XX
Inuyasha P.O.V
Como diría un español, salí a toda hostia de la casa de Aome, cerré la puerta de un solo golpe haciendo que el pobre Kuroro se asustara pero para ser sincero, poco me importó. De pronto me sentí como un caballo de carreras, solo podía ver al frente ya que el resto estaba oscuro, subí a mi motocicleta y la encendí de un tirón, sin ponerme el casco arranqué hundiéndome en la noche. Solo podía escuchar el las ráfagas de viento contra mis oídos, estaba hecho pedazos, necesitaba drenar mi energía antes de irme a cualquier lugar o regresar a casa. Me dirigí al hotel, al gimnasio directamente sabiendo que no encontraría a nadie en ese lugar un domingo a esa hora. Muchos de los empleados intentaron hablarme, saludarme, pero la expresión de mi cara los ahuyentaba. Me quité la camisa que llevaba puesta mientras caminaba hasta la pera de boxeo, me puse unos guantes que por casualidad estaban allí y comencé a golpear a la pera con toda la fuerza de mi ser, con todo el enojo, con todo el dolor que sentía, con mi corazón roto.
Ayer parecía ser un día normal, un día excelente en realidad, mi prima se casaba y Aome lucía tan hermosa como siempre pero tuvo que aparecer la condenada de Kikyo con su bocota y metiendo sus narices en donde no debía, la verdad me valía un comino si me pedía disculpas o no, aunque si fue gran parte de mi vida y nunca podré olvidarla ella no tenía porque entrometerse en mi relación con Aome, si no se lo había contado tenía mis razones. Cuando Miroku me convenció de salir con Aome después de aquella noche en la playa en la que llegó borracho a la casa no pensé en contarle nada, la verdad estaba seguro de que serían unos besos, unas caricias, tal vez sexo pero algo serio nunca se me pasó por la mente hasta que fui conociéndola poco a poco. Nunca absolutamente nunca después de lo que había pasado con Kikyo llegué a abrirme a alguien, solo cosas casuales. Desde un principio les pedí a todos los que me rodeaban un voto de secreto en cuanto a que era Marine con la excusa de lo que había pasado con Kikyo. En el momento en el que la cosas se comenzaron a poner serias con Aome me asusté aun más, no podía creer lo que estaba sintiendo por ella en tan poco tiempo y el pensamiento de perderla por decirle quien realmente era me atemorizaba aun más. Sé que no bebí hacerlo, que tuve que ser sincero desde el principio pero ¿Pueden culparme? después de lo que me pasó con el supuesto "Amor de mi vida" cómo quieren esperar más de mi.
Cuando pasó lo de Kikyo estaba en mi segundo viaje a Irak, estuve allá aproximadamente ocho meses y el deseo de verla era lo único que me mantenía en pie, estar en ese lugar es tan horrible que una chispa de esperanza es lo único que te ayuda a sobrevivir.
Decidí unirme al cuerpo Marine en el momento en que mi padre murió, yo quería ser como él. Mi padre era mi modelo a seguir, mi roca. En mi familia era una tradición a demás, como Seshomaru se negó a ello quedó de alguna manera esa responsabilidad en mi, papá era más apegado a mi por lo que sentía que yo era el elegido para su legado. Se me hizo fácil entrar ya que él era una figura muy importante y su perdida fue un golpe duro para los Marines aunque su muerte no fue en vano, no para mi por lo menos. Mi padre murió salvando a una familia, sacrificando su vida por ellos. Recibió múltiples impactos de balas y bombas lagrimógenas lo asfixiaron, lograron llevarlo al hospital pero no sobrevivió.
Recuerdo claramente cuando nos dieron la noticia. Miroku y yo estábamos en el patio trasero de mi casa en Nashville jugando basquet, iba ganando por un punto. Eran las cuatro de la tarde, hace una hora que habíamos llegado de la secundaria, estaba corriendo con el balón en mis manos rebotándolo ágilmente para que Miroku no me lo quitara cuando escuché como un cristal se rompía dentro de la casa.
-¿Mamá?- grité deteniéndome en seco. Al no recibir respuesta miré a Miroku y ambos salimos corriendo dentro de la casa, yo agarré el bate que estaba junto a la entrada, cruzamos la cocina a toda velocidad hasta llegar a la sala en donde se encontraban dos oficiales amigos de mi padre, el señor Malcom y el señor Phillips, sentados en las butacas frente a la pequeña mesa de madera, mamá nos daba la espalda y en el suelo se encontraba el cristal roto, era una jarra con lo que yo suponía que tenía era jugo, estábamos en primavera así que ya hacía un poco de calor. Los oficiales me miraron con lástima por lo que arrugué el ceño y bajé el bate -¿Mamá?- repetí pero ella no se giró a verme -¿Mamá qué pasa?- pregunté perdiendo la paciencia rápidamente. En eso el señor Malcom se levantó de su asiento cabizbajo seguido de Phillips, el primero caminó hasta mi colocando una mano en mi hombro.
-Lo siento chico...tu padre ha muerto- en ese momento mamá se giró a verme finalmente tenía la cara roja y estaba llorando, yo la miré y luego a los amigos de mi padre, di tres pasos hacia atrás chocando contra Miroku que me miraba preocupado. Sin decir nada solté el bate y salí de esa habitación.
-¡Inuyasha!- escuché llamar a mi madre pero no me pude detener, salí corriendo de mi casa sin rumbo alguno, corrí y corrí con las imágenes de mi padre en mi mente. Casi me atropellan cuatro veces, me lleve por el medio a unas cuantas personas en el camino pero no me detuve hasta llegar al parque a donde siempre íbamos, fui hasta el estanque en donde solíamos lanzar rocas haciendo competencias, por suerte no había nadie ya que estaba un poco escondido, llorando agarré un puñado de rocas y las lancé al agua gritando. Estuve toda la tarde en el estanque hasta que oscureció. Regresé a mi casa dando tumbos, me paré frente a la puerta y esperé aproximadamente diez minutos antes de entrar. Apenas abrí la puerta mi madre apareció en el pasillo, por alguna razón no aguanté más y corrí hasta ella abrazándola llorando de nuevo, no era algo mío llorar, sigue sin serlo realmente.
-¿Por qué?- pregunté en sus brazos. Ella respiró profundo y se alejó para verme a los ojos.
-Por salvar a una familia- respondió con una leve sonrisa, yo asentí resguardándome de nuevo en sus brazos. Esa noche dormimos juntos, Seshomaru se encontraba en la universidad por lo que fue nada más al funeral.
A partir de allí fue cuando empecé a odiar la lástima de las personas ya que todo el mundo me veía así, la gente se me acercaba solo por eso, hasta los idiotas que solían molestarme en la secundaria, todos menos Kikyo, creo que esa fue una de las cosas que me hicieron enamorarme de ella, en lugar de acercarse a mi con lástima se acercó con ganas de apoyarme, de allí en adelante fue todo color de rosas con ella, hasta que decidí enlistarme en el ejercito en honor a mi padre, la verdad ni mi madre ni ella estaban de acuerdo pero después de argumentar mi decisión con firmeza y sentimiento aceptaron, igual lo iba a hacer lo aceptaran o no, era lo único que podría unirme a mi padre de alguna manera una vez más. Miroku se enlistó conmigo y durante nuestra formación conocimos al inútil de Kouga, como nuestros padres tenían peso en los Marines fuimos subiendo rápidamente aunque no me gustara mucho, prefería ganar mis cosas por mis propios méritos, pero bueno.
Nuestro primer viaje fue corto, fuimos a Afganistán por cuatro meses a penas, pero fueron los cuatro meses más traumantes de mi vida, a veces tengo pesadillas todavía. Muchos de nuestros compañeros murieron, más de una vez tuve que cargar a algún camarada desangrándose en mis hombros o alguien sin algún miembro. Muchas veces me tocó matar a alguien y otras cuantas pasar noches en vela pendiente de todo a nuestro al rededor. Las cartas de mi madre y Kikyo eran lo que de alguna manera me mantenían cuerdo. Al regresar tuve que ir a un terapeuta psicológico ya que el mínimo sonido fuerte era como una bomba para mi por lo que me ponía a la defensiva, hasta tirarme al suelo, escuchar un video juego de pistolas me pondría en modo de ataque de inmediato y una vez casi ahorqué a Seshomaru en un intento de despertarme mientras dormía. Después de recuperarme unos meses después le pedí matrimonio a Kikyo, tal vez era algo apresurado y éramos bastante jóvenes pero la amaba tanto que no me importaba. Solo pudimos disfrutar unos pocos meses de nuestro compromiso cuando me volvieron a mandar a una misión, esta vez a Irak, pero solo por dos meses. Estuve aproximadamente cuatro meses más en casa cuando llegó mi viaje más largo, a Irak de nuevo pero por ocho meses, eso fue cuando sucedió todo y mi vida se vino abajo, fue en donde recibí mi primera herida grave, la cicatriz en mi costado, fue en un ataque, recibí dos disparos de bala pero por suerte no dañaron ningún órgano. Al regresar tuve que ir de nuevo a la terapia psicológica ya que las cosas fueron aun más crudas y después de estar deprimido por un buen tiempo por lo de Kikyo decidí irme de casa por un tiempo pidiéndole ayuda a Seshomaru, para mi vergüenza, que me ofreció un trabajo como gerente en su hotel de Kiawah Island o en el de California pero como Miroku estaría con su novia en Kiawah Island decidí ir para allá, ahora me doy cuenta que fue un gran error. Estaba más vuelto mierda que antes.
La verdad por un momento pensé que Aome sería diferente, pero me demostró lo contrario o tal vez el equivocado era yo. Para ser sincero no podía pensar más simplemente me dediqué a drenar todas mis energías en esa pera de boxeo. Al terminar, cuando ya no pude más, a penas respirando y bañado en sudor me tiré al suelo llevándome las manos enguantadas al rostro.
-Maldita sea Aome ¿¡Por qué!?- grité lo ultimó golpeándome el rostro sintiendo esa piquiña que tanto odiaba en los ojos. De un tirón me quité los guantes y los lancé contra la pared, la verdad me sorprendía que aun tuviese fuerza.
-¿Señor está bien?- escuché la voz de uno de los encargados del aseo, yo lo miré y respiré profundo.
-No es nada- dije levantándome, caminé hasta a donde había quedado mi camisa y la tomé secando el sudor de mi rostro -Buenas noches- sin más salí del gimnasio. Iba a ir a mi habitación pero después de recordar todo lo que había pasado con Aome en ella opté por ir a casa, recoger mi cosas e irme a cualquier lugar. Me puse la camisa de nuevo y me fui hasta mi motocicleta, un poco más calmado y en mi cabales me coloqué el casco y arranqué sin embargo no bajé la velocidad, un mal movimiento y perdería el control de la moto, pero me valía madre. LLegué a casa en un santiamén dejando la moto en el garaje, entré a la casa y me fui directo a mi habitación captando por el rabillo del ojo las miradas de Miroku y Shippo desde la sala. Con pasos largos subí las escaleras hasta entrar en mi habitación, tomé una mochila y comencé a meter unas cuantas mudas de ropa, lo necesario para un viaje de carretera.
-Asumiré que Aome te pidió un tiempo...- escuché la voz de Miroku alcé la mirada y allí se encontraba recostado del marco de la puerta de brazos cruzados.
-Ahora no Miroku- dije entrando al baño para tomar mi cepillo de dientes.
-Es solo una observación- dijo levantando sus manos en el aire.
-Pues entonces estás ciego porque me mandó a la mierda y yo a ella- le respondí viéndolo fijamente.
-¿Por qué hiciste eso?- me preguntó al parecer muy confundido.
-¿¡Cómo que por qué!?- ¿De qué lado estaba este cabrón?
-Inuyasha todo esto es tu culpa, no puedes esperar que ella se lo tome a bien después de que le mentiste acerca de algo tan serio- y una vez más la furia comenzaba a cernirse en mi pecho.
-¿¡Qué demonios dices!? ¿Para empezar de qué lado estas Miroku? ¡A demás sabes muy bien porque lo hice!- exclamé.
-No estoy de ningún lado Inuyasha ¿Te cuesta mucho admitir que te equivocaste? Estoy seguro de que si hubieses sido sincero desde un principio no estarías en este problema. Y si estoy muy claro de porque lo hiciste no significa que lo justifique como te dije antes- él ya me había advertido de que lo que estaba haciendo era una mala idea y que no le parecía justo sin embargo nunca me detuvo.
-Nunca lo impediste- dije defensivamente.
-No soy nadie para hacerlo- dijo sin más enfureciéndome.
-¿Pues sabes qué, si le admití que me equivoqué y sabes que me dijo?- deje una pausa en el aire -"Creo que tenemos que dejarlo hasta aquí"-
-¿Preguntaste si quiera por qué? ¿Intentaste que cambiara de opinión?- las preguntas de Miroku me descolocaron, la verdad no lo hice...simplemente me descargué insultándola...no fue necesario responder, el silencio decía todo -¿Qué vas a hacer al respecto Inuyasha?- dijo después de un suspiro, yo lo miré.
-¿Cómo que qué voy a hacer? No queda nada que hacer al respecto, me iré a cualquier lugar- hablé más bajo mientras seguía guardando mis cosas.
-¿De verdad la vas a dejar ir?- preguntó haciendo que me detuviese de nuevo.
-Ella no me quiere Miroku, ella no quiere estar conmigo, no pienso insistir, ella tomó su decisión- seguí con lo que estaba haciendo, ya había tenido suficientes enfrentamientos en una noche, no podía más -Dormiré en algún hotel de la carretera, te avisaré cuando me estabilice- dije guindando la mochila en mi hombro, lo miré a los ojos notando su preocupación en mi pero él no me detendría, nunca lo hacía siempre dejaba que tomara mi decisiones, claro después de hacerme reflexionar como hace unos momentos peor yo cabezón como siempre hago lo que quiero. Puse una mano en su hombro y él asintió, sin más bajé por la escaleras, fui a la cocina a buscar algo de agua y unas galletas topándome con Shippo en el mesón.
-¿A dónde vas?- preguntó el enano mientras comía cereal.
-No lo sé- respondí llenando un termo de agua.
-Eres un idiota- dijo de pronto muy molesto, no me giré a verlo -Solo tu podrías hacerle algo así a Aome-
-Lo que haga o no en mis relaciones no es tu problema mocoso, a demás fue ella la que terminó todo no yo- respondí a la defensiva.
-¡Pues si me incumbe porque tuve que guardar tu secreto!- exclamó tomándome por sorpresa -¡Y la verdad yo tampoco quisiera estar con un idiota mentiroso como tu!-quería acercarme a él y darle un buen cocazo como siempre hacia cuando estábamos más pequeños, estuve a punto de hacerlo pero me detuve al ver como caía una lágrima de su mejilla.
-Nos vemos- dije sin más saliendo de la cocina directo al garaje. Coloqué la mochila y la botella de agua en el compartimiento debajo del asiento, se me habían olvidado las galletas pero no pensaba entrar de nuevo a la casa, salí del garaje, me coloqué el casco y salí despedido de mi casa.
Rodé, rodé y rodé hasta llegar a un pequeño motel a unos cuantos kilómetros de la salida de Kiawah Island, decidí irme por Carolina del Norte y una vez allá ver a donde iría. Pagué la habitación y caminé hasta ella, no era muy lujosa pero tenía lo necesario, tiré mi mochila sobre la cama y fui a revisar el baño, por suerte estaba limpio y habían unas toallas al parecer recién puestas. Sintiendo lo apestoso y sudado que estaba comencé a quitarme la ropa y a templar el agua, por suerte había agua caliente. Lentamente dejé que el agua me limpiara, estaba muy tenso y el calor me relajó, tomé el pequeño pote de shampoo y me lavé el cabello imitando mi acción pero con el jabón sobre mi cuerpo, al terminar me quedé viendo las baldosas verdes desvaídas del baño dándome cuenta de que al salir Aome no estaría esperándome en la cama con su dulce sonrisa, que al salir estaría en una habitación solo huyendo de mis decisiones, que al salir el silencio me volvería loco, que al salir no escucharía su melodiosa voz o su risa, que no vería de nuevo esos ojos grandes y achocolatados, que al salir sentiría un puñetazo en el estómago, un cuchillazo en el corazón y mi realidad me ahogaría. No quería salir del baño. Aguanté un rato de agua helada temiendo mi destino pero no podía quedarme allí para siempre por más que quisiera. Cerré el agua y salí secándome con las toallas que estaban ásperas y duras pero bueno no podía pedir mucho, fui hasta el lavamanos reposando mis manos a cada lado,el espejo que se encontraba frente a mi estaba empañado por lo que no podía verme, con mi mano lo limpié viéndome en él, odiándome infinitamente, sintiendo esa maldita piquiña en los ojos de nuevo, sin pensarlo le metí un puñetazo a mi reflejo deseando que pudiera golpearme a mi mismo, sentí el dolor punzante en mis nudillos y como unos cuantos cristales se habían incrustado en ellos. Respiré agitado sin importarme el dolor en mi mano de la cual chorreaban unos cuantos caminos de sangre, unos cuantos cristales estaban en el lavamanos mientras que otros brillaban en el piso mostrando mi reflejo roto. Así me sentía, roto.
Lavé mi herida viendo como el agua se tornaba vinotinto con mi sangre en contraste del lavamanos blanco, saqué los cristales incrustados y salí del baño, busqué una de las camisas que había llevado y con los dientes arranque un pedazo creando una especie de benda con la cual cubrí mis heridas. regresé al baño y con el mismo resto de camisa recogí los cristales lanzándolos a la basura. Ya cansado no me molesté en vestirme así que me lancé sobre la cama cubriéndome tan solo con la toalla ajustada en mi cadera, el edredón olía a guardado y la verdad estaba un poco polvoriento, la cama estaba deformada y podía sentir unos cuantos resortes en mi cuerpo, las almohadas parecían unas piedras pero la verdad nada de eso importaba, nada de eso me molestaba, lo único que me dolía era estar solo en ese lugar con el vacío en mi pecho de no tener a Aome a mi lado y saber que al día siguiente no podría verla.
Esa noche hice todo lo posible por dormir pero se me hizo muy difícil, me despertaba a cada rato por alguna pesadilla de Aome, desesperado la buscaba pero no estaba a eso se le sumaba la leve molestia en mi mano. A eso de las cuatro de la mañana decidí que sería imposible dormir así que me vestí y dejé cien dolares en el baño para que arreglaran lo que había roto, entregué la llave y me adentré en la carretera de nuevo, me detuve en la primera estación de servicio que encontré para comprar algo de comer, algo para limpiar mi herida y vendarla como tal y llenar el tanque de la motocicleta. Mientras compraba un café y un emparedado decidí revisar mi celular que se estaba quedando sin batería así que le mandé un mensaje a Miroku indicándole en donde estaba y cuales eran mis planes. Apagué el celular y me marché de nuevo a la carretera, me esperaban cinco horas hasta Carolina del Norte.
Hola hola! Aquí está el POV de Inu, que les pareció? estoy pensando en intercalar un poco los puntos de vistas para saber que pasa en el mundo de cada personaje como me pidió Dania-inu lo cual me parece una buena idea, pueden ser dos caps seguidos de Aome como puede ser intercalado vale? Bueno espero que les haya gustado, de verdad que quería contar estas cosas de Inuyasha así que espero que les haya quitado un poco la curiosidad en cuanto a el pasado de Inu. Gracias de nuevo por su apoyo chicas! Besos! V 3
