Abrir los ojos, ser una misma. Capítulo 21
Tipo: Roniswan
Roni`s
Rápida como las gotas de una lluvia torrencial pasó la semana, dando bienvenida al sábado. No se había vuelto a usar el karaoke en el Roni's, ni había habido altercados gordos ni visitas inesperadas, no había sucedido nada más allá que el soportar un par de cumpleaños, el precio del gintonic, excesivo para una mujer, y una despedida de solteros borrachos, donde Roni tuvo que darles un toque de atención.
Alan limpiaba los vasos al fondo de la barra, Roni cerró la caja registradora tras hacer recuento del efectivo que tenían en billetes y monedas y el posible cambio que necesitarían, y Emma colocó una docena de botellas en la estantería más baja junto a la entrada a la barra del bar.
-¿Te vienes estas noche a las hogueras del lago?-, le preguntó Roni a la chica rubia, Alan la miró de reojo terminando de secar los vasos.
-¿Cómo?, ¿y el bar?.-, la rubia miró a su entorno.
-¿Por qué crees que nuestro querido Alan tiene turno doble hoy?-, éste sonrió, sin ser visto. -Por estadística éste es el fin de semana menos cotizado en bares de ciudad y más en supermercados 24 horas. La mayoría de la gente va a la cara sureste de las hogueras del lago George, porque hay fiesta en chiringuitos, con hamacas, y hasta puestos de helados, pero a mí personalmente me gusta ir a la cara noroeste, donde se ven mejor las estrellas y se está más tranquilo.
-Cariño, ¿qué hace esto aquí?-, Alan las interrumpió sacando unas esposas que estaban en un cajón bajo la caja registradora, tras unas botellas, junto a éste había un bate de béisbol.
-Son de una fiesta de Halloween-, se justificó Roni. Emma la miró desconfiada con un mix de pensamientos donde mezclaba el tema hogueras y esas esposas.
–Que es verdad-, susurró la morena para auto convencerse y salió de la barra. -¿Te hace en plan entonces, Stranger Swan?.
La chica sonrió, hacía tiempo que no la llamaba así. Roni la vio.
-Perfecto-, confirmó la morena ante su respuesta y continuó su trabajo.
El día pasó lento, para Emma, que se moría por que fuese de noche ya, y para Roni, que pensaba si aguantaría la noche sin perder la apuesta.
Orilla noroeste del lago George
Habían llegado hace escasos minutos, asentadas, brindaron con un par de cervezas de botellín, la de Roni era de frambuesa y olía desde fuera del envase de cristal. Habían cenado algo light en casa, para reponer fuerzas.
El ambiente en esa zona era ameno, rodeadas de naturaleza, con alguna que otra tienda de campaña coloridas por los alrededores, una caravana antigua aparcada a unos metros, sonidos de grillos, una hoguera grande en el centro, que ya estaba hecha cuando llegaron, y un grupo de hippies cantando canciones celtas. El grupo acabó metiéndose al agua del lago desnudos, su perro labrador les seguía, ladrando y feliz. Roni rió.
Ellas estaban a unos metros hacia atrás, la luz de la hoguera las iluminaba aun en la distancia, lo suficiente para tener intimidad. Sentadas sobre un par de toallas se sentían relajadas. La toalla de Roni era negra, con un enorme cráneo gótico, blanco, la de Emma era de diseño chic, como un mandala colorido.
Al otro lado del lago se observaba entre la oscuridad de una noche de luna menguante una fina línea de luz amarilla que a veces desprendía luces de colores y alguna melodía algo más fuerte que la anterior, de aquel rebuje de músicas de los chiringuitos.
La morena se tumbó sobre su toalla a observar el cielo, colocando sus manos tras su nuca. Las estrellas brillaban parpadeantes.
Emma decidió imitarla, pero, fruto del botellín de cerveza, apoyó su cabeza en la pierna de ella, usándola de almohada. Sintió a Roni sonreír, no sabía cómo, así que, observando aquel manto azul blancuzco del cielo estiró hacia atrás su mano hasta palpar la de ella y se la cogió. Teniendo medio cuerpo sobre la arena fría, sentía que era más libre que antes.
El grupo hippie comenzó a cantar una melodía qué tenía toques de vikingos ancestrales. Y a alzar sus botellines al aire, otros su porro de marihuana.
