—Te amo, Judy —dijo el zorro con una sincera sonrisa, y sus ojos llenos de lágrimas.

—¡Nick, no! —gritó la coneja.

La sonrisa del zorro se apagó y un enorme esplendor salió de él. Nick giró su cuerpo para liberarse del agarre de los hipopótamos, los dejó inconsciente y cogió la pistola de uno de ellos. La electricidad que bombardeaba su cuerpo iba en aumento, como su rabia. Le daba igual lo que pasara a continuación, pero era la única forma de salvar a todos. Mientras su corazón parecía chamuscarse y explotar, el zorro parecía contenerse y controlar su cuerpo para la batalla final. La cebra soltó a la coneja, espantado. Nick saltó sobre él, y compartió con él también la descarga. Como el fuego de ira del interior de Nick, el voltage que sufrían se elevaba.

Ambos animales gritaron de dolor, ante la mirada de todos los animales que los miraban horrorizados, sin saber como ayudarles sin que sufrieran lo mismo. La cebra apretó la mandíbula, y luchó con el profundo dolor que le mordía y le explotaba en el interior, y cogió a Nick por la espalda para dispararle y acabar con él. Tenía al zorro inmovilizado, y para acabar con la cebra, el pelirrojo solo podía hacer una cosa.

—¡Nick!

Antes de que la cebra le disparase, Nick se apuntó a sí mismo. Suspiró, pensando en todo lo que había pasado en su vida. Recordó a su padre con su sonrisa única, recordó a su madre y la frase que le dejó antes de desprenderse de la vida, recordó a Finnick y sus viejas aventuras.
Recordó a Judy, su amistad y amor por ella. Todo lo vio en cuestión de segundos e hizo todo lo que pudo por dejar de temblar. La sonrisa de la conejita en su mente le hizo sonreír. La descarga seguía friéndolo vivo, y mirando al cielo soltó el gatillo.

Ambos cayeron al suelo en un golpe seco, mientras todos observaban atentos y espantados. El collar dejó de descargar electricidad, agotado por desprender tal cantidad de energía. Todo se llenó de rojo.

La ciudad se silenció en ese instante. A Judy le cayó un peso enorme sobre ella, y una horrible sensación le robaba el aliento. Su corazón se rompió en mil pedazos que se esparcieron por el suelo como si de cristal se tratara. Ignoró el dolor que le atronaba por dentro.

Se acercó a Nick, inmóvil, y lo abrazó con fuerza mientras gritaba su nombre. De él seguía saliendo un leve humo, su pelaje chamuscado había perdido su brillo y no parecía habitar ni una gota de vida en él. Las lágrimas la abandonaron y cayeron sobre el cuerpo del zorro que tanto amaba.

Los animales miraron con dolor y arrepentimiento lo que había pasado. Pero todos, incluso algunos tradicionalistas arrepentidos, se unieron para acorralar a los secuaces de Alan y a algunos tradicionalistas violentos. Policías de otras oficinas llegaron y arrestaron a todos los malhechores de aquel lugar, acabando de una vez con aquel acto terrorista. Habían vencido.

¿Pero a cambio de qué?

Bogo se acercó a Judy, y le puso la pata sobre el hombro.

Se llevaron el cuerpo de la cebra, que definitivamente no volvería a causar ningún daño, y ahora se llevarían el de Nick, a quien no encontraban el pulso.

Judy encontró la llave para los collares, que se hallaba en el suelo, manchada de sangre, y le quitó el collar que se encontraba en el cuello de su novio. Judy miró al zorro y su alma cayó al suelo. Más lágrimas la traicionaban y caían como duras piedras, acumulándose para formar un castillo en el que aislarse. El fuego interior pareció convertirse en un dragón, que quería arrasarlo todo con sus llamas. La impotencia de no poder hacer nada para salvarlo la derrumbaba. Le costaba respirar, porque solo usaba los segundos para llorar y gritar.

