Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, sólo la trama es mía.
-20-
-¿Estás segura de esto? –me preguntó Rosalie por enésima vez, caminando a mi lado y esquivando a la gente que iba y venía.
-Sí, eso creo –murmuré nerviosa. Aún estaba algo triste por la reacción de Garret hacía tres días, pero sentía que había hecho lo correcto. No podría haberme casado con él amando en secreto a otro hombre.
-¿De verdad que no quieres que te acompañe?
-No, de verdad. Tengo que hacer esto sola, y si todo va bien, me quedaré allí, así que será mejor que te quedes en Nueva York.
Rosalie asintió, y dejó en el suelo la otra maleta que yo había traído. Mucha de mi ropa la había donado a centros de caridad porque sabía que en Dilley no me harían falta prendas tan caras, así que sólo había metido en la maleta lo que había creído justo y necesario.
-Te voy a echar mucho de menos –me dijo parpadeando seguidamente para que no aparecieran las lágrimas. Muy pocas veces en aquellos seis años la había visto llorar, y sabía que sólo lo hacía cuando de verdad lo sentía, y como yo estaba tan sensible debido al embarazo, ni siquiera pude pensar en reprimirlas.
-Y yo a ti –le contesté sorbiendo por la nariz y secándome los ojos antes de arrojarme sobre ella para abrazarla.
-Cuando hables con él tienes que llamarme, no lo olvides. No estaré tranquila hasta que sepa que estás bien –me pidió con la voz entrecortada.
-Estaré bien –le aseguré queriendo creerlo mientras la estrechaba con fuerza entre mis brazos.
-Y prométeme que te vas a cuidar mucho, y al pequeñín también.
-Claro que sí. Los dos estaremos muy bien, ya verás –le dije antes de darle un beso en la mejilla como despedida.
Entonces, escuchamos a través del megáfono que los pasajeros que se dirigían a Houston ya podían embarcar porque en breves momentos el avión despegaría, así que cogí las maletas, y Rosalie me acompañó hasta el túnel de embarque.
-Muchas gracias por todo –le dije sonriendo cuando dejé mínimamente de llorar.
-No hay porqué darlas –me contestó dándome de nuevo un abrazo rápido.
-Hasta pronto –me despedí cuando me separé de ella. Suspiré nerviosa y embarqué, sintiéndome por primera vez segura de que era aquello lo que debía hacer.
Pasé todo el viaje en avión tocándome las manos. No era capaz de hacer nada más. Ni de dormir, ni de leer, ni de distraerme aunque fuera con una mosca…nada. Estaba demasiado nerviosa como para moverme siquiera. Sabía que mis nervios no ayudarían en absoluto al bebé, pero no podía evitarlo.
Había decidido que si Jasper no me perdonaba, no iba a decirle que estaba embarazada. No quería que creyera que había vuelto sólo porque esperaba un hijo suyo, así que si acababa perdonándome, sería porque realmente quería, no porque se veía en la obligación de hacerlo.
Suspiré temblorosa ante aquellos malos pensamientos, pero sabía que debía prepararme para todo. Había una parte de mí que no dejaba de repetirme que me había comportado como una cualquiera y que Jasper no querría volver jamás conmigo, pero mi otra parte, la optimista, me hacía fantasear con una vida con él y con nuestro hijo, y aquella idea siempre me hacía sonreír.
Cuando el avión aterrizó en Houston, me apresuré a tomar un taxi porque estaba segura de que aquel día no tendría la misma surte que la última vez. Aquel día no encontraría a ninguna alma caritativa que quisiera llevarme hasta Dilley.
Me subí en el primer taxi libre que vi, y le pedí al taxista que me llevara hasta el pueblo. Le expliqué que una vez allí ya le indicaría el camino que debería seguir para llegar hasta la casa de Jasper. Tuve suerte y me tocó un conductor amable que encima me dio conversación, por lo que no tuve tiempo para ser pesimista.
Tardamos demasiado poco en llegar al rancho, y una vez que lo hicimos, le pagué al hombre, dándole incluso algo de propina. Atrasé todo lo que pude el momento de bajar del taxi porque me temblaban las piernas, pero sabía que tarde o temprano tendría que hacerlo, por lo que me armé de valor y abrí la puerta. La cerré suavemente, y cuando lo hice, escuché unos ladridos provenientes de dentro de la casa.
Respiré hondo varias veces y comencé a caminar hacia el rancho, sintiéndome muy segura por fuera, pero demasiado insegura por dentro.
Me detuve en seco al instante en el que se abrió la puerta, y Sheldon corrió como un rayo hasta mí sin dejar de ladrar. Me agaché para recibirlo bajando la cabeza, ya que no me veía capaz de enfrentar a la persona que había parada en el porche. Y eso que hacía sólo dos semanas que había estado allí mismo.
