Hola a Todos!
Bueno… antes de que me maten, me aniquilen y todo eso les diré que…. Sí, me tarde titanidaaaaaaaades en publicar este capítulo. ¡Más de 4 meses! Ni yo misma me lo creo que me haya demorado tanto! Pero… tuve un graaaan bloqueo, sumado con las clases, exámenes cada dos meses y clases y más clases junto con montonales de deberes… eso le quita los ánimos a cualquiera jajaja pero, en verdad lo lamento –se pone a llorar- no sabía que me demoraría tanto. Cuando me acorde del cap que aún no había escrito casi me da un ataque! No tenía nada escrito y pues me puse a escribir allí mismo, pero no se me ocurría como poner el final de este cap, si poner igual que en la novela o no, pero bueno… aquí está el resultado final. Pero ya falta poco para el capítulo final y el gran final feliz wajajaja.
Advertencias: Ninguna… creo… un poco más de drama jaja
Disclaimer: Hetalia no me pertenece, al igual que el dorama Boys Before Flowers
Espero que disfruten de este capítulo y muchas gracias por sus reviews, me hicieron que aunque sea tarde, escribiera este capítulo con todo mi amor para ustedes! :D
A leer 3
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Recordar duele, mucho más cuando esa persona a la que creíste haber perdido esta frente a tus ojos. No podía mas, sus ojos comenzaron a nublarse y su garganta tenía un nudo sofocante. Cayó de rodillas alarmando a su mayordomo. Y allí estaba frente a él. La persona por la cual habia sufrido y habia sacrificado parte de su felicidad, su padre. Su puño golpeo con fuerza el mármol frio del piso al sentir las lágrimas caer.
-¡Joven amo!- sonó alarmado el mayordomo, acercándose al rubio para ayudarlo a ponerse de pie, pero este lo aparto de un manotazo
-¡No me toques!- gruño enojado. Se levantó tambaleándose con la vista fija en un solo punto, su papa. No podía verlo, no quería hacerlo. Mordió su labio inferior con fuerza mientras soltaba un pequeño sollozo nuevamente y se giraba para salir de allí lo más rápido posible. En ese momento, la mano antes inerte se movió.
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Un suspiro más se escuchó en la gigantesca habitación donde el joven de ojos celestes leía tranquilamente, intentando pasar el tiempo con algo para no recordar a cierto oji-esmeralda. Pero parecía ser imposible, los recuerdos lo invadían, su mente estaba distraída de las letras pequeñas de aquel libro que parecía enciclopedia. Un libro en su idioma natal, que habia sido de su madre. Pasó las hojas algo aburrido y allí lo encontró. Una foto. Llena de recuerdos inolvidables para él. Allí estaba la foto que se habían tomado el y Arthur vestidos de novios, parecía una boda real, y apenas veía esa imagen recordaba todo lo sucedido ese día. Rio levemente y giro a ver al sillón que estaba a su lado. Y allí estaba el, durmiendo tranquilamente junto a su hijo. Estiro su brazo, quería tocarlo, y abrazarlo, pero en ese instante desapareció. El inglés no se encontraba allí, el sillón estaba vacío.
Solto otro suspiro, y dejo el libro a un lado y subió la mano hasta el anillo que colgaba en la cadena de su cuello. Ese anillo que por generaciones habia pasado hasta caer en sus manos. Y nuevamente los recuerdos de él se le venían a la mente. Bufo frustrado y sin nada más que hacer encendió la television que habia en la habitación. Miro con desinterés la pantalla plana sin saber exactamente que ver, pero ahí, en aquel canal de noticias internacionales al cual de vez en cuando ponía atención, sus ojos pudieron ver aquello obres esmeralda, cejas gruesas y cabellos rubios que tanto amaba. Arthur estaba allí. Sus ojos se abrieron como platos. Podía ver al hombre que tanto habia extrañado ahí, salia tras la señora a la que habían estado investigando. Fue un breve momento pero lo vio, estaba seguro.
-Hoy estamos aquí en Watchet, Inglaterra, un pueblo costero muy tranquilo donde…- habia dejado de escuchar. Rápidamente cogió un papel de su libreta y escribió el lugar donde reportaban aquella noticia. Tenía que encontrarlo, y también tenía que avisare a Alfred
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Elizabetha tomo aire profundamente antes de tocar aquella alta puerta de roble que la separaba de su hermano. Desde el día en el que se habia enterado de lo de su padre, el estadounidense habia empeorado su actitud. Paso a la habitación encontrando allí a su hermano vestido para salir.-Alfred…. Voy a ver a papa ¿quieres venir conmigo?