—¡No puedes morir, Nick! ¡Te necesito, te quiero! ¡Despierta, abre los ojos de una vez zorro idiota! —vociferó Judy estallando en lágrimas —¡No me dejes...! Me prometiste que nunca te perdería... ¡Me lo prometiste!

—Judy... Es demasiado tarde... —anunció Bogo, con el corazón roto. Le costaba enunciar aquellas palabras—. Wilde se ha ido.

—¡No! —se negó ella. No quería creérselo, no podía aceptarlo. Volvió a abrazar al zorro, que ahora estaba frío como una roca—. ¡He dicho que despiertes!

Dos animales apartaron a Judy del cuerpo. Estaba destrozada, y estaba gritando tanto que su garganta no tardaría en estarlo también. La coneja quiso impedir que se la llevaran. Una fuerza sobrenatural brotó de ella y la ayudó a escapar de los dos que la estaban intentando tranquilizar y alejar de él. Se lanzó sobre Nick y lo besó, con la última esperanza de que eso le hiciera revivir.

—¡Te los suplico, lucha! —gritó hasta que su voz se partió.

—Judy —habló Clawhauser, mientras la abrazaba. Tenía un nudo en la garganta, que hizo que las palabras temblaran—, te vas a quedar sin voz...

—Me da igual.

—Volvamos a casa, Judy. No hay marcha atrás —le recordó con tristeza. Judy se limpió las lágrimas y se levantó.

El leopardo la empezó a acompañar a una coche patrulla para llevarla a casa y que se relajara. Ella seguía temblando y estallando de furia, cayendo en un abismo oscuro.

Los animales empezaron a hablar entre ellos, casi temblando por lo que acababan de presenciar. Empezaron a mirarlos con otros ojos, y por fin entendieron que lo que habían hecho y lo que pensaban de las parejas interespecie era erróneo. Al menos, la mayoría de ellos empezó a pensar de otra forma.

—Eso si que es amor. Se ha sacrificado por ella... —admitió una pantera tradicionalista.

—Quizás nos hemos pasado... No debimos juzgar... —contestó su amigo.

—¿Ahora os arrepentís? —interrumpió Judy—. ¡Mi novio está muerto! ¡Mi novio a muerto por vuestra culpa, por culpa de todos! —Los animales la miraron con empatía y arrepentimiento. De repente una voz volvió a surgir —¡Jamás podré volver a oír su voz ni ver sus ojos verdes! ¡Jamás volverá a traerme un café cuando estaba agotada de tanto trabajo! ¡Jamás podré...!

—Ju-Judy...

Ella se giró casi inconscientemente. El corazón de repente le volvió a latir al encontrarse con los ojos verdes de Nick, quien de un momento para otro, parecía que su ser entero volvía a latir. La coneja corrió hacia su zorro, con las lágrimas acompañándola.

—¡Estás vivo! —celebró ella al tiempo que lo abrazaba. A su alma la envolvió un sentimiento de alivio y euforia.

—Za-zanahorias... —pudo pronunciar el zorro. Pero sus ojos no aguantaban estar más abiertos y se volvieron a cerrar, como si le pesaran los párpados

—Te llevaremos al hospital, Nick. Te vas a poner bien —aseguró ella.

Quiso buscarle la herida de bala, pero ni si quiera estaba sangrando. Extrañada, empezó a palpar su cuerpo, y sus patas no se manchaban de sangre. Visualizó de repente la camiseta de Nick. Estaba rasgada y contenía algo de sangre, pero era superficial. ¡Nick había puesto la pistola por debajo de su brazo y no había sufrido ningún daño! Ella suspiró aliviada, y lo abrazó con más fuerza, mientras dejó que se lo llevaran en una ambulancia.

En el hospital, el doctor tenía que darles la mala noticia. La enorme descarga que Nick había sufrido le había causado entrar en un posible coma. Su cerebro no pudo soportar tanta energía y su corazón podría haber sufrido daños, por lo que tendrían que hacerle pruebas para asegurarse. Aquél era un órgano tan sensible que nadie sabría lo que podía pasar. Ahora, el zorro se encontraba en una camilla conectado a máquinas, tal y como Judy aquella vez. Y lo peor es que estuvo en cuidados intensivos durante varios días.

