Closer
Advertencia: Historia con alto contenido sexual, lenguaje soez, una temática BDSM... si te molestan las malas palabras no leas y quienes leen lo hacen bajo su propia responsabilidad, no hay queja bajo advertencia, si quieres romance no leas, si quieres un drama elaborado no leas, ahora si quieres la historia entre un Dom y una Sumisa lee :)
Especial: Si te sientes ofendido por tocar algo relacionado con la RELIGIÓN. No leas.
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""Existen momentos de la vida en que la única alternativa posible es perder el control.""
Closer 21: Perdiendo el Control.
Otro día encapotado… hermoso. Afuera todo lo era pero ¿dentro? Depende de a que me esté refiriendo con esa palabra, ¿dentro de la casa? Cálido, agradable, reconfortante. ¿Dentro de… mí? Era toda una confrontación, por un lado había una parte que gritaba a raudales que dejara todo pensamiento negativo a un costado y me concentrara en recibir lo que mi Señor quisiera darme y darle a él lo que solicitara de mi persona. Pero había esa otra parte, la tonta y estúpida analítica parte, que quería reconocer con detalle cada sensación y emoción que recorría mi cuerpo, esa que me decía que si me concentraba en solo dar y recibir, cuando abriera los ojos a la realidad de lo que ignoraba, entonces sería demasiado tarde, ¿tarde para qué? ¿Para mí?, eso no podía ser y eran cosas que no lograba entender, ¿en qué momento de todo esto perdí el punto en el cual podía ver la luz al final de este camino?
Ese día, probablemente quede grabado en mi retina por un tiempo… un tiempo que no se cuan largo podría ser, al igual que la textura de su piel en mis dedos, su cabello, su barba y hasta su ceño fruncido, todo eso quedaría en mí. Ahora incluso podía hablar de delicadeza… porque él había tenido esa manera sutil de tocarme y hacer que cada momento frustrante previo a ese momento fuese compensado… fue una completa, excitante y abrumadora locura. Él me llevo hasta el auto luego, porque mis piernas no podían sostenerme, en algún momento de todo aquello inclusive sentí reír… reír como si mi vida dependiera de ello, tal vez fue en mis sueños porque él me habría regañado ¿no? Era irónico, habíamos estado de aquella manera en un sitio tan público como la calle de afuera y ¿yo había dicho algo? Y eso me había hecho reír como ebria sin causa. Habíamos llegado a casa y yo había sufrido cada traspié del vehículo, estaba demasiado sensible. Él se hizo cargo de mí, bañándome y aplicándome ciertos cuidados, que había dicho, eran necesarios luego de la práctica de la cadena.
Todo aquello fue colateral… yo solo estaba centrada en la forma en que su piel ardía al contacto con mis manos, en aquel beso, en su mirada, cuidados y atenciones. ¿Qué pasaba conmigo? Ayer había sido un día mas, un día que ocupe en pasar en cama, no estaba enferma… pero yo necesitaba eso. Afortunadamente Carmen ya estaba en la casa, era una forma en que todo se sentía más en control, más como debería ser.
¿Podemos almorzar?
Alice
Llevaba viendo el texto de Alice desde hace aproximadamente media hora, sin saber si acceder o no. Lo más acorde seria ir con ella y si lo pensaba bien yo necesitaba algo de eso, poder hablar con alguien diferente aunque en este caso Alice no fuese muy relevante.
Buen día Señor, Alice me ha invitado a almorzar, ¿puedo ir con ella?
Isabella
Hasta por escribirle un simple texto, que era algo completamente normal, sentía mi corazón desbocarse… si me miraba en el espejo probablemente vería esa parte entre mi pecho y cuello palpitar con rapidez. Y ello se intensifico cuando la alerta de su respuesta llego casi de inmediato.
Puedes
Mi Amo
Una respuesta corta… lo justo que necesitaba ahora para mi paz mental y tranquilidad. Me gire hacia el closet, no con muchos ánimos de cambiarme, a decir verdad no iba a considerar mucho que ponerme, solo una camisa de tirantes, un jean y una sudadera. Un desastre. No debería, mi obligación era estar siempre presentable, lista y preparada para él. Pero al menos estaba segura que no lo vería, yo podría tomar esto de esta manera ahora.
¿Te recojo?
Isabella
Baje lentamente las escaleras, sin mirar atrás. Retrasando lo más posible mi salida para darle tiempo a Alice de responderme. No me encontré con nadie en el camino y con eso me refiero a Carmen, pues si me encontraba o no a Michael era algo irrelevante, él no era del tipo de personas que le gustase hablar y yo tampoco, así que como dije… irrelevante.
No. Te veo en el café al que solíamos ir. En el paseo frente al lago, Gran Avenida Este. Por donde solías trotar.
Alice
Su respuesta no me supo bien, la repetición de la palabra "solíamos" no era un buen presagio, mas no le preste mayor atención y fui hacia mi auto. Al sentarme solo pude recostar mi cabeza en el asiento para abrir los ojos y mirar la casa delante de mí, no era mi casa pero era parte de mi hogar. Últimamente más lágrimas de las deseadas escapaban de mis ojos y sé que la razón es el miedo que estoy sintiendo por todo lo que me abruma. Ni siquiera soy capaz de hablarlo con él aunque creo debería, pero ¿Qué iba a decirle? Él podría simplemente hacerme a un lado por la mínima estupidez que pueda salir de mi boca y yo realmente no sabía cuál era la estupidez que me tenía en este absurdo estado de ánimo.
Encendí y salí de ahí, no era claustrofóbica pero me sentía como una. Deje el vidrio abajo para que el aire chocara contra mi rostro, siempre sería una sensación agradable. Se sentía bien meterme a la zona financiera, al Loop, ver los rascacielos, recordar la esencia de lo que amo. El olor dulzón-salado llego a mis fosas y me permití sonreír ante la agradable que eso se sentía. Busque estacionar no muy lejos, encontrando afortunadamente un lugar. Mi paso no era acelerado, solo daba cada uno a consciencia mirando las grietas sobre el concreto que iba pisando hasta tomar el pequeño camino empedrado para el paseo.