-No, no iré- gruño de mal humor, saliendo de su habitación, dejando a Elizabetha allí sin saber qué hacer. Bajo las escaleras de caracol con desgano, pero su expresión cambio a una enojada al momento que vio allí a su madre entrando junto a su grupo de guardaespaldas
-Hijo… ven a hablar con mama- lo llamo algo afligida y cansada. Desvió la mirada de los ojos azules de Alfred y continuo su camino hasta su oficina, pero algo la detuvo
-¿Mama?- esas palabras salieron como burla de los labios del americano. La presidenta giro para verlo con duda sin entender. En ese momento Elizabetha salió del cuarto, encontrándose con aquella escena, observándola desde lejos. -¿Realmente pensaste tan solo una vez en ser mi mama?- sus palabras eran frías, cada una parecía una daga afilada que se clavaba en el ser de aquella mujer que tenía en frente.- ¿Por qué no dejas por una vez tu acto de ser madre? No te queda, presidenta Jones- gruño en burla, con una sonrisa que a ambas mujeres les erizo la piel.
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-No me interesa- dijo seriamente mientras lanzaba una de sus cartas a la mesa de centro. Sus ojos fríamente se posaron el los celestes del hombre que estaba al frente suyo y sintió la mirada sorprendida de todos sobre sí.
-¿Qué?- casi grito Gilbert, dejando todas sus cartas en la mesa por la impresión.
-Si vas a ir, ve por tu cuenta- gruño nuevamente el del mechón anti gravedad, solto un bufido al ver como sus tres amigos lo veían con sorpresa.
-Alfred Jones- reclamo el francés con el ceño fruncido al escuchar la respuesta del americano
-Alfred, ¿hablas en serio? No seas así, ve y visítalo una vez- pidió Antonio mirándolo preocupado al momento que acunaba a su pequeña en sus brazos para dormirla. Lovino estaba en el trabajo, y el como buen padre responsable y cariñoso debía cuidarla.
-¡He dicho que no estoy interesado!- grito enojado, no quería hablar de eso, quería olvidarlo de una vez por todas
-Te preguntare una vez más, ¿Estás seguro?- Alfred suspiro profundamente antes de mirar al mayor con molestia.
-Si tanto lo extrañas ve- Francis chasqueo la lengua molesto ante esa respuesta tan cortante del estadounidense.
-Entonces me iré primero. Si vas o no vas, haz lo que quieras- salio de allí dando un portazo, dejando sin habla a los otros dos integrantes del BF4. Definitivamente ese problema iba de mal a peor.
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Ambos hombres soltaron un largo suspiro a la vez. El de ojos carmesí miro de reojo a su amigo, estaba deprimido y de mal animo desde que habían salido de su casa hacia aquel sauna al que le habia recomendado para que se relajara un poco y no se tense mucho con todos los problemas que estaba teniendo.
-En tiempos como estos ¿no es cuando más los necesitas a tu lado?-pregunto mirando al americano con preocupación pero también con determinación de convencerlo de que vaya a buscar a Arthur
-¿Qué voy a hacer trayéndolos de vuelta? No hay nada que pueda prometerles ¿Prometer que siempre los cuidare, que nada malo les pasara a mi lado, que los hare reír siempre? He perdido la confianza en mantener ese tipo de promesas- dijo con la cabeza gacha, sus puños estaban apretados al igual que sus dientes, hablar de ese tema aun le dolía
-Alfred…- susurro mirándolo preocupado por la actitud tan depresiva que emanaba
-El hecho de que yo sea el hijo de esa clase de persona… el hecho de que yo sea miembro de esa clase de familia… si yo odio tanto todo esto… ¿Cómo piensas que se sentirá el?- solto un suspiro ahogado para luego sonreir tristemente, una sonrisa forzada -Con todo lo que ha tenido ya que soportar, estoy seguro de que realmente lo odiara
-¡Es por Arthur, por lo que la situación puede ser diferente!-reclamo con enojo ante la terquedad de su amigo. El entendía como Alfred se sentía, el habia pasado por una situación casi igual.