Por suerte, todo salió bien en ese tiempo, y trasladaron a Nick a una habitación normal, donde permanecía en coma.

Todos sus compañeros estaban en la habitación, contemplando al pobre zorro. Judy volvía a llorar. Ahora no sabía si él iba a despertar, y eso la destrozaba. ¿Esperar a que alguien despierte de un coma, si es que lo hace, era peor o mejor que si hubiera muerto?

Pasaron algunos días. Judy siempre iba a visitar a Nick junto a Finnick. Casi no hablaban, se quedaban mirando al zorro con expresiones serias y preocupadas y luego se marchaban sin ni si quiera despedirse. Los ojos de Judy perdieron su brillo, y todos lo podían notar. Apenas podía dormir, pues el miedo de que Nick pudiera quedarse en coma para siempre la atormentaba. No parecía Judy, parecía un ser inconsciente y perdido, sin un alma dentro. Sus movimientos eran lentos y cuando no estaba en el hospital se quedaba en casa. Pero no dormía.

Y siguieron pasando los días, que cada vez eran más largos y pesados...

Luego fueron semanas, que parecían no acabarse jamás. El cuerpo del zorro se estaba recuperando, pero él seguía perdido, navegando por su mente, buscando el final del tunel que lo sacara de esa oscuridad.

—No merecía esto. Él no—comentó el zorro fennec mirando fijamente a su amigo.

—Lo sé...—le respondió la coneja.

—Aún así, me alegro de que esté contigo, coneja. Me contó que jamás había sido tan feliz...

Judy le sonrió con pena. Aquel zorro en su interior era sensible, lo podía notar... Él también tenía miedo de perder a su posiblemente único amigo. La de ojos violeta tenía un nudo en la garganta, difícil de deshacer. Estaba cansada y agotada y las lágrimas exigían salir, pero ella resistía.

—¿Y si no despierta? ...

—No digas esas cosas, por favor —pidió Finnick—; es un zorro fuerte, seguro que despierta.

Judy, sin saber porqué, sollozó. Todo este asunto le producía grietas en su alma que no sabía como reparar. Abrazó al zorro fennec, quien extrañado correspondió. Ella también estaba tan destrozada como él.

—¿Me duermo un momento y ya me engañas, Zanahorias? —emergió de repente una voz.

Nick había abierto los ojos y con una voz apagada pero su típica sonrisa pícara, la miró. Una luz iluminó los ojos de la coneja y esbozó una exclamación de alegría. El zorro estaba muy débil y apenas se podía mover. Ella dio un brinco de felicidad y lo abrazó con fuerza mientras lágrimas de alegría la inundaban. El zorro respondió al abrazo.

—¡Qué me ahogas! Los conejos sois bastante fuertes para ser tan pequeños —bromeó él.

—¡Calla, zorro bobo! —le mandó ella, antes de besarlo. Sus ojos violeta estaban enrojecidos y su corazón parecía volver a latir con furor. Pasaron un rato así, entre miradas y palabras dulces.

—Buena idea esa de apuntar a Alan por debajo de mi brazo, ¿eh?

El zorro la miró de nuevo con su sonrisa, pero ella, cuando recuperó el aliento le dio una bofetada en la mejilla, aunque no fue tan fuerte, y apenas dolió. El rostro de ella mostraba enfado acompañado de algunas lágrimas.

—¡Zorro estúpido, me has asustado! ¡Creí que te perdí!—le acusó ella. Él se sentía mal por haberla asustado, y la abrazó.

—Lo siento, Zanahorias.

—Me alegro de que estés bien. —Ella sonrió, y él hizo lo mismo. No podía enfadarse con él.

—Yo también me alegro —intervino Finnick, guiñándole un ojo. Nick lo miró e hizo una mueca de alegría.

Momentos después, la sala se empezó a llenar de animales...compañeros de trabajo y amigos, todos habían venido. Estaban felices de que todo hubiera acabado bien, y tenían la certeza de que se recuperaría pronto.

