Wake me up, Cover by Lea Michele.


Veinte

Buena Nueva

Mamá, ¿Puedo comerme esto?

Deja eso Elise, y vuelve al jardín.

—Pero es que tengo hambre.

—Ya te has comido dos cupcakes.

Mamá…

Te he dicho que no. Si tienes hambre te comes una fruta, ¿Ok?

—Está bien—respondió con desgana al tiempo que se hacía con una manzana—Pero que sepas que se me va a caer el diente comiendo esto.

—Elise, deja de quejarte y vuelve al jardín a jugar con Mathew y Megan. No hagas que me enfade.

—Sí, mamá—repitió revolviendo los ojos con ese gesto tan particular que daba a entender que ya se había dado por vencida. Cabeza baja, mirada de resignación y aquellos pasos despreocupados que solía dar cuando realmente la situación la superaba.

Tal vez Elise tenía ese gen Berry que la obligaba a debatir todo en lo que no estuviera de acuerdo, pero en aquella ocasión no estaba por la labor de mostrarse como normalmente solía hacerlo. Y no lo hacía porque estaba disfrutando de una tarde de diversión con Mathew y Megan en su jardín, y provocar el enfado de su madre no le ayudaba en absoluto a seguir ampliando el horario de juegos. Esa era la cualidad que había ido adquiriendo de Quinn. Con ella no le unían lazos biológicos, pero la pequeña había aprendido demasiado bien a manejar la situación cuando el objetivo le beneficiaba, algo puramente típico de su madre adoptiva.

Una tarde de juegos con quienes ya consideraba primos, más Skimbles y Chewbacca, hacían justificable su silencio y la regañina de su madre, quien llevaba casi dos horas con un insoportable humor. Dos horas, justo las que pasaron desde que llegaron a su casa Spencer Glen, Ashley, Brittany y Santana.

En cualquier otra ocasión, saber que sus amigas estaban presentes en su hogar suponía una alegría, una reunión amena llena de charlas y algún que otro cotilleo. Pero en aquel momento tenerlas allí solo le creaba inquietud, malestar, un mal humor que estaba pagando su propia hija por culpa de aquella gran mentira que pesaba sobre sus hombros, y que sus amigas, a excepción de Spencer, habían terminado por creer. Además le añadía el plus de no contar con la inestimable ayuda de Quinn, que no pudo acudir a aquella despedida de Spencer por culpa del trabajo.

Toda una noche a su lado entre caricias y besos, haciendo el amor como remedio al miedo que se apoderaba de ellas al recordar lo que estaban viviendo, y hasta que la luz del sol las obligaba a regresar a la vida. Rachel maldijo aquella mañana más que ninguna otra, porque a pesar de haber disfrutado junto a su mujer después de mucho tiempo sin poder hacerlo, seguía teniendo esa extraña sensación de confusión, de desconcierto que se convertía en mal presagio y que no le gustaba en absoluto. La necesitaba a su lado más que nunca, y la estúpida realidad la obligaba a mantenerla al margen, siendo ella quien tuviese que enfrentarse a las continuas miradas o los tímidos comentarios de quienes no comprendían nada. De hecho, ni siquiera la mencionó durante el almuerzo. Al menos hasta ese mismo instante, en el que a punto estaba de comenzar con los postres.

—¿Necesitas ayuda?—fue Glen el único en acceder a la cocina en su búsqueda y Rachel negó.

No, tranquilo. Solo estaba asegurándome de que éstos no hacen de las suyas—sonrió forzada mientras lanzaba una mirada hacia el jardín—¿Vas a querer café?

Eh no, lo cierto es que me voy a ir en breve. Tengo trabajo por delante y creo que Santana también ha dicho algo de marcharse.

—Ok, pues vamos, llévate esas tazas por favor, yo llevo el café—musitó mostrándole la coqueta bandeja que debía portar.

—Está bien, pero antes…Rachel, tengo que hablar contigo. Tenemos que reunirnos para concretar algunos asuntos respecto a lo tuyo con Quinn—añadió bajando la voz.

Claro, claro cuando quieras, pero hoy no. No, no me apetece mucho hablar de…

—Tranquilízate—la interrumpió de nuevo—Rachel, yo lo sé todo. Sé que todo es mentira—susurró y la palidez se adueñó de la morena.

