Capítulo 21
Lin estaba impactada, confusa e intrigada.
Sesshoumaru había dejado caer una verdadera bomba en la habitación y ella solo pudo mantenerse en silencio y escuchar atentamente todo lo que su amigo le contaba al respecto. Decidió guardarse todas las preguntas para el final y él... él las contestó todas mientras buscaba ropa y se vestía. Conocía hace poco tiempo a Kagome y Sango, menos aún a InuYasha y Kohaku, pero no pudo evitar preocuparse por ellos y empatizar profundamente ante la situación. Era algo que, sin duda, alcanzaría proporciones impensables, siendo una especie de grotesco juego de dominó donde al caer la pieza principal, todas las que se alineaban conjuntamente a esta correrían el mismo efecto en cadena.
Ahora entendía el cambio de actitud en el japonés, tanto para bien como para mal; por supuesto que era algo que no podía pasar desapercibido: desde que Kagome entró en su vida mostraba una sonrisa amplia y sincera, ¿quién diría que el apuesto bastardo tenía hoyuelos en sus mejillas?; su disposición cambiaba enormemente cuando la chica estaba cerca, mostrando no solo interés en ella, sino una preocupación genuina y desinteresada, a través de lo cual pudo percibir lo detallista y cariñoso que realmente era en el fondo. El 'Príncipe de Hielo' no había ganado dicho título por nada, era un caballero nato frente a las féminas, pero siempre distante, como si una especie de barrera invisible lo mantuviera apartado de un contacto cercano e íntimo con el sexo opuesto, tanto que si no hubiera tenido conocimiento del historial sexual de su amigo, hubiera pensado que era realmente asexuado, cosa que con Kagome no era así. Había abrazos; había miradas; había caricias; había tiempo a solas compartiendo que nunca se había permitido con nadie antes.
¿Vacaciones?, ¿siquiera existía esa palabra en el diccionario de Sesshoumaru?
Pero eso creo una nueva interrogante en Lin. El hombre había suprimido de su vida todo respecto a las mujeres desde Kagome; claro que la relación con Kagura no tenía por donde prosperar, pero la lista que le seguía a esta, era larga. De pronto, su mente comenzó a secuenciar el rumbo de las acciones del peliplateado y entonces su cerebro se desconectó de su boca.
-Sessho… tú sientes algo por Kagome… -dijo más para sí misma que para él. No era una pregunta y realmente no se había percatado del todo de haberla expresado en voz alta, sin embargo, cuando Sesshoumaru calló repentinamente sus miradas se cruzaron y él, por enésima vez, suspiró exasperado.
-Claro que sí. Se ha vuelto mi mayor preocupación lo que pueda pasarle de ahora en adelante…
-No… es decir… me refiero a… Sessho, tú estás enamorado de Kagome…
Si bien Sesshoumaru le había contado todo lo que sucedía a Lin, había omitido deliberadamente la parte de sus verdaderos sentimientos por Kagome. Era suficiente con un problema a la vez y el punto referente a la relación con la italiana quería mantenerlo para sí mismo de momento. Lástima que la joven fuera tan inteligente y por demás perceptiva. Antes de poder abrir la boca de nuevo, tocaron nuevamente la puerta de su habitación. Ambos se miraron y cambiaron de actitud, no era necesario decir más nada para dejar en claro que aquello que había sido dicho en ese cuarto, quedaba en ese cuarto.
-Adelante –cuando Kagome asomó su rostro tímidamente a través de la puerta, Lin le sonrió y Sesshoumaru la miró un tanto apático.
-Siento interrumpir chicos, solo quería saber cómo estaba Sesshoumaru… -Lin notó la sombra de preocupación en los achocolatados ojos de la muchacha, aun cuando les sonreía amablemente.
-Nada de eso Kagome, se me pasa el tiempo volando cuando estoy con Sessh, lamento haberlo tenido secuestrado tanto rato –Lin se puso de pie besando la coronilla de su amigo mientras se dirigía a la puerta, donde abrazó brevemente a Kagome y luego la empujó dentro dejándolos solos.
Mientras caminaba sin rumbo fijo hizo sus propias deducciones y lo supo: no era solo Sesshoumaru quien estaba enamorado… Kagome también lo estaba y ese era el verdadero problema.
Kagome no avanzó una vez que Lin los dejó a solas en el cuarto. Apoyando su espalda en la puerta, se recostó y ambos se miraron largo rato. Se estaba comenzando a cansar de esta situación, se sentía como una cuerda siento tirada con fuerza por ambos extremos y eso no era justo. Ambos eran su familia, pero ella sabía la real diferencia: uno era su hermano, el otro el amor de su vida, pero si esto seguía así…
Debería hacer algo al respecto.
Cuando la tribulación comenzó a extenderse por su pecho y la duda a crecer en su ser, Sesshoumaru actuó como un cable a tierra: extendió hacia ella una de sus manos y le sonrió con dulzura. Trabar la puerta y caer en sus brazos fue una sola cosa y, entonces, todo malestar se evaporó ante el dulce contacto de aquel maravilloso hombre y su aroma fue todo en lo que pudo pensar.
-Siento haberme ausentado, ¿has dormido bien? –Kagome se sorprendió al escuchar a Sesshoumaru disculpándose, lo que hinchó su corazón de amor. Trepó hasta quedar sentada en su regazo y enmarcó el rostro de él jugando con algunos mechones de su cabello.
-Sí, pero te extrañé toda la noche… -Kagome lo miró haciendo una mueca de confusión, como si se estuviera preguntando algo. Sesshoumaru al notar la reacción sonrió tratando de pensar qué podría estar pasando por su cabeza- ¿por qué te amo tanto Sesshoumaru? –los dorados ojos de él brillaron y la besó juguetonamente para luego dejarse caer sobre su espalda abrazado a ella sin apartar sus bocas.
-¿Por qué no lo harías?, soy increíblemente guapo –Kagome rio junto a su boca, aferrándose más a él- y obviamente, porque tienes la seguridad de que estoy loco por ti. También porque eso es lo correcto… y porque no puede ser de otra forma… y sobre todo porque nos pertenecemos Kagome.
-Te amo, pero debemos salir del cuarto o…
-Ni siquiera me he disculpado por lo de ayer… ¿ya me has perdonado? –dijo lamiendo el lóbulo de la oreja izquierda de Kagome.
-Ciertamente está eso… pero ya has desaparecido por mucho tiempo –Kagome se preparó para que él alargara la discusión e insistiera en quedarse más tiempo ahí con ella, por lo que grande fue su sorpresa cuando este la tomó en brazos y se encaminó con ella a la salida.
-Está bien. La espera solo lo hará mejor.
El día estaba radiante y templado, la gente se había reunido en el patio trasero a disfrutar y ahora todos compartían. Shippo había insistido en bañarse en el lago, por lo que InuYasha tuvo que usar bañador para acompañarle. Sango, Kohaku y Lin ideaban un plan insistiendo en darle una bienvenida a Sesshoumaru, quien había insistido en que estaba bien así, lo cual fue ignorado por todos en casa. Irasue conversaba animadamente con Miroku y Kagome, la cual les contaba sobre el próximo evento que realizaría la empresa el mes siguiente, tratando de persuadirlos de quedarse, ayudándole a la organización del mismo.
-Estaba pensando en hacer una recepción en casa luego del lanzamiento de la nueva colección, algo simple y modesto que sirva para que conozcan a algunos de nuestros proveedores y socios y así plantear la idea de abrir una cede de tu fundación aquí en Italia.
-¡Eso sería estupendo querida!, no tengo problemas en quedarme todo el tiempo que me permitas en tu casa, me encanta el clima de Nápoles –Kagome se acercó a la mujer y la abrazó.
-Pues entonces quédate para siempre, esta es tu casa –Irasue la besó tiernamente y miró a Miroku.
-Además está mi abogado particular para ayudarme con todo lo legal. Estoy segura que tendrá más de una buena razón para hacer tiempo aquí también –dijo la mujer sonriéndole con complicidad.
-Eso tendremos que hablarlo con mi jefe, suele ser un trabajólico empedernido, pero, en todo caso, como soy increíblemente eficiente en lo que hago, puedo estar en ambas partes a la vez y hacer un excelente trabajo en ambos lugares.
-No te lo tengas muy creído Miroku –dijo el aludido acercándose a ellos luego de que sus intentos por convencer al otro trío fracasara-. Está el contrato con los franceses y eso significa trabajo en terreno. Pronto tendrás que ir a París y mostrar para qué eres bueno.
-¿Les dije ya que también suele ser un aguafiestas? –comentó Miroku pensativo.
Mientras seguían debatiendo y tratando de dejarse mal el uno al otro, el móvil de Kagome sonó; esta al ver la pantalla miró a Sesshoumaru y algo incómoda pidió permiso para responder, alejándose hacia el muelle. Cuando estuvo lejos, el albino miró a sus dos acompañantes y ambos entendieron.
-Aquí vamos.
-A propósito, he notado algunas cosas extrañas fuera de la mansión. Irasue, cuando has salido, ¿has notado si te han seguido o algo por el estilo? –dijo el joven abogado con disimulo.
-No –respondió sorprendida la mujer-, ¿cómo así? –preguntó asustada.
-No quiero que te alarmes Irasue, la verdad no estoy del todo seguro, pero he visto algunos autos estacionados cerca de la mansión constantemente. No uno ni dos, varios distintos. Del tiempo que llevamos aquí me he dado cuenta que no pertenece a ninguna de las propiedades aledañas. Todos acostumbran a tener los autos dentro de las mismas, pero esta mañana me asomé desde una de las ventanas del segundo piso y vi al mismo auto de ayer en la noche.
-¿Ayer en la noche? –Sesshoumaru puso más atención.
-Sí, poco antes que llegaras con Kagome, me refiero a algo así como segundos antes; había un auto negro que estaba estacionado cerca de la alameda. Yo salí a fumar, ya estaba oscuro y lo vi más por casualidad que por otra cosa. El piloto se dio cuenta que me fijé en el carro, ya que se retiró lentamente… con las luces apagadas.
-Por eso me dijiste en el desayuno que evitara el patio delantero para cualquier cosa que haga.
-Solo por precaución –confirmó a su amigo el moreno-. Ahora que se los he comentado, sería bueno que pusieran atención muy discretamente cada vez que salen. No podemos descartar la idea de que Colbet tenga gente merodeando el lugar o…
-… algún dispositivo o personal cerca de la mansión –completó pensativo Sesshoumaru-. No me sorprendería. Esa es una de las desventajas de jugar como visitante.
-Dios mío… -de pronto, Irasue estaba mortalmente pálida. Sesshoumaru y Miroku se acercaron instintivamente a la mujer tratando de brindarle apoyo para que nadie más lo notara.
-Mamá, qué tienes.
-Sessh… yo… -Irasue guardó silencio y comenzó a mirar a su alrededor como buscando algo. Los amigos se miraron intrigados, por lo que Miroku impaciente le habló.
-Irasue, qué ocurre.
-Hace días atrás –dijo tratando de rememorar los hechos y expresarlos en orden-, unos cuantos días antes de reunirme con Colbet… tuve… un incidente en un local… -Irasue trataba de recordar algo que claramente se escapaba de su memoria.
-Mamá –el joven miró impaciente a la mujer al notar que Kagome había terminado la llamada y se reunía con Shippo e InuYasha acercándose lentamente a ellos-, habla rápido –Irasue notó lo mismo que su hijo y apresuró la historia.
-Estaba en un local de Channel y dejé mi móvil a un lado mientras rebuscaba una cosa en mi bolso. La seguridad es tremenda en esos locales, por lo que para cuando busqué el aparato donde lo había dejado y no lo encontré pensé que ya lo había vuelto a guardar. La cosa es que… -le costaba admitirlo ya que le daba vergüenza lo despreocupada que fue- salí del local y no había andado ni diez metros cuando un jovencito se acercó a mi corriendo tratando de llamar mi atención para devolverme el celular que supuestamente había dejado olvidado en la tienda. Me sorprendió mucho porque no recordaba haberlo visto dentro y como yo no hablo italiano y él no hablaba inglés, no nos pudimos comunicar más que por señas, y yo solo le agradecí pareciéndome una tremenda muestra de amabilidad el que se haya percatado de mi olvido y saliera a buscarme tan prontamente para devolvérmelo –Miroku miró a Sesshoumaru y este fue quien habló.