Más tarde, todos excepto Judy se fueron, dejándole al zorro un montón de regalos y detalles. Incluso Bogo le dejó uno. Ella lo observó en silencio, lo que le incomodó un poco a él. Estaba tan feliz de que estuviera bien que sentía que podría atarse a él para que no se separasen nunca más.

—¿Ana está...?

—Sí —afirmó ella con una voz rota y débil. Esa tejón se había convertido en una gran amiga para ambos, y supieron que siempre estaría en sus corazones.

—Vale... —Nick bajó la mirada con pena. Un silencio los envolvió en ese instante, hasta que ella lo rompió.

—Has sido muy valiente, Nick.

—Que va... Tú si que lo has sido.

Ella se acercó a él y se sentó en la camilla junto a él. Le cogió la pata como si se tratara de lo más valioso del mundo, algo que cuidaría con su propia vida.

—Ambos lo fuimos. Y me alegra poder haber ganado esta batalla juntos. Lo hemos conseguido. Tuviste razón desde el principio —comentó ella. Él le sonrió.

—Somos el dúo invencible, ¿recuerdas? —respondió con suavidad—. Ahora vete a descansar, conejita boba. Te veo muy cansada.

—Jamás.

—Eres una cabezota ¿lo sabías?

—Muchas gracias —contestó orgullosa.

Tras un rato de charla, la coneja se quedó dormida en la camilla junto a Nick, quien la abrazaba con dulzura. Estar con ella le hacía sentir muchísimo mejor y parecía que podría salir del hospital en ese momento y correr por toda la ciudad. Nick sentía la respiración tranquila de Judy, cosa que le relajaba. Judy lo abrazó inconscientemente con más fuerza lo que le causó una gran sonrisa al zorro. A pesar de que todo su cuerpo estaba dolorido, sentía un gran alivio que era difícil de explicar...era como si al fin pudiera poder respirar después de un tiempo sin poder hacerlo. Ella aún tenía las mejillas empapadas de llorar, y él se las secó con delicadeza.
Acarició el pelaje suave y gris de la coneja y cerró los ojos para intentar descansar también.
En ese momento, el doctor entró en la habitación.

—Nicholas Wilde, han venido a verte los Hopps —anunció, mientras que los padres de Judy entraban.
—Eh... Judy, despierta. —La balanceó suavemente para que saliera del mundo de los sueños.

La coneja al ver a sus padres dio un salto de la cama y fue a abrazarlos con fuerza. La familia volvía a estar junta y las discusiones y peleas pasadas no importaban ya.

—Judy, menos mal que estás bien —sollozó su madre.

—Mamá, papá...Siento mucho haberos preocupado.

—Da igual, hija —habló su padre.

El zorro los miraba con admiración. Le gustaría que sus padres estuvieran ahí con él... pero quizás, si nunca se hubieran ido él jamás habría conocido a la conejita. Siempre había envidiado la relación de familia que tenían ellos...Nick perdió contacto con el resto de sus familiares cuando perdió a sus padres.
Los Hopps se percataron de que Nick los contemplaba, y le sonrieron. Fueron hacia él y le dieron un regalo.

—¿Para mí? —preguntó él.

—Claro. Eres el novio de nuestra hija —respondió la madre dulcemente.

—¿Entonces tengo vuestra aprobación? —quiso saber Judy.

—¿Quieres a este zorro? —preguntó su madre.

—Mucho.

—Pues ya está.

—Si de verdad quieres estar con él no vamos a impedírtelo, Judy Duddy —confesó Stu—. Es un gran animal, y merecéis ser felices. Ahora lo entendemos.

—Gracias, papá.

—Nos habéis demostrado una gran lección...Perdonadnos por lo que dijimos —comentó la coneja —. Nick, gracias por hacer sonreír a nuestra hija. Y por todo lo que has hecho por ella. Venid a visitarnos cuando queráis.—Le cogió la pata al zorro y le sonrió.

—No hay porqué dar las gracias, señora Hopps.