Me tomo menos tiempo del deseado llegar al café-restaurante, después de todo parece que si acelere el paso. Busque a mi amiga repasando el restaurante pero no la vi, así que tome asiento en una banca del paseo para esperar por ella.
Estoy esperándote aquí.
Isabella
Escribí a su móvil y me quede mirando el infinito, la pequeña porción de agua y las edificaciones que se disponían en el horizonte, inhalando ese aroma particular y pensando en nada… era agradable cuando podía hacerlo, aunque me sentía sucumbir a los pensamientos que me llevarían a él. No olvidaría nunca la sensación de libertad que me invadió el lunes, no creo que se repita, no mientras me siga sintiendo de la manera en que lo hago; no cuando me ahogaba ante ideas absurdas; no cuando ni yo sabía hacia donde me estaba dirigiendo
- ¿Me colaboras para comprar algo de comida? – gire mi rostro ante la voz patosa que no sabía se estaba dirigiendo a mí para darme cuenta que efectivamente así era. Una señora, bastante mayor a juzgar por su apariencia, ropas viejas y maltrechas y era entonces cuando pensaba ¿Cómo es posible?
- ¿Que le parece si la acompaño, pide algo y yo lo cancelo? – le sugerí amablemente, no tenia problema en darle dinero pero era una forma de asegurar que comiera, aparentemente lo necesitaba. Ella sonrió de vuelta y vi en sus ojos algo que probablemente no verías en alguien que pasa sus días en la calle, bondad. Me puse en pie y caminamos hacia el interior del restaurante, podía percibir las miradas despectivas que muchas personas le daban a la señora, ellos realmente estaban mal.
El dependiente también le miro mal, pero el dinero cambia la perspectiva de cualquiera que atiende un negocio y yo contaba con ello. Ella prefirió salir y comer sentada en la banca, no dije nada, ni siquiera estaba sentada a su lado por seguirla, yo solo quería estar ahí.
- Gracias hija, has sido muy amable – dijo la anciana con algunas migas de pan en las comisuras de su boca, le hice el gesto y ella sonrió.
- No se preocupe señora, no ha sido nada – dije restándole importancia.
- Puedo preguntar, ¿que hace aquí sentada… así, sola? – dijo luego de unos segundos de silencio. Gire hacia ella de nuevo.
- Espero una amiga – respondí – y me gusta este lugar, es… agradable – explique con un leve encogimiento de hombros.
- Sí que lo es, a pesar de mi edad… aun me gusta venir aquí por la tarde, a recibir la brisa fresca mientras el sol me baña de calor diciendo hasta mañana – explico, estaba de acuerdo con ella – muchachas como tú no suelen estar por aquí sentadas, la juventud de hoy en día está demasiado ocupada en otras cosas y no le presta atención a estas que son más simples e igual de entretenidas – mire a la señora con una media sonrisa, sabía que todo lo que estaba diciendo era verdad y de igual manera no pensaba opinar al respecto.
- Yo hago esto muy poco, hoy es solo un día en que me he podido detener, estoy de vacaciones… eso lo permite – le sonreí.
- Yo llevo mucho tiempo de vacaciones – murmuro después de un rato. No parecía afectada por sus palabras, mas yo si me sentí ligeramente mal pero rebatí eso negándome a sentir cualquier tipo de lastima, ese era un sentimiento que nadie merecía.
- ¿No tiene usted un lugar donde vivir? – pregunté con cautela, temiendo su reacción.
- Oh… si, lo tengo joven pero… no me gusta estar allí, es muy solo, siempre es solo – dijo.
- ¿Vive sola? ¿No hay nadie más en su hogar? – me atreví a preguntar más, la curiosidad suele ser poderosa. La vi suspirar y me arrepentí de mis palabras.
- Si, hace muchos años vivo sola, pero ya me he acostumbrado a ello. Y ese no es mi hogar, es mi casa. El hogar está donde está el corazón y el mío está muy lejos de aquí – pronuncio. Me quede prendado de sus palabras.
El hogar está donde está el corazón.
- Tiene usted razón – dije escuchando como mi tono se apagaba.
- ¡Isabella! – el grito de Alice me saco de mis cavilaciones, me puse en pie para ver como mi amiga se acercaba con su toque habitual y me estrechaba en un abrazo que tarde un poco en responder. Al separarnos busque a la señora con la mirada, pero parece que en medio de la efusividad de Alice, en esos pocos segundos, ella había desparecido.
- ¿Entramos? Mi estómago ha empezado a rugir – sugerí con el paso de los segundos.
- Andando – dijo con un entusiasmo muy típico de su persona.
…
Luego de haber consumido un almuerzo con todas sus letras y de compartir frases esporádicas como:
Te ves bien
¿Qué tal Renee?
No sabía que habías vuelto…
Espero que estar con tu familia te haya hecho bien.
Parece que aun sigues ocultando cosas
Y de haberlas respondido lo más profesionalmente posible, es decir, respuestas concretas y carentes de emociones, Alice no paraba de enviarme auténticas miradas de reproche, lo sé, estoy siendo obtusa por completo pero ¿Qué iba a decirle? Yo misma había dicho que me hacía bien venir a hablar con ella pero era consiente que yo no estaba hablando y sabía que eso le molestaba, a cualquiera le molestaría y ese era siempre el meollo del asunto.
Caminamos por el paseo en ese silencio incomodo que me provocaba decirle "Hey, ha sido un gusto, nos vemos luego". Pero ella no se merecía eso y me hallaba buscando las palabras con las cuales pudiéramos hablar sobre algo y que esto resultara mejor, ella estaba enfadada de verdad, lo sabía porque en otra ocasión le hubiese preguntado por Jasper y ella empezaría a hablarme sobre ello, como iban las cosas; o sobre su trabajo y sería igual, pero aquí estábamos en nada.
