¡Wow! ¿Adivinad quien ha vuelto? En fin, no voy a prometer más 'capitulo todos los sábados' porque todos sabemos que no va a pasar, pero tenía que intentarlo. En todo caso, siento mucho la espera. He estado bastante bloqueada en el tema de Shiki Uchiha, pero últimamente la inspiración ha decidido ser mi mejor amiga otra vez así que he decidido seguir escribiendo. También está el hecho de que se me rompió el ordenador y estoy en época de exámenes, pero meh, ¿A quién le importa? Me he dado cuenta de que tengo un montón de nuevos lectores, así que, ¡Bienvenidos a Shiki Uchiha!

Read all about it. pt III - Emeli Sandé

Titanium - Mdilyn Bailey

Where to begin - Paradise Fears

Sleep - Paradise Fears

Hurts so good - Astrid S

Running out - Matoma, Astrid S

Never forget you - Zara Larsson. MNEK

Say my name - Paradise Fears

XIX: La primera misión

Después de estar entrenando durante varios días sin descanso y con un solo pensamiento en mente, ha llegado el momento de que nuestros queridos genin salgan a realizar su primera misión, pero tal vez no sea lo que esperan. Mientras tanto, Asashi espera a que su príncipe despierte de su sueño y el corazón de piedra de Meami parece hacerse añicos al ver como la vida abandona los ojos de una sus mejores amigas. ¿Feng Kensai logrará sobrevivir el ataque de Asashi? ¿Cuál será la misión de nuestros genin? ¿Y Godey, despertará de su sueño o seguirá durmiendo para siempre?

NORMAL POV

– Esta tarde es el festival de la nieve – comentó Kokoa con voz ronca por culpa del resfriado, mirada fija en la ventana de su apartamento.

Iruka puso los ojos en blanco al notar el dramatismo de su compañera, pero tampoco podía culparla. Para la mayoría de la gente, el festival de la nieve solo era una oportunidad de pasarlo bien y de evitar sus quehaceres habituales, pero para la Kada era mucho más. Su madre solía organizar varias actividades para los miembros más jóvenes del clan, pero después de su muerte la mayoría del clan Kada había dejado de asistir. Para Kokoa, el reanimar la llama de su clan era la cosa más importante, y no poder hacerlo por un resfriado resultaba frustrante.

El Umino sacudió la cabeza y depositó una taza de chocolate caliente sobre la mesa, llamando la atención de la ojiroja.

– ¿Qué es eso? – preguntó, señalando la taza con su mano, completamente cubierta por una manta beige para protegerse del frío.

La Kada estaba tumbada en el sofá completamente envuelta en una manta como si fuera un fuerte.

– Chocolate caliente, hace frio – respondió el castaño, señalando la escarcha de las ventanas.

Kokoa asintió y cogió la taza entre sus manos, disfrutando del calor que emitía. Antes de dar un sorbo, levantó la cabeza y clavó sus orbes rojizos en los castaños del Umino.

– ¿Por qué eres tan amable conmigo? – preguntó con una expresión que mezclaba seriedad y confusión.

La verdad era que ella sabía la respuesta, porque eran compañeros de equipo, habían cumplido incontables misiones juntos, habían combatido codo con codo. Era lógico que cuidara de ella. Sin embargo, una parte de Kokoa se preguntaba, si, tal vez, había una razón detrás de todos aquellos cuidados. Una razón que iba más allá de la comprensión humana y que, probablemente, ni siquiera Iruka entendía.

– Eres mi amiga – contestó el Umino con tono tranquilo al tiempo que se servía una taza de té.

La Kada negó con la cabeza, enredando sus cabellos rubios.

– No, me refiero a la verdadera razón – insistió, dejando la taza sobre la mesa y clavando sus ojos rojos en los del castaño, intentando ver más allá de él.

Iruka cerró los ojos y tomó aire. Adoraba a Kokoa más que a nada en el mundo, era su mejor amiga y su compañera de equipo. Representaba todo en lo que él creía. Sin embargo, últimamente, no había podido evitar pensar en ella de una manera distinta, de una manera en la que no había pensado nunca. Había dejado de pensar en ella como Kokoa Kada, su compañera de equipo desde los once años para pasar a pensar en ella como Kokoa Kada, la secretaria del Hokage con cabellos dorados. ¿La quería? Sí, muchísimo, pero ¿Cómo más que una amiga? No lo sabía, no tenía ni idea, y eso era lo que más le asustaba.

