Sobre el capi anterior: la frase significa"No puedo más". :)
Os dejo nuestro capítulo favorito (Wife & me).
Gracias por los comentarios.
Pd: espero con ansia vuestras impresiones.
Julio
Parte 1. Feliz cumpleaños, Regina.
-¿Crees que este le gustará?- Belle alzó el pequeño camisón rojo y lo miró con el ceño fruncido.
-No me entusiasma….
Llevaban una hora en una tienda de ropa interior de Towney. Primero habían ido a un sex shop que había tres calles más allá, pero no encontraron nada que pudiese gustarle a Regina. Así que optaron por algún pijama de esos pornos que usaba la morena.
Y es que el sábado era el cumpleaños de la mujer y le iban a preparar una fiesta sorpresa, así que querían hacerle un regalo entre las dos, algo que quedase gracioso. Por eso estaban buscando algo picante que le hiciese gracia, además de las mil chorradas que habían elegido a modo de decoración.
-Me siento rara regalándole a Regina algo tan…íntimo.- la castaña siguió pasando las perchas de las que colgaban multitud de picardías.
-Sabes que es un poco de broma por eso llevará una nota adjunta…
-Ya sé, ya sé…"46 y buenorra como ninguna", pero sigo sin verlo.- Belle sacó una prenda blanca de encaje del expositor- ¿Qué opinas?
-Demasiado angelical para Regina- fijó sus ojos en un camisón semi transparente azul oscuro con encaje negro en la zona del pecho y los tirantes. ¡Era perfecto!- Nos llevamos este.- se dio la vuelta y se digirió a la caja.
-¡Oh!- exclamó su amiga cuando vio de cerca la lencería- Creo que Regina con eso puesto podría matar de un infarto a cualquiera.
-¿Qué pasa que te molaría ver a la cosi con algo así?- Lo preguntó con sorna porque estaba segura de que Belle para nada pensaba en la morena en ese sentido.
-No, sólo quiero cumplir 46 años y estar la mitad de estupenda que está Regi.- Sonrió y observó como la dependienta envolvía en un delicado papel de seda el camisón. Seguro que le quedaría estupendo…tanto que le daría miedo verla con ello puesto. Sobre todo después del momento piscina, aquel en el que había sentido verdadera excitación sin que hiciese falta que interviniera ningún tipo de sueño húmedo. Aún se estremecía al recordar el tacto de la piel de Regina bajo sus dedos, la manera en que ésta había gemido y en las palabras que le había dicho. Las cuales no entendió pero que le resultaron endemoniadamente sexys, tanto que se tuvo que lanzar a la piscina para aplacar sus instintos.
Cuando salieron de la tienda, se fijaron en que ya era hora de cenar, así que decidieron tomar algo por allí. Eligieron un restaurante hindú.
-Entonces,- comenzó a decir Belle tras tragar un trozo de pollo tika masala- ¿cómo la vamos a sacar de casa?
-Es algo que he estado pensando,- es que claro, la fiesta era en la mansión de la morena y tenían que preparar todo sin que se enterase- tengo que convencerla de que vaya a comprarse algo bonito para llevarnos a cenar.
-¿Y te va a hacer caso?- su amiga sorbió de la pajita que tenía puesta en su refresco.
-Siempre me hace caso- lo dijo con ciertos aires de superioridad.
-Ya, no sé cómo lo haces- Si la pobre Bellusqui supiese…le daría un infarto fulminante.-¿Crees que tendremos adornos suficientes?
-Hombre, a ver, si tenemos que decorar toda la casorrona que tiene, pues no. Pero si elegimos una habitación tendremos de sobra.- Se sirvió más comida al ver que el plato se le había quedado vacío.
-¿Le gustará la temática de Blancanieves? O sea, ¿no queda un poco infantil que llenemos todo de manzanas y guirnaldas con forma de corazón? ¡Y que encima le hagamos ponerse una corona!
-Le va a encantar, es como la reina de un cuento…- Así era su "cosi".
-Pero, Emms, la única reina del cuento de Blancanieves es la mala.-Es que claro, la otra chica no entendía el porqué del tema. Todo venía por el mensaje de felicitación de su cumpleaños, aquel que hablaba de la reina del corazón roto. Estaba segura de que Regina se percataría de ello.
-A ti te acojona así que a mí me vale la comparación- Belle intentó mirarla con indignación pero sólo consiguió que se riese a carcajada limpia.