-Y entonces… -dijo Sesshoumaru y la mujer retorció un poco sus manos.
-Para cuando me junté con Colbet, en un determinado momento de la conversación, el aludió una situación de la cual no tenía por qué saber… ya que era algo que había conversado el día antes con Sango y Kagome aquí en la mansión –Miroku maldijo por lo bajo mientras cruzaba los brazos y miraba hacia otro lado-. No me percaté en ese momento, pero ahora… con todo lo que ha mencionado Miroku… ¿será posible…
-Dónde tienes el móvil mamá.
-En el cuarto –dijo corroborando la mesita cercana donde estaba su té helado.
-¿Tienes alguna idea de cómo comprobar si han intervenido el teléfono de mamá? –Sesshoumaru miró con algo de preocupación a su amigo.
-Para nada… esa área está totalmente fuera de mis habilidades.
-Mierda –Sesshoumaru se puso más rígido en su postura al mirar a cierto grupo acercarse-, Kagome viene hacia acá. Vamos a actuar todos normal pero tú –dijo refiriéndose a su madre- le preguntarás por la llamada. Miroku, sígueme la corriente, ten el móvil a mano.
Cuando todos los presentes en el patio hicieron un gran grupo para comenzar a hablar, Irasue, Miroku y Sesshoumaru se apartaron entre sí. Sango estaba exponiendo las conclusiones a las que habían llegado con Lin y Kohaku mientras este les acercaba toallas a InuYasha y Shippo, el cual era ayudado por Kagome.
-Ya que será algo solo para nosotros, podríamos hacer una especie de gymkhana en casa: haríamos competencias, juegos y bailes donde todos, absolutamente T-O-D-O-S –dijo dando una senda mirada a Sesshoumaru- participaríamos.
-¡Incluso tendremos premios y un jurado! –sentenció Lin.
-Pido ser jurado –dijo alzando la mano Sesshoumaru.
-La verdad… -respondió algo tímido Kohaku- habíamos pensado que fueras capitán de uno de los equipos…
-¡Me encanta! –declaró Kagome- podríamos incluso replicar la idea de los disfraces.
-¡Sí!, esta vez quiero usar el de Batman –saltó Shippo mientras Lin trataba de quitarle la coleta que se había enredado un poco en su cabello.
-No… Dios… lo que sea menos disfraces… -susurró apesumbrado el peliplateado.
-Y pruebas de talento o algún karaoke, una competencia musical cualquiera –propuso efusivamente InuYasha.
-Eso es hacer trampa Inu, estás manipulando la ventaja de ganar antes de comenzar la competencia –le reprendió tiernamente Irasue, a lo que este rio mientras le hacía la mueca universal utilizada para '¿quién, yo?
Pronto comenzaron a ingresar para coger la merienda y poder conseguir una muda de ropa para Inu y Shippo. Irasue aprovechó el momento y entrelazó su brazo al de Kagome mientras le hablaba de un tema cualquiera para captar su atención. Miroku avanzó cerca de ellas mientras Sango le pasaba un brazo por la cintura y Sesshoumaru acompañaba a Lin y Kohaku.
-¿Y quién te ha llamado que nos has abandonado hace un momento? –fingió dramáticamente Irasue haciendo reír a su interlocutora.
-Naraku, no sé si lo recuerdas… ¿el Drácula de año nuevo?
-Aaaah sí, el extranjero, ¡claro que lo recuerdo! –Miroku volteó a ver a Sesshoumaru complacido ante tal actuación y este solo pudo enarcar una fina ceja mientras negaba con la cabeza-, ¿cómo está?, ¿todo bien?
-Sí… solo llamaba para… saludar –respondió la joven algo dudosa.
-¿Y no te ha invitado a salir? –Sesshoumaru sacó de inmediato su móvil, tecleó rápidamente y Miroku tuvo que ignorar a Sango por unos momentos mientras leía el mensaje de su amigo. Su novia no pudo evitar ver el texto y cuando esto sucedió, Miroku se lo mostró deliberadamente para que lo leyera todo. La chica volteó a ver a Sesshoumaru y asintió con un leve gesto, aunque un tanto preocupada.
-¿Salir?, ¿quién te ha invitado a salir?, ¿oíste eso Sesshoumaru? -dijo elevando la voz Miroku mientras se metía en la conversación de las mujeres que lo predecían- ¡alguien invitó a salir a tu hermana! –por suerte, InuYasha no escuchó nada ya que se había adelantado junto al pequeño para ir ambos a por un baño.
-¡No es eso! –rio Kagome nerviosa, dándole un leve cachete en el brazo a Miroku- O sea, sí saldremos, pero no de 'salir, salir'…
-¿Y con quién? –Lin que nunca perdía chisme saltó desde el fondo.
-Con el Drácula de año nuevo –le respondió Sango.
-¡Pero él te lleva como 20 años Kagome! –dijo la acompañante de Kohaku sorprendida.
-Ya dejen de especular… –dijo azorada Kagome.
-Hey, ¿acaso se trata de un pervertido sexual? –fingió Sesshoumaru.
-Kagome –le dijo la joven de la coleta-, Sesshoumaru no conoce a Naraku, y ya que a todos nos ha producido curiosidad desde año nuevo, ¿por qué no lo invitas a cenar y luego conversan acá?
-Sí, de esa forma podremos constatar que no es un viejo verde y podremos demandarlo ante cualquier situación o proposición indecorosa que te haga. Créeme, soy abogado –se jactó el ojiazul.
-Ay, chicos… -dijo nuevamente dubitativa la joven- no sé… no estoy segura que acepte… ¡y que conste que con eso no estoy admitiendo nada de lo que han dicho!
-Solo tratamos de tomarte el cabello querida –le calmó Irasue-, me encantaría volver a hablar con él. Anda, no pierdes nada con proponérselo.
-Bueno… pero no les aseguro nada.
'Perfecto', fue todo lo que pudieron pensar seis cabezas al mismo tiempo.
Miroku se encontraba codo a codo al lado de Sesshoumaru en la ventana de la biblioteca. Habían pasado por al menos unas cinco habitaciones de las que estaban desocupadas haciendo lo mismo, observar. Efectivamente en ese momento había un auto aparcado en la vacía alameda.
-¿Logras ver la placa patente?
-Desde aquí, no muy bien.
-Aun siendo un barrio residencial, es extraño que haya un auto aparcado en la avenida, sobre todo con vidrios tintados.
-¿Qué haremos con el móvil de Irasue?
-Si simplemente lo tiramos Colbet sospechará. Lo usaremos a nuestro favor; si está intervenido y tiene alguna especie de micrófono o algo, nos servirá para crear distracciones. ¡Mira! –Sesshomaru posó sus mano en el cristal, mientras le señalaba a su amigo que le auto se movía. Miroku siguió la línea imaginaria de la mano de su amigo y no pudo dejar de notar la cicatriz de su mano.
-¿Y eso qué? –Sesshoumaru le dio un empujón con el hombro.
-Miroku, concéntrate.
-Que lo hago, pero me has puesto tremenda cicatriz en la cara y me ha entrado curiosidad –en eso sonó el móvil de su amigo. Cuando el albino maldijo, se alejó un poco para darle algo de privacidad pero se mantuvo dentro de la biblioteca escuchando las respuestas de este.
-Higashikata… ahorrémonos eso, ¿quieres?... escucho… -cuando pasaron varios segundos y Sesshoumaru suspiró enojado, Miroku supuso que algo andaba mal- Higashikata habla o cortaré la llamada… ¿qué me estás diciendo?... p-pero, ¡qué mierda!, ¡no, no, tú me vas a escuchar ahora!, ¿qué tenías en la cabeza cuando decidiste seguirme?, llegué al final del camino contigo Higashikata, puedes dar por finalizado tu trabajo conm… ¿qué?... tienes que estar jodiendo conmigo… -en ese momento Irasue entró a la biblioteca. Miroku se acercó inmediatamente a ella tratando de que ambos abandonaran el lugar, pero al notar el alterado estado de su hijo se mantuvo firme y apartó al muchacho de la coleta. Sesshoumaru los miró a ambos y trató de mantener la compostura- no… claro que no… mira, no puedo seguir hablando en este momento. Te devolveré la llamada… sí, a este número –sin más cortó la comunicación y restregó con fuerza su cabeza con la mano libre.
-Sesshoumaru, en el pasillo se escuchaban tus gritos –lo reprendió sus madre-, ¿qué sucede?, por Dios.
-Irasue, no es buen momento para…
-Está bien Miroku, ¿dónde está el resto? –le preguntó el peliplata a su madre.
-Todos abajo, preparándose para comer algo, dije que venía a buscarlos.
-No puedo contarte todo ahora mamá, será mejor que nos reunamos los tres luego, tú también deberás escuchar –miró a su amigo y este le asintió con la cabeza-. De momento que te baste con saber que antes de venir a Nápoles, Miroku me ayudó a contactar con un investigador privado para que recopilara información de Colbet, pero las cosas no han salido exactamente como esperaba. De primera me impresionó lo eficiente que fue en el trabajo… hasta que las cosas dieron un giro inesperado.
-¿Quién es?, ¿cómo se llama? –preguntó más calmada su madre.
-Higashikata Kykio –la mujer trató de hacer memoria, aquel apellido le sonaba de algún lugar, pero no recordaba el dónde. Estaba segura de no conocer a ninguna Higashikata.
-Bueno, ¿te ha dado alguna información de peso que aún no sepamos?
-Solo unas cuantas cosas que creo que no saben –en eso tocaron la puerta, Miroku que estaba cerca abrió y cuando sus ojos se iluminaron, Sesshoumaru supo que era Sango quién había venido a buscarlos.
-Qué bueno que los encuentro a los tres reunidos, he venido a buscarlos para la cena pero primero quiero aprovechar para darles una información –Sango entró cerrando la puerta tras ella y justo de inmediato le tendió un papel a Miroku, quien la miró con sus profundos ojos medianoche teñidos de curiosidad-. Hace algunos días Ban, nuestro guardaespaldas en jefe se acercó a mí con una información que solo ayer confirmó del todo. Alguien está vigilando la mansión y Jakotsu ha logrado apuntar estas matrículas. Además, Suikotsu que es el más 'quisquilloso' de los tres encontró unos dispositivos de rastreo en uno de los autos, el de Kagome, para ser más específicos. Les he pedido que no le digan nada a ella, de hecho, que solo se acerquen a Kohaku o a mí para darnos cualquier tipo de información al respecto. Se los comento porque quiero pedirles que pongan atención cada vez que salgan de casa. De ahora en adelante me gustaría que fueran con al menos uno de nuestros guardaespaldas. Esta noche tratarán de hacer un barrido por el patio delantero en busca de más dispositivos, ya que aprovecharán la oscuridad y el momento en que no hay nadie cerca para llevarlo a cabo… siento molestarlos así.
-Nada de eso Sango, la verdad es que con Miroku te lo íbamos a comentar más temprano que tarde, ya que él se dio cuenta de lo mismo, pero recién hoy tratamos de tomar algún dato y la verdad no pudimos. Es probable que necesite salir y reunirme con alguien dentro de unos días y eso es algo que no necesitamos que Colbet sepa.
-Entonces están seguros que todo esto se trata de Naraku –dijo la joven de la coleta con una calma rayando en la resignación. Miroku instintivamente se acercó a ella abrazándola como para protegerla.
-Es difícil pensar en alguien más a estas alturas. Será mejor que bajemos todos, ya hemos demorado mucho aquí arriba –a las palabras del abogado todos asintieron y uno a uno fueron abandonando la biblioteca rumbo al comedor.
-¿Ningún dato interesante? , ¿es eso realmente posible?
-Podría haber una leve posibilidad de que hayan descubierto algo, aunque es tan vaga que podríamos resumirlo solo al hecho de la llegada de su hijo.
-Aun así es muy repentino. De todas formas envíalo todo a mi correo y ante cualquier novedad no dudes en avisarme.
-Claro jefe, cuente con ello.
