CAPÍTULO XX

DISCLAIMER. Antes de empezar quiero dejar en claro que los personajes no me pertenecen, ellos son enteramente propiedad del MCU y de la mitología nórdica, yo sólo los uso para dar rienda suelta a mi imaginación.

N/A. Estoy muy feliz porque llegamos al capítulo veinte. Nunca pensé que llegaría tan lejos pero henos aquí :3.

Capítulo Veinte

Cuando ella llegó, pudo vislumbrar cómo todo lo que él y Thor habían vivido, desde las noches de baile sin música, hasta los paseos por la tarde sin dar explicaciones a nadie; había llegado a su fin.

Y un miedo se instaló en lo profundo de su tórax.

Tal vez había pensado, en su estupidez, que Sif no tomaría cartas en el asunto o que simplemente lo dejaría pasar como las otras esposas cuyos maridos tenían amantes hacían, pero no.

Habían estado sentados, tomando el desayuno en la veranda que daba al patio, cuando Jane había irrumpido en el recinto con una mirada cargada de veneno para con Loki y que se transformó en otra de sumisión en cuanto Thor levantó una ceja en respuesta a tal gesto.

Al quinceañero le hubiera dado un ataque de risa allí mismo, si no hubiera sido porque su mente aguda ya había deducido la razón que había traído a aquella mujer hasta allí.

Una carta le fue entregada al mayor y antes de que preguntaran su procedencia, la mensajera ya se había retirado del lugar mientras el rubio rompía el sello lacrado de un dragón con la cola enroscada en una espada, símbolo representativo del título nobiliario de Thor, y comenzaba a leer.

Ahora Loki por fin entendía la inquietud que en el preciso momento del descubrimiento invadiera a Thor, porque ahora él temía, si no a la muerte, al hecho de que lo sacaran de aquella ensoñación en la que él había sido casi el dueño, amo y señor de la mansión Stardust.

Lo más triste es que había sido feliz, riendo y haciendo el amor con Thor, así como dando órdenes y viendo cómo estas eran cumplidas en un santiamén por los sirvientes, quienes al no tener una autoridad de mayor rango que el rubio, le obedecían sin poner peros o hacer gestos de perplejidad o asombro.

Era lógico lo que la misiva decía. Así que no preguntó nada, sólo esperó.

—Sif quiere verme.

Aquello lo golpeó de lleno, a pesar de que se lo esperaba. Sentía que de pronto las paredes que circundaban el recinto comenzaban a cerrarse en torno a él y que eventualmente lo aplastarían.

—Loki, Loki, dulzura. —De alguna manera Thor había llegado frente a él y lo estaba abrazando—. Por favor tranquilízate, todo estará bien.

No se había dado cuenta de en qué momento había acabado en el suelo frío de madera o cómo era que había empezado a hiperventilar y a llorar. Estaba asustado. Quizás en aquella noche no hubiera acabado de digerir la situación, pero ahora lo hacía.

"No quiero que esto termine, no quiero", pensó con desespero.

Un peso más se añadió a sus conjeturas cuando cayó en la cuenta de lo extraño que era que la carta hubiera tardado cuatro días en arribar y de que fuera entregada de una manera tan ceremoniosa.

Thor empezó a acariciarle el cabello y a susurrarle palabras de aliento al oído, pero aun así todavía no podía dejar de pensar que el Apocalipsis se avecinaba de manera inminente.

—No vayas, no vayas con ella —rogó con la voz quebrada al mayor, quien se despegó un poco de él para mirarlo a los ojos.

—Loki, te prometo que no voy a dejar que nada malo pase.

—Mentira, no puedes prometer eso…—Contraatacó el quinceañero achicando los ojos y juntando las cejas en un gesto de inconformidad.

—En todo caso, si algo sucede tendrás que irte, yo me echaré la culpa…

—¡No! —exclamó rápidamente—. No te atrevas a dejarme solo, no voy a…

—Dulzura escúchame, he dejado varios fajos de dinero en la gaveta del tocador de mi cuarto… Si no vuelvo —le dijo elevando la voz al ver que Loki intentaba hablar—, si no vuelvo tendrás que tomarlo e irte de aquí. No tuve mucho tiempo para arreglar las cosas pero te escribiré una carta para que se la entregues a mi madre, ella está en Nueva York, así que tendrás que tomar un barco. Te dará trabajo y un hogar, la necesitarás y ella necesitará un hijo…

No se escuchó más que el trinar de los pájaros y la caída del agua que generaba el canal de riego del patio, diseñado para mantener el verdor de las plantas que estaban en flor en esa época.

Tanto Jack como Lucy se habían apartado de aquel contexto y no sólo porque desde el instante en que Jane pisara la casa les fuera dada la orden de mantenerse al otro lado de la mansión, sino porque al oír tanto barullo, habían corrido a socorrer al amo para encontrar una escena demasiado íntima y extraña, lo que los había impulsado a quedarse muy al margen de cualquiera que fuera la situación.

Mientras tanto, Thor meditaba lo que acababa de decir y se permitía sincerarse consigo mismo al aceptar que probablemente no regresaría vivo de su casa. Su único consuelo en el asunto era suponer que Sif ya habría sacado de su hogar a sus vástagos para que estos no se enteraran de nada.

Quería seguir confiando en que su esposa no haría nada que pudiera dañarlo pero ni siquiera había podido ver su cara aquella noche como para saber qué reacción esperar. Tampoco había regresado a casa después de ello, pensando que si aquellos días eran los últimos para pasar con Loki, no podría malgastarlos en un asunto perdido.

—Supongo que diga lo que diga, irás.

Esa melodiosa voz, una que estaba tomando tintes un poco más graves, rompió aquel pacto que ambos habían hecho con sus alrededores y que consistía en estar callados el mayor tiempo posible.

El rubio asintió y el quinceañero sólo logró contener un sollozo, que se escuchó como el lamento de un animal herido. Volvió a ser mecido por un par de brazos amables y, en el que sería uno de los pocos momentos de catarsis que tendrían en su vida, le suplicó a Dios que por favor se apiadara de sus almas.

….

Magni estaba viendo cómo Fiorella cepillaba el rubio cabello de su hermana. Actualmente le llegaba un poco más abajo de los hombros, cosa que había sido hace ya un tiempo, un tema de discusión entre ella y su madre.

Thrud dejó escapar un estornudo y tomando un pañuelo de tela, procedió a limpiarse mientras miraba su reflejo en el espejo que tenía frente a ella. Fue a través de este que captó la profunda mirada inquisitiva de su hermano menor, la cual la hizo removerse en su asiento.

—¿Y ahora qué quieres? —dijo rodando los ojos por la insistencia de Magni de ir a donde quiera que ella estuviera.

—¿No te parece extraño?

—¿El qué?

—Que mamá haya estado encerrada tanto tiempo en su habitación y que papá no estuviera.

—No seas dramático Magni, fueron sólo tres días y ya sabes que papá nunca está en su recamara.

Magni consiguió la respuesta que quería, no una proveniente de su hermana ni mucho menos, ella sólo le estaba sirviendo para probar algo. Fiorella estaba con los hombros tensos y con la mirada en él. Aunque una vez se dio cuenta de que él se la regresaba la apartó inmediatamente, nerviosa.

Entonces era así. Su padre sí tenía que ver con lo que había pasado los días anteriores. Al principio, y por conclusión de Thrud sobre todo, habían creído que se trataba de un caso aislado. Algo relacionado con las amigas, padres o alguna situación dolorosa de la que Sif se hubiera enterado hace poco.

No había podido descartar ninguna ni preguntarle a su madre directamente, obviamente, y aunque se había comportado de la manera más tierna posible, tampoco le había logrado sacar nada a Jane.

Así que su única opción era su nana, la cual era tan expresiva, que simplemente había apostado por una conjetura y ahí estaba la respuesta.

Apretó la mandíbula, enojado. Aquellas no eran las formas propias de un niño de seis años, como notó Fiorella, ni mucho menos los ojos de uno. Pareciera como si el chiquillo estuviera tan enojado que no cabía en sí mismo del enfado.

Antes de que pudiera decir algo, la nana vio cómo él simplemente salía con pasos rápidos de la habitación y lo escuchó bajar las escaleras a prisa. Lo llamó un par de veces a voces, insistiendo en que debía regresar para que le quitara la pijama y lo alistase para ir a la casa de los Earnshaw, pero sin dejar de efectuar su tarea previa.

Claro que Magni no quería ir. Se veía obligado a hacerlo. Irían a visitar a la amiga de su hermana y por alguna razón, que ya vislumbraba un poco, su madre también lo había incluido en los planes de Thrud, para fastidio de esta.

Salió al patio, no sin antes escuchar las voces de un par de empleados que le pedían no salir sin ropa apropiada al jardín. El fresco de la mañana era casi gélido y era bien sabido por todos que el menor de los Odinson era proclive a las enfermedades, cosa que en aquel momento al pequeño no podía importarle menos.

La encontró rápido. Estaba bajo un árbol seco y sin hojas. Su madre odiaba ver cualquier tipo de calamidad o representación de muerte, fuera esta humana o no. Aquello era alarmante y lo llevaba a pensar que no todo se había resuelto en realidad.

—Buen día, señora madre.

Ella le dedicó la que parecía una radiante sonrisa en respuesta al pequeño ademán que él hiciera con la cabeza, y se colocó mejor el sombrero verde esmeralda con crisantemos que portaba esa mañana.

Los guantes blancos que envolvían sus manos no hicieron más que complicarle un poco la tarea pero al fin logró meter bajo él un mechón de pelo rebelde que se había salido del tocado. Su vestido del mismo color no hacía más que acentuar su belleza y aunque le costara admitirlo, disimular algunas pequeñas arrugas que ya se le formaban en la frente.

—Hijo mío. —Su sonrisa se desvaneció en cuanto vio lo poco con lo que estaba vestido su retoño. Cosa que cambió de inmediato, cuando una diligente Eliza llegó corriendo para envolverlo con una chalina—. Gracias, Eliza.

—Madre…

Una mano enguantada se alzó frente a él, callándolo en el acto. Jamás se atrevería a desafiar a su querida madre. Si ella le pedía silencio, eso le daría, a pesar de que se moría de ganas de lanzarle un montón de preguntas.

—¿Qué te he dicho sobre salir así al jardín?

—Lo lamento.

La mujer resopló y simplemente volteó de regreso para seguir viendo el fresno de hace un momento. Estiró la mano y sin miramientos, quebró una de las ramas secas del mismo.

—¿Sabes Magni? Pude haber salvado este árbol. —Un soplo de aire hizo que su vestido medio se agitara, lo cual ya era decir bastante, dado lo pesado del atuendo. Aquello hizo parecer a su madre como una ninfa de la naturaleza, con la mirada perdida en la nada—. Tenía todas sus ramas cubiertas de plaga y supe o al menos presentí cuál sería su destino desde un principio si no daba la orden de que podaran cada una de ellas. Pero no lo hice porque no quería privarme de su verdor y vivacidad, porque sabía que al cortarlo ya no sería el mismo fresno que amaba. Dudé y eso hizo que terminara de esta manera.

—Perdón madre. No entiendo —dijo avergonzado y con la cabeza gacha el pequeño Magni, después de un rato de silencio.

La mirada de Sif se posó, tierna, dulce y triste, en su pequeño hijo.

—Oh, no tienes que entenderlo cariño, sólo…, no volveré a dejar que la plaga entre a nuestro hogar.

Sentado en un sillón granate de la sala de estar, Loki bostezó. Estaba leyendo el que había sido un diario científico de hacía dos décadas en el que William Buckland había ensamblado ciertos fósiles hallados por los chinos, los cuales creían que se trataban de huesos de dragones o de gigantes.

Suspiró y dejó su lectura una vez más. Era interesantísimo el tema sobre el que estaba leyendo pero no podía realizar un minucioso análisis del mismo si no paraba de temblar. Llegado a esta conclusión, se decidió a divagar en sus pensamientos mientras veía el jardín no muy bien cuidado al que daba el amplio ventanal.

¿Ya habría llegado Thor a la mansión Odinson? Sacudió la cabeza. Por supuesto que no. Ambos recintos estaban a casi una hora del otro y él ni siquiera tenía quince minutos de haber partido. Cabría esperar que quizás apenas llevara un cuarto del camino.

Estaba casi seguro de que tanto Thrud como Magni serían despachados de su casa, dado que Sif odiaría tener que involucrarlos en algo como aquello. Además de que era la única razón por la que le encontraba el sentido a que en la carta estableciera un horario de encuentro.

—Veo que disfrutas de la vista.

Se puso de pie lo más rápido que pudo y levantó la mirada para comprobar que la dueña de aquella voz efectivamente estaba frente a él. Aquel vestido con una cola de encajes la hacía ver mucho más exquisita que cualquier mujer de su edad.

Abrumado por tal resolución, sólo atinó a morderse el labio por dentro para que su subconsciente reprimiera los celos que le daba admitir tal cosa. Aquella mujer, por su parte, estaba todo lo recta que podía para poder ver hacia abajo a Loki, ya que este aún no igualaba su estatura.

—Buen día, Lady Si…

Un borrón, seguido de un dolor lacerante se instaló en la mejilla izquierda del quinceañero. No vio venir la fuerte cachetada que logró voltearle la cara en un ángulo de 90° grados, pues ya había comenzado a inclinar la cabeza para presentarle sus respetos a su superior.

—No he podido aguantarme —dijo tranquilamente, poniendo sus guantes en una mesita situada a un costado del sillón—. Lamento tal comportamiento impropio.

—No se preocu…

El segundo bofetón sí lo vio venir pero simplemente cerró los ojos para que el impacto no le causara tanto miedo. Esta vez una pequeña marca fue dejada aunada a la que eran propias de los dedos de Sif. El del anillo de bodas, sonrió con satisfacción la rubia.

Aquello sólo hizo que Loki se quedara en su lugar, callado y con la cabeza semi agachada. Sabía que frente a su rival no podía ganar. Ya lo había visto con sólo el hecho de que ni Jack ni Lucy habían venido a avisarle de la llegada de Sif.

Estaba seguro de que si ella gritaba a voces que él la había atacado, los criados saldrían corriendo a buscar a la policía y esta no dudaría de la palabra de una gran señora como lo era Sif, aunque vieran las marcas rojizas en la cara de Loki.

Contemplar el temblor que su presencia provocaba en el quinceañero, hizo que la rubia optara ya por dejar aquello que su ira la empujaba a hacer un tanto en contra de su buen juicio. Pese a que bien podía saltárselo esta vez, después de todo, estaba frente al amante de su esposo.

—Podría tardarme horas y horas diciéndote la víbora que eres por llegar a mi casa, tomar mi bondad y pagármela yaciendo con mi marido. —La calma impregnada en tales palabras resultaron para Loki incluso más tétricas que la amargura con la que Sif tiñó las últimas dos—. Pero no lo haré. No porque no quiera, sino porque me repugnas y el sólo hecho de verte me da asco.

Loki apretó los labios, sabiendo que esta vez y con ella, no podría usar su lengua de plata, como Thor le había denominado a su don de zalamería, para escapar de las palabras de aquella mujer. Unas palabras que lo herían y lo llenaban de tanta impotencia y rabia, que algunas lágrimas se le escaparon en contra de su voluntad.

—Eso ya no funciona conmigo, pequeño Loki —tarareó dulcemente, fijando sus ojos en los de él por un momento y enviando un escalofrío por todo su ser. Sif entonces se encogió de hombros y le dio la espalda mientras hacía como si se interesara en la decoración—. Es una elección pobre para mi gusto, pero me imagino que así es como te ha de gustar, a ti y a Thor. —Se aclaró la garganta y a una distancia más larga, volvió a dirigirse a él, retomando su tono pacífico y neutro—. Quiero que te largues. De mi casa, de la ciudad y de la vida Thor. Para siempre.

—No.

—¿Disculpa?

—No lo haré.

Apretó sus manos en puños para aguantar el miedo que la mujer le provocaba, anticipando el golpe que le daría una vez que acabara de acortar la distancia que los separaba. Pero este no llegó, sólo lo hicieron algunos susurros hechos a su oído.

—¿Sabes que puedo enviarte a la horca ahora mismo, acusado de sodomita? ¿O que puedo simplemente decirle a la policía que me has robado? Thor nunca sabría qué pasó contigo, ya que ahora mismo apenas estará arribando a mi casa para que le digan que fui a comprar un sombrero, mismo que casualmente está debajo de mi asiento en el carruaje. Por su puesto que ni Lucy ni Jack verán nada, o eso es lo que dirán.

Loki tragó saliva. Ya lo suponía, pero él no quería apartarse de Thor, no por voluntad propia y mucho menos por una coacción. Se negaba a hacerlo, aunque supiera lo humillantes que serían las consecuencias de su decisión.

—Aun así, no lo haré. Él jamás se atrevería a hacerme a mí algo así. —Su voz salió más firme de lo que en un principio planeó y se sintió orgulloso de eso.

—Crees que te ama —concluyó Sif, retomando su posición frente a él, con un semblante impertérrito.

—Lo sé —dijo y por primera vez se atrevió a alzar el mentón con ese aire de rebeldía que siempre portaba en su mirada.

De nuevo un enojo visceral reptó por cada uno de los miembros de Sif y la consumió por completo. ¿Cómo se atrevía a decir algo así frente a ella? A menos que Thor… Estuvo a punto de explotar en un arranque de ira pura al acabar esa oración en su mente.

Un rayo de lucidez impactó directamente en su conciencia en la fracción de segundo que tardó en perderse dentro de aquella oscuridad, y ella lo aceptó gustosa. No se rebajaría a gritarle o a regodearse de los derechos que tenía por sobre los de un amante. No. Eso sería caer demasiado bajo. Pero podía usar aquello a su favor, si era lista.

—Así que te lo dijo. —Soltó un suspiro e hizo todo lo posible por reflejar lo que bien sabía era un semblante lleno de tristeza y lástima. Al ver una sombra de duda en los ojos esmeralda, supo cómo terminar aquello—. Verás, esta es una práctica comúnmente utilizada por los señores para retener a sus amantes…

—Thor no tiene amantes —le escupió el menor.

—Te tiene a ti, ¿no es cierto? —Un pequeño doblez se hizo presente en el entrecejo de Loki, lo cual, aunado al tono defensivo recientemente usado por él, le daba carta blanca para seguir con su plan—. ¿Cuánto tiempo creíste que dudaría tu "romance" con él? ¿Un par de años más? ¿Creíste que no te dejaría una vez descubrieran su amorío o cuando, al pasar de los años, se aburriera de ti? Dime, tengo curiosidad.

El que apretara los labios y pegara los puños a sus costados, sólo hacía que Sif se diera cuenta de lo mal cimentada y lo frágil que era la confianza entre ambos. Al menos hasta que Loki volvió a tomar valor, sacudió su cabeza como si se estuviera quitando las dudas y volvió a enfrentarla.

—Él no se aburriría de mí ni me dejaría, porque me ama.

Sif sonrió para sus adentros.

—Entonces déjame proponerte un trato.

.

¿Qué tal les pareció? Dato curioso: mientras escribía toda la última escena, en mi cabeza no paraba de sonar "First Burn". Si no la han escuchado, háganlo. De verdad merece mucho la pena *llora en silencio*.