El Umino abrió la boca, listo para responder la pregunta de la Kada de una manera que cambiaría su mundo, pero antes de poder decir palabra, vio que Kokoa se había quedado dormida, cabeza apoyada sobre el respaldo del sofá. Iruka soltó un suspiro y acomodó la manta sobre el cuerpo de la ojiroja para después salir del apartamento con pasos lentos y silenciosos, tenía que ir a la Academia si no quería llegar tarde.

SHIKI POV

El sol se colaba por las rejillas de las cortinas, Sasuke y yo llevábamos discutiendo el tema del dinero toda la mañana mientras que nos preparábamos para ir a entrenar junto con Kakashi-sensei. El azabache parecía no estar demasiado preocupado por el tema, pero en el fondo sabía que tarde o temprano, necesitaríamos el dinero. Cogí la bolsa ninja y me la llevé al hombro, exponiendo en el proceso el tajo horizontal que tenía en el brazo, vestigio de la pelea del día anterior. El mayor posó sus orbes negros en la herida, una expresión ligeramente culpable apareciendo en su rostro.

– Lo siento – murmuró al tiempo que metía distintas armas en su bolsa ninja.

Dejé el bol de cereales en la mesa de la cocina y arqueé una ceja, fingiendo confusión. El Uchiha soltó un suspiro para luego señalara la herida de mi brazo.

– Tendría que haber tenido más cuidado – comentó con aire apenado.

Sacudí la cabeza y me acerqué al ojinegro, el cual estaba centrado en preparar su bolsa para el entrenamiento. Sin decir una sola palabra, cogí sus manos entre las mías y las observé durante unos largos segundos. La mayoría de las heridas ya habían empezado a cicatrizar, pero sus nudillos aún estaban bastante mal después de haber golpeado aquel árbol.

– Ten – dije al tiempo que le pasaba un ovillo de vendas, sabiendo que si no se protegía las heridas terminarían por volver a abrirse.

Salimos del apartamento y cerré la puerta, metiendo las llaves en el bolsillo de mis pantalones ninja. Caminamos en silencio hacia el campo de entrenamiento, observando como la mayoría de comerciantes habían empezado a preparar sus puestos para el festival de la Nieve, que tendría lugar esa misma tarde. Entre todo el gentío que se encontraba en la calle principal, conseguí reconocer a Sakura, la cual estaba hablando con otra kunoichi de cabello rojo y ojos azul cielo, Kinna Tsuishi. Levanté la mano como saludo, llamando la atención de la pelirrosa, que se dio la vuelta y saltó sobre mi espalda.

– ¡Shiki! Estaba hablando con Kinna sobre las preparaciones del festival – anunció la Haruno, separándose de mí y volviendo a su conversación con Kinna.

Sasuke puso los ojos en blanco y metió ambas manos en los bolsillos.

– Así es, le estaba contando a Sakura cómo nuestra misión de hoy consiste en poner las decoraciones, ¿Ves? – dijo la pelirroja, señalando las luces de feria que sus dos compañeros, Natsu y Jinn, estaban colocando en una de las farolas.

Sasuke le lanzó una corta mirada a la Tsuishi. Con que ellos ya están haciendo misiones… Pensó el Uchiha con cierto recelo.

– ¿Es vuestra primera misión? – preguntó el azabache, llamando la atención tanto de Sakura como de Kinna.

La pelirroja negó con la cabeza antes de alisarse el pesado abrigo rojo que llevaba para protegerse del frío.

– No, es nuestra cuarta, y si todo va bien, mañana saldremos de la villa para escoltar a un viajero – comentó con una gran sonrisa en el rostro.

Sasuke y Jinn soltaron un bufido simultáneamente.

– ¡Que suerte! – exclamó la ojijade, colgándose del brazo de la pelirroja – Nosotros no hemos empezado todavía –

Kinna arrugó la nariz con una expresión de confusión en el rostro.

– Eso es raro, la mayoría de los equipos ya están en su segunda o tercera misión –

Levanté la cabeza, curiosa después de haber escuchado las palabras de la ojiazul.

A lo mejor Kakashi está retrasando las misiones por vuestros sellos.

Comentó Nara desde lo más profundo de mi mente, provocando que un escalofrío recorriera todo mi cuerpo. La Tsuishi se alzó de hombros y se despidió con la excusa de que aún estaba en la misión, dejándonos a los tres en medio de la calle.

