Mamá, ¿Por qué me nombraste Hinata, si todos mis días son grises?

...

Era una película de suspenso. De esas que no causan el típico miedo o terror por los sonidos o criaturas con aspectos atroces. Era de esas películas donde todo el tiempo estás en alerta, esperando un screm tremendo que posiblemente nunca llegue y te deje con un mal sabor de boca.

En el sofá de tres piezas de una pata quebrada, el que está frente al televisor de cajón, cómodamente se encontraban Naruto, Sasuke y Hanabi en el medio; los tres mirando esa película vieja, de televisión abierta, sobre un asesino suelto con una máscara que daba risa.

Estaban en el en el minuto treinta, donde justamente la rubia linda que casi siempre muere primero seguía una extraña voz que provenía de la habitación contigua.

En la parte más interesante, un desconocido decidió llamar a la puerta.

—Están tocando —mencionó Naruto. Ninguno de los tres despegaba los ojos de la tv. Hipnotizados por la trama.

Volvieron a llamar con más ímpetu

—Alguien tiene que abrir, puede ser importante —decía sin recibir respuesta por parte de los otros dos.

—Cuñado, es la mejor parte, no quiero perdérmela.

Volvió la vista a ese par, y al parecer no mostraban ninguna molestia en ponerse de pie.

—¡Esta bien, iré yo! ¡No se preocupen en levantarse! —se apoyó con fuerza del reposa-brazos y quitó el plato de palomitas acarameladas de sus piernas.

—Cállate y hazlo en silencio —Naruto refunfuñó después del comentario de Sasuke.

Y te preguntarás ¿Qué hacen estos tres juntos?

Sakura y Hinata salen a trabajar y ya no tienen que dejar a Hanabi con Chiyo, ya que Naruto y Sasuke la cuidan por las tardes. Y una hora antes de finalizar la jornada de trabajo, este trío iba por ellas al café, siempre, sin excepciones.

Naruto abrió la puerta. Frente a él estaba un hombre mayor de aspecto atemorizante, con un traje elegante y apoyando sus manos en un bastón. Las arrugas en su frente y alrededor de la comisura de los labios hacia saber que el tiempo había pasado en él. Rondando entre los cincuenta y cincuenta y cinco de edad.

En cuanto cruzaron miradas, Naruto sintió una corriente eléctrica que recorrió su esternón. Al contrario, el sujeto frunció el ceño. Haciendo saber claramente que no esperaba encontrarse con un chico.

—¿Tú vives aquí? —preguntó el tipo extraño.

Naruto se molestó. Estaba en su propia casa, en todo caso el que tenía que presentarse era ese viejo con cara de trasero arrugado.

—¿A quién busca? —respondió, de la misma manera, con otra pregunta, apáticamente.

—Mis fuentes me dijeron que aquí vive Hyuga Hinata, ¿Qué relación tienes con ella?

—Ella es mía, es mi novia —contestó sin más—. ¿Usted quién es?

El tipo no estaba para bromas. Se veía a simple vista que era uno de esos millonarios que van por la vida metidos en sus propios asuntos. El Rolex plateado lo delataba.

El extraño levantó de la coronilla el sobrero que cubría su larga y bien peinada melena castaña, y con la otra mano quitó los elegantes lentes oscuros, dejando ver sus ojos aperlados.

—Yo soy Hyuga Hiashi, su padre.

Naruto perdió el color de su rostro lentamente... ¡uy, si las miradas mataran...!

{...}

Sakura hacía el corte de venta mientras Hinata veía desde la recepción hacia la única mesa ocupada después de haber cerrado.

Sasuke Uchiha jugaba con las llaves del auto de Naruto, esas con el llavero de zorro que Hinata le obsequió. Estaba esperando que las chicas terminaran con el trabajo y pudieran marcharse.

—¡Sasuke~! —gritó la efusiva Sakura abalanzándose sobre él— ¡Llegaste tarde hoy! Creí que no vendrías —ronroneaba mientras pegaba su cachete con el de él, frotándolo.

—Sasuke... —la vocecita temblorosa de Hinata hizo calmar la euforia de su amiga— Hanabi y Naruto, ¿por qué no vinieron?

¿Cómo explicarle que su padre, aquel que no ha visto en años, apareció de repente y Hanabi se emocionó tanto que no quería separarse de él para venir a buscarlas?

—Ellos se quedaron, tenemos visita. Más bien, tú tienes visita.

{...}

Naruto tenía que estar en un momento incómodo para observar con atención su reciente hogar, y darse cuenta de los incontables defectos que había dentro de la casa.

Un hueco de diez centímetros en la pared de madera, ahí debe vivir el ratoncito que hace gritar a las chicas, quizá deba comprar una trampa y ponerla por la noche. Miró al techo y contó: una... dos... tres goteras de gran tamaño que en época de lluvia serían un grave problema.

Seguía inspeccionando el interior de la casa. Lo único que no quería, era conectar mirada con el hombre mayor frente a él.

—Mi hermana me decía que no podías visitarnos porque tenías mucho trabajo, papá, pero que algún día regresarías al país para visitarnos —expresaba alegremente.

Para una niña, en ese entonces, era más fácil que entendiera que su padre estaba fuera de la ciudad trabajando que decirle la cruel verdad.

—¿Ella te dice eso? —preguntó atónito. Después de lo canalla que se había portado, Hinata se encargó de no envenenar la mente y recuerdos de su hija más pequeña.

—¡Sí! ¡Ella es genial! Ella y Sakura me han cuidado, tengo meses sin una recaída.

Hiashi Hyuga veía a la niña alegre, abrazándolo a cada minuto, y éste le correspondía como nunca imaginó.

Naruto conocía la historia lo necesario. Era consciente de que para Hinata no sería una noticia nada agradable sabes que estaba allí, en su casa, hablando con Hanabi, como si nunca se hubiesen separado.

La puerta se abrió abruptamente.

—Sasuke, ya te dije que si sigues con esa tontería perderás a tu novia.

Sakura dejó su parloteo y quedó anonadada, con la boca visiblemente abierta. Arrugó su entrecejo y apretó los puños. Miles de recuerdos le vinieron a la mente; como aquella vez donde ordenó a seguridad para que la sacaran de su casa, también esa vez donde un guardaespaldas contratado por él alejó a Hinata de ella... en fin, muchos más

¡¿Qué hacía ese hombre ahí?!

Entonces abrió los parpados completamente y volvió la cabeza en dirección a su amiga, quien la tenía junto.

Hinata temblaba, ella se podía dar cuenta de eso por su cercanía. Sus labios vibraban, como si tratasen de soltar algo, al igual que sus ojos.

—¡Hermana~! —Hanabi corrió hacia ella para tomarla de la mano y llevarla donde su padre— ¡Papá ya está aquí! ¡Ya terminó con el trabajo y viene por nosotras!

No, no podía demostrar su sentir frente a Hanabi. Ni siquiera podía ver a Hiashi a la cara, era como revivir un amargo recuerdo.

Hanabi se volvió a arrojar en los brazos de su padre. Hinata forzó su boca a sonreír, aunque sus ojos dijeran lo contrario.

Sin dudas, fue la sonrisa más dolorosa hasta entonces.

{...}

—Aquí tiene, señor —Sakura entregaba a su inesperado invitado una taza con café negro bien cargado.

—Muchas gracias, Sakura. Te lo agradezco —Ella se alejó simulando una sonrisa—. Así que ambas trabajan en un maid café —Hinata sólo asintió con la cabeza— ¿Quién cuida de Hanabi?

—Antes lo hacía nuestra amable vecina, Chiyo. Pe-Pero ahora Naruto y Sasuke se encargan de eso. Como sabrá, padre, nosotras necesitamos dinero para poder comer, y eso implica trabajar para conseguirlo —sonaba seria, pero no tanto como para preocupar a su hermanita por el tono de voz empleado.

Padre e Hija tenían muchas cosas de que hablar ¡Muchas! y para eso, requerían hacerlo a solas.

—¿Qué les parece si vamos a buscar algo para cenar? —habló Sakura— Hanabi acompáñanos, así le podrás elegir la comida para tu papá.

—¡Me gusta la idea! ¿Qué quieres comer, papi?

—Lo que quieras comer tú, hermosa, seguramente me va a gustar —sonreía de una manera única, mantenía una expresión que Hinata nunca presenció.

—¡Bien! Regresaremos muy rápido. Por favor, no te vayas, prométeme que estarás cuando volvamos. ¿Sí?

—Lo prometo —elevó la mano abierta como juramento.

Los cuatro salieron, dejando a Hinata y Hiashi solos. Y en cuanto cerraron la puerta, Hinata se pudo desahogar. Volvió a la realidad, esa donde tenía delante a esa persona que ni en sueños deseaba ver.

—No hagas promesas que no vas a cumplir.

—Hinata, hija... —él intentó dar un paso adelante, ella retrocedió dos.

—N-No me llames hija —interrumpió— ¿Al fin recordaste que tenías hijas?... ¿Cómo nos encontraste?

—Contraté detectives. Cuando dijiste que te irías, no pensé que hablaras en serio. Me parece incorrecto que vivan con dos varones sin estar casadas.

—Les alquilamos la habitación de sobra, sólo es eso... ¿A qué viniste?

—Vengo por ustedes. Incluso, Sakura vendrá con nosotros.

—¡¿Por qué?! ¡¿Por qué ahora?! —Estaba estoica, apretando las manos, sin mirarle a los ojos— ¡No estuviste en todas esas veces en que corrimos con Hanabi al hospital! ¡Todas esas noches que no dormíamos por estar cuidando que la respiración de ella no se detuviera!

—Hinata, Hanabi es menor de edad, y quieras o no yo sigo siendo su padre. Con o sin tu aprobación me la voy a llevar, estará en mejores manos. Si no quieres venir, es tu decisión. Pero Hanabi se viene conmigo.

—No es justo... no es nada justo... no puedes hacer esto, no me la puedes quitar.

—Hija, piénsalo al menos. No puedo disculparme por el error que cometí, porque una disculpa no repara el daño que causé y los años perdidos. Pero ahora haré el intento, por ella, por ti, por Hana.

—¡No la metas en esto...! ¡Si ella estuviera con vida...! Desde que murió, siempre me pregunté por qué me odiabas tanto, por qué eras tan malvado conmigo.

—No te odio, nunca podría hacerlo. Sólo estaba protegiéndote. No quería perder el retrato vivo de Hana... Hanabi, tú y Sakura, estarán mejor conmigo. Piénsalo, hazlo por tu hermana.

Hinata llevó sus manos a la cara, frotándose el rostro.

El tratamiento de Hanabi era muy costoso, y cada vez lo era más. Hinata estaba consciente de que en algún momento no podrían seguir viviendo de la caridad de Mei Terumi.

Pero, ¿era lo correcto...?

{...}

Como tradición de cada año, la escuela realizaba una asamblea conmemorativa por el día de la mujer, más bien algo parecido a un homenaje, para celebrar esa fecha.

Todos los estudiantes, de los tres grados, se reunían en el edificio de conferencias. Donde presenciaban discursos, debates, inclusive algunas obras teatrales respecto al tema.

Y como el año anterior, la presidenta del consejo estudiantil, Sakura Haruno, abriría el evento con su discurso.

—Naruto.

Menma lo detuvo del brazo justo antes de entrar al edificio.

Naruto se soltó bruscamente.

—¿Qué quieres?

—Todavía tienes tiempo de decirle a Hina toda la verdad —sonreía amablemente.

—Lo que tenga que hacer no es de tu incumbencia. Ahora déjame pasar.

—hmp, como quieras. Te lo advertí —encogió sus hombros e ingreso al lugar llevando ambas manos atrás de la cabeza.

Naruto lo meditó por un momento, ¿Por qué se lo dijo? ¿Por qué justo ahora?

Sin darle más importancia a las provocaciones de su hermano decidió entrar.

El esperado discurso de Sakura ya había comenzado y estaba por concluir

—Terminaré con un fragmento del discurso de la escritora Chimamanda Ngozi Adichie: Les enseñamos a las niñas a menospreciarse. Les decimos; puedes tener ambiciones, pero no demasiadas. Debes aspirar al éxito, pero no demasiado éxito, de lo contraria amenazarías al hombre —inhaló llenando sus pulmones. Dio vuelta a la página que sostenía sobre el podio. Miró a su audiencia, la mayoría no poniéndole atención—. Se supone que daba tomar mis decisiones de vida, teniendo siempre en cuenta que el matrimonio es lo más importante. Pero ¿por qué les enseñamos a las niñas a aspirar al matrimonio y no les enseñamos a los niños lo mismo? Criamos a las niñas para verse competidoras entre ellas, no por trabajos o logros que pienso sería bueno, sino por la atención del hombre. Feminista: persona que cree en la igualdad social, política y económica de los sexos.

El público aplaudió. La mayoría siguiendo al otro, pues ni siquiera sabían que había terminado.

El director subió al estrado para continuar con el programa.

Sakura regresaba, orgullosa, a su asiento de primera fila junto a Hinata. Volteó hacia atrás y unos asientos más al fondo se encontraban el Sasuke y Naruto, éste último levantando el pulgar

—Muchas gracias a nuestra presidenta estudiantil por tan, singular discurso. Bien, ahora tenemos una, especie de demostración documental sobre los valores, a cargo de las compañeras Tayuya y Sara Rōran.

En seguida, ellas aparecieron en el escenario.

—Gracias a todos por su presencia. Sara y yo les hablaremos sobre lo importante que es valorar y respetar al sexo femenino, cosa que la mayoría de nosotras sufrimos hoy en día. —Tayuya presionó el botón para bajar la pantalla de proyección enorme.

—Así es. Hoy en día vivimos desigualdades y desprecios hacia nosotras, y para demostrar la crueldad que podemos padecer, les mostraremos un vídeo muy especial. Pero antes, agradecemos a nuestros colaboradores Uchiha Sasuke y Uzumaki Naruto por su ayuda, sin ustedes esto no sería posible.

Las miradas azul y negra se conectaron por un momento, confundidos.

Al contrario, Menma, parecía más feliz de lo normal.

Definitivamente esto no pintaba nada bien.

La luz del proyector apuntó a la pantalla, y la primera imagen que se vio fue una cabellera amarilla y la otra negra, dándole la espalda a la cámara. Como si quien los grabó estuviera escondido, y efectivamente eso era.

Sasuke sintió un hueco en el estómago desde los primeros segundos de la presentación, recordó ese momento. Inmediatamente, su mirada se fijó en Sakura.

—Si fuera mujer sería una puta —sonó en el altavoz y reconocieron de inmediato al dueño de esa voz. Naruto.

—Tú siempre con tus porquerías —respondía la voz de Sasuke— Por cierto, ¿cómo vas con la rarita?

—¡Ah, es un huesito duro de roer! Pero va a caer, todas caen, es una más del montón. Un par de palabras bonitas y para el final del día me abrirá las piernas. Jamás una apuesta me pareció tan divertida —puso sus manos en la nuca y echó la cabeza hacia atrás— Tiene suerte de ser bonita y tener tetas grandes. Si no fuera por eso, no podría tener una erección.

—Eres repugnante. ¿Cómo es que alguien tan estúpido puede conquistar a quien quiera?

—Déjate de tonterías. ¿Cómo vas con la lesbiana? Yo sigo pensando que tiene paquete.

—No, no es lesbiana. Está enamorada de Gaara, el hermano de Kankuro. Y como si alguien pudiera fijarse en ella. Sólo un estúpido como yo, más una apuesta, podría acostarse con la presidenta. En mi caso, dudo mucho que me haga tener una erección.

Fin de la cinta.

Sasuke escuchó cada palabra del cortometraje. Se preguntó, ¿en verdad dijo todo eso? Claro que lo hizo, pero fue hace mucho y ahora pensaba diferente, estaba horrendamente arrepentido. Estaba tan pensativo que, no se dio cuenta de cuándo Naruto brincó entre los asientos hasta llegar a la primera fila.

Su reputación popular estaba yéndose por el caño, pero para él Hinata importaba mil veces más que un simple título. La sostenía de los hombros diciéndole no sé qué cosas e impidiéndole que se fuera.

Los estudiantes murmuraban.

Hinata moría por salir de ahí, hacía el mayor esfuerzo por soltarse pero Naruto no se lo permitía. No sé cómo, pero se soltó y huyó lo más rápido que pudo, y Naruto detrás de ella.

Entonces, Sasuke miró en dirección de la melena rosada. La mirada oscura, las manos apretadas hasta lastimarse ella misma, de pie, sin decir una sola palabra o hacer algún movimiento. Sólo entonces, comprendió cuan hijo de puta había sido. Había dañado lo más importante, aquello que juró proteger, y ahora por cobarde lo estaba perdiendo.