TITULO: Dreams

Capitulo: Preámbulo

Serie: Yu-Gi-Oh!

Resumen: Este es el comienzo de la más tierna historia de amor. Los años en la Universidad son gloria para quien compartió la más infinita felicidad...y también la más desgarradora desdicha.

Pairings: S/J Y/YY

Category: Slash/Yaoi. Angs, Drama, Romance, Humor.

Raiting: PG.

Disclaimer: Yo no poseo a los personajes de Yu-Gi-Oh, pertenecen a sus creadores y respectivos socios comerciales. Esta solo es una historia escrita de fan para fans, sin fines lucrativos.

Lo único mío es la historia y OCC (Personajes originales).

De todas maneras si te gusta la historia y quieres publicarla, te pediría que antes lo consultes conmigo.

CAMPAÑA : No permitamos que el PLAGIO se lleve nuestro trabajo, así que si conoces una historia Robada, por favor denúnciala a sus respectivos dueños. No es justo que nuestras horas de dedicación se vayan a la basura y se vean inmiscuidas en una total falta de respeto para el Autor y los lectores. Entre más luchemos, más saldremos adelante.

Tiempo: En calidad de Universo Alterno.

FLASH BACK

Lugar: Japón

FEEDBACK: sensación cálida y de bienestar que percibió al despertar fue una que desde hacía mucho tiempo no percibía.

Era como viajar a sus tiempos de infancia y recordarse querido.

El recuerdo de aquel viejo sentimiento fue remontarse demasiado al pasado y sin embargo no importó demasiado. Por esa vez no.

Se movió un poco para acomodarse de mejor manera pero algo se lo impidió con completa libertad.

Frunciendo el entrecejo y entreabriendo los ojos solo miró borrosas formas que se aclararon conforme la luz se lo permitía, descubriendo la habitación un tanto más aluzada que los días anteriores.

Sin embargo eso no explicaba el porque repentinamente se sentía más pesado de lo normal o el porque tenía la sensación de estar en donde no debía.

Más sus dudas se disiparon casi al instante cuando algo llamó su atención.

No temiendo nada pero si tomando precauciones enfocó su recién abierta mirada hacia la puerta entre abierta, que a pesar de resguardar un poco de intimidad en la habitación no la aislaba del todo de los ruidos del exterior.

Aturdido y sin ninguna idea de lo que sucedía se sentó sobre la deshecha cama que le pareció extraña, dado su siempre cordialidad para dormir.

No recordaba nada más que haber caído en un profundo sueño que le había beneficiado bastante después de...

Ahí fue entonces cuando recordó lo que había estado haciendo durante los pasados días y claro, lo sucedido la noche anterior.

Ciertamente no se arrepentía de nada, sin embargo...

Miró en derredor tratando de ubicar al muchacho que se suponía estaría dormido a su lado pero evidentemente no se encontraba por ningún lado, lo que le hizo suponer que el rubio había escapado a hurtadillas de su casa.

Bufó exasperado, preparándose para salir de la cama y comenzar con sus tareas retrazadas, más el halo de luz proveniente del pasillo que le pegó en la cara, le dio a entender que algo o alguien había abierto la puerta de la habitación.

-¿Te desperté?. Inquirió una voz preocupada.

Seto gruñó tratando de enfocar su mirada en algo que no fuera la sombra de una persona frente a él oscurecida por la luz llamativa de fondo.

-Cierra esa maldita puerta. Mencionó el ojiazul, obteniendo el acto al instante.

-Lo siento. No pensé que estuvieras despierto.

Seto parpadeó acostumbrándose nuevamente a la semi oscuridad, encontrándose después iluminado nuevamente por una lamparilla de noche quien le permitió mirar más de fondo lo que ocurría en su casa.

Pero no estaba preparado para lo que vio.

-¿Te gusta desayunar?.

Kaiba miró inquisitivamente la charola que Joey llevaba en las manos, esperando atravesar las tapaderas herméticas para saber lo que el plato contenía.

-Son Hot Cakes, espero que te gusten.

Y en el acto una repleta dotación de panques esponjados y calientes llenó la atmósfera con su peculiar olor.

Ciertamente al genio ojiazul no le agradaban las cosas dulces, sin embargo debía admitir que aquello olía endemoniadamente bien después de días de desvelo.

Sin previo aviso entonces Joey depositó la charola sobre el regazo del genio, mirándolo con una mezcla entre divertida y de confianza. Algo que no había existido jamás en sus encuentros.

-Come. Ofreció con una amplia sonrisa, esperando que su desayuno no fuera negado.

Aunque Seto habría querido rechazar a comer debía admitir que tenía hambre y después de probar un poco de jugo de naranja se dispuso a degustar de las dotes culinarias del muchacho que lo miraba como si de sus acciones dependiera la existencia humana.

