Capitulo 20

Jail se internó en el hospital con gran facilidad, suerte para él, pues no quería tener una confrontación con nadie en el estado en que se encontraba.

Cuidado Jail, no quiero sorpresas.

Bufó antes de seguir adelante, pero se detuvo en una esquina al ver a Roberson e Isabelle sentado en unas sillas, ella con lágrimas en los ojos y él con una mirada triste en sus ojos.

-Rober...-susurro Isabelle.

-Lo se...debemos ir a ver a Nanoha.-susurro él.

Se levantarón lentamente dejando a Jail con la sensación de que algo había pasado, algo que ellos no sabían y la curiosidad le ganó.

¡Donde vas!

-Voy a ver que pasa...-susurro él.

Y sin hacer caso a sus dolores, siguió a los dos chicos hasta el pasillo principal de la sala de espera, donde pudo ver a toda la sección seis entre lágrimas y a una Nanoha Takamachi completamente deshecha.

-Pero que...-susurro a sí mismo.

¿Esta muerta?

La sombra parecía casi alegre, pero por alguna razón, algo no estaba bien allí, Scaglietti podía sentir que algo no andaba nada bien.

-Parece que si...-dijo él.

La sombra sonrió entonces, parecía que había ganado y en parte, Scaglietti se sentía tranquilo, por fin tendría libertad...

Pero entonces, ¿porque algo se sentía mal?

Ya no te necesito, Jail.

Y antes de saber que pasaba, sintió como la oscuridad salía de su cuerpo, llevandose con él algo más que todo su poder, se llevaba...

-Maldición...-susurro Jail.

Se llevaba su vida también.


Roberson sintió algo extraño, era como una señal de peligro e institivamente apreto su abrazo alrededor de su mujer mientras que en su mente, buscaba el peligro.

¿Rober?- pregunto su esposa en su mente.

Tranquila, cariño.-le dijo él.

Pero por alguna razón, ni él mismo podía convencerse de estar tranquilo, la tensión era demasiada para él, hasta que vio algo.

Era Jail Scaglietti y estaba en el suelo.

-Jail...-susurro sin querer.

Las alarmas saltaron a su alrededor mientras los demás veían lo que él mismo estaba viendo en aquellos momentos, el monstruo que había arruinado sus vidas...

El monstruo que había acabado con Fate.

-¡Cubrios!-grito Hayate.

-¡Bastardo!-grito Kaito.

Sin casi darse cuenta, vio como Kaito se lanzaba sobre él con toda su rabia, golpeando sus puños en Scaglietti que no respondio.

Solo se mantuvo ahí, quieto.

-Maldito bastardo...-susurro Kaito.

Entonces de la nada, una sombra salió de encima de Jail y golpeó a Kaito en el estomago, lanzandolo lejos de todos, hacia la habitación de Fate.

-¡Kaito!-grito Hayate.

¡Ahora todo será mio!-grito la sombra.


Otra vez estaba allí.

-¡Fate!-grito Alicia.

Su hermana la abrazo con una gran sonrisa mientras su madre se acercaba a ellas y también la abrazaba, era bueno volver a verlas pero...

Nanoha...

-Lo siento mucho, hija.-susurro Precia.

-Yo también...-suspiro Fate.

Se separó de ellas, sintiendo todavía el malestar del veneno en sus venas, pero por suerte, Al-Hazard era un lugar detenido en el tiempo y al parecer, el veneno también se había detenido.

Solo por un tiempo.

-Mama, tengo que traer a la sombra a su hogar.-dijo Fate.

Precia asintió y se giro hacia la única persona que ahora, podía ayudarla a vencer al mal que amenazaba los dos mundos, Shia Toshiba.

-Fate, es hora de devolverte el favor.-susurro la mujer.


Ahora que he destruido a la heredera, podré dominar Al-Hazard.

La sombra miro con una sonrisa a su alrededor, a la gente que había vencido tan facilmente, a pesar de no tener todo su poder, era una pena que no pudiera divertirse con ellos, pero él tenía un lugar donde volver...

Su nuevo reino.

-Tu...-dijo una voz.

La sombra miro a la habitación donde estaba la heredera, solo para ver una brillante luz rosada acompañada por una joven con un poder tan grande, que la misma sombra se asusto.

¿Quien eres?

-Tu me quitaste a Fate-chan...-susurro la voz.

Nanoha apareció de pronto, su mirada seria, su determinación firme y su calma total, era el vivo estado del Demonio Blanco y estaba más allá del enfado.

La heredera ha muerto, si, ahora podré dominar Al-Hazard sin que nadie me detenga.

-Crystal Cage...-susurro Nanoha.

La sombra se sorprendio cuando se dio cuenta de que estaba rodeado por una caja y ni siquiera él podía salir de allí, era imposible, era...

¿Que demonios eres?

-Eso mismo...-susurro Nanoha.-...un demonio...

Shia miraba a Fate con una sonrisa mientras invocaba su bastón y lo extendía a lo largo de su mano, por fin iba a ser capaz de ayudarla, por fin...


-Pero...¿como?-pregunto Fate.

-Yo puedo abrir el portal.-le dijo Shia con calma.

Fate la miro sin entender y luego notó el abrazo de Alicia, que no parecía querer separarse de ella ni un solo segundo.

-Lo abriré durante un corto periodo Fate, y desde aqui, tu atraerás a la sombra mientras nosotras salimos.-susurro Shia.

Y entonces Fate entendió la importancia de su destino, para que ellas pudieran salir ella debía quedarse, para que ellas tuvieran una vida, ella debía abandonar la suya.

Suspiro con las lágrimas atenazando su garganta, ella se quedaría sola, sin nadie para reir o llorar, nadie la abrazaría, nadie...

-Fate...-susurro Alicia.

-Hazlo.-dijo la rubia.

Shia la miro, con sorpresa en su rostro.

-Abrela y yo haré el resto.-dijo Fate.

Y así, sellaría su destino.


La sombra se movía de un lado a otro buscando una salida, tenía que haberla, tenia que escapar antes de que aquella mujer lo destruyera.

Era una demonio de verdad.

-Axel Shooter...-susurro Nanoha.

A ella ya no le importaba nada, sin Fate, realmente no quería seguir adelante, pero en su mente se dibujo la vengaza contra esa sombra y acabaría con ella, costara lo que costara.

-¡Dark Barrier!-grito la sombra.

Una barrera lo cubrió, haciendo que el ataque rompiera la trampa que Nanoha le había puesto y lo dejara libre.

Entonces lo vio, su salida.

-Pero, ¿Que...?-pregunto Teanna.

Un gran agujero empezó a abrirse delante de ellos, uno desde el cual se veía una gran ciudad y algunas personas...

¡Al-Hazard!

-No escaparas...-dijo Nanoha.

Ella intento alcanzarlo, pero la sombra era mucho más rápida y antes de que lograra atraparla, vio como entraba dentro del agujero al tiempo que unas personas salian de el, para después cerrarse y devolver todo a la normalidad y entonces la vio.

Era Fate-chan

Estaba allí, con Precia y otra mujer que no lograba reconocer.

-¿Shia?-pregunto Sasuke.

-¿Precia?-dijo Clyde.

-¿Fate-chan?-pregunto Nanoha.

Las tres mujeres se miraron, lágrimas resbalaban de sus ojos mientras la verdad se abría paso delante de ellas.

Fate estaba luchando y esta vez, era sola.