- Hace mucho no paseábamos así – dije rompiendo la incomodidad que empezaba a ahogarme. Patética sí, pero ¿algo era algo o no?
- Aja – respondió, fría y cortante.
- Sabes que mi madre realmente se había hecho la ilusión de que tú y el rubio viajarían, incluso yo pensé que tendría que hacer espacio y compartir a mis padres – sonreí recordando aquello, también queriendo que ella compartiera ese recuerdo conmigo pero esto parecía inútil, la mirada precavida que me envió me hacía saber que mis intentos no estaban siendo suficientes.
- Pasaron varios días para que ella tocara él tema que gracias a ti se enteró – sí, atacarla era un buen modo de ver reacción en ella.
- Ya te dije que lo siento, sabes que a veces me cuesta controlar un poco el vómito verbal – dijo con una media sonrisa y pareciendo apenada. Eso ya era un muy gran y buen avance.
- Lo sé, no te culpo demasiado por ello, por el contrario sé que hay una parte de mí que te lo agradece – me miro extrañada – es que, si no hubiese sido por ello, probablemente mi madre nunca se hubiese enterado que yo estaba en algo con alguien – dije, empezando a comentar más para mí misma.
- ¿Por qué? ¿Por qué nunca se lo habrías dicho? – su ceño se frunció.
- Porque… - dude – ya sabes Alice, tú tienes esta cosa dentro que sabes cuándo vas a estar con alguien por mucho tiempo – empezaba a medir mis palabras – entonces puedes decirlo, porque tienes fe de ello pero… - deje la frase a medias.
- Tú crees que no vas a durar demasiado con Edward – dijo terminando mi frase. Asentí. – Sabes que eso no lo crees ni tu – su afirmación me daba risa y no de forma burlesca. – Y no hables de fe – señaló.
- Yo no solo lo creo Alice, yo lo sé. Es tener la certeza de que tienes una fecha de caducidad – dije, admitiendo la verdad, alejando lo que intentaba ser una punzada lacerante en mi pecho – Y sobre la fe, no veo el asunto allí.
- En primer lugar, no ves esto con claridad y me refiero a que, yo no tengo idea lo que sucede allá entre sus propias cosas pero lo que yo veo, lo que he visto cariño, es que tu estas fuertemente anclada a él. Desde el primer momento, desde que tus ojos brillaron al mencionarlo y dijiste que te mudabas. Desde que pude ver como ibas caminando hacia él como si fuese la única cosa que existiera para ti. Desde aquella ves en que vi cómo te mueves a su alrededor, como él parece ser el centro alrededor del cual gravitas, tu mirada, tu postura todo se dirige a él. Vi cómo te destruías a ti misma por pensar que le fallaste y como todo eso se borraba en un segundo porque él volvía por ti. Vi además como dejaste a un lado a Jasper, a tu amigo, por contradecir tu relación con él. He visto eso y he visto más. Lo he visto también de su parte, podría decir que él mira, huele, degusta, toca y oye todo lo que se relaciona contigo, cada cosa, él está pendiente hasta del mas mínimo detalle que te rodea y no considero esto algo malo, por el contrario podría sentirme feliz por ti pero no puedo evitar temer porque ha sido tan rápido la forma en que parecen depender el uno del otro y conozco tan poco a tu Edward, que no sé qué depara. Pero estoy segura, que lo que ustedes tienen, si tiene la fecha de caducidad de la que hablas, está muy lejos ahora. Porque no muestras indicios de que seas físicamente capaz de alejarte.
- … - Abrí mi boca, intentando decir algo, pero aun mi mente estaba procesando cada cosa que ella estaba diciendo, pensando en todas aquellas veces. Pensando y pensando.
- Tú no eres tampoco una mujer de fe, seria irónico siquiera decirlo, empezando porque lo vivo de primera mano con Jasper. En eso son muy parecidos – río – Te cuesta creer en lo desconocido, te aferras a lo que tienes y no aspiras a más, pero ¿sabes?, hay mucho más, allá donde tú solo no puedes imaginar – sentenció. Aun no podía responder nada.
- Yo… no se Alice – sentía ¿Qué sentía?
- ¿Qué es lo que no sabes? – dijo parándose frente a mí, aunque mi mirada estaba dirigida hacia ella, estaba perdida pensando en cientos de cosas.
- Todo estaba en control Alice, yo sabía cuál era mi misión en esto y ahora… yo solo no se – dije.
- No hay control sobre la vida – dijo y quise rebatirla pero callé –Sabes que no logro entender muchas de las cosas que dices desde que estas con Edward pero… lo acepto, acepto que no quieras compartir cosas – parecía resignada. – Necesitas hablar con alguien cariño – tomo mis manos – y no estoy diciendo que conmigo, pero necesitas soltar lo que sea que tienes dentro para que, así no obtengas respuestas, alivies la carga que pareces llevar – y fueron quizás las mejores palabras que podría decirme, porque si, efectivamente yo necesitaba hablar con alguien pero la pregunta era ¿Quién?
Seguimos caminando, nos alejábamos del lago, entrabamos a la ciudad. El silencio era lo mejor y la compañía era agradable pero sabía que Alice podría no sentirse tan en paz como yo empezaba a hacerlo.
- Alice, gracias por almorzar conmigo. Puedes irte si quieres, yo solo quiero seguir caminando. Ya sabes, como cuando tenía poco tiempo en la ciudad – dije recordando aquellos días en que caminar las calles de la ciudad era una afición.
- Puedo hacerlo un rato más contigo. Me agrada – dijo, asentí y seguimos caminando. Si nos alejábamos demasiado luego podría pagar un taxi para regresar al auto.
