CAP 21- MI HEMBRA MEDIODEMONIO

Inuyasha no podía apartar la mirada de la tienda. Después de la batalla, todos habían vuelto corriendo al campamento para depositar a Kagome en su saco. Thandra había insistido en dejarla sola, para asegurar que la metamorfosis se realizaría sin obstáculos. Todos estaban fuera. Kagome llevaba ya una semana inconsciente, sola dentro de la tienda, sin comer ni beber, únicamente… transformándose. Aunque él no podía estar a su lado para asegurarse de que todo iba bien. A pesar de que podía ser que hubiera muerto…

Sacudió la cabeza para borrar esa última idea de su mente. Sólo le reconfortaba saber que Kagome no sufría, porque para empezar, ni siquiera estaba consciente.

Hacía esfuerzos para no recordar lo que había pasado cuando ella pidió el deseo a la Joya: al cabo de pocos segundos de hacerlo, gritó de dolor y se desmayó. Su cuerpo había empezado a convulsionar brutalmente y su piel había perdido todo su color. Sus ojos habían permanecido abiertos, de modo que se podía ver cómo sus pupilas desaparecían, dejando sólo los iris de color chocolate, que se volvieron grises como el cristal ahumado.

De repente, un nuevo olor le vino al olfato, haciéndole volver a la realidad. Olía a… mediodemonio. Y no era su propio olor. Provenía de la tienda! Se incorporó de golpe y corrió hacia el lugar. Nadie se lo impidió, porque sabían que nada hubiera podido detenerle en ese momento. Entró en la tienda, empujando con brusquedad la tela que hacía de puerta y… la vio. Su Kagome respiraba, profundamente dormida… y más hermosa que nunca.


- Kagome? Puedes oírme?

Inuyasha? Nada más oír el susurro de su amado y su mano estrechando la suya con delicadeza, despertó. Le costó recordar el por qué de su situación. Además, tenía hambre… mucha hambre! Por no hablar de la sed! Cuándo hacía que estaba dormida? Abrió los ojos y giró la cabeza. Tal y como esperaba, se encontró con el rostro de Inuyasha, que la miraba con una sonrisa tierna.

- Estás preciosa, Kagome.

- Inuyasha…

Kagome iba a besarle, pero al final se decidió por no hacerlo. Después de tanto tiempo sin beber agua, no quería ni pensar en el aliento que tendría. Se llevó una mano a los labios para palpárselos, y así poder saber cómo de secos estaban, pero al notar un roce afilado sobre éstos, se detuvo. Rápidamente, levantó la mano y se la miró: unas firmes garras ocupaban el sitio de sus antiguas uñas.

- Oh!- fue lo único que pudo decir.

Al abrir la boca para pronunciar ese sonido, había notado otro roce. Se metió la mano en la boca para palpar un nuevo, afilado y grande colmillo que había aparecido en lugar del anterior. Por su forma, podía decir que era igual que el de Inuyasha. Se tocó el otro lado de la boca, descubriendo otro colmillo exactamente igual. Se incorporó de golpe y miró a su chico, asombrada.

Su cara de sorpresa hizo reír al mediodemonio, que se carcajeó mientras decía:

- Eso no es nada, zafira.

- Veo que le has cogido el gusto al apodo- dijo ella, riéndose también.

- Pues sí, pero este no es el tema. Hay más. Tócate la cabeza.

La chica obedeció. Puso una mano sobre su pelo y lo primero que encontró, fue una delicada oreja canina. Maravillada, se tocó también la otra. Eran igual de suaves que las de Inuyasha. Sin poder resistirse más, se lanzó encima de él, haciendo que cayeran los dos sobre el suelo de la tienda y lo besó. Lo besó con pasión y hambre, como si hubiera estado consciente toda la semana para echarle de menos. Éste correspondió, acariciándole el pelo y rodeándole la cintura con otra.

Cuando se separaron, él le miró los ojos fijamente y sonrió.

- Vamos, anda. Quieres ver tu nuevo aspecto?

- De veras te hace falta preguntarlo?

Nada más levantarse, un sonido procedente del estómago de la muchacha hizo reír a Inuyasha, que dijo:

- Y ya que estamos… un poco de comida?

- Sobretodo agua, por favor. Pero primero quiero verme.

Salieron de la tienda cogidos de la mano. Nada más salir, la nueva mediodemonio empezó a percibir una buena variedad de sonidos y olores a su alrededor. Al instante, todos se giraron y aplaudieron al ver a Kagome. Miroku y Sango se les acercaron corriendo para abrazar a la chica, pero Shippo se le adelantó, lanzándose en brazos de ella, que le cogió.

- Kagome… qué guapa estás!- exclamó Sango- cómo te encuentras?