—Tienes nuestra aprobación, pero si le haces daño a nuestra pequeña—empezó a amenazar Stu—, iré a por ti y haré que te lamentes.

—Sí, señor Hopps —aceptó Nick con cierto temor —. Pero, tranquilo. Jamás se me ocurriría hacerle daño a Zanahorias.

—Llámame Stu, hijo —pidió con una sonrisa—, bienvenido a nuestra familia.

A Nick se le aceleró el corazón y tuvo que retener las lágrimas. Ahora era como de la familia Hopps, y eso le hacía tener ganas de gritar de felicidad. Los tres conejos y el zorro se abrazaron, en un gesto familiar. Ahora Nick podría volver a sentir lo que era tener una familia. No como antes, pero lo era. Desde que sus padres habían fallecido se había sentido huérfano, solo en el mundo. Y por mucho que tuviera amigos y a la coneja, seguía anhelando el calor de una familia, aquella con la que pasar las navidades, con quienes compartir momentos y apoyo mutuo. Y ahora por fin volvía a tenerla, y no iba a desperdiciar la oportunidad.

3 meses después

POV Nick

Desde aquel momento todo cambió. Mi sacrificio por mi pareja de otra especie, y otros acontecimientos más hicieron que las parejas interespecie como nosotros fueran mejor vistas. Los tradicionalistas perdieron y la ley para que aquellas parejas fueran aceptadas y pudieran casarse y adoptar venció. Los vigentistas habían ganado y ahora al fin podían pasear por las calles sin que nadie les amenazase por estar cogidos de la pata con otro animal diferente. Creo que la ciudad empezó a pensar de otra forma...No todos, pero una gran mayoría sí cambió. Siempre quedan algunos que sigan oponiéndose al amor interespecífico, pero lo importante es que ahora podemos salir sin peligro.

La hermana de Ana la sustituyó como líder de los vigentistas, dispuesta a luchar por lo que ella había luchado. De Ana se colgó una foto y se hizo una estatua en la que estaba junto a Murray, donde permanecerían para siempre juntos. La lucha de la tejón no había sido en vano y sé que le hubiera gustado ver que la ciudad de Zootopía volvía a ser una y ahora podíamos amar a quien quisiéramos. Siempre recordaré a Ana, tanto yo como Judy. Fue alguien importante en nuestras vidas. Y se va a quedar clavada en el corazón de muchos para siempre, tanto ella como su pareja.

Se destruyeron todos los collares que Alan había creado y sus secuaces estarían para siempre en la cárcel, con mayor protección. Su organización se desvaneció completamente y ya nadie volvería a hacer daño a los depredadores. Al final habíamos ganado...Después de tanta lucha, lamentos y pérdidas. Conseguimos los que la tejón habría querido conseguir y derrotamos a esa cebra... no puedo estar más orgulloso.

Mi cuerpo estaba mucho mejor. Mi estupendo cerebro había sufrido mucho, pero milagrosamente aquellos daños se arreglaron. Al parecer no fueron tan graves como dijeron y con un tratamiento se mejoró. Las heridas de mi cuerpo se cerraron y sanaron rápido. En cuanto a mi corazón, me hicieron algunas pruebas y tal, pues se había alterado. Pero al final recuperó su ritmo normal. No sé si fue por el apoyo de todos, o yo que sé, pero algo me ayudó a sanar. Aún así, debía estar unos días en reposo y observando si padecía algún síntoma anormal.

La ZPD fue reconstruida en solo 3 meses. Por suerte la bomba no causó daños más graves. Cuando recién estuvo arreglada y yo salí del hospital, nuestra sanción acabó y sólo quedaba un asunto del que no teníamos ni idea de como solucionar. Seguiríamos siendo pareja, pero no sabíamos que pasaría con el trabajo. No podíamos seguir trabajando juntos. Bogo necesitaba hablar con nosotros sobre aquel asunto, así que a los dos días de mi salida del hospital, nos acercamos al despacho de Bogo con cierto temor. No queríamos trabajar por separado, éramos un gran equipo y nos necesitábamos mutuamente. Era injusto que no pudiéramos serlo si mantenemos una relación romántica.
Entramos en el despacho del búfalo recelosos.