—¿Qué? ¿Qué, qué dices de mentira?

—Escúchame, Spencer me lo contó todo. Y es lo sensato, porque yo tengo que saber manejar esta situación y con mi ayuda todo será más sencillo.

—¿Cómo? Un momento, ¿Me estás diciendo que tu hermana te lo ha confesado todo?

Sí, y es lo que debía hacer—se justificó—Te recuerdo que yo llevo tu carrera artística. Esto es algo que públicamente te afecta y no puedo estar al margen.

Oh dios, oh dios—se lamentó algo molesta.

Rachel, relájate…con mi ayuda todo será más sencillo. Ya has visto que sé disimular perfectamente, de hecho, ni siquiera te has dado cuenta de que lo sabía mientras comíamos. Y tú lo has hecho bastante bien. Si no lo llego a saber antes habría creído toda la historia, así que puedes tranquilizarte.

—¿Cómo quieres que me tranquilice? Se supone que yo debo mentir incluso a mis padres, y tú si tienes el derecho de saberlo, ¿Es justo?

No, no lo es—replicó indicándole que bajase la voz—Pero sin mi ayuda no podremos publicarlo de manera oficial, y Spencer lo sabe. Rachel, yo haré correr la noticia por los medios, y habrá muchos que pregunten y podré responderles a conciencia. ¿Entiendes? Nada mejor que eso para confundirles. Si no me llega a contar la verdad, yo seguiría afirmando que Rachel Berry está feliz con su mujer, aunque me hubieses hecho creer lo contrario. Jamás hablaría mal de vosotras si no es a conciencia. ¿Entiendes?

No, no me parece justo. ¿Quinn lo sabe?

Creo que no, esperaba verla hoy aquí pero como no ha venido, pues tenemos que hacerlo así. De todas formas, tranquilízate. Spencer me ha dado indicaciones y yo las voy a seguir al pie de la letra. No voy a permitir que nadie os haga nada, ¿Ok? Voy a estar atento a lo que me rodea y ver si puedo averiguar algo que nos ayude a solucionar todo esto. Mientras tú tienes que seguir como lo has hecho hoy.

—¿Cómo lo he hecho hoy?—le recriminó—Mírame, no he podido apenas hablar de nada porque cada vez que miro a alguna de ellas a los ojos, me muero de vergüenza y me siento mal. No estoy preparada, te juro que lo intento pero no me sale. Y para colmo el fin de semana vendrán mis padres, ¿Sabes lo que eso significa? Los voy a tener aquí, en casa…y se supone que Quinn ya no estará.

Cálmate Rachel—volvió a interrumpirla—Y por favor baja la voz. Lo último que necesitamos es que se sepa todo. Tenemos que mantenerlas al margen, a ellas y a tus padres. No podemos arriesgarnos a que cometan un fallo y todo se estropee. No podemos jugar con algo tan serio, Rachel.

Resopló. Rachel dejó escapar prácticamente todo el aire de sus pulmones y bajó la mirada completamente aturdida.

Luego llamaré a Quinn y le diré que yo lo sé. Y voy a empezar a difundir el rumor, así que tienes que estar preparada, ¿Ok? Además, he pensado que tal vez si sea una buena idea que quedes a cenar con Leisha.

—¿Qué? ¿Con Leisha? ¿No decías que eso me iba a perjudicar?

Necesitamos que hablen de ti para que sepan que ya no estás con Quinn, y nada mejor que algo como eso. Eso sí, solo como amigas, ¿Ok? Spencer me ha dicho que lo ideal es que no se te relacione con mujeres.

¿Y qué pasa con mi imagen? ¿Ya no influye que salga o no salga con actrices decaídas?

No te preocupes por tu imagen, yo me encargaré de limpiarla cuando proceda. Ahora lo más importante es Elise, ¿No es cierto? Mira, sé que lo que está sucediendo es grave, aunque apenas sepamos nada, y antes que tu futuro profesional y el mío, esta ella—señaló hacia el jardín, donde Elise se divertía—Todo lo demás es insignificante, y tú tienes el suficiente talento como para permitirte un pequeño desliz.

No, no me lo puedo creer—balbuceó negando repetidamente con la cabeza—¿No puedo dedicarme a hacer mi vida apartada de todo? ¿No puedo irme a Lima con mis padres y estar allí lejos de toda esta locura?

