibbly y el Calvario son míticos. Me he acordado mucho de ti escribiendo este capítulo. No digo nada más JAJAJAJA espero que te rías mucho! Un besazo muy grande guapaaaa :D

Emma Felton: Holaaa querida Emma! :D Sí... estuve bastante mala :( creo que fue del estrés de los exámenes finales y tarde o temprano eso tenía que pasar factura! Lo pasé muy mal pero gracias a Dios ya estoy mejor, aunque todavía siento molestias, pero bueno con el tiempo se me curará. También creo que es porque como mucho y demasiado rápido JAJAJAJAJA (mis amigos dicen que parece que tenga una tenia dentro del estómago jajajjaja). Yo espero que Iris dibuje al final a Jane. Me haría muchísima gracia verla con su traje de inspector gadget JAJAJAJA Draco nos dio un susto a todas, pero después de todo lo que habían pasado él y Hermione juntos... no iba a volver a ser el mismo imbécil de siempre. Además, que ella fuese a espiarlo ¡cómo iba a molestarle! JAJAJAJAJ se puso más cachondo aún XDDD este rubio es de lo que no hay! ayyy Emma... yo también tengo muchísimas ganas de que se acuesten, pero ya sabes que lo bueno se hace esperar jijiji pero bueno, paciencia paciencia. Ya llegará :P Nadie se esperaba que Theo y Luna fuesen los primeros la verdad. haahaahahaa pero es que era su momento... ains qué bonito (L) *-* En cuanto a Blaise, pff es que es super contradictorio... por un lado es odioso, pero por otro... ainss, es que no hay por dónde pillarlo xDD a ver si deja de ser tan bipolar! Veamos ahora qué pasa con ''Austonia'' como tú dices y Pansy! JAJAJAJAJA a ver qué te parece este capítulo! Yo me reí como una loca escribiéndolo! Espero que te guste mucho! Un beso muy grandeeeee guapísimaa! :D

Isabel: Hola Isabel! :D jijiji nadie se esperaba lo de Theo y Luna! A todas os pilló por sorpresa :P Pero fue tan bonito... qué monos *-* Ahora eso sí, Pansy y Astoria tienen que recibir su merecido. La cuestión es...¿Se tomarán las galletas o no?... chán,chán,chán jajajajaja Ahora lo sabrás! Espero que te rías mucho con este capítulo guapa! Un besito muy grandee! :D

Guest: Hola Guest! :D Efectivamente todo empezó con bastante angst, pero al final se solucionó :) Suerte que Oníria no podía morir y Theo estuvo ahí para ayudar a Luna... *-* Espero que te guste este capítulo! Un besazo muy grandee :D

Ian: Hola ian! jajajjaa pues sí! Theo y Luna han sido los primeros! Y eso que eran los más inexpertos e inocentes xDDD ¡Quién se lo hubiese imaginado! :P pero fue tan bonito... si es que son como dos ositos amorosos jijiji ya irán aprendiendo poco a poco... jajajaja yo también tengo muchas ganas de que sea la fiesta! OMG! ¿un Blaise enamorado? ya verás... jajajaj yo no digo nada xDD Espero que tú también te lo estés pasando genial ahora en vacaciones! Que para eso son! Para pasarlo bien :D Creo que con este cap. te vas a reír mucho, o eso espero! Yo me lo pasé pipa! Espero que te guste! Un besazo muy fuerte guapísimaa :D

gabyDM47: hola gabyDM47 :D Me alegra que te guste mi historia! No te preocupes que no me he aburrido ni la voy a dejar! jajajjaja Espero que te rías mucho con este capítulo! Un besazo muy grande :D

Gaby: Hola Gaby! A todas nos gustaría un chico como Theo, que nos protegiera y nos curase U.U, si es que es monísimoo! jijiji Me alegra mucho que te rías tanto con mis historias :) y hablando de risas, creo que te vas a reír bastante con este capítulo! jajajaja yo me lo pasé genial escribiéndolo! Volviendo al capítulo anterior... Malfoy se pasó bastante con Hermione, pero yo espero que ella le haga algo para vengarse! jijiji y bueno Zabini... pff veremos a ver qué pasa con él, que como es tan bipolar, nunca se sabe por dónde va a salir xDD Espero que te guste mucho este capítulo! jijiji un besazo muy grande guapísima! :D

y ahora... sentaos cómodamente y disfrutad de la lectura :)


¡PLFFF, BRRR, PLFFF, GRBBB!

A la hora de la cena, Draco permanecía sentado en la mesa de Slytherin junto a Blaise, Crabbe y Goyle. Todos se preguntaban dónde narices estaría Theo. No había aparecido por allí y en la mesa de Gryffindor tampoco estaba Lovegood. Zabini y Malfoy le habían contado a los gorilas que su amigo había entrado en el dormitorio bastante furioso y con la camisa llena de sangre. Draco recordaba que Theo dijo que no lo esperasen, que no volvería pero la curiosidad comenzaba a inquietarle. Desde luego, verle tan enfadado era una novedad y ya habían pasado horas desde que él y Blaise lo vieron. ¿Qué mierda habría ocurrido?

El rubio se mantenía absorto, apoyando el rostro en un puño cerrado. Se había fijado en Granger un par de veces pero ella desviaba la mirada muy nerviosa. Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando algo captó toda su atención.

Ron Weasley entró en el Gran Comedor intentando pasar lo más desapercibido posible, pero su presencia no fue ignorada. Llevaba un jersey naranja de Lacoste, unos pantalones de cuadritos de Burberry y un gorro de lana que no pegaba en absoluto con el conjunto que llevaba. El ''pelirrojo'' deseaba y rezaba porque nadie se diera cuenta del color de su pelo. No quería aparecer por allí, pero en esa ocasión su estómago era el que mandaba y no podía soportar más el hambre que tenía, así que se acercó a la mesa de Gryffindor intentando parecer casual y se sentó junto a Harry.

Por un momento, todas las miradas del Gran Comedor se centraron en él y hubo un incómodo silencio. Ron sintió un vuelco en el estómago. No soportaba ser el centro de atención. Se encogió de hombros, intentando ignorar lo que sucedía a su alrededor y comenzó a comer. ¿Estaría su admiradora secreta observándole entre la gente? Qué vergüenza…

Hermione y Draco se quedaron en blanco durante unos segundos. Oh por Merlín. ¡LO HABÍA HECHO! Ambos se miraron y estallaron en carcajadas.

— Oye, ¿Qué ocurre?— Ginny que estaba sentada al lado de la leona, también había visto a su hermano entrar con unas pintas muy raras, pero no entendía a qué se debía ese ataque de risa. Al ver que su amiga la miraba fijamente, se sintió incómoda. Había conseguido cubrirse perfectamente el chupetón de Zabini con un poco de maquillaje de Lavender pero tenía la sensación de que se lo podían ver en cualquier momento.

— Nada Ginny, nada, déjalo— Hermione centró la vista en su plato. Era lo mejor. Si miraba a Ron o a Malfoy volvería a reírse. Aún seguía molesta con la serpiente por lo que había pasado la noche anterior, pero ya no estaba tan enfadada.

En la mesa de Slytherin, Draco carraspeó y volvió a adoptar una postura indiferente. Nadie se había dado cuenta de que él y Granger se habían reído por lo mismo y tenía que disimular. Joder con el pobretón. La carta había hecho efecto sin duda, y si llevaba un gorro cubriéndose el pelo, quería decir que…¡SE HABÍA TEÑIDO! Por Circe, tenía que deshacerse como fuese de esa porquería de trapo andrajoso de su cabeza para verlo rubio. Volvió a fijar la vista en la leona, encontrándose con su mirada y a ambos se les escapó una risita.

Pansy, que estaba sentada frente a él, se dio cuenta de que se reía mientras miraba a alguien. Se giró un poco para ver si veía algo raro y se percató de que la sangre sucia también estaba riéndose. No podía ser. Estaba delirando seguramente. Volvió a mirar las costillas que había en su plato y comenzó a dar vueltas a su tenedor. Tenía el estómago revuelto y aún no había probado bocado. Theo y Lunática no habían aparecido por el Gran Comedor y no se quitaba la imagen del cuarto de baño de la cabeza.

No es que se sintiese mal…pero tampoco se sentía bien. ¿Alguien habría encontrado a la loca en esas condiciones? ¿Estaría en la enfermería? ¿Lunática le habría contado todo lo que había pasado a Theo? Cuantas más preguntas se hacía, menos apetito tenía. Ella y Astoria habían estado el resto de la tarde fuera del castillo y no habían vuelto a hablar de lo sucedido.

— ¿Vas a comer o qué?— le espetó Astoria levantándose de la mesa— Yo ya he terminado. Me vuelvo a la habitación.

Pansy la miró y soltó el tenedor.

— Espera, me voy contigo. No tengo hambre.

Draco se percató de que Pansy estaba algo rara pero no le dio importancia. Vio que se marchaba con Astoria y volvió a mirar a la leona. Él había terminado de cenar y tenía que hablar con ella de alguna forma antes de volver a su dormitorio. Se levantó de pronto sin decir nada y se marchó del Gran Comedor, dejando allí a sus amigos, entre ellos Blaise que parecía bastante estresado.

— ¿Qué mierda te pasa hoy?— Daphne frunció el ceño al ver que el comportamiento de ''su novio'' era muy extraño. Intentaba acariciarle la entrepierna por debajo de la mesa pero él le apartaba la mano.

— Me duele la cabeza— excusa barata y poco creíble, pensó él— ¿Por qué no vuelves con Pansy y Astoria a tu habitación? Hoy no me apetece follar. Estoy cansado.

Directo al grano. No le importaba si a ella le molestaba su comentario. Daphne lo miró de arriba abajo despectivamente y se levantó bruscamente.

— Cuando dejes de ser un gilipollas insensible me avisas Blaise— él seguía clavando la mirada en su plato. No tenía ganas de levantar la vista para mirarla. En parte lo que le había dicho era cierto. Estaba cansado y le dolía la cabeza. Necesitaba dormir, y que no se quitase a la pecosa de la mente desde luego no ayudaba— Me largo. Espero que mañana no estés tan borde.

Mientras tanto, en la mesa de Gryffindor, Hermione vio que Malfoy se marchaba, pero antes de salir del Gran Comedor él la miró de tal forma que ella supo muy bien lo que quiso decir.

Tenemos que hablar.

Así que rápidamente se terminó la poca comida que quedaba en su plato y se apresuró a salir de allí. Comenzó a buscar por el vestíbulo pero no había nadie. Sólo vio como Daphne Greengrass se marchaba completamente sola a las mazmorras y parecía bastante enfadada. Decidió que lo mejor era ir en esa dirección. Seguramente él estaría por allí. Cuando iba por uno de los pasillos escuchó a alguien sisear. Miró y vio que era él. Estaba apoyado en la pared de uno de los recovecos y apenas se le veía en la oscuridad. Hundía las manos dentro de sus bolsillos y estaba…¿riéndose?

— ¿Malfoy?— Hermione se aproximó despacio, con parsimonia y cuando llegó junto a él, Draco la agarró del cuello y la besó abrasadoramente, hundiendo la lengua en su boca. Hermione forcejeó porque aunque le apetecía, no quería ceder.

— Hmm— gimió contra su boca al notar que él deslizaba las manos hasta llegar a su trasero, apretándoselo suavemente y arrugando su falda. Draco presionó con más fuerza y profundidad la lengua dentro de su boca y ella cerró los ojos, se agarró a la camisa de su uniforme y apretó los puños. Se odiaba por no ser capaz de pegarle un empujón. Por no poder negarse a sus besos después de lo que le había hecho en su habitación.

Después de unos segundos en los que Hermione sólo podía sentir la humedad de su boca contra la suya, y sus manos recorriéndole el cuerpo, consiguió apartarse de sus labios. Apenas podía respirar y vio que Malfoy estaba igual que ella. Tenía los labios humedecidos y un poco hinchados.

— Qué quieres— le dijo ella entre jadeos. Intentó sonar tajante y borde.

Draco vio que de pronto se ponía muy seria y se alejaba un poco, pero él la sujetó impidiendo que pudiera moverse. Desde luego aún estaba molesta por lo que había sucedido, pero iba a conseguir que se olvidase.

Hermione quería hacerse la dura. ¿Qué pretendía? ¿Ahora iba a estar tan contento y feliz como si nada hubiese pasado? Ni hablar.

— Con menudas pintas ha aparecido el pobretón— disimuló Malfoy cambiando de tema— La ropa le queda mejor de lo que esperaba. ¿Crees que se habrá teñido el pelo?

Hermione intentó contenerse pero soltó una risita. Maldita sea, no podía controlarse cada vez que recordaba a Ron. Y por si fuese poco, al haberlo visto de cerca, se había dado cuenta de que se había teñido hasta las cejas.

— Sí Malfoy, lo ha hecho, pero mientras no se quite ese gorro no vamos a poder verle.

Draco bajó un poco la cabeza, apoyando los labios contra su cuello, notando su aroma. Joder, su olor era embriagador.

— Podríamos escribirle otra carta pidiéndole que quemase ese trapo de pobretón y que se dejase de gilipolleces— musitó aproximándola completamente a él, deslizando las manos por su espalda hasta dejarlas en su cintura.

— Suéltame— Hermione se enrojeció al notar el calor de sus manos. Desde luego volvía a estar igual que siempre.

Draco no le hizo ni caso.

— Venga Granger, no seas así— la miró a los ojos y de pronto se percató de que tenía muchas ojeras— Veo que no has dormido mucho esta noche. ¿A qué se debe? Ah, ya sé…

Hermione le pegó un empujón y se apartó.

— Vete a la mierda, Malfoy. No tiene ninguna gracia— le espetó furiosa. Encima tenía la cara dura de cachondearse de lo sucedido. ¿PERO QUÉ DEMONIOS?

Draco, al ver que ella se alejaba mucho, la cogió de la mano, volviendo a acercarla a él y la estampó contra su pecho.

