Capitulo XXI: El orgullo de una leona (Editado)

Hermione regresó a Hogwarts dividida por varios sentimientos contradictorios. Ese día había sido tan largo... Pero creía haber obrado bien con Ben y con Malfoy.

Sobre todo con Malfoy, pensó con satisfacción. Cada vez que recordaba la cara de perplejidad en el rostro del Slytherin no podía evitar sonreír maliciosamente. Le había puesto en su sitio, le había rechazado ella a él, una sangre sucia a un poderoso sangre pura. Sintió una punzada de irritación al saber que él jamás habría valorado siquiera la posibilidad de que ella pudiera rechazarle, aunque Hermione debía de reconocer que era probable que ella también tuviera algo de culpa y no sólo su insoportable vanidad. Hasta ahora en muy pocas ocasiones había tenido fuerzas para resistirse a él, a pesar de saber que consentir sus besos, desearlos suponía una terrible traición a todo en lo que creía y a todos a quienes quería. Ella siempre era lógica, racional y analítica, menos con él. Era como si Draco Malfoy sacará una parte de ella que desconocía, su parte pasional, pulsional, instintiva. Una parte de ella que mantenía casi siempre reprimida bajo el peso de las convenciones, las normas, los deberes y los principios. Una parte que la hacía vulnerable, que la asustaba, y que deseaba desesperadamente controlar.

Y esa tarde lo había conseguido. Pero no porque hubiera superado sus sentimientos hacia Malfoy sino porque había estado demasiado enfadada para dejarse llevar por ellos. Estaba enamorada de él pero no era tonta y tenía dignidad. Sabiendo que le había dado una lección a Draco Malfoy, Hermione sintió rugir en su interior su orgullo de leona.

—Hermione —la llamó Ginny cuando la chica entró en la Sala común —¿Estás bien? ¿Dónde has estado?

Hermione salió de sus pensamientos al escuchar la voz de la pelirroja, y mirando en su dirección descubrió a la chica sentada con Harry y Ron en una mesa cerca de la chimenea. Tenía demasiadas cosas en la cabeza como para sentarse a hablar con ellos, pero les debía una explicación y además tarde o temprano se enterarían de que ya no estaba con Ben y quería que lo supieran por ella, así que suspirando se acercó a ellos.

—Estoy bien, creo —respondió dejándose caer sobre una silla de madera al lado de Ron, el cual, ni siquiera se digno a mirarla.

—Pero ¿qué ha pasado? —insistió Ginny mirándola con preocupación —Desapareciste después de comer y ni siquiera viniste a la cena.

—Lo siento, lo olvidé —se disculpó ella frotándose el puente de la nariz —Tengo algo que contaros.

Por el rabillo del ojo, Hermione percibió que Ron la miraba furtivamente.

—Ben y yo hemos roto —explicó brevemente.

Se hizo un silencio inmediato en el que todos la miraban con interrogación, aunque a decir verdad Ron sonreía de oreja a oreja y ya no parecía nada hostil.

—Vaya —dijo Harry y Hermione supo que se sentía incómodo porqué estaba preocupado y quería darle unas palabras de aliento pero no sabía qué decirle.

—Pero... ¿qué ha ocurrido? —preguntó Ginny con la boca abierta por la sorpresa.

—Seguramente Hermione se ha dado cuenta de estaba perdiendo el tiempo con el bobalicón o se ha cansado de tener que hablarle a gritos —terció Ron con malicia.

Hermione le miró fríamente.

—¿Así que ahora te dignas a hablarme de nuevo, Ronald? —le preguntó secamente y levantándose, se marchó a su habitación sin despedirse de nadie. Abrió la puerta de su cuarto esperando encontrar tranquilidad para pensar y poder estar sola, pero Parvati y Lavender estaban sentadas en una cama hablando por lo bajo y soltando risitas. Se callaron de inmediato cuando Hermione entró pero Lavender le sonrió de oreja a oreja, como si estuviera muy feliz de verla. Hermione rogó en silencio porque no le hiciera otro de sus profundos interrogatorios acerca de su relación con Ben, porque ese día se sentía más proclive a lanzarle una maldición imperdonable que a hablar con ella sobre sus sentimientos.

—¡Mioni! —exclamó Lavender muy risueña mientras se acercaba a Hermione y enlazaba un brazo con el de ella —Al fin has aparecido...estaban todos muy preocupados por ti, pero yo les dije que no lo hicieran, estoy segura de que te has pasado todo el día con Ben —le guiñó un ojo con aire cómplice y tiró de Hermione para arrastrarla hasta su cama. Hermione se resistió todo lo disimuladamente que pudo, pero finalmente acabó sentada en la cama junto a Parvati, y Lavender se colocó de inmediato a su otro lado para cortarle la retirada.