Ahora no Rachel. Deja que mi hermana averigüe más cosas, estoy seguro que con lo que vamos a hacer logrará saber quiénes están detrás de esta locura.

—¿Qué locura?—se escuchó tras ellos y rápidamente se giraron para encontrarse con una Santana un tanto desconcertada.

—¿No te han enseñado a no interrumpir las conversaciones?—masculló Glen sin perder la calma, algo que Rachel ya ni siquiera sabía dónde tenía.

—He venido a despedirme de mis hijos, ¿Algún problema con eso?

—Pues ve a despedirte de tus hijos—replicó Glen con el gesto serio.

—¿Qué te pasa a ti? ¿Me vas a decir lo que tengo o no tengo que hacer?

—Hey, hey—intervino Rachel viendo como la situación se tensaba entre ambos, algo que era habitual en ellos cada vez que coincidían juntos. La última vez que Glen y Santana se llevaron bien, fue precisamente el día que se conocieron en Los Ángeles. Desde entonces, su relación era un tira y afloja llena de indirectas maliciosas, sin que nadie supiese exactamente el motivo de las mismas. De hecho, ni siquiera ellos lo sabían. Simplemente no se aguantaban, y como tal se trataban.—Dejad de discutir por favor.

Dejaré de discutir cuando éste deje de tratarme como una imbécil.—Replicó Santana esquivándolos para acceder al jardín.

Yo no te he tratado como una imbécil, eres tú quien lo hace. Constantemente…todo el día.

—¡Basta Glen!—volvió a intervenir molesta—¿Qué mierda te pasa?—Recriminó tras ver como la latina accedía al jardín ignorándolo y ya se despedía de sus dos pequeños.

Rachel, solo quería que olvidase lo que ha oído y lo he conseguido. Ahora solo me odia un poco más, pero no te preguntará nada de lo que hablábamos.

—No me gusta que discutas con ella constantemente.

—Pues ya deberías estar acostumbrada—sentenció tomando la bandeja con las tazas de encima de la mesa—Voy llevando esto antes de que empiecen a desesperarse.—Añadió segundos antes de dejarla a solas de nuevo en la cocina, esperando a que el café terminase de calentarse para poder servirlo. Aunque la soledad no duró demasiado. Solo el tiempo justo en el que Santana regresaba a ella tras haberse despedido de sus hijos.

—¿Qué le pasa a ese? ¿Ha pasado algo?—se interesó cuando Rachel había intentado esquivarla centrándose en preparar algunas galletas sobre un plato.—La próxima vez que me insulte, le va caer una denuncia de las divertidas—añadió con sarcasmo—Se va a acordar de mi nombre durante toda su vida.

—Deja las denuncias e ignóralo. Ya sabes que es un bocazas.

—¿De qué hablabais? ¿Qué locura es esa?

—¿Qué locura va a ser?—repitió sin alzar la mirada, sabiendo que si lo hacía le iba a costar un mundo mantener la calma que necesitaba.—Está preocupado por los rumores que puedan surgir y esas cosas…

—Ya…pues tendrás que acostumbrarte a ellos, ¿No? Quiero decir, es lógico que si os habéis separado pues la gente hable de ti, y también lo van a hacer de Quinn. Sobre todo cuando empiecen a perseguirla y descubran que sale con otras chicas. No creo que le vaya a hacer mucha gracia verse en ese mundo con sus compañeras de trabajo.

—¿Qué?—musitó Rachel alzando la mirada hacia ella, completamente confusa—¿De qué hablas?

—Rachel, es lógico. O sea, Quinn me ha confesado que lo que ha pasado es que hay otras personas entre vosotras, y si lo habéis dejado supongo que tarde o temprano tendrá que salir con esas otras "personas"—apuntilló sin dejar de mirarla.

—¿Y…y qué tiene que ver eso con sus compañeras de trabajo?—replicó Rachel fingiendo una naturalidad que era evidente que no tenía. Era mentira, por supuesto que sabía que tarde o temprano hablarían de Quinn y otras personas, porque ellas mismas así lo pactaron. Pero escuchar aquella sentencia de Santana le hizo sentir que realmente estaba sucediendo algo con su mujer y otra chica, logrando que la paranoia comenzara a sacudirla. Que la mentira que ella conocía se había convertido en verdad, o tal vez era fruto de aquel mal presagio que la acusaba.