— Este fin de semana te compensaré.

Hermione notó sus brazos rodeándola y su respiración contra su cuello y no pudo hacer nada. Maldito, maldito, maldito. ¿Cómo podía conseguir con pocas palabras lo que le diese la gana?

— ¿Ah sí? ¿Y cómo piensas compensarme Malfoy?— ella intentaba parecer distante, pero su voz se había vuelto entrecortada, y más aún cuando notó el tacto de sus manos deslizándose por todo su cuerpo.

— Esta tarde he estado hablando con Blaise y hemos decidido hacer una fiesta el viernes en nuestra habitación. Me ha dicho que te lo diga y que tú avises a las demás— Draco dejó la nariz enterrada en su cuello y movió los labios muy despacio sobre su piel para que ella pudiese percibir cada una de las palabras que le estaba diciendo. Sabía perfectamente cuál era su punto sensible. Así haría que entrase en razón y dejase de forcejear.

Hermione se quedó muy quieta. ¿Una fiesta en la habitación de Malfoy? No sonaba nada mal, pero…era bastante arriesgado.

— ¿Zabini te lo ha dicho?— le extrañaba que precisamente ese Slytherin quisiese invitarlas. Era el más terco del grupo— ¿Y cómo vamos a ir todas sin que nos vean? Además, alguien de vuestra casa podría pillarnos en vuestra habitación— encima ese día había devuelto la capa al cuarto de Harry. ¿Otra vez iba a tener que cogerla prestada? Esperaba que su amigo no se diese cuenta. Últimamente estaba abusando demasiado.

— Ya nos encargaremos nosotros. Vosotras venid pasado mañana sobre las siete. Si conseguistéis entrar en el vestuario sin que nos diésemos cuenta, podréis colaros en mi Sala Común perfectamente. Además, sabéis la contraseña.

Hermione se mantuvo en silencio durante un momento y notó que él comenzaba a pasar la punta de la lengua por la columna de su cuello. Ohh Dios… y la forma en que lo hacía…la deslizaba muy despacio, humedeciéndole la zona y…NO.

No podía dejarse llevar.

— ¿Hasta qué hora va a durar la fiesta?— si lo mantenía hablando, él pararía de hacerle esas cosas. Y por si fuera poco, la abrazaba tan fuerte que ella notaba su protuberancia contra su… POR MERLÍN. Tuvo que ahogar un gemido al sentirlo.

Draco se rio suavemente, sin apartar los labios de su cuello.

— ¿Tú qué crees Granger? Toda la noche— sabía que su comentario la haría estremecerse. Toda la noche. En una noche podían hacerse muchas cosas, y más si había alcohol de por medio. La cuestión era…¿Cómo conseguir quedarse a solas con ella? Ya lo lograría de alguna forma.

— Ahh— fue lo único que pudo decir Hermione. Percibió la lascivia que había detrás de esas palabras y sintió un escalofrío. ¿Y si pasaba algo? Pero no. Estarían todos. ¿Cómo demonios iban a quedarse a solas? Era francamente difícil, pero de todas formas… ¡En qué pensaba! ¿No se suponía que aún seguía molesta con él? ¡Tenía que hacerle sufrir no caer en sus brazos como una tonta!

— Por cierto— Draco suspiró contra su cuello haciendo que a Hermione se le pusiera el vello de punta. Su aliento era caliente y muy agradable. Había un montón de palabras para definirlo, pero ni siquiera podía pensar.

— Dime— gimió sin poder controlarse.

— ¿Vas a venir mañana a verme al partido?

Hermione se quedó callada y se apartó un poco para mirarle a los ojos. No lo recordaba. Al día siguiente había partido de Quidditch, pero era entre Ravenclaw y Slytherin, y ella tenía que estudiar. Si hubiese sido contra Gryffindor…

— ¿Qué te hace pensar que yo vaya a ir a verte Malfoy?

— No sé, es probable que juegue mucho mejor si tú estás animándome desde las gradas, aunque… la victoria está asegurada. Los pajarracos no tienen nada que hacer.

Hermione rodó los ojos.

— Sí claro, iré a animarte, Malfoy— en su voz se podía captar la ironía a la perfección — Haré una pancarta con tu nombre y le diré a Harry y Ron que me ayuden a pintarla. ¿Estás loco?

— Venga no seas tan rancia. Ven a verme.

Hermione se mordió la lengua. Maldito idiota. Siempre conseguía manipularla a su antojo y convencerla. Pero es que con esa voz tan sutil y aterciopelada…era capaz de salirse con la suya. Era endiabladamente hipnótica.

— Está bien— no podía creer que por primera vez quisiera que Slytherin ganase a Ravenclaw, aunque prefería no hacérselo saber. Se regodearía seguramente. Tenía que largarse cuanto antes.

Draco vio que de pronto se apartaba y parecía dispuesta a marcharse. ¡¿Pero qué mierda?!

— ¿A dónde narices vas?

Hermione lo miró y salió del recoveco.

— A mi dormitorio. Tengo mucho sueño y quiero descansar. Como tú bien has dicho, esta noche no he dormido mucho Malfoy— que se quedase con las ganas. No iba a estar con él más rato si era lo que pretendía. Quería que sufriera como ella lo había hecho la noche anterior.

Draco no se movió. No sería capaz de largarse. Volvería a él. Seguro.

— Granger— al llamarla, ella se giró y lo miró. Malfoy seguía apoyado en la pared y había vuelto a hundir las manos en sus bolsillos.

— Qué.

— Ven un momento— su voz se había vuelto suave, ronca y exigente. No iba a aceptar un no por respuesta y ella lo sabía— Quiero besarte.

Hermione dudó por unos instantes pero luego se acercó. ¿Que la quería besar? En ese momento tuvo una idea. Iba a disfrutar mucho.

— Prefiero hacerlo yo.

Draco se estremeció al ver que se acercaba demasiado y que comenzaba a jugar con su corbata. Sacó las manos de los bolsillos para atraerla a él pero Hermione se retiró.

— No, Malfoy. Quiero hacerlo yo esta vez, si te parece bien. Quiero que te quedes quieto mientras yo te beso.

El rubio se humedeció los labios. Joder. ¿Cómo podía ella pedirle algo así? Le iba resultar imposible no tocarla.

— Lo veo difícil, Granger— ¿para qué iba a mentirle? Era mejor ser sincero en ese tema.

— ¿Puedes intentarlo al menos?

El silenció reinó por todo el pasillo y Draco gruñó sin estar conforme, pero al final se decidió y volvió a meter las manos en sus bolsillos.

— Hmm…de acuerdo— En realidad no era mala idea que Granger lo besase y manosease un rato. Aún recordaba cuando ella se la tocó en su casa. Se endurecía sólo de pensar en ese momento— Hazlo de una vez.

Hermione sonrió para sí misma al ver lo impaciente que estaba.

— Cierra los ojos.

— Ni hablar.

— Me voy entonces— le espetó y escuchó que él comenzaba a soltar maldiciones por lo bajo.

— Está bien, tú ganas, cierro los ojos. ¿Contenta?

Hermione se dio cuenta de que arrastraba las palabras, molesto, pero bajo toda esa queja, había algo más. Estaba deseoso. No había duda.

Se aproximó muy despacio y tocó con los labios su cuello, sin besarle. Sólo era un roce. Un sutil roce que Draco iba notando por toda esa zona, provocándole espasmos, haciendo que le costase inhalar y exhalar. De pronto sintió que ella movía la boca un poco más arriba hasta su oreja. Seguía sin besarle. Apenas podía percibir su tacto y se estaba volviendo loco.

— Granger— musitó sin abrir los ojos.

Ella ni siquiera lo estaba tocando. Sólo movía su boca, rozando toda su piel. Lentamente mordió el lóbulo de su oreja tirando con cuidado de él y volvió a soltarlo.

— Dime— susurró contra su oído.

Draco notó su aliento y se estremeció. Tuvo que cerrar fuertemente los puños para no sacarlos de sus bolsillos y agarrarla. Por Circe, se iba a morir.

— Bésame, en la boca.

Hermione sonrió maliciosamente aprovechando que él no podía verla, se acercó a sus labios rozándolos lentamente como si tuviese todo el tiempo del mundo por delante y luego se apartó.

— Sigue— a Draco se le escapó un suave gemido.

Ella volvió a aproximarse y atrapó su labio inferior, succionándolo muy despacio. Draco no podía verla pero si sentirla, así que se dio cuenta de que volvía a apartarse.

— Profundiza más Granger.

— ¿Más?— preguntó de forma inocente, haciéndose la tonta a propósito. Ni que no supiese a lo que se refería.

— Ya me entiendes, quiero notar tu lengua dentro de mi boca— al ver que ella no respondía se lo exigió— Ahora.

— No seas impaciente Malfoy. Tenemos tiempo— musitó comenzando a deslizar las manos por su cuerpo hasta llegar a sus pantalones, acariciando sutilmente su gran erección.

— No voy a esperar ,Granger. Si no me besas ahora, lo haré yo.

— Está bieen, pero no te muevas— Hermione apartó la mano de su protuberancia y comenzó a caminar hacia atrás, intentando que sus pisadas no emitiesen sonido alguno. No podía mirarlo a la cara porque se moría de la risa. Que esperase… no iba a darle nada. Se alejó saliendo del recoveco y se marchó corriendo. Draco abrió los ojos de pronto al notar que ella se había detenido y vio que se había largado.

JODER.

Se apresuró a salir del recoveco y la vio al fondo del pasillo.

— ¡A dónde mierda vas Granger!— bramó completamente fuera de sí— ¡Vuelve aquí!

Hermione se paró en seco al oír sus gritos y lo miró desternillándose. Sí, sí, iba a volver.

— ¡Veremos a ver quién tiene mañana ojeras Malfoy!— exclamó esfumándose de allí. Ella tenía ganas de besarle, de mucho más, pero quería devolvérsela de alguna forma. ¡Que se fastidiase! Al menos, ya estaban en paz.

Al cabo de un rato se giró para ver si la seguía pero no había nadie, así que disminuyó la carrera. Miró su reloj y vio que era muy tarde. Tenía que volver a su dormitorio. Al día siguiente ya lo vería en el partido de Quidditch, y lo animaría discretamente, en silencio.

Mientras tanto, Daphne Greengrass volvía a la Sala Común de Slytherin, haciendo un gran esfuerzo por contener las lágrimas. De pronto, notó que alguien le daba un codazo en la espalda.

— ¡Quítate de en medio, estúpida!— le espetó Malfoy adelantándola. Estaba muy rojo y parecía bastante furioso. ¿Pero qué les pasaba a todos? Primero Blaise, ahora Draco… no pudo evitar sollozar. Desde que lo había hecho con Blaise la noche anterior, él había estado muy distante y borde. Sentía una gran ansiedad oprimiéndola. Una ansiedad que no se esfumaba y que le dificultaba respirar. Necesitaba tranquilizarse. Un baño relajante estaría bien. Se desajustó la corbata con la esperanza de sentirse un poco más cómoda y que así desapareciese el nudo que notaba en la garganta. Cuando llegó a la Sala Común vio que Draco se había tumbado en el sofá y se había tapado el rostro con el brazo, pero hubo algo que captó toda su atención.

¡POR SALAZAR! ¡¿Estaba excitado?!

Vio el bulto en sus pantalones y rápidamente se fue a su habitación. ¡Qué vergüenza! ¡Qué bochorno haber visto en ese estado al amigo de Blaise! Quizás le habían dado calabazas y por eso estaba tan enfadado cuando lo había visto por el pasillo. Sacudió un par de veces la cabeza intentando olvidarse de la imagen tan traumática que acababa de presenciar y abrió la puerta de su cuarto. Cuando entró vio que Pansy y Astoria estaban sentadas en su cama, observando una nota y un montón de galletas que había en su bol de cerámica.

— ¿De dónde habéis sacado todas esas galletas?

Astoria alzó la vista.

— Al parecer son un regalo...y huelen que alimentan. ¡Tenemos un admirador! Aunque no es de extrañar.

Daphne se acercó a un armario para sacar una toalla y su jabón favorito de olor a Jazmín.

— ¿Me dais una?

Pansy fue a contestar pero Astoria se adelantó.

— No, no hermanita. En la nota dice que son para Pansy y para mí.

Daphne puso los ojos en blanco y abrió la puerta del cuarto de baño.

— Mamá tiene razón. Eres una egoísta y lo serás siempre.

— Anda, ve a bañarte y cállate ya— le espetó cogiendo una galleta del bol y llevándosela a la boca. Dejó el bol de cerámica sobre la mesita de noche e hizo una bola con la nota, arrojándola a la papelera desde lejos. Astoria no tenía muy buena puntería y no entró, pero a ella no le importó. Miró a Pansy y vio que se había tumbado en la cama y que tenía muy mala cara — Venga Pansy, coge una. Están buenísimas— cuanto más comía, más deliciosa le parecía. Además notaba que tenía mucha fibra. ¿Serían galletas para definir la figura? Seguramente. ¡Mejor aún! Así no tendría que hacer dieta para estar guapa en bikini cuando llegase el verano.

— No tengo apetito Astoria.

Astoria se quitó la túnica y se aflojó la corbata. Luego volvió a coger otra galleta y se sentó a su lado, en el colchón.

— ¿Qué te pasa ahora? ¿Esto es por Lunática?— la Slytherin la miró con cara de pocos amigos. ¡Sólo faltaba que tuviera remordimientos! ¡Esa loca psicópata se merecía lo que había pasado y mucho más! ¡Seguro que se hartaría de llorar al ver a su asqueroso bicho espachurrado en el suelo! Se moría de la risa sólo de imaginársela. Qué patética por favor.