Naraku no era del tipo de hombres que se preocupara por las cosas; era siempre tanta la seguridad en sí mismo que poseía, que dominar la situación en su favor resultaba ser un juego de niños. Tampoco era imbécil, algo estaba sucediendo, pero las cartas ya estaban echadas y él tenía una escala real en mano.
Su mente comenzó a pensar de qué forma apresurar las cosas. Kikyo le había dado información nada alentadora de la relación entre Sesshoumaru y Kagome, por lo que estaba de más decir que él japonés sabía perfectamente que esta no era su hermana.
El. Muy. Hijo. De. Puta.
Su móvil vibró y le sorprendió un poco saber que hablaría una segunda vez con Kagome ese día.
-Dos veces en un día, podríamos decir que la reconciliación es un hecho… si es que así se le puede llamar.
-No bromee, sino desde ya sabré que no tomará en serio mi invitación.
-¿Por qué no lo haría?, he sido yo quién ha insistido en primera instancia para que te reúnas conmigo Kagome. Aceptaré cualquier propuesta.
-Entonces está dicho. Mañana a las tres de la tarde lo esperaré en casa para compartir el té. Me gustaría que conociera a mi hermano mayor Sesshoumaru –y entonces Naraku supo que se había adelantado mucho en darle una respuesta a la jovencita. Sin poder retractarse, le contestó con la mayor cortesía que pudo.
-Ahí estaré Kagome. Hasta mañana.
-Hasta mañana y gracias Naraku.
Kagome acabó la llamada y en el momento preciso InuYasha se asomó por la puerta de su dormitorio. Como se quedó ahí parado, ella le movió una mano rápidamente en señal de que entrara. Cuando este lo hizo, apoyó su espalda en la puerta y miró alrededor con un poco de pesar.
-¿Qué pasa Inu?
-Me dicen que mañana vendrá un invitado.
-Así es, Naraku, ya le conoces de la fiesta de año nuevo –InuYasha la miró unos segundos hasta que su ceño se frunció y su tono se volvió preocupado.
-¿Están saliendo?...
-Ay Dios… aquí vamos de nuevo… -suspiró bajito la chica, tanto que este ni se inmutó.
-… porque se ve bastante mayor para ti y… bueno… no sé…
-¡NO ESTOY SALIENDO CON NADIE, MALDITA SEA! –gritó exasperada, dejando a un muy atónito InuYasha boquiabierto. De pronto toda preocupación se esfumó del chico y entonces con renovada confianza pudo acercarse a ella para hacerle cosquillas y revolverle el cabello.
-¿Y PARA ESO TIENES QUE GRITAR? –Kagome lo empujó y le sacó la lengua, pero este la sometió fácilmente, la tomó por la cintura y la tiró en la cama-. Está bien… solo estaba preocupado… tonta –el moreno se posicionó con facilidad cerca del cuerpo de Kagome, podría acorralarla si lo quisiera, pero le molestó la manera en como ella reaccionó a su contacto-. Ahora quiero que me digas que anda mal, no soporto que saltes cada vez que me acerco a ti.
-No lo hago Inu, es solo que… deja que me levante, me estoy incomodando.
-A eso me refiero, antes nunca te había incomodado.
-Lo decía por la posición… mi… brazo queda aplastado y… -InuYasha la ayudó a incorporarse y la sujetó de los hombros, ella abrió mucho sus achocolatados ojos y no pudo más que mirarlo fijamente.
-No quiero que te sientas incómoda a mi lado. No sé qué es lo que ha cambiado entre tú y yo pero, créeme, puedes confiar en mí, para lo que sea. No tienes por qué huir de mí Kagome… jamás te haría daño.
Kagome sintió un nudo en el estómago y de inmediato se dio cuenta que había juzgado mal a su hermano. Sus ojos brillaron de cariño por él y entonces el joven pudo relajarse sonriéndole cálidamente. Cuando ella se estiró para poder abrazarlo, al igual que como haría un niño, InuYasha se prendó a su cintura recostando la cabeza en sus piernas.
-Claro que confío en ti Inu, discúlpame si he andado para dentro y para fuero estos días. Te hago recuerdo que debemos continuar con las clases de italiano para ti y Shippo…
-No me importa si quieres más a Sesshoumaru pero, por favor, no me dejes de lado –dijo interrumpiéndola el chico-. Me acostumbré demasiado a tu presencia como para que de pronto te esfumes de la nada.
-No, no digas eso, no me voy a ninguna parte. No quiero que piense que antepongo a uno por sobre el otro. No quiero que sigas comparando la relación que tengo contigo a la que tengo con Sessh; con ambos comparto cosas que con el otro no, pero ambas son importantes para mí.
-Está bien… pondré de mi parte.
-Te quiero Inu –dijo agachándose para besar la cabeza de su hermano.
-Yo también. Vamos Shippo debe dormir –y ambos salieron juntos del cuarto tomados de la mano.
Cuando se dirigían a la habitación del pequeño, ambos iban riendo, hasta que se percataron que de la habitación del niño salía más de una voz. Se miraron y silenciosamente se acercaron a la puerta que estaba entreabierta.
-… y esta flauta me la ha dado Kagome ya que la otra me dijo que debía guardarla como reliquia.
-Quieres mucho a Kagome…
-¡Muchísimo! y ella también me quiere mucho a mí, ¿sabías que estoy aprendiendo italiano con ella?
-¿A sí?, ¿qué tal te va con eso?
-Bueno… la verdad, sé solo algunas frases –dijo riendo el niño-, últimamente no hemos practicado mucho, ¿tú hablas japonés?
-Así es. Mi lengua materna.
-Lengua materna… -repitió como memorizando las palabras- ¿es muy difícil?
-La verdad, un poco. Nos lleva bastante tiempo aprender escribirlo, pero supongo que al aprenderlo desde que somos pequeños no lo hace tan complicado para nosotros.
-¡Lo he visto!, escriben usando dibujitos –el hombre que se encontraba con Shippo rio.
-Se llaman kanjis.
-Kanjis… -repitió el pequeño- ¿y cómo dices buenas noches en japonés?
-Konbanwa, aunque cuando lo dices al momento de ir a dormir lo correcto es Oyasuminasai.
-Kontagua…
-Kon-ban-wa…
-Kon… ban-wa…
-Ahí lo tienes, muy bien para un segundo intento.
-Sesshoumaru, ¿te tiñes el cabello? –la forma en que Shippo cambiaba de un tema a otro era algo que realmente le causaba gracia al mayor. La verdad, no recordaba haber tenido mucha relación con niños pequeños, ni mucho menos charlas, por lo que le sorprendió el poder conversar tan fácilmente con él haciéndolo este hasta reír.
-No, es así de nacimiento.
-¿En serio? –dijo sorprendido el pequeño-. ¡Es genial!, nunca había visto a alguien con el cabello tan blanco como el tuyo… lo encuentro muy bonito.
-Tu color de cabello también raya en lo exótico…
-¿Exótico?
-Que también es bastante peculiar y llamativo, es una tonalidad cobriza que pocas personas poseen. También es un color… bonito –respondió sinceramente el hombre.
Kagome miraba enternecida aquella imagen. Ambos sentados en el suelo de la habitación, donde Shippo había regado a su alrededor decenas de objetos y juguetes que seguramente le había estado mostrando a Sesshoumaru. Era una postal tan conmovedora que casi le arrancó un suspiro de los labios, hasta que recordó que InuYasha también estaba con ella. De reojo miró a su hermano, el cual no le había soltado la mano y le sorprendió gratamente notar que el moreno tenía una sutil sonrisa en los labios y que aquella postura rígida o de defensa que siempre parecía tener frente al otro Frossard, no estaba presente en esos momentos.
Cuando InuYasha se percató del escrutinio de Kagome, la miró y trató de actuar como si nada pasara, pero un tenue rubor cubrió sus mejillas. En el fondo, ella sabía que la distancia que había entre ambos no era algo que Inu eligiera personalmente, ya que en varias conversaciones le había comentado cuanto le gustaban las familias numerosas y lo feliz que hubiera sido de haber poder compartido con sus hermanos. La manera en como siempre le recalcaba que ella era su favorita y la indiferencia que mostraba hacia Sesshoumaru, era una forma de escudo para cubrir una carencia que lo avergonzaba por considerarlo una debilidad, ya que siempre recalcaba que el poseía una familia, la cual estaba conformada por cientos de amigos y personas que había conocido a través de su vida en diferentes partes del mundo.
-… entonces escríbelo aquí.
-No tengo lápiz…
-Aquí –dijo tendiéndole un lápiz de madera color verde.
-Bueno, sería más o menos… así… -Sesshoumaru garabateó elegantemente en la hoja de dibujo.
-¡Wooow!... no he podido ver cómo lo has hecho. Es tan difíc… –no alcanzó a completar la frase cuando sus ojos vieron más allá del hombro del ojidorado percatándose en Kagome e InuYasha- ¡hey, miren!, Sessh ha escrito mi nombre en… hira… -el mencionado, que había volteado hacia la puerta, volvió a posar su mirada en el pequeño y le ayudó a completar.
-Hiragana.
-¡Hiragana!
Ambos entraron a la habitación mientras Sesshoumaru se ponía de pie y ayudaba al pequeño a hacer lo mismo. Kagome le sonrió a su amante casi como si en sus ojos se dibujaran dos corazones, mientras InuYasha cogía en brazos al pequeño y le preguntaba si había cepillado ya sus dientes.
-Es que estaba con Sessho… ¿puedo quedarme un rato más despierto? –dijo Shippo mientras daba una mirada al albino dando a entender con quién quería seguir compartiendo.
-Pero ya es tarde, -le dijo su padrino- tal vez… mañana puedas enseñarle el resto de tu juguetes –un par de miradas negra y doradas chocaron en ese momento. InuYasha lo había dicho con cierto tono dubitativo, como si no estuviera muy seguro de si le agradaría a su hermano dicha insinuación. Sesshoumaru pronto desvió la mirada al pequeño que lo veía con ojos expectantes y le sonrió.
-Claro, y podré explicarte para qué sirve el estoque que viste en la pared de la biblioteca, por el cual preguntaste.
-¿Qué es esto?, ¿han formado una reunión secreta a la cual no nos han invitado? –dijo Miroku quien entraba de la mano de Sango.
-Nada de eso, estamos tratando de unir fuerzas a para reducir a este pequeño trasnochador –dijo Kagome mientras se lo quitaba de los brazos a InuYasha, quien se acercó a una cómoda en busca del pijama del pequeño.
-Déjenlo en nuestras manos, Miroku ha venido a cumplir su palabra y yo serviré como testigo de fe en el asunto.
-La idea es que no tenga pesadillas –molestó Sesshoumaru a su amigo.
-Por eso he arrastrado a Sango conmigo, ¿quién podría tener malos sueños si es este rostro lo último que ven antes de dormir? –el chico de la coleta abrazó a Sango por la espalda y le dio un beso en la mejilla. Kagome suspiro mientras Shippo sonreía y Sesshoumaru solo dio vueltas los ojos.
-Primero lo primero –InuYasha extendió los brazos tomando al niño y se dirigía al baño de este con él cuando volteo a hablar-. Hummm… vamos a hacer un torneo de Mortal Kombat con Kohaku y Lin allá abajo… podrían unírsenos –y aunque la invitación estaba extendida a sus dos hermanos, posó la vista en Sesshoumaru. Este lo miró y asintió hacia él, mientras los tres adultos restantes cruzaban miradas entre ellos y sonreían en aprobación.
-Suena bien… ¿qué versión?
-Mortal Kombat X.
-Iremos bajando entonces –dirigiéndose esta vez al pequeño se despidió antes de salir seguido de Kagome-. Konbanwa.
-Oyasuminasai –respondió Shippo moviendo su manito mientras desaparecía tras la puerta del baño con su padrino.
-Y entonces, ¡Astroboy voló muy, muy alto!, y toda la gente a su alrededor gritaba y aplaudía y…
-Creo que se ha quedado dormido… -susurró Sango ante la efusividad con la que Miroku contaba la historia al pequeño imitando las voces y los sonidos.
-¿Estás segura?, ¿y en la mejor parte?, creo que debemos despertarlo…
-Shhhh –dijo tratando de aguantar la risa la castaña-. Mañana le cuentas el resto –haciéndole un gesto lo instó a bajar la voz mientras este se levantaba de la cama y ella terminaba de arropar al niño.