Ella me dijo que conoció a alguien en España, imagino que lo sabrás, ¿No?

—En…en España—balbuceó volviendo a bajar la mirada—Eh, sí…claro.

Supongo que será alguna relacionada con el mundo del arte. No me ha querido decir quién es, ¿Tú lo sabes? ¿O tampoco te lo ha dicho?

Eh…Santana—la interrumpió—Lo que Quinn haga o deje de hacer dejó de ser asunto mío, pero como comprenderás…no me es agradable hablar de eso, y menos aun estando tan reciente y con Elise aquí.

Ya, claro…lo siento—se disculpó sin demasiada convicción—No obstante, no entiendo a qué viene esa actitud. Tú misma dijiste que estabais bien, que lo habíais hablado y no había rencores. Además…supongo que no es solo culpa de Quinn, ¿No? Quiero decir, ella me dejó entrever que tú también…

Yo nada—volvió a interrumpirla completamente ofendida y molesta—Santana, el día que tenga que deciros algo acerca de mis relaciones, lo haré. ¿Ok? Mientras tanto te pido que no intentes averiguar nada que no es. Solo te pido que respetes nuestra decisión como amiga que eres.

—Yo lo respeto, Rachel, pero entiende que soy una parte importante en vuestra ruptura. Sigo siendo vuestra abogada y si Quinn me pide que medie entre las dos, tengo que saber qué es lo que ha provocado esta ruptura.

—¿De qué hablas? Nosotras no necesitamos abogados, solo…solo nos hemos separado temporalmente y…¿Por qué te ríes? No es agradable que frivolices con algo tan serio.

Por eso exactamente me rio—masculló adueñándose del plato con las galletas—Porque sois realmente patéticas —sentenció dejando en completo silencio a Rachel, que no lograba reaccionar a aquella respuesta y mucho menos a la actitud altiva de la latina. –Será mejor que le lleve esto a Spencer y a mi mujer, no van a tardar en reclamar comida. Y yo me tengo que regresar al bufete.—Dijo antes de dejarla allí, plantada junto a la cafetera que ya burbujeaba e inundaba la cocina de un delicioso olor a café. Un delicioso olor que dejaba de ser apetitoso por culpa del revuelo en su estómago y el malestar que seguía apoderándose de ella.

No tardó demasiado en hacerse con la cafetera y regresar ella también al salón, dispuesta a serviles el café a quienes se quedaban allí con ella, aunque no por mucho tiempo. Cuando Glen ya se había marchado y Santana se acababa de despedir para continuar con su jornada laboral, fue Spencer quien tomó la palabra. Y lo hizo provocándole otra nueva sacudida a su pobre corazón.

Toma Rachel—musitó entregándole unas llaves—Son de mi apartamento. Le he escrito a Quinn para que pase a recogerlas y pueda quedarse en él—añadió ante el silencio que inundó la estancia y las miradas de desaprobación de Brittany y Ashley.—Está todo preparado para ella, pero si necesita algo más, dile que no tenga dudas en hacer lo que quiera. Es su casa.

—Gracias—balbuceó sin tener que fingir malestar alguno. Rachel tomó aquellas llaves como si fueran veneno, como si estuviese firmando la separación de quien más necesitaba a su lado. Y Spencer pudo vislumbrarlo en su rostro.

Rachel, no te preocupes por nada—musitó con sinceridad, haciéndole ver que hablaba con el corazón y aunque estuviese mintiendo, sus palabras tenían un significado concreto—Estoy convencida de que todo se va a solucionar de la mejor manera posible.

—Ya, pero es difícil no…no venirse abajo—susurró desviando la mirada hacia Ashley por pura inercia.—Cuando luchas tanto por mantener tu familia unida y ves que constantemente te ponen a prueba, es complicado seguir siendo fuerte.

Quinn te ama—intervino Brittany con la inocencia que ella solo lograba guardar a través los años—Sea lo que sea lo que os esté sucediendo, no va a cambiar ese hecho. Ella te ama, te necesita a su lado para seguir siendo quien es y lo sabes. Apuesto a que va a regresar a tu lado antes de lo que crees.

Yo también lo creo—susurró Spencer regalándole una mirada llena de complicidad.