-Esa es incluso una razón más… porque son las personas a las que amo. Eso es por lo que ahora no va a ocurrir más…
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¿Cuánto tiempo habia pasado ya? No lo sabía con exactitud, quizás días, semanas, meses… habia perdido la cuenta del tiempo exacto. Se sentía cansado, eso no lo dudaba. Levantarse temprano todos los días, despertar a los demás y ayudar a su madre con el desayuno y arreglar la casa para luego alistar a su hermano y a su hijo para mandarlos al colegio y guardería respectivamente. Cuando volvía, desayunar y enseguida ir a trabajar y estudiar en casa para continuar el colegio a distancia. Era una rutina cansada sin duda, pero era el precio que debía pagar para que su hijo y sus seres queridos estén a salvo.
Suspiro largamente milésima vez en el día. El cielo ese día estaba nublado, como casi todos los anteriores, y el invierno se estaba acercando a la ciudad costera, haciendo que la producción bajara enormemente en los últimos días. El trabajo aumentaba cada día al igual que las ganas de tener un descanso de una vez por todas. El reloj marcaba que en 5 minutos seria hora de regresar a casa al fin después de tanto trabajo para almorzar y luego regresar a lo mismo.
-Arthur…ya vámonos- llamo su madre con una pequeña sonrisa mientras recogía las cosas del trabajo con toda la paciencia del mundo.
-Está bien…- otro suspiro salio desde el fondo de su alma ante lo agotado que se encontraba, le dolía todo el cuerpo. Espero a que su madre estuviese lista para caminar de vuelta a casa y de paso ir recogiendo a Adam y Peter de la escuela. Llegaron frente a un edificio pequeño de colores llamativos pero paredes algo gastadas, con un enorme patio de juegos donde allí vieron a ambos niños jugando animadamente por el patio, Peter corriendo mientras Adam intentaba seguirle el paso sin lograrlo muy bien. Ambos al ver que ya habían llegado a verlos corrieron hacia ambos adultos. Adam corrió y se abrazó a la pierna de Arthur con alegría.
-¡Mami!- grito sonriendo mientras miraba con sus ojos azules a su madre.
-Siempre se tardan en venirnos a ver- se quejó el mayor de los niños con los brazos cruzados en un puchero.
-Perdón amor, pero debemos trabajar- sonrio la jovial mujer agarrando de la mano a su hijo mientras Arthur alzaba a Adam y lo acurrucaba en sus brazos, sonriendo con energía, ver a su hijo feliz siempre lo animaba.
-¿Cómo te fue hoy?- pregunto acariciando el rostro del pequeño con cariño, Adam solto una pequeña risa y se abrazó más a su mama.
-Muy bien, pero siempre te extraño mummy- se quejó haciendo un pequeño pucherito, pero después sonriendo radiante. Arthur sonrio, definitivamente su hijo era la única persona que podía mejorar su ánimo en cualquier situación. En poco tiempo llegaron a la pequeña casa donde vivían. Entraron y Arthur dejo a su hijo sobre el sillón de la pequeña sala de estar mientras iba a cambiarse de ropa a una más limpia y cómoda. El pequeño se froto los ojitos cansado, y dio un largo bostezo.
-Me parece que alguien tiene sueño- rio su abuela acercándose a él y acunándolo en sus brazos con cariño.
-Abuelita… ¿mami está bien?- pregunto el menor mirando a la mujer con un poco de tristeza
-¿Porque lo dices peque?- Lo miro sin entender a qué venia su pregunta
-Parece deprimido… aunque siempre sonríe para mí, sé que mami esta triste- la voz del menor salió entrecortado y triste, aun se le dificultaba un poco hablar. La mujer solto una pequeña risa y le revolvió el cabello.
-Tu mami está bien, pero ya sabes que siempre ha sido un malhumorado- sonrio para no preocupar al bebe, ella sabía lo que le pasaba a su hijo, y lo entendía, pero no pensaba que un pequeño de apenas un año y medio pueda saber lo que pasaba, pero ese niño era inteligente.
-¿En verdad?- sonrio felizmente, el pequeño sintió menos un peso de encima, muchas veces en verdad se habia sentido el culpable del mal estar de Arthur, y un estorbo, pero el saber que su madre no sentía eso lo aliviaba. Cerro sus ojitos ligeramente, pero al escuchar a su mama salir de su habitación los abrió nuevamente y sonrio mirando a su progenitor
-¡Mami!- grito felizmente estirando sus bracitos hacia el mayor.