—¿Jefe? —pronunció Judy.

—Hopps, Wilde. Siéntense —mandó él.

—¿Y bien? —quise saber

—Tanto el jefe de asuntos internos como yo queremos daros las gracias por vuestro increíble servicio. Habéis demostrado muchos valores y que sois capaces de enfrentaros a lo que sea, pero...

—¿Pero...?

—Pero también habéis demostrado que sois capaces de trabajar juntos a pesar de vuestra relación. Y espero que así sea. Se ha eliminado la norma que impide las relaciones amorosas. Sin embargo esto será como prueba, y solo en esta oficina policial, si vemos que se ve afectado, se volverá a poner. Tenéis que tener en cuenta también que en este trabajo puede pasar lo que sea, y si a algunos de los dos os pasa algo, el otro sufrirá. Además debéis tener presente que aquí en el trabajo lo único que importa es el trabajo, no la relación. Nada de sacrificios por el otro ni nada de eso, ¿entendido?

Judy y yo sonrieron con emoción y aceptamos el riesgo. Ahora podíamos ser un equipo y pareja al mismo tiempo. Era lo único que pedíamos y por fin se ha cumplido. ¡El dúo invencible había regresado!
Le dimos las gracias a Bogo con ilusión y cuando nos levantamos para salir, Bogo dijo:

—Pero como estéis todo el tiempo mostrándoos afecto aquí estáis despedidos.

—No te prometemos nada—respondí con un tono divertido.

—Largáos —mandó tras un resoplido.

Salimos eufóricos y estallando de felicidad. Sé que en el fondo Bogo estaba feliz de aquello, pero no demostraba sus sentimientos. Judy y yo nos abrazamos, llenos de ilusión por nuestro nuevo futuro juntos como pareja.
Mi sueño se había hecho realidad. Tenía a Judy, tenía una familia...tenía todo lo que siempre deseé.

Pero quise más...

Fuimos novios durante algunos años más, hasta que un día acabó eso.

Fue una tarde en la pradera en la que ambos siempre íbamos a descansar de todo y olvidar los problemas. Estábamos sentados a los pies de un lago. La leve luz del sol hacía brillar el agua cristalina y le daba un toque mágico y único.

Me costaba decir lo que iba a decir. Era algo muy importante y no sabía como hablar. Las palabras no salían de mi hocico. Me decidí. Cuando el sol se fuera sería el momento.

Pasaron unos minutos, y el sol me dio permiso para poder continuar con la difícil situación en la que me encontraba. Pero no pude. ¿Qué me pasaba? ¿Por qué me comportaba como un idiota? Parecí volverme mudo, como si las palabras se desvanecieran justo antes de salir de mis labios, tímidas y vergonzosas.

Pasó el rato, Judy me estaba contando algo, pero yo estaba en otro mundo, pensando en que hacer. Miré las estrellas, que parecieron darme ánimos. La luna también estaba presente, iluminando extrañamente más que otros días.

—Zanahorias. ¿Puedes mirar tu reflejo en el agua un momento?

—¿Para qué?

—Tú hazlo. Y hasta que yo te diga no mires.

POV Judy

Hice lo que él me dijo, y observé el reflejo que mostraba el lago. Vi como mi rostro se balanceaba a merced del agua. Se escuchaba el tenue sonido del estanque, de una manera tan tranquila y llena de paz que me hizo perderme entre sus masas de agua. La débil luz de luna parecía suficiente para poder observarme e incluso observar el cielo y sus luces. El brillo lunar, azul, blanco y misterioso, parecía desprender en el agua pequeñas luces chispeantes que parecía algo mágico y sobrenatural.

Pasaron unos minutos y de repente observé otro reflejo a mi lado. Era Nick.
Con un anillo y una sonrisa tímida y casi distraída.

Me volví hacia él, mientras mi corazón estallaba de mil maneras distintas y dejaba escapar emociones que no sabía que tenía. Él había colocado algunas velas al rededor del mantel de picnic, que además estaban acompañadas de algunas luciérnagas que revoloteaban y jugaban con la luz de la luna.