—Rach—interrumpió Ashley con la voz temblorosa—Sé que no tiene nada que ver con lo que hablamos pero…te importa, ¿Te importa enseñarme el piano que Quinn compró? Ese que queréis restaurar…

—¿El piano?—repitió observando como Spencer también miraba a su mujer de manera confusa

Sí. Tengo un amigo en Los Ángeles que puede decirnos el valor concreto de ese piano. Le…le comenté que teníais uno de esas características y me pidió que le hiciera una foto para enseñárselo. Y como estamos a punto de regresar, no quisiera que se me olvide.

—¿De verdad estás pensando en eso ahora?—replicó Spencer

—Sí, lo siento…pero todo esto de la separación me pone mal, y no creo que Rachel necesite estar hablando continuamente de ello.

—Pero…

—No te preocupes Spencer—intervino Rachel—Si Ash quiere subir a ver el piano, que suba—le sonrió más tranquila—Está en el ático.

—¿Puedes acompañarme?—cuestionó directa y Rachel volvía a sentirse confusa.

—Eh…claro, vamos.

—Yo me quedo aquí—dijo Spencer—Me niego a subir tres pisos en mi estado.

Y yo me quedo con ella—añadió Brittany adueñándose de otro cupcake—Me niego a dejar a solas a Spencer y sea capaz de comerse todo.

—Ok, quedaros aquí—indicó Rachel tras invitar a Ashley a que siguiera sus pasos hacia las escaleras. Algo que Ashley hizo en silencio y cabizbaja. De hecho, se mantuvo así hasta que llegaron al ático y Rachel la obligó a hablar al cuestionarla directamente.—¿Qué necesitas? ¿Solo una fotografía?—preguntó acercándose al piano, tras permitir que la luz entrase por la ventana y pudiese ser visible perfectamente.

—Eh…no. Lo cierto es que no necesito fotos del piano—balbuceó Ashley cerrando la puerta tras ella.

—¿Ah no? ¿Entonces? ¿Necesitas ver algo del…

Rachel, te he mentido—masculló interrumpiendo a la morena, que rápidamente la buscó con la mirada y se preparó para lo peor. Porque la había estado observando durante todo el almuerzo. Porque Ashley llevaba distante con ella desde que regresó de España, de hecho, fue la única que no se dirigió directamente a ella cuando supo que se había separado de Quinn. Porque en los casi 20 años que llevaba conociendo a aquella chica, nunca se mantuvo por más de 10 minutos en silencio. Porque era evidente que algo le sucedía y aquella petición de subir a ver el piano, no fue más que una absurda excusa.

—No entiendo. ¿Me, me has mentido?

No te he pedido que me muestres el piano para saber su valor, si te he pedido que me acompañes es porque necesito hablar contigo a solas, y dudo que Spencer o Brittany nos deje.

—¿Ocurre algo? ¿Te encuentras mal?

Sí, sí que me encuentro mal. De hecho estoy echa una mierda—confesó preocupando aún más a Rachel.

—¿Tienes…tienes problemas con Spencer?

No tienes por qué seguir fingiendo, Rachel—musitó ignorando la pregunta—Sé que lo sabes todo.

—¿Qué lo sé todo?—repitió realmente confusa—¿Qué se supone que se?

—Vamos Rachel, hace una semana estabais genial y de repente, todo se fastidia. Justamente cuando regresamos de España. Entiendo que no quieras preocupar a Spencer, pero no tienes por qué ocultarlo conmigo. Soy yo la que te tiene que pedir disculpas por lo que hice.

—Ash, yo…—musitó desconcertada.