-Ven aquí- Arthur lo cargo en sus brazos y le dio un pequeño beso en la frente. Adam se abrazó a su cuello y bostezo nuevamente,
-Tengo sueño…. ¿Puedo dormir?- pregunto mirando al británico con una pequeña sonrisa. Arthur sonrió ligeramente, y asintió.
-Por supuesto pequeño- le beso la mejillita mientras lo llevaba a su habitación para acostarlo en la pequeña cama que ambos compartían. Al instante el pequeño cayó en brazos de Morfeo. Arthur cerró las cortinas de la habitación y apago las luces para que el menor descansara mejor y salio de allí al escuchar como alguien golpeaba la puerta de su casa insistentemente. Al salir su madre abrió la puerta, encontrándose allí al grupo de mujeres que trabajaban junto a ella en el pequeño mercado.
-¿Qué pasa?- pregunto la mujer con duda al ver los rostros enojados de aquellas señoras
-¿Qué pasa? Eso es lo que queremos preguntarte a ti- gruño una de ellas frunciendo el ceño
-¿Eh?- su madre no sabía de qué hablaban las mujeres, y él tampoco lo sabía. Por todo el ajetreo Peter también salio de la casa mirando extrañado la escena.
-¿Dime que es esto Kirkland?-una de las mujeres saco una revista de su bolso y la abrió en la página principal donde había una gran foto y el anuncio del matrimonio de Alfred Jones con Amelia Jones.- Mi hija dijo que ella se iba a casar con el joven Jones
-¿Acaso te burlas de nosotras?- casi grito una de las 9 mujeres allí paradas en el patio de su casa.
-Esa es una noticia vieja- Aclaro Peter en defensa a su madre, no le gustaba que esas mujeres la traten así.
-¿Es así?- tartamudeo una de ellas parpadeando seguidamente al momento que todas dejaban de hacer bulla y quejarse, y ponían atención a las palabras del niño
-Entonces tu si vas a ser el…- intento decir la más vieja de las señoras señalando a Arthur, pero fue interrumpida
-No es así… yo no tengo nada con Alfred- confeso con algo de dolor, definitivamente aun no lo superaba.
-Nos engañaron- grito furica una de las mujeres mientras las demás se ponían a gritar y protestar recriminándoles el engaño cometido
-Páguenos todo lo que nos deben- tal como si fuese una huelga, las mujeres parecían dispuestas a matarlos si no les pagaban todo el dinero que ellas les habían prestado para sobrevivir
-No tenemos el dinero- intento apaciguar el fuego el británico, pero esto causo más furia en las mujeres, que no se quedaron de brazos cruzados
-Entonces nos llevaremos todo- gruño una mientras las otras iba a coger lo primero que encontraban en el pequeño patio de la casa, intentando entrar al interior a pesar de que Arthur y su madre les impedían el paso. Una revuelta completa se armó en ese instante, como una guerra, pero toda guerra tiene un fin.
-Yo pagare todo- un escalofrió recorrió toda la espina dorsal del inglés al escuchar esa voz. Todo el estruendo paro y las mujeres voltearon a mirar al dueño de aquella voz quedando embelesadas ante aquel hombre.
-¿Quién es él?- murmuro una de ellas con los ojos brillosos, no podía creer que alguien así existiera, y la luz del atardecer hacia a aquel hombre verse aún más guapo de lo que era
-¿Quién eres?- pregunto la mujer más vieja de todas mirándolo con una sonrisa como si hace unos momentos ella no hubiese participado en el brutal saqueo
-Francis Bonnefoy- ese nombre cayó como un balde de agua helada sobre el británico. Sintió que su corazón se detenía y la respiración se le paraba. Esos ojos celestes se dirigieron a los suyos mirándolo con ternura que no entendía
-Francis…- ¿Cómo lo había encontrado? No lo sabía, pero quizás si el habría descubierto su paradero, los demás también ya lo sabían.
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-Que chico tan guapo- hablaban las mujeres con los ojos brillantes al ver a aquel hombre, todas llevaban en sus manos un cheque firmado por el francés que pagaba cierta cantidad de dinero a cada una. Eran felices, y mucho más al ver a aquel hombre. Todas salían de allí, disculpándose con los Kirkland y murmurando sobre el misterioso hombre.