Pansy se mantuvo en silencio. El ver tanta sangre le había afectado seriamente. Vale, ella había estampado a Lunática contra el lavabo, pero se sentía mal. No tenía que haberlo hecho. Y las patadas de su amiga…

— Astoria, es que… ¿y si le ha pasado algo grave?— no dejaba de pensar que podría haber muerto después de recibir tantos golpes, pero tenía que disimular— Me refiero a que... esa loca podría avisar que hemos sido nosotras. ¿Y si nos expulsan?

— ¡Cómo nos van a expulsar idiota! No digas tonterías. Seguro que estará en la enfermería y Pomfrey la habrá curado. Una lástima la verdad…pero bueno, al menos, no se acercará a Theo nunca más— Pansy pudo ver la maldad que había en su sonrisa. Era oscura, sibilina, lo que le llevó a pensar que quizás la psicópata era su amiga y no Lunática.

— ¿Tú crees que se recuperará?— lo dijo intentando parecer desinteresada.

— Por desgracia— fue la afirmación de Astoria— Venga, come algunas galletas. No has cenado nada.

Pansy miró el bol y le rugió el estómago. El saber que Lunática se recuperaría de la paliza la tranquilizó un poco. Además, no había comido nada desde el medio día y comenzaba a tener mucha hambre.

— Está bien, dame unas cuantas— se incorporó un poco, apoyando la espalda contra el cabecero de la cama y Astoria le tendió el bol de cerámica. Pansy cogió una y se la llevó a la boca. Las galletas le encantaban y esas en concreto tenían un sabor especial. Eran de esas galletas que por muchas que comieses, no empalagaban y seguías teniendo ganas de más.

— ¿A que están buenas? Toma otra— Astoria sacó una galleta y se la dio al ver que se había terminado la primera.

— ¿Cuántas te has comido tú?— Pansy vio que aún quedaban bastantes en el bol.

— No sé, no las he contado. Creo que cinco o seis. Es que como acabo de cenar no tengo mucha hambre. Dentro de un rato, antes de dormir cogeré unas cuantas más.

— ¿Te importa si cojo muchas?— tenía más hambre que antes de empezar a comérselas.

— Se supone que es un regalo para las dos, así que me da igual. Voy a ponerme el pijama.

Pansy asintió en silencio y cogió un libro de su mesita de noche. Luego volvió a tumbarse en la cama y mientras leía, picoteó galletas. Así pasó largo rato y cuando quiso darse cuenta, prácticamente se las había comido todas.

— ¡Ahh! ¡Pero qué has hecho! ¡Te las has zampado todas asquerosa!— Astoria terminó de hacerse una trenza y se acercó a ella. Vio que en el bol sólo quedaban dos galletas.

— Cómetelas tú. Estoy llenísima.

Astoria se encogió de hombros y fue a coger una, pero se quedó inmóvil al sentir un fuerte retortijón en el estómago.

— ¡Ay!— exclamó llevándose la mano al vientre. Comenzó a dolerle tanto que tuvo que encorvarse. Apenas podía respirar.

— ¿Qué te pasa?— Pansy se incorporó rápidamente. Al hacerlo, le sucedió lo mismo— ¡Joder! ¡Qué dolor!

Sus retortijones se volvieron cada vez más fuertes y después notó en su intestino el crujido. Ese crujido que te indica que algo va mal dentro de ti. Que te indica que tarde o temprano acabarás expulsando el demonio que llevas dentro.

— ¡Mierda! ¡Mierda!— nunca mejor dicho, pensó Pansy— ¡Necesito ir al cuarto de baño!

Astoria la siguió casi sin poder andar, apoyándose en el primer sitio que tuvo a mano, porque le costaba horrores caminar. Sentía que de un momento a otro iba a explotar. Pansy se acercó a la puerta del baño y comenzó a aporrearla.

— ¡Daphne! ¡Sal de ahí ahora mismo!

Daphne permanecía tumbada, dentro de la bañera, con la cabeza hacia atrás y los ojos cerrados. Había lanzado un hechizo contra el picaporte porque necesitaba su momento de relax a toda costa y nadie se lo iba a estropear.

— ¡No he terminado aún de bañarme y no me apetece salir! Además, ¡no habéis querido darme galletas!

— ¡Hermana! ¡Cómo no salgas de ahí ahora mismo, voy a cagarme en ti!— Astoria estaba desesperada. Sí, iba a cagarse en ella, literalmente.

'' Me gusta el agua bien calentita, no tengo prisa porque no me habéis dado galletitas''— se escuchaba a Daphne canturreando dentro del cuarto de baño— ''Si tenéis problemas de barriga, no es asunto mío, que queréis que os diga…''

— ¡Maldita seas Daphne! ¡Maldita seas!— Astoria apartó a Pansy (la cual se retorcía de dolor y empezaba a convulsionar) y le pegó una fuerte patada a la puerta.

Pansy comenzó a sollozar.

— Astoria por favor, vamos a otro cuarto de baño. Creo que no voy a aguantar mucho más— El dolor que sentía era insoportable. El intestino iba a reventarle de un momento a otro.

Astoria asintió al ver que su hermana no les hacía caso y ambas salieron rápidamente de la habitación.

— ¿Qué narices llevaban esas galletas? — Greengrass pensaba que quizás estaban en mal estado y se habían intoxicado.

— No lo sé, Astoria. No lo sé, pero me duele mucho.

Pansy no podía respirar. Sólo jadeaba por el esfuerzo que tenía que hacer para conseguir llegar a tiempo al cuarto de baño. El dolor que estaba sintiendo era tan fuerte que incluso tenía ganas de vomitar. Podía percibir claramente la acidez en su boca y de vez en cuando se le escapaba un eructo. Apenas podía caminar, así que se limitaba a seguir los pasos de Astoria. Había comido muchas más galletas y tenía miedo de cuáles podrían ser las consecuencias. Se percató de que algunos alumnos que andaban por los pasillos en dirección a la Sala Común las miraban extrañados. De hecho, Astoria iba en pijama. Era normal que llamasen la atención. Por suerte, ella aún no se había cambiado. Cuando Astoria se paró en seco, y Pansy vio dónde estaban, se quedó lívida.

El cuarto de baño de Myrtle la Llorona.

Notaba un sudor frío recorriéndole todo el cuerpo y no era sólo por el malestar que sentía.

— Yo no pienso entrar ahí— tenía pánico porque Lunática siguiese tirada inconsciente en el suelo. Prefería ir a otro cuarto de baño que entrar en ese.

— A mí me importa bien poco, no puedo más— Astoria se apresuró y Pansy chasqueó la lengua al quedarse sola. No tenía muchas opciones así que la siguió. Para su sorpresa no había nadie. Aún seguía habiendo sangre en el suelo, pero ni Luna ni su bicho estaban allí. ¿Alguien la habría visto? Su preocupación hizo que le doliese aún más la barriga.

Se apresuró a entrar en uno de los cubículos pero en ese momento vieron a Myrtle lloriqueando sentada junto a la ventana.

— ¡Qué hacéis vosotras aquí!— chilló haciendo un gesto compungido. Había estado en el cuarto de baño de prefectos disfrutando de las vistas pero ahora encontraba su baño manchado de sangre y por si fuera poco aparecían esas dos Slytherins que tenían por costumbre atormentarla cada vez que la veían— ¡¿Vais a tirarme otro libro a la cabeza?!

— ¡CÁLLATE ADEFESIO MALHECHO! — le espetó Astoria abriendo la puerta del cubículo y encerrándose dentro. Pansy, al ver que no aguantaba mucho más, ignoró los lloriqueos del fantasma y se metió en el de al lado.

Silencio.

Silencio y sollozos de un fantasma.

Y de pronto, esos sollozos se transformaron en un grito ahogado. Myrtle se llevó las manos a los oídos al escuchar la explosión de las repetidas evacuaciones completamente traumatizada.

— ¡QUÉ ASCO! ¡QUÉ ASCO!— chilló histérica, flotando por todo el cuarto de baño con la esperanza de conseguir olvidar lo que acababa de escuchar.

— ¡POR DIOOOOOOOOOS! — gritó Pansy desde el interior del cubículo al ver que volvía a estallar.

Myrtle comenzó a lloriquear.

— ¡HABÉIS ENSUCIADO MI CUARTO DE BAÑO! — berreó furiosa metiéndose en las cañerías de los retretes de los cubículos vacíos… y limpios, haciendo que grandes chorros de agua saliesen de ellos, empapando todo el suelo del cuarto de baño.

— ¡Cállate chalada!— bramó Astoria agarrándose fuertemente al retrete, clavando las uñas, intentando respirar profundamente para controlar las contracciones tan fuertes que sentía, pero volvían una y otra vez, seguidas de estruendosas ventosidades y del jugo que estaba expulsando de su cuerpo.

— ¡Astoria! ¡No puedo! ¡Voy a morirme!— A Pansy le ardía el culo. Jamás le había ardido tanto. Necesitaba ayuda. Lo que le estaba pasando no era normal y aunque hubiese expulsado gran parte de lo que había comido ese día, notaba que cada vez estaba peor. Se encontraba muy mal. Se miró las manos y vio que le temblaban mucho. Tenía que ir a la enfermería. Pomfrey quizás podía calmarle ese dolor tan insoportable. ¿Pero cómo narices iba a llegar hasta allí? ¡Si no podía parar! ¡ERA COMO UN PUTO GRIFO ABIERTO!

— ¡ESTÁIS PODRIDAS! — chillaba Myrtle. Tenía ganas de meterse en uno de los cubículos para plantarles cara, pero prefería no ver lo que estaba sucediendo allí dentro. Aunque era un fantasma, seguía teniendo olfato y…— ¡VAIS A ATASCAR MIS CAÑERÍAS! ¡CÓMO VOY A BAÑARME AHORA!

El fantasma montó un berrinche y abrió todos los grifos del cuarto de baño, inundando la estancia. Quería que se fuesen de su hogar. De su querido hogar que estaba siendo mancillado por esas dos malditas. ¡Slytherins tenían que ser!

— ¡Tienes suerte de que no tengo un libro a mano, llorona! ¡Que eres una llorona! — Astoria a pesar de estar sufriendo continuaba metiendo el dedo en la yaga. Esa Myrtle era una tonta inmadura y no dejaba de gritar. Maldita sea, ¿es que no podía cagar tranquila?

— ¡Ojalá se os salgan los intestinos!— chilló Myrtle lloriqueando y esfumándose por una de las paredes. No iba a volver más a ese cuarto de baño. Ya se lo había replanteado varias veces, pero… lo que acababa de ''vivir'' (qué irónico para ella), la había dejado en shock. Se trasladaría al cuarto de baño de prefectos. ¡Decidido!

Al cabo de un rato, Astoria consiguió levantarse del retrete, tiró un par de veces de la cisterna para limpiar el estropicio que había causado y abrió la puerta del cubículo. Pansy seguía gimiendo de dolor y lamentándose.

— Pansy— musitó Astoria con la boca reseca, apoyando la mano contra la puerta de su cubículo. Estaba completamente deshidratada. Estaba claro que habían sido las malditas galletas. Gracias a Salazar que la mayoría se las había comido su amiga y no ella. Menos mal— ¿Sigues viva?

— As-to-ria— la voz de la Slytherin sonó temblorosa— Necesi-to que m-e vea Pomf-rey…

Greengrass frunció el ceño. ¡Genial! Ahora iba a tener que cargar con ella hasta la enfermería.

— Por fa-vor…

Astoria fue a decirle que no pero de pronto sintió otro fuerte retortijón. ¿CÓMO? ¿Aún no había acabado? ¡Si no podía más! Ya estaba vacía.

Decidió que Pansy tenía razón con lo de ir a ver a Pomfrey, así que cuando ella salió del cubículo, la agarró de la cintura, dejando que le echase el brazo por encima y ambas se marcharon a la enfermería.

— No sé si voy a poder aguantar— Pansy estaba muy débil. Veía borroso y no sabía si iba a ser capaz de llegar a la enfermería sin mancharse las bragas.

— Podemos conseguirlo— la animó Astoria intentando andar un poco más deprisa. ¡Joder cómo pesaba! ¡Ni que estuviese cargando con un muerto!— Aprieta el culo con fuerza.

— Me duele y me escuece— farfulló angustiada— Si tuviésemos aquí la varita…

— No podríamos hacer nada de todas formas— la interrumpió Astoria— Arggghh esto es insoportable.

Había vuelto a notar el retortijón. No, no, no. Tenían que darse prisa. Con un poco de suerte Pomfrey les daría una poción y ese gran malestar se les pasaría en un abrir y cerrar de ojos. La cuestión era… ¿quién narices les había dejado esas galletas en la habitación? Estaba claro que tenía que ser alguien de Slytherin. Encima la maldita de su hermana no las había dejado entrar en el cuarto de baño. Ya se las pagaría cuando la pillase.

Iban caminando apresuradamente cuando pasaron varios chicos de Slytherin de sexto. Algunos de ellos eran muy atractivos y Astoria se sonrojó. Ni siquiera recordaba que iba en pijama… qué vergüenza. ¡Pero daba igual! Ella estaba guapa de todas formas.

Para su desgracia, una contracción más fuerte le embistió el estómago y sin poder controlarse, se le escapó una apestosa flatulencia.

— ¿Has escuchado tío? ¡Buagg qué asco!— se mofó uno de los chicos— ¿Esa no era Astoria Greengrass? ¡Ya verás cuando los demás se enteren de que se tira pedos!

— Sí y la otra es Pansy Parkinson… ¡JODER QUÉ MAL HUELE!

Astoria se paró enfurecida y se giró.

— ¡Callaos ahora mismo si no queréis que os lance una Cruciatus! ¡Cómo digáis algo de esto os juro que os mato!— Los chicos no dijeron nada y huyeron rápidamente para evitar aspirar aquella fragancia. Pansy se estremeció al escuchar sus palabras. Habían sido las mismas que le dijo a Lunática esa tarde. Ese pensamiento hizo que se le encogiese el estómago de pura ansiedad empeorando su dolor de barriga.

— Astoria vamos rápido, no puedo aguantar mucho más.