– Ahora que Kinna lo menciona… – empezó a decir la Haruno –… es verdad que es bastante raro que aún no hayamos salido a hacer ninguna misión –

Me alcé de hombros y seguí caminando en dirección al campo de entrenamiento, seguida por Sasuke, el cual fue más tarde alcanzado por Sakura.

Estaba tumbada en la hierba, ojos azulados observando el cielo y las nubes con tranquilidad. Naruto y Sasuke estaban teniendo una de sus estúpidas peleas mientras que Sakura intentaba mantenerse al margen, sentada frente a la verja que rodeaba el campo de entrenamiento mientras que, con un par de horquillas, intentaba abrir la cerradura.

– Es inútil, Sakura – hablé en voz alta sin siquiera molestarme en incorporarme.

La Haruno negó con la cabeza y volvió a insertar la horquilla en el agujero de la cerradura en un intento por probar que estaba equivocada, sin embargo, un par de segundos después, la horquilla saltó por los aires, aterrizando en la frente del Uzumaki.

El rubio se frotó la frente con fuerza.

– ¡Sakura-chan! – se quejó, lagrimas falsas rodando por sus mejillas.

Puse los ojos en blanco y volví a apoyar la cabeza en mi bolsa ninja, la cual había estado utilizando como almohada.

– De todas maneras, ¿Cuánto tiempo llevamos esperando? – preguntó la ojijade, exasperada.

El ojiazul se alzó de hombros mientras que el Uchiha se limitaba a responder con su habitual monosílabo. Miré la hora en el reloj que llevaba en el bolsillo.

– Hmm… alrededor de dos horas y media – respondí con tono tranquilo.

El Uzumaki dejó escapar un gruñido antes de sentarse sobre uno de los troncos cortados.

Bakashi siempre lo sabe todo, ttebayo… – murmuró por lo bajo, sin embargo, gracias a mi oído de lobo fui capaz de oírlo, por lo que le lancé la cantimplora a la cara. – ¡Hey! – gritó con molestia.

Puse los ojos en blanco y negué con la cabeza.

– ¡No me llames así, Dobe! – me quejé, enfurruñada con los brazos cruzados.

– Hmph – emitió el Uchiha, el cual estaba observando la escena.

Sin darme tiempo a decir más, el rubio hiperactivo me cogió de los pies y empezó a arrastrarme por la hierba. Intenté liberarme de su agarre, pero el ojiazul parecía estar más que decidido en humillarme.

La Haruno levantó la cabeza, arqueando una ceja al ver la escena mientras que el ojinegro se limitaba a alzarse de hombros, como si la situación no tuviera nada que ver con él.

– ¡Sasuke, no te quedes ahí parado, ayúdame! – grité mientras que el Uzumaki continuaba arrastrándome por el suelo, manchando mi ropa de tierra.

El Uchiha sonrió con malicia antes de negar con la cabeza. Abrí la boca para protestar, pero antes de poder decir palabra, Naruto me levantó como un saco de patatas antes de dejarme caer frente a él.

– Deja de tirarme cosas, Bakashi – exclamó con tono molesto.

Alcé una ceja.

– ¡Deja de llamarme Bakashi y tal vez lo haga! – contesté, sacando la lengua al tiempo que hacía un puchero.

Sakura y Sasuke cruzaron una mirada antes de negar con la cabeza y seguir con sus quehaceres, ignorándonos al rubio y a mí.

– ¡Sasuke, no dejes aquí a tu hermana! – hice una pausa, intentando reprimir las carcajadas – ¡Ayuda! –

Antes de poder quejarme una vez más, el Hatake apareció en el lugar rodeado por una nube de humo, sobresaltando a todos los presentes. El peliplata me escrudiñó con su único ojo visible, probablemente preguntándose qué estaba haciendo en el suelo. Cerré los ojos y sacudí la cabeza. Ojalá lo supiera.

– Siento la tardanza, pero una bandada de patos ha intentado asfixiarme esta mañana – se excusó el sensei, sin siquiera molestarse en inventarse una excusa creíble.

La pelirrosa saltó sobre la espalda del Ninja Copia en un intento de ahogarle por su falta de decencia, seguida por el rubio hiperactivo de Konoha.

– ¡DEJE DE INVERTARSE EXCUSAS ESTUPIDAS! ¡QUE PATOS NI QUE LECHES! – gritó la Haruno, aun intentando acabar con el sensei.

¿Se puede saber que está pasando aquí? Pensé, una gota de sudor en la sien. Kakashi sonrió antes de sacar un pergamino de su bolsillo.