Y así, en ese extraño y paradisíaco lugar pasaron minutos las dos, donde sus dedos se encontraron y se acariciaron, en ocasiones apretaron o entrelazaron. Era hipnótico el momento, y como tal, dejándose llevar por el momento, Emma gateó hasta ponerse a cuatro patas junto a Roni, y tumbarse bocabajo en la toalla de ella, pegada a su cuerpo. Ésta la miró, parecía seria pero su mirada sonreía.
La morena se puso de lateral y le comenzó a acariciar la espalda con su dedo índice, notando como se le erizaba el vello de los hombros que mantenía al descubierto de su camiseta si mangas blanca.
-Así que guardas esposas en la barra del bar-, Emma necesitaba hablar de algo, estaba aterrada, estaba disfrutando tanto de sus caricias que a voz de pronto tenía las típicas dudas infantiles.
-Emma…, de verdad. No las he usado para nada indecoroso-, dijo haciéndose la ofendida. –Nadie ha querido dejarse esposar por mí-, dejó caer.
Swan giró el rostro hacia ella y la miró alzando sus cejas.
Un ruido surgió en el interior de una de las tiendas, Roni se levantó y se puso en cuclillas para asomarse, en el interior de la tienda de campaña una pareja del grupo aquel de hippies estaba haciendo el amor salvajemente; la morena le hizo una seña a la rubia para que se acercase, cuando ésta se asomó y los vio se sonrojó, -¡Roni!-, susurró, la agarró de la mano para alejarla de ahí mientras ésta se reía a carcajadas medio disimuladas en ruido.
La rubia agarró ambas toallas y llevando a Roni de la muñeca, cual niña pequeña que se ha portado mal, se alejaron al otro lado de la hogueras y de las tiendas, varios metros.
-¿Eres voyeur o qué?-, le dijo Emma aun sorprendida. La morena se tumbó en la toalla arrugada y se tapo con una mano la mitad de la cara sonriendo mirando al cielo.
-Una estrella fugaz-, señaló la propia Roni al cielo con la otra. La rubia la vio justo antes de desaparecer. Hubo unos segundos de silencio, ¿de deseos?.
Emma se sentó en su toalla que estaba estirada a un metro de la de ella. Al rato dijo, -dios, que vergüenza, nos llegan a ver...
La morena la miró, -nos llegan a ver y nos dicen que nos unamos-, sonrió.
La rubia negó con la cabeza.
-¿Desde hace cuánto conoces a Alan?-, se interesó la rubia a voz de pronto.
–No recuerdo la verdad, pero siempre me ha ayudado con el bar.
-¿Y siempre ha sido de hacer apuestas controvertidas?.
La morena se sorprendió porque sacase el tema, pero estaba pacífica, -pues la verdad es que no, era la primera.
Desde allí se escuchaba mejor la música de la fiesta del otro lado del lago.
-¿Vienes todos los años en esta fecha al lago?.
-Sí, pero no con ese tipo de compañía.
La rubia se puso de lado apoyando su codo en la toalla.
-¿De qué tipo de compañía hablas entonces?.
-No lo sé, el tipo de compañía que no me hace sentir que valgo para algo más que poner copas, personas casi desconocidas que solo miran por ellos mismos y que no me hacen sentir especial. Compañía que no me incita a tumbarme encima de ellos y perder una apuesta por ello…
La rubia aflojó su brazo y se golpeó en el suelo. Roni rió a carcajadas. Le había lanzando una caña con un arpón no con pequeño anzuelo.
-Ah. Pero es que… yo quiero que gane Alan.
-¿Qué?-, la morena se sentó y le lanzó enfurecida un puñado de arena a su toalla.
-¡No!-, la rubia se sacudió la que le había caído encima, -ahora voy a tener que levantarme para sacudir la toalla, muy bien Roni, muy bien-, se hizo la super ofendida. Todo estaba siendo como un teatrillo, como jugar a las casitas a sabiendas que todo iba a llevar a lo que iba a llevar.
-¿Sabes qué, Emma?-, la rubia la miró. -Me está empezando a importar una mierda que gane Alan la dichosa apuesta…- Fue sincera. Roni se puso en pie y se comenzó a acercar a la chica, ésta la miró asustada.
–Siento que todo ha cambiado.- continuó con su racha de franqueza.
-¿En serio?- preguntó la rubia viéndola acercarse, aun con su toalla en la mano, recién sacudida, su corazón se aceleró, analizando lo que estaba sucediendo.
