El dolor de cabeza detonó cuando su trasero chocó contra el piso. La esfera blanca se había convertido en un pequeño tornado que lo había arrogado a algún lugar el cual no le importaba en ese momento, no cuando había dejado a su esposo y a su casi hermana, y sumándole que debía saber el año en el que se encontraba, ¿y si no había caído en un año donde lo conocieran? ¿tendría que inventar otro nombre? ¿estaría Tom vivo... o habría nacido? ¿qué hará si no es así?
Tal vez sí habría caído en una época donde existía, pero la pregunta que más predominaba era: ¿qué rayos había hecho antes para llegar a esa situación? Su día iba normal, no hubo nada extraño por el cual tener que preocuparse, sus típicas peleas con Nagini, las sonrisas de Tom, el dulce de Dumbledore, la esfera... El dulce, era lo único fuera de lo normal, ¿cómo no se pudo dar cuenta que era un plan? ¡Merlín! Hasta Tom se lo había dicho, y, el tal veneno que tendría, resulto siendo una poción solidificada. Algunas veces odiaba al viejo loco, pero se lo tendría que esperar, después de tanta insistencia de su parte, era lógico que planearía algo para que regresara a su tiempo...
—¿Harry? —la pregunta lo sacó de su pequeño ensimismamiento, haciéndolo voltear hacia la voz que resonaba por todo el lugar— ¡Por Merlín! ¡Harry!
—¡Cachorro! —tras ese grito pudo oír un "click" dentro de su cabeza, haciéndolo mirar por toda la habitación y encontrándose con su lupino favorito.
—¡Remus! —fue lo primero que gritó y, parándose con cierta clase que ninguno de los presentes sabía que poseía, se encaminó hacia su antiguo profesor y lo abrazó.
No sabía cuanto había necesitado cariño paterno hasta el momento que su tercer padre le correspondió el abrazo, acercándolo a sí. Por alguna razón el olor que desprendía Remus le tranquilizaba a tal manera que se olvidó de todo lo que estaba pasando, de haber viajado nuevamente por el tiempo, de dejar nuevamente a sus amigos y, sobre todo, se olvidó de haber dejado a su esposo solo hace algunos años atrás.
Otro "click" sonó por su cabeza, uno muy extraño, como una pequeña caja abriéndose y dejando salir miles de recuerdo de los años que pasó con sus padres, el como jugaba quidditch con los merodeadores, como se peleaban éstos por su atención o como su madre solía jugar ajedrez mágico con él mientras hablaban de cualquier tontería que le pasó el año anterior en Hogwarts. También el recuerdo de Draco riendo en la Sala Común de Slytherin mientras se contaban los últimos chismes del día, pero, sobre todo, recordaba a un pelinegro de ojos azules acariciando su cabello con cariño cuando tenía cinco años, el ir a jugar a su casa que, curiosamente, se parecía mucho a la que dejaba de dejar.
—¿En serio? —se oyó una queja con un toque de gracia— ¡Yo soy su padrino! ¡Suelta a mi cachorro!
—¡Sirius! —gritó soltando a su tío Remus para abrazar a su padrino.
—¡En tu cara, Lunático!
—¡Sirius, suéltalo! —se escuchó otra voz.
—¡No! ¡Es mi ahijado!
—¡Es mi hijo!
—¡Me prefiere a mí!
—¡Tú estás feo!
—¡Claro que no!
—¡Los dos, callados! —rugió una pelirroja atrás de ellos—¡Suelten a mi hijo! ¡Ahora!
Los dos hombres soltaron a Harry con temor, mirando hacia la única mujer de la habitación y arrogando al azabache hacia ella como si se tratase de entregar una ofrende a algún tipo de monstruo.
—¡Harry James Potter! ¿Quién te crees que eres? ¡Irte un año y medio y no dejar ni una nota! —regañó Lily Potter poniendo sus manos en su cintura, molesta— ¿Sabes lo preocupados que estuvimos por ti? ¡Hasta el ministro ayudó en tu búsqueda!
—Eh —murmuró Harry mirando a su madre nervioso. Algo iba mal, ¿acaso estaba muerto?—... ¿Hola?
—¡¿Hola?! —rugió la ojiesmeralda, hasta un león se sentiría orgulloso de ese rugido— ¡¿Estás de broma?! ¡Castigado hasta que te salgan canas, señorito! ¡Sin quidditch, sin idas al callejón diagon, sin visitar a tus tíos...!
