Toda la genialidad de Twilight es obra de Stephanie Meyer, mal que me pese. Edward, Jasper y todo lo que conocen es de ella. Sólo la locura y la trama me pertenecen.
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"No es tan fácil ser niñera"
By LadyCornamenta
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Capítulo XXI: Sentido común y madurez
"No llego a entender cómo, siendo los niños tan listos, los adultos son tan tontos"
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Alice Cullen había estado bastante confundida durante aquella particular semana de fines de noviembre y principios de diciembre. Alice, la que siempre estaba un paso delante de todo el mundo, no podía terminar de comprender o que sucedía a su alrededor.
Y se sentía horrible.
La siempre alegre y activa muchachita se encontraba alicaída y ausente y su eterna sonrisa había sido reemplazada por una extraña mueca de fingido optimismo. Había demasiadas cuestiones en su pequeña y revoltosa cabeza que la tenían extremadamente preocupada y, al final de cuentas, todo se reducía a su terco hermano.
—Alice, ¿vendrás con nosotras? —preguntó Jane, una de sus compañeras de clase.
La pequeña negó.
—Mi hermano tenía entrenamiento hoy, así que iré a buscarlo al gimnasio —explicó rápidamente.
—De acuerdo, nos vemos luego, Al —se despidió Heidi, otra de sus amigas.
Alice hizo un gesto con la mano, para luego alejarse lentamente. Transitó los abarrotados corredores del instituto, completamente absorbida por la intensidad de sus pensamientos y aquellos complejos dilemas que pasaban por su mente. No era fácil conseguir una solución cuando sólo se conocía una parte del problema. Después de todo, Jasper no le había dado muchos detalles de la charla que había tenido con Edward y ella sólo conocía el punto de vista de quién de había convertido en su novio.
La primera sonrisa sincera del día se pintó en los labios de la pequeña después de aquel particular y alentador pensamiento.
Alice recorrió los corredores tan pronto como sus piernitas de lo permitían, impaciente por volver a ver esos ojos celestes que tanto la tranquilizaban y esa bondadosa y dulce sonrisa que Jasper tenía reservada sólo para ella. Cuando llegó a las puertas del gimnasio, Jasper la esperaba allí. Sin embargo, su hermano no se encontraba por ninguna parte.
—¿Y Edward? —preguntó la pequeña, frunciendo el ceño y los labios.
—Él se ha ido antes —explicó rápidamente Jasper—. Yo te llevaré.
El muchacho extendió su mano y la pequeña la cogió, con una enorme sonrisa en su rostro. Cualquier observador podría haber pensado que ellos no eran más que una pareja con un cariño de hermanos, pero la muchachita se regodeaba ante la idea de ser sólo ella la que podía recibir los abrazos de Jasper y algún ocasional beso. A pesar que quería a aquel muchacho con todas sus fuerzas, él era un caballero y el contacto físico entre ambos se limitaba a estrujarla entre sus brazos o a unir sus labios con los de ella en besos inocentes. Jasper parecía ir muy enserio cuando decía que él no esperaba nada más de ella que su compañía y su cariño.
El joven le abrió la puerta del automóvil caballerosamente y Alice se montó en el BMW. Su compañero pronto ocupó el otro asiento y, después de encender el estéreo, comenzó el trayecto de regreso a casa de los Cullen.
Sin embargo, otros planes rondaban por la mente de Alice.
—Oye, Jazz —preguntó la muchacha—, ¿crees que podamos ir por ahí si aviso en mi casa?
El muchacho la miró de soslayo.
—¿Ir por ahí?
—Sí, tú sabes, por ahí —respondió ella, como quien no quiere la cosa—. A tomar algo, no lo sé.
El joven sonrió.
—¿Tienes tu móvil?
La pequeña le regaló una enorme sonrisa antes de llamar a su casa. Quien atendió fue Bella y Alice le explicó rápidamente que estaría con Jasper. La joven Swan parecía levemente reticente a dejarla ir, pero la menor de la familia Cullen obligó a su compañero a prometer que la dejaría en casa antes de las seis de la tarde. Bella, que posiblemente había oído el juramento de Jasper gritando para hacerse escuchar, finalmente cedió.
Alice sonrió triunfal, mientras guardaba su teléfono móvil.
—¿Quieres ir a Café George? —preguntó amablemente el joven Whitlock.