Mientras tanto, en la enfermería…

Pomfrey estaba alegre y eufórica, guardando todos los pergaminos en los cajones de su escritorio. Gracias a Morgana ese día no había tenido que hacer gran cosa. La chica enferma de Hufflepuff se había marchado por la mañana y durante todo el día, la enfermería había estado completamente vacía, sin ningún alumno malherido o enfermo. Hacía días que no se sentía tan relajada. Un respiro de vez en cuando no le venía nada mal y últimamente había visto cosas muy extrañas… No creía que fuese a encontrarse con algo peor hasta que esa noche aparecieron Pansy Parkinson y Astoria Greengrass irrumpiendo la tranquilidad de la estancia.

Pomfrey se preocupó un poco al ver que estaban muy pálidas y sudorosas. Tuvo el presentimiento de que algo malo se avecinaba.

— Necesitamos ay-uda…— musitó Pansy apartándose de Astoria y comenzando a tambalearse. La enfermera tuvo que sujetarla por los hombros para que no se cayese.

— ¡Señorita Parkinson! ¿Qué le sucede?— Estaba fría. Fría como el hielo pero antes de que Pansy pudiera responder volvió a sentir otra fuerte contracción y no pudo aguantar más. Miró a todos lados y vio que junto a una camilla había un palangana. Sin dudarlo, se aproximó corriendo, se bajó las bragas y se sentó.

''PLFFFF, BRRRRRR, PLFFFFFFF, GRBBBBBB''

La enfermera soltó un grito, horrorizada y se llevó las manos a la cara ante la imagen y sonidos tan desagradables que estaba presenciando. La situación empeoró cuando Astoria buscó rápidamente otra palangana y comenzó a vaciarse literalmente.

— ¡POR MERLIN BENDITO! ¡QUÉ HAN TOMADO! — A pesar de toda su experiencia, Pomfrey no sabía qué hacer. Si el sonido ya era desagradable de por sí, el olor fétido que emanaban era la cosa más apestosa que había olido en su vida. ¡Tenía que buscar una solución cuanto antes si no quería que esas chicas terminasen deshidratadas por completo!

— ¡AHHHHHHHH! ¡MI CULOOOOOO!— a Astoria se le puso la cara roja del esfuerzo tan grande que tenía que hacer para aguantarse, algo que era imposible.

Madame Pomfrey comenzó a rebuscar por los armarios de la enfermería hasta dar con lo que quería. Se remangó, se puso unos guantes hasta la altura del hombro y una máscara facial para cubrirse el rostro (y de paso no oler lo que estaban expulsando esas muchachas de su cuerpo). Al ver que seguían vaciándose, buscó todas las palanganas que había por la enfermería y se las fue pasando. Merlín Bendito… y ella que pensaba que iba a ser una noche agradable. No iba a conseguir conciliar el sueño, desde luego. Buscó en una estantería unos cuantos frascos y comenzó a preparar una poción para cortarles la diarrea. Quizás así mejoraban un poco…

Al cabo de unas horas, Astoria Greengrass y Pansy Parkinson estaban tumbadas en las camillas de la enfermería, una frente a la otra, completamente deshidratadas y demacradas. Estaban pálidas como las sábanas y tenían los labios resecos. Pomfrey se había deshecho de todos las palanganas con regalitos, y les había dejado una limpia junto a las camillas por si volvía a darles el apretón, algo que estaba ocurriendo constantemente.

— Creo q-que jamás v-voy a volver a comer galletas— tartamudeó Pansy. La cabeza le dolía, notaba muy mal sabor de boca y el dolor punzante que sentía en el estómago y en el culo era insoportable.

Madame Pomfrey había tenido que echarles a ambas bastante crema en esa zona para aliviarles el escozor. Entre esa desagradable experiencia y el haber tenido que acarrear las palanganas llenas de porquería, iba a tardar mucho tiempo en olvidar esa noche. Definitivamente, no había visto nada más asqueroso en todos sus años como enfermera.

— ¿Y si ha sido Lunática?— preguntó de pronto Astoria moviéndose muy despacio para ponerse de lado. Tenía que tener mucho cuidado para no volver a sentir retortijones.

Pansy jadeó al escuchar a su amiga. No tenía ni fuerzas para hablar.

— ¿Qué quieres ahora? Duérmete.

— ¿Y si ha sido ella la que nos ha dado las galletas por lo que ha pasado esta tarde? ¡La voy a…

La enfermera que permanecía en su escritorio haciendo los informes de las pacientes les ordenó que dejasen de hablar.

— ¡Silencio! Es mejor que descansen y duerman. Así la poción hará efecto más rápido.

Astoria bufó molesta y se echó bruscamente la manta por encima. Genial. Maldita Pomfrey. ¿Pero y si había sido la loca la que les había regalado las galletas? La mataría si se enteraba. ¿Pero cómo había entrado en la Sala Común de Slytherin? De pronto, le vino otra contracción. Ohh no…

Pansy escuchó el sonido de su amiga desahogándose y suspiró preocupada sabiendo que les iba a esperar una noche muy larga. Y por si fuera poco, ella había sido la que más cantidad de galletas había comido, así que estaba claro que iba a dormir bien poco. ¿Quizás era el Karma? ¿Les estaba pasando eso por lo que le habían hecho a Lunática? No, no. Ella no creía en esas tonterías… Cogió un vaso con agua que había en la mesita de noche y le dio un pequeño sorbo para humedecerse la boca reseca. Luego se recostó y cerró los ojos. Pomfrey le había dado la poción pero aún así seguía encontrándose muy mal. Al menos, la enfermera le había proporcionado un pijama, se había quitado su uniforme y estaba más cómoda.

Recordó que al día siguiente había partido de Slytherin contra Ravenclaw. Maldita sea, y ella iba a tener que estar en la enfermería hasta que se le pasase la intoxicación. Hacía tiempo que no veía a Draco jugar y sinceramente le apetecía. Aunque le gustase Theo ahora, seguía sintiéndose atraída por él.

¿Por qué estaría riéndose de esa forma en el Gran Comedor?

Nunca lo había visto tan feliz y era tan guapo cuando sonreía...

Por un momento le había parecido que estaba mirando a la sangre sucia, pero eso era algo imposible. Ilógico.

Decidió dormir para descansar un poco, pero lamentablemente volvió a escuchar el crujido de su intestino.

— ¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!


Al día siguiente, Dean Thomas permanecía sentado en la mesa de Gryffindor, dándole el último bocado a su tostada con mantequilla y mermelada. Desde que se había levantado, el día no había ido nada bien. Le habían sucedido una serie de accidentes y deducía que era porque se había levantado con el pie izquierdo. Primero se había caído de la cama por culpa de una pesadilla en la que a él también le teñían el pelo de rubio. Al caerse se estampó contra el suelo, dándose un fuerte golpe en la cabeza, (lo que le había provocado que le saliera un gran chichón en la frente). Cuando entró en el cuarto de baño a echar una meada, la situación no mejoró. Fue a cerrar la puerta, medio dormido y aturdido por el golpe que se acababa de dar y accidentalmente, se pilló los dedos de la mano. Así que ahora estaba dolorido, con jaqueca y sin poder mover prácticamente la mano. Gracias a Merlín, ese día él no tenía que jugar un partido. Justo en ese momento, al masticar el trozo de pan que tenía en la boca, se mordió la lengua.

— ¡Ahh! ¡Joder!— exclamó haciendo aspavientos con la mano, como si ese estúpido gesto pudiese calmar su dolor.

— ¿Qué te pasa?— preguntó Ron algo incómodo, intentando terminar su desayuno lo más pronto posible. Llevaba el gorro pero tenía la sensación de que sus hermanos querían quitárselo. Lo observaban de una forma muy rara. Había conseguido disimular un poco el rubio de las cejas, tapándoselas lo máximo posible con el gorro, pero aún así estaba preocupado. Harry estaba sentado a su lado, algo inquieto porque no dejaba de pensar en cómo estaría Luna. No la había visto desde el día anterior y se preguntaba si se habría recuperado. Confiaba en que Theo estaría cuidando de ella.

— ¡Que me he mordido la lengua!— Dean estaba de un humor de perros. Todo le estaba saliendo mal ese día y no entendía por qué. ¿Quizás era…? No, no. ¿En qué demonios estaba pensando? Pero en cierto modo… tenía sentido.

Nah, imposible. Estaba delirando.

— ¿Dónde está Seamus?— Ron mordisqueaba el beicon como si la vida le fuese en ello. Estaba hambriento y necesitaba reponer energía. Por las noches tenía pesadillas en las que su pelo quedaba expuesto y Malfoy se enteraba de su percance. Obviamente no dormía mucho, así que se levantaba mareado y casi sin fuerzas.

— He quedado con él en el vestíbulo. Ahora después vamos a ir a ver el partido. ¿Vosotros qué vais a hacer?

Ron se mantuvo en silencio durante un momento, sin masticar la comida que tenía en la boca. Harry no dijo nada.

— Creo que voy a quedarme en la habitación— comentó el pelirrojo.

— Venga ya, si es por lo del pelo…— se quejó Harry.

— ¡Shh! Cállate Harry. Fred y George pueden enterarse— vio que sus hermanos estaban sentados un poco más alejados pero no dejaban de observarles. Parecía que tenían la oreja pegada a la conversación. Desde luego no iba a ver el partido, por muy pesados que se pusiesen Harry y los demás. Entre el bullicio de gente podían arrebatarle el gorro perfectamente, y si había soñado tanto con que le pasaba eso, era mejor no arriesgarse.

— ¿Y tú Harry? ¿Qué vas a hacer?— preguntó Dean levantándose de la mesa.

El Gryffindor no supo qué decir. Quería ver el partido, pero tampoco podía dejar a Ron solo en la habitación.

— Aún no lo sé, Dean.

— Bueno, como vosotros veais. Yo voy a buscar a Seamus. Nos vemos luego— Thomas se alejó y salió del Gran Comedor.

Cuando llegó al vestíbulo, estuvo un rato apoyado en la pared esperando a su amigo hasta que lo vio bajar por las escaleras.

— ¡Ehh tío!— levantó una mano para que lo viese, pero en ese momento Finnigan tropezó y cayó rodando escaleras abajo como si fuese una pelota— ¡SEAMUS!

Dean se acercó rápidamente y vio que estaba retorciéndose de dolor en el suelo. Lo ayudó a levantarse y le sacudió un poco de polvo de la túnica.

— ¿Estás bien?

— ¡NO! — exclamó frotándose el brazo, dolorido— ¡No te imaginas el día que llevo tío! ¡Horrible! ¡Estoy harto!

Dean se quedó callado. ¿No era el único?

— Yo también. Me han pasado un montón de cosas malas.

— ¿Ah sí? Pues mira, a mí…

Seamus Finnigan comenzó a contarle todas las desgracias que le habían ocurrido desde que no se habían visto esa mañana, pero Dean Thomas no lo escuchaba. Estaba divagando, absorto, cavilando. Sus sospechas eran cada vez más evidentes. Justamente hacía dos días desde que Ron recibió los regalos misteriosos y el tinte. Por desgracia no había podido quitárselo y ahora tenía que estar sufriendo, pasando una agonía constante para que nadie lo descubriese. Desde ahí, todo había ido de mal en peor. ¿Por qué le estaban pasando cosas malas a los tres? ¿Por qué Ron de pronto tenía una admiradora secreta? ¿Y si Lavender era la admiradora? ¿Se habría enterado de lo que sucedió con las bragas y les había echado una maldición? Ella era fanática de la profesora Trewlaney y todo lo relacionado con la Adivinación. Además tenía entendido que echaba las cartas del Tarot. ¿HABRÍA HECHO MAGIA NEGRA? Seguramente toda la maldición estaba en los trajes de Ron, y esos trajes estaban EN SU HABITACIÓN, por eso les estaba afectando. ¿Y si acababan contrayendo una enfermedad misteriosa y se morían?

— ¡OHH POR MERLÍN SEAMUS! ¡ESTAMOS MALDITOS!— exclamó horrorizado. Todo tenía sentido. Lavender era de Gryffindor y solamente alguien de Gryffindor podía haber entrado en la habitación. No había duda. Sabía que habían sido ellos los que robaron las bragas. ¡Pero ellos no tenían la culpa! ¡Había sido Ron!

— ¿Pero qué estás diciendo tío?— Seamus soltó una carcajada. Su amigo estaba delirando. Que se hubiesen levantado con el pie izquierdo no quería decir que estuviesen malditos.

— ¡Te lo digo en serio!— lo cogió del brazo y lo apartó un poco al ver que había mucha gente. Subieron las escaleras y se detuvieron en el primer piso. Estaba vacío así que allí podrían hablar tranquilamente— Creo que ha sido Lavender. Ella nos ha echado una maldición.

Seamus lo miró atónito y comenzó a desternillarse.

— Dean, ¿qué narices has desayunado? ¿A qué viene eso?

— Joder, que es verdad. Mira, todo tiene sentido— carraspeó y comenzó a contarle su hipótesis en voz baja. Era mejor que nadie los escuchase — Ella entró en nuestra habitación, se hizo pasar por la admiradora secreta de Ron porque descubrió que fuimos nosotros tres los de las bragas, hizo magia negra con la ropa, las gafas de Harry y el tinte, y como esos objetos malditos están en nuestra habitación, nos están pasando estas cosas tan horribles.

— Creo que necesitas entrar en San Mungo urgentemente— se mofó Seamus. ¿Cómo iba a haberse enterado Lavender de lo de las bragas? Era imposible.

— Que sí, que sí. Además, ella echa las cartas del Tarot y una vez me contaron que tenía una bola de cristal en su habitación con la que por las noches veía lo que hacía todo el mundo. ¡Seguro que así averiguó que éramos nosotros!

Seamus abrió mucho los ojos.

— ¿De dónde has sacado esas tonterías? Lavender no tiene ninguna bola de cristal.