-Está bien, está bien… -mientras esperaba a la chica junto a la puerta la observó checar las cosas alrededor del pequeño. Corrió las cortinas, recogió un peluche del suelo y tras mirarlo dulcemente mientras dormía, se inclinó hacia Shippo y le dio un beso en la frente. Miroku la observó como embelesado mientras ella apagaba la luz de la mesita de noche y se dirigía a él. Una vez juntos en el pasillo Sango pasó un brazo por la cintura del hombre y lo guio hacia las escaleras.
-¿Dónde vas? –preguntó deteniéndola a medio camino.
-¿No quieres formar parte del torneo?
-Nah, esas cosas son de niños –Sango sonrió burlona y le habló sarcásticamente.
-Claro… y a ti te cargan los niños… me he dado cuenta –ambos retomaron el rumbo hacia la habitación de Sango, donde Miroku había decidido trasladar todas sus cosas sin permiso, por lo cual ahora la compartían.
-Humm… ¿Sabes?... quizá intente tener uno o dos como esos con el tiempo… -ambos habían ingresado a la habitación y él besaba sensualmente el cuello de la mujer.
-Aaaah… pues te felicito. Creo que te irá bien.
-Sobre todo en la parte práctica, ¿no? –Sango trataba de alejarlo para poder quitarse la ropa pero, la verdad, estaba disfrutando mucho la atención que en ese momento le brindaba a sus pechos por sobre la blusa.
-Ni lo pienses, se cuándo me quieren usar para un experimento –Miroku la obligó a girar su cabeza cogiéndola sutilmente del mentón y comenzó a besarla delicadamente.
-Creo que serías una estupenda mamá…
-¿Tratando de convencerme con halagos?, usarás todo lo que tengas a mano para llevarme a la cama, ¿no? –de pronto Miroku cesó las caricias y los besos, para mantenerla simplemente abrazada de esa forma. Sango pensó por un momento que algo andaba mal, pero él simplemente le habló al oído.
-No. Lo creo de veras. Serás una gran mamá… y tendrás bebés tan hermosos como tú… y sé que heredaran los mismos hermosos sentimientos que tienes… y también tu inteligencia… y que seré yo quien te los dé –Sango rio. Ahí estaba su Miroku-, ya que no necesito convencerte con halagos ni nada porque soy quien te lleva a la cama todas las noches... y porque quiero ser el único que te demuestre mi amor de esa forma… y así será por el resto de nuestras vidas –la chica volteó entre sus brazos y capturó los labios del abogado.
-En ese caso, quizá sería bueno un poco de práctica… para que a futuro nos vayamos a lo seguro.
Miroku la elevó por las caderas y los condujo a ambos hacia la cama, donde se dejó caer de espaldas con Sango pegada a su boca. Mientras las manos de ella se encargaban de desabrochar su cinturón para poder deshacerse del pantalón, él fue subiendo las caricias desde su trasero a sus pechos, donde muy delicadamente abrió botón a botón su blusa para luego rozar la piel jugando por sobre el fino encaje de la ropa interior.
Si bien con Miroku cada encuentro era algo nuevo, ingenioso y muy divertido, Sango aún no había experimentado esta forma tan suave de hacer el amor con él. Sus primeros encuentros habían sido demasiado apasionados, como aquel en el lago… o en el baño… o la vez que casi lo hicieron en el auto…
Todos los sus encuentros románticos –aunque no llegaran a terminar en sexo- eran por igual intenso y eso era algo que le encantaba. Sin embargo, esta vez el ritmo acompasado de su seducción, la transportó a otro plano más allá de la mera lujuria, donde se concentró en aquella sensación de adoración que el hombre le expresaba cada vez que la tocaba y besaba, como si no pudiera creer que ella fuera real.
-¿Te había dicho ya que tu piel es la cosa más cremosa y aromática que he sentido nunca? –dijo el hombre mientras se llevaba un pezón a la boca a través de la tela. Sango trató de no rendirse ante esas palabras para no distraerse en su tarea de desabrochar la ropa y acariciar el cuerpo de su amante-. A veces, cuando duermo, sueño que acaricio tu cuerpo, tu cabello, toda tu… entonces despierto y estás a mí lado y sé que no es solo un sueño.
-Miroku –fue lo único que pudo decir ella entre suspiros estrangulados. Sus castaños ojos se posaron en los iris azul marino de él, de pronto se perdió en ese mar de aguas oscuras. Su lengua se introdujo en la boca de él, temerosa igual que las primeras veces, mas, no apartaría la mirada, no cuando él se la sostenía de esa forma como queriendo fundirse en ella-. Tus ojos son la cosa más bella del mundo Miroku.
-Y, ¿qué es lo que ves?...
-A una mujer enamorada… total y completamente enamorada. Nunca creí poder verme reflejada en la mirada de alguien más.
-Nena…
Incorporándose rápidamente, encerró la cintura de Sango con sus atléticos brazos mientras sus labios se deslizaban por el fino cuello de cisne de ella. Pronto el cuerpo de él comenzó a mecerlos a ambos, casi como si la estuviera acunando. Sango se apartó un poco y cogió el fino rostro de él entre sus manos.
-Hey, mírame –con su rostro de medio lado, no queriendo hacerlo realmente, él obedeció y le sonrió con esa mueca de Don Juan empedernido que nunca se afectaba por nada-. Te adoro Miroku –ella lo abrazó tiernamente pero con fuerza, sabía que a él le costaba aceptar sus palabras de amor-, como nunca pensé que adoraría alguien. Eres un hombre maravilloso, hermoso por donde te mire, pero sobre todo en tu interior…
-Me tienes en mucha estima Sango… sobre todo teniendo en cuenta lo que te quiero hacer cuando te tengo así… -expresó él tratando de distraerla de decir algo más
-Es simplemente lo que veo… y todo eso ahora es mío –dijo haciéndolo por fin sonreír.
-Déjame mostrarte cuán cierto es eso último.
Miroku se levantó obligándola a mantenerse sentada en la cama mientras cuidadosamente fue quitándole prenda por prenda. El barrido que hacía de las mismas por su cuerpo era lento, produciendo una cadencia meliflua que a ella le iba erizando parte por parte la piel. Lo primero en quedar al descubierto fueron sus níveos y redondos pechos, posteriormente los tejanos y esa deliciosa y coqueta prenda íntima color melocotón.
Sango aún se estremecía al estar totalmente expuesta en ese estado delante de su amante, pero se esforzaba por aunar valor y apartar la timidez de su mente. Quizá sería más fácil si esa azulina mirada no fuera tan penetrante, si no hubiera tanta luz, si no…
-¿Tienes frío?, estás temblando –dijo él.
-No, no es eso…
-¿Estás segura?... déjame calentarte –entonces su boca se dirigió directamente a su centro.
Posicionándose entre las piernas de ella, las cuales colgaban al borde de la cama hundió su rostro sin ningún tipo de preludio. Su lengua se abrió paso entre los labios de ella mientras esta contraía sus músculos.
-Dios… me tienes en llamas… -suspiró Sango mientras su cabeza colgaba hacia atrás y sus dedos se enredaban en los cabellos de él.
-Si es así, déjame decirte que es un fuego líquido… un delicioso fuego líquido que te tiene empapada –entonces Miroku deslizó un largo dedo dentro de ella haciéndola gemir.
Mientras se movía de adentro hacia fuera a un ritmo regular, notó como Sango apretaba los labios de su boca para acallar los sonidos. Decidió entonces frotar un poco más rápido, levemente más rápido, pero ella pudo mantener los gemidos en su garganta. Eso era algo que a Miroku no le pareció, sabía que no podían permitírselo estando en esa casa, pero necesitaba esos sonidos, aunque fueran leves.
Y ella se los daría.
Cuidadosamente aumentó la penetración con otro dígito, mientras su lengua rodaba sobre ese botón en la cima de su vulva. Una manó presionó más su cabeza contra el vértice en esas caderas que comenzaban a moverse a un ritmo acompasado, mientras una delgada pierna reposaba sobre uno de sus hombros. Cuando comenzó a chupar para estimular más esa delicada carne, y ante el fracaso de su anterior plan, se aventuró a incluir otra de sus falanges.
Sango curvó su vientre, mirándolo por sobre sus propios pechos directamente a los ojos y le regaló un profundo, sensual y excitante gemido, tan largo como un soneto shakespeariano. Sus rosadas mejillas eran la cosa más tierna que había en el mundo, pero en ese momento, cuando tenía los ojos cristalizados por la pasión, solo podía pensar en lo sexual que era ese maravilloso rostro.
Aun cuando no había acabado su trabajo, se retiró gentilmente para ponerse de pie delante de ella. Erguido en toda su altura, quitó su polo y remera por sobre su cabeza dejando que cayera en cualquier parte, mientras las manos de ella recorrían la cinturilla de su jean jalándolo en dirección a sus pantorrillas.
Sango besó su esculpido abdomen, con la misma suavidad con la que él la había tratado, deslizando su bóxer lentamente por sus largos muslos. La forma en como acariciaba sus caderas y arañaba levemente con sus dientes sus músculos oblicuos, creaba una deliciosa electricidad a la que su cuerpo se había comenzado a acostumbrar, teniendo necesidad de ella cada vez que la oportunidad de amarse se diera.
Miroku se había tomado como tarea personal el complacerla ante todo, casi como si ese fuera su objetivo de vida, pero cada vez que ella lograba romper sus barreras y provocarle placer a él con su boca y manos ahí donde su cuerpo despertaba locamente, no podía resistirse al tratamiento que le daba.
Y es que era tan sensual y delicada…
No necesitaba exhibirse de más en sus formas, hacer poses voluptuosas o frotarse de más contra él, porque su cuerpo reaccionaba inmediatamente al de ella con la más leve mirada, con el más mínimo toque, con la más sutil palabra… Como si este supiera quien era su dueña. Sango controlaba cada fibra de su ser con su mera presencia y cada vez que lo tocaba él perdía dominio de su propio cuerpo. Cuando la húmeda boca de ella lo recibió acompañando de caricias su enfebrecido eje, su cuerpo de inmediato cedió y buscó aumentar el placer. Ella consciente de su necesidad, lo estimuló diligentemente, conduciéndolo profundamente hacía su garganta, humedeciendo su carne henchida mientras el observaba todo desde su elevada posición.
Sango se deleitaba con el sabor de ese hombre. La calidez que desprendía su cuerpo era algo que la hacía aumentar las caricias buscando mayor compenetración con su piel. Admiraba su tamaño y grosor y lo bien que se sentía en su boca y sus manos. Cuando encontró su mirada y notó la fina capa de sudor que comenzaba a perlar el cuerpo de Miroku, su propia necesidad creció y supo que era otra la parte de su cuerpo la que necesitaba ser llenada por su carne.
Él comenzó a apartarse suavemente, a lo que ella le retuvo un poco más succionando y jugando en la suave punta de su miembro, produciendo un sonido hueco al retirarse finalmente de este. Se miraron durante unos segundos, luego él se arrodilló frente ella clavando una rodilla en el suelo en una pose totalmente caballerosa.
-Hermosa dama, ¿permitiría a este canalla adorar su cuerpo una vez más por esta noche?
-Solo sí con ello puedo brindarle placer a usted también, mi amable caballero.
Ambos sonrieron ante el trato que habían acostumbrado a darse. Miroku se ocupó de retirar las mantas para ella, la cual ingresó inmediatamente bajo estas, esperando a que él se posicionara finalmente sobre su cuerpo.
Pero Miroku los cubrió a ambos y la instó a ponerse de lado para pegarse a su espalda. Sango iba a comenzar a protestar pero entonces, él comenzó a frotar su cuerpo al de ella. Su mano se llenó con sus pechos, haciendo rodar sus endurecidos pezones alternadamente. Luego, el recorrido se extendió a través de su vientre, desviándose hacia su cadera, bajando por sus suaves muslos hasta completar el recorrido terminando en su entrepierna. No siendo suficiente los besos que él propinaba en su cuello, la joven extendió su boca a la de su amante en una muda súplica que bien supo interpretar el hombre. Sus besos fueron igualmente delicados y tentadores, primero lamiendo a conciencia sus labios, succionándolos, tirando de ellos, hasta que su lengua entró caliente dentro de ella.