Caminamos y caminamos. Admirando cada detalle majestuoso como en los viejos tiempos. Chicago tenía esta mezcla de modernidad y frescura otorgada por la incorporación ecológica a la ciudad a través de las áreas verdes. Mientras veíamos edificaciones, teatros y hasta la más sencilla de las estatuillas, mi amiga iba explicándome el sentido arquitectónico de todo y yo iba admirándolo. Sin darnos realmente cuenta, habíamos caminado más de lo esperado, más de lo que haríamos si lo planeáramos. En un punto nos detuvimos, nos miramos y reímos a carcajadas. Era tonto, pero tal vez era la falta de todo, lo que me hacia reír de esa manera.
- Gracias Alice – la abrase fuertemente, ya había dicho que no era muy dada a las muestras afectivas pero esto era realmente necesario.
El pito del celular nos sacó de nuestro "momento". Eran en realidad dos sonidos combinados y a pesar de ser una aparente coincidencia nadie presto atención, ella fue a responder su llamada mientras yo leía lo que parecía un mensaje
¿Dónde estás?
Mi Amo
Mire la hora, cinco con quince minutos. Parpadee unas cuantas veces ante la perplejidad que la hora supuso para mí. El paso del tiempo no lo sentían mis pies ni mis piernas, realmente no parecía que hubiese pasado toda una tarde caminando por Chicago como si mi vida pudiera pasarse en eso tan sencillo. Mire hacia mi amiga quien parecía enfrascada en alguna conversación importante y entonces me fije tras de ella.
Chicago estaba lleno de este tipo de majestuosas edificaciones, yo siempre me había maravillado con la modernidad de ellas, el atractivo y demás. Pero había algo en lo que nunca me había fijado, no era por cuestiones de creer o no creer, solo… tenía mi vista tan enfocada en lo mío que muy pocas cosas fuera de ello eran captadas por mi vista periférica. La arquitectura gótica-renacentista siempre ha sido digna de admirar y ante mi tenía un gran ejemplar de ello.
"Iglesia de San Clemente"
Me quede por varios segundos viendo la cúpula, viendo su exterior, toda su magnificencia. Yo estaba muy lejos de ser una mujer de fe, de ser creyente y esas cosas. Mi madre en su oportunidad me hablo de Dios, era algo que ella sabía que existía pero su vida tampoco estaba abnegada a ello, mas sin embargo era nombrado a diario en casa. Pero luego de que yo lograra mi independencia, todo eso quedo atrás y solo fue mi vida, sin un ser magnánimo.
Volví a mi celular, escribiéndole a él donde me encontraba. Sin ser capaz de decirle que estaba por volver, porque no era cierto. Algo me llamaba.
- Tengo que irme – llego Alice hacia donde me encontraba, ella siguió el curso de mi mirada y dijo algunas palabras sobre el lugar.
- Esta bien Alice, gracias por el día de hoy – dije saliendo de mi aturdimiento para mirarla, sonreírle y una vez más estrechar a mi menuda amiga en un abrazo.
- A ti cariño, espero que se repita – dijo – no te alejes – indicó mientras nos girábamos para detener algún taxi para ella.
- No, siento haberlo hecho Alice, de verdad lo siento – murmuré y deje un beso en su mejilla. El taxi se detuvo frente a nosotras y ella dio un paso para estar dentro y ponerse en marcha. Vi el auto amarillo alejarse y volví a girar sobre mis pies. Mire mi celular y no había ninguna nueva alerta así que lo guarde en el bolso e hice mi camino hacia la entrada de la iglesia.
Ni siquiera cuando estaba a un paso de las grandes edificaciones me sentía tan pequeña como ahora. Algunas personas se detenían a los laterales aledaños a la iglesia, gritando lemas, mire con curiosidad hacia ellos.
¡Dios nos Salvara!…¡El Señor está cerca!
Acérquense a la casa del Señor, oigan su palabra, participen de ella, alaben su reino y pronto desde el paraíso verán el infierno desatado sobre el incrédulo.
A cada paso que daba sentía mis piernas temblar, ¿Por qué?, sentía ese miedo de cuando ibas a hablar con algún miembro importante en la universidad o cuando vas a una entrevista de trabajo. Algo similar, tal vez se debía a toda la parafernalia pero yo estaba siendo tontamente afectada por ello.
...
¿Cómo imaginarias que se ve? Poco creyente, mujer de poca fe dando pasos inseguros para entrar en un recinto sagrado o al menos eso dicen quienes creen. Su caminar la llevaba poco a poco a admirar tal sitio, donde a pesar de ser el "hogar para todos" vestían los lujos, la perfección, la decorosa exactitud, pisos de cerámica fina. Vidríales finamente esculpidos, pinturas, detalles con incrustaciones en oro, majestuosidad puesta en un espacio abierto. Podías admirarlo, al entrar sabias que estabas en un lugar superior, en algo que estaba mucho más allá de ti. Isabella dio pasos tímidos al entrar, vio como un par de personas a su lado se hacían la señal de la cruz pero ¿la haría ella? Se sentía tonta si lo hacía, no por el que dirán, sino porque si ella no lo creía, entonces ¿para qué hacerlo? Siguió caminando dentro, viendo imágenes enormes de un lado y otro. El interior era absolutamente magnifico. No existen palabras en el diccionario para describirla, cálida aunque amplia. Para cualquiera que diera un ojo a Isabella, sabría que ella era como una nueva peregrina en los caminos de Jesús o tal vez, alguno con malicia en su mente, pensaría que ella era una curiosa que se adentraba en los confines del santuario del Señor para indagar sobre ello.