—Peli-peli, no te pases —se metió Sirius abrazando a Harry por la espalda—. No quieras matar a nuestro cachorro, mira su carita, es tan tierna, ¿cómo puedes castigar a un cachorrito así?
Su mamá lo miró y, justo cuando lo hizo, un recuerdo brotó en su mente, indicando lo que tenía que hacer. Sacando su labio y abriendo los ojos con tristeza miró a las otras esmeraldas que lo observaban enojadas.
—¡Dieciocho meses! No se va a librar aunque haga eso, esta vez no funcionará.
Dicho eso, sintió como dos personas más se colocaron tras él. Harry, por alguna extraña razón, sabía lo que significaba eso. Su padre y sus dos tíos estaban haciendo lo mismo que él.
—Remus, ¿tú también? —se quejó Lily al ver al nombrado.
—Es nuestro cachorro, no dejaré que se muera de aburrimiento —argumentó mirando fijamente a su amiga.
—¿Hasta que le salgan canas? Debes admitir que es mucho tiempo.
Conocía esa voz a la perfección, tal vez no era arrastrada y fría como él la reconocía, pero pudo saber de quien se trataba con rapidez.
—¡Hasta Quejicus está de nuestra parte!
—¡Nadie pidió tu opinión, pulgoso!
Bueno, tal vez había algunas cosas que no cambiaban.
—¿En qué año estamos?
La pregunta tomó a los presentes desapercibidos, causando que cinco miradas se centraran el él.
—En 1997, ¿en qué otro año estaríamos? —preguntó su padre con el ceño fruncido.
—Genial, ya se le pegó la estupidez de ustedes.
—¡Hey! —se quejaron James y Sirius al mismo tiempo.
—Año y medio que no nos vemos, pequeñajo —prosiguió Severus sin darle importancia a las quejas.
—¿Año y medio? —preguntó confundido, llevando su mano derecha hacia su cabello, acomodando el fleco que se desacomodó con tanto movimiento. Para él habían sido tres años que no veía a Snape, ni quería contar cuantos años tenía sin ver a sus padres.
—¡Merlín! —gritó Sirius agarrando la mano de Harry con curiosidad— ¿Esto es un anillo de compromiso?
—Matrimonio —corrigió el azabache, sonrojándose rápidamente al notar la mirada que los demás le lanzaban.
—¿Te casaste? —preguntó James impresionado.
—Bueno... eh... —tartamudeó.
—¿Te fuiste para casarte? —cuestionó su madre horrorizada.
—¿Qué? ¡No!
—¿Qué son esos aretes? —esta vez fue Severus Snape— ¿Son muggles? —preguntó arrugando su nariz con asco.
—Eh... No...
—¿Qué le hiciste a tu cabello? —preguntó nuevamente su padrino.
—¿Dónde estuviste? —el mejor amigo de su madre fue el único que hizo una pregunta coherente, pero el azabache se encontraba tan confundido por el repentino bombardeo que no prestó mucha atención, escondiéndose tras Remus, quien puso los ojos en blanco por el comportamiento de sus amigos.
—Alto, lo están confundiendo —se quejó el lupino molesto—. Acaba de llegar, lo más sensato es dejarlo descansar...
—¿Estás cansado, querido? —preguntó su madre.
—No —contestó sonriendo—, pero... ¿por qué todos están aquí?
—Mañana es navidad, duh —contestó Sirius señalando el pino en la sala. En ese momento se dio cuanta que no tenía ni idea de donde estaba, aunque sus recuerdos le decían que era su casa, su hogar, en donde había vivido sus quince años de vida, junto a sus padres.
—Creo... creo que iré a dormir —murmuró el azabache parpadeando muchas veces—. Yo... eh, sí, a dormir.
—Cariño, ¿te encuentras bien? —Harry asintió hacia su madre, pero, al verla parada frente a él, con preocupación en su rostro y una suave mirada llena de amor, le recordó que no la había abrazado a su madre... ¿realmente la podría abrazar? En los sueños que aparecían sus padres nunca los podía tocar, ¿tal vez eso era un sueño? Un hermoso y raro sueño.
—¿Me das un abrazo? —preguntó dudoso.