Sango ya no pudo coordinar sus propios movimientos, se moría por tocarlo para hacerle sentir a él la mitad de lo que le provocaba a ella, pero esos largos dedos juguetones le propinaban caricias tan certeras en su centro que le nublaban por completo la razón. Instintivamente, lo único que pudo hacer, fue elevar una de sus piernas enrollándola en las de él, y en ese momento, su grueso y palpitante miembro la llenó por completo.
Los movimientos fueron siempre igual, acompasados, suaves, profundos, tiernos, mas, cuando ella le clavó sus pequeñas uñas en la cadera, él supo que no podría seguir por mucho tiempo así. Apartando su boca, hundió su nariz en el cabello de ella, gimiendo agitadamente ante el increíble placer que le provocaba ese diminuto cuerpo. Tomando la pierna de ella por la parte posterior de su rodilla, la elevó para que el ángulo de la penetración aumentara y con ello sus propias embestidas. El cuerpo de Sango rebotaba contra el suyo en un vaivén que se tornó frenético haciendo que la íntima carne de ella de pronto se apretara más contra la de él.
Sin poder evitarlo, Sango gimió desesperada el nombre de Miroku en el momento en que la electricidad comenzó a crecer y este la aferró a su cuerpo cambiando levemente la posición, dejándola esta vez sobre el cuerpo de él mismo, mientras que con su mano libre frotó la húmeda carne de su clítoris y sus caderas arremetían rápidas y firmes contra su centro. Entonces el orgasmos los invadió a ambos, haciendo que el momento uniera aún más sus seres, sus almas, compartiendo juntos la satisfacción que habían creado entre los dos, culminando su expresión de amor entre besos, caricias, fluidos y gemidos.
Ella no pudo más que descansar unos minutos así, con la espalda sobre su pecho, mientras él acariciaba su cabello y le susurraba tiernas palabras. Pronto quiso apartarse, pero Miroku se lo impidió, a lo que luego de un momento, volvió a dejarla en la posición inicial para juntos dormir tranquilos.
-¿Hermana? –dijeron ambos al unísono.
-Y por lo visto no es la única –dijo el peliplateado llevándose la taza con café a la boca-. Según vi en los registros que me entregó ella misma, hay unos cuantos más. Algunos desconocen por completo la existencia de Colbet, pero hay al menos uno que sabe bien quien es su padre, sin embargo, se encuentra alejado de todo contacto con él.
-¿Y dices que ella está aquí, en Nápoles? –dijo con tono aún incrédulo Irasue-, ¿y eso por qué? –Sesshoumaru pasó por alto la última pregunta.
-Sí, se encuentra aquí en Nápoles y aunque no me ha agradado la idea, podría sernos útil. Es hacker, haremos que nos ayude con lo de tu móvil y demás… si es que logramos meterla en la mansión, claro.
-¿Cómo haremos tal cosa exactamente? –Miroku miró intrigado a su amigo.
-Tal vez con la ayuda de Sango. Podríamos hacerla pasar por decoradora de ambientes o algo por el estilo. Inventaremos una situación que no llame la atención mientras eso le da tiempo de examinar la casa.
-Aún con eso es peligroso, recuerda que estamos siendo vigilados. Además, tú mismo nos has dicho lo impredecible de su carácter y lo impulsiva que ha resultado ser. No permitiré que algo así pueda perjudicar de alguna forma a Sango, como su relación con Kagome, por ejemplo –dijo tajante el chico de ojos azules.
-Lo sé, pero si no es ella, ¿entonces quién? –lo miró serio Sesshoumaru-. Por lo mismo quizá sea conveniente también que de ahora en adelante seas tú y no yo quien trate con Higashikata, o por lo menos que me acompañes la próxima vez que nos encontremos. No quiero que Kagome tenga una razón más para odiarme, si así fuera el caso, por saber que además tenía conocimiento de la existencia de uno de sus hermanos sin mencionárselo… y no quiero estar a solas con ella tampoco.
-¿Por qué?, ¿te ha hecho algo? –preguntó Irasue temiendo la respuesta. Miroku captó la idea no expresada por su amigo e intervino inmediatamente.
-Bueno, me encargaré de cubrir ello, no te preocupes. Mientras, será bueno que pensemos qué haremos hoy cuando Colbet venga a su cita con Kagome.
-Sesshoumaru… -comenzó su madre mirándolo con ojos suplicantes.
-Sí mamá, lo sé –contestó un poco de malas ganas Sesshoumaru-. Me mantendré lo más distanciado posible. Trataré de observar más que interactuar con Colbet, pero teniendo en cuenta que soy el único que no le conoce personalmente es más que probable el que crucemos algunas palabras.
-Higashikata… ahora lo recuerdo –dijo Irasue conectando algunas ideas- Es el nombre que dijiste cuando te llamé la noche de año nuevo…
-No te preocupes ya de eso mamá, no es tema. No te mentiré, han sido más discusiones las que he tenido con ella que otra cosa, pero la necesitamos en este momento.
-Buen día –Sango ingresó sonriente al salón recibiendo la respuestas de todos los presentes al mismo tiempo. Se acercó hasta Miroku dándole un breve beso en los labios y se sentó junto a él- ¿Se han logrado poner completamente al día ya?
-Eso creo, aunque lamento que no hayas estado junto a tu hermano –Sesshoumaru la miró haciendo un gesto de agradecimiento igualmente-. Confío en que Miroku les ponga al corriente.
-Si es que Lin suelta a tu hermano, claro –dijo el chico de la coleta.
-Miroku… -le advirtió Irasue.
-Bueno, Kohaku se ha mostrado muy diligente en todo lo relacionado a ella. Yo no me meto en eso, ambos son grandes y se nota que disfrutan la compañía mutua.
-Sin duda. El objetivo final en la vida de Lin es disfrutar la compañía de los hombres…
-¡Te oí Sesshoumaru! –entró reganándolo la joven quien había alcanzado a escuchar lo que su amigo decía- ¿A qué viene eso en todo caso?
-No es nada Lin, solo están moles… -pero Sango fue interrumpida.
-Eso, ponte un poco más histérica Lin, que todos sepan como eres… – dijo el albino riendo malévolamente mientras la chica se ponía roja de frustración.
-No estás siendo justo Sesshoumaru –completó Miroku como defendiéndola a lo que la aludida le sonrió-… solo es una buena actriz, ¡apasionada!; ya verás cómo cambia la cara cuando entre Kohaku en acción –la chica iba a montarles el número del día cuando el menor de los Wetzel entró finalmente a la sala.
-Buenos días –la actitud de Lin cambió completamente y su tono se hizo meloso y suave cuando miró al chico, respondiéndole con una voz realmente dulce.
-Buenos días Haku –ante el cambio de su actitud, todos estallaron en risas, lo cual dejó perplejo al joven de las pecas, las cuales se perdieron un poco en el rubor que le cubrió las mejillas. Enarcó una ceja mientras se sentaba al lado de su nueva amiga y se unía el resto de los comensales.
El transcurso del día fue agradable, todos se encargaron de hacer alguna labor personal: Miroku habló con Kohaku y Sango sobre lo último que les había contado Sesshoumaru; este pasó un rato con Lin, también contándole un poco más sobre la situación y posteriormente, compartió con Kagome y Shippo; InuYasha pudo pasar tiempo con Irasue, la cual le pudo contar sobre su país y su cultura, insistiéndole en que debía ir a visitarlo y el comprometiéndose a hacerlo, ya que nunca había pisado tierras niponas y le llamaba mucho la atención.
Pero pronto llegó la hora que a la mayoría puso tensos.
Rafaella y Cina habían dispuesto la mesa del comedor con suculentos manjares y adornos florales que refrescaban el ambiente. Sango había hablado discretamente con Bankotsu y sus hermanos dándoles algunas instrucciones respecto a los invitados que estaban por llegar. Miroku fumaba un cigarrillo en la entrada mirando con aparente despreocupación los alrededores acompañado por el samoyedo, mientras Lin, Kohaku e Irasue escuchaban a InuYasha y Shippo tocar una alegre melodía.
Kagome ordenaba algunas cosas en su cuarto cuando llamaron a la puerta. Al momento Sesshoumaru entró en la habitación y esta le brindó una de sus típicas sonrisas mientras él se acercaba a la cama y se sentaba sobre ella.
-¿Te estás arreglando para Colbet? –la molestó el ojidorado.
-No empieces, me ponen nerviosa con sus bromas pesadas –refunfuño un poco ella.
-No deberías, es casi un extraño –dijo en un tono un poco más serio él-. Entonces… ¿has pensando en lo que me dijiste? –Kagome volteó recostándose un poco en el toilette.
-La verdad... no mucho. Supongo que iré actuando según lo que vaya hablando con él… ¿Estás preocupado?, ya sabes que no deberías, no es nada. Solo una conversación normal.
-Cualquier cosa que tenga que ver contigo me preocupará siempre.
-Es que no lo entiendo… -Kagome frunció el ceño de pronto- Tengo la sensación como si todos estuvieran actuando un poco extraños… todos menos Shippo e Inu. Sessh –dijo mirándolo fijamente- ¿me están escondiendo algo?, ¿le has comentado algo de lo que te dije a alguien?
-Claro que no –mintió a la perfección el hombre, sin evitar sentir culpa y unos nervios tremendos-. A lo mejor son solo tus instintos hablándote respecto a tu invitado. Quizás estás enfocando mal tus sentimientos hacia las personas equivocadas.
-Esto es tonto –dijo ella mientras continuaba reuniendo algunos libros-, no tiene ningún sentido. Solo necesito distraerme y ocupar mi cabeza en cosas realmente importante.
-¿Quieres que te ayude con eso?
-No amor, ya lo tengo –dijo mientras se empinaba para apilar los libros en una estantería. De pronto, el cuerpo de Sesshoumaru se pegaba a su espalda, mientras le comenzaba a hablar al oído provocándole los mismos deliciosos escalofríos de siempre.
-Me refería a la distracción… -ella obvió la insinuación y siguió con su tarea.
-Ni pensarlo… solo busco divagar un poco… no… perderme completamente… yaaa… Sessh… –protestó ella, mas, su cuerpo se frotó deseoso contra el de él sin que este hiciera más nada.
Complacido, Sesshoumaru encerró más el cuerpo de ella, tomó uno de los libros y le ayudó a completar el orden. Kagome dejó lo que estaba haciendo, dio vuelta y capturó su boca. Sus manos acariciaron todo el cuerpo de él, pero este se mantuvo estoico en lo que hacía. Sabía que pronto eso provocaría una mejor reacción en ella, mucho más demandante y apasionada.
Cuando Kagome trabó una de sus piernas en la cadera de él y su cuerpo se onduló, Sesshoumaru ya no pudo esperar más: la alzó, se dio media vuelta con ella encima y se sentó en el borde de la mesa de arrimo, en la cual ella pudo apoyar sus rodillas mientras lo cabalgaba y se fundían juntos en un beso.
-No es justo que comiences algo que no vas a llevar hasta el final Kagome… -dijo Sesshoumaru aprisionando con ambas manos el rostro de ella.
-Te necesito… Sessh… - gimió ella sobre su boca- Sesshoumaru…
-Esta noche, promételo.
-Prometido.
El móvil de Kagome saltó con una notificación y entonces ambos decidieron apartarse. Comprobando el celular, le comentó a Sesshoumaru que su invitado había llegado, así que tras arreglarse el uno al otro sus ropas, se encaminaron al salón. Les faltaban unos cuantos peldaños para llegar al primer piso cuando Miroku salió casi disparado de la sala en dirección a ellos, sin embargo, se detuvo sorprendido al encontrarlos frente a él y sus ojos se trabaron algo preocupados en el rostro de Sesshoumaru. Kagome los miró a ambos, el abogado se recompuso, les sonrió y comentó que iba de camino a buscarlos.
Sesshoumaru se tensó, se tensó de verdad.
Algo no andaba bien ya que supo leer en la reacción de su amigo que algo estaba sucediendo. La espalda de este se perdió rápidamente tras el umbral que separaba las dos estancias y cuando entró al salón acompañado de Kagome, sus ojos obviaron la presencia del hombre que le interesaba conocer para fijarse en la mujer que lo acompañaba.