Pausadamente Kaiba llevó un pedazo de panque a su boca, masticando lentamente para que la miel llenara sus papilas gustativas.

-¿Y bien?. Cuestionó Joey no pudiendo soportar más esa incertidumbre.

Sin embargo cuando los azules ojos lo miraron sin ningún tipo de reacción, suspiró desalentado.

-Nada mal, para haber sido preparado por ti.

Aquellas palabras, aunque no muy cordiales, habían hecho sonreír de nuevo al rubio que con mucho más ahínco continuó mirando el ritual del muchacho quien lo había cuidado esos días.

-¿No se supone que deberías de estar en cama?.

-Ya me siento mejor. Aclaró Joey sonriéndole aunque no sabía por qué.

Kaiba prefirió no indagar más. El semblante del rubio era demasiado luminoso como para echarlo a perder con tonterías.

Un bello despertar después de tanta tormenta.

-Ha dejado de llover, aunque el día está nublado.

-Eso he mirado.

-Los meteorólogos pronostican mejores días.

-Mgh.

-Creo que...perdón por utilizar tu cocina. Pero esta mañana cuando desperté y me sentí mejor yo...

La mirada tranquilizadora del millonario hizo suspirar al rubio quien había permanecido un tanto tenso ante la probabilidad de que aquel chico multifacético pudiera enfadarse por utilizar sus cosas sin permiso.

-¿Sabes?. Eres un desastre en la cocina.

-¿En serio?. Indagó el genio enarcando una ceja.

-Aja. Cocinas delicioso pero...eres un desastre. Tardé una hora en lavar, acomodar y buscar las cosas para preparar un desayuno rico. Deberías tener más organización.

El bufido del millonario sacó una sonrisa diminuta de los labios del rubio, sin embargo la apacible y hasta cómoda aura no se rompió, dejándolos a ambos disfrutando de esa compañía que en otras circunstancias jamás se había dado.

-Vuelve a la cama, Wheeler. Dijo Kaiba en cuanto pasó su último bocado.

-Pero ya me siento...

-No estuve cuidándote por tres días para que vayas a recaer de un momento a otro.

-Pero...

-Hazlo. Ya hiciste suficiente con esto.

Joey agachó la cabeza. Se sentía regañado y sin embargo había motivos factibles para hacerlo.

Más él no había batallado tanto en ese diminuto festín para que el abominable hombre de las malas palabras lo retara por su buena acción matutina.

Eso si había terminado con la linda atmósfera.

Pero no por nada la vida era tan impredecible y en conocer a otra persona, en vano.

-Estuvo...delicioso.

Con un poco de incertidumbre los melados ojos de Joey buscaron las pupilas de Kaiba, las cuales brillaban verídica y complacidamente ante lo que acababa de decir.

Esto provocó que la sonrisa del muchacho regresara y que se abalanzara hacia el chico que aun permanecía en la cama.

-Hey tonto, vas a tirar todo.

Pero a Joey no le importó. Por primera vez en toda su vida se sentía diferente, en paz y terriblemente bien por lo que ni el aparente enfado del castaño o sus reclamos sin fundamentos iban a hacer que todo lo que experimentara se fuera por la borda.

-Me siento muy feliz. Exclamó, aferrándose al brazo del ojiazul quien bufó exasperado por la acción.

-Qué novedad, Wheeler.

-¿Tú no?.

-¿Tendría por qué estarlo?.

-Pues...si. Asintió Joey desconcertado.

-¿Motivo?.

-Pues...pues...porque...porque...

La mirada inquisitiva de Kaiba se acentuó aun más mientras el otro tartamudeaba.

Era para el millonario una especie de gracia mirar a su compañero buscarle respuestas a algo tonto.

Más ello le hacía sentirse diferente, tan igual como en aquellos días había comenzado a experimentar.

Por ello tomó la iniciativa. Depositó la charola sobre la mesa a su lado y tras mirar los ojos aun pasmados del rubio, decidió al menos regresarles su viveza con un pequeño truco.

Con posesión y muy Kaiba, el ojiazul se acercó y reclamó para si los labios que temblaron súbitamente ante la invasión pero que sin embargo respondieron tan certera y perfectamente como la primera vez.

-¿Ya encontraste un motivo para que esté feliz?.

Joey no sabía lo que le ocurría cada vez que el "señor don impredecible" lo tomaba por sorpresa para asaltar su boca a placer.

La noche anterior había dormido con su esencia, pensando que tal vez jamás se volvería a repetir. Sin embargo una vez más el genio lo sorprendía, haciéndole ver que Seto Kaiba no era lo que aparentaba.

El chico evidentemente ocultaba muchas cosas por diferentes motivos y sin embargo...