Su cabeza giraba en arcos, paredes, cúpulas, vidríales, ¿Dónde mirar? O más bien ¿Dónde no mirar? Todo dejaba sin habla y podía sentir algo sobrecogedor llenar su interior, tal vez podría ser, una vez más, solo producto de todo lo que la estaba rodeando. Es difícil saber que pensar cuando en realidad no tienes idea de nada de lo que está a tu alrededor. Se acercó a una de las tantas columnas que formaban interminables arcos en los laterales, sintiendo en sus dedos la textura de aquellas finas incrustaciones, modelos, talles… perfección. Vio gente entrar, irse acumulando delante, en asientos. Algunos se arrodillaban frente a sus asientos, juntaban sus manos y parecían encerrados en sus íntimas reflexiones. Otros estaban prestos al frente como si algo importante estuviese por pasar. Suponiendo que era la misa, con la timidez a flor de piel Isabella no dio más pasos para internarse en el lugar, aunque su ser le gritaba que lo hiciera, que se acercara y midiera con sus ojos cada detalle del lugar. Presente en el sitio y admirando su belleza arquitectónica se preguntaba ¿Por qué mas estaba en ese lugar? Miro al frente, hacia arriba… en la cúpula principal, donde estaba la imagen central de todo ello. Jesús en la cruz, su ceño se frunció viendo la imagen. Y por su mente empezaron a pasar una serie de preguntas, cuestiones, misterio, dudas.
...
¿Qué hacía aquí? ¿Por qué seguía aquí? Las preguntas roían en mi cabeza una y otra vez de forma imparable. Ya había visto y tocado muchas cosas, era magnifico, hermoso y perfecto. No entendía aquella perfección, tal vez era producto de la adoración, si… eso debía ser. Ellos, los fieles seguidores de la religión, debían crear estos recintos perfectos porque esta era su casa ¿no? Mire de nuevo hacia el fondo, donde estaba esa imagen, donde estaba él.
Las campanas me alertaron de la misa que estaba a punto de comenzar. Una tras otra inundaron la quietud que se transmitía en el aire. Como si fuese una sentencia o solo el aviso de lo que estaba por comenzar. No había muchas personas allí, pero sabía que no podía quedarme a esto. Gire sobre mis talones y empecé a caminar hacia la salida.
- Quédese joven – mire hacia mi brazo donde una mano bronceada y arrugada me sostenía, luego a la dueña de esta, ¿la… señora del paseo? Le sonreí con el nerviosismo flotando en mi piel como un ente vivo. – Piense que por alguna razón llego hasta acá, debería quedarse y escuchar la misa – la sencillez de sus palabras me hicieron pensar que era algo simple, algo que podía aceptar, era una misa y yo no era una Atea que empezaba a creer, ni un ser humano que llego a la casa de Dios. Era una persona curiosa, nada más.
- Iré a sentarme un poco más atrás – le dije tocando su mano en un gesto de ¿afecto? Y mientras caminaba para sentarme en casi una de las ultimas bancas, podía sentir la mirada de la Señora, al girarme y sentarme vi su sonrisa llena de arrugas, seguida de un saludo. El silencio se hizo en el espacio. Suspire mientras repasaba todo con la mirada y veía como en el centro, allá en el fondo, aparecía el cura, vestido con sus andrajosos ropajes, seguido de otros dos… vestidos de la misma manera, desconocía en absoluto cada cosa y nombre de lo que llevaban y utilizaban, por lo que solo me concentre en ver sus movimientos.
Escuche lo que decían, vi como las personas se ponían en pie. Yo no lo hice, no iba a imitarlos solo por congraciarme, algunos cantaban… otros solo estaban allí, viendo, escuchando, ¿pensando tal vez? Mire en frente. Hacia arriba específicamente, donde estaba él. ¿De verdad él me veía? ¿Estaba aquí? Las palabras del cura llegaron a mis oídos.
Dios está junto a ti, es tu guía y fortaleza.
Me sentía extraña mientras veía aquella imagen en lo alto, Jesús en la cruz y a sus dos lados, una personas. Un hombre y una mujer. Y yo solo… empecé un dialogo mental.
Ehh Hola, realmente no sé si de verdad estas escuchando, creo que puede ser tonto esto. Hablar en mi mente no parece una gran cosa, después de todo es lo que hago todo el tiempo ¿no? Bueno, me gustaría saber si de verdad puedes oírnos a todos, como ellos dicen, puede que yo no sea una fiel seguidora tuya, en realidad fiel o no, solo no te sigo y no es por aversión o porque crea en otra cosa, es solo que no me había detenido nunca a pensar en ello. Ni siquiera sé cómo estoy aquí ahora cuando debería estar con… con él, con mi Señor. Yo se que ellos te llaman Señor a ti pero él lo es para mi.
Tal vez mi vida no es la más correcta, no sé, yo tengo todos estos pensamientos por estar aquí, donde sé que muchos vienen solo a pedir… ¿pedir? Yo no quiero pedir nada, solo estoy teniendo esta conversación como si fuera el monologo más relajante de mi vida y no lo entiendo en absoluto.
No sé si las elecciones en mi vida han sido las mejores, pero sabes, yo he sido realmente feliz con las cosas que he hecho hasta ahora, aunque he llorado y ha dolido… eso ha sido bueno y si es cierto que estas en todas partes, entonces para que negártelo ¿verdad? Dudo que estés de acuerdo con algo de todo eso, sobre todo porque mucho de lo que profesan las personas va en contra de todo lo que yo soy, de lo que hago, de lo que él hace conmigo porque yo se lo permito claro está.