- Genial, gracias- contestó ella con una sonrisa- puedo oír y oler un montón de cosas!

- Menudo cambiazo!- exclamó Miroku.

- Tan cambiada estoy?

- Exteriormente, no. Pero da un poco de impacto.

- En serio? Apresurémonos, Inuyasha! Por favor!- le pidió Kagome a su novio, estirándole de la mano como una niña pequeña e impaciente.

- Espera!- una voz hizo que se giraran hacia su derecha- no vas a decirme nada a mí?

- Kouga!- exclamó la chica. Iba a abrazarle, pero se detuvo. Igual a Kouga le afectaba verla como Inuyasha…

El lobuno se detuvo ante ella, mirándola fijamente. Estuvo medio minuto así, pero acabó por sonreír y dijo:

- Apestas a perro.

- Gracias- respondió ella, aliviada.

Se abrazaron amistosamente. Inuyasha gruñó, pero no dijo nada. Cogió a su chica por la mano y empezaron a caminar de nuevo. Anduvieron durante un cuarto de hora, durante el cual Inuyasha se dedicó a explicarle a su pareja lo que había ido sucediendo esa semana en la cual ella había estado inconsciente: los esmeraldas y los ametistas se habían ido, y los rubinos también. Sólo se habían quedado Thandra (y Entei junto a ella), los zafiros (Nincada, Yukiko y Rikku), Kouga, Miroku, Sango, Shippo y Kirara, todos expresamente para esperarla y asegurarse de que estaba bien.

Al fin, llegaron a un río. Se acercaron a la orilla, y él dijo:

- Lista?

Ella respiró hondo y dijo:

- Lista.

Los dos se asomaron sobre el agua para ver su reflejo y Kagome dejó ir un grito de sorpresa: sus orejas humanas habían desaparecido y ahora tenía otras, perrunas y negras sobre su cabeza, del mismo color que su pelo; abrió la boca y los dos colmillos que había tocado antes se dejaron ver. Por último, se fijó en la expresión de su cara: sus rasgos estaban un poco más marcados, destacando unos bonitos ojos de color oro viejo (mezcla del dorado característico y su anterior color, el chocolate), cuyas pupilas habían cambiado de forma, dando lugar a unas amplias rallas verticales. Si no hubiera sido por el color, habrían parecido exactamente los mismos ojos que los de Inuyasha.

- Algo que decir, hembra mediodemonio?- su chico la abrazó por la cintura y la besó en una sien.

- Me gusta cómo suena eso….- dijo ella con una sonrisa.

- Espera, me he equivocado… "hembra mediodemonio", no. "Mi hembra mediodemonio".

- Aun me gusta más.

- Me alegro.

Inuyasha se rió al ver como Kagome miraba fijamente el río.

- Adelante, sé que lo estás deseando.

Sin decir nada, la chica se lanzó al agua, bebiendo a la desesperada para saciar su sed.


Ahora eran las ocho de la mañana. Todos se encontraban en grupo, en un cruce de caminos: hora de volver a casa. Inuyasha, Kagome, Miroku, Sango, Shippo y Kirara irían hacia el este, rumbo a la aldea de la anciana Kaede. Kouga les acompañaría hasta que llegara el momento de separarse. Thandra y Entei irían hacia el sur, volando. Nincada, Yukiko y Rikku irían hacia el norte.

Mientras Sango y Kagome se despedían de Thandra, Rikku y Yukiko con un fuerte abrazo (sin poder evitar derramar unas lágrimas de tristeza), Nincada le dijo a Miroku y a Inuyasha:

- Espero que volvamos a vernos. Nunca olvidaré este tiempo que hemos compartido.

- Pierde la costumbre de decir esas cosas, pareces una mujer- se mofó el mediodemonio.

- Yo también te echaré de menos, amigo- ironizó el zafiro, aunque también se reía- ya sé que tú no eres mucho de abrazos, pero… no podrías hacer una excepción esta vez?

- Sólo si prometes no echármelo en cara después.

- Prometido.

Al mismo tiempo que Miroku se reía, el zafiro y el híbrido se abrazaron amistosamente. Fue un abrazo de hombres, simple… pero fuerte. Al soltarse, Nincada se giró hacia el bonzo y Kouga para abrazarles también. Mientras, Inuyasha se dirigió a Rikku y le dijo:

- Rikku, gracias por todo. Es gracias a ti que Kagome está viva, y que ahora podamos volver juntos.

- No tienes por qué agradecérmelo. Ha sido un placer viajar con vosotros. Además… yo también debería daros las gracias. He estado muy distante con vosotros durante todo el viaje y a pesar de eso, me habéis apoyado como una más. Gracias.

Por último, Thandra exclamó:

- En fin, compañeros, mi socio y yo tenemos que partir.