Mientras masticaba hizo un repaso mental de todas las cosas que habían comprado por si les faltaba algo, ya que no quería dejar ningún cabo suelto. Para cenar ella iba a hacer pasta y unos aperitivos, de beber tendrían vino y habían encargado una tarta de chocolate y fresa. Después habría ron y ginebra. Como tonterías varias, le habían comprado una corona, una camiseta serigrafiada con una foto de las tres y Belle se iba a encargar de hacer una tarjeta de felicitación tamaño gigante.
Estaba segura de que le iba a encantar, porque no se lo iba a esperar, al igual que tampoco se esperaría lo que ella le tenía preparado para el día siguiente.
-¿Vamos a tomar una copa?- preguntó Belle una vez que pagaron la cuenta.
-¡Vale!- Se dirigieron a su local favorito de Towney, saludaron a la portera que ya las conocía y entraron a divertirse un rato.
Siempre se reía con Belle intentando apartarle las moscas, porque cuando estaba serena lo hacía de una forma seria y realista, pero con unas copas encima había veces que la cogía y se ponía a bailar con ella. Y lo de bailar no era lo suyo, así que al final nadie acaba creyendo la historia de que eran una pareja súper enamorada. Ya lo mejor era cuando la castaña se ponía sobre protectora y la cogía de la cintura como si fuese su tesoro. Esta Bellugollum…
Cuando salieron del pub ya eran las 3 de la mañana. Como estaban cansadas de estar tanto tiempo de pie, se sentaron un rato en un bordillo antes de emprender el camino hacia sus respectivos autos.
-¿Quieres que llamemos a la cosi?- La idea se le ocurrió al revisar los últimos mensajes que tenía de Regina.
-Vale- Belle parecía emocionada con la idea.- Pero ¿estará durmiendo?
-No creo, es como un murciélago- dijo mientras marcaba.
-¿Hola?-bueno, a decir verdad, por la voz de Regina parecía que la habían despertado.
-¡Hola, cosa bonita!- contestó entusiasmada.
-¿Ocurre algo?- la morena sonaba preocupada.
-No, es que estamos Bellusqui y yo en Towney y nos hemos acordado de ti.- Belle sonrió asintiendo cuando la miró.-Mira, que te la paso.
-¡Hola, Regi!- la castaña puso una voz angelical. El rostro contento de la chica pasó a denotar pánico en unos segundos-Mejor será que hables tú con ella- le devolvió el móvil mientras susurraba.
-¿Qué pasa?-le preguntó a la morena, extrañada por la reacción de la otra joven.
-Que creo que no son horas de que me llaméis, porque por si no os habéis dado cuenta son las 3 de la madrugada y yo mañana trabajo.
-Pero…-intentó replicar.
-No, escúchame, si creéis que tengo que estar disponible para vosotras cada vez que os salga de las narices llamarme, os podéis ir borrando esa idea de vuestros cerebritos. Si sales con tu amiga por Towney, estupendo, pero no me despiertes para soltarme una sarta de estupideces. Porque ¿acaso querías algo importante?
-No…-Joder, Regina estaba utilizando ese tono de mala leche que hacía temblar a todo el mundo y tampoco creía que la cosa fuese para tanto. Más de una vez la había llamado a horas más intempestivas.
-Pues que os lo paséis bien. Adiós.- el pitido indicó que la morena había colgado.
-Tiene un genio…-suspiró.
-Y tú que creías que no le iba a molestar- dijo Belle. Y es que nunca le molestaba pero claro, estaba en Towney, un jueves, a las tantas…y no le había dicho que iba a ir a ese lugar que tanto odiaba. A saber que paranoias se estaría montando…-¿Estás segura de que el sábado no nos va a comer por hacerle una fiesta sorpresa?
-No, mañana lo arreglo. Pero tú no la llames, por si acaso.- la otra joven tragó saliva a la vez que asentía.
Después del mal trago que había supuesto la llamada decidieron irse a dormir. El viernes sería un día intenso, sobre todo para ella. Sonrió al pensar en su día siguiente, estaba emocionada por ello.
Vale, estaba nerviosa. Nerviosa porque no sabía cómo iba a reaccionar Regina al verla, no después de la bronca que le había echado esa madrugada.
Al mirarse en el espejo del ascensor, mientras llegaba a la planta de la oficina de la morena, se alegró de haberse vestido de una manera sencilla. Porque hoy quería ser simplemente ella, sin florituras. La Emma Swan de los vaqueros y las nadadoras, la Emma que había planificado un día que creía que iba a ser perfecto, la Emma de Regina…
Caminó decidida por el pasillo que le llevaba al despacho de su "cosi", aunque en el fondo estaba asustada, porque estaba entusiasmada pero temía que Regina rechazase su oferta debido al incidente que habían tenido.