-Obviamente será el próximo presidente de los Estados Unidos- lanzo un gritito una de las chicas mientras se iba de allí junto a dos más, sin darse cuenta de que justo por esa calle paseaba un hombre de aura obscura y misterioso.
-Próximo presidente….- el corazón del hombre se detuvo durante breves segundos. Esas palabras resonaron en su mente y sus puños se apretaron fuertemente. Ese sería su objetivo, al fin había aparecido la persona que tanto había buscado, aquel que había destruido su vida. No moriría solo.
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Un fuerte estruendo se escuchó en la sala de estar de la gigantesca mansión victoriana ubicada en uno de los vecindarios más seguros y tranquilos de Washington DC.
-¿Qué ya saben dónde está Arthur?- casi grito un italiano sorprendido que habia dejado caer su plato de pasta por la impresión
-Sí, Francis lo encontró- aseguro su noticia el español mientras se agachaba junto al menor a recoger lo que habia regado.- deberías tener más cuidado, estos platos son caros- el italiano no hizo caso a sus reclamos al escuchar el llanto de su pequeña que se habia despertado por el ruido. Fue a la habitación de la bebe, que era gigantesca, pintada de un rosa pastel y con grandes ventanales de cristal que daban vista al hermoso jardín de la mansión. Casi todo el cuarto de Isabella estaba lleno de juguetes y tenía un armario gigantesco lleno de ropa que superaban en número a las suyas. Esa niña apenas tenía 2 meses de nacida y ya estaba llena de lujos. Hablando de lujos… se habia enterado hace apenas una semana que su hermano estaba embarazado. Casi lo mata y de paso castra al macho patatas, pero se contuvo solo porque Antonio logro convencerlo, además del hecho de que se iban a casar apenas naciera él bebe, ya que su hermano quería tener las fotos del matrimonio junto a su bebe. Bueno… no es que el no haya pensado en casarse, pero aun no discutía el tema con el español, pero prácticamente ya estaba viviendo en su casa. Bueno, dejando de lado el tema, la noticia del día era que habían encontrado a Arthur.
-Ese bastardo francés- murmuro mientras cogía a la pequeña en brazos para calmarla.
-Oye, no hablas así enfrente de Isabella- le reclamo en tono divertido el español, provocándole un escalofrió en la espalda, ya que no sabía que estaba allí
-Yo hablare como quiera- se quejó mirándolo con enojo fingido
-La pobre va a tener tu vocabulario de grande si hablas así- ambos soltaron una pequeña risa y la bebe al ver a sus padres así también se rio un poco, dejando de llorar completamente
-No me importa…-bufo para después soltar una pequeña risa al ver el puchero en el rostro del español.- por cierto… ¿dónde está Arthur?- pregunto al caer en cuenta de que Antonio no le habia dicho ese pequeño detalle
-En Watchet, Inglaterra- contesto mientras acariciaba la cabecita con cortos y sedosos cabellos castaños rojizos de su hija.
-Sabía que ese hombre no se quedaría en América- murmuro el italiano mientras salia de la habitación seguido por el español, que veía de reojo
-Fue muy difícil encontrarlo- suspiro con algo de cansancio, meciendo a la pequeña Isa en sus brazos para que se durmiera, pero parecía que iba a ser imposible, pues la pequeña se había despertado con sus energías al 100%
-¿Y Alfred lo sabe?- pregunto tragando saliva algo tenso el italiano, todo lo que estaba pasando parecía sacado de una novela dramática (que de hecho lo es).
-Sí, pero no quiso ir, solo fue Francis- contesto de cuenta nueva el de cabello castaño, tomando asiento en uno de los suaves y esponjosos sillones de la sala de estar en el ala principal de la mansión.
-¿Qué le pasa a ese bastardo?- gruño Lovino enojado, tomando asiento a lado del padre de su hija con una mueca de disgusto en su rostro. No podía creer que ese bastardo que tanto había sufrido por Arthur ahora que sabe dónde está, se niegue a ir. Era muy estúpido.
-No lo sé… ni yo mismo ya no entiendo que es lo que le pasa a Alfred- nadie sabía. Nadie podía comprender que era lo que pasaba por la mente del estadounidense, pero no podían meterse en ese asunto, ya tenían mucho con sus propios problemas como para ir a estar metidos en la vida de otras personas.