– Estoy convencido de que en cuanto leáis el contenido de este rollo dejareis es estar enfadados conmigo – comentó, jugueteando con el rollo, sonrisa ligeramente espeluznante en el rostro.

Sakura le arrancó el pergamino de las manos con un gesto brusco, sorprendiendo a Kakashi por su rapidez.

– ¿Qué podría haber en este rollo que me haga olvidar las dos horas que llevamos esperando? – preguntó con tono desconfiado.

La ojijade empezó a leer el pergamino para después lanzarlo por los aires y abalanzarse contra el Hatake, envolviéndolo en un abrazo.

– ¡Gracias, Kakashi-sensei! –

Los otros tres genin cruzamos una mirada, confundidos por la situación.

– ¿Qué pone, ttebayo? – preguntó el rubio, golpeando ligeramente el rollo con el pie.

La pelirrosa se separó del Hatake para luego agacharse y recoger el pergamino, entregándoselo al sensei. Kakashi cogió aire con fuerza, una sonrisa apenas perceptible apareciendo en su rostro.

Vuestra primera misión

NORMAL POV

– ¿Cuándo despertará? – preguntó Asashi al tiempo que apartaba un par de mechones rojizos de la frente de Godey.

Después de caminar por el bosque arrastrando a su compañero durante horas, la Tenshi había conseguido llegar a la villa. Al llegar a las puertas de Konoha, Kotetsu e Izumo los acompañaron hasta el hospital. La enfermera levantó la cabeza del informe médico y soltó un suspiro, era le cuarta vez que la azabache le preguntaba lo mismo, y, a pesar de comprender la preocupación de la Tenshi, se le estaba agotando la paciencia.

– Su cuerpo sigue combatiendo el veneno, podría tardar horas, incluso días – la joven de pelo rosa hizo una pausa, mordiéndose el labio con fuerza al ver la preocupación en el rostro de la Tenshi. – Va a estar bien, está bajo los cuidados del mejor médico del país – habló, refiriéndose al dueño del hospital, Masaki Heiwa

Masaki no solo era el mejor médico del país del Fuego, sino que el líder del clan Heiwa y el dueño del Hospital de Konoha. Había aprendido casi todo lo que sabía de uno de los cuatro sannin, repartiendo el conocimiento a los otros miembros del clan y creando así la red de médicos de Konoha. Asashi asintió y apoyó la barbilla sobre su mano, ojos negros fijos en el pálido rostro de su compañero. En cierto modo se sentía culpable, después de todo había sido su idea activar la trampa de Kurayami. Ahora ya era tarde para arrepentirse, pero en lo más profundo de su mente, una parte de ella se sentía responsable por el estado del chunnin.

Kurayami… – murmuró la ojiazul, aplastando la lata que tenía en la mano y reduciéndola a una bola de hojalata.

La habían pillado desprevenida, pero nunca volvería a pasar. La próxima vez que la organización de mercenarios y ella cruzaran caminos, el suelo se teñiría de sangre, y no la suya.

Uno ligeros golpes en la puerta sacaron a Asashi de sus pensamientos, obligándola a darse la vuelta para encontrarse a Sandaime apoyado contra el marco de la puerta, ojos cansados fijos en la Tenshi con una expresión cansada.

– Buenos días, Asashi – habló el Hokage con voz ronca, se había pasado toda la noche revisando informes y archivos en su torre, y a pesar de que normalmente esto no le afectaba demasiado, ya no tenía edad para ir de un lado a otro.

La Tenshi se pasó las manos por el rostro en un intento por borrar cualquier signo de lágrimas, fallando por completo.

– No te preocupes, saldrá de esta – Hiruzen tomó asiento en una de las sillas libres del cuarto – Godey es mucho más fuerte de lo que parece

La azabache negó con la cabeza, lanzándole una corta mirada a Godey, el cual yacía tumbado sobre la camilla, ojos cerrados y piel pálida, inmóvil.

– Esto es mi culpa – confesó la ojiazul, lagrimas recorriendo su rostro.

El líder de la villa negó con la cabeza y cogió las manos de su alumna entre las suyas. Hacía mucho tiempo que no actuaba así alrededor de Asashi, sin embargo, comprendía que en esos momentos necesitaba su apoyo.