-Puede ser. Sonrió Joey con una de esas muecas que él atribuía a "conquista instantánea".

-¿En verdad?. El escepticismo de Kaiba solo terminó por hacer reír y disfrutar al rubio quien miraba placentero cada una de esas facetas nuevas, impredecibles e irreconocibles del muchacho a quien comenzaba a creer fabuloso.

-Duérmete. Es lo que necesitas para que ese cerebro tuyo comience a trabajar.

-Mmm, pues lo veo difícil. Añadió el aludido cuando se deslizó fácilmente bajo las mantas.

-¿Por qué?. Indagó el castaño incorporándose.

-Pues porque mi cerebro nunca trabaja. Tú lo dices toooodo el tiempo. ¿No lo recuerdas?.

Kaiba sonrió, imitando la mueca que el rubio había hecho en torno a su propia burla.

-Tienes razón Wheeler, tú no piensas.

Pero el tono fue cálido y desprovisto de toda la agresión o maldad con la que estaban acostumbrados a hablarse.

-¿A dónde vas?.

-A diferencia tuya yo tengo cosas que hacer.

-Pero...

-Iré a mi estudio. Estaré ahí.

Retirando su charola y sin agregar más Seto Kaiba salió de su propia habitación con la camisa arrugada y los botones mal ajustados pero con una sensación extraña y que acrecentaba cada vez que hablaba "civilizadamente" con el rubio Wheeler.

Joey no se quedaba atrás. Era increíble todo lo que podía cambiar un pequeño incidente.

Suspiró apesadumbrado. Su estancia dentro de aquella casa pronto llegaría a su fin y nuevamente tendría que retornar a la fría, lúgubre y solitaria remedo de casa que tenía.

Un escalofrío le hizo abrazarse a la almohada que Kaiba había utilizado al dormir para aferrarse a ella como tabla de salvación.

-Afuera no tengo nada. Ni empleo, ni escuela ni nada. ¿Qué es lo que va a ser de mi cuando todo esto se termine?.

Fue la cuestión que con dolor pronunció en voz alta.

Sin embargo no supo si el sentimiento de vacío se debía a sus cavilaciones con respecto a su vida o por el hecho de dejar al muchacho a quien comenzaba a conocer como realmente era.

Yugi sonrió al bostezo de su abuelo y sin tardanza le sirvió su acostumbrada taza de café negro sin azúcar.

El switch que el hombre necesitaba para comenzar su día.

-Buenos días abuelito. ¿Cómo amaneciste?.

El bostezo respondió por el hombre.

-Comprendo. ¿Y cómo te fue ayer?. Llegaste bastante tarde.

Salomón asintió. La junta con los socios del museo se había prolongado bastante sin querer, pero se había distraído y disfrutado.

No todos los días se daba el lujo de salir despreocupadamente de casa.

-Por cierto Yugi. Aclaró el hombre cuando se sintió más despierto para hablar.

-Anoche cuando llegue vi un auto estacionado frente a la casa. ¿Tienes idea de quien pueda ser?.

El muchacho, quien bebía también café se atragantó ante la cuestión que su abuelo lanzara con inquisición.

-Pues...precisamente de eso iba a hablarte. Se justificó el muchacho limpiando el desastre que había hecho.

-¿Sucede algo malo?.

-No, nada abuelito es solo que como anoche ya no te vi pues...

-¿Yugi?.

La ceja enarcada en el rostro de Salomón no era muy buena señal y eso su nieto lo sabía a la perfección, por eso para no dar rienda suelta a los malos pensamientos de su tutor se apresuró ha explicar la situación.

Entre más rápido lo hiciera menor sería el reto.

-Lo que sucede es que anoche, debido a la tormenta pues...un amigo me traía a casa cuando el auto se atascó y...

-¿Y?.

-Lo empujamos hasta aquí.

Salomón miró fijamente a su nieto y al creerle, con un poco más de alivio le indicó que prosiguiera su relato.

-Y pues por eso está ahí.

-Al menos no te ocurrió nada.

-Nada más que un buen remojón. Sonrió Yugi contagiando su vivacidad a su tutor.

-Deberías de abrigarte bien. Hace frío.

-Lo haré abuelito y...hay...hay otra cosa que debo decirte. Bueno, dos.

-Te escucho.

Salomón, al no mirar más "peligro" en las reseñas de su nieto se había tomado la libertad de abrir el diario y hojearlo mientras escuchaba y bebía de su café.

Sin embargo si hubiera estado más atento habría mirado el nerviosismo y hasta el sonrojo de su nieto al tratar de explicarle algo importante para él.

Yugi era un manojo de nervios y no porque se sintiera mal. Todo lo contrario, había sido una velada bellísima para posteriormente...

Lo que ocurría era que no sabía el cómo su tutor iba a reaccionar a lo que a continuación le comunicaría.