La mirada de Lily brilló con cariño y asintió, acercándose al joven que abría sus brazos para recibirla. Su pequeño siempre había sido muy cariñoso, le sorprendió mucho leer su carta y enterarse de que había sido seleccionado en Slytherin, aunque siempre creyó que lo era.
—Te extrañé —informó Harry al sentir los brazos de su madre rodeándolo. Eso era mejor que un sueño.
—Yo también, amor —susurró separándose levemente para ver la cara de su pequeño. Al hacerlo vio pequeñas gotas salir de los ojos esmeraldas, llenándola de ternura—. Cariño... —murmuró acariciando y limpiando la cara de Harry.
—¡Abrazo familiar! —gritaron James y Sirius al mismo tiempo, abrazando a Harry y Lily mientras jalaban a Remus.
Una risa llenó la sala y se dejó abrazar, sintiendo lo que era tener a su familia completa por primera vez, pero, al levantar la cabeza, visualizó como Severus rodaba los ojos, diciendo sobre lo infantiles que era esa familia, causándole gracia a Harry, quien le extendió la mano a su odioso profesor de Pociones.
—Por más que te quejes, eres parte de la familia, tío Sev —informó Harry jalándolo e integrándolo al abrazo.
—¿Por qué hay tanto ruido? —preguntó una pequeña niña bajando por las escaleras de la casa, con un pequeño león de peluche que barría el piso— Mañana es navidad y si no se van a dormir no habrá llegarán los regalos...
—¡El regalo ya llegó! —informó Sirius corriendo hacia la pequeña y cargándola— ¡Mira quién está aquí!
La niña levantó la mirada, castaño con verde chocaron en una ola de sentimientos indescifrables, pero la pequeña pelirroja fue la primera en salir de su ensimismamiento.
—¡Harry malo! —gritó molesta— ¡Me dejaste solita con ese par de monstruos!
—¿Qué mier...? ¿Liths? — preguntó dudoso.
La niña rió por el apodo del mayor y levantó los brazos para ser cargada por él, haciéndolo sonreír sin alguna razón aparente. Los momentos que pasó con la pequeña llegaron a su mente con suavidad, abrumando al azabache por lo que veía. Empezaba a recordar como James bajó por las escaleras corriendo y gritando como loco, causando que se despertara para luego decirle que Lily estaba a punto de dar a luz.
—¡Pequeña! —rugió caminando hacia ella y cargándola, alejándola de Sirius— ¿Los monstruos se portaron mal? —preguntó refiriéndose a su padre y padrino. La niña asintió con un puchero en sus labios, irradiando ternura que Harry no pudo contener— Papá, Sirius, ¿qué le hicieron?
—¡Ella empezó! —acusó Sirius— ¡El monstruo es esa cosa que tienes en los brazos!
—¡Hey! —reprochó la niña— No soy un monstruo, pulgoso.
Ante eso Harry se contuvo las ganas de reír, la cara de su padrino era el más divino poema.
—Harry, Harry —el nombrado miró a la infante con curiosidad—, ¿volverás a jugar conmigo? Tío Sev es aburrido con sus temas de pociones.
—Jugarán cuando Harry cumpla con su castigo —interrumpió Lily—. No creíste que te podías ir un año y medio y podías regresar como si nada, ¿verdad? —tanto James, Harry y Sirius miraron a la mujer con miedo. El azabache menor hizo un puchero y la miró con ruego— Irás con el ministro y le explicarás todo lo que pasó, en serio se preocupó mucho —informó besando la frente de su hija.
—¿Sólo eso? —preguntó el azabache mirando a su madre. Ella asintió mirando a su hijo con burla— ¿Así de fácil?
—¿Fácil? ¿Estás loco? Está de vacaciones —preguntó James—... El otro día fui a decirle una emergencia del departamento de aurores y, cuando llegué y le dije, me atacó, ¡fueron los peores ocho día de mi vida! Maldito viejo loco.
—¿Y si le conseguimos una novia? —preguntó Sirius— Así se le quita lo amargado de su cara.
—Ya tiene pareja —informó Severus poniendo los ojos en blanco—, ya conoces la historia.
—Está claro que lo abandonó —intervino James moviendo su mano—. Debemos hacer una fiesta e invitar a todas la guapas brujas del mundo, se enamorará de una y fin. Todos felices sin sus regaños.