La joven volvió a sonreír y sacó una obvia conclusión: siempre que estuviera con Jasper, sería capaz de dibujar una sonrisa en los labios, sin importar cuán mal estuvieran las cosas a su alrededor.
La particular pareja se dirigió al excéntrico café, ocupando una mesa del fondo. Era un lugar bastante ruidoso, pero ambos se encontraban a gusto allí y a Alice realmente le encantaba el café que servían. Después de hacer su pedido, ambos muchachos se quedaron discutiendo sobre el color de las paredes. Para Jasper era bonito, aunque un poco llamativo; pero Alice insistía en que no era un tono adecuado para una cafetería.
—Supongo que tienes razón —apuntó Jasper con una sonrisa, después que ella expusiera sus razones—. Tú eres el gurú de la moda aquí.
La pequeña soltó una suave risita, aunque luego se puso seria de repente, recordando el verdadero motivo por el que había llevado a Jasper allí.
—Jazz, ¿vas a contarme que has hablado con Edward? —preguntó, inclinándose un poco para darle a la conversación un tono más confidencial—. ¿Ha sido tan malo que no puedes contármelo?
El muchacho se acercó un poco más a ella también, suspirando y luciendo una expresión algo cansada en su rostro.
—A él no le ha hecho mucha gracia la idea —aseguró—. Hubiese preferido que no se tuviera que enterar así, pero por lo menos ya lo sabe…
—¿Te ha dicho que no quería que estuviésemos juntos? —preguntó la pequeña, con su labio inferior sobresaliendo levemente.
El muchacho le sonrió con tranquilidad, cogiendo su mano sobre la mesa.
—No me importa lo que diga Edward, Allie —respondió—. Le quiero, pero puede ser un idiota a veces. Y yo quiero estar contigo.
La pequeña sonrió radiantemente.
—Además, también está bastante liado con todo ese asunto de Bella y sus otras chicas —agregó él—, tú sabes.
La pequeña asintió, frunciendo el ceño profundamente. Esa era otra de las cosas que tenían llena de incertidumbre a la muchacha. Edward y Bella seguían metidos en aquel extraño triángulo amoroso que parecía tener ramificaciones por todos lados. No sólo habían tenido que esquivar a los Black y a quién sabe que otras chicas, sino que además los dos parecían lo suficientemente testarudos como para dar el brazo a torcer. Incluso cuando viajarían juntos, Alice dudaba bastante de los progresos que podían hacer entre ambos.
Con una pequeña sonrisita maquiavélica, decidió que echarles una mano no vendría mal.
—Esa expresión en tu rostro no me dice nada bueno —murmuró Jasper, intentando ocultar su diversión.
Alice batió sus pestañas angelicalmente y decidió guardarse sus ideas para comentarlas luego. Había mucho que planear si deseaba que todo saliera bien.
Después de aquel pequeño y agradable momento entre ambos, Jasper llevó a la pequeña a su casa. Alice, después de darle un sonoro beso en la mejilla, se bajó del automóvil y caminó rápidamente hasta la puerta de su hogar. Esperó allí hasta que Bella abrió, con una expresión contrariada en su rostro, que había llevado habitualmente durante los días anteriores.
Alice pasó toda la tarde en su cuarto pensando en posibles soluciones para todos esos problemas que se encontraban a su alrededor. La pequeña tenía una gran imaginación y un accionar convincente que la ayudaban a maquinar siempre los mejores planes. Aunque nunca se había enfrentado con algo tan complejo y delicado como aquello, la niña confiaba en que podría resolverlo… o por lo menos mejorarlo. Las cosas no podían estar peor de lo que ya estaban, por lo que tampoco estaba demasiado preocupada por las consecuencias que sus actos acarrearían.
La pequeña aprovechó el fin de semana en el que Edward y Bella pasarían en Jacksonville para pensar soluciones. Sin embargo, su actividad principal para sacar provecho a la ausencia de su hermano fue pasar con Jasper todo el tiempo posible. Juntos habían ido al parque, tomado helado, e incluso él se había ofrecido a acompañarla a su clase de ballet el domingo por la mañana. Alice no podía creer lo bien que le sentaba su compañía.