Respirando profundamente y preparándose ya para todo, trató de hablar calmadamente.

-¿Recuerdas nuestra discusión sobre mi audición, la tienda y esas cosas?.

-Aja. ¿Qué hay con ello?.

-Pues...la verdad es que no me seleccionaron para ningún papel.

Salomón bajó un poco el diario, solo para mirar el rostro sonriente de su nieto.

-Lo siento.

-No, en realidad ya no es tan importante.

Y el hombre le creyó porque él sabía identificar todos los sentimientos de su nieto. O al menos eso suponía.

-¿Y qué harás entonces?.

-Pues fui seleccionado para ser el asistente del productor.

La sonrisa brillante del muchacho le hizo ver al anciano que en verdad eso era bueno para Yugi.

-Te felicito entonces.

-Gracias abuelito.

-Sabiendo ya las cosas, ¿qué era lo otro que ibas a mencionarme?.

Salomón regresó a su despreocupada actitud, omitiendo los horarios o el manejo de su pequeña tienda.

-Pues...ham...¿recuerdas que desde hace muuuucho te quejas por el desván porque dices que solo sirve para hacer polvo y almacenar tonterías?.

-Aja.

-¿Y que estabas pensando en darle un uso más apropiado?.

-Aja.

-Pues...pues...ya resolví el problema.

El anciano indagó en las pupilas de su nieto quien aun no terminaba de respirar con completa tranquilidad.

-¿Y cual es, según tu, esa solución?.

-Pues...convertirla en habitación abuelito.

-Aja. ¿Y quién dormiría ahí?.

Salomón conocía perfectamente la sonrisita pícara que Yugi había formado en su rostro como para no imaginarse la respuesta.

-Pues se la dispuse a un amigo.

-¿A un amigo?. ¿De la universidad?.

-Pues...mas o menos.

Ahora si, Salomón dejó el diario en la mesa y miró ceñudo a su nieto.

-Yugi, te he dicho que no idees cosas sin mi aprobación.

-Pero abuelo, es lo mejor que podemos hacer. Además tú y yo sabemos que el desván ya no sirve para mucho.

-Pero no pediste mi autorización.

-Lo sé, lo sé pero...él necesita de verdad en dónde quedarse.

-¿Él?.

-Si, mi amigo.

-¿No se trata de Joey, verdad?.

-No. Sonrió el muchacho al mirar las sospechas de su abuelo.-A este no lo conoces.

Salomón indagó en la corta lista de amistades de su nieto y ningún rostro concordó con la descripción del chico.

Justo entonces miró la sonrisa de su nieto embellecerse mientras pasos a su espalda se detenían poco a poco.

-Abuelo, permíteme presentarte a Yami. Él es el amigo y productor de la obra que tanto te he mencionado.

Salomón esperaba encontrarse con un hombre de mediana edad tal vez, horrible y aprovechador de menores. Sin embargo al darse la vuelta y encarar a Yami, se dio cuenta de que este era un chico tal vez no mayor a Yugi, con un cierto aire misterioso pero con una cortesía digna de reyes.

Además la cierta semejanza que tenía con su nieto era bastante palpable.

-Mucho gusto, señor.

Salomón respondió al saludo solo por inercia, pero en realidad aun se hallaba sorprendido.

-Yami se quedó anoche a dormir. Por su auto, ¿recuerdas?. Así que igualmente tuvimos mucho tiempo para planear y ofrecer cosas.

El anciano frunció el entrecejo a las palabras de su nieto, sin embargo al mirar el brillo peculiar en sus ojos sospechó que aquel muchacho quien le dirigía la palabra y le hablaba de cosas que no captaba, había llegado a revolucionar su hogar y manera de vivir.

Por ello y como era él, no terminó de agradarle completamente aquel muchacho con pinta mística.

¿Qué intenciones tendría ese sujeto con Yugi?.

La pregunta mágica que tal vez no tendría tan evidentes respuestas.

Era hora de agudizar la vigilancia lo más posible.

Habían pasado ya una semana desde los acontecimientos citados.

Joey había terminado por recuperarse y salir del departamento de Kaiba sin mayores explicaciones o confrontaciones. El rubio se había ido cuando el castaño se hubo retirado a las empresas.

La escueta nota encontrada sobre su lap top le había indicado que Wheeler era de pocas palabras pero tan concisas y llenas de sentimentalismo que el millonario pasó por alto la "huída".

Después de eso ninguno de los dos había vuelto a verse o saber del otro. Los dos estaban demasiado ocupados tratando de recuperar el tiempo "perdido" como para asomarse por las instalaciones de la Universidad dónde la vida pasaba igual que siempre.

Ambos jóvenes habían casi relegado la situación que días atrás les había llevado a reunirse, al punto de en ocasiones creerlo una cómica situación imaginaria o soñada en un momento de locura.