— ¡¿Y tú como lo sabes?! ¡¿Y si la tiene?!

El Gryffindor miró a su amigo desconcertado. Quizás Dean tenía razón, pero… no podía ser. Aunque desde luego todas las cosas que les estaban pasando ese día eran muy raras. Pero no, no.

— Hay una cosa que no me cuadra Dean.

— ¿El qué?— inquirió interesado.

— Pues que…¿qué tiene que ver Harry en todo esto? ¿Por qué Lavender le regalaría unas gafas? Si él ni siquiera sabe lo de las bragas.

Dean se llevó la mano a la barbilla, pensativo.

— Quizás es para que no sospechemos de ella, no sé.

Seamus se puso a cavilar. Sólo eran especulaciones. Lo más seguro era que no hubiera nada de cierto en ellas.

— Tío, todo esto es muy raro. No creo que haya sido Lavender. Estás paranoico. Seguro que ha sido casualidad. Venga, vamos a la Sala Común, que quiero coger unas cuantas chocolatinas antes de ir a ver el partido— Dean vio que su amigo comenzaba a subir las escaleras para ir al séptimo piso. Quería que entrase en razón porque estaba seguro de que estaban malditos. Fue a retenerlo pero en ese momento, un alumno de Ravenclaw (que al parecer iba a jugar ese día en el partido), bajó corriendo vestido con su uniforme de Quidditch y la escoba en la mano. Por desgracia, no vio a Seamus venir y le estampó el palo de la escoba en sus partes nobles.

— ¡Joder!— gritó Seamus cayéndose de rodillas al suelo, acunando en sus manos sus partes blandas— ¡Mis huevos!

El chico Ravenclaw se disculpó y continuó con su camino apresuradamente.

Dean se aproximó a su amigo y esperó a que se recompusiera un poco del golpe.

— ¿Ves cómo estamos malditos?

— ¡¿Y qué narices vamos a hacer?!— Seamus no dejaba de moverse hacia delante y hacia atrás, sentado en el suelo, dolorido, con los ojos medio cerrados.

— No lo sé tío, no lo sé. Si no nos deshacemos de esta maldición cuanto antes, vamos a terminar muy mal— en la voz de Dean se podía percibir una angustiosa preocupación— ¿Y si vamos a hablar con ella?

Seamus lo miró de hito en hito.

— ¡¿ESTÁS LOCO?!— consiguió levantarse al fin y comenzó a caminar separando un poco las piernas, para no rozarse ahí— ¡Entonces sí que estaremos muertos!

— Pero es que nosotros no tuvimos la culpa. Fue Ron quién decidió ir a buscarlas. Quizás si le pedimos perdón, nos quita la maldición.

— Sí, pero nosotros no nos negamos y le hicimos caso a Ron. Seguimos siendo culpables de todas formas.

— ¡Ahh!— Dean se llevó las manos a la cabeza, exasperado. Con la vida tan bonita que tenía por delante. ¡No quería verse afectado por la magia negra! ¡Él quería casarse, tener hijos, pillarse una borrachera en condiciones! ¡Había muchas cosas que no había hecho, por Merlín!

— Venga, olvídate. Seguro que la maldición o lo que sea que tengamos desaparece rápido. Volvamos a la Sala Común, ya verás como luego en el partido se te olvida todo— Dean no pudo negarse. Su amigo se había adelantado y prefería no quedarse solo. A lo mejor si estaba en compañía la magia negra no le afectaba tanto.

Mientras tanto, Lavender Brown estaba sentada en uno de los sofás de la Sala Común junto a la chimenea, poniéndose un poco de brillo en los labios, esperando a que Hermione y las demás bajasen de la habitación para ir a ver el partido. Había ido esa mañana a devolver un libro a la biblioteca relacionado con las cartas del Tarot porque estaba intranquila con lo que había salido en ellas en Nochebuena, y ahora había vuelto a la Sala Común. Había preferido quedarse allí esperando a sus amigas por si daba la casualidad y veía a Cormac McLaggen. Definitivamente era una idiota. Querer verlo después de lo que le había hecho. ¡Tenía que olvidarle de una vez, porras! Encima había pasado por su lado con sus amigos para ir al partido de Quidditch y la había mirado con una cara muy extraña. Argg, ¡¿POR QUÉ LA HABÍA TRAICIONADO?!

Estaba enfadada, furiosa, echándose cada vez más brillo, cuando de pronto se percató de que Dean Thomas y Seamus Finnigan entraban por el retrato de la Dama Gorda y la miraban con los ojos como platos.

— ¡¿Qué narices queréis?!— Estaba muy molesta. Encima se quedaban con cara de bobos observándola. No estaba para tonterías ese día.

Dean permanecía quieto, inmóvil, rígido como una estatua al lado de Seamus.

— Seamus, está muy enfadada. Seguro que ahora la maldición empeora— masculló en voz baja.

Finnigan le dio un codazo.

— Cállate que mira como nos está mirando. No quiero terminar hoy en la enfermería.

La ansiedad que estaba experimentando Dean no era usual en él. Por Dios, no podía ni tragar saliva. Tenía ganas de llorar. No podía aguantarlo.

— ¡Me da igual!— exclamó apartándose de Seamus— ¡Voy a terminar con esto de una vez!

— ¡NO TÍO! ¡NO!— Finnigan intentó retenerlo pero era demasiado tarde. Dean se aproximó a Lavender, parándose frente a ella y cayó de rodillas para suplicarle.

Lavender se quedó atónita. ¿ACASO ESTABA ARRODILLÁNDOSE PARA PEDIRLE UNA CITA? ¡Lo que faltaba!

— ¡Lavender, Lavender! ¡LO SIENTO! ¡NOSOTROS NO HICIMOS NADA! Seamus y yo sólo seguimos a Ron y…

— Tío déjalo que va a ser peor— intentó intervenir Seamus pero no sirvió de nada. Lavender se mantenía en la misma postura, con la boca abierta y el brillo de labios en la mano. No entendía lo que estaba sucediendo.

— ¡Cállate!— Dean le gritó a su amigo y luego volvió a mirar a Lavender, suplicándole desesperado— ¡POR FAVOR! ¡Perdónanos! ¡Quítanos la maldición y te juro que nunca volveremos a molestarte!

Lavender no salía de su asombro. ¿Maldición? ¿De qué narices estaba hablando Dean? Nunca lo había visto así. Seguramente le faltaba un tornillo.

— ¡Que no nos va a perdonar!— exclamó Seamus histérico pero Dean lo ignoraba por completo.

— Ron fue el que planeó lo de las bragas. Nosotros no hicimos nada te lo juro. ¡Él fue el que las cogió del baúl de McLaggen!

A Lavender se le encogió el estómago y durante un momento todas las palabras, los murmullos e incluso Dean y Seamus, se esfumaron de su cabeza. Sólo estaba ella, el silencio y la verdad acompañada del remordimiento.

Cormac McLaggen no había tenido nada que ver.

Él no había sido.

— ¡Sé que has hecho magia negra con la ropa de Ron y…

— ¡CÁLLATE! — aulló de pronto furiosa, levantándose como un resorte del sofá. ¿Cómo habían podido hacerle algo así? Y peor aún… ¡¿Cómo ella había podido desconfiar de Cormac durante tanto tiempo?!

Dean se levantó al verla tan enfadada y retrocedió varios pasos asustado hasta estar junto a su amigo. Ohh no. ¡Ella iba a matarlos! ¡Seguro que no les quitaría la maldición nunca!

— ¡NO SABÉIS LO QUE HABÉIS HECHO! — bramó histérica acercándose mucho a ellos dispuesta a lanzarles un maleficio— ¡NO SABÉIS CUÁNTO HE SUFRIDO POR VUESTRA CULPA!

Seamus se mordió la lengua. ¿ACASO NO SABÍA LA VERDAD?

— ¡Dean eres imbécil! ¡Te dije que Lavender no sabía nada!

— Que sí, que ella hace magia negra…

— ¡CALLAOS! — el silencio se hizo y Lavender se apretó el puente de la nariz intentando no perder los nervios— ¿Quién lo planeó? ¿Quién lo decidió?

Seamus no se atrevía a hablar.

— Ya te lo he dicho— musitó Dean acojonado— Ron nos despertó una mañana y nos dijo que le acompañásemos al cuarto de McLaggen. Nos contó que quería coger tus bragas pero no teníamos ni idea de que todo fuese a desmadrarse hasta ese punto...

Lavender se quedó pasmada. Así que el dichoso Ro-Ro de las narices había sido el culpable. La cuestión era… ¿Cómo sabía que Cormac tenía sus bragas? Bueno, eso era lo de menos… Lo relevante era que había sido él. Que Cormac no tenía nada que ver, y en parte eso la aliviaba.

— Por favor Lavender, te juro que nosotros nos arrepentimos desde el momento en que te vimos llorando, nosotros no queríamos…— Dean estaba completamente frustrado. No sabía qué decir para que ella les perdonase, porque tal como los miraba parecía que los iba a matar.

— Déjalo— lo cortó Lavender muy seria. Desde luego Dean y Seamus habían sido meros títeres en todo ese asunto. El cabecilla que lo había tramado todo había sido el zanahorio. ¿Dónde demonios estaría? Cuando lo pillara, iba a enterarse.

Pero antes, tenía que hablar con Cormac. Necesitaba pedirle perdón por haber desconfiado de él. Sabía que ya se había marchado al campo de Quidditch y que el partido estaba a punto de comenzar, así que lo mejor era esperar a que terminase. En ese momento, Hermione y las demás bajaron las escaleras y la saludaron.

— Iros antes de que me arrepienta— susurró Lavender fulminándolos con la mirada antes de que sus amigas estuvieran más cerca y pudieran escucharla. De todas formas, si Dean no hubiese hablado, nunca se hubiese enterado de la verdad, así que en parte estaba agradecida, pero eso no quería decir que fuera a perdonarles fácilmente, y desde luego, Ro-Ro iba a recibir su merecido.

— ¿Pero nos perdonas la maldición?— preguntó Dean mientras Seamus lo empujaba por detrás para largarse a su habitación cuanto antes.

— ¡Cállate tío!— Seamus estaba desquiciado. Sabía que no iba a ocurrir nada bueno. ¿Cómo narices iban a dormir tranquilos después de lo sucedido? ¡Ron los iba a matar! Era mejor no decirle nada. Si ''el pelirrojo'' se enteraba, le echaría la culpa a Dean que era el que lo había soltado a los cuatro vientos.

Sí, él no tenía nada que ver.

Hermione, Parvati y Ginny se acercaron a Lavender y vieron que estaba muy enfadada.

— ¿De qué estabas hablando con ellos?— Hermione la miró a los ojos, pero ella bajó la cabeza, intentando disimular.

— De nada, nada. Vamos a ver el partido.

— Por cierto, ¿habéis visto a Luna? — preguntó de pronto Ginny. Apenas podía respirar. Partido de Slytherin contra Ravenclaw. Zabini iba a estar jugando. Iba a tener que mirarlo durante todo el partido. ¡Ella no quería verle joder! ¡Ni siquiera quería ir al campo de Quidditch! ¿Por qué no podía quedarse tranquila en su habitación? Su único consuelo era que el chupetón apenas se veía. Gracias a Morgana no iba a tener que estar con la marca de sus labios por más tiempo.

Sus labios.

Se estremeció sólo de recordarlos sobre su cuello...y sobre su boca.

— Ginny ¿qué te pasa?— preguntó Parvati al ver que le daba un escalofrío.

— Ehh, nada. Que tengo frío. ¿Qué pasa con Luna?

— Creo que estará de comentarista durante el partido para sustituir a Zacharias Smith porque está afónico. Así que no podrá estar con nosotras en las gradas— comentó Hermione mientras salían de allí.

— Será mejor que nos apresuremos— dijo Lavender. Quería llegar cuanto antes al campo de Quidditch. Sabía que allí no iba a tener la oportunidad de hablar a solas con Cormac pero al menos lo vería.

Durante el resto del camino, las chicas estuvieron haciendo conjeturas sobre quién iba a ganar el partido. ¿Ravenclaw o Slytherin? Parvati y Lavender votaron a favor de las serpientes (desde que pasaban más tiempo con Crabbe y Goyle, no tenían nada en contra de su casa), y Ginny y Hermione dijeron que no. Que ganaría Ravenclaw, aunque realmente ambas pensaban lo contrario.

Cuando llegaron a las gradas, todo el mundo estaba gritando, dando saltos y alzando las banderas. Madame Hooch tocó el silbato y el partido empezó. Luna comentaba a su manera pero Hermione no escuchaba. De vez en cuando la Ravenclaw divagaba y se ponía a hablar con Oníria (la cual estaba encima de su hombro). Theo permanecía en las gradas junto a los demás Slytherins que no estaban en el equipo, animando a sus amigos que luchaban por conseguir la victoria.

Hermione se rió para sí misma. Jamás había estado tan atenta al equipo de Slytherin, o mejor dicho, al buscador de la snitch. Malfoy. Siempre que había presenciado un partido entre Slytherin y otra casa, había estado pendiente del otro equipo rezando porque ganase a las serpientes y ahora, todo era distinto. Miró a Ginny y vio que ella tampoco apartaba la vista del equipo de Slytherin. Seguramente era por Crabbe y Goyle. Ellos comenzaban a caerles bien, pero la pelirroja no apartaba la vista de Zabini. En ese momento, él tenía la Quaffle e iba volando rápidamente en dirección a los tres aros de Ravenclaw.

'' Métela, métela'' — pensaba, pero la otra parte de su mente le decía: ¡Pero qué dices Ginny Weasley! ¡Que es Zabini! Tiene que fallar, estrellarse contra el aro más alto y caerse de la escoba, (y quedarse de paso sin Blaisiconda).''

—'' ¡Zabini, Zabini diez puntos Slytherin!''— Luna había acercado el micrófono a Oníria y la mariposa se había puesto a describir el partido. Ella estaba más atenta a otros detalles como las nubes del cielo, los pajarillos que revoloteaban por la zona, los Nargles...