Entre la pequeña y Jasper había algo que iba mucho más allá de un enamoramiento mundano. Alice sentía una especie de predestinación entre ambos, algo que escapaba a los ojos de los demás y que sólo ellos dos podían comprender. Ninguno de los dos necesitaba pruebas físicas o palabras trilladas para demostrar lo que sentían, porque aquello estaba allí. Era algo extrañamente perceptible que ninguno de los dos podía evitar cuando se miraban a los ojos o se cogían de las manos. Con gestos como aquellos, conseguían unirse más y tener momentos más íntimos que muchas otras parejas ni siquiera conseguirían con los más intensos besos.
Su romance era algo natural, inevitable.
—¿Te parece bien si vamos a comer algo o tu madre se molestará?
Ante la pregunta de Jasper, la pequeña sonrió. Estaban saliendo del estudio de ballet cogidos de la mano. El clima cada vez se volvía más y más frío, como insinuando que el invierno ya estaba por comenzar. La muchachita pensó su respuesta mientras Jasper le acomodaba la bufanda que traía mal puesta sobre sus hombros.
—¿Por qué no vienes a comer a casa? —preguntó animadamente—. ¡Podemos decirles a Emmett y a Rosalie también!, ¿te parece?
El muchacho sonrió.
—Es una buena idea.
Ambos se dirigieron en el auto del muchacho, que condujo hasta la casa de los Cullen. Alice le había avisado a su madre que Jasper la alcanzaría y, mientras se encontraban en el vehículo del joven Whitlock, la llamó para avisarle que tenían invitados. El muchacho, mientras la pequeña hablaba con Esme, se encargó de llamar a Emmett y Rosalie.
—Dicen que estarán aquí en media hora —comentó el joven, mientras aparcaba frente a la magnánima vivienda donde vivía la familia de Alice.
La muchachita bajó del auto dando saltitos, feliz antes la perspectiva de poder compartir un almuerzo con todos aquellos amigos de su hermano que se habían vuelto los suyos con el paso del tiempo. Su madre los esperaba en la cocina, preparando algo que olía bastante agradable. Jasper se ofreció a poner la mesa y la pequeña se disculpó para subir un momento y cambiarse sus ropas.
La llegada de Rose y Emmett no fue la única de la tarde. Mientras familia y amigos comían felizmente y conversaban entre ellos, Edward y Bella llegaron a la casa. La pequeña Alice notó que la tensión entre ellos aún estaba allí en el momento en el que el joven le pidió a su compañera que le dejara cargar el equipaje hasta el piso superior. Evidentemente los dos estaban cansados por el viaje y querían cambiarse antes de comer.
Alice se levantó de la mesa dando alegres saltitos y siguió a su hermano y su niñera escaleras arriba. Edward se dirigió a su habitación, pero Alice cogió la mano de la joven Swan y la arrastró hasta su propio cuarto. La pequeña obligó a Bella a sentarse en su cama y la miró con una enorme sonrisa en su rostro.
—¿Qué tal estuvo el viaje? —preguntó con una gran sonrisa.
—Bien.
La respuesta de Bella era seca e inexpresiva, por lo que Alice alzó una ceja.
—Define «bien».
—Estuvo bien, Alice —explicó ella—. Mi padre está a salvo, tendrá que guardar reposo.
—Me alegro —replica la niña, con una gran sonrisa—. ¿Y Edward?
—Ha sido una buena compañía.
Alice sabía que podía sonsacarle cualquier cosa a quien quisiera, pero suponía que nada demasiado interesante había pasado entre Edward y Bella. A juzgar por la expresión de la muchacha y por la relación tensa que ella y su hermano seguían compartiendo, las cosas parecían no haber cambiado después del viaje. Sin embargo, eso no tenía por qué ser un estado definitivo. La pequeña se encargaría de modificar esa horrible relación indefinida, aunque tuviera que hacer las cosas menos pensadas.
Un disco que la misma Alice había grabado de su ordenador reposaba sobre el equipo de música y le dio una pequeña idea para comenzar con su plan, por lo que corrió hasta allí. Bella se encontraba lo suficientemente lenta como para preguntar algo antes que la pequeña ya hubiese alcanzado lo que deseaba. Cuando presionó el botón para que la canción que quería comenzara, se volvió hacia Bella.
—Escucha —pidió la pequeña, con una gran sonrisa—. Es de mi banda favorita.
—¿Tú banda favorita? —preguntó Bella poniéndose de pie y cogiendo la caja del disco, con una mueca casi despectiva en su rostro.