Aun era demasiado temprano como para aceptar algo pero en momentos de oscuridad y soledad el corazón comenzaba a añorar y a recordar circunstancias que los atormentaba como pocas cosas en el mundo.

La vida había comenzado a complicarse un poco desde los sucesos pasados y aunque se negaran a ver la realidad, era cosa de poco para hacerlo.

Así fue como en uno de esos días cuando Seto finalizaba uno de sus proyectos pendientes que el destino volvió a definirse moviéndose a favor de los más necesitados.

La compra y venta siempre había sido uno de esos asuntos que Seto más odiaba porque según él contrataba a personas "competentes" para hacerlo, pero al final y gracias a la manía de su fallecido padre, siempre termina revisando los trabajos y transacciones que su personal realizaba.

Le dolía el cuello a morir y la posición en la que había estado por más de cinco horas no contribuía demasiado para calmar la molestia. Así pues decidió dejar las cosas como estaban y pasarlas al departamento de administración.

Lo que necesitaba era un buen baño y tratar de relajarse un poco para retornar al trabajo, pero a penas daba un paso a su habitación, alguien a la puerta llamó.

Extrañado se acercó a ella, pretendiendo despedir al inepto que se había encargado de molestarlo en un momento como ese.

No podía tratarse de su hermano, el chico siempre armaba un alboroto conciente o inconscientemente cuando llegaba a algún lugar, así que esa posibilidad quedaba descartada.

Ed jamás se presentaba sin avisar antes, así que solo quedaba que fuera el mundo entero.

Con molestia en las facciones abrió la puerta y como flash las cosas se dieron casi en el acto.

-Hola, ¿interrumpo algo?.

Era Joey, el mismo rubio tonto e inepto que había estado en su departamento días antes y que se había ido sin siquiera enfrentarlo.

¿Qué era lo que hacía ahí?.

-¿Se te ofrece algo?. Indagó el castaño recargándose en el marco de la puerta con su misma expresión sobria de siempre.

-Bueno yo...

El rubio movió una de sus piernas rápidamente mientras trataba de dar con una oración que no sonara a tartamudeo.

Sin embargo su cabeza no alcanzaba a formular nada coherente.

-Yo...

-¿Viniste solo a eso o hablarás claro?.

En vez de enfadarse Joey asintió, golpeándose mentalmente por aquella infantil acción.

Había repasado mil veces lo que iba a decir y sin embargo las cosas se habían complicado demasiado.

-Yo...vine a...a...a agradecertetodoloquehicistepormi.

Seto frunció el entrecejo, no había entendido nada y la aparente idiotez del rubio no ayudaba mucho.

-¿A qué?.

Si, Joey sintió sus mejillas arder y por vergüenza. ¿Quién iba a pensar que él llegaría a avergonzarse frente a aquel sujeto?.

La vida y sus misterios.

Procurando más cordura respiró varias veces antes de volver a repetir su eficaz oración.

-Que vine a agradecerte todo lo que hiciste por mi y en consideración a tu tiempo perdido he venido a ponerme a tus servicios.

Listo, ya estaba, el poco orgullo que le quedaba se había ido a la basura pero Joey sabía que favor se paga con otro y ponerse a los servicios de Kaiba era lo único suficientemente aceptable que le quedaba para saldar su deuda.

Seto enarcó una ceja y después sonrió levemente.

-¿Escuché bien?. ¿Te has puesto a mis órdenes?.

-Si quieres llamarlo de alguna forma...si. Asintió Joey aunque no le gustaba como sonaba ese apelativo.

-Qué conveniente. Murmuró el castaño y el rubio lo miró sonreír irónicamente.

Hasta ahí había llegado su legado de dignidad. Seto Kaiba terminaría con él.

Estaba dispuesto a hacer lo que él dijera. Después de haberlo pensado por días en su casa y de recordar la mala manera de desaparecer del departamento del millonario había llegado a esa conclusión.

Ya no tenía nada que perder y estaba en deuda con el muchacho.

-¿Y qué estarías entonces dispuesto a hacer para mi?.

El tono que el genio había utilizado para formular la cuestión provocó escalofríos en el rubio y sin embargo se mantuvo firme.

-Lo que sea.

-¿Lo que sea?. Repitió Kaiba acercándose peligrosamente al rubio que asintió sintiendo su corazón galopar.

-Si, lo que sea.

Seto miró la determinación en los castaños ojos del rubio y eso le hizo saber que el muchacho no se retractaría de lo que había ido a pedirle, lo cual y si conocía bien al susodicho había sido duro de expresar.

Ya imaginaba los días que había meditado mientras se quebraba la cabeza. Eso tenía que aprovecharlo muy bien.