– No digas eso –

Sin embargo, sus palabras apenas fueron escuchadas por la Tenshi, la cual estaba llorando como nunca lo había hecho antes. Sin decir palabra, el Sarutobi la rodeó con sus brazos y la acercó a él en un intento por reconfortarla. Asashi apoyó la cabeza en el pecho del Hokage, quien era como un padre para ella. Tan solo hacía dos años que estaba en la villa de la Hoja, pero, en ese tiempo, Hiruzen no había parado de preocuparse por ella. Eso era mucho más de lo que nadie había hecho por Asashi Tenshi en toda su vida.

– Vamos, ya casi hemos llegado – murmuró Meami con voz cansada mientras que arrastrada el cuerpo de Feng junto con sus otros dos compañeros, Kazuki y Seiya.

Una vez que entraron en la cueva, la cual Kurayami había estado utilizando como base durante los últimos meses, Meami y los demás depositaron el cuerpo inmóvil de la Kensai sobre una de las mesas metálicas que Sejiko utilizaba para hacer sus experimentos. Kazuki abandonó la habitación en busca de vendajes y todo lo necesario para hacer una transfusión de sangre mientras que los otros dos atendían a Feng, posicionándola lo mejor posible. La Ume se sacó la chaqueta que llevaba y la puso bajo la cabeza de la rubia con cuidado de no mover el kunai que tenía incrustado en el ojo.

Sejiko entró en la habitación con pasos apresurados y empujó a la azabache.

– ¡Dejadme pasar! – avisó con tono autoritario al mismo tiempo que pegaba la oreja al pecho de la Kensai, asegurándose de que su corazón siguiera latiendo. – Sigue viva, necesito dos litros de sangre A- y mis utensilios, están en el laboratorio de abajo –

Sin decir una sola palabra, Seiya salió corriendo en dirección al laboratorio para coger todo lo necesario. El Maruya se separó del pecho de Feng para examinar la herida del ojo, la cual era bastante profunda.

– ¿Cómo se lo quitamos? – preguntó la Ume, rostro cubierto por una fina capa de sudor por los nervios y la incertidumbre.

Sejiko levantó la cabeza, clavando sus ojos castaños en los fluorescentes de Meami.

No podemos – anunció en apenas un hilo de voz.

La ojiazul alzó una ceja, confundida por las palabras del castaño.

– ¿A qué te refieres con que no podemos? ¿Acaso planeas dejarlo allí? – preguntó, indignada la ver el rostro de su compañero.

El Maruya soltó un suspiro y se apoyó en la mesa con cuidado de no mover a Feng.

– El kunai ha perforado el lóbulo frontal, ahora mismo ese kunai es lo único interponiéndose entre una hemorragia cerebral y Feng – habló con rapidez, preocupado por la reacción de la Ume.

Meami y Feng eran como hermanas, habían pasado la mayor parte de su tiempo juntas desde que su unieron a la organización. Eran uno de los equipos más letales, trabajaban muy bien la una con la otra y eran inseparables. Feng Kensai era la única persona capaz de hacer latir el corazón de Meami Ume, el cual muchos estaban convencidos que era de piedra.

– Si se lo quitamos, morirá – aclaró, intentando ser lo más claro posible para que la azabache lo entendiera.

Meami dio varios pasos hacia atrás antes de empezar a recorrer la habitación de un lado a otro como un león enjaulado.

– Vale, entonces se lo dejamos puesto – dijo con aire inseguro, ojos celestes observando a su mejor amiga, la cual yacía inmóvil sobre la mesa de metal, pecho subiendo y bajando por su respiración.

Sejiko volvió a negar con la cabeza.

– Morirá desangrada, la única manera de parar la hemorragia es cerrar la herida, y pasa eso tengo que sacar el kunai. –

Meami golpeó una de las mesas de la cueva, tirando los distintos venenos y viales al suelo, los cuales se rompieron al impactar contra la fría piedra.

– ¡¿ENTONCES QUÉ SE SUPONE QUE TENGO HACER!? – gritó, lagrimas recorriendo su rostro.

El Maruya esbozó una sonrisa triste, nunca antes había visto a su compañera en aquel estado, y tampoco era la primera vez que perdían a alguien.

– ¿Qué se supone que tengo que hacer…? – volvió a repetir, tomando asiento en uno de los taburetes de la habitación.

– Quedarte a mi lado – interrumpió una voz débil que la Ume reconocería en cualquier lugar.

La azabache abrió la boca son sorpresa, levantándose y abalanzándose hacia su compañera, cayendo de rodillas junto a la mesa y cogiendo la mano de Feng entre las suyas. Está tan fría… Pensó la ojiazul al tiempo que apoyaba la frente en sus manos entrelazadas, lagrimas cayendo al suelo y empapando el suelo de piedra.