Sidney no estaba en su mesa y lo prefirió. Esa mujer no le gustaba, creía que tenía más interés en Regina del que mostraba.
Llamó un par de veces hasta que escuchó un "adelante".
-Hola…-asomó cautelosamente la cabeza por la puerta. Notó la sorpresa en los ojos de la morena, pero que rápidamente cambió a una expresión seria. Genial, seguía enfadada.
-¿Qué pasa?- preguntó cruzándose de brazos a la vez que se echaba hacia atrás en su sillón.
-He venido para que comamos juntas.- Regina consultó su reloj.
-Está bien.- estaba seria pero lo menos no le había costado convencerla. La morena se levantó y comenzó a recoger los papeles de su mesa.-¿Dónde quieres que vayamos?- le preguntó quitándose las gafas y metiéndolas en una funda.
-Ahora lo verás…-respondió tímidamente. Ahora la mujer sí que la miró a la vez que entornaba los ojos.-y…¿podrías tomarte la tarde libre?
-¿Para qué?- se metió las manos en los bolsillos traseros, se sentía cohibida ante la actitud de Regina, la cual distaba mucho de ser amable.
-He preparado algo…
-¿Y eso por qué?
-Porque quiero que tengas el mejor cumpleaños de tu vida y mañana hemos quedado con Belle, así que quería que lo celebrásemos las dos solas.-Sonrió suavemente, pero su sonrisa se amplió al ver como la morena la miraba tiernamente.
-Está bien, supongo que podré hacerlo.- Regina se acercó al perchero y cogió la americana de color hueso y solapas negras, la cuales conjuntaban con su vestido de escote redondo.-Sidney ha salido a almorzar así que luego llamaré- dijo la morena a la vez que salía del despacho. Ella la siguió.
Caminó detrás de ella hasta el ascensor. Quería aparentar serenidad, pero en realidad estaba muy contenta porque hubiese resultado tan fácil hacer que la Mills la acompañase.
Cuando la mujer fue a tocar el botón que llevaba al parking, ella se adelantó y pulsó el de la planta baja.
-Hoy vamos en mi trasto- dijo a modo de explicación.
-De acuerdo, hoy soy toda tuya Swan.-sonrió con satisfacción ante el comentario, aunque la mujer lo había dicho con cierta perversión.
Para su suerte, durante el camino, Regina no insistió demasiado para que le contase qué era lo que tenía preparado. Pero cuando aparcó, la morena se bajó del coche extrañada.
-¿Qué hacemos en el hotel de la fiesta de la empresa?- Ella sólo sonrió y la guió hasta el ascensor. Pulsó la última planta.
-Aprovechar la comida que ganamos.
-Ya, pero el restaurante está abajo ¿por qué le das a la planta de los salones?
-Ahora lo verás…-estaba muy orgullosa de lo que había conseguido negociando un poco con la gerencia del sitio, claro que había insinuado que tenía un gran relación con la señora Mills. Cuando llegaron al piso indicado, giró a la derecha y dejó pasar primero a Regina. La sala que tenía vistas al skyline de Storybrooke y al mar era toda para ellas. Aquella en la que bailaron y se pusieron las pulseras.
-¡Oh, Dios mío! – exclamó la mujer fijándose en el lugar.
Tenía que reconocer que habían hecho un buen trabajo, porque la mesa situada en el centro de la estancia estaba perfectamente decorada. Mantel rojo, un par de velas blancas, cubertería y vajilla elegante, y algunos pétalos de rosas entre las copas. Una botella de vino las esperaba en un cubo con hielo.
La mesa y el sofá en el que se sentaron en la velada de la fiesta eran los únicos muebles de la estancia. Eso le gustaba, así el espectacular paisaje era el único protagonista.
Sirvió las copas mientras Regina permanecía absorta mirando por el cristal. Cuando la mujer se volvió, se percató de que ésta estaba emocionada. Tenía los ojos acuosos.
-Emma…esto…esto es…
-Lo que te mereces- le extendió un recipiente repleto de brillante líquido púrpura. La morena sonrió y lo cató.
-Mmmm…no sabía que te había enseñado a elegir tan buenos vinos.
