El corazón de la bestia

Capitulo XXI: Se inicia la contienda

Soy capaz de perdonarte hasta con el corazón roto, regalándote mi amor y encontrándote entre sollozos, soy capaz de perdonarte mirándote a los ojos, creyendo tus palabras aunque al final no pronuncias que me amas. Pronto el castillo se comenzaba a divisar, La lluvia reventó a llorar y aquel corazón latía cada vez más fuerte mientras aquellos cascos retumbaban en las calles vacías del reino del Sengoku. Kouga detuvo su caballo y miro a su ejército.

-Kouga: Esta noche seguramente nos están esperando, esta guerra se veía venir desde que el pueblo del oriente se declaro rebelde… esta noche puede ser la ultima al igual que puede ser la primera… ahora es el momento, el que desee irse hágalo, no será juzgado, pero yo estoy cansado de irme y aunque sea hoy luchare por la libertad de los que son iguales a mi…

Luego de aquellas palabras cada hombre levanto su espada, todos eran humanos deseosos de conseguir la preciada libertad y dejar de vivir una vida de miedos y represarías. Ante Kouga 20 hombre llevaban el tronco de un gran árbol, colocándose frente a aquellas enormes puertas que daban al palacio, Kouga levanto su espada y al bajarla aquel golpe sonó en todo el Sengoku.

-Kouga: ¡Derrumben las puertas que protegen a ese mal nacido!!

Una y otra vez aquellos hombres golpeaban las puertas de aquel palacio, sin saber que les esperaba del otro lado, Kouga miro sobre su hombro y se dirigió muy tranquilo a Kagome.

-Kouga: de aquí en adelante es muy peligroso para ti, es mejor que te alejes…

-Kagome: ya me convenciste de venir contigo ahora me quedo hasta el final…

-Kouga: no quiero verte morir y sentirme culpable…

-Kagome: si muero no es tu culpa… simplemente me tocaba…

Aquellas puestas cayeron luego de aquellos azotes, la lluvia seguía mojando el suelo y al reino entero, todos quedaron atónitos al no ver a ningún ejercito delante de ellos, tras la puerta solamente había un hombre que miraba al suelo, estaba completamente mojado, sus cabellos color plata estaban aplacados por la lluvia, y sus manos a los costados no se movían.

-Kagome (Inu… Inuyasha…)

-Kouga: ¡Eres tu maldita Bestia!!

Los ojos de aquel hombre parecían perdidos tras aquellos cabellos que se escurrían por su cara, al mirar hacia la puerta Kouga sintió que estaba viendo al mismo diablo en persona, no había vuelto a ver esos ojos después de aquella noche de tragedia en la aldea.

-Kouga: ¡Todos tomen sus armas!!... no debe estar solo…

Los hombres que llevaban el tronco lo dejaron en el suelo, corriendo a sus caballos y desenfundando sus espadas, Kagome sabia que esas espadas no podrían contra Inuyasha.

-Kagome: Inuyasha!!!…

-Kouga: ¿Lo conoces?!!

-Kagome: Por favor… no lo ataques… no es el…

Aquellos ojos chocolates buscaban desesperadamente en aquella silueta una espada, pero la cintura de aquel samurai estaba vacía; la lluvia no dejaba ver por completo aquel rostro tapado por cabellos de plata, sin embargo Kagome notaba que las ropas de aquella silueta que tanto amaba estaban desgarradas Inuyasha había sido torturado luego de haber sido capturado.

-Kouga: el es la bestia Kagome… no debemos perdonar su vida, niños y mujeres inocentes han sucumbido ante sus garras… niños han muerto en sus camas gracias a su espada y a su ejercito… ¿pides que lo perdone?...

-Kagome: No te pido que perdones a la bestia sino al hombre…

Kouga bajo del caballo, y miro a Kagome, ella estaba confundida ante la reacción del joven, luego el joven de cabellos azabaches se volteo hacia sus hombres.

-Kouga: No bajen la guardia, este hombre es la bestia del Sengoku… no debe estar solo…

Kouga comenzó a entrar en aquel palacio Inuyasha no se movía, solo estaba allí de pie dejando que la lluvia cayera. Dejándose llevar Kagome bajo rápido del caballo y se coloco delante de Kouga intentando detenerlo; Inuyasha movió un poco la cabeza mirando a la joven, parecía reconocerla aunque sus ojos seguían perdidos.

-Kagome: espera por favor Kouga… puede matarte…

-Kouga: no soy tan débil Kagome, no me subestime… pero no entiendo tu preocupación…

-Kagome: es que no lo conoces como yo…

-Kouga: no tengo porque conocer a un asesino…

-Kagome: puedo asegurarte que el no es así…

Aquel joven no entendía las palabras de Kagome, su mirada era de extrañeza pero seguía firme en su decisión de atacarlo, Kouga le dio un beso en la mejilla a Kagome y la aparto delicadamente a un lado, y siguió hasta quedar frente a frente a Inuyasha. Kagome miraba la confrontación el miedo abarco su corazón, sabia que Inuyasha ya no deseaba matar, pero también sabia que no podía controlar su sangre endemoniada sin su espada.

cabeza mirandotapado por cabellos de

-Kouga: finalmente vuelvo a ver los ojos del asesino…

Como siempre Inuyasha no decía nada a su adversario, Kagome recordó aquella pelea contra Sesshomaru, raras veces Inuyasha hablaba en una pelea, el solo atacaba sin descanso.

-Kouga: ¿No vas a responderme?...

-Kagome: Basta Kouga… No sabes con quien te metes…

"Señor Kouga si desea nos deja a este maldito y usted vaya a derrotar al Rey Naraku…"

Esas palabras salieron de aquel hombre que había encontrado a Kagome en el sendero; Kouga miro sobre sus espaldas y sonrió.

-Kouga: este hombre y yo tenemos un asunto pendiente… nadie intervenga…

Todos los hombres quedaron tras aquellas puertas que habían sido derrumbadas, Kagome miraba como Kouga planeo su estrategia, al lanzarse al ataque, Inuyasha solamente movió su cabeza y la espada de Kouga quedo al ras con su mejilla; Kouga sintió miedo al ver aquellos ojos de color fuego, parecía que toda la sangre derramada se hubiera acumulado en aquellos ojos.

-Kouga: eres un maldito…

Con estas palabras atino un golpe justo en el estomago de Inuyasha, este se agacho mientras Kouga saltaba hacia atrás con gracia.

-Kagome (Inuyasha…)

-Kouga: quiero que me muestres esas habilidades que te hacen tan temibles…

La bestia se incorporo y miro a Kouga sarcásticamente, la lluvia seguía cayendo sin contemplación, Kagome recordaba como aquel hombre que la conquisto era nuevamente controlado por su demonio interno; sabiendo que el no quería que la cruz que llevaba a sus espaldas por las muertes que ocasiono se volviera mas pesada.

-Inuyasha: ¿Es mi turno?

Con una sonrisa diabólica Inuyasha se lanzo al ataque, era realmente rápido, Kouga difícilmente podía defenderse con su espada de aquellas garras que parecían multiplicarse en cada ataque, Inuyasha se alejaba y seguía lanzándose atacando a Kouga quien en un zarpazo cayo al suelo con el hombro lastimado.

-Kagome: ¡Kouga!

-Kouga: Maldito…

-Inuyasha: Sigo esperando que me mates…

-Kagome (Inuyasha, eso mismo le dijiste a Sesshomaru aquella noche… ¿tanto deseas morir que pides que te maten?...)

-Kouga: No te confíes por un golpe atinado bestia…

Kouga se levanto, inmediatamente luego de tomar su espada Inuyasha se lanzo al ataque nuevamente. Esta vez su mano iba completamente extendida sus dedos estaban extendidos y firmemente juntos, parecía una cuchilla.

-Inuyasha (Muere…)

-Kagome: ¡¡¡¡¡KOUGA!!!!

Soy capaz de perdonarte hasta con el corazón roto, regalándote mi amor y encontrándote entre sollozos, soy capaz de perdonarte si un día regresas porque sin ti este corazón ya no quiere latir. La lluvia corría esta vez manchada de sangre, y el día siguió llorando, aquel joven de cabellos plata sentía horrorizado en su rostro y en sus manos aquella tibia sensación de la sangre que escurría en su cuerpo, miro con dolor a aquella mujer a los ojos, ella solamente lo miraba calidamente como sino sintiera ningún dolor.

-Inuyasha: (Ka… Kagome…)