-En serio-, le confirmó susurrante cuando la tenía casi sobre sus labios, que desprendían calor en la distancia de milímetros. Roni se los relamió lentamente. A Emma le palpitó todo su cuerpo y dejó caer su toalla al suelo. Se sintió como una margarita floreciendo y dejando a sus pétalos impregnarse del sol.
Su jefa le acarició el lateral de la cabeza, entrelanzado sus dedos con sus cabellos ondulados rubios sin dejar de mirarle a los labios y llevando su mano hacia su nuca lentamente. Todo sucedía pausado, hasta que la mano de la morena llegó del todo a la nuca de la sheriff y Roni empujó su cabeza hacia sí hasta que el espacio entre ellas dejó de existir y sus labios se tocaron; entonces comenzó ese baile tan deseado, ese beso tan soñado, fantaseado en sus mentes. Y los labios se movieron tan acompasados que parecía que todo estaba coreografiado. La lengua de Roni no pudo esperar más de dos segundos en conocer la de la rubia, y sentir que eso era lo que necesitaba, ese sabor, esa humedad.
Se habían besado, largo rato, se habían respirado la una a la otra mientras una estrella fugaz nueva había surcado el cielo, habían derribado esos muros entre sus labios… había sucedido por fin…. pero no se había roto la maldición, no aun.
No podían negar que el calentón que tenían era irrefrenable, pero Emma se preguntaba, ¿ése era el momento, debían esperar, hablar, o lanzarse al vacío?. Roni quería claramente llegar a más, pero la rubia le daba vueltas a la cabeza al hecho de ver que Roni no había despertado de la maldición. ¿Eso era señal de que ella no era el destino de su amiga?.
Tuvo ganas de llorar. Sin embargo, ese pedacito pecho que se atisbada tras la camiseta rockera de Roni le atraía al infinito. Estaba entre dos corrientes.
Cuando Roni le tocó la cintura bajo su camiseta Emma Swan sintió que ya nada podría pararlas, y que las dudas quedarían para luego. Era hipnotizante esa mujer.
Para cuando se dio cuenta estaba tumbada sobre la arena y Roni encima de ella, a horcajadas y con la mano de Emma navegando bajo su pantalón. Dejándose hacer, balanceándose, rozándose con ella, la morena disfrutaba cabalgando sobre esa mujer que le despertaba su lado más salvaje. Y a su vez, la rubia lo hacía igual con la mano de Roni acariciándole el pecho, pellizcándole, y a ratos siendo expuesto a la luna y a su lengua. Era curioso, dos brujas, en un aquelarre de sexo desenfrenado.
La rubia se giró para colocarse encima de la morena e invertir la posición, le echó los brazos atrás sometiéndola a ella y rozándose con su cuerpo, dejándose penetrar por sus dedos ágiles, … primero llegó al clímax ella, no iba a poder aguantar más, luego Roni, que quiso repetir eso de ponerse encima de ella, y como lluvia de verano, agradecida, relajada, y sus pulmones recobrando un aliento perdido entre los cabellos de la rubia semi sudorosos dejó que el gemido del placer fluyera de sus labios.
Justo cuando, estando abrazadas, minutos más tarde, unidas, y sintiéndose realizadas, vivas, Emma le quiso decir las dos palabras más complicadas de decir a una persona, y más soñadas a la par, las que llevaba ocultándose hasta a sí misma por mucho tiempo.
–Te quiero.
Entonces la mirada de la morena se tornó, parpadeó, su actitud cambió.
Roni había despertado, y ahora era Regina Mills.
Y como si todo fuese nuevo para ella, la morena se miró, sus complementos, su ropa medio levantada, su sensación de bienestar, la miró a ella, a Emma Swan, sudorosa, confusa, medio despeinada y preciosa; se quitó de encima de ella.
-Em… Emma, qué, que... ¿qué ha pasado?-, miró el bosque, el lago, las tiendas de campaña y la hoguera a unos metros.
Se tapó con la toalla pudorosa a pesar de que poco de su cuerpo se le veía.
-¿Tú eres… es decir… tú…-, preguntó Emma tapándose también con la toalla.
-¿Eres…
Regina se sentó cruzándose de rodillas y agachó la cabeza tapándose las sienes, "son muchas cosas", recuerdos florecieron en su mente, frases, imágenes. "Te apuesto que…".
-¿Estás bien?.
La morena tragó saliva, -no estoy segura.
Emma estaba temerosa, ¿se había enfadado con ella o recordaría algo que las separase?.
