Disclaimer: Los personajes de Harry Potter no me pertenecen, evidentemente.

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¡Hola a todos/as! ¿Cómo están? Espero que bien. Yo personalmente muy feliz por sus amables y cálidos comentarios que me animan siempre a seguir mejorando, ¡gracias! De verdad, a todos/as por tenerlme paciencia y seguir aquí a éstas alturas. Mil, mil gracias, especialmente a: Lucia991, reia92, Guest, GabriellaGroff, Ayda Merodeadora, TeddyMellark, LilyScorfan, Euge, Julieta, AmJMatter, ania-coug, Alice Phantomhive011 y Testudine Black. Como prometido, he aquí el capítulo del día, que ojalá disfruten. Cualquier opinión y/o comentario es más que bienvenido =). ¡Nos vemos a besitos!


Aversión a primera vista


XXI

"En Dementores"


—Lily, si continúas con eso asfixiarás a James —la voz de su prima Rose la sacó de su estado de ensimismamiento.

Lily, percatándose de que –por enésima vez- estaba acariciando a su pequeño Micropuff magenta con más fuerza de la realmente necesaria, abrió las manos, bajando la mirada para ver al pobre animalito respirar exageradamente, su pelaje aplastado aquí y allá. Avergonzada, se disculpó —Lo siento James. Creo... que me distraje otra vez... —el pequeño Micropuff soltó un chillido en respuesta y saltó al hombro de su dueña, lejos de sus dedos y manos, que no parecía dejar quietos desde que habían ascendido al tren.

Su prima negó con la cabeza en señal de reprobación —Merlín sabrá pensando en qué. Dudo seriamente que sea en las TIMOs que debes rendir este año, por otro lado.

—Rose, las MHB son en Junio, a fin de año —puntualizó, irritada—. Todavía ni siquiera llegamos a Hogwarts.

—Aún así, deberías estar pensando ya en estudiar. ¿En qué estabas pensando, de todas formas, que casi matas a tu Micropuff?

Lily se enderezó tiesamente, mejillas ligeramente sonrosadas. ¿En qué estaba pensando? No podía decirlo. No a Rose, o quizá no delante de Albus, Reg, Molly, Hugo, Lucy y Louis —En dementores —por ende, se conformó con decir eso. Técnicamente, se convenció, no era una mentira. Sus pensamientos sí estaban relacionados en cierta forma con dementores...

—¿En dementores? —repitió su prima con curiosidad—. ¿Qué hay con ellos?

—Papá dice que son criaturas horribles —aseguró Albus.

Lily pensó que su padre y Albus estaban en lo cierto, aún cuando no estuvieran hablando de la misma clase de dementores —Lo son —aseguró, frustrada con el descaro de Malfoy en aquella botica. ¿Quién se había creído? Sin embargo, no había parecido que hubiera planeado decir algo de esa naturaleza. Evidentemente no había lucido muy arrogante luego de soltar las palabras y no era como si ella hubiera reaccionado muy bien tampoco. En realidad, si lo veía de esa forma, Lily empezaba a creer que era consigo misma –y no con Malfoy (bueno, con Malfoy también)- con quién estaba enfadada. Todo su ingenio, el mismo tipo de humor agudo y ligeramente sarcástico que compartía con su madre, toda su agudeza se había ido en un abrir y cerrar de ojos. Peor aún, se había abochornado completamente ante la mera sugerencia, como si fuese una niña de primero oyendo a su enamoramiento decirle algo que llevaba tiempo deseando oír y no como lo que realmente había sido: Malfoy siendo su usual y completo idiota de siempre. Malfoy siendo Malfoy. Arrogante, egoísta, narcisista y pura sangre, Slytherin Malfoy; que se había pasado de listo esta vez.

Y estaba horrorizada consigo misma, por haberse petrificado ante la situación, por haberse congelado cuando ella nunca se congelaba. Por no haber reaccionado como debería haber reaccionado: Arrojándole un maleficio o al menos un libro por la cabeza. Pero, por encima de todo, estaba enfadada y horrorizada e indignada –todo simultáneamente- consigo misma por siquiera haber contemplado la insinuación por, aunque fuera, una milésima de segundo. Porque, aunque odiara admitirlo –y por las barbas de Merlín que lo hacía-, había mirado sus labios por ese minúsculo período de tiempo y Lily estaba segura de que esa era la peor parte de toda la situación. Porque, en ese breve pero certero instante de inconsciencia, Malfoy había ganado. Obtenido lo que deseaba, en cierta forma. Eso era: Hacerle tragar su orgullo. Porque... ¿Por qué más habría dicho eso si no era para poner en evidencia cuán fácilmente intimidable era realmente ella? Después de todo, Lily nunca había cedido ante las intimidaciones del cobarde de Malfoy y estaba segura que eso era algo que lo irritaba profusamente. Sí... Eso era...