-Hola, Sheldon –lo saludé como si esperara que me contestara. El perro no dejó de moverse y de menear el rabo, y por lo menos sentí que alguien me perdonaba. Le acaricié el morro y el lomo con cariño, y a continuación rodeé al animal con mis brazos y apoyé mi mejilla en su cabeza, sabiendo que necesitaba el cariño de alguien, aunque ese alguien fuera un perro.
Volví a respirar hondo antes de levantarme, y cuando lo hice, vi que Jasper no se había movido del porche. Me observaba con el ceño fruncido, como si esperara que fuera a desvanecerme en cualquier momento. Agaché la cabeza de nuevo y comencé a caminar hacia él, mordiéndome el labio en el trayecto. Jamás había estado tan nerviosa como en aquel momento, ni siquiera cuando volví a Dilley después de seis años.
Me detuve justo antes de llegar a las escaleras, y dejé las maletas en el suelo. Miré a Jasper otra vez, infundándome valor en silencio y diciéndome a mí misma que aquello iba a funcionar.
-Hola –fue lo único que se me ocurrió decirle, y no pude sentirme más imbécil de lo que me sentí cuando no me contestó. No dejaba de observarme con el ceño fruncido, y sentí que no había esperado en absoluto volver a verme allí. – ¿Cómo estás? –no sabía si sería una buena idea preguntarle aquello, pero era sólo para romper el hielo.
-¿Cómo crees que estoy? –me contestó sin relajar sus facciones, lo que me hizo dar un pequeño paso hacia atrás.
-Lo siento muchísimo –bueno, iba avanzando. Aquello se parecía más a lo que en realidad quería y necesitaba decirle. –Sé que eso no te basta, pero de veras que lo siento. Me equivoqué en todo.
No se movió ni un ápice, y aquello no me dio seguridad, sino al contrario, me hizo pensar que lo estaba estropeando todo otra vez.
-Yo…he reconsiderado mi elección. No me voy a casar con Garret.
Entonces, vi que la expresión de sus ojos cambiaba muy poco, fue algo imperceptible y momentáneo, pero yo lo vi, y comprendí que volvía a tener algo de esperanza.
-No me comporté bien y…quiero remediarlo, así que espero que no sea demasiado tarde –tuve que agachar la cabeza para que no se notara que había empezado a llorar. –Tenías razón, siempre la tuviste.
-¿En qué? –me preguntó cruzándose de brazos.
Sorbí por la nariz y volví a levantar en la cabeza, pensando muy bien mi respuesta.
-En todo. En que me había estado mintiendo a mí misma, en que estaba huyendo de lo que sentía y…en que te amo –le contesté sintiendo que las manos me temblaban descontroladamente. –Ahora sólo espero que puedas ser capaz de perdonarme por haber tardado tanto y por haber sido tan estúpida y… también espero que me dejes empezar una nueva vida a tu lado.
Esperé pacientemente su respuesta, pero estaba tan nerviosa que sentía que estaba a punto de desmayarme. No dejé de observarlo, y me di cuenta de que no había relajado su postura ni un poco, y aquello no me apaciguó.
-No –me contestó con seriedad, y sentí que se me caía el mundo encima. No.
Me mordí el labio y agaché la cabeza avergonzada y humillada. De todas formas, su respuesta era normal. ¿Por qué querría estar con alguien que le había hecho daño? ¿Por qué iba a cometer el mismo error dos veces?
-L-lo siento mucho –mascullé abatida, sintiendo que no podía aguantar más las lágrimas. –S-siento haberte hecho perder el tiempo de esta forma…yo…voy a…–decidí no humillarme más, por lo que me di la vuelta dispuesta a marcharme de allí, queriendo desaparecer de la tierra en aquel mismísimo instante.
-No –volvió a decir, y ésta vez noté un débil cambio en su voz, por lo que me detuve. Escuché pasos detrás de mí, y me latió desesperadamente el corazón. Cerré los ojos porque no quería empezar a imaginar cosas, pero sentí una mano alrededor de mi brazo que me hizo darme la vuelta. –No –repitió, y lo observé detenidamente, sin comprender lo que estaba haciendo.
-¿No qué? –me atreví a preguntarle, esperando que no volviera a humillarme.
-No quiero que me pidas perdón.
Parpadeé varias veces sorprendida y confundida. ¿A qué venía todo aquello?
-No eres tú la que se tiene que disculpar.
-¿Cómo que…? –comencé a hablar, pero me calló con un movimiento de su mano.