—No quiero correr, pero cada vez que estás a mi alrededor me siento más viva que nunca… —cantó Alice. Hizo una pausa, mientras la voz de la cantante seguía sonando de fondo—. Quizás eres demasiado joven…
Mientras la canción seguía sonando, la pequeña sintió una penetrante mirada sobre ella. Los ojos de Bella la estudiaban con cierta suspicacia, habiendo captado el obvio mensaje que intentaba darle.
—Y no quiero hacer que esto se vaya…
—Alice, déjalo —pidió Bella—. No va a funcionar.
De alguna forma, la turbada expresión en el rostro de su niñera le dijo a la pequeña que funcionaría en algún punto. Quizás no de manera directa, pero todo empujoncito colaboraba a unir más a aquella particular pareja.
—Llévatelo —pidió la pequeña y prácticamente la obligó a coger el disco.
Bella, a regañadientes, cogió la caja.
La joven Swan se fue a casa después de un tenso almuerzo. Rosalie parecía querer abofetear a Bella o algo por el estilo, mientras Emmett dejaba un brazo por sus hombros, sólo por si acaso. Edward estaba también formando parte de la escena, fulminando con la mirada constantemente a la novia de su amigo y pasando por completo de Jasper. Los señores Cullen no entendían muy bien a qué se debía la tensión en el ambiente.
Oh, sí, había sido una comida encantadora.
La pequeña se encargó de ayudar a las mujeres con la mesa y fue testigo presencial de aquel extraño juego de miraditas que intercambiaban su hermano y su novio. Con una sensación en el pecho que rozaba la furia, decidió que necesitaba hacer algo urgentemente con ese asunto.
Cuando los invitados dejaron la casa, lo primero que hizo fue coger a su hermano de la manga de la chaqueta y llevarlo escaleras arriba. Edward no opuso resistencia, porque probablemente sabía cuál sería el tema de conversación. De hecho, la pequeña creía también que era muy probable que el joven Cullen se hubiese dado cuenta de su idiota actitud. Miraba a Jasper de mala manera, se mantenía callado y extrañamente serio; pero algo en su expresión decía que él la estaba pasando tan mal como todos los demás con aquella pelea.
Edward se sentó en la cama de su hermana y observó a la pequeña con una expresión que parecía de aburrimiento. Sin embargo, Alice no se dejó engañar por eso. Conocía lo suficiente a su hermano como para saber cuán bueno era ocultando sus emociones.
—Tú sabes que necesitas arreglar las cosas —le espetó la pequeña, poniendo la manos en sus caderas.
Edward ladeó la cabeza.
—No hay nada que hacer, Alice —murmuró—. No puedo evitar estar molesto.
La pequeña suspiró, sabiendo que aquello sería todo menos fácil.
—Vamos, Edward, ¿cuántas veces te ha ayudado Jasper? —el muchacho no respondió, por lo que su hermana prosiguió—: Él siempre ha estado para ti cuando tuviste algún problema amoroso, cuando querías conseguir a alguna chica, cuando necesitabas huir… Jasper nunca te ha abandonado.
—Eso no justifica que él me haya ocultado lo vuestro —intervino Edward—. ¡Si tanta confianza me tiene, podría habérmelo contado!
—Las cosas no son tan sencillas —susurró la pequeña, agachando la cabeza—, por eso lo hemos ocultado.
—¿A qué te refieres con eso de que las cosas no son tan sencillas? —preguntó el joven Cullen, con un tono de impaciencia en su voz—. ¿Por qué no dijisteis nada?
—Porque no sabemos que será de nosotros —la voz de la pequeña sonaba decaída, tan triste como se sentía.
—¿Qué?, ¿por qué?
—Porque Jasper ha conseguido la beca en Harvard que tanto quería —explicó la niña sepulcralmente—. Debe irse a Massachusetts el año entrante.
Edward parecía realmente sorprendido cuando Alice soltó aquellas dolorosas palabras. El joven Cullen debía estar al tanto de los planes de su amigo de convertirse en un prestigioso abogado, mas la pequeña podía apostar que no tenía ni idea que, de hecho, Jasper había conseguido la primer parte de su propósito: obtener una beca en una de las universidades más prestigiosas del país.