Higashikata Kikyo.
No pudo evitarlo.
De verdad no pudo.
Sus dorados ojos penetraron profundamente los de ella haciendo que esta se pusiera algo nerviosa y les sonriera con una falsa mueca de amabilidad a ambos. Kagome se percató del evidente pasmo en Sesshoumaru y pronto la reacción que detectó no solo en su rostro –donde era indiscutible- sino en el resto de su cuerpo, fue malinterpretada. La joven al lado de Naraku era hermosa, realmente hermosa; poseía una belleza que la inquietó a más de un nivel y no solo porque esta hubiera clavado fijamente su mirada en Sesshoumaru correspondiéndole, sino por lo desconcertante que le resultaban sus rasgos, casi como si les fueran familiares.
Naraku tenía una sonrisa radiante cuando se acercó a su anfitriona y la abrazó depositando un beso en su mejilla. De inmediato la atención del peliplateado cambió su objetivo y sintió ganas de gritar, romper un mueble o quemar las cortinas.
-Querida, espero disculpes la libertad que me he tomado al invitar a una conocida que anda de visita en Nápoles. Permíteme presentarte a Kikyo Nijimura, como anda de pasada, pensé que le agradaría encontrarse con algunos compatriotas –la joven se adelantó y le tendió una nívea y delgada mano a Kagome.
-Un gusto, espero no ser una molestia –dijo sonriéndole, aunque realmente sus ojos eran algo fríos.
-Ninguna molestia, Kagome Frossard, bienvenida –contestó educadamente pero tensándose un poco al presentar al joven a su lado-. Este es mi hermano mayor, Sesshoumaru Frossard –cuando ambos estrecharon sus manos, Kagome evitó mirarlos. Buscando una salida se volvió a enfocar en su invitado.
-Sesshoumaru, él es Naraku Colbet, un antiguo amigo de mi madre.
Entonces el ambiente se cargó de electricidad.
Kagome ya no pudo evitarlo y miró sin disimulo a uno y otro mientras se estrechaban más tiempo de lo normal las manos. El rostro de Sesshoumaru rayaba en lo desafiante mientras una sardónica sonrisa se esbozaba en su rostro. Naraku lo miró con sus ojos oscurecidos por un sombrío sentimiento que ella no supo identificar y compitió con la sonrisa del japonés, torciendo sus labios casi como si…
¿Lo conociera?
-¿Qué tal si pasamos a la mesa?, en casa se han desvivido por preparar tentempiés que agraden a todos los comensales –Sango, con su típica elegancia instó a todos a tomar lugares.
Kagome se alejó rápidamente de Sesshoumaru, apertura que Irasue aprovechó para quedar al lado de su hijo. Miroku se adelantó presto a atender a la recién llegada y luego quedar en unos de sus costados mientras Sango hacía lo propio al lado de Colbet. Los nuevos quedaron frente a frente con el mayor de los Frossard, el cual recibió un imperceptible pellizco por parte de su progenitora. Atendiendo la demanda, posó su mirada en Kagome la cual si bien se percató de ello lo ignoró.
Durante toda la comida.
-¿A qué te dedicas específicamente Kikyo? –inquirió Irasue.
-Estudié periodismo y hago trabajos freelance la mayor parte del tiempo; también soy fotógrafa profesional -su tranquila respuesta fue algo que la sorprendió a ella misma, ya que no había pensado qué decir si le preguntaran sobre aquello.
-De hecho, tengo entendido que conoces a Sesshoumaru –dijo Naraku, a lo cual la japonesa lo miró un tanto sorprendida, obligándola a pensar en una mentira rápida-, ¿no me dijiste que lo habías entrevistado una vez?, creo que también mencionaste haberte topado con él en varios eventos.
-Hace un tiempo, fue algo breve por teléfono. Si mal no recuerdo fue por el proyecto ligado a las nuevas rutas internacionales de comercio –respondió rápidamente Sesshoumaru sin mirar siquiera a la muchacha.
-Bueno, es difícil que alguien no conozca en Tokio el nombre de Sesshoumaru –dijo Miroku amortiguando el comentario.
-No tengo recuerdos de haberte visto anteriormente Kikyo, si me disculpas la impertinencia –atacó Lin en defensa de su amigo-. Dicho sea de paso, ¿a qué se debe tu estadía en la ciudad?
-La verdad vine por trabajo –respondió mirando a Sesshoumaru, quien quería arrancarle la cabeza ante su cinismo-, pero me tomaré unos días para pasear y disfrutar de la ciudad.
-Sí que es pequeño el mundo –comentó distraído InuYasha, a quien no le habían agradado mucho la presencia de las visitas, por lo cual compartía más por una cuestión de cortesía.
-Así es el azar –replicó Naraku. Mirando a Kagome, la cual se notaba algo cabizbaja y pensativa, se dirigió a ella-. Supongo que has disfrutado de tus visitas Kagome.
-Sí, por supuesto –le sonrió la chica tratando de aparentar normalidad-. Queremos aprovechar al máximo el tiempo ya que son escasas las ocasiones en que estamos todos juntos.
-¿Qué te respondió el señor Fonzerelli, a todo esto? –el interés que demostró en uno de los temas que había compartido con él le agradó mucho a Kagome, haciendo que su disposición aumentara mucho más.
-Ha revisado mi anteproyecto y le ha dado el visto bueno, ahora solo tengo que presentarlo formalmente y ya tengo mi inscripción asegurada en el próximo ciclo. Prácticamente ya estoy dentro, gracias por preguntar –le dijo esta con una dulce y sincera sonrisa.
La conversación siguió y siguió, algunas de las veces más parecía un interrogatorio que simples preguntas a Naraku y Kikyo, pero estos respondían rápido y fácilmente, por lo cual la charla se mantenía equilibrada. InuYasha se concentró por un momento en la japonesa que acompañaba al amigo de su hermana.
Curioso.
Mientras más la veía, más familiar se le hacía aquel rostro. Las mujeres pijas como Kikyo nunca habían sido de su gusto, pero tuvo que admitir que su rostro le resultaba lo bastante atractivo como para atraerle. Dado un comentario que alguien hizo, todos miraron a Kagome, la cual rio dando una de sus típicas respuestas inteligentes y entonces algo le causó extrañeza.
Yendo de un rostro al otro, comprobó lo parecidas que resultaban ser ambas mujeres, aun cuando una era italiana y la otra japonesa. Había algo en la barbilla, en sus pómulos, en la forma respingona de la nariz y entonces le resultó fácil comprender por qué la invitada le había parecido tan guapa. Abstraído ante el pensamiento trató de pensar en algo que no fuera el rostro, los ademanes o el cuerpo de Kagome. Hace unas semanas había repasado en su conciencia algunas normas éticas y morales sobre el por qué las relaciones amorosas entre familiares no debían darse, lo cual le animó y alentó el tiempo que ella estuvo fuera de casa haciendo trámites en Positano. Pero, claro, bastó con que volviera a la mansión y la inquietud volvió a apoderarse de su cuerpo, sumándole a eso una aguda crisis de celos provocados por la figura de su hermano en casa.
Entonces sus oscuros ojos se posaron en Sesshoumaru y, mira tú, este parecía tener fija su atención en la que era su compatriota. Nuevamente el juego de miradas por parte del músico comenzó, pero esta vez iban de su hermano a Kikyo y viceversa. Anda, él podría ser un tanto distraído y descuidado algunas veces, pero la forma en cómo se miraban no se le había pasado por alto.
Esos dos se conocían. Y sabe a Dios a qué niveles.
InuYasha siempre fue un buen observador, desde que era un tímido y solitario niño, por lo que sabía interpretar bien las reacciones y posturas de las personas aun cuando no las conociera. Sesshoumaru estaba evidentemente incómodo y, ahora que lo pensaba, no le había agrado ni un poco que Colbet mencionara que Kikyo le conocía de alguna parte. '¿Qué es lo que tienes que ocultar hermanito?', pensó irónicamente. Sin embargo, ese asunto no era de su incumbencia y poco le importaba realmente lo que siguiera sucediendo en el transcurso de la comida.
El momento iba a darse y, de no ser así, Naraku lo crearía. Cuando Kohaku dio la idea de salir al patio trasero para ponerse más a gusto bajo los rayos del sol, el hombre aprovechó para enganchar en una conversación a Kagome. Mientras esta le mostraba las instalaciones, poco a poco fueron alejándose rumbo al muelle y más allá, mientras el resto de las personas fueron quedando repartidas cerca de la pérgola, los asientos o rosales.
-Sí que no se parecen en nada tú y tus hermanos. Cualquiera diría que son de familias distintas.
-Bueno, la mezcla genética está variada.
-Sin embargo, los muchachos si tienen un leve parecido. Sobre todo en actitud –sonrió Naraku.
-La verdad, son bastante simpáticos cuando quieren, pero últimamente pareciera que la gente anda un poco tensa en casa.
-¿Y eso por qué? –fingió curiosidad el hombre.
-Ya quisiera saber…
-Gracias por haberme invitado a tu casa Kagome. Extrañaba nuestras charlas y pasar un tiempo juntos –los ojos de él se hicieron melosos cuando se posaron en ella y esta le agradeció igualmente.
-Nada de eso, la verdad… -dijo con convicción la muchacha- lamento haber estado un tanto distante, pero no se volverá a repetir. De ahora en adelante espero que venga a visitarme más seguido sin tener que extender una invitación.
-Ten por seguro que lo haré, quizá y logre relacionarme un poco más con tu familia próxima… y así convencer a tus hermanos que no te intento cortejar –Kagome rio cristalinamente mientras deshacían el camino hacia la casa.
Al acortar la distancia no pudo pasar por alto que Sesshoumaru y Kikyo se encontraban realmente alejados del resto. La postura de la mujer resultaba demasiado cercana, no como si fuera la primera vez que hablaba con el hombre… ni tampoco la segunda... o la tercera. La actitud de él era seria, pero sus ojos la miraban fijamente como con complicidad y de pronto, una de las manos de ella se posó en uno de sus antebrazos sin que Sesshoumaru le apartara.
Él. Que no soportaba que la gente lo tocara.
Por lo visto estaba concentradísimo en lo que le decía para pasarlo por alto.
Naraku sonrió para sus adentros. Si bien Kikyo no había hecho ni la décima parte de lo que le había ordenado, esto sería algo suficiente de lo cual aferrarse para anidar su intriga.
-¿Qué raro?... cuando le comenté a Kykio quién era tu hermano se emocionó mucho ya que me dijo que lo conocía bastante bien… pero… no sé –fingió desconcierto el hombre-… bueno, la verdad no importa.
-¿A qué se refiere exactamente? –Kagome no pudo evitar girar su rostro bruscamente hacia él, lo cual este pasó desapercibido intencionalmente, fingiendo aún más su papel de blanca paloma.
-Ay, Kagome, ¿qué tengo?, ¿15 años?, ese tipo de chismorreo es de adolescentes –dijo resoplando hacia un lado. Entonces Kagome también comenzó a fingir.
-O vamos, siempre es divertido tener algo con qué molestar a uno de mis hermanos, sobre todo a Sesshoumaru que es el más serio de los dos –comentó risueña esta- ¿Es que acaso se conocían de 'algo'? –dijo acentuando la palabra. Naraku suspiró.
-Mira, todo lo que me dijo es que había compartido en varias ocasiones con él y no precisamente por motivos de trabajo. Se citaron un par de veces y tal, pero… -Kagome lo instó a continuar como si le causara realmente gracia- oye no voy a hablar mal de tu hermano tampoco.
-¿Cómo así?
-Kikyo dijo que se citaron… pero a tu hermano parece que le llueven las mujeres… Entonces ella decidió apartarse. No voy a especular al respecto, pero pensé que realmente había algo importante entre los dos. Hablaba de él como si fueran muy cercanos y la reacción que tuvo ella al invitarla a que me acompañara, casi como si la ilusionara el reencuentro me llamó la atención. Además, no sé si es idea mía, pero los noté a ambos tensos, como si les costara trabajo el acercarse, como si quisieran pero no supieran cómo…
-¿Crees que tuvieron una relación?