Todos se rieron, viendo como la rubina se subía al lomo de Entei.

- Espero que volvamos a vernos- se pasó el dorso de la mano por los ojos.

- Thandra… estás llorando?- dijo Nincada, riéndose junto a los otros.

- No estoy llorando!

- Ya, claro- dijo Sango.

- Que os zurzan!- bromeó la líder del fuego- ah! Mierda, se me olvidaba!

La mujer bajó del caballo y se dirigió a Inuyasha. Le ordenó:

- Enséñame tu brazo izquierdo.

- Para qué?

- Ya lo verás.

El mediodemonio se arremangó el brazo izquierdo y lo extendió delante de ella. Thandra le agarró la muñeca con firmeza, y con la mano libre, presionó un punto del antebrazo. Alzó los ojos al cielo y dijo en voz alta:

- Yo, Thandra, líder de los hechiceros del fuego, te concedo a ti, Inuyasha, el poder de rubino completo. Escuchadme, ancestros ardientes, y marcad a este rubino con la marca de absolución.

Dejó pasar unos cuantos segundos, tiempo durante el cual el chico notó un agradable calor por todo su cuerpo. Luego, Thandra sonrió y le soltó el brazo al chico: la silueta roja de una bonita lengüeta de fuego había aparecido grabada sobre su piel.

- Thandra… eso es…- fue lo único que consiguió decir Inuyasha.

- Sólo el líder de un clan hechicero puede decidir cuando uno de los suyos merece ser marcado con el símbolo de formación. Enhorabuena, Inuyasha: eres un rubino completo.

- Gracias.

Todos aplaudieron. Nincada sonrió y se giró hacia Kagome, que intuyó las intenciones del zafiro. El hombre dijo:

- Tienes razón, Thandra- extendió su mano bocabajo y dijo- Kagome, si eres tan amable.

La chica sonrió, nerviosa, y puso su mano encima de la de Nincada, palma contra palma, tal y como él le indicó. Éste miró al cielo y dijo:

- Yo, Nincada, líder de los hechiceros del agua, te concedo a ti, Kagome, el poder de zafira completa. Escuchadme, ancestros acuáticos, y marcad a esta zafira con la marca de la absolución.

Mientras una rara sensación hacía pensar a Kagome que había caído en una piscina, en el dorso de su mano, empezó a salir la silueta de una gota, de color azul marino.

- Felicidades.

- Gracias.

Nincada y Kagome se abrazaron, igual que Inuyasha y Thandra.

La rubina volvió a subir encima de Entei y dijo:

- Ha sido un placer luchar a vuestro lado. Inuyasha, Kagome, Miroku, Sango, Kouga, Nincada, Yukiko, Rikku- a medida que los iba nombrando para despedirse de ellos, éstos asentían, devolviendo la despedida- espero que volvamos a vernos.

Dicho eso, estiró un poco del pelo del caballo y silbó para que se pusiera en marcha. Todos se quedaron callados mirando como el animal y su jinete se elevaban en el cielo y desaparecían entre las cordilleras de montañas.

- En fin- los zafiros se dirigieron hacia su camino y les miraron por última vez. Fue Rikku la que habló- hasta siempre. Volveremos a encontrarnos, estoy segura.

- No lo dudes- respondieron todos los del otro grupo al unísono.

- Que os vaya todo muy bien- les deseó Yukiko.

- Y que vuestro hijo crezca sano- añadió Nincada.

- Gracias- respondieron Inuyasha y Kagome, cogiéndose de la mano.

Sin añadir nada más, los hechiceros del agua se giraron y empezaron a caminar. Inuyasha, Kagome, Miroku, Sango, Kouga, Shippo y Kirara se les quedaron mirando hasta que desaparecieron en el interior de un bosque. Luego, Shippo dijo:

- Y ahora, qué?

- Ahora?- Kagome lo abrazó- ahora volvemos a casa.

- Y tú, Kagome? Qué harás? Naraku ya está muerto y la Joya ha desaparecido…- dijo Sango.

- … y estoy esperando un bebé, Sango- añadió la chica- éste es mi hogar. Viviré en este mundo, junto a Inuyasha y junto a nuestro hijo.

Sango iba a abrazar a su amiga, feliz por su decisión, pero una mano en su trasero le hizo cambiar la idea, girándose y abofeteando a Miroku con todas sus fuerzas. Inuyasha, Kagome y Kouga se rieron.

- En fin… volvamos a casa- dijo Inuyasha, tomando a Kagome por la cintura.

Dicho eso, emprendieron el largo viaje de vuelta.

FIN DEL CAP 21!

Alguien me pidió que no tardara más de una semana y he cumplido XD Sólo quedan dos capítulos para el final!!!