—Rachel—balbuceó interrumpiéndola, comenzando un ir y venir por la estancia sin un rumbo fijo, como si el caminar la ayudase a ordenar los pensamientos y poder expresarse con mayor claridad—Te agradezco lo que haces por mí, cuando en realidad deberías estar odiándome. Yo, yo imagino que lo haces más por Spencer que por mí, porque es lógico que estés de su lado en esta situación. Pero yo necesito que me escuches. Cuando, cuando Spencer me dijo que os habíais separado no lo podía creer, y te juro que desde entonces no he parado de darle vueltas y la vergüenza no me deja casi dormir. Pero yo no puedo decirle algo así a Spencer, ¿Entiendes? Y no por mí, porque yo sé que no merezco absolutamente nada, pero decirle lo que sucedió sería provocarle dolor y en su estado…Rachel, yo te juro que si a mi hijo le sucede algo por mi culpa, yo me quito la vida. Y sé que no es algo para pensarlo así, porque solo fue una estupidez, de hecho, ni siquiera sabemos si ocurrió algo. Yo, yo solo sé que bebí demasiado, que Shane nos invitó a probar un licor asqueroso y que no podía andar. Es, es lo único que recuerdo de aquella noche, nada más. Quinn, Quinn no tuvo la culpa de nada—Hizo una breve pausa mientras trataba de recuperar el aire, y le mantenía la mirada—Ella solo quería hacer su trabajo, es más…se pasó toda la exposición hablando con los periodistas o lo que sean esos tipos, mientras yo no paraba de comer y de beber, porque no me gustan las exposiciones. Pero en el club del hotel todo fue distinto. Ella, ella no paraba de hablar de ti y de pronto todo lo que recuerdo son esos flashes, a Shane cantando a mi lado y despertar de esa manera. Yo, yo no puedo pedirte que me trates como si nada, porque supongo que para ti es un horror tener que soportarme ahora, pero te pido que lo hagas por Spencer. Yo te juro que en cuanto nazca el bebé, le contaré todo lo que sucedió, y ella sabrá lo que hacer. Si quiere dejarme, estará en su derecho…pero por ahora te pido que me sigas guardando ese secreto. Por ella, por el bebé. No soporto más la presión y saber que habéis tomado esa decisión, me está rompiendo. Todo fue una estupidez.—Confusión, aturdimiento, desconcierto. Todos sinónimos entre sí y todos representando perfectamente la extraña mueca que se apoderaba de Rachel en aquel preciso instante. No sabía qué decir, porque no entendía lo que trataba de explicarle Ashley con la voz entrecortada y sin aguantarle la mirada por más de dos segundos seguidos. Todo lo que lograba retener eran palabras sueltas de aquel monologo que no la ayudaban en nada.—Rachel, te juro que entre Quinn y yo no sucedió nada.—Añadió y la morena sintió como algo se rompía en su interior—Sé que es complicado de creer si amaneces desnuda junto a alguien, pero yo…yo tengo a Quinn como si fuera una hermana, jamás haría algo así y ella tampoco. Ella, ella te ama, Rachel. Solo fue una estúpida borrachera de Absenta.

—Absenta—susurró casi sin ser consciente de lo que hacía, simplemente porque era lo último que había escuchado. Trataba de comprender qué diablos estaba sucediendo y por qué Ashley parecía hablarle de una supuesta infidelidad de Quinn con ella misma, pero su cerebro no era capaz de asimilar aquel golpeo de información confusa que recibía por parte de Ashley, mientras la veía lamentarse en su propio ático.

No me odies por favor—añadió ella y Rachel reaccionó. Y lo hizo como nunca pensó que podía hacerlo ante una situación así.

—No, no te odio—masculló tratando de serenarse—Todo, todo está bien.

—¿Todo está bien?—repitió confusa y Rachel asintió. Debía hacerlo, sin duda. No tenía ni idea de qué trataba todo aquello, pero lo que sí sabía es que solo una persona se lo podría aclarar, y esa era Quinn. Cuestionar a Ashley sobre lo que estaba confesando, podría llevarla a incumplir ese pacto que había tratado con Spencer, podría llevarla a romper de algún modo todo aquel espectáculo en el que se había convertido su fingida separación, y eso era lo último que pretendía hacer.

Todo está bien—concluyó tensando la mandíbula, conteniendo un repentino temblor de sus labios que la obligaba a tragar con dificultad.—Lo que sucede entre Quinn y yo no, no tiene nada que ver con…con eso—añadió sin saber muy bien cómo seguir tratándola, y Ashley dejó escapar un sonoro suspiro que a punto estuvo de camuflar la llamada de su mujer. Llamada que se producía desde la planta baja y que las incitaba a que regresaran para poder despedirse y no perder el vuelo que las llevaba de vuelta a Los Ángeles.

—Gracias Rachel—dejó escapar al tiempo que buscaba su abrazo—Todo va a salir bien, te lo prometo. Tu familia volverá a ser la misma de siempre.—Sentenció cuando los brazos de la morena ya la cobijaban.

—Eso espero—susurró Rachel casi sin palabras—Eso...espero.


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