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Miro al horizonte con nostalgia. Sentía tristeza en su interior, no sabía porque. Dio un largo suspiro y miro de reojo al hombre que estaba a su lado admirando el tranquilo mar desde aquel muelle como él.
-¿Cómo me encontraste?- pregunto el británico sin entender como el francés había dado con su paradero.
-Sentí el llamado- murmuro con una ligera sonrisa al ver parpadear seguidamente al menor por no entender a que se refería.-La campana de incendios me indicaba que Arthur estaba en problemas.- Arthur soltó una risa amarga, en verdad no lo entendía.
-Cómo es posible que puedas hacer eso.- lo miro a los ojos, los esmeraldas estaban húmedos, como si quisiera llorar. En ese instante sentía un nudo en la garganta que presentía nunca se quitaría.- has hecho mucho por mi Francis- las miradas de ambos chocaron intensamente. El mayor lo cogió delicadamente de los hombros, mirándolo directamente.
-Pero tú me has dado mas- respondió con una ligera sonrisa, logrando que el británico también esbozara una. Ambos soltaron una pequeña risa, sus rostros estaban tan cerca que apenas milímetros los separaban, podían sentir el aliento del otro y sus frentes estaban juntas, ambos mirándose el uno al otro con un ligero brillo en sus ojos. Francis se separó lentamente del menor y soltó una pequeña risa nuevamente. Sentía que la tensión entre ellos se había cortado. Comenzaron a caminar, sin rumbo alguno, simplemente disfrutando de la presencia del otro, sin saber que a lo lejos, un par de ojos azules los observaba atentamente.
-Y… ¿Cómo está el abuelo?- pregunto el británico luego de que estuvieran varios minutos sin hablar de ningún tema.
-Bien. Sigue trabajando… supongo que lo hará hasta que colapse nuevamente- rio el francés recordando la terquedad de su abuelo.
-Ya sabes cómo es el- soltó una risa el británico, el también sabia hasta cual extremo llegaba el mayor por su trabajo. De repente el francés paro su marcha. El menor paro igualmente sin entender por qué Francis se detenía allí, pero vio como dirigía las manos a su cuello, tenía una cadena. La zafó y la puso en la mano del inglés. Arthur lo miro sin comprender, y al abrir su mano, vio allí un anillo brillante de plata, tenía iniciales talladas con una fecha, el anillo tenía varios detalles hermosos como los pequeños diamantes que lo adornaban.
-El abuelo me dio esto- explico al británico, que lo miraba sin entender. Mi abuela se lo dio a mi madre,- el británico abrió los ojos como platos ante aquella declaración, ese anillo debía ser muy importante para el francés.
-Francis…- susurro sin entender a qué venia todo eso.
-Yo… no sé cuándo comencé a sentir esto, pero, no puedo vivir sin ti- declaro con la mirada clavada en el anaranjado atardecer. Arthur miro nuevamente el anillo, pero sentía que aquello no era para él. Apretó la joya en su mano y con dolor se lo entrego nuevamente al francés, que lo veía atónito.
-Perdón… yo no puedo aceptarlo- soltó con un profundo dolor en el pecho.
-Arthur…- el francés miro como los ojos del menor comenzaban a humedecerse con preocupación.
-Me prometí a mí mismo que iba a olvidarlo, que lo iba a sacar de mi vida.- dio una larga bocanada de aire antes de continuar, sentía que no podía respirar por el nudo que se había formado en su garganta.- creí que lo había olvidado…. Sin embargo… no es así. Ese estúpido americano come hamburguesas sigue clavado en mi…- agarro su collar, aquel que Alfred le había regalado hace ya más de un año y medio.- No me veo dispuesto a quitarme esto… no puedo sacar a Alfred de mi corazón- las lágrimas habían comenzado a caer inconscientemente seguidas de una risa amarga- No puedo dejarlo ir… no puedo separar a Alfred de mi- Francis suspiro profundamente, sabía que eso pasaría, porque, desde hace mucho tiempo se había dado cuenta de que así intentara conquistar el corazón del inglés, nunca podría sacar a Alfred de allí.- Lo siento… lo siento Francis.- nuevamente una pequeña sonrisa volvió a surcar su rostro. Abrazo al menor, no quería que llorara.
-Está bien…. Arhie, está bien- sonrió limpiando las lágrimas de su rostro y besando con cariño su frente.