—Mamá, tío Peter se volvió a dormir en el sillón...
Todos voltearon a ver al pequeño bulto acostado en el sillón más lejano, Harry se dio cuenta que el enojo y rabia que sentía cuando lo veía o lo pensaba ya no estaba dentro de él, sin embargo se encontraban memorias de él y Peter huyendo de los regaños de su madre o el como se habían subido a un árbol después de que el perro de la vecina de Peter los hubiera perseguido. Con un movimiento de varita, Severus Snape sacó un chorro de agua que impactó en la cara de Peter, quien se despierta exaltado.
—¡James!
—¡No fui yo! —se defendió el nombrado levantando sus manos.
—¡Sirius!
—¡Fue Quejicus!
—Oh, bueno —murmuró acurrucándose nuevamente, queriendo volver a dormir.
—¡Llegó Harry! —gritaron los dos amigos, espantando al pequeño, quien rápidamente se recompuso buscando a su alrededor, hasta que su mirada cayó en el azabache de ojos verdes.
—¡Demonio! —gritó levantándose y caminando hacia Harry, para luego abrazarlo— Cambiaste mucho estos meses...
—Tí... Tío Peter —murmuró sintiendo los cortos brazos estrangular su cintura y estómago—, para mí fueron tres años...
—Eso pasa cuando extrañas a la familia —regañó la pelirroja mayor—, para que no lo vuelvas a hacer.
Todos los presentes pusieron los ojos en blanco, era tan normal que Lily usara cosas tan sencillas en tu contra que a cierto punto era algo fastidioso.
—¿Dónde estuviste todo este tiempo? —preguntó Peter sonriendo.
—Estudiando y, pues... —levantó su mano derecha y enseñando el pequeño anillo en su dedo anular—: Pasaron cosas muy raras.
—Cuéntanos, ¿quién es la afortunada? —preguntó su madre sentándose en un sillón con Lily menor en su piernas, señalando a su lado para que Harry se sentara ahí.
—¿Afortunada?—preguntó confundido, sentándose en el lugar indicado.
—Afortunado, Lily —corrigió el padrino de su hermana sin moverse de su lugar—. Está más que claro que Harry es homos...
—¡¿Qué?! —preguntaron Sirius, James y Peter al mismo tiempo. Remus se pegó la cara con su mano con el comportamiento de sus amigos.
—¡Remus! —acusó el heredero de los Black.
—¡Oh, no! ¡A mí no me eches la culpa!
—¡Eres el único que le tira a ese lado, hermano! —dijo James.
La discusión brotó en cuestión de segundos para los merodeadores, causando gracia a la más pequeña de todos. Harry miró por instinto a su antiguo profesor de Pociones, quien era el único capaz de callar a sus padres, pero éste conectó su mirada con la de él, mirándolo por un largo tiempo antes de levantar una ceja. Sabía que estaba haciendo, y sólo pudo sonreír para darle permiso a lo que quería hacer.
Sintió la intromisión dentro de su mente, sentía como recorría cada memoria con tal rapidez que le sorprendería si viera todo con detalle. Salió con la misma velocidad con la que había entrado, recordaba hacer eso con Severus desde que estaba pequeño, lo usaban cuando sus padres le echaban la culpa de alguna broma que habían hecho o cuando le contaba alguna cosa extraña que pasó en Hogwarts, su tío Sev era con el que podía contar en esa forma, junto con Remus.
El azabache miró la expresión de asombro de su no tan nuevo tío, pero, antes de que éste hablara, el grito del único lupino silenció cualquier ruido dentro de esa casa.
—¡Basta! ¡Es como decir que, si me junto con muggles, me convierto en uno de ellos! —argumentó Remus haciendo callar a todos en la sala. Harry miró a todos antes de suspirar profundamente.
James y Sirius abrieron la boca al mismo tiempo, pero, antes de responder, Harry se levanta llamando la atención de los presentes.
—Me iré a dormir, buenas noches —murmuró sonriendo.
—Lleva a Lily —interrumpió su madre—, no debe estar despierta a estas horas.
—¡Harry! ¿Dormimos juntos? —preguntó la pequeña alzando los brazos para ser cargada por su hermano.
El nombrado sonrió con entusiasmo, sería la primera vez que se dormiría con su hermana, claro, que él lo experimentara sin necesidad de recuerdos.