-Puede que haya consultado algunas cosas en intenet- le guiñó un ojo a la mujer que se sonrojó ligeramente. Después apartó una silla y le indicó que tomara asiento. Regina colgó la chaqueta en el respaldo y le hizo caso. Parecía un poco abrumada.
-Emma, no tengo palabras, de verdad.- Cogió una de las manos de la morena, una vez que ella también se sentó.
-Quiero que hoy sea un día especial para ti.
-Desde que llegaste a mi vida, todos y cada uno de los días han sido especiales. Te quiero, Emma Swan.
-Yo también te quiero.- separó sus ojos de la mirada oscura cuando el camarero apareció para servirles el almuerzo.
Había elegido un menú variado, con todas las cosas que sabía que le gustaban a Regina. Mientras comían charlaron animadamente de varios asuntos, regalándose gestos de cariño a la mínima oportunidad.
Algo le estaba avisando de que hoy estaba perdiendo un poco el control, estaba más atenta que nunca con la morena y no se cortaba en absoluto a la hora manifestarle a ésta sus sentimientos.
-Estoy llenísima- manifestó Regina echándose hacia atrás y poniéndose las manos en el estómago.
-¿No quieres probar mi mousse?- Puso ojos de cachorrito a la vez que extendía una cuchara llena del postre hacia su acompañante. Ésta alzó una ceja y sonrió de medio lado, después se acercó hacia el cubierto y pasó los labios delicadamente por él para degustar la crema. Le pareció lo más sexy que había visto en toda su existencia, porque además Regina le estaba dedicando una mirada cargada de intención. Tragó con dificultad.
Después de esto, la morena se levantó y se cruzó de brazos mirando hacia fuera. Ella se permitió contemplarle la espalda, se fijó en cómo el vestido le acentuaba su estupenda figura y sin remedio acabó posando los ojos sobre el trasero que se insinuaba bajo la prenda.¡Maldito pilates!
Sí, estaba perdiendo el control.
Se puso en pie y se colocó detrás de Regina. Apoyó la cabeza sobre su hombro.
-¿En qué piensas?- preguntó suavemente.
-En que soy la persona más afortunada de la tierra.
-¿Por qué?- comenzaba a sentirse embriagada por la cercanía y el perfume de Regina.
-Porque no todos tenemos una segunda oportunidad.
-¿Oportunidad?- no sabía a lo que se refería.
-De amar desde lo más profundo del alma.- Casi por acto reflejo se puso frente a la morena y la estrechó entre sus brazos. No creía que jamás pudiese llegar a querer tanto a nadie más, no como en esos momentos quería a esa mujer que había llegado a su vida por casualidad.
Intentó pensar en la línea del no retorno mientras sentía el cuerpo menudo pegado al suyo. Pero es que los sentimientos que Regina le provocaba conseguían invadirla sin remedio. Cada día que pasaba necesitaba sentirla más cerca y eso le daba miedo. Porque sería tan fácil rendirse a sus encantos y no conformarse sólo con pequeños roces que acababan engrosando la bola de líos que era su relación. Pero no podía ser.
-¿Nos vamos?-preguntó mirando a los ojos oscuros.
-¿A dónde?
-Las sorpresas no han acabado.- La cogió de la mano y así fueron hasta el coche. Después pusieron rumbo hacia otros de los lugares que quería que fuesen especiales en ese día tan señalado.
[…]
Se fijó en cómo Regina se quitaba sus sandalias de tacón antes de adentrarse en la arena. Ella la imitó y enlazó de nuevo sus manos mientras caminaban hacia la orilla del mar.
-Nunca habíamos venido juntas a la playa- dijo mientras miraba como la brisa le movía sin cesar el pelo a la morena. Metieron los pies en el agua, la cual estaba helada. En aquella parte del país siempre estaba congelada.
-Me gusta el sonido de las olas, me resulta relajante.- Fueron dando un paseo todavía unidas por sus extremidades.
-¿Tienes ganas de que llegue el viaje?- preguntó observando el perfil de la mujer.
-Tengo ganas de estar contigo. Me da igual que sea aquí, en Los Ángeles o en otra galaxia.
-Podríamos irnos alguna vez las dos solas.- La cara de paz de Regina hacía que no pudiese apartar la vista de ella.
-¿Y qué le dirías a tus padres?- No percibió ningún tipo de reproche en su voz.
-Ya se me ocurrirá algo, pero me gustaría ver el mundo así.
-¿Así cómo?- los ojos oscuros se encontraron con los suyos.
-De tu mano.
-Te estás convirtiendo en una cursi, querida.- Soltó el agarre que la unía a Regina y se puso las manos en las caderas, no sin antes dejar sus sandalias en la arena.
-¿Me estás llamando cursi?- preguntó fingiendo indignación.
-Sólo te digo lo que eres.- Ante estas palabras cogió a Regina en brazos y se metió en el agua hasta las rodillas, se estaba mojando los pantalones pero merecía la pena por ver como la morena se aferraba a ella con todas sus fuerzas.
-Como me sueltes te mato.- Le advirtió la mujer.
-Puedo adentrarme más en el mar mientras te tengo así, entonces lo mismo te daría que te soltase o no.
-No serás capaz- dijo Regina mientras la fulminaba con la mirada. De pronto se dio cuenta de que sus rostros estaban a escasos centímetros el uno del otro.
-Esto es…romántico- comentó susurrando mientras pasaba los ojos de la cicatriz del labio a los pozos oscuros. Por suerte para ellas el oleaje no era muy fuerte porque empezaba a sentir como sus extremidades inferiores comenzaban a volverse de gelatina. Y es que ahora era consciente de los muslos y la cintura de Regina bajos sus manos.
-Sí…- contestó la mujer en el mismo tono.
-¿Por…por qué no me besas?- ¿Era esa su voz? ¿Acababa de pedirle a Regina que la besara? ¿Estaba loca? Pero si apenas era capaz de admitir que estaba enamorada ella, ¿cómo demonios iba a lidiar con la situación si la Mills cogía ahora y la besaba? Pero es que le extrañaba bastante que nunca lo hubiese hecho, que se contuviese constantemente.
-¿Cambiaría algo entre nosotras si lo hiciese? Porque después…- Asintió tragando saliva a duras penas, al parecer no era la única que se planteaba un "¿y después qué?" Volvió con cuidado hacia la orilla, la realidad tan abrumadora de lo que tenían le hizo dudar de sus fuerzas.
Recogieron sus respectivos zapatos, volvieron a unir sus manos y siguieron paseando en silencio.
¿Y si la besaba y se olvidaba de su asquerosa historia indefinida? Suspiró profundamente.
¿Cómo había llegado a esa situación? Esa en la que se estaba planteando si ponerse el mundo por montera y dar un paso más con aquella mujer, la que en aquellos momentos era lo más importante de su vida. Regina nunca se atrevería a ir más allá, se lo había dejado claro, pero ella podría hacerlo.
Se moría por hacerlo, por sumergirse en aquellos labios pintados de rojo, en aquella cicatriz colocada estratégicamente para hacer perder la cordura…Pero ¿y después?¿Qué pasaría después? Las dos parecían tener el mismo temor.
Pasearon durante largo rato, en silencio. Regina era un manto de serenidad, ella, en cambio, no podía dejar de pensar en el beso que no sabía si quería o no quería dar.
-No te tortures- dijo la morena interrumpiendo sus cavilaciones mientras la miraba dulcemente.
-¿Por qué?
-Emma, estás dándole vueltas a un gesto que no sabemos qué significaría si ocurriese. No lo hagas.- la mujer se puso de puntillas y le rozó la frente con los labios.- Y ahora vámonos a casa que el pobre Henry lleva todo el día sólo. -Estaba atónita por cómo Regina, a veces, conocía perfectamente lo que se le pasaba por la mente.
Insistió en llevar a la mujer a la mansión. Vale que era un rollo que al día siguiente tuviese que coger un taxi para ir a por su mercedes, pero es que no quería que se le torciese el plan nocturno ni un milímetro.
-Tengo que marcharme- dijo una vez que estaban en el porche blanco.
-¿No te quedas a cenar?- sintió una punzada de remordimiento al ver el reflejo de la tristeza en los ojos oscuros.
-No puedo…- se le daba tan bien hacerse la apenada cuando en realidad no lo estaba.
-¿No te puedes quedar un poco más?-rogó la mujer.
-No, lo siento.
-Pues…mañana nos vemos ¿no?
-Sí, hasta mañana Regina.- se dio la vuelta para volver a subirse a su trasto.
-Emma, espera- se giró otra vez.- Gracias por esta tarde.- la mujer se echó en sus brazos. Tras unos instantes se separó con una sonrisa.
-Hasta mañana…-Le estaba costando dejarla ahí con cara de corderito triste, pero es que el día todavía no había acabado y el teatro de que se iba era necesario.
Condujo unas dos manzanas más allá de la casa de Regina, hasta un bar de cartel naranja. Se bajó del coche y sacó la bolsa de deporte que llevaba en el maletero, después entró al local.
Era una locura lo que iba a hacer, iba a cambiarse de ropa, peinarse y maquillarse en el baño de un bar. Además tenía que darse prisa, porque en menos de 15 minutos tenía que estar recogiendo de nuevo a la morena si quería que llegasen a contemplar el atardecer.
Se puso el traje negro, se metió la camisa blanca por debajo de los pantalones, se anudó bien la corbata, se hizo la trenza, se pintó los labios de rojo intenso y se calzó los tacones , todo en nada de tiempo. Cuando salió del wc algunos de los clientes la miraron atónita.
Volvió de nuevo a la casa y aparcó el auto unos metros más allá, de manera que no se viese desde ninguna de las ventanas. Ahora tocaba hacer lo más complicado; tenía que abrir el garaje de Regina sin hacer ruido y sacar la ducatti en el más absoluto silencio. Esperaba que Henry no ladrase.
Por suerte lo consiguió. Llevó rodando la moto hasta justo enfrente de la entrada a la casa, después sacó las tres cosas que llevaba en el maletero y volvió medio corriendo. Puso dos de los objetos sobre la ducatti y luego, tras atusarse un poco el pelo, llamó al timbre con un ramo de rosas rojas en las manos.
Regina abrió con Henry entre los brazos.
-Pero...-dijo ésta.
-¿Creías que el día había acabado?- intercambió las flores por el perro- Coge la chaqueta- dijo al ver que ahora el vestido negro no era cubierto por nada.
-Pero…¿no me cambio?¿Voy con la misma ropa?
-No, vamos que no hay tiempo- la morena se encogió de hombros y se adentró en la mansión. Ella la siguió mientras acariciaba al cachorro.
Unos minutos después, Regina regresó al vestíbulo con la chaqueta y el bolso colgando de un brazo.
-Cielito, mami R y mami E se tienen que marchar. Pero te queremos mucho, mucho- después de que besara con efusividad al pequeño Henry salieron otra vez a la calle. Vio el horror en las facciones de la mujer cuando se fijó en los dos cascos que había sobre la moto.
-Oh, no, no, no , no…ni lo sueñes, Emma.
-Venga…sólo un paseo…te va a gustar…Mira, te he hecho un casco especial- le entregó a la morena el objeto. Era negro y a un lado, en dorado, llevaba un dibujo.
-¿Un cisne con una corona?- preguntó la Mills tras estudiar la ilustración. Ella asintió- No lo entiendo…
-Swan- se señaló ella misma-Queen- señaló a Regina.
-Guau…es genial. Precioso, de hecho.
-¿Te gusta? Preguntó emocionada.
-Me encanta, pero ni loca me voy a subir contigo a la moto. ¿El tuyo que lleva? – le mostró el dibujo plateado del símbolo del infinito en su casco de color rojo.
-Swan queen…infinito…¿me acompañas en mi viaje?- extendió la mano mientras ponía esa mirada que sabía que derretía a Regina sin remedio.
La morena resopló sonoramente.
-Como vayas muy deprisa, juro que me vengaré.- Estaba tan mona cuando ponía esa cara de amenaza.
-Venga sube, quejica- Ayudó a Regina a acomodarse adecuadamente, después ella se puso delante. Se sintió feliz ,de una manera que no sabía cómo explicarse, cuando sintió los brazos de la mujer aferrándose a su cintura.
Arrancó. Condujo por una ruta cercana al mar, no era una carretera muy transitada y permitía divisar perfectamente la costa. Aceleró un poco más al percatarse de que comenzaba a atardecer. Tenía que darse prisa.
La brisa en la cara, la sensación de Regina pegada a su cuerpo…¿podría existir algo mejor?
Subieron por una pendiente y después giró a la izquierda por un camino de grava que descendía hacia el sitio indicado. Un restaurante al pie de una playa privada, que tenía amplios sofás y sillones blancos, mesitas bajas y una privilegiada vista del horizonte.
-Hemos llegado- dijo bajándose de la ducatti y quitándose el casco. Regina la imitó.
-Esto es precioso- le dio la mano y bajaron por el sendero indicado por tablones de madera. Cuando dio su nombre al camarero, éste las sentó en un reservado, el cual consistía en una pérgola de madera oscura y tela blanca, con un sofá del mismo color y una pequeña mesa cuadrada delante.
Si miraban al frente, el atardecer las estaba esperando. Se sentaron y tanto ella como Regina se quedaron absortas en el espectáculo de colores que tenían delante. La llegada de una botella de champán y un par de copas, la hizo cambiar la mirada. Se encontró con los ojos oscuros.
Ella simplemente sonrió y sirvió la bebida.
-¿Brindamos?-preguntó alzando su copa. La morena asintió.
-Porque esto…nosotras…dure para siempre- En esos momentos no deseaba nada más- Por cierto- comenzó a decir la mujer- estás preciosa, Emma.
-¿Te gusta?- señaló su ropa.
-Estás sexy, elegante e incluso principesca. Un atuendo muy acertado dada la situación- Regina le guiñó el ojo. Se fijó en el perfil de la morena mientras esta bebía de su copa contemplando el atardecer.- Las vistas son espectaculares…
-Estoy totalmente de acuerdo- Y es que la Mills era preciosa, a sus casi 46 años, era la mujer más bella sobre la faz de la tierra. O al menos a ella se lo parecía.
Mientras se deleitaba con las perfectas facciones que envolvían a un ser humano todavía más perfecto, pensó en cómo había llegado a ese punto. Ese en el que le fascinaba observar a Regina, en el que adoraba tocarla y sentir el roce de su piel.
¿Por qué demonios tenía que ser todo tan complicado? No podía haberse enamorado de un chico de su edad, no. Ella había caído en las redes de una mujer que le doblaba la edad y estaba hasta el cuello metida en algo que nadie comprendería.
Recordó la advertencia de su padre, aquella sobre las "tonterías"…Y sintió un cierto pesar, porque David jamás sería comprensivo con ella de saber lo que estaba pasando. Suspiró.
-¿Qué te ocurre?- Regina le sonrió, mientras se apoyaba en el respaldo del sofá.
-¿Te he dicho alguna vez lo guapa que me pareces?- Cuando la mujer le puso una mano en la frente frunció el ceño-¿Qué haces?
-Ver si tienes fiebre, porque hoy estás de un meloso que no es normal.
-¿No te gusta?
-Me encanta. Me siento como una princesa, Emma.
-Es que eres una reina.
Cuando el camarero les trajo la carta, estaban cogidas de las manos.
Decidieron tomar algo ligero; un poco de marisco y unos canapés variados. En el almuerzo se habían puesto las botas, así que no tenían demasiada hambre.
Tras cenar se acomodaron mejor en el sofá. Pasó un brazo sobre los hombros de Regina y la atrajo hacia ella. La mujer se dejó hacer y se abrazó a su cintura.
-Me pasaría así toda la vida.- dijo la morena. Ella contestó dejando un beso en su cabeza.
Hicieron planes sobre el viaje en esa posición, aunque ella estaba un poco distante. Sólo podía pensar en las ganas que tenía de sentir los labios de Regina, de lo que le apetecía besarla, y de las consecuencias que ello conllevaría. Se intentó recordar aquella promesa que se hizo a sí misma, la no traspasar el punto de no retorno. Pero es que teniéndola entre sus brazos sentía que aquello era lo correcto, que si le estaba pasando era porque tenía que ser así.
Se disculpó para ir al baño, pero el sitio era lioso y acabó metida en el pasillo del personal, fue a darse la vuelta cuando escuchó algo que le hizo detenerse.
-¿Has visto a la rubia y la morena de la mesa tres?- decía un chico. No podía verle pero parecía ser joven.
-¿Las que están buenas?- contestó otro chico.
-Sí, yo creía que eran madre e hija y resulta que están enrolladas.
-¿En serio? Pues por la diferencia de edad no lo habría pensado. Hay gente para todo.
Sintió ganas de torcer la esquina y cantarles las cuarenta a esos dos imbéciles. Pero pensándolo bien, debería ignorar esos comentarios. El problema era que le afectaban.
Cuando regresó al reservado su actitud había cambiado. Ya no estaba tan a gusto, no cuando todos los camareros estaban cuchicheando sobre ellas.
Así que como ya era tarde le propuso a Regina que se marchasen, ésta pareció un poco confusa por sus repentinas prisas y como siempre se sintió culpable. Culpable porque la mujer no se merecía que cambiara de actitud cada vez que aparecía su gran preocupación acerca de lo que tenían y acerca de lo que pensasen los demás.
[…]
Una vez que llegaron a la mansión blanca, ayudó a Regina a bajarse de la moto.
-¿Estás bien?- le preguntó la mujer un poco desconcertada.
-Sí…- ¡Dios, no! Había pasado de pensar que lo que tenían era lo mejor que podía pasarle a querer irse a su casa a llorar bajo una manta. Y todo por las opiniones de unos desconocidos. Era una estúpida.
-Creo que me has dado el mejor cumpleaños de mi vida- La amplia sonrisa pintada en la cara de la morena la conmovió hasta límites insospechados. Así que la abrazó y se dejó embriagar una vez más por su perfume.
-Te quiero- susurró.
-Y yo a ti.- se separaron, ambas tenían los ojos ligeramente acuosos.
-Me llevo la moto, mañana vuelvo a por el coche y te llevo a por el tuyo.-Había pensado que eso era lo mejor, así Belle podría ir organizando algunas cosas.
-¿Y dónde la dejarás?
-En otra parte del garaje, no te preocupes.
-Vale- Regina la besó en la mejilla, agarró el casco negro con las dos manos y se volvió hacia la entrada de la casa.
Suspiró apenada, no entendía porqué siempre que se despedían después de una velada tan fantástica se le quedaba un mal sabor de boca. Bueno sí sabía porqué, pero mejor no darle vueltas porque cuando algo no podía ser, no podía ser.
Se subió de nuevo a la ducatti y aceleró. Pero en el proceso se fijó en la hora que marcaba su reloj de pulsera. Eran las 00:01. Ya era el cumpleaños de Regina. Así que dio la vuelta.
Derrapó frente a la mansión. Se quitó el casco y caminó decidida hacia la puerta blanca, donde Regina la miraba con cara de confusión y las llaves en la mano, el casco negro estaba a un lado, no le había dado ni tiempo a abrir.
-¿Se te ha olvidado algo?- le preguntó la mujer con un ligera sonrisa.
Sí, había algo que se le había olvidado. ¡A la mierda el mundo!
-Feliz cumpleaños, Regina- sujetó el casco con una mano y pasó la otra por detrás de la cabeza de la morena. Después acercó su rostro sin vacilar y la besó.
Unió con ternura sus labios a los de Regina. Ésta pareció quedarse estática unos segundos, pero después comenzó a responder el gesto. Sintió como las lágrimas hacían aparición. Al fin lo estaba haciendo…
Mientras se besaban con auténtica pasión , escuchó el sonido de una llaves contra el suelo.
No era un beso ansioso, pero sí uno que expresaba todo lo que sentían la una por la otra. Mientras sus labios bailaban al son de los de la morena, sólo podía pensar en que la quería, en que sencillamente estaba enamorada de ella, en que su corazón se aceleraba por esa mujer mientras mil mariposas revoloteaban por su estómago.
Tras unos minutos se separaron y se encontró con la visión más deliciosa que la vida le había dado. Regina permanecía con los ojos cerrados y la boca entreabierta.
Cuando la mirada oscura se encontró con la suya, sólo vio amor en el negro de aquellas pupilas. Le dolió el alma al percatarse de cómo la quería Regina Mills; tan profunda y desesperadamente…
Tragó con dificultad y sonrió ligeramente. Era hora de marcharse a casa.
Se giró con intención de regresar hacia la ducatti, pero una mano sobre su brazo la detuvo. Se volvió de nuevo y antes de poder reaccionar, unas manos en su cuello la volvieron a adentrar en otro beso.
Este era distinto al de antes, este expresaba la ansiedad de Regina. Cuando sintió la lengua de la morena pidiendo permiso, se aferró con su extremidad libre a la menuda cintura y cerró de un tirón la distancia entre sus cuerpos. Agarró con ansiedad la chaqueta de Regina. Quería fundirse con ella.
Ahora se sentía extasiada. Jamás nadie la había besado con tanto sentimiento, pero qué tonterías pensaba…nadie la había amado jamás como aquella mujer que devoraba sus labios con una ternura digna de admiración.
Pararon la danza cuando les faltó el aire.
-Creo que es mejor que te marches- dijo Regina pasando las manos por las solapas de su chaqueta.
-Sí…- estaba sin palabras, no sabía qué decir. Pero sí, la morena llevaba razón.
Fue rápidamente hacia la moto, se puso el casco por el camino y se subió a ella de un salto. Aceleró sin volverse a mirar a Regina.
Sí, quizás había sido una locura lo que habían hecho, pero le daba igual. La sensación de los labios de la Mills sobre los suyos era…era…simplemente perfecta.
¿Y mañana? Por una vez consiguió apartar ese pensamiento. Porque lo cierto es que en esos momentos, el mañana no le importaba en absoluto.
¿Opiniones? :)
