Privet lectores... Me apena mucho decir esto, pero hemos llegado al esperado, o quizás no tan esperado final de la historia (sin contar el Epílogo y un extra que pretendo hacer, pero no sé si saldrá pronto jeje...) Espero que les guste y todo eso.

Disclaimer: Bueno~ como siempre digo, los personajes y Hetalia pertenecen a Esto... digo, a Hima-papa... Es decir, a Himaruya~


El embarazo de Isabela había marchado bastante bien hasta el momento, exceptuando los meses de más calor donde se sentía morir. El bebé nacería ese día de Septiembre, el otoño estaba ad portas y todos se sentían bien, tranquilos… Bueno, de hecho no, Lovino estaba histérico desde mediados de Agosto, corriendo de un lado para el otro y confuso, sabía que sería niño, estaba consciente de que iba a ser niño y aún así, no se había decidido para el nombre del niño.

El día donde las contracciones de la española aumentaron, fueron todos (y con todos me refiero realmente a todos) a dejar y quedarse con la española, la llevaron a la sala de parto, el italiano caminaba de un lado para el otro, tendrían que llamarlo cuando estuviera a punto de nacer, él quería ver ese momento con toda su alma. Estaba histérico, realmente histérico, nunca se sintió así en su vida.

-Mio figlio, il mio bambino –suspiraba.-

-Señor Vargas, pase por favor…

Se colocó esas cosas de los médicos, él no tenía idea como se llamaban, fue a la sala, Isabela estaba muy sudada, cansada, al verlo esbozó una sonrisa. Sería un parto normal, a Isabela no le gustaban esas mujeres que pedían cesárea por comodidad, quería sentir en todo su cuerpo como salía su hijo, como llegaba al mundo. Tomó la mano del italiano quien la miraba intranquilo, pero le regaló una sonrisa, ella sintió un dolor intenso, otra contracción.

El doctor la tenía en la posición indicada, esperando que empezara todo. Ella comenzó a gritar, que pujara le decía el médico y las matronas, ella lo intentaba, pero su fuerza no era la suficiente. Necesitaba enojarse para sentirse más fuerte, miró al italiano algo decepcionada de sí misma.

-Hazme enojar –le pidió-, dime algo, lo que sea… Como cuando nos conocimos, trátame mal… Te lo pido por favor…

El italiano sonrió con sorna, preparó sus labios y comenzó.

-¡Mírate! Puttana, ni siquiera puedes traer a nuestro hijo al mundo de buena manera, semejante espectáculo… ¡No seas idiota, Isabela! Tú puedes más que eso, yo lo sé… Bien que gritabas más cuando estábamos haciendo al bambino… ¡Grita, Maledizione!

-¡AH! –gritó la española, casi logrando algo-, eso… Ahora más…

-Idiota española, bastarda come tomates, con esos malditos ojos color esmeralda y esas putas nalgas de ensueño… ¡Grita mejor que eso! Quiero tener al niño ahora en mis brazos, mírate, lo roja y sudada que estás… Hay otros momentos donde sudada te ves más bonita –se sonrojó, porque en verdad se veía de alguna manera hermosa en ese momento-. ¡Y no es que te encuentre bella ni nada! Nadie podría encontrarte bella… Nadie tiene el derecho… ¡Tú eres mía, idiota! ¡Me estás apretando muy fuerte la mano, maldición!

-¡AH! –y finalmente sucedió.-

Un llanto de niño se escuchó, Isabela jadeaba con fuerza, soltó la mano del italiano quien la miró más tranquilo y miró al doctor que trajo al pequeño en brazos hacia ambos.

-Es precioso –sonrió la española.-

-Tiene tus ojos –suspiró el italiano.-

-Pero sacó el rizo de la familia Vargas, mira… Se le nota entre el poco cabello que tiene… -la española rió.-

El italiano se sonrojó y sonrió, la española besó el rostro del niño, luego la matrona se lo quitó de las manos.

-Hay que bañarlo y dejarlo en la sala con los demás, luego de un rato se lo traeremos, ¿está bien?

La española asintió y miró al italiano.

-Gracias –rió.-

-No fue nada… No quería tratarte tan malo –miró hacia otro lado sonrojado.-

-Me sorprende que me estés diciendo eso… Figlio di puttana… -lo miró sonriendo.-

-¡Eh, puttana! –la besó con dulzura-, pero lo último es totalmente verdad, ¿está bien?

-¿Qué cosa? ¿Lo repites para mí? –ella sonrió.-

Él bufó, hizo algo similar a un puchero y la miró.

-Nadie puede enamorarse de ti, nadie tiene el derecho… Tú eres mía –se sonrojó-, y yo, yo te pertenezco –se ruborizó tanto que escondió su rostro abrazando a la española.-

-Oye, calma… -y susurró en su oído-, hoy en la noche, te dejaré tocarme el culito –comenzó a reír al ver que el italiano sólo se ponía más nervioso-. ¡Venga, sal del escondite, no puedes quedarte ahí para siempre!

-No, nunca saldré… Maldita, hiciste que me pusiera así, tan… vulnerable –la abrazó con más fuerza.-

-Sal ya, que debo estar en reposo luego de haber traído a nuestro pequeño al mundo –él la miró y la besó nuevamente.-

-Ti amo, Isabela –sonrió.-

-Yo también te amo –le dijo, en un español perfecto que hizo que el italiano se ruborizara de nuevo.-

-Háblame más así, habla en español conmigo… -suplicó.-

-Lovino –comenzó-, mi pequeño Lovino, si te imaginaras cuan dulce es a mi ser tu presencia, tu aroma, tu amor… Entre tus brazos me siento en las nubes, me gusta tanto entrelazarme con tu cuerpo y sentir ese calor –le susurró muy cerca del oído, el italiano estaba sonrojado intensamente-. ¿Continúo?

-Está bien con eso –dijo, con la respiración algo agitada.-

-Haremos eso más seguido, ¿vale? –sonrió-, ahora ve, que todo el mundo debe estar esperando noticias…

Él asintió y salió al encuentro con los demás, aún estaba sonrojado así que recibió bastantes bromas.

-¿Qué pasó, Lovi? –preguntó el francés-, ¿te excitaste viendo a Isabela tener al niño?

Todos rieron, excepto Lovino.

-¡Cállate, no hables mierda! –le dijo el italiano mayor-. Todo salió de maravilla, el niño está bien… No puedo decir nada más, ahora Isabela está descansando.

Todos sonrieron ante las noticias y comenzaron a conversar, Feliciano se acercó tiernamente hacia su hermano, abrazándolo con fuerza.

-Estoy tan feliz por ti, fratello –sonrió, besando la mejilla de su hermano sonoramente-. Ahora, sólo falta elegir un nombre para el pequeño, ¿no es así? ¡Y no te olvides de que lo tenemos que bautizar con tío Alessandro!

-Lo sé, fratello –sonrió el mayor, con la mente en lo que Isabela le había dicho.-

-Y, ¿por qué te noto distante? –preguntó sonriendo con picardía.-

-Me habló en español… Fue tan… -volvió a sonrojarse.-

-Veo que ese muchacho tendrá dos lenguas madres –rió.-

-Yo también aprenderé muy bien el español –terció-, es un idioma bastante bello… Me encantó escucharla, además… Entendí todo…

-¿Y qué te dijo? –el italiano menor arqueó las cejas.-

-¡No te importa, maldición!

-¡Seguramente fue algo guarro! –rió nuevamente.-

-¿De dónde has sacado esa palabra?

-Me la enseñó Isabela… Y ahora la usaré en tu contra –volvió a reír-. ¡Hablaron de cosas guarras, a mí no me engañas!

-¡Basta, idiota fratello!

Pasó un día sin muchos detalles, Isabela llegó a la casa con el pequeño, Lovino colocó al pequeño en la cuna que él mismo construyó y abrazó a la española, aún no le ponían un nombre al pequeño, así que era momento de hablarlo.

-Y, Lovi, ¿cómo se llamará? –preguntó ella sonriendo.-

-Pues… quería que tú lo decidieras… -admitió sonriendo.-

-Bueno, yo tenía una idea –ella miró al niño alegre-. Guido…

-¿Eh? –preguntó el italiano.-

-Que el niño se llame Guido, ¿no te parece?

-Isabela… ¿Hablas en serio?

-Sí –ella sonrió-. Tu abuelo marcó algo muy importante en tu vida, y creo que es gracias a él que tú y yo estamos juntos ahora –le tomó la mano con ternura-. Yo quiero que se llame Guido, así que no me lo vas a impedir… ¿Verdad Guidito? –dijo, hablando con el bebé que los miraba sonriendo.-

Lovino tocó con suavidad el rostro de la española, dirigió su rostro hacia él y la besó tiernamente, ella abrió sus ojos después del beso y se quedaron mirando por largo rato, hipnotizados el uno del otro.

-Grazie –sonrió.-

-¿Por qué me agradeces?

-Simple… Tú lograste que yo naciera de nuevo, creo que eso nunca hubiese ocurrido de no ser por ti… -acarició su cabello.-

Ella sonrió abrazándose del cuello del italiano.

-Lovino, yo te amo –comenzó a decir, nuevamente el español-. El hombre que conocí, a pesar de ser inmaduro o caprichoso, me encantó desde el primer momento. Yo sabía que detrás de esas palabras, de esas groserías, de ese aspecto de indolente estaba el hombre con carácter, con sueños y que, a pesar de ser algo tímido es tan, pero, tan… Sensual. ¡Es que, Dios! Eres perfecto –dijo, acariciando su rostro.-

-I-Isabela –él volvió a sonrojarse.-

-Lovino –susurró en su oído.-

-¡Ah! Detente… -se aferró con fuerza a la española.-

-Quiero que aprendas mi lengua –dijo ella tomando el rostro del italiano con ambas manos-. Así que repite conmigo…

-Está bien…

-Yo…

-Yo… -repitió.-

-Quiero…

-Quiero… -volvió a repetir.-

-Darte –sonrió.-

-D-Darte –dijo.-

-Un…

-Un…

-Un jugoso y suave beso…

-Un ju… -no puedo terminar porque la española atacó su boca, él correspondió y comenzaron a besarse.-

El italiano comenzó a saborear lentamente cada rincón de la boca de la española, siempre ésta tenía un sabor delicioso, por eso la recorría con cuidado, para recordar cada detalle de su boca, jugaba con su lengua dentro de ella e intentaba succionar su lengua, aunque esto parecía complicado, y de hecho, era la complicación lo que lo volvía un escenario tan memorable. El aire comenzó a faltar y ambos tuvieron que alejarse, se miraron bastante sonrojados, Lovino miró hacia abajo e Isabela se lamió los labios.

-¿Todas tus clases terminarán así? –preguntó el italiano apartando la mirada.-

-Pueden terminar peor –le tomó las manos y las dirigió a su parte trasera-. Por favor, quédate así un ratito…

-¡Isabela, no!

Se quedaron un rato jugando de esa manera, el bebé en la cuna parecía disfrutar de los juegos idiotas de sus padres, lo hizo hasta que se quedó dormido.

Abuelo, que estás en el cielo… Hace mucho que no hago esto de decirte cómo ha ido mi vida últimamente, pero es que han sido demasiadas las cosas que han pasado… Como verás, me he casado finalmente con Isabela, yo sé que eso te hace sumamente feliz… He visto a mi padre también ese mismo día, creí que le rompería la cara cuando lo viera, pero algo me lo impedía, quizás esa sensación de que él no fue nunca un padre para mí sino tú… A pesar de eso lo visité, en Viena, estaba ahí con mi madre, parecían vivir bien, pero sus personalidades de personas trabajadoras no había desaparecido. Prometí que volvería, pero que ellos tenían que tener clara una cosa: Mi padre y mi madre eres tú y siempre serás tú.

Mi hijo, oh, el pequeño nació fuerte como un pequeño oso. Ahora, tiene un año… Su nombre es Guido, Isabela me pidió que lo llamáramos así, yo se lo iba a pedir pero pensé que ella tendría otro nombre y no pretendía sobreponer mi idea sobre la suya, me gustó tanto saber que ella quería el mismo nombre para él. Ahora, Isabela está sumamente contenta, estamos viviendo en casa los 5, Isabela, el niño y yo, acompañados de Ludwig y Feliciano, que pronto decidirán casarse con ayuda del tío Alessandro. En fin, Guido parece contento, pero me gustaría muchísimo que tuviera más compañía, probablemente un hermanito no le vendría nada mal, o al menos, eso pienso yo… Tendré que dejar en tus manos eso, supongo, algo me dice que el primer embarazo fue obra tuya, yo nunca hubiera olvidado ponerme un condón (aunque en lo personal, ya estoy bastante viejo para haber dejado pasar la oportunidad de tener una familia, más al lado de una mujer como Isabela). Bueno, más allá de esto, no hay mucho por decir, ha sido un año precioso… Sólo por mencionar algo, he pensado en esto… A ti te gustaba mucho hablarnos de la historia de nuestro país y ahora he comprendido algo… Dicen que el Renacimiento fue uno de los hitos más importantes, porque rescataba lo clásico y trajo tantas maravillas, y ¿sabes? Me siento así en este momento. Rescaté mis buenos sentimientos y logré maravillas, ahora, tengo a una mujer que me ama y a un niño precioso, y además, tengo tu recuerdo, que siempre me alegra. Tengo a mi hermano, que aunque esté con ese bastardo papa frita (al que debo admitir, no le tengo ningún odio) es uno de los tesoros más grandes. Después de todo, con él aprendí a cuidar a un niño, a ser como un padre… Y después de todo, me siento feliz con eso. Estoy esperando la boda de ese par con muchas ansias. Ahora, estoy aquí de rodillas, diciéndote esto, mientras ella está a mi lado junto al niño y sólo quiero, de ahora en adelante, ser más feliz.

-Lovino –dijo la española.-

-Ya está, le he dicho todo –dijo el italiano, dejando unas flores en la tumba.-

-Bueno, Isabela, Guido, despídanse del abuelo –sonrió.-

Isabela cerró los ojos y sonrió, se llevó al niño en brazos y Lovino los siguió, mientras caminaban entre medio de todas las lápidas, el italiano mayor miró al cielo, sonrió muy animado y se acercó a su familia, miró a la española con dulzura y caminaron.


¡ESPERO QUE LES HAYA GUSTADO!

Menciones honrosas:

Dratín: después de lo del otro día ya ni sé qué decir, estoy completamente en blanco xDDDDDDDDD pero espero que este final esté a la altura de lo que esperabas y te guste, con respecto a lo demás, sí, quiero hacer un extra GerIta que sería algo así como un regalo para ti, espero que te guste mucho -n- y eso~ Un abrazo gigante n.n

GusGuschan: Cariño malo(?~ sé tus opiniones con respecto a éste capítulo, pero aún así, de recordarlas me da mucha risa xDDDDDDDD te quiero mucho, y tenme paciencia con esta y las demás historias que a veces sufro vacíos mentales heavys xD

Vivi: Amor~ dñlfkgñfldk aún me río cuando recuerdo que me dijiste "hueón enfermo de tierno", es que XDDDDDDDD pero en fin, he aquí :3 te adoro *-*

NOS VEMOS CUANDO NOS VEAMOS!