-Bueno. Murmuró cerca del oído del rubio.-Entonces si en esos términos estamos, entra a la casa.

Seto se separó y abrió la puerta a lo cual Joey respondió entrando nuevamente a aquel lugar que tantos recuerdos le traía.

Todo estaba como lo había dejado, tal vez un par de tazas desparramadas por ahí pero nada que indicara un solo movimiento.

Cuando sintió la puerta cerrarse a su espalda un escalofrío le recorrió la columna. ¿Qué era lo que Kaiba iba a pedirle?

Aguardó un poco hasta tener al castaño tras él y no pudiendo evitar que miles de malos pensamientos recorrieran su cerebro, cerró los ojos y espero, espero y espero pero lo que sea que estuviera aguardando jamás llegó.

Por ello entreabrió los ojos y se encontró solo en la habitación.

Desconcertado buscó en derredor, arriesgándose después a recorrer el lugar con muchas dudas en la cabeza.

Encontró al millonario en la cocina, bebiendo agua.

-¿Puedo preguntar qué haces aquí?.

-Tomando agua, ¿no se nota?. Inquirió mostrando la botellita azul.

-Si pero...yo pensé que...

Seto depositó la botella en la barra y enfrentó al rubio.

-Tú y yo no tenemos nada que arreglar. Ni tu tienes nada que ofrecer ni yo que tomar.

-Pero...pero...

-Tus intenciones hablan bien de ti pero ya puedes marcharte tranquilo. No necesito nada que provenga de ti.

Kaiba caminó hacia la salida de la habitación y Joey no toleró eso.

Había ido ahí a saldar una cuenta y no podía marcharse sin las manos vacías.

-Pero yo no puedo irme. Tú debes cobrarte el favor.

Seto sonrió de lado. Si que era persistente ese can.

-Ya te dije lo que opino Wheeler. Así que no me hagas perder mi tiempo y vete. Ya conoces la salida.

De nuevo lo había dejado solo y eso si encendió el carácter de Joey.

-Óyeme tú remedo de diplomático decente. Yo vine aquí para solucionar algo y no me iré hasta que no lo haya hecho. ¿Me entendiste?. Preguntó, mirando fijamente las azules pupilas que brillaron un poco.

-Lo entendí aunque ladraste mucho.

Joey gruñó.

-Pero ya te dije que no necesito nada.

-Pero tú...

Al igual que todo lo relacionado a Kaiba, el rubio no se esperó que este lo acorralada contra una pared y le hablara muy, muy lento. De tal forma en que cada una de sus palabras fue captada por su cerebro con total nitidez.

-No necesito nada de ti Joey porque ya me haz pagado lo necesario.

-Pero yo nunca...

Y lo recordó. El beso, aquel beso que entre dormido y despierto el castaño le había pedido aquella vez.

Sin embargo él no consideraba eso como un pago sino como algo que no podía definir en esos momentos.

-Es loable que vengas a saldar tu deuda, pero ya lo está.

-No puede ser. Agregó el rubio cuando Seto lo soltaba.

-¿Por qué no?.

-Porque eso no puede ser un pago. Musitó con las mejillas nuevamente encendidas.

-¿Y quien dijo que no?.

-Pues...yo.

Joey escuchó al castaño reír profunda y verdaderamente y solo pudo sentirse muy chiquito en su comparación.

¿Qué le ocurría?.

-Eres gracioso, siempre lo he dicho.

-No vine a ser gracioso, vine...

-Ya se, ya se, parece que no sabes decir otra cosa. Ya te dije que todo está bien. Tómalo como una filantropía que jamás he hecho y vete. Aconsejó el ojiazul tras terminar de reír.

-Pero...

-Vas a terminar por enfadarme, Wheeler. Amenazó y era verdad.

Joey bajó la cabeza y asintió. Ya nada tenía que hacer ahí, solo salir y...

-Dime una cosa Wheeler. ¿Por qué tanta insistencia de tu parte?.

-Porque hiciste algo bueno por mi y yo quiero hacerlo por ti.

Fue la sinceridad que puso al ojiazul en un lío.

Sin esperar respuesta el rubio avanzó hacia la salida teniendo en mente lo que haría saliendo de ahí en adelante.

Había pensado en distraerse unos días mientras solucionaba su situación de vida pero todo se había roto gracias a ese beso que había olvidado.

Ya nada tenía sentido, empezaba donde había finalizado: en nada.

Antes, sin embargo de que saliera, la gruesa voz de Seto lo detuvo.

-Si "eso" no fue suficiente para saldar tú deuda, entonces creo que tengo lo correcto para ti.

Joey parpadeó mientras se volvía.

-¿Qué?.

Pero Seto no mencionó nada, simplemente sonrió y le indicó que lo siguiera.