Después de aquella conversación, todo había quedado lo suficientemente tenso como para siquiera seguir discutiendo sobre ello. Edward se había retirado a su habitación, alegando estar bastante cansado, y Alice había decidido telefonear a Jasper y contarle la reciente conversación con su hermano. Después de todo, la pequeña había soltado un secreto que los involucraba a ambos y creía que él también debía saberlo.
Fue hacia la noche cuando las cosas tomaron un giro inesperado en casa de los Cullen. Esme había ido a realizar unas rápidas compras para la semana, acompañada de Carlisle, aprovechando su único día libre. Edward había estado encerrado en su habitación toda la tarde, mientras la pequeña había utilizado el tiempo libre para realizar deberes y tareas que debía presentar. Estaba leyendo el libro de texto de historia, cuando el timbre de la casa sonó. La muchachita corrió alegremente, pensando en recibir a sus padres con un gran abrazo, mas se sorprendió al encontrarse a una sola figura tras la puerta. Una figura alta, rubia y con adorables ojos celestes.
—¡Jazz! —exclamó, saltando a sus brazos—. ¿Qué haces aquí?
—Quería hablar con Edward —respondió seriamente.
Alice sonrió ante la caballerosidad y valentía que el joven siempre presentaba.
—Lo llamaré.
Alice cumplió con su promesa y cogió a su hermano de improviso por segunda vez en el día. El muchacho, que estaba escuchando música acostado en su cama, se limitó a caminar tras ella y Alice pudo ver la sorpresa cuando se encontró con Jasper, sentado en el sofá del living. La pequeña se sentó junto al rubio, mientras Edward ocupaba un puesto individual.
—Alice te lo ha dicho…
El joven Cullen asintió en silencio.
—¿Qué piensas hacer? —preguntó Edward.
—He estado comiéndome la cabeza en estos días y quizás sea una solución algo drástica pero… —la voz del joven Hale se fue apagando levemente.
Miró a Alice y la pequeña cogió su mano, incitándolo a continuar. Cualquier solución que Jasper hallara iba a parecerle bien; él siempre había sido una persona sensata y confiable, dispuesta a resolver los problemas con inteligencia y exceso de sentido común. Ella le hubiese confiado su vida, porque sabía que Jasper no dudaría en protegerla a conciencia.
—Quiero comprometerme con Alice.
Edward se puso de pie violentamente, mientras los ojos de Alice se abrían de par en par.
De todas las soluciones, no esperaba aquella. Sin embargo, cuando aquellos hermosos ojos claros se posaron en los suyos, no pudo evitar sonreír ampliamente.
Después de todo, era Jasper. Siempre sería Jasper.
…
LadyC se toma sus momentos para volver al mundo real, después de haberse hecho una siesta sobre el teclado…
¡Hola! Otro shock, lo sé, pero todo tiene un motivo. Alice dará sus explicaciones en el capítulo siguiente. Quiero decir, no es como si fuera normal aceptar un compromiso a esa edad, pero bueno… después de todo son Alice y Jasper jaja.
Como siempre, agradezco infinitamente por los reviews. ¡Dios santo!, ¡más de dos mil! Se los juro, nunca había tenido tantos en una historia y es total y completamente gratificante. No podrían haberme hecho más feliz, de verdad. Por cierto, gracias también a Sol, por la idea de incorporar la oportuna letra de Adore de Paramore —es la canción que Alice le muestra a Bella, y la que ella menciona es Ava Adore, un temazo de los Smashing Pumpkins.
Para Pamelita, que me pidió que le avisara cuando actualizaba: tu mail no salió porque FF no permite agregar direcciones en los reviews y mensajes. Te voy a pedir que por favor me agregues vos a mí (mi mail está en mi perfil) y yo encantada te enviaré los avisos de las actualizaciones, ¿si?
Disculpen la extensión XL de esto, pero les recuerdo que me hecho una cuenta alternativa en FF (MissLibertine, el link está en mi perfil), donde estoy incrusionando en otros fandoms como Vampire Knight, The Vampire Diaries, entre otros. Me encantaría que se dieran una pasada por ahí y me dijeran que tal, porque son todos oneshots pero quizás en algún momento podría surgir algo más.
En fin, espero que tengan unas geniales pascuas. Coman mucho chocolate, disfruten en familia y pásenla muy bien. Espero ansiosamente sus comentarios sobre el capítulo.
Me voy a dormir un poco. ¡Nos leemos prontito!
LadyC.