¿Crees que es malo? Yo ya no me debato en mi mente, mis debates son otros. Cuando… creo que puedo decírtelo ¿verdad? O eso he escuchado, dicen que uno puede hablar libremente contigo o tal vez lo hago porque sé que no vas a responderme, que no puedes decirle a nadie, que no vas a juzgarme y que no habrá nada de eso. Si, sincero seria decir que si te digo esto es por todo ello. Bueno, perdí el punto, la cosa es que… cuando él me toca, mi mundo que es completamente él, colapsa. Yo le he entregado todo cuando está en mí, mi cuerpo… mi mente, pero, solo hay algo que nunca he manejado, yo no sé mucho sobre ello… y sabes a que me refiero o espero que lo sepas porque ni siquiera en mi mente puedo hacer mención de eso. Me da miedo. A veces, o más bien entre ayer y hoy, he deseado repetidas veces que nuestro contrato finalice pronto, así yo no correría el riesgo de perder esto que siento estoy perdiendo, y sé que podre recordarlo como una buena experiencia en mi vida, sé que si pierdo esto, cuando toco acabe, no podre recordarlo como una buena experiencia, sé que voy a pasarlo mal y este no es el propósito de eso ¿o es lo que me merezco? Aghhh, ves, yo realmente no sé nada sobre nada y cada vez me complico más, porque aunque es cierto que he deseado que el contrato se acabe rápidamente revierto ese deseo porque justo ahora enloquecería si no supiera que tendría más de él, de sus miradas, su voz, su olor, su toque, su posesión… ¿tú crees que ya lo he perdido verdad? Yo creo que no. Aún no. Yo realmente lo adoro, en un sentido completamente abstracto pero perfecto, yo quiero serlo todo para él, todo cuanto el necesite de mí. Pero no se cuanto pueda costar eso y para lograrlo… puede que el precio sea todo lo que te he hablado.
Bueno… lo que más claro tengo, es el miedo.
Creo que ahora seré mal agradecida, porque he desahogado un poco todo esto aunque no he tenido una respuesta de nadie. Se siente cómodo. ¿Gracias? Bueno no sé, pero es lo que voy a decir. ¿Gracias por escucharme? Y lo siento.
...
Tantas cosas ocurren a tu alrededor y no te enteras, nace un nuevo ser y justo al lado muere otro. Todo cuanto está a tu lado es diferente, miles de cosas que desconoces pasan por la mente de quien camina a tu lado, te roza el brazo o te atiende en algún lugar. Como en esa iglesia, San Clemente. Un importante icono arquitectónico en la ciudad de Chicago, ¿Cuál de los fieles, allí dentro, sabría lo que una joven pensaba? Una joven cuya curiosidad la había llevado a inmiscuirse en los confines de tal lugar, curiosidad ante la belleza y al fin de cuentas había cedido, cedido a comunicar sus pensamientos con ese ser supremo del cual muchos hablan. Exista o no, a la final es un acto de fe y ella la tuvo, al menos en el momento en que, en la profundidad de sus pensamientos, busco en ese ser, el desahogo de su alma.
Pero así mismo, desde la entrada de tal lugar, la sombra de un hombre apenas se apreciaba, un hombre cuyos ojos no se movían de aquella menuda figura que tenía la vista clavada en la cruz y su ocupante. ¿Qué hacia ella? Era la pregunta que rondaba su mente. Su texto había llegado con la misma velocidad que había sido enviado. Él esperaba encontrarla en casa pero solo había conseguido una casa vacía y ninguna respuesta, eso le molestaba, su idea de vacaciones para su puta era tenerla en casa a su disposición al momento de su llegada, era regodearse en saber que ella estaba allí esperando y ansiando por él. Y así había sido, al menos antes de que ella viajara a casa de sus padres, incluso ella había sido perfecta para él, el día de su llegada y el siguiente, pero algo le perturbaba y el cómo su Amo y Señor lo sabía. En su mirada, en su poco entusiasmo por desafiarlo y mirarlo, en su poca entrega y su distracción, ella se veía consternada. Y él a pesar de sus propias convicciones había tratado de darle su espacio, porque el podía ser todo lo 'Frió, Ácido' que podía imaginarse pero como su Amo, él la respetaba y le daba su espacio para que superara cualquier cosa que le molestaba pero en la misma medida esperaba de ella ese respeto, esperaba que ella hablara con él y le contara sus inquietudes, ¿es que ella no había entendido aun que era él y solo él quien debía estar en pro de su bienestar?
Él llevaba observándola desde la entrada un buen rato, dando miradas cortas a su alrededor, dándose cuenta que la gente le miraba extraño por estar allí de pie, en la entrada, sin dar un paso más dentro pero tampoco retirándose, como si el lugar le repeliese y llamase al mismo tiempo.
Con la bendición del padre, del hijo y del espíritu santo. Pueden ir en paz.
La voz del cura se oyó por los parlantes de toda la iglesia, creando un eco y ruido claro pero ensordecedor. Aquellos que iban persignándose se ponían de pie, se inclinaban hacia la cruz y hacían una sutil reverencia para luego salir del lugar. Todo aquello resultada curioso pero el respeto era lo más importante entre las personas y respetar las creencias, costumbres y acciones ajenas era lo primordial en la vida de Edward, por convicción y porque era lo más lógico si quería que respetaran su propio estilo de vida, aunque claro, no es como si alguien pudiera saberlo.
Los segundos pasaban y la iglesia iba vaciándose, pero para la sorpresa de Edward, que nunca había tomado a Isabella por fiel creyente, cuyos antecedentes no hablaban de ser una persona religiosa, ella aún seguía allí sentada mirando hacia la cruz, concentrada en algo que él desconocía y se sintió molesto por ello. El necesitaba más de lo que quería, conocer cada detalle de sus pensamientos.