—De todos modos, ha estado muy mal por tu parte preocupar a tus amigos así —la regañó Lavender en tono dulce como si fuera una madre bondadosa riñendo a su hijito travieso —Ro-Ro y yo también estamos muy enamorados pero no nos vamos por ahí sin decir nada...

—Lavender.. .—musitó Parvati lanzando una mirada furtiva a Hermione tras la que notó que la castaña estaba apunto de romperle la nariz a su amiga.

—No la defiendas, Vati —prosiguió Lavender ignorándola —Y eso que tú no sabes lo que es estar enamorada... pero eso no es motivo para comportarse de esa manera tan egoísta. Tampoco es tan difícil decir que volvería tarde, aunque a decir verdad, Hermione, no te lo tomes a mal pero he notado que últimamente nos prestas muy poca atención a tus amigos y…

—Cállate—masculló Hermione poniéndose en pie. ¿Ella se atrevía a llamarla egoísta? ¿Ella le echaba en cara que prestaba poca atención a sus amigos? ¿La misma que se pegaba a la boca de Ron como una lapa e ignoraba al resto del mundo? ¿La misma que jamás se había preocupado por ella? Eso era el colmo.

—¿Cómo dices? —preguntó Lavender boquiabierta.

—He dicho que te calles —repitió Hermione muy lentamente, estaba harta de Lavender y su manía de meterse en vidas ajenas, cotillear y encima creerse con el derecho de aconsejar o regañarla —Tú no tienes ni idea de por qué he venido tarde pero dudo mucho que hayas estado preocupada por mí, y además, lo que haga o deje de hacer no es asunto tuyo y no tengo por qué darte ninguna explicación ni informarte de qué es lo que hago y con quién. Para que lo sepas, porque sin duda tarde o temprano te enterarás, Ben y yo lo hemos dejado, y ahora me voy a ir a mi cama y me voy a acostar, sin interrupciones —fulminó con la mirada a Lavender que abrió la boca para hablar —Y no te preocupes, correré el dosel para que podáis cotillear sobre mi con toda tranquilidad.

Y dicho esto, procedió a hacer lo que había dicho y corrió las cortinas de su cama con fiereza. Lo último que oyó antes de aplastarse la almohada sobre la cabeza fue un murmullo furtivo de Lavender.

—Pobrecilla... es comprensible que esté así, seguramente lo hace para no derrumbarse. Se veía venir que Ben iba a dejarla.

Hermione soltó un sonoro bufido y se dio media vuelta en la cama para darles la espalda a sus dos compañeras, y entonces se topó con un peluche con forma de flor, que le susurró un "eres genial" con voz apagada. Al oírlo, Hermione se sintió inmensamente culpable. ¿Cómo estaría ahora Ben? Nunca había querido hacerle daño, pero lo más probable es que inconscientemente le hubiera utilizado para tratar de olvidar a Draco. Lo que se negaba a pensar es que había estado con él tan sólo por esa razón. Sentía algo por Ben aunque sólo fuera amistad y afecto, mezclado con algo de atracción. Quizás antes de "conocer" a Draco eso hubiera sido suficiente, pero después de él, no lo era claramente. Ya antes de que Draco la hubiera besado esa tarde en el pasillo de Hogwarts, Hermione no se sentía muy segura de su relación. Con Ben todo iba bien pero... faltaba algo. De todos modos, nunca debería haber aceptado salir con él. Le había dado ilusiones tan sólo para luego romperle el corazón y lo peor, es que en el fondo de ella, siempre había estado segura de que ni estando con él olvidaría a Draco. Pero como una tonta había querido creer que eso era posible y el resultado era que le había hecho daño a la persona que mejor la había tratado nunca. Se había dejado querer, sin dar nada a cambio. Había sido una egoísta.

Después pensó en Draco Malfoy y se vio obligada a repetirse a sí misma que había hecho lo correcto esa tarde. Una vez en frío y pasado el enfado inicial, su resolución no era tan fuerte y no se sentía tan segura de que debía haberle rechazado. La verdad es que se moría de ganas de estar con él pero no en esas circunstancias, se aseguró duramente.

Él sólo le ofrecía unos cuantos besos a escondidas, de una boca compartida con media docena de chicas. Por todos era sabido que tenía éxito con las chicas y Hermione misma le había visto con varias. Ni siquiera en el periodo de tiempo en el que estuviera con ella, por muy corto que fuera, le seria fiel. Y ella no podría soportar la idea de que no lo fuera.

Si tenía algo con él sería tan sólo una más, otra chica más en la lista de conquistas de Draco Malfoy. Y Hermione era demasiado digna e inteligente como para resignarse, como para conformarse con eso. No quería engañarse, Draco no era el tipo de persona que se enamoraba y era fiel. Y ella no era el tipo de muchacha ilusa e inepta que inútilmente creía que podría cambiarlo.