-Kagome… -le dijo en un tono como de regaño él, a lo que ella le hizo ojitos.
-¡Es que no me estás diciendo realmente nada con eso!... anda, necesito más material.
-No, no voy a caer en este tipo de juegos.
-No puede ser tan cruel como para que le suplique.
-¡No! –dijo en tono ofendido el hombre-, ¡eso ni pensarlo!. Ya basta, cambio de tema –respondió tajante él. Ella fingió un lloriqueo posando dramáticamente una mano en su frente a lo que Naraku rio, sin embargo, de pronto desvió su mirada y la volvió a posar en los personajes a quien estaba difamando. Kagome le siguió la mirada y los vio a ambos intercambiando algún tipo de dato el cual era guardado en cada uno de los móviles de ellos-. Quizá si han logrado llegar a algo después de todo…
-Por lo visto… -susurró la pelinegra.
-Bueno, si han pasado juntos los días de año nuevo, algo debe haber ahí… –a Kagome se le heló la sangre en las venas.
-¿Eso se lo ha dicho ella? –dijo mientras su estómago se anudaba.
-Kagome, créeme que no estoy tratando de emparejar a tu hermano, lo juro. No la invité con esa intención.
-Está desviando el tema –replicó rápidamente ella.
-Kagome, te lo vuelvo a decir, pero de otra manera: Kikyo me ha hecho simples comentarios y yo, que la conozco de hace algún tiempo, no tengo por qué no creer en sus palabras; pero escúchame bien –dijo sujetándola levemente por los hombros-, esa es su verdad, no la de tu hermano. Como hombre te puedo decir que nunca sé qué pasa por la cabeza o el corazón de las mujeres y creo que quizá me adelanté y fui imprudente al hacerte este tipo de comentarios. Quizá no es como me ha dicho ella… quizá mal interpreté todo… por eso te dije en primera instancia que no quería seguir con el tema.
-Naraku, tranquilo, no pasa nada –siguió actuando Kagome-. Vamos, es solo mi hermano –dijo mirándolo nuevamente-, pero… después de todo no lo conozco mucho…
-No te preocupes. Si vengo nuevamente por estos días, no pienso traerla.
-Naraku, por favor –le habló Kagome como si estuviera diciendo algún tipo de disparate.
-No, no me arriesgaré. Se nota que te ha molestado que haya mencionado lo de su relación…
-¿Entonces hasta hace poco tenían una relación? –preguntó con asombro la italiana. Naraku chaqueó la lengua.
-No… no quise decir eso… yo me refería…
-Sesshoumaru salía con Kikyo… -dijo en tono ausente la joven. De pronto pensó que sus piernas podrían ceder en cualquier momento. No, eso no podía ser cierto- Es innegable que se conocen de tiempo –pero su cabeza se negaba a creerlo sus propias palabras y deducciones.
-No he utilizado bien el lenguaje, pero lo peor es que lo he hecho contigo, alguien que trabaja prácticamente con ello –el hombre miró su reloj y luego suspiró-. Vaya, se me ha pasado el tiempo demasiado rápido. Quedé de cenar con unos clientes, como no pensé que nos veríamos tan pronto no pude cambiar el encuentro.
-Es una lástima –dijo Kagome con ojos tristes, aunque esto era provocado por un motivo totalmente diferente-. Mantengamos el contacto –la joven encerró con sus manos una de las de él, a lo que este le sonrió y apartó un mechón de cabello con la que tenía libre.
-Tenlo por seguro Kagome. Es hora de irme, gracias de nuevo por la invitación.
-Sesshoumaru –los ojos de Kikyo eran suplicantes-, tienes que creerme, no he tenido más opción que venir.
-Tu principal error fue seguirme. A Nápoles –le dijo enfático el hombre. La mujer desvió su mirada, si se la sostenía, lo más probable sería que rodaran algunas lágrimas. Sesshoumaru giró la muñeca y checó su reloj de pulsera, lo que le permitió una amplia vista de su mano.
-Me alegro que tu mano haya mejorado de año nuevo a esta parte... –para cuando la joven pronunció esas sinceras palabras, Kagome y Naraku se encontraban tras la espalda del albino; la italiana las escuchó claramente y su vista se posó en la japonesa, que al percatarse de su escrutinio la miró sorprendida y luego a su acompañante, quien le anunció cortésmente que era hora de retirarse. Kikyio asintió y se alejó hacia el otro grupo quedando solo Sesshoumaru, Kagome y Naraku.
-Sesshoumaru, hemos compartido muy poco pero, sin duda, ha sido un gusto conocerte. Tengo la sensación que nos volveremos a ver –le dijo Colbet mientras le tendía una mano al ojidorado, quién se la estrechó firmemente, igual que cuando se saludaron la primera vez.
-Ya lo estoy deseando… Naraku –cuando el joven volteó a ver a Kagome, esta se alejó rápidamente con la excusa de acompañar a sus invitados a despedirse del resto.
Sesshoumaru notó algo extraño pero desvió su atención al hecho más importante. Naraku lo había logrado y Kagome nuevamente volvía a caer en sus redes. Partió tras Miroku y juntos se encerraron en la cocina a intercambiar palabras mientras el resto de las personas se dispersaba por la casa.
Irasue se acercó a Naraku quien complacido la besó en una mejilla para luego mirarla fijamente y sonreírle. Si solo pudiera atravesarle el rostro de una bofetada… Asqueada ante la situación miró a la jovencita hermana de Kagome y su mirada fue igualmente una mezcla de desprecio y falsa cortesía.
Mientras Naraku continuaba despidiéndose del resto, Kagome notó que Kikyo estaba ya sola en la entrada, se acercó a ella y la observó detenidamente, lo que igualmente hizo esta. Entonces la italiana le sonrió y Kikyo se puso nerviosa.
-Lamento haber venido sin invitación, muchas gracias por la bienvenida.
-No tienes que agradecer –la voz de Kagome le pareció casi estrangulada-, los amigos de mi hermano siempre serán bienvenidos en esta casa –Kikyo no pudo evitar sorprenderse.
-Yo… sí, bueno…
-Me ha dicho que han pasado el año nuevo juntos –mintió Kagome tratando de contener las emociones-, gracias por ayudarle con lo de su… pequeño accidente…
-Él te ha dicho… -preguntó como esperanzada la azabache.
-Sí. Fue algo que nos preocupó a todos en casa –Kikyo miró el suelo avergonzada. Quizá Sesshoumaru no era tan frío después de todo.
-Cómo podría no haberlo ayudado… -dijo recordando la situación: él enfadado; ella conduciendo en la noche su auto hasta el penthouse; el beso que le dio mientras estaba prácticamente inconsciente…- Me sentí aliviada de llevarlo seguro de vuelta a casa… -y esas palabras las dijo más para sí misma que para Kagome, pero esta última sintió que aquella oración le llenaba de espinas el corazón.
Hace diez minutos que Naraku y Kikyo habían abandonado la mansión, los mismos diez minutos que Kagome se encontraba yendo de un lugar a otro encerrada en su habitación. Sus ojos tenían un velo de histeria y en su garganta el aire pasaba con dificultad.
No.
No podía ser cierto.
Sesshoumaru no… el no haría algo así.
Él. No. Le. Haría. Algo. Así.
Pero su corazón se estaba haciendo pedazos y miraba constantemente el suelo como comprobando que no encontraría los trozos esparcidos por el mismo. No quería creer algo así, pero su cuerpo había decidido sucumbir ante la duda. ¿Por qué estaría tan impactado con la visita de la mujer si no la conociera de antes?, ¿por qué se sorprendería y no apartaría la vista de ella si no fuera porque un interés tenía en ella?, ¿por qué trataría de ocultar el hecho de que la conocía delante suyo sino fuera porque…?
Porque habían estado juntos…
Su visión se hizo borrosa y pronto gruesas lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas. Sesshoumaru le había mentido. Todo este tiempo. Y ella le había creído. Algo similar había pasado con esa mujer llamada Kagura, sin embargo, esa noche habían hecho el amor por primera vez. ¡Ella se había entregado a él!, ¡a su hermano!
¿Cómo podía haber sido tan tonta?, ¿en qué cabeza entraba realmente lo que estaba haciendo, lo que estaba sintiendo?, ¿por qué no había escuchado a Sango cuando le advirtió de la situación la primera vez?
No podía soportarlo. Quería salir corriendo de ahí, no ver a Sesshoumaru. TENÍA que salir de ahí. Rápidamente de dirigió al armario y con manos temblorosas rebuscó una chaqueta. Al primer intento tiró varias perchas al suelo y finalmente cogió lo primero que pudo. Una voz le llegó desde su cuarto y horrorizada salió del walking closet pensando que podría ser el peliplata. Cuando InuYasha la vio en un estado claramente alterado, su hermoso rostro se desfiguró en una mueca de preocupación. Se acercó a ella y por el movimiento de sus labios dedujo que le estaba diciendo algo, mas, las palabras no fueron captadas por sus oídos. Él la abrazó protectoramente y ella se aferró con fuerza a su cintura mientras sus lágrimas comenzaron a acompañarse de sollozos.
-Kagome por Dios, ¿qué ocurre?
-Inu… Inu…
-Estoy aquí. Ssshhh, Kagome estoy aquí –la joven se apartó un poco para mirarlo a los ojos.
-Necesito salir.
-¿A dónde?, ¿en este estado?, ¡no puedo dejarte ir así!
-No… sola no… ven conmigo, por favor… -le suplicó la chica.
InuYasha la miró lo que le parecieron horas en un estado cercano a lo perplejo, la cogió de la mano y la arrastró rápidamente fuera del cuarto. Siete segundos le tomó dejarla cerca a las escaleras, correr a su cuarto, coger su bomber jacket y volver a ella. Kagome había secado sus lágrimas, pero las muestras en su rostro eran evidentes, solo esperaba no toparse con nad…
-¿Kagome?, ¿Inu? –preguntó Sango al verlos bajar corriendo mientras ella subía.
-Sango, necesito que veas a Shippo por mí y que lo lleves a la cama cuando sea la hora –le gritó casi gruñendo.
-¡Pero qué sucede!
-¡Solo queremos estar un rato en paz!, ¡por qué tenemos que dar tantas explicaciones para salir de casa, maldita sea!
-¿Qué está ocurriendo?, ¿Kagome, has estado llorando? –pero los hermanos cruzaron rápidamente el hall abriendo la puerta de salida- ¡Kagome! –pero ninguno de los dos volteó a verla y sin saber qué hacer, Sango se quedó parada en el final de las escaleras.
-Mierda, sí que son parecidas.
-Claro que no, no se parecen en nada.
-Sesshoumaru relájate, no lo he dicho con mala intención.
-No me importa la intención, me importa el hecho y no, no lo son –Miroku elevó los brazos solo para dejarlos caer en una muestra de exasperación.
-Uy, está bien, lo que digas…
Mientras se encontraban en la cocina sintieron un jaleo armarse en la entrada principal. De inmediato ambos guardaron silencio y escucharon tratando de obtener alguna pista. Cuando las preguntas de Sango fueron frenadas por las respuestas de InuYasha que más parecían un trueno, Sesshoumaru y Miroku se miraron apresurándose en salir del lugar donde estaban e ir hacia ellos.
Para cuando llegaron al hall, Sango estaba a medio camino de la puerta, con aire ausente y preocupado. Al notar la presencia de los japoneses, se volvió a ellos, pero solo miró a Miroku, el cual de inmediato la abrazó y comenzó a hacerle preguntas por lo bajo. Sesshoumaru se dirigió directo hacia la puerta que había quedado abierta de par en par, no puso atención a lo que la joven de la coleta le contaba a su amigo ya que se concentró en el auto que se alejaba atravesando la verja de hierro.
-… estoy segura que estaba llorando, entonces me preocupé. Ay, por Dios, no debí gritarles…
-Nena, nena... –dijo el moreno a su novia obligándola a mirarle- No hiciste nada malo, lo muchachos estaban nerviosos y todos han reaccionado mal, pero estoy seguro que InuYasha tampoco quería gritarte.
-Pero, Miroku, Kagome… Kagome no dijo ni una sola palabra, ni siquiera me miró –Irasue apareció en lo alto de la escalera y sus ojos se entrecerraron ante lo que veía.