"Judy Hopps, ¿quieres ser mi presa para siempre y casarte conmigo?" —sonó de repente en el bolígrafo-zanahorias.

El corazón se saltó varios latidos y luego empezó a palpitar demasiado rápido. Esa frase me asustó.
Me asustó tanto que me hizo feliz.

Nick se encontraba mirando al infinito, seguramente estaba muerto de vergüenza. Se me saltaron las lágrimas de nuevo y quise besarle hasta que amaneciera.

¡Me había pedido matrimonio!

Siempre dije que eso era una tontería, que jamás me iba a casar, que tenía cosas mejores que hacer. Pero en ese momento, lo único que quería en la vida era eso. Casarme con Nick...Alguien de diferente especie. Sonaba demasiado bien.

Nos daba igual ser distintos, eramos felices y eso es lo que importaba. Ni si quiera me lo pensé dos veces, era lo que más anhelaba. Me puse las manos sobre mi pecho para intentar calmar mis alocados latidos.

—¡Zorro bobo! —exclamé con el corazón desbocado antes de pronunciar las palabras definitivas—, si quiero.

Salté hacia él con las emociones navegando por todo mi cuerpo en una velocidad frenética. Caímos a la suave hierba, que amortiguó el golpe. Él sonrió y me abrazó. Yo respondí al abrazo mientras sentía sus latidos que palpitaban al mismo tiempo que los míos. Nuestros corazones se fusionaron para dar uno solo. En ese instante, le di un beso apasionado, siendo la coneja más feliz del universo, y él unió sus labios con los míos con fuerza también. La luna fue testigo de todo aquello y su luz nos acariciaba dulcemente el pelaje mientras éramos esclavos de las emociones y del momento. Fue todo caricias, besos y risas de alegría, con los sentimientos a flor de piel y vibrando en todo nuestro ser.

Tras aquellos besos intensos, miramos el océano del cielo, impregnado de estrellas palpitantes. Así estuvimos un rato, sin hablar.

—¡Nick! ¿la has visto? ¡una estrella fugaz! ...¿Pedimos un deseo?

—Ya tengo todo lo que siempre quise, Zanahorias. —Su sonrisa y sus palabras se adentraron en mí y me recorrió una agradable sensación de euforia. Casi como un imán, lo volví a abrazar.

Muchas cosas cambiarán en nuestra vida a partir de ahora. Y estoy segura de que vamos a ser felices.
Para siempre.

POV Normal

Ahora nada podría separarles y estaban dispuestos a enfrentarse al futuro y todo lo que ofrece. Eran diferentes especies, pero se querían igual. Habían sido amigos durante muchos años y estaban dispuestos a pasar a otra etapa. Orgullosos de estar juntos para siempre, se cogieron de las patas y siguieron mirando el cielo estrellado, donde parecía que las brillantes luces les sonreían. Pensaron en Ana Badger y su novio. Se imaginaban que ahora ellos se habían unido a las estrellas y que brillaban felices en lo más alto del firmamento, acompañándoles de ahora en adelante en sus nuevas vidas. Se iban a casar, algo que Ana y Murray iban a hacer pero no pudieron, y que ahora terminaron por ellos. Así que cuando se casaron, en cierto modo sintieron como la tejón y la nutria también lo habían hecho.

Iban a ser uno de los matrimonios interespecie de aquella nueva era, con un mundo nuevo y libre. No iban a perder ni un solo segundo de aquel emocionante futuro.

Fin

¡Bueno, llegamos al final del fanfic! Odio terminar las historias, es algo doloroso incluso para mí ;-; pero en fin, todo llega a su final, y ahora le tocó a este.

Quiero agradecer a todos los que me leyeron y comentaron, los que siguieron la lectura y que esperaban impacientes al próximo capítulo, los que se pusieron en la piel de Nick, Judy o cualquier personaje.

¡Nos veremos en la próxima historia! Gracias por haber estado ahí.