Soltó un largo suspiro mientras caía sobre el volante del auto a peso muerto, mirando aun aquella escena. Sentía furia, pero al mismo tiempo resignación. Se acomodó sus lentes con frustración mientras seguía observando desde lejos todo… tal vez sería tiempo de dejarlo ser feliz… no importaba si era a su lado o no… solo quería que Arthur y Adam sean felices.
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Se sentó sobre el césped húmedo, apoyándose en el tronco viejo de aquel árbol. No tenía que hacer allí. Lo había decidido. Dejar ir a Arthur de una vez por todas, por mucho que le doliera, pensaba que era lo mejor. No quería que Arthur este con alguien que era hijo de una mujer que casi mata a su propio esposo por chantajearlo a él y ocultar la verdad. Entonces un viejo recuerdo inundo su mente. Un fragmento antiguo, una conversación con Francis que pensó que se quedaría en el pasado.
.-Flashback
- Arthur… ¿está bien?- pregunto bajando un poco la cabeza.
-Llego bien a casa…- contesto el galo tranquilamente. Alfred se mordió el labio inferior tratando de contener su dolor.
-¿Y…y él bebe?- pregunto con algo de temor, sabía que no se merecía ni siquiera preguntar sobre su bebe después de todo el daño que le había hecho a Arthur.
-Se mantiene estable… al principio se puso muy mal, pero ya está bien- dijo mirando a Alfred de reojo.
-Yo les he causado mucho daño a los dos… pero…pero todo es por esa bruja- dijo apretando los puños con fuerza- Francis…por favor, si yo no estoy, cuida de Arthur y de mi hijo…te lo pido…
.-Fin del Flashback
Tal vez… ya sea hora de dejárselo a él- susurro para sí mismo tras soltar un largo suspiro entrecortado por el nudo que se había formado en su garganta. Escuchó un pequeño ruido cerca de él por lo cual volteo a ver, notando allí a un hombre de apariencia desgastada caminando de lado a lado, murmurando para sí mismo.
No voy a morir… no voy a morir solo- murmuraba el hombre apretando los puños y con una sonrisa algo sádica en su rostro. Los ojos de aquel hombre se abrieron enormemente al ver a unos metros de distancia al francés caminando con lentitud hacia la calle desolada por donde estaban, que daba a un pequeño parque del pueblo. El hombre corrió cuesta arriba rápidamente hacia donde estaba su carro aparcado, y encendió el motor para esperar su gran momento.
Alfred noto que el galo se encontraba a unos pocos metros lejos de allí, caminaba cabizbajo y con tranquilidad. Dio un largo suspiro nuevamente, tenía que decirle su decisión a Francis.
Se levantó con algo de pereza del suelo y entonces sus ojos se abrieron al más no poder al ver una escena que prontamente seria trágica ante sus ojos. Francis estaba por cruzar la calle, caminando tranquilamente ajeno a lo que pasaba. A lo lejos podía ver el carro a toda velocidad corriendo hacia el francés, quien a ese momento estaba caminando en medio de la calle.
¡NOOO!- dio un grito desgarrador corriendo hacia el francés, quien al escucharlo cayo en cuenta de la situación, el auto estaba a poca distancia de él. Sintió un fuerte empujón y luego el sonido de un golpe ensordecedor.
Alfred lo empujo, y Francis cayó en el asfalto. Un fuerte golpe lo hizo y rodo encima del auto. Sintió el fuerte golpe contra el asfalto y a Francis mirándolo con horror, entonces, todo se volvió negro.
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Y bien… aquí termina este poco awesome capitulo. Alfred solo esta inconsciente, no muerto… pero si no hubiese salvado a Francis el si estuviera muerto O.O esperemos que se despierte pronto y que sea una razón para que Arthur deje todo su orgullo de lado, al igual que Alfred y estén juntos. Y tal como ven, ya todos saben del paradero de Arthur. ¿Regresara Arthur a Estados Unidos? ¿Estará nuevamente la pareja UsUk justa y feliz? ¿Se enterara la bruja (mama de Alfred) sobre el accidente de su hijo?
Eso y más lo descubran en el próximo capítulo! Que para que no se angustien con la tardanza hoy mismo me pondré a escribirlo!
Dejen reviews para moi, me hace muy feliz leerlos y ver que cada vez más esta historia tiene más favoritos y seguidores :D
Hasta la Pasta! 3