Bajó con su paso siempre elegante, poniéndose frente a Sesshoumaru hasta que este subió la mirada y la clavó en la de ella. A la mujer casi se le detuvo el corazón: su hijo, el siempre compuesto Sesshoumaru tenía la mirada nublada, opaca… vacía. Su siempre divino rostro no mostraba ningún tipo de emoción, como si se estuviera transformando en un maniquí viviente o en una de las estatuas del jardín. La miraba pero sin verla y eso hizo que le doliera el alma, ya que significaba que el vacío se estaba comenzando a apoderar de a poco de su ser.
Eran ya pasadas las diez de la noche y ninguno había llamado o devuelto los mensajes con los que Sango había tratado de contactarlos. Shippo había estado haciendo mil preguntas, tenido una crisis de pataletas y llantos de chantaje hasta que por fin logró sucumbir al sueño.
Sesshoumaru había pasado de la última comida y solo tras las súplicas de la novia de su mejor amigo y Lin, lograba ahora estar en el living junto a todos los adultos, pero sin el personal. Se mantuvo siempre al lado de una de las ventanas que daba hacía el jardín delantero, esperando ser el primero en ver cuando ambos volvieran a casa.
-Esa mujer sí que ha tenido valor para venir a meterse aquí… pero aun así hay algo que no me calza del todo en ella –decía Lin pasando su peso de un pie a otro.
-Lo importante es lo que le ha dicho a Sesshoumaru ya que con eso se han aclarado un poco más las cosas –comentó el abogado.
-Pero, ¿podemos confiar en ella realmente?, ¿cómo sabemos que está diciendo la verdad y que no está siendo manipulada por Colbet? –insistió Lin-. Aun no me queda del todo claro cuál ha sido su intención al venir hasta acá.
-La verdad, yo le creo –y ante las palabras de Kohaku todos suspiraron, ya que sabían lo noble que era el muchacho-. Solo piénsenlo, tuvo muchas oportunidades para hacer o decir alguna cosa que nos pusiera en un punto complicado o que sobrexpusiera a Sesshoumaru y no lo hizo –el resto escuchó atentamente las palabras de Kohaku mientras le concedían un punto a favor ante lo razonable y lógico de su pensamiento-. Estuvo por de más nerviosa y aun cuando, igualmente, pudo haber estado a solas con Kagome, tampoco lo hizo. No le vi cruzar más de dos palabras directamente con ella.
-Aun con ello, la experiencia que ha tenido Sessh con ella es lo que cuenta. Para mí eso es lo que vale, lo siento si no me puedo fiar de ella –dijo Sango abrazándose a sí misma mientras en el fondo de su corazón trataba de creer.
-Concuerdo con Sango –dijo el peliplateado-. Es más fácil para todos si simplemente no nos formamos ninguna expectativa buena o mala de Nijimura. Tratemos de pensar que no contamos para nada con ella y solo si la ocasión lo amerita nos servimos de su ayuda. Para mí es mejor si está fuera del juego.
-Entonces solo nos falta saber qué ha hablado Naraku con Kagome. Es obvio que es algo de ello lo que le ha afectado –Irasue miró a su hijo.
-Hablaré con ella en cuanto llegue –respondió automáticamente el peliplata.
-¿Y si le ha contado que él es su padre? Creo que debería ser otra persona quien la aborde, sobre todo alguien más sutil –dijo Lin ganándose una mirada de puñal por parte de su amigo.
-Es obvio que no le ha dicho nada de eso y más obvio aun que le ha mencionado algo sobre mí, ¿por qué sino escogería salir huyendo dolida junto a InuYasha?; te recuerdo que también es su supuesto hermano, por lo que no tendría más ganas de estar con él que conmigo si fuera lo de la paternidad. Además, Colbet no trajo a Nijimura por nada –Kohaku se sintió un poco perdido tras ese último comentario y contrajo el rostro ante la duda.
-¿Nijimura y tú?, ¿en qué sentido?, ¿de qué forma su relación podría ser relevante o afectarle a Kagome si ella tampoco sabe que es su hermana? –como si se hubieran puesto de acuerdo, todos los restantes se rehuyeron la mirada unos a otros para evitar dejar en descubierto otro de los 'sucios secretos familiares'.
-Colbet es un sociópata cariño –el tono despreocupado de Irasue fue algo que realmente distrajo de la idea a Kohaku-, puede hacer mil cosas sin sentido para nosotros, pero que en su retorcida mente darán resultado igual.
-Estoy seguro que esto tiene que ver con ambos, con ella y conmigo –insistió Sesshoumaru sin aclarar quién era la 'ella' de su oración- por lo que yo lo resolveré personalmente.
-No –y la respuesta, aunque con un tono suave y calmado, fue muy enfática-. No irás tú Sesshoumaru, esta vez tendrás que dejármelo a mí –Sango se sintió abrazada por el fuego dorado en los ojos del hombre, pero le sostuvo firme la mirada hasta el último momento-. Si el tema es contigo, entonces no eres el indicado para sonsacarle nada. También quiero recordarles a todos que estamos hablando de una persona, de Kagome, por lo que debemos evitar de referirnos a ella como si fuera una simple pieza de ajedrez buscando moverla de un sitio a otro según nos convenga para 'no dañarla'. Pueden tener una relación muy estrecha, pero yo la conozco hace años y sé que conmigo se logrará abrir más que contigo dada la situación.
-Pero eso es solo un supuesto –cuando la voz de Sesshoumaru se escuchó más ronca y mantuvo esa pose un tanto desafiante hacia la amiga de su amante, Miroku apareció tras Sango para plantarle cara al mayor de los Frossard. Sus oscuros ojos azul marino le atravesaron como si en ese momento quisiera realmente romperle la cara, y el propio cuerpo de Sesshoumaru reaccionó ante la testosterona que estaba corriendo como loca por su cuerpo, casi queriendo liarse a puñetazos con su mejor amigo para librarse de esa adrenalina que lo invadía.
-Anda Sesshoumaru –le dijo el abogado-, hazlo. Te reto a ir y hacer lo que te viene en ganas. Como siempre. De paso deja que nos sentemos aquí a ver cómo de mal te resultan las cosas y pensar la forma como solucionarlo luego.
-Miroku… –Sango le susurró por lo bajo. Su intención estaba lejos de hacer que ambos amigos terminen enfrentados y la verdad se encontraba con la cabeza lo bastante fría para poder pensar con caridad. Enrolló uno de los brazos de él en su abdomen y este le dio un beso en la coronilla.
-Sango tiene razón –dijo igualmente su hermano menor, quien a pesar de la molestia que le causó la actitud de su invitado trató de entender que todos tenían los sentimientos a flor de piel, dejándolo pasar. Su voz calmada fue algo que sorprendió a todos y dio por finalizada la conversación-. Ahora todos deberíamos retirarnos y no magnificar la situación que presenció mi hermana. Si ella se hace cargo, lo hará bien. El resto solo podemos esperar y hacer como si no supiéramos nada de esto.
InuYasha había conducido alrededor de una hora sin rumbo. No precisó hacerle preguntas a su hermana, por el contrario, le había dado todo el espacio necesario para poder estabilizarse anímicamente. Si bien, los primeros 15 minutos que pasó llorando fueron duros -en donde en tres ocasiones casi aparca para poder abrazarla y consolarle- se mantuvo con las manos en las once y las dos, hasta que al mirar de reojo, notó que se había quedado dormida.
¿Qué mierda estaba pasando?, ¿qué era en realidad lo que estaba pasando?; podía fingir ser un idiota la mitad del tiempo, pero no lo era realmente. Sesshoumaru no llevaba dos días y ya había logrado enturbiar el ambiente. Pero, claro… eso era hablar desde la rabia; no podía decir que fuera realmente por algo que hubiera hecho o dicho su hermano. De hecho, todo había sucedido luego de esas 'visitas'. Kagome estaba sola en su cuarto y, desde que ese tal Colbet había llegado con la tal Nijimura, sus hermanos no habían cruzado ni miradas. Rememoró como juntos llegaron felices y sonrientes –como de costumbre- al salón y de ahí… Bueno, la verdad, no sabía qué había pasado justo después, ya que todo se resumía a Shippo.
Cuando se cansó de merodear, se estacionó cerca de un restorán al que solía ir con Kagome y el pequeño. Tenía ganas de fumar, pero prefirió esperar a que la chica despertara y si no la hacía… pues bien. Unos minutos después la joven se removió incorporándose.
-¿Cómo te sientes?
-Me duele un poco la cabeza.
-Vamos a conseguir algo para eso.
-No, está bien así, ¿podemos ir… podemos ir al mirador?
-Donde quieras bonita –le dijo con voz tierna mientras daba marcha y conducía rumbo al lugar mencionado.
Salieron del auto y se sentaron en la grama. Ella se recostó en las piernas de InuYasha y el comenzó a acariciar su cabeza mientras ambos miraban la ciudad que ya comenzaba a oscurecer. Se quedaron en silencio quién sabe cuánto tiempo, tanto que él miraba una que otra vez a la joven para corroborar si se había vuelto a quedar dormida.
-Necesito a papá… -Kagome se encogió un poco ante su confesión y él le apartó unos mechones que escaparon traviesos a su rostro- él sabría decirme qué hacer…
-¿Qué hacer con qué?
-Con las dudas que siento. Me enseñaría a ser más fuerte.
-¿Qué es lo que te ha apenado tanto?
-Una mentira.
-¿Quién te ha mentido? –Kagome guardó silencio.
-¿Tú me mentirías InuYasha?
-No. Nunca.
-¿Y confías en mí?
-Totalmente –ella no pudo aguantarlo y comenzó nuevamente a llorar.
-No deberías… yo… yo tengo secretos… he hecho mal las cosas, lo hice todo mal Inu…
-Kagome, todos tenemos secretos, eso no te hace una mala persona. Si es por hacer las cosas mal, mírame a mí. He cometido cientos de errores a lo largo de mi vida, pero los he sabido tomar como experiencia, y esta ha sido la mejor profesora que he tenido en mi vida, aunque me ha cobrado bastante caro las lecciones algunas veces -Kagome logró sonreír un poco y luego de unos minutos volvió a hablar.
-Algo raro está pasando en casa.
-Sí. Yo también lo noto. No quiero especular al respecto, pero también lo noto.
-No le digas a nadie lo de hoy, por favor.
-Claro que no tonta.
-Gracias por estar aquí conmigo… por no bombardearme a preguntas…
-Solo quiero que estés bien, no me gusta verte así… me has asustado.
-Lo siento. Ya estoy mejor. Solo necesito descansar.
-¿Quieres comer algo?
-No, solo quiero mi cama.
-Entonces volvamos.
Cuando llegaron a la mansión no había nadie merodeando por el primer piso, lo cual alivió a ambos. De igual forma subieron sigilosamente, comprobando la habitación de Shippo quien dormía profundamente. Kagome iba a despedirse de InuYasha, pero de pronto pensó que Sesshoumaru podría estarla esperando en su dormitorio. Le había escrito varios mensajes y diez de las llamadas perdidas que tenía eran de él.
-¿Qué pasa? –le pregunto su hermano cuando la vio parada sin moverse.
-Creo que me quedaré con Shippo…
-Podría despertar… ¿segura que estás bien? –la chica se mordió el labio.
-Entonces… podría quedarme por hoy contigo.
-Claro que sí. Vamos.
Sango seguía despierta entre los brazos de Miroku. Cuando su celular sonó con una notificación no pudo evitar saltar para cogerlo rápidamente, despertando a su pareja. Suspirando aliviada, envió unos cuantos mensajes y besó a Miroku volviendo a recostarse en su cuerpo.
'Ha llegado bien. Está ya en cama'.
Pero no en la de ella.
Sesshoumaru miró el vacío colchón en el cuarto de Kagome y salió discretamente. Iba rumbo al suyo cuando decidió devolverse, pero esta vez al de Shippo. Suavemente abrió la puerta y miró unos cuantos segundos como el pecho del niño subía y bajaba lentamente mientras dormía.
Solo.
Esta vez, y ya sin mirar atrás o devolverse una segunda vez, se dirigió hacia su habitación deseando poder mandar todo de una vez a la mierda.