— Genial, ha metido— musitó entre dientes la pelirroja con cierto sarcasmo.

— ¡Que gane Slytherin! ¡Que gane Slytherin! — exclamaba Parvati dando saltitos. Ante su comentario, algunos alumnos de Gryffindor que estaban detrás de ellas en las gradas, la miraron con mala cara, pero no le importó. ¿Ravenclaw? ¡BAH! Tenían que ganar los Slytherins. Observó a Crabbe y Goyle y vio que golpeaban las bludgers como locos. Estaban sudorosos y no paraban de jadear.

Gregory se percató de que Parvati lo estaba animando y hacía señas muy raras con la mano, así que se puso muy nervioso. Tanto que no vio la bludger que iba hacia él. Casi se cayó de la escoba, pero por suerte consiguió mantener el equilibrio.

Lavender por otra parte, no estaba muy atenta al partido. Había mirado por las gradas pero Ron Weasley no había dado señales de vida. Ni él ni Harry estaban allí y Seamus y Dean al parecer tampoco. Menudos cobardes… De pronto se dio cuenta de que Cormac estaba detrás con su grupo de amigos de sexto y todos animaban a Ravenclaw. Él notó que alguien le clavaba la mirada y cuando vio que era Lavender se quedó pasmado observándola. Lavender, instintivamente giró la cara centrándose de nuevo en el partido.

Vergüenza, vergüenza, vergüenza.

La había pillado, pero bueno… tarde o temprano tendría que hablar con él. En ese momento se fijó en Draco Malfoy. Había encontrado la snitch e iba volando al lado de Cho Chang, ambos luchando y embistiéndose brutalmente para conseguirla. ¡Quería que alguien la atrapase de una vez y que terminase el partido! Así podría hablar con su Cormy.

De pronto, algo sucedió.

Por unos segundos el tiempo se detuvo y hubo silencio. No se escuchaba ruido. Sólo el silencio. Draco Malfoy casi rozando la snitch.

Rozando la snitch y abriendo un poco más la mano.

Vincent Crabbe golpeando con todas sus fuerzas una bludger que no dejaba de incordiar. Una bludger que fue a parar a toda velocidad a las gradas donde estaban las chicas. Y todo se torció. Hermione apretaba los puños, expectante, sin apartar la vista de Malfoy. Iba a ganar, iba a ganar, iba…

Justo cuando él atrapó la snitch y Madame Hooch fue a tocar el silbato para que finalizase el partido, Hermione la vio. La bludger.

La bludger que iba hacia a ellas, para ser más concretos hacia Lavender. La expresión de su rostro cambió y el pánico la sacudió.

Lavender se había quedado inmóvil. Su mente se había bloqueado. Sabía que corría peligro, que tenía que apartarse, pero su sistema nervioso no procesaba esa información, y si Hermione no la hubiese empujado para apartarla, quizás todo hubiese sido muy diferente.

La bludger le dio en el codo, apenas fue un roce, pero le dolió como nunca antes le había dolido algo, y al sentir el repentino empujón que le dio Hermione, perdió el equilibrio y cayó estampándose contra el suelo de las gradas, dándose un fuerte golpe en la cabeza.

Por suerte, todos los alumnos que había detrás se apartaron a tiempo y los daños los sufrieron las gradas, donde quedó un gran agujero, pero Lavender no escuchaba nada. Sólo veía imágenes borrosas de gente que se acercaba a ella rápidamente. Y esas imágenes se fueron volviendo cada vez más opacas hasta que sólo quedó la densa oscuridad.

Y el silencio.

Al cabo de segundos, minutos, horas, días, no supo exactamente cuánto tiempo había transcurrido, ella despertó. Los párpados le pesaban, la luz que había en la estancia le molestaba y aquel lugar le resultaba familiar.

¿La enfermería?

Abrió un poco más los ojos, intentando parpadear rápidamente para visualizar a las personas que la rodeaban y vio a las chicas. Estaban todas, incluso Luna. Y también Crabbe y Goyle. Miró a las otras camas y vio que allí estaban Pansy Parkinson y Astoria Greengrass, pero dormían. ¿Qué había pasado?

— ¡Lavender, Lavender!— la zarandeó Crabbe— ¡Lo siento! ¡Esa bludger estaba loca!

Lavender se incorporó y vio que tenía el brazo atado en un cabestrillo. Le dolía un poco pero parecía que no estaba roto.

— ¿Cuánto tiempo llevo así?

Hermione se sentó en la cama a su lado y la miró preocupada.

— Un par de horas. Menos mal que estás bien. Si no te hubiese apartado de esa bludger…

Lavender se destapó. Menudo calor hacía. La cabeza le dolía del golpe pero se miró el cuerpo y vio que no tenía ninguna magulladura. Menos mal. No quería tener heridas o moratones por nada del mundo, y más ahora que necesitaba buscar a Cormy para hablar con él. Aunque tenía el maldito cabestrillo. ¡Porras!

Miró a Luna, Parvati y Ginny y vio que parecían bastante preocupadas.

— Estoy bien, estoy bien— intentó tranquilizarlas esbozando una sonrisita, algo que sin duda pareció funcionar, porque todas suspiraron aliviadas. Y los gorilas también— ¡Por cierto Crabby, Crabby! ¿Qué hacéis aquí? No os pueden ver con nosotras.

Hermione rodó los ojos.

— Ya les he avisado Lavender, pero no me han hecho caso. Han insistido en venir.

Crabbe puso un gesto compungido y sacó un pañuelo para secarse las lágrimas. Al parecer había estado llorando largo rato.

— De verdad, lo siento mucho Lavender… lo siento…

— ¡Bah! No te preocupes, si no ha sido nada— luego miró a la Ravenclaw— por cierto Lunita, ¿dónde te has dejado a tu amor? Que desde ayer no hemos sabido nada de vosotros.

Luna se estremeció. Por un lado, por lo que había sucedido con Theo en la sala de los Menesteres y por otro, porque Pansy y Astoria estaban allí. Menos mal que estaban durmiendo. Ella aún no se había recuperado del todo y el haber tenido que comentar el partido la había dejado agotada, pero varios días atrás McGonagall le pidió que sustituyese a Zacharias Smith y no podía fallarle. Además, no quería que nadie se enterase de lo que le habían hecho.

— Está en la Sala Común haciendo unos deberes, ¿sabes? Luego vamos a vernos— a pesar de que intentó sonar lo más convincente posible, no pudo evitar apartar la mirada. Quería asegurarse de que las dos Slytherins estuviesen dormidas. Lo que no comprendía era… ¿qué hacían ellas en la enfermería?

— Ahh, ¿y quién ha ganado al final el partido?— Lavender no recordaba muy bien lo último que había sucedido. Juraría que Malfoy estuvo a punto de atrapar la snitch pero…

— Slytherin— dijo Hermione sonriendo como una boba y a ella le extrañó. ¿Desde cuándo su amiga se alegraba porque ganasen las serpientes? Además, parecía que estaba en la inopia. ¿Qué le pasaba? Fue a preguntarle pero en ese momento alguien entró en la enfermería. Alguien que hizo que se olvidase de todo.

Cormac McLaggen. Y además, iba solo.

Lavender apoyó la espalda contra el cabecero y sin apartar la vista de él, les pidió a sus amigos que se marchasen.

— ¿Podéis dejarnos a solas? Tengo que hablar con él.

Parvati frunció el ceño. ¿No se suponía que ese pervertido le había robado las bragas? ¡Por qué estaba tan tranquila su amiga por Merlín! Al ver que Lavender los mataba a todos con la mirada porque seguían allí clavados, decidieron marcharse. Cormac vio como salían de la enfermería, se acercó a donde estaba Lavender y se sentó en una silla junto a la cama.

— ¿Cómo estás?— preguntó algo indeciso. Sabía que ella se enfadaría por verle allí pero estaba muy preocupado.

— Cormac yo…— Lavender se enrojeció al escuchar su voz. Hacía tiempo que no le tenía tan cerca y comenzó a marearse.

McLaggen se extrañó. Ya ni siquiera lo llamaba Cormy…seguramente querría mandarlo a la mierda.

— Mira Lavender…

— Lo siento— hablaron al unísono y Cormac abrió mucho los ojos.

— ¿Cómo?

— Sé que no fuiste tú. Lo siento. No tenía que haber dudado de ti.

Cormac se quedó paralizado por unos segundos. ¿Ella le creía? Por fin. Pensaba que nunca volvería a dirigirle la palabra. Suspiró aliviado al escucharla pero la cuestión era…

— ¿Cómo sabes que no fui yo?

Lavender no sabía por dónde empezar. Estaba segura de que si le contaba que había sido Ron se pondría furioso. Tenía que ser sutil y decírselo de tal forma que no se enfadase.

— Iba a hablar contigo después del partido para contártelo, pero al final mira dónde he terminado— soltó una risita pero Cormac estaba muy serio, así que tragó saliva y continuó— Esta mañana me he enterado de todo.

— Alguien entró en mi habitación.

— Lo sé Cormac, lo sé.

— Pero no sé quién fue.

Lavender vio que arrastraba la silla para acercarse más y que apoyaba los brazos sobre el colchón. Instintivamente puso la mano libre de cabestrillo encima de la suya. Cormac sintió un escalofrío al notar el calor de su tacto.

— Yo sí lo sé— musitó ella en un hilo de voz— pero no quiero que te enfades.

Cormac apretó los dientes.

— ¿Cómo no voy a enfadarme? ¿Sabes lo mal que me sentí cuando todos vieron tus bragas? No Lavender, no lo sabes.

— Tienes razón, no lo sé porque pensaba que habías sido tú— le acarició intentando relajarle— aunque durante todo este tiempo no dejaba de pensar en que había algo que fallaba. Que había algo que no cuadraba, porque no conseguía…

No conseguía sacarte de mi cabeza. Ohh por Dios no podía decirle algo así. Por suerte, Cormac no le preguntó. Él quería saber otra cosa.

— Lavender por favor, dime quién ha sido.

La chica exhaló relajando los hombros.

— Ro-Ro.

— ¿Ro-Ro? — preguntó extrañado. No se acostumbraba a los motes raros de Lavender.

— Sí, Ron Weasley.

Cormac apretó furioso las sábanas pero Lavender le acarició la mano para que no perdiese el control.

— Ya verás cuando lo vea…

— ¡No!— exclamó tajante— Quiero encargarme yo.

Cormac se levantó de la silla y se sentó en el colchón a su lado.

— Lavender— suspiró intentando no perder la calma— entró en mi habitación, rebuscó entre mis cosas y me robó tus bragas.

— Lo sé, pero como tú has dicho, eran mis bragas. Me ridiculizó a mí e hizo que pasase un rato bastante humillante, por eso quiero hacerlo yo.

Cormac chasqueó la lengua molesto, pero sabía que ella tenía muchos más motivos para querer vengarse, así que no puso objeciones.

— ¿Y qué tienes pensado?

Lavender no contestó y se levantó.

— ¿Qué haces? No puedes irte de aquí— musitó acercándose a ella para volver a tumbarla en la cama.

Pomfrey que estaba en su escritorio sentada, los vio y se aproximó a ellos.

— Señorita Brown, ¿a dónde piensa ir usted?

Lavender suspiró hastiada.

— Mire Pomfrey, me encuentro bien. Tengo que hacer muchísimas cosas y bueno, me gustaría irme.

— No se lo recomiendo— comentó cruzándose de brazos. Aunque así no tendría tanto trabajo. Al menos ella no estaba evacuando cada dos por tres como las chicas de Slytherin…

— De verdad, no me pasará nada. El brazo no me duele mucho. Me dejaré el cabestrillo y se acabó.

La enfermera la miró no muy convencida pero no le dijo nada. Menuda chiquilla. Casi la había matado una bludger y ahora se iba como si nada, tan tranquila. ¡Si apenas había reposado por Morgana!

Cormac la siguió y ambos salieron de la enfermería. Durante largo rato caminaron en silencio hasta que llegaron a la biblioteca. Lavender entró en la estancia y apartó una silla de la mesa para sentarse.

— Bien, necesito que me ayudes a buscar un hechizo.

— ¿Qué piensas hacerle al tonto de Weasley?

— Traumatizarlo de por vida. Así se lo pensará dos veces antes de ridiculizar a alguien.

Cormac se mantuvo en silencio y al final asintió.

— Cuéntame tu plan entonces.

Lavender carraspeó y lo miró a los ojos.

— Pues verás… en tercer curso, en la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras, el profesor Lupin nos mostró un Boggart que tenía en un armario y cuando Ro-Ro abrió la puerta…

Cormac permaneció atento a las palabras de Lavender y ella continuó explicándole su plan.

Mientras tanto, en la enfermería, Astoria Greengrass acababa de despertarse. Había escuchado las voces de mucha gente y no había dormido muy bien. El estómago le dolía un poco pero parecía que la poción de Pomfrey había hecho efecto porque ya no sentía la necesidad de coger la palangana que había bajo la cama.

— ¿Cómo se encuentra?— Pomfrey se percató de que se había despertado y se acercó a ella.

— Mejor, bastante mejor— se incorporó un poco y se acicaló el pelo.

— Creo que usted puede marcharse ya. Seguramente cuando tenga ganas de ir al cuarto de baño, aún expulsará… ya me entiende, no quiero entrar en detalles, pero al menos podrá ir a clase normalmente.

Astoria se levantó de la cama y se puso las zapatillas.

— ¿Y qué pasa con Pansy?

— Parece ser que ella está peor que usted, señorita Greengrass. Aún no se ha recuperado del todo. Es probable que tenga que estar un par de días más.

Astoria palideció. ¡Oh no! ¿Iba a tener que estar sola sin su amiga durante tantas horas? ¡Menos mal que tenía a su hermana! ¡Aunque la odiaba! Encima de que no las había dejado entrar en el cuarto de baño de la habitación, no había ido a visitarlas a la enfermería.