-Alice, te dejé ir una vez, y me prometí a mí mismo que no volvería a hacerlo si algún día tenía la oportunidad de remediar mi error, y eso es exactamente lo que no hice hace dos semanas. Te aseguro que jamás me sentí tan miserable como me sentí hace seis años. Sabía que tendría que haber ido detrás de ti, haberte pedido que te quedaras conmigo o haberme marchado contigo a Nueva York, aunque fuera por un tiempo. Pero jamás debí quedarme aquí, esperando como un imbécil a que ocurriera un milagro que te hiciera volver. –lo observé atónita, demasiado sorprendida como para atreverme a interrumpirle. –Y aún ahora sigo sin comprender como tuve la suerte de que regresaras al pueblo hace tres semanas. Desde que te vi delante de mí, juré por mi vida que no volverías a irte del pueblo, al menos no sin mí, y en vez de ser valiente y de luchar por ti, dejé que te fueras otra vez, y encima con otro hombre. Estaba convencido de que había agotado mis oportunidades, pero ahora que te veo aquí…me cuesta mucho creer que has vuelto, porque sé que no te merezco…
-Estoy aquí –le aseguré cogiendo sus manos con las mías, sintiéndome completamente feliz. Ya no tenía miedo de expresar mis sentimientos. –Estoy aquí, contigo, y no me voy a ir nunca.
Continuó mirándome, como si le costara demasiado creer que me tenía delante de él.
-Pero… ¿Qué pasa con Nueva York? –preguntó temeroso.
Me encogí de hombros.
-Nueva York no se va a mover del sitio. Podré volver cuando quiera. Pero yo quiero estar aquí, junto a ti, porque te amo, y porque quiero remediar el daño que te hice.
-No fue tu culpa, el culpable de todo esto fui yo, desde el principio. Pero te aseguro que no cometeré tres veces el mismo error. Esta vez no te vas a ir de aquí, espero que lo sepas –me dijo con una sonrisa radiante, abrazándome por la cintura, pegándome a él.
-Eso no va a ser ningún problema. No querría estar en otro lugar –le aseguré antes de rodear su cuello con mis brazos para besarlo, demostrándole que lo que le estaba diciendo era cierto.
Pero entonces, recordé algo demasiado importante como para dejarlo para más tarde, así que me separé abruptamente de él, sorprendiéndolo y asustándolo.
-¿Qué pasa? –me preguntó temiendo que me hubiese echado atrás.
-No pasa nada, es que hay algo que tienes que saber…–dije acariciando su nuca distraídamente.
-¿De qué se trata?
-Verás…ésta vez no he venido sola…
Jasper frunció el ceño sin comprender mis palabras, y observó disimuladamente por encima de mi hombro, buscando a alguien más en el rancho.
-Yo no veo a nadie –murmuró confuso, volviendo a clavar sus ojos en mí.
-Lo sé. Y no vamos a verlo hasta dentro de ocho meses y medio, más o menos –le solté algo sonrojada, pero feliz de poder ser yo la que le diera aquella magnífica noticia.
Una radiante sonrisa asomó por sus labios a medida que fue comprendiendo mis palabras, pero aún así no pude evitar decírselo:
-Estoy embarazada.
Me apretó contra él cuando terminé de articular aquellas palabras, y lo sentí temblar por los nervios y la emoción.
-No puedo creerlo…–murmuró contra mi cuello, sin aflojar su agarre ni siquiera un poco. – ¿Qué he hecho de bueno en la vida para merecer todo esto? –preguntó, y sonreí sin poder evitarlo.
-Lo has hecho todo –contesté acariciándole cariñosamente el cabello, y cuando levantó la cabeza para mirarme, me di cuenta de que estaba tan emocionado que incluso tenía los ojos húmedos. De repente, se me ocurrió una idea demasiado fugaz, y las palabras surgieron de mi boca sin que tuviera tiempo de pensarlas: – ¿Quieres casarte conmigo…otra vez?
Jasper me observó sorprendido, y sin pensárselo dos veces enredó una de sus manos en mi cabello y me atrajo hacia él para volver a besarme, pero con más pasión que antes. Así que supuse que aquello era un sí rotundo.
-Te amo –me dijo sin apenas separarse de mis labios cuando hicimos una pequeña pausa para respirar, y yo sonreí, sintiendo que a partir de aquel momento no dejaría jamás de hacerlo.
-Y yo a ti –le contesté para después reanudar el beso, comprobando así que era cierto lo que me decía.
Ya no tuve miedo, ni hubo más confusiones. En aquel momento, lo único que debíamos hacer era comenzar nuestra nueva vida juntos, olvidando los malos momentos para dejar paso a los buenos, que estaba segura, serían muchísimos.
¡Awwwwww! ¡Que bonitos! ='D ¡Ya era hora de que se arreglaran!
Snifff...los finales siempre me ponen melancólica :( Pero bueno, aún no hemos llegado al final. Todavía nos queda el epílogo ;)
Espero que os haya gustado el desenlace de la historia.
¡Nos leemos en el epílogo!
XOXO