No se rebajaría a ser una más de sus conquistas, no se dejaría manejar por él como había hecho hasta ahora. Había conseguido que rompiera con Ben con facilidad y le había arrancado una confesión de sus sentimientos. Ya había cedido demasiado terreno.

Draco era peligroso. Y cuando la besaba, a veces ni siquiera su orgullo era suficiente para protegerla de él. Nada lo era.

Pero algún rincón perdido de su inconsciente no podía evitar preguntarse po rqué las cosas debían ser así. Por mil razones, se dijo con fría lógica. Porqué él era un Slytherin y por si fuera poco un Malfoy. Provenía de un linaje de magos de sangre pura con cierta tendencia a las artes oscuras y a despreciar a los muggles y los sangre sucia, cosa que ella era. Y su padre era un mortifago. Era muy probable que Draco siguiera sus pasos algún día.

Además sus mejores amigos le odiaban, y justamente a decir verdad. Se había ganado a pulso cada gota del odio que Ron y sobre todo Harry le tenían. Por su culpa, o con su colaboración, habían estado a punto de ser expulsados docenas de veces. Había sido cruel con ellos, y con Neville, y con Luna... y con ella misma.

Estar con él, significaba renunciar a sus amigos si algún día lo descubrían. ¿Iba a arriesgar sus amistades, iba a decepcionar a su casa, sólo por alguien que ni siquiera la quería?

Porque Hermione sabía que Draco no estaba enamorado de ella. Nunca podría estarlo porque ella era una sangre sucia. Todo lo que podría suscitarle era tal vez atracción. Pero la atracción se acababa, en cambio lo que ella sentía por él, no.

¿Qué sentido tenía convertirse en una traidora a todos a quienes quería, a todo en lo que creía, por estar con alguien que no la quería y que tarde o temprano la dejaría con el corazón roto?

Hacía mucho tiempo que había ignorado a su razón. Y tal vez fuera hora de que le hiciera caso. Por su bien, por el de todos, debía mantenerse alejada de Draco Malfoy.


Hermione recordaría el día siguiente como uno de los más incómodos de su vida. Había bajado a desayunar con Harry, Ginny y Neville, y más tarde se le habían unido Ro-Ro, Lavender y Parvati. Cada uno de ellos se había comportado de una manera diferente con ella.

Harry se veía a todas luces incómodo pues Hermione intuía, que en su papel de amigo, sentía que debía hacer algo por consolarla, pero a él nunca se le habían dado bien todo lo que tenía que ver con sentimientos. Ginny, en cambio, se había pasado toda la mañana intentando hablar con ella con cierto grado de intimidad para tratar de averiguar que había pasado entre ella y Ben. "Pero si se os veía genial", no paraba de decirle con extrañeza. Hermione había respondido con evasivas y aprovechaba cualquier silencio para cambiar de tema.

Era evidente que Neville era el único que aún no se había enterado de lo ocurrido, pues miraba a todos con confusión cada vez que hacían algún tipo de comentario relacionado con eso o que se instauraba un silencio incómodo. Se notaba que quería preguntar que sucedía pero no se atrevía a hacerlo. De todos modos con Lavender y Parvati cotilleando y cuchicheando con escaso disimulo cerca, Hermione estaba segura de que Neville no tardaría mucho en enterarse. Sus compañeras de cuarto no paraban de susurrarse cosas al oído mirando de reojo a Hermione como si tuvieran miedo de que de un momento a otro se fuera a romper en pedazos.

Pero el que más irritaba de todos a la castaña era Ron. De repente se mostraba muy amigable con ella, quizás demasiado, hasta el punto de resultar pesado. Trataba de hablar con normalidad y bromear sobre cualquier cosa como si no se hubiera pasado las últimas dos semanas sin dirigirle la palabra. Hermione sospechaba que trataba de compensarla así por el tiempo que había estado enfadado, pero la chica estaba demasiado molesta todavía. Que el enfado se le hubiera pasado a Ron, no significaba que por ello tuviera que pasársele a ella automáticamente.

Y en otras mesas estaban Draco... y Ben. Hermione podía sentir la mirada de los dos fija en ella mientras desayunaba y charlaba con sus amigos. Y si alguna vez se aventuraba a devolverle la mirada a Draco, encontraba en él una mueca de muda rabia muy evidente que la hacía sonreír y ponerse nerviosa a partes iguales. Sabía que debía echar chispas porque ella le hubiera rechazado.