Conociendo al tipo era mejor estar preparado para todo o de lo contrario resultaría sorprendido.

Yugi colocó la caja sobre una de las mesas y suspiró agotado.

Durante aquella semana se había dedicado a sacar las cosas no útiles del desván para dejarlo habitable.

Alternando claro está con la obra y la tienda de su abuelo el cual permanecía enfurruñado por su decisión.

Salomón aun no terminaba de aceptar que Yami viviera con ellos y usurpara un territorio por tan solo unos cuantos conocidos.

Sin embargo su astuto nieto sabía que el recelo del viejo hacía acto de presencia. En otras circunstancias tal vez habría dado su brazo a torcer pero como todo era muy diferente a lo que hubiera siquiera imaginado, no cedió.

-Yami se quedará aquí. Murmuró por milésima vez convencido de que estaba haciendo lo correcto y eso le provocó un calorcito que se extendió hasta sus mejillas.

El egipcio era algo totalmente nuevo para él que le provocaba reacciones eufóricas como jamás en su vida hubiera experimentado.

Todo era un embrollo, pero maravilloso. Al cual no pensaba renunciar hasta ver sus "dudas" resueltas.

Con la misma "sonrisita boba" como lo catalogara Tea, decidió sentarse y descansar un poco. Solo faltaba aspirar y limpiar muy bien para que la habitación de Atemu quedara perfecta y eso él lo haría de manera minuciosa.

Mientras tanto el egipcio estaba durmiendo en su habitación, en una manta en el piso porque se había negado a utilizar la cama del más joven y sin embargo eso bastaba para que los dos, sin explicárselo, se enfrascaran en interesantes conversaciones que terminaban hacia las tres de la mañana cuando Salomón golpeaba la puerta y murmuraba un "shhh" como célebre frase.

En esos días se habían conocido un poco más. Yugi le había relatado toda su vida y este a su vez había escuchado con atención todas las anécdotas que su nuevo amigo tenía. Sin embargo de él solo sabía su origen y labor, más allá Atemu no había querido dirigirlo siendo este aspecto respetado por el menor.

Pero eso no era barrera para que una mística atmósfera los cubriera y les diera el disfrute que necesitaban.

En la Universidad por su parte el carácter helado que el egipcio utilizaba para tomar y denegar decisiones sorprendía al de violáceos ojos que admiraba esa metamórfica manera de acudir a un cambio cuando era conveniente.

Los preparativos para El conde de Monte Cristo iban viento en popa. Él se encargaba que el itinerario y otras cosas del productor se mantuvieran en orden, incluso llegaba hasta aportar ideas que Yami tomaba seriamente en cuenta.

Mejor momento en la vida Yugi no podía pedir, con excepción claro estaba de Joey. Su pobre amigo seguía en el anonimato y estaba seriamente comenzando a pensar que debía llamar a la Armada Nacional.

-Hola. Saludó la imperceptible presencia de aquel hombre que al pequeño le revolvía los nervios.

-¡Yami, hola. No te esperaba tan temprano. Sonrió nervioso el más joven, olvidándose hasta de la vida misma.

-¿Entonces llegué en mal momento?.

-No, no, para nada. Estaba terminando de ordenar las cosas en el desván. Ya solo falta limpiarlo y...

-Siento las molestias que pueda causarte. Musitó, sabiendo que parte de eso era verdad.

-No, no son molestias, al contrario. Es un placer ayudar a un amigo.

El egipcio se sintió apenado. El primer día en que Yugi lo llevara a esa casa y después de beber chocolate caliente para el "remojo", le había contado que el hotel dónde se hospedaba pronto "cerraría" y él no tenía dónde quedarse en su estancia en Japón.

Sin ni siquiera pensar en nada Yugi había salido al rescate, ofreciéndole el desván como un módico lugar dónde habitar.

No se trataba del "Ritz" evidentemente ni del palacio más grande del mundo, pero ahí al menos tendría casa, cama y comida caliente que llevarse a la boca mientras su absurda parodia de Productor de Teatro se llevaba a cabo.

Sonriendo entonces había aceptado la invitación de Yugi y sin embargo había descubierto que aquel ser de casi infantil apariencia era lo más singular y verdadero que hubiera conocido en su vida.

Hasta ese momento la empatía iba ganando puntos, sobre todo en el teatro. De no ser por el menor Atemu habría ya renunciado. De verdad era una joya.

-¿Yami?. ¿En qué piensas?. Cuestionó el de ojos violáceos cuando miró a su compañero demasiado ensimismado.

-En la obra. Excusó, no pudiendo decirle que lo que él estaba haciendo por hospedarlo y brindarle amistad lo estaba seriamente afectando como nada en la vida.

¿Qué poder tan misterioso le había concedido Ra a ese ser que comenzaba a parecerle realmente atrayente?.