– No puedes morir – murmuró la Ume con un hilo de voz.

La Kensai esbozó una pequeña sonrisa, sintiendo el sabor metálico de la sangre en sus labios.

Demasiado tarde – rió la rubia, pelo teñido de rojo por culpa de la herida de su rostro.

Meami negó con la cabeza y siguió murmurando el nombre de la ojiazul una y otra vez, negándose a aceptar la realidad.

– ¿Quieres que llame a alguien? – preguntó Sejiko, rompiendo el silencio.

Feng negó con la cabeza, pero se detuvo al notar como el kunai empezaba a desgarrarle el rostro.

– No hay nadie a quien llamar – habló con voz queda – Solo yo –

Meami levantó la cabeza, ojos celestes fijos en el rostro cubierto de sangre de la rubia.

– Tiene que haber alguien – dijo con aire ligeramente distraído – siempre hay alguien – aclaró.

La Kensai negó con la cabeza, esta vez sin importarle el dolor.

– El clan… ellos me echaron… no puedo volver allí – Feng tosió, sangre escapando de entre sus labios – Meami, yo te… – su cabeza se inclinó hacia un lado, labios entre abiertos.

La Ume se levantó de golpe, cogiendo la cabeza de Feng entre sus manos sin importarle como se manchaban de sangre.

– No mueras, no puedes morir… – gritó, lágrimas en los ojos al tiempo que apoyaba su cabeza en la frente de la Kensai – No puedes morir

SHIKI POV

– ¿Con que nuestra primera misión, eh? – comentó el Uzumaki con tono enfadado mientras que arrancaba las malas hierbas del jardín.

Esbocé una sonrisa y di media vuelta, quedando frente al rubio y pasándole la bolsa de basura para que tirara los hierbajos que había recogido.

– Venga, no seas así Dobe – hablé con una sonrisa en el rostro – Esto no está tan mal – añadí después de un par de segundos.

Sakura negó con la cabeza y se quitó los guantes, tirándolos junto con los hierbajos dentro de la bolsa.

– A veces tu optimismo es agotador – rió la pelirrosa antes de lanzarle una corta mirada al Uchiha.

Me apoyé en el hombro de la Haruno y alcé una ceja, observando como Sasuke se limitaba a soltar un bufido y seguía arrancando hierba.

Para ser una primera misión, arrancar malas hierbas del jardín del señor Feudal del país del fuego no era tan malo, especialmente considerando que casi todas las misiones de nivel genin eran bastante simples. Sabía que los tres ninjas habrían preferido hacer una cosa, pero la verdad es que no tenían elección, después de todo, el Hokage era quien se encargaba de asignar misiones.

– No seáis así, esto es divertido – seguí hablando, cogiendo uno de los hierbajos de la basura y lanzándolo en dirección al azabache.

Sasuke levantó la cabeza y se preparó para cogerlo y así evitar el recibirlo en el rostro, sin embargo, Kakashi apareció en una nube de humo e interceptó el proyectil, lanzándome una mirada con su único ojo visible. Junté las manos detrás de la espalda y me hice la inocente, apartando la mirada y fingiendo que recogía malas hierbas.

– Shiki, veo que estáis siendo muy productivos – comentó el Ninja Copia con tono sarcástico, aplastando el hierbajo y reduciéndolo a polvo sin dejar de sonreír.

Un escalofrió me recorrió la columna. La pelirrosa soltó una carcajada y apoyó el brazo sobre mi hombro al tiempo que el rubio se sentaba a mi lado y que el azabache esbozaba una sonrisa prepotente.

Kakashi posó su ojo sobre cada uno de nosotros antes de esbozar una sonrisa mucho más tranquila. Parecen haber comprendido lo que 'trabajo en equipo' realmente significa… Pensó el Hatake, bajando la mano y metiéndola en el bolsillo de sus pantalones ninja. Sin poder evitarlo, le devolví la sonrisa, seguida por los otros tres ninjas, incluido el Uchiha.

– Bueno, ahora que la misión ha terminado supongo que es hora de ir al festival, ¿No? – comentó con aire distraído, sin embargo, sabía que con aquellas palabras terminaría por hacernos felices.

– ¡Gracias, Kakashi-sensei! – gritamos los tres al unísono mientras que nos abalanzábamos hacia el peliplata y que Sasuke se dedicaba a negar con la cabeza.

¡Muchas gracias por leer! Pls no me odiéis por no actualizar en veinte años T_T