Y Ben... Ben la miraba con tanta melancolía y tristeza que a Hermione se le ablandaba el corazón y sentía ganas de abrazarlo. Parecía un cachorrito abandonado a pesar de su gran tamaño. Hermione advirtió que estaba sentado a un lado de Luna la cual observaba la mermelada verde turquesa que tenía en frente con el ceño fruncido y murmuraba algo que consiguió que Ben dejara de mirar a la Gryffindor por unos instantes y sonriera levemente. Una idea pasó como una estrella fugaz por la mente de Hermione pero la olvidó cuando miró el reloj y vio la hora. Se puso de pie tan bruscamente que su copa llena de zumo de calabaza se tambaleó unos instantes.

—Daos prisa —dijo recogiendo su mochila —o llegaremos tarde a Transformaciones.

—"Peo" si aún "fatan" "cico" "minotos" —dijo Ron con la boca llena de huevos revueltos con bacon.

Hermione le miró fríamente echado su mochila al hombro.

—Tú haz lo que quieras, Ronald, yo voy yendo —replicó y acto seguido salió del comedor con la cabeza bien alta y aire ofendido.

Obviamente, fue la primera en llegar la clase de Transformaciones y esperó sentada bullendo en silenciosa indignación mientras el resto de los compañeros aparecían. En esa clase, la profesora McGonagall les explicó la transformación de un ser vivo en otro. Como Hermione fue la primera en lograr que su canario se transformara en un armadillo, se dedicó a observar a sus compañeros y comprobó que Ben tenía bastantes dificultades. El caparazón de su armadillo estaba lleno de plumas de amarillo brillante y todavía cantaba como un canario. Al final de la clase, Ben parecía bastante desanimado y por si fuera poco, los comentarios hirientes de Malfoy acerca de su habilidad como mago no debían ayudar mucho a su autoestima. Malfoy se había pasado la clase murmurando por lo bajo frases como "Tal vez al perder el oído perdió también el poco talento mágico que tenía" o "Está claro que sólo le permitieron llegar a séptimo para que siguiera jugando en el penoso equipo de quidditch de Ravenclaw" coreado por las estúpidas risitas de Pansy Parkison.

Hermione se ponía colorada de la rabia cada vez que escuchaba esos comentarios, pero Ben sólo parecía hundirse más y más en la depresión. Cuando al fin acabó la clase, Hermione salió corriendo detrás de Ben y de paso, empujó a Malfoy para quitarlo de en medio y le lanzó una mirada desdeñosa.

—Ben, espera —le llamó la chica. Ben se detuvo en seco al oír su voz, permaneció estático unos segundos y después se volvió lentamente con la vista clavada en el suelo. Hermione llegó hasta él y se mordió el labio inferior con culpabilidad al ver que Ben no la miraba.

—Ben, yo...sólo...bueno...ve-verás.. —comenzó retorciéndose las manos nerviosamente.

—Vaya, Granger, veo que se te ha pegado el tartamudeo de Dewey —dijo Malfoy con una mueca maliciosa al pasar al lado de Hermione y Ben —Menos mal que lo has dejado antes de que la cosa empeore.

Hermione pudo ver y casi sentir como Ben se encogía como si le hubieran dado un golpe. La Gryffindor se sintió hervir de ira y se volvió hacia a Malfoy con una sonrisa peligrosa en los labios.

—Malfoy —dijo —Tienes mala cara, ¿te han dado calabazas últimamente?

La chica observó con deleite cómo el Slytherin apretaba los puños y los labios con rabia, y la asesinaba con los ojos buscando algo que decir, pero antes de darle la oportunidad a replicar, Hermione se volvió de nuevo hacia Ben y le ignoró por completo.

—Ben, ¿podríamos hablar? —le preguntó suavemente. El Ravenclaw despegó los ojos del suelo para mirarla con un brillo de esperanza en los ojos que a Draco no le pasó desapercibido. ¿De qué quería hablar Granger con él? ¿Es que a acaso había decidido volver con ese imbécil?

Draco sintió como la boca se le llenaba de un sabor amargo cuando Dewey asintió y se alejó por el pasillo con Hermione Granger. Se quedó paralizado sintiendo como el pecho se le llenaba de una sensación incomoda que casi no le dejaba respirar. ¿Acaso eso era...angustia?

Demonios, no podría soportar que Hermione, su Hermione, volviera de nuevo con el imbécil de Dewey. No podría.


Aquí vuelvo con otro capitulo más. La verdad es que no me ha gustado mucho como me ha quedado pero es un capitulo de los que yo llamo de "transición". Hermione les ha dado cera a Ron, Lavender y Draco xD y ahora quiere hablar con Ben...¿será que quiere volver con él como teme Draco? Y vaya hachazo que le ha metido jajaja Muchas gracias por los reviews y el apoyo, y prometo que ahora intentaré colgar más seguido.

Os he añorado!

Con cariño, Dry.