—¿Dónde viste uno? —inquirió Hugo con curiosidad.

Y, sin pensarlo, antes de que pudiera atajarse dijo —En la botica de Slug & Jigger.

—¿Eh? —dijo Rose, desconcertada—. ¿Cuándo? Porque Reg, Albus y yo fuimos y no vimos nada.

—Ah... No, fue en una pesadilla —mintió, golpeándose mentalmente por la verborrea. ¿En qué había estado pensando? Bueno, era obvio.

—Lo que sí vimos, fue a Malfoy —comentó Rose y Reg, a su lado, hizo una mueca. Lily se tensó, ese era un tópico de conversación que no la entusiasmaba discutir— trabajando. ¿Tú no lo viste Lily?

—No—mintió—, a mi me atendió la señora de siempre.

—Qué raro... —musitó Rose— Porque parecía que lo hubieran dejado a cargo del negocio por el día.

—Quizá la dueña regresó luego —dijo Lily, obstinadamente.

—Puede ser...

Reg hizo un vulgar ruido por la nariz —No entiendo quién en su sano juicio dejaría a Malfoy a cargo de su negocio. Es una idiotez.

—Además —aportó Albus—, ¿qué hacía ahí, trabajando?

—Oí a Parkinson decir que había obtenido el trabajo gracias a referencias del profesor Slughorn.

—Si, pero piénsalo Rose —insistió Reg—; ¿por qué querría Malfoy, de todas las personas, trabajar y en una botica, de todos los lugares? Seguro está tramando algo, robando ingredientes o algo así para hacer una poción peligrosa.

Su prima mayor puso los ojos en blanco —Lo dudo. Quizá solo genuinamente le interese trabajar en algo que esté relacionado a las pociones.

—O quizá —sugirió Reg, con Al apoyándolo y dando a entender que ambos habían discutido la teoría en varias ocasiones—; está intentando juntar nuevos mortífagos para intentar alzarse nuevamente contra el ministerio, tal y como hicieron su padre y abuelo.

—Oh, por favor. ¿Ustedes dos también con eso?

—Malfoy no es un mortífago —aseguró Lily, comprendiendo que una vez más había hablado sin pensar. Pero no había podido evitarlo, no cuando había visto lo que el ser mortífago había significado y costado –por encima de todo- a la familia Malfoy.

Todos los ojos se clavaron en ella. Rose parecía aún más desconcertada que todo el resto. Y con razón, pensó Lily, después de que el año previo la había enloquecido con su propia teoría de que Malfoy era un mortífago planeando algo, ahora le salía con que no lo era —¿No eras tu la que decías que lo era?

—Bueno... Sí, pero no creo que lo sea —mintió, sabía a ciencia cierta que no lo era, y sabía también que lo siguiente que diría sería igualmente una mentira—. Malfoy no es lo suficientemente inteligente para juntar un grupo de seguidores...

—Pero su padre y abuelo tampoco lo son y sin embargo fueron mortífagos —insistió Albus—. Papá lo dijo.

Lily estaba buscando un argumento con el que refutar el de su hermano cuando Rose, bendita Rose, decidió intervenir en su favor —No, creo que Lily tiene razón. Malfoy puede hablar mucho pero dudo que tenga madera para ser mortífago.

—Quieres decir que no tiene el valor para intentar nada —masculló Reg.

—No —se corrigió Rose—, quiero decir que no parece... genuinamente malvado.

—Pero... Tú lo oíste llamar sangre impura a la gente, Rose —exclamó indignado Al.

—Si, pero eso no prueba nada —dijo Rose, con tono certero—. Salvo que Malfoy es un inmaduro.

—O quizá —dijo Lily, molesta—, alguien —puntuando el "alguien"— lo empujó a ser como es ahora. Quizá no siempre fue un idiota, quizá alguien fue injusto con él sin razón.

—Eso es ridículo —dijo Reg—, Malfoy fue un idiota desde que tengo memoria, ¿verdad Albus?

Albus pareció dudar un segundo —Claro... —y clavó sus ojos en Lily, como si quisiera saber qué sabía ella al respecto; pero Lily simplemente le sostuvo sus firmes ojos marrones, desafiándolo a que la contradijera. Si Albus estaba pensando en el incidente del tren, Lily no podía saberlo. No obstante, parecía que estuviera considerando genuinamente sus palabras.