Pasaron varios minutos de silencio y música en la lejanía, y Regina ahora tenía los codos apoyados en sus rodillas, a voz de pronto dijo más calmada, -tranquila, todo está bien-, alzó la vista hacia Emma, cambiada, apaciguada, aunque por dentro aun estaría palpando esta nueva realidad, se levantó. –Me voy a dar un baño al lado para aclararme-, le dijo, -lo necesito.
La rubia asintió comprensiva y por un lado se arrepintió de haberle dicho aquello que tanto sentía, si el despertarla la iba a dejar tocada.
Roni dejó la ropa en el lago, salvo la interior, que se la dejó puesta. Dejándose flotar en las oscuras e iluminadas aguas recordó sueños que había tenido tiempo atrás, donde un reloj estaba parado y una anciana portaba una ballesta, siempre había pensando que sería cosa fruto de lo que veía en la televisión. Pensó en Emma, toda su historia, desde sus comienzos, sus secretos, ahora entendidos, las palomitas, las copas, su compañera, su amiga, y cómo todo había llevado a esa noche.
Por su cuenta Emma no dejaba de apretarse los dedos, preocupada, pensaba que Roni se iba a enfadar, sentía miedo de que su historia con ella fuese como un sueño pasado de Hyperion Hights.
Roni Mills salió del agua, rodeado con su toalla su cuerpo; al ver a Emma con la cara descompuesta y cobijada tras sus rodillas se puso en cuclillas a su lado, le acarició la cabeza para tranquilizarla y la abrazó maternalmente, -no pasa nada, shhh, estoy bien-, susurró besándole la frente.
Emma pareció reaccionar y le correspondió el abrazo, al comienzo con miedo, casi sin tocarla, y luego, calmada tras olerle el cabello mojado lo hizo más fuerte.
-¿Todo esto ha sido una maldición?-, le dijo la morena, agarrándole de la mano.
La rubia asintió. –Sí, lo supe por… bueno, no sé por dónde empezar-, suspiró.
-No te preocupes, hay tiempo-, Roni le apretó la mano.
La rubia se permitió dejar su cabeza reposar sobre su hombro.
-¿Cómo te sientes?-, se atrevió a preguntar.
-Sinceramente, al principio estaba confusa, pero ahora me siento, … no sé-, le besó en la sien, -feliz.
La rubia alzó la vista a ella. -¿Seguro que eres Regina Mills?.
-¡Eh!-, le pellizcó en el costado. La rubia rió, -¿es que quieres que haga una bola de fuego y te meta dentro?.
–No, no, no-, rió y entonces sintió que era ella, aunque aun tenía una parte de Roni dentro, quizás una combinación de ambas.
A los minutos la morena apoyó sus manos en la toalla como si estuviese tomando el sol y observó a Emma, que estaba más tranquila, pero su mirada ocultaba algo y ella sabía de qué se trataba. -No has hecho nada malo Emma, de verdad, lo he recordado todo, está todo bien, y… bueno, siento lo que te pasó con Killian, Alan me lo contó todo.- frunció la frente, confusa, el cómo lo sabía era un misterio.
-Supongo que todos tomamos malas decisiones alguna vez.-, dijo Emma observando el cielo.
-Sabes que nunca me cayó bien el pirata eye liner, pero… bueno, supongo que en parte se trataba de celos.
Emma se giró hacia ella, -¿en serio?.
La morena denotó ese interés superior de la rubia, -puede… - le lanzó arena con los pies.
-No empieces Regina, que…
La morena alzó el mentón retándola. Con ese juego de miradas que los muros no sólo habían derribado sino que estaban empezando a construir edificios nuevos, en todo aquel momento plácido de complicidad, el móvil de Regina sonó brevemente, el sonido de un mensaje.
La morena palpó por la toalla hasta encontrarlo y leyó un mensaje de Alan "¿Cuándo vas a pagar la apuesta?, has perdido".
Regina abrió la boca sorprendida y le enseño el móvil a Emma mientras miraba hacia todos lados.
-¿Pero cómo…?.
Otro mensaje de Alan: "Vuestro hijo ha despertado delante mía, así que supongo que…".
Ambas se miraron.
-Un momento, ¿hemos roto la maldición?. Pensaba que solo te habías despertado tú.
-Oh dios, Henry…- de repente Regina ató cabos y aquel Henry que Roni tenía por colega y gran cliente resultaba que era su hijo, pero es que ese hijo tenía a … ¿Lucy?.
-Emma, ¿te.. te…tenemos una nieta?.
¡Continuará!
Espero que os haya gustado. Ya es la recta final.