No sabía y sin embargo tampoco quería aceptarlo.

-Todo saldrá bien, ya lo verás. Animó el más bajito, aventurándose a acariciar la mano que Yami mantenía sobre la mesa.

Aquel contacto fue entonces el inicio y el desborde de millones de sensaciones, sobre todo porque todo era nuevo para ambos.

Yami se aventuró a apresar la mano del menor y a conducirla lentamente hasta sus labios donde la besó sin preámbulos.

Yugi experimento un intenso escalofrío pero por nada del mundo apartó la mirada o extremidad de dónde se encontraban.

-Gracias Yugi, por todo.

-No agradezcas. Solo te lo ofrezco todo de buena voluntad.

Fue la sinceridad que salió de ambos, llevándolos entonces a aproximarse tanto o más de cuando la soledad los inundaba en ocasiones.

Ambos se parecían un poco, sin embargo el color de ojos y la estatura todo lo diferenciaba.

Ambos tenían tanto en común como quien se conoce de por vida pero también diferencias que jamás terminaban en discusiones pero si en risitas de nerviosismo y exasperación.

Yami era impulsivo y con carácter reacio.

Yugi era sensible y dulce como ninguno.

El complemento ideal para aquel que no podía expresarse y aquel que necesitaba un momento de seriedad y pensamiento.

Sin pensarlo demasiado entonces sucumbieron a lo que sus corazones bombeaban autorizándoles a rozar los labios en una suave caricia que dejó temblor de deseo por más.

Yugi sonrió nervioso y Atemu simplemente se apresuró a realizar aquello que ya mil veces había llevado a cabo pero ninguna como esa.

Los labios del egipcio era experimentados. Llevaban el ritmo perfecto y necesario para la inexperiencia del más joven quien se perdió entre las tinieblas de aquella maravillosa sensación que por años se había negado.

Ambos o mejor dicho, Yami asió fuertemente a su compañero, acercándolo a su cuerpo para un más hondo contacto que el de ojos violetas respondió aprendiendo del maestro.

Sus sabores eran diferentes, así como también la esencia que los acompañaba pero en algo estuvieron de acuerdo: el ritmo acompasado que el corazón marcaba cada vez que sus labios danzaban, era una seña inequívoca de lo que el destino les había guardado. Solo a ellos. Solo a los dos porque ambos eran...perfectos en una unión.

-¡YUGI!.

El grito proveniente del fondo, más exactamente de la tienda de Animes terminó con el contacto.

-¡YUGI!

Volvió a gritar el anciano y sin embargo los muchachos no se separaron.

El brillo en sus ojos era singular y la agitación en sus respiraciones aun presente estaba.

-¡YUGI!.

-Creo que tu abuelo te está llamando. Se animó a hablar el egipcio, rompiendo la atmósfera que los dos habían creado.

-Si, creo que si. Asintió el menor, sonriendo a la caricia que Yami le dio cuando con demasiada delicadeza tomó uno de sus cabellos y lo llevó a su lugar cerca de la oreja.

Pero no deseaban separarse. Querían continuar experimentando eso que no conocían y que poco a poco se abría en presencia del otro.

-¡YUGI MOUTO VEN AQUÍ!.

Pero la realidad los reclamaba y debían ir o de lo contrario Salomón los mataría.

-Te veré...en un rato.

-Si, iré a limpiar un poco el desván.

Yugi sonrió, percibiendo sus mejillas y labios sonrojados, más la experiencia vivida era algo que jamás nadie le arrebataría.

Atemu miró al chico escabullirse hacia la tienda y movió la cabeza de lado a lado.

-¿Qué estas haciendo Yami?. Se interrogó, incrédulo de aceptar lo que acababa de suceder.

Sin embargo aquel muchachito lo embargaba de un poder inexplicable que apagaba su ansiedad con su cercanía y ahora, y a su pesar, la sed de sus labios.

El egipcio se recargó en la pared y comenzó a pensar que debía huir de ese país y lugar antes de que ocurriera algo de lo cual podría arrepentirse o hundirse para siempre.

El grito de Salomón reclamando a Yugi le provocó lanzar un fuerte suspiro.

-Y no quiero que ese "naufragio" seas tú, Yugi.

Nuevamente la vida y sus misterios o tal vez el corazón que comenzaba a dar señales de vida después de haberlo desterrado para siempre de su lado.

Continuará...

Y después de un largo camino, una digna despedida para el cierre de mi importante y personal travesía donde solo puedo decir: Gracias, molto graties a todos a quienes me apoyaron estos 4 años. Empieza una nueva aventura. Gracias, de verdad GRACIAS.

Así como también a ustedes quienes me apoyan a seguir actualizando.

Nos vemos pronto mis queridos amigos:

KLF