Chantaje.

—¿Algún día me dirás por qué te recuerdo a una sandía? -se quejó Johan, cruzándose de brazos, mientras él y Juudai se dirigían a comer con sus demás amigos, pues ya hacía mucho tiempo que se lo preguntaba, pero sin obtener una respuesta lógica.

—No, deberás ganartelo -musitó él, olisqueando para tratar de adivinar qué había para ese día y arrugando la nariz al sentir el olor a pescado, como siempre.

—¿Y qué debo de hacer para ganarmelo? -preguntó con voz sugerente el Obelisk, tomándole la mano a su novio, quien no avanzó ni un paso más antes de encontrarse fuertemente aprisionado entre los brazos del otro.

—Eres un pervertido, Johan -se rió éste, correspondiendo el abrazo muy a regañadientes, aunque en realidad le encantaba- No me refería a esto en particular -se sonrojó- al menos, no por ahora. Para que te diga por qué te pareces a una sandía deberás de ser mi esclavo, ya sabes, cosas básicas, darme uvas en la boca, ayudarme en lo necesario... y algunas cuantas labores especiales.

—¡Ajá! ¿Conque esas tenemos? Pues prefiero no saberlo, al final, tú terminarás cediendo.

—¿Y yo por qué? -arrogante, alzó el rostro hasta que su mirada quedó a la misma altura que los ojos verdes del otro.

—Porque no habrá ya sabes qué hasta que me digas -Johan se rió con ganas antes de echar a correr al comedor, sabía que eso funcionaría- Veamos quién aguanta más, tú o yo.

—¡Johan Andersen, regresa aquí inmediatamente! ¡Estaba jugando! ¡Chantajista!

FIN