—¿Ves, Rose? Albus está de acuerdo.

Rose miró a Lily y luego a Albus, que permanecía con el entrecejo fruncido, mas no dijo nada. Y Lily lo agradeció, porque sabía a ciencia cierta que su prima había deducido que había allí algo más que ella no sabía y por lo que seguramente la confrontaría más tarde. Y es que Rose era y siempre había sido la inteligente de todos ellos, la que siempre veía el gran panorama, la que siempre unía las piezas y las ponía en su correcto lugar y la que siempre arribaba a las conclusiones que el resto parecía ignorar, o querer hacerlo. Y Lily estaba segura de que ni Al ni Reg habrían sobrevivido en Hogwarts mucho más sin Rose actuando de cerebro del trío. Aunque naturalmente, la inteligencia de Rose tenía sus desventajas. Ésta siendo una de ésas. A veces, Rose era demasiado inteligente para su bien. O, en este caso, para el del resto. El resto siendo Lily, por supuesto.

Buscando una excusa convincente, se puso de pie y se alisó la túnica con los dedos —Iré a buscar a Lorcan.

Rose frunció el entrecejo —Lily, pensé que dijiste que dejarías de darle falsas esperanzas —voz severa.

—No le doy falsas esperanzas —objetó.

—En serio, ¿crees que al pobre chico no le afecta que la chica que le gusta y no devuelve sus afectos lo busque todo el tiempo? —dijo Reg, poniendo los ojos—. Déjale un respiro al hombre...

Y Lily solo le dedicó una mirada de fastidio, manos en jarra —Tomaré tu inteligente consejo en cuenta, considerando que eres tan sabio en materia de romance y por eso te tomó seis años admitir que te gustaba Rose.

Reginald se avergonzó —Yo no...

Albus sonrió ampliamente, dándole una palmada en el hombro a su amigo —Creo que en ésta Lily tiene razón, amigo.

—Tú cierra la boca, no eres ningún Dr. Amor tampoco —masculló el castaño, hundiéndose en el asiento con el rostro rojo como un tomate y farfullando incoherencias por lo bajo, seguramente para palmear suavemente las heridas de su ego magullado. Él NO se había tomado seis años.

—Al menos él besó a Cecil en cuarto —añadió Lily, mordaz—. Y Rose a Collin McCracken. Tú a quién besabas, ¿tu almohada?

—Yo... —Reg pareció caer en la cuenta, se volvió a Rose—. ¡¿Besaste a Collin McCracken?!

Rose alzó el mentón —¿Algún problema? Si mal no recuerdo, estabas muy ocupado buscando alguien... ¿Cómo dijiste? ¡Ah, si! Que no fuera fea para ir contigo. Y como no conseguiste a nadie mejor, recordaste que súbitamente era una chica y quisiste invitarme como tu último recurso.

—Yo... Claro que sabía que eras una chica... —objetó, con las mejillas rojas y los ojos cargados de contrariedad. Estaba perdiendo la discusión, y era evidente para todos los que se encontraban en el compartimiento.

—Naturalmente —terció Rose, poniendo los ojos en blanco.

Lily aprovechó la discusión para escabullirse del compartimiento, tal y como había planeado hacer segundos atrás, postergando así el interrogatorio al que seguramente Rose la sometería una vez tuviera el tiempo y la falta de testigos curiosos. Lily no podía decir que esperara la ocasión con emoción, así que se largó de allí. Una vez afuera, inspiró amplia y profundamente, cerrando los ojos con calma. Al menos, en eso estaba, cuando alguien la chocó.

—¡Quítate de en medio! —gritó una voz femenina.

Lily abrió sus ojos chocolate y miró a su interlocutora, una chica de Slytherin que siempre parecía estar allí donde Scorpius Malfoy estuviera. No parecía muy contenta tampoco —¿Disculpa?

—Ya me oíste Potter, quítate de mi camino.

—Me temo que no puedo hacerlo a menos que uses las palabras mágicas. Por si no las sabes, te daré una pista: Empiezan con "Por" y terminan con "favor" —dijo, sin retroceder un paso a pesar de que la chica le sacaba una cabeza.

Pero la chica de Slytherin simplemente la ignoró y siguió caminando, apartándola de un golpe en el hombro y estampándola contra una de las paredes del corredor del tren. Molesta, Lily se volteó, frotándose el hombro adolorido. Si había una cosa que odiaba, era su pequeña y delgada contextura física. Y aunque bien podría haber sacado su varita y haberla enviado de una maldición al olvido, no lo hizo. No parecía sensato empezar el año haciendo maleficios mocomurciélagos a la gente desde el tren y antes de inclusive llegar a Hogwarts ya que sería un récord, aún para Lily. Bufando, decidió marcharse en la dirección opuesta en que la chica se había marchado. Lo que menos necesitaba ahora era más razones para tentarse y maldecirla de regreso a Londres. Ganas no le faltaban.

Aún irritada, continuó caminando, hasta que oyó la voz de Malfoy saliendo de uno de los compartimientos y algo pareció hacer clic en su cabeza. Se detuvo. Eso era, pensó, podría darle a Malfoy una cucharada de lo que pensaba y dejarle perfectamente en claro que sus palabras no le habían afectado y jamás lo harían. Que no le importaba qué tontería saliera de su bífida y venenosa boca y que si tan solo intentaba acercarse a ella con intenciones de hacer algo gracioso le hechizaría la lengua para que se le pegara a la suela de los zapatos, por no elegir lugares menos decorosos. Decidida, tomó el picaporte de la puerta y la abrió de par en par, dando un paso hasta quedar bajo el marco de la entrada. Todas las voces se silenciaron al instante. Los ojos de Lily se clavaron en los grises de Malfoy. Y algo en el fondo de su estómago pareció torcerse, dejándole una súbita sensación nauseabunda.

Malfoy permanecía acostado ocupando dos lugares con la cabeza en el regazo de Peony Parkinson, la cual con una amplia sonrisa de complacencia acariciaba distraídamente su cabello rubio platinado, jugando divertidamente con un mechón suelto que no caía hacia atrás como el resto —Pero si es Potter —se burló la muchacha de Slytherin—. Con razón empezó a oler mal.

Malfoy la miró fijamente, expectante, y otro de los presentes en el compartimiento, un chico, soltó una risa de burla —¿La chica Potter? ¿Te perdiste chica Potter?

Lily sintió que sus mejillas se arrebolaban de furia. Clavó sus ojos marrones en el chico —No me llames así.

—¿Por qué chica Potter, vas a llorar? ¿Llamarás a tu hermano mayor James para que te proteja? Ups, pero si el gran y malo James Potter ya no está.

Peony soltó una carcajada —Este no es compartimiento de perdedores, Potter.

—Entonces parece que te perdiste, Parkinson —replicó con frialdad, sosteniéndole la mirada a la chica para no mirar a Malfoy cuyos ojos grises y calculadores podía sentir inexorables sobre ella.

—¿Qué dijiste, Potter? —siseó Peony, aún sin moverse dado que todavía acariciaba la cabeza de Malfoy que permanecía en su regazo como si tuviera un gato acurrucado.

—¿Qué? ¿Tienes problemas de audición? —devolvió, sin retroceder.

El otro chico se puso de pie, sacando la varita y apuntándole —Te crees gran cosa, como tu hermano, ¿verdad chica Potter? Pero él ya no está para hacer de tu guardaespaldas.

Lily pensó que si volvía a llamarla "chica Potter" terminaría en San Mungo por el resto del año escolar, aún cuando éste no hubiera empezado aún —Yo no necesito guardaespaldas, a diferencia de ciertas personas —dijo la última parte dirigida indirectamente a Malfoy, que siempre andaba escoltado por Croft y Goyle—. Y no necesito a mi hermano para que me proteja.

El chico empezó a agitar la varita, pero la voz calma y apática de Scorpius Malfoy y un gesto lánguido de su mano lo detuvo —Vamos, vamos. Montague. Dejemos, por esta vez, que Potter siga su camino. No vale la pena gastar nuestros valiosos recursos en alguien como-

—No necesito que intervengas por mí, Malfoy. Ahórrate tu falsa condescendencia. No eres mejor que ninguno de ellos. De hecho, eres el peor de todos. Y no necesito que tú ni nadie me haga favores —y sin más, dio media vuelta y se marchó, cerrando la puerta del compartimiento de un portazo.

Peony arrugó la nariz en una mueca de asco —Se cree gran cosa, ¿verdad? Y todo por ese estúpido apellido. Mugrosa sangre impura.

Malfoy, que hasta entonces había permanecido acostado aceptando las atenciones de Peony Parkinson sin decir nada, le dio un manotazo a la mano con la que ésta le estaba acariciando el lacio cabello y masculló —Quítame la mano de encima —voz fría.

Peony, sorprendida y herida, dijo —¿Scorpius?

Pero éste solo la ignoró y se sentó erguido, clavando sus ojos en la ventana y en el paisaje que continuaba poco a poco desapareciendo. No había dudas, pronto llegarían a Hogwarts.