— De todas formas, tome este frasco— Pomfrey sacó una medicina del bolsillo de su túnica— En caso de que vuelva a sentir dolor, tómeselo. Su efecto será inmediato.

Astoria asintió, lo cogió y lo guardó en el bolsillo de su pijama. Miró por una de las ventanas de la enfermería y vio que comenzaba a oscurecer. Era mejor volver a su dormitorio. Estaba agotada y quería tumbarse un rato en su maravillosa cama. La de la enfermería era una porquería y le había dejado la espalda fatal. Además, apestaba. Necesitaba una ducha urgentemente. Se marchó de la estancia, dejando a Pansy sumergida en una pesadilla, balbuceando cosas extrañas y caminó por los pasillos hasta llegar a la entrada de la Sala Común de Slytherin. Murmuró la contraseña y atravesó el largo y oscuro pasillo. Rezaba porque no hubiese nadie en las mesas estudiando o en los sofás. Llevaba unas pintas horribles. Entre el pelo despeinado y el pijama arrugado… qué vergüenza.

Para su mala suerte cuando entró, Theodore Nott estaba sentado en una de las mesas, escribiendo tranquilamente con su pluma, haciendo unas tareas. Él, al escuchar los pasos de alguien, alzó la vista y la vio. Astoria se sonrojó y se apresuró a llegar a su habitación. Cuando entró, dio un portazo y apoyó la espalda contra la puerta. ¡¿Por qué precisamente se lo tenía que haber encontrado a él?! ¿Qué iba a pensar al haberla visto con ese aspecto tan horrible? ¡Quería que la tierra se la tragase! Decidió darse una ducha rápida para deshacerse del mal olor, se puso un pijama limpio y se abalanzó sobre su cama, quedando recostada bocarriba. Vio que su hermana no estaba en la habitación. A saber dónde había ido. Por suerte ella se encontraba sola. Gracias a Salazar. Iba a poder echar una cabezadita tranquilamente. Se acomodó un poco sobre las mantas y cerró los ojos. Menuda noche tan mala había pasado…pero ya estaba mejor. Metió las manos por debajo de la almohada, se desperezó un poco estirando las piernas y bostezó, relajada. Luego respiró. Inspiró profundamente y volvió a exhalar, pero no pudo volver a coger aire. Notó algo impactando contra su cara. Algo que se adhirió a su rostro como una lapa. Intentó abrir los ojos pero no veía nada. Sólo oscuridad. Su angustia aumentó cuando se percató de que no podía respirar. Se estaba asfixiando. Sacó las manos de debajo de la almohada para quitarse esa cosa de la cara y se dio cuenta de que era un cojín y unas manos empujándolo. Alguien estaba intentando matarla. Comenzó a patalear violentamente dominada por el pánico, pero lo único que consiguió fue que ejerciesen más presión con el cojín sobre su cara. No entendía qué estaba sucediendo. Intentó hacer acopio de todas sus fuerzas para apartarle pero no pudo. Era fuerte. Comenzó a gemir al darse cuenta de que estaba a punto de perder el conocimiento. De que estaba ahogándose. Y en ese momento se dio cuenta.

Se dio cuenta de que iba a morir.

Se dio cuenta porque pequeños retazos de su vida pasaron ante sus ojos a la velocidad de la luz. Apenas le quedaba aliento y el corazón le palpitaba tanto que le dolía. Los pataleos y forcejeos cada vez se volvieron más débiles y cuando creía que todo iba a terminar, pudo respirar. Jadeaba. Jamás había jadeado tan desesperadamente. Ni siquiera después de haber aguantado la respiración bajo el agua. A pesar de que tenía los ojos abiertos, veía borroso. Había alguien frente a ella. Alguien que le resultaba familiar, pero no podía fijar bien la vista en esa persona. Ni siquiera podía hablar. Intentó incorporarse pero volvió a caerse sobre el colchón. No podía cerrar la boca y tenía que hacer un gran esfuerzo para no desmayarse, y de pronto escuchó su voz.

Una voz que le hizo verlo todo claro, nítido como el agua cristalina.

— ¿Qué te creías Astoria? ¿Que ibas a salirte con la tuya?

Ella estaba pálida. El sudor frío que recorría su cuerpo no era por haber estado a punto de morir. Era por haberle visto a él.

A Theodore Nott.

— Dime, ¿te gustaron las galletas? Eso sólo fue una advertencia.

Astoria no podía hablar. Tenía pánico. Él lo sabía. Se había enterado de lo que le habían hecho a Lunática. Había estado a punto de matarla. No tuvo valor para responderle. Quería gritar, llorar, salir corriendo, pero era incapaz de reaccionar. Jamás lo había visto así.

Nunca.

No parecía el mismo. El Slytherin tranquilo, sosegado y solitario... era diferente. La oscuridad que transmitían sus ojos le hizo sentir escalofríos. Le hizo ver que hubiera sido capaz de hacerlo. Hubiera sido capaz de asfixiarla. Y fue consciente de esa parte de él que nunca había salido a la luz. Esa parte que guardaba consigo.

— Si tú o Pansy volvéis a acercaros a Luna o a Oníria, te aseguro que no me controlaré. La próxima vez no seré tan benevolente.

Astoria supo que era cierto. Supo que decía la verdad. Vio como él arrojaba el cojín bruscamente encima de la cama y se marchaba de la habitación haciendo que la puerta restallase. Luego esa nitidez desapareció, y sólo pudo ver una neblina que fue apagándose hasta que cayó al vacío, perdiendo el conocimiento.


Cuando llegó la noche y todas dormían, Lavender seguía mirando al techo, tapada hasta el cuello sin poder pegar ojo. Y de todas formas, ¿para qué iba a hacerlo? Faltaban cinco minutos para las dos. Había quedado con Cormac a esa hora frente a la puerta del dormitorio de Ron. Habían estado un par de horas investigando en la biblioteca hasta dar con lo que ella quería. Un hechizo bastante útil. No quería hacerle mucho daño al pelirrojo físicamente, pero sí psicológicamente. Lentamente, se destapó, se puso las zapatillas sin hacer ruido y se quitó el cabestrillo. El brazo prácticamente no le dolía y sólo notaba una molestia. Además, era un completo estorbo. Odiaba cada vez que tenía que estar vendada o algo por el estilo. Se estresaba mucho. Se acicaló, se echó brillo de labios para estar guapa y un poco de colorete de paso. Si iba a ver a Cormac, aunque fuese en pijama tenía que estar perfecta. Cuando salió de su habitación y llegó a la puerta del dormitorio de Ron, Cormac estaba allí esperándola, algo despeinado, con el pantalón del pijama y una camiseta de tirantes blanca. ¿Cómo no podía tener frío?

— Hola Lavender— musitó él en voz baja— ¿Por qué te has quitado el cabestrillo?

— Porque apenas me duele, estoy bien— susurró aproximándose mucho a él— ¿Y tú por qué vas medio desnudo?

Cormac la miró por un momento pero no dijo nada. Estaba muerto de frío pero quería que ella pudiera apreciar sus músculos. Seguro que si lo veía así se volvía loca.

— ¿Estás segura de que no quieres que entre contigo? — contestó evadiendo su pregunta.

— No, es mejor que te quedes aquí vigilando por si viene alguien— comentó abriendo la puerta muy despacio y sacando la varita del bolsillo de su pijama.

— Pero, ¿quién va a salir de su habitación a estas horas?

Lavender suspiró cansada.

— Pues, nosotros por ejemplo— replicó— Cállate ya Cormy, que quiero entrar. Tú espera aquí hasta que salga.

En un principio Cormac odiaba que lo llamase así, pero después de haber estado tanto tiempo sin hablar con Lavender, echaba de menos ese mote.

Y también a ella.

Así que no le dijo nada.

Lavender entró en la habitación de puntillas y buscó a Ron en la oscuridad. Gracias a que la habitación estaba en penumbra no le resultó difícil encontrarlo. Llegó a su cama y vio que dormía con la boca abierta, sonriendo como un bobo y tenía un gorro muy extraño en la cabeza. La noche anterior en la cena lo había visto con ese trapajo. ¿Por qué demonios no se lo quitaba ni para dormir?

Quizás tenía piojos… ¡Qué asco!

'' LAVENDER, CÉNTRATE Y DEJA DE PENSAR EN GORROS Y PIOJOS''

Alzó la varita, murmuró el hechizo y luego huyó. Huyó de la habitación como un rayo.

Ron, por su parte, soñaba. A veces tenía sueños felices y otras veces no tanto. En esa ocasión estaba de pie sobre un escenario. El telón se abrió y pudo ver la luz de los focos que incidían sobre él, dándole una apariencia mágica casi perfecta pero no sabía quién lo estaba observando. La sala estaba completamente a oscuras. Sólo podía ver su propio cuerpo y el suelo del escenario. Curiosamente cuando se observó a sí mismo, se percató de que llevaba una ropa muy extraña y que además, sus brazos y piernas colgaban de unos hilos como si fuese una marioneta. Aquello le recordó a la película muggle de Pinocho. Arthur hablaba mucho de ella, pero Geppetto no estaba allí para hacerle compañía. Se llevó la mano a la cabeza y se dio cuenta de que tenía un sombrero. No era su gorro de lana, si no un sombrero al estilo Pinocho. ¿Acaso se había transformado en un muñeco? Volvió a mirarse los brazos, pero no. Seguía siendo de carne y hueso. Al bajar la mirada se percató de que tenía unos zapatos de claqué.

— ¡OH NO! — chilló en el sueño. No era la primera vez que tenía esa pesadilla, sólo que esa vez estaba transformado en una marioneta. ¿Acaso las arañas iban a volver a obligarle a bailar claqué? ¡NO, NO QUERÍA!

Sus sospechas se confirmaron cuando un montón de arañas aparecieron por el escenario y comenzaron a subirle por el cuerpo. Quería quitárselas de encima pero por culpa de los hilos no podía escapar. Empezó a zapatear en el suelo, con la esperanza de que si hacía el baile lo dejasen en paz, pero ellas no se marchaban. De pronto, apareció Aragog, y comenzó a tirar de sus hilos, haciendo que saltase y dase brincos como un muñeco de madera, como si su cuerpo no pesara.

— ¡SOCORRO! ¡SOCORRO! — graznó desesperado al ver que no podía controlar sus extremidades. Actuaban como si tuviesen vida propia. Él era consciente de que estaba en una pesadilla y quería despertar, pero no podía.

Comenzó a sentir un picor. Un picor que conforme iba pasando el tiempo se volvía más insoportable. Las arañas se habían metido bajo su ropa picándole y haciéndole enormes ronchas parecidas al sarampión.

— ¡TÚ ERES AMIGO DE HAGRID!— exclamó Aragog tirando con más fuerza de los hilos haciendo que saliese despedido por los aires. Ron no salía de su asombro. ¿Cómo narices podía hacerlo si tenía patas y pinzas en vez de manos?— ¡TÚ VINISTE AQUELLA NOCHE AL BOSQUE PROHIBIDO Y CONSEGUISTE ESCAPAR!

— ¡No! ¡No me comas por favor! — sollozó Ron volando por los aires como si estuviese interpretando a Peter Pan en una obra de teatro.

— ¡MIS HIJAS E HIJOS SE QUEDARON CON HAMBRE Y NO VOY A NEGARLES LA COMIDA POR SEGUNDA VEZ!

Las diminutas arañas comenzaron a subirle hasta el cuello para picarle en esa zona y justo entonces despertó. Alguien lo tiró de la cama.

— ¡Tío, apártate! — gritó Seamus agarrándolo del brazo para levantarlo del suelo. Llevaba la varita en la mano y estaba bastante nervioso. Ron notaba que le picaba un montón el cuerpo y cuando miró su cama vio que estaba llena de arañas.

— ¡SEAMUS NO! — Harry intentó detenerle pero era demasiado tarde. Finnigan lanzó un hechizo para exterminar la plaga de bichos que correteaba por las sábanas de Ron.

¡Incendio!— y teniendo en cuenta que Seamus no era muy bueno a la hora de controlar los hechizos, se produjo una gran explosión haciendo que apereciese un enorme cráter en mitad del colchón y las cortinas del dosel de la cama de Ron comenzasen a arder.

Harry se vio obligado a intervenir y sacó su varita rápidamente.

— ¡Aqua Eructo! — exclamó haciendo que la cama de Ron quedase completamente empapada. Cuando la calma volvió a la habitación, Ron se cayó de culo al suelo y se quedó durante unos minutos en estado de shock. Neville, Dean, Harry y Seamus intentaron reanimarlo pero seguía sin parpadear.

— ¡Ron! ¡Ron! — lo llamaba Harry zarandeándolo— ¡Hay que llevarle a la enfermería!

Ron se miraba los brazos escandalizado. Tenía ronchas por todas partes menos en la cara y el cuello. Esa maldita pesadilla había sido real. ¿Cómo habían entrado las arañas en su habitación? ¿DÓNDE ESTABA ARAGOG ESCONDIDO? Notó que sus amigos intentaban levantarle pero él estaba inmóvil. No podía ni siquiera cerrar la boca.

Fuera de la habitación, Lavender y Cormac McLaggen habían escuchado el escándalo. Tenían que marcharse de ahí inmediatamente por si salían del dormitorio.

— Corre Cormac, lárgate— musitó nerviosa, guardando la varita— Yo me marchó a mi habitación.

Cormac vio que se daba la vuelta pero la detuvo.

— Ven a mi cuarto.

— ¿CÓMO?

— No hay tiempo, haz lo que te digo— la cogió de la mano arrastrándola a su habitación.

— Pero, pero…

Cormac abrió muy despacio la puerta de su dormitorio y cuando entraron la cerró silenciosamente. Lavender suspiró. Al menos ya estaban a salvo, pero tuvo que ahogar un grito al ver que todos sus compañeros de cuarto estaban allí durmiendo. Cormac le tapó la boca.

— Calla y sígueme.

La guió por la oscuridad hasta su cama y la empujó suavemente haciendo que se tumbase. Después, corrió las cortinas del dosel y se recostó junto a ella.

— ¿Estás loco?— susurró Lavender— No puedo quedarme. Pueden despertarse y darse cuenta de que estoy aquí.

— No te imaginas cómo duerme esta gente Lavender. No se despiertan con nada. De todas formas, si te vas antes de que amanezca no se enterarán.

Lavender no podía verlo en la oscuridad pero lo notaba muy cerca y se sonrojó. Gracias a Merlín que no la estaba viendo. Comenzó a inquietarse, nerviosa y se quedó muy quieta.

— ¿Pretendes que me quede…aquí…toda la noche?

— Sí, pero si no quieres…

— Realmente no me importa. No creo que pueda dormir después de lo que ha pasado de todas formas— musitó destensando los músculos y apoyando la cabeza en la almohada. Empezaba a relajarse un poco— Seguro que tienen que llevar a Ro-Ro a la enfermería. A saber qué cara pone Madame Pomfrey cuando lo vea.

Cormac se rio suavemente intentando hacer el menor ruido posible y se pegó un poco más, rozando su brazo con el suyo. Lavender sintió una repentina sacudida.

— Bueno, y ahora que está todo solucionado. ¿Vas a volver a darme tus bragas? — la pregunta de Cormac hizo que Lavender se incorporase rápidamente— Shh, túmbate, túmbate.

Lavender cedió al ver que le acariciaba el brazo y se recostó a su lado.

— Que sepa que tú no fuiste el culpable no quiere decir que vaya a dártelas otra vez. Podrían quitártelas de nuevo.

Cormac esbozó una sonrisa y se giró de lado, pasándole el brazo por encima de la cintura.

— Tendré más cuidado la próxima vez cuando las esconda.

Lavender estaba aguantando la respiración. Oh por Dios, notar su mano sobre su cintura era más de lo que podía soportar. Aún no lo había asimilado.

— Cormac— ella también se giró para estar frente a él. Notaba la respiración de él contra su rostro, lo que quería decir que estaba muy cerca. Odiaba no poder verle, aunque en parte era mejor. Así no se pondría tan nerviosa.

— Qué.

— A principio de curso… ¿tú me odiabas? Por lo que pasó en el pasillo del vestíbulo me refiero.

McLaggen se mantuvo en silencio y acercó su rostro un poco más al de ella. La almohada estaba fría, algo que aliviaba el calor que notaba en su cara.

— No. En un principio me molestó que me tocases el culo pero…

— No lo hice a propósito— lo interrumpió. Quería que entrase en razón— Malfoy me lanzó un hechizo.

— Sí claro…— musitó soltando una risa, sujetándola firmemente de la cintura para acercarla más a él.

Lavender frunció el ceño.

— Yo te he creído a ti, ¿vale? Estoy diciéndote la verdad.

— Me has creído al cabo de mucho tiempo y porque te has enterado de que ha sido el zopenco de Weasley, que si no tampoco.

— Bueno, vale— resopló exasperada— Pero al final te he creído. Eso es lo que importa. ¿Puedo seguir?

— Sí.

— Pues que… yo no quería tocarte el culo, pero cuando te conocí me caíste bien y…

Era mejor no continuar. Estaba divagando. Además no quería decirle que en realidad le gustaba. Que él la hubiese llevado a su cama y prácticamente estuviera rozándole la nariz con la suya no quería decir nada… ¿o sí?

— ¿Y yo te gusté?— terminó Cormac por ella.

Lavender palideció.

— ¡QUÉ!

— Shh— Cormac apartó la mano de su cintura y le cubrió los labios para que no gritase. Lavender comenzó a balbucear pero no se entendía nada de lo que decía— Seguro que estás roja como un tomate. Lástima que no pueda verte.

— No estoy colorada. Das muchas cosas por sentado y te equivocas la mayoría de las veces— musitó Lavender cuando por fin apartó la mano de sus labios. Era cálida, suave y olía muy bien.

Olía a él.

— Bueno, eso puede solucionarse— Cormac deslizó la mano por su cuerpo hasta dejarla en su trasero, apretándoselo suavemente— ¿Te has puesto roja ahora?

— Ehh, ehh— Lavender no podía creerlo. ¡Cómo podía hacerle eso! ¡Maldito! Pero no quería apartarle la mano… era muy agradable sentirla tocando su trasero— No, ya te he dicho que n-no.

Cormac se rio y se aproximó más a su rostro, buscando sus labios en la oscuridad hasta rozarlos.

— ¿Y ahora?

Joder, joder. Lavender estaba hiperventilando y sin darse cuenta, su respiración acompasada se había vuelto jadeante. Errática.

— No— sabía qué iba a suceder si daba una respuesta negativa, pero quería que él estuviese más cerca. Necesitaba que fundiese sus labios con los suyos, porque aunque ella nunca hubiese besado a nadie, no estaba preocupada. Lo deseaba. Quería que él lo hiciese.

Y así sucedió.

Cormac atrapó sus labios, comenzando a humedecerlos con la punta de la lengua, haciendo que suspirase de placer y se pegó a ella, dejando las manos en su trasero.

— Cormac— Lavender se quedó sin aliento al notar su boca recorriendo su mentón, su cuello, su clavícula...

— Hmm— musitó entre beso y beso.

— ¿Yo te gusto?

McLaggen paró de pronto. Deslizó las manos por su cuerpo, aferrándola más a él para que ella notase su calor y hundió la lengua en su boca. Lavender se quedó rígida entre sus brazos, pero él la aseguró firmemente contra él, haciendo que una extraña sacudida la traspasara. La boca de Cormac era increíblemente suave, y poseía la de ella habilidosamente. Nunca había pensado que un beso podría saber tan bien.

Era absolutamente delicioso.

Lavender tembló bajo su dominio y repentinamente se sintió floja e invadida por sus sentidos. Instintivamente llevó la mano a su nuca para atraerlo un poco más y cuando quiso darse cuenta estaba tumbada encima de él, sin haber dejado de besarle. Cormac notaba su suave cabello rizado rozándole el rostro y sentía su cuerpo contra el suyo. Rompió el beso y la abrazó, buscando su oído.

— Lavender claro que me gustas. Desde hace tiempo, además.

Ella sonrió, aún sabiendo que él no podía verla y volvió a besarle.

— Hmm— gimió Cormac contra su boca deslizando las manos por su espalda y metiéndolas por debajo de su pijama. Quería decirle algo.

— Qué pasa— Lavender se estremeció al notar sus dedos vagando por la piel de su espalda, pero él simplemente los dejó ahí. No fue más allá.

— Si te pido algo, ¿te enfadarás?

Lavender no sabía a qué se refería.

— Venga, suéltalo— enterró la nariz en su cuello esperando a que él hablase y cerró los ojos. Qué bien olía.

— ¿Me dejas que te toque las peras?

A Lavender se le puso el vello de punta.

— ¡¿Cómo?!— graznó apartándose rápidamente de él y volviendo a tumbarse en el colchón completamente ruborizada. ¡Ay por Merlín, cómo podía pedirle algo así!

— Aunque sólo sea un rato. No voy a meterte mano si es eso lo que te asusta.

Lavender enarcó una ceja.

— Ahh, entonces según tú Cormac, ¿qué es tocar las tetas? Porque para mí…

— Recuerda que no es la primera vez— la cortó— El día que nos caímos por las escaleras…

Lavender recordó aquella noche. Si Crabbe, Goyle y todos los demás no hubiesen entrado en la habitación y tirado la bomba fétida, ella no habría abierto la puerta y caído encima de él por las escaleras. Cormac tenía razón, no era la primera vez… y porque le manosease un ratito las peras como él las llamaba, no iba a pasar nada malo.

— Está bien, pero con una condición— le exigió entrecortadamente.

Cormac se incorporó apoyando un codo en el colchón y le echó el brazo por encima.

— Cuál.

— Que sea por encima del pijama.

Cormac esbozó una sonrisa sensual. Eso era suficiente para que ella perdiese la razón.

— Vale.

Se inclinó buscando sus labios para volver a besarla y comenzó a deslizar la palma de la mano por su estómago hasta llegar a su pecho, haciendo que Lavender notase un rastro de sensaciones que él iba dejando a su paso. La manera en que exploraba su boca era lenta y excitante, y ella no pudo evitar que un suave gemido ascendiese por su garganta. Cormac ejerció más presión con la lengua dentro de su dulce boca, empezó a masajear uno de sus pechos muy despacio en movimientos circulares y hundió las yemas en él delicadamente, haciendo que la respiración de ella se volviese irregular. Cormac se percató de que no llevaba sujetador. ¿Así que por eso le había dicho que la tocase por encima del pijama?

— Lavender, ¿seguro que no quieres sentir mi mano sobre tu piel?— al menos tenía que intentarlo.

— No, todavía no. Aún es pronto...— jadeó buscando sus labios— Sigue ahí.

Cormac volvió a besarla. La mayoría pensaban que él era borde, creído y petulante pero no le importaba. Sabía que tenía defectos y muchos, como todo el mundo. Nadie era perfecto.

Pero sí tenía muy claro algo.

Era respetuoso.

Y aunque le gustase mucho Lavender y quisiera ir más allá, no iba a hacer nada hasta que ella no se lo permitiera. Estaba tranquilo porque al fin se había solucionado el malentendido después de tanto tiempo y eso era bueno para ellos. Podrían empezar de nuevo. Conocerse mejor. Así que no dijo nada y continuó besándola y acariciándola por encima del pijama. Tenían tiempo.

Mucho tiempo.

Mientras tanto, Harry y los demás habían vuelto a su habitación. Filch se había asustado al ver en el estado que estaba el ''pelirrojo'' así que no les dijo nada. Cuando llegaron a la enfermería, Pomfrey se escandalizó y le quitó toda la ropa a Ron para echarle un ungüento un tanto extraño. Decía que el potingue le aliviaría las picaduras y que se pondría bien pronto porque no eran muy graves. Lo malo era que Ron tendría que pasar allí unos días e iba a tardar mucho en conciliar el sueño después de lo que había sucedido, pero Harry estaba tranquilo. Si Madame Pomfrey decía que Ron se recuperaría, no tenía de qué preocuparse. Todos se acostaron y las horas pasaron.

En la habitación reinaba la tranquilidad. Algunos roncaban como Dean y Seamus o canturreaban en sueños como Neville, pero otros... tenían pesadillas.

Harry movía la cabeza de un lado a otro de la almohada angustiado y sin poder respirar, con el cuerpo completamente empapado en sudor.

No era la primera vez que soñaba con Voldemort desde que había empezado el curso pero esas pesadillas cada vez se volvían más intensas.

Más reales.

Esa vez vagaba por un lugar que desconocía. Un largo y oscuro pasillo que llegaba hasta una puerta de hierro. Las paredes y el suelo eran negros, cubiertos de losetas oscuras por todas partes. Veía una serpiente reflejada en ellas y escuchaba la voz de Sirius en su cabeza advirtiéndole una y otra vez sobre algo que le había contado durante las vacaciones de Navidad.

'' Voldemort va detrás de algo, algo que no poseía la última vez''

Y cada vez, la puerta estaba más cerca, hasta que llegó un punto en el que se abrió y él vio lo que había en el interior. Una infinidad de estanterías con miles y miles de esferas de cristal. De profecías. Y al fondo, un hombre iluminando la estancia con la varita. Una estancia que no parecía tener fin. Decidió acercarse más intentando averiguar quién era esa figura pero en ese momento una serie de imágenes sueltas pasaron por su cabeza como pinceladas.

Una esfera de cristal.

Alguien con el cabello pelirrojo.

Arthur Weasley.

Arthur Weasley siendo atacado.

Corría gran peligro y estaba malherido, pero era como si…él fuese el atacante, como si él fuese la serpiente.

NO.

Y de pronto, Harry despertó, jadeando, asfixiándose. Seamus, Neville y Dean lo habían escuchado hablar cosas muy raras y se habían despertado asustados. Harry intentaba centrar la vista en ellos pero sus ojos se cerraban. Estaba mareado.

Muy mareado.

Y después, no vio nada más. Sólo percibió las manos de sus amigos levantándole de la cama rápidamente y la voz entrecortada de Neville Longbottom.

— ¡CORRED! ¡Tenemos que avisar a Dumbledore!


¡Bueno, bueno, las cosas se complican para Harry! D: Veremos a ver qué ocurre ahora que Arthur está malherido.

Hablando de Cormac y Lavender, estoy muy contenta porque por fin han arreglado sus problemas :D Me hace mucha gracia lo presumido que es McLaggen, pasando frío para que Lavender viera sus magníficos músculos JAJAJAJA y encima está hecho un pervertidillo, queriendo tocarle las ''peras'' XDDD

¿Qué os ha parecido el MOMENTO RON MARIONETA CON ARAGOG CONTROLANDO SUS HILOS? JAJAJAJAJA no os imagináis cómo me reí escribiendo esa parte! (Adarae espero que no hayas sufrido mucho u.u). ¿Y con la supuesta maldición de Lavender? Pobre Dean que se empeñaba en que estaba maldito jajajajajaja al menos al final se lo ha contado a ella ^^, por otra parte... ¡Hermione ha hecho sufrir a Malfoy! Síí! :D jajajjaja veremos a ver qué pasa en la fiesta! :B

Y por último... PANSY Y ASTORIA. JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA pobre Myrtle y pobre Pomfrey de verdad... xDDD las compadezco! por cierto, Theo ha dejado claro que será capaz de hacer cualquier cosa por proteger a Luna y Oníria *-* Me ha parecido muy bien que Astoria no se salga con la suya y creo que se ha asustado bastante. ;)

En fin, volveré pronto :D

Un beso a todas, tyna fest :)