Mientras más vacía estaba la iglesia, mas sentía Edward que podía avanzar hacia el interior que parecía resplandecer en dorado. Miro hacia la cruz y luego hacia la razón por la cual él estaba allí. A veces o más bien en concreto en esta ocasión, su mente se dividía entre lo que él estaba haciendo porque quería hacer y estaba toda esa otra parte de su cerebro que le cuestionaba y analizaba cada cosa, ¿Qué haces aquí? ¿Qué estás haciendo? ¿No era lo más lógico, esperarla en casa, escuchar que tenía por decir y darle un castigo ejemplar? Solo enseñarle de esa manera que ella debía estar en casa para cuando él llegara. Tal vez esas cosas simples pudieran haber sido parte de sus acciones, si… si tan solo ese mensaje no hubiese llamado su atención, la dirección, el sabía lo que quedaba en la Avenida que ella había mencionado, pero ella había especificado su ubicación y su mente se preguntaba ¿Qué hacia ella allí? Resultaba a veces tan cerrada en su mente que el solo hecho de esperar a que ella llegara a casa y sacarle las palabras con sus prácticas, le resultaba absurdo. Así que allí estaba, viéndola y estudiando sus acciones, desde su posición recostado a una columna, podía ver sus labios temblando ligeramente, o tal vez… ella estaba ¿hablando?
Edward podría explicar aquellas sensaciones que le brindaba el placer, el sentir el poder y la dominación en sus manos, si… el podía explicar esas sensaciones profundas y carnales. Pero él no podría describir el calor intenso que subió por su cuerpo al verla a ella, precisamente a ella, concentrada hablando, pensando o reflexionando con él. Giro la cabeza de nuevo hacia la imagen ¿Cuántas veces había repetido la misma acción? Y sabía que sentía ira, bullendo en sus venas ¿Por qué? ¿Por qué estaba perdiendo el control de esa manera? ¿Por qué ella se abría con él de esa manera y no podía confiar en su persona? Ella era su sumisa, era suya, completamente… sin reservas ¿o tal vez si las había?
Algunas pocas personas aún permanecían en la iglesia, aunque amplia, fácilmente se podía apreciar por completo. En el fondo, los acompañantes del cura iban desapareciendo mientras llevaban los objetos utilizados durante la misa. Él nunca había sido muy creyente, él creía… si, en lo que iba formando día a día, pero nada más. ¿Qué haría? Sus puños se apretaban con dureza a sus costados ante la impotencia de no saber que hacer.
Soledad… silencio y ¿paz? Eso percibió Isabella cuando por fin volvió a mirar a su alrededor, percatándose de que el lugar estaba solo y ella en paz con sus pensamientos y con él. Sonrió hacia la cruz en agradecimiento, aun sintiendo que era tonto y aun así negando con su cabeza, reafirmando que se sentía correcto. Ahora que no habían curas, ni misa, ni personas… su curiosidad la llamaba a ir mas allá. La iglesia tenía esa majestuosidad que te invitaba a no perderte ningún detalle de ella. La fina madera, los amplios salones, los detalles en pinturas y decoraciones.
Ella estaba tan pérdida en todo esto nuevo que sentía en ese lugar, que su cuerpo no sintió, como era habitual, la mirada de su Señor sobre su piel, su cuerpo y sus acciones. ¿Acecharla? Eso parecía que estaba haciendo, avanzando tras de ella en completo silencio, intrigado por la curiosidad que ella mostraba del lugar pero sin atreverse aun a dar cualquier paso que revelara su presencia ante ella. Pasaron minutos mientras ella admiraba todo. Nadie parecía querer acercarse al lugar y es que desde dentro se apreciaba como la oscuridad se había hecho reinante afuera. Pronto la iglesia se expandió, salones a ambos lados, mas bancas, más detalles, más perfección.
¡Cuánto pecado se cierne tras la perfección de una iglesia!
Fue un pensamiento que acaeció en la mente de las dos personas que se sentían la una a la otra, en el mismo sitio y a la misma hora, en el santuario sagrado del catolicismo. Isabella llego al salón del fondo, un salón circular con pisos de granito fino y pulido, rodeada de arcos y cuya cúpula se alzaba con majestuosas y divinas figuras, mas al fondo que en el centro se alzaba lo que sería una ¿fuente tal vez? Ella muy pocas ideas tenía sobre lo que había dentro de una iglesia. Su mirada no dejaba de ser de completa admiración. En cambio, a lo lejos, la acechaba una mirada que cambiaba entre lujuria, ira, envidia… ¿Cuántos pecados en una sola mirada? Edward fue consciente de ello y una sonrisa con toda la intención de burla se expandió en su rostro.
El crepitar de sus zapatos en pasos intencionados hacia la posición de su sumisa se hizo audible a sus oídos. Para cuando quiso darse la vuelta pues su mente se hallaba abstraída en pensamientos ideológicos y religiosos. Lo sintió como siempre sucedía, pero con una extraña mezcla de nerviosismo y vergüenza al saber dónde se encontraba ¿Por qué de esa manera? Se preguntó.
Ninguno dijo nada, el silencio reinaba como un eco ensordecedor en los oídos de una temblorosa Isabella, ¿Por qué temblaba? No lo sabía pero tenía el presentimiento de que algo no andaba bien, algo en todo esto estaba fuera de lugar, el cuerpo tibio del Amo se posó tras de sí enviando oleadas de calor abrazador entre ambos, como si irradiara una energía que podía resultar enfermiza, satisfactoriamente enfermiza.
- ¿Qué haces en este lugar? – la voz de su Señor sonaba fuerte, furiosa y exigía una respuesta con un trasfondo importante.
- Curiosidad – Inclino la cabeza haca un lado como si de esa manera sus palabras tuvieran un sentido de entendimiento para él. Lo oyó respirar fuerte, acaso él ¿necesitaba calmarse?
Sus manos se asieron en su cintura, posesivas manos que se ajustaban perfectamente a su forma fina y esbelta.
- Llevas ropas demasiado andrajosas, primer error – susurro con sutil voz. Se estremecía ¿de… de que se trataba todo esto? Pensó. Ella lo había evitado, evidentemente no lo hacía, solo se engañaba a si misma pensando que lo hacía porque la verdad es que él no había solicitado nada de ella y mientras eso sucedía ella podía intentar recomponer sus pensamientos, pensaba que algo en él había cambiado pero ahora, luego de aquel momento del lunes, lo sentía tan su Amo como nunca. No es como si eso explicara mucho pero si pudiese ser explicado entonces no sería un sentimiento íntimo y profundo suyo.
No se sentía muy bien con lo que había dicho acerca de su vestimenta, ella sabía que no debía vestirse de esa manera, al menos no para él pero en ningún momento su mente se había detenido a pensar en la posibilidad de que él la viera de tal forma. Ella llegaría a casa a tiempo para esperarlo como era correcto pero el tiempo se había escapado de sus manos y ahora se sentía avergonzada, el rubor cubrió sus facciones.
- Sal ahora o aguarda un minuto – su voz sonó dura, como si quisiera llamar la atención de alguien más a su alrededor pero ¿Quién? ¿Estaban solos? De pronto se hizo consciente de lo público que se encontraban, con asombro miro a su alrededor enfocando su vista hacia la entrada de la iglesia dándose cuenta que afuera la oscuridad empezaba a envolver la ciudad y que dentro de la iglesia parecía no estar nadie más, a menos no físicamente.
Giro su cabeza, parada en su sitio como se encontraba, para buscar a su Señor, había tratado de eludirle por completo intentando controlar esas emociones desconocidas que pretendían dispararse en su interior cada vez que lo veía en las últimas horas. Pero precisamente ahora tenía un revoltijo de sensaciones, las habituales, las excitantes y temerosas sensaciones que le hacían saber que algo iba a desencadenarse, el miedo, el nerviosismo de no saber que pensaba hacer él, las razones de la rudeza de su voz o ¿Por qué no simplemente salían de allí ya?
- Hey chico – Edward llamó, su voz demandante… no sabía muy bien sus propias pretensiones. Un adolescente flacucho y con rostro aniñado se acercó con pasos indecisos.
- Señor – dijo el chico educadamente al hombre vestido en un elegante traje que le llamaba. Vio como este sacaba un fajo de billetes, ¿qu...e?
- Quiero privacidad ¿entiendes chico? – dijo Edward con frialdad, como aquel que paga para obtener servicios. Solo eso. Sus ojos brillaban con la maldad viva en sus pupilas.
- No… debería estar acá Señor – dijo el muchacho, la oferta era tentadora pero eso no estaba bien, él lo sabía. Aquel hombre no le inspiraba confianza.
- Tómalo ahora y obedece – demando fuertemente Edward, empezando a impacientarse. La tentación era demasiado grande, demasiado verde en un solo montón para lo que estaba acostumbrado a ver. Una mano flacucha y temblorosa se alzó tomando los billetes y luego corrió, cerrando puertas… minutos le tomo cerrar las puertas, pesadas y grandes, madera en esencia. Un ruido que hacía eco en cada rincón. Luego las puertas internas, esas que daba pasó a la casa parroquial. ¡Como si el padre pudiera ver el espectáculo! pensó Edward con sarcasmo.
El chico desapareció por una de las puertas y solo entonces Edward se volvió a Isabella que con cada minuto que pasaba sentía su piel erizarse y el nudo en su garganta ir creciendo. ¿Qué carajos? Miraba todo a su alrededor, recordando lo que había vivido minutos antes, lo que pasaba por su mente al estar en el lugar, no podía combinar en la misma ecuación la palabra privacidad, su señor, ella y el lugar en que se encontraba.
- ¿Solos? – Preguntó Edward con aterciopelada y crepitante voz - ¿Qué opinas Isabella? – comento mientras se dirigía hacia ella acechándola con la mirada.
- Señor… ¿Qué… que va a hacer? – preguntó con duda pero sintiéndose repentinamente con la lengua más suelta que si estuvieran en casa. Tal vez sea que ella quería detenerlo de hacer cualquier movimiento en la iglesia.
- ¿Importa? – Se acarició el mentón - ¿Sabes lo que me molesta que me respondas con una pregunta? Te pregunte tu opinión – él la miro con ironía, había algo que brillaba en su mirada ¿enojo? ¿Acaso ella lo había molestado de alguna manera?
- Lo siento – respondió Isabella al instante – Yo… no entiendo ¿Por qué no salimos? – intento zafarse, hablándole suave como sabía que le gustaba pero él no pareció inmutarse a ello.
- No – respondió tajante – Quiero quedarme un rato más, ya sabes… la casa del Señor y todo eso – sus dedos giraron señalando el entorno, sus miradas no se despegaban. – Sujétate de la pileta Isabella - dijo señalando a lo que ella se había referido en primera estancia como "fuente". La animo con gesto burlesco y ella vacilante se acercó hasta la 'pileta' como su Señor la había llamado y afianzo sus manos mientras veía la quietud del agua que reposaba en su interior.
- Señor… por favor, ¿Qué va a hacer? – preguntó ella al sentir la determinación de su Señor y sus propias ganas de no continuar nada que a él se le estuviese ocurriendo, no en este lugar.
- ¿Vas a objetar Isabella? Te di la oportunidad de salir de aquí ¿recuerdas? Te dije, quédate o salte ahora… pero o no prestaste atención o la curiosidad te pudo más ¿Cuál fue? – ironía y sarcasmo destilaban sus palabras. – Pero a decir verdad ahora no quiero que hables – se detuvo frente a ella y con un encogimiento de hombros se deshizo del saco del traje tirándolo a un lado, con una sonrisa plantada en su boca empezó a remangarse la camisa, mientras Isabella lo miraba con una mezcla de admiración, molestia y miedo. – No quiero oír quejas, no quiero ruegos y tampoco voy a amordazarte. Así que tómalo como una sugerencia de mi parte, mantén la boca cerrada – le dijo en las mismas condiciones que si estuviese hablando del clima. Ella estaba absorta con la mandíbula desencajada, ¿Qué había ocurrido? ¿Por qué él estaba tan molesto? Quería preguntar, su lengua picaba por soltar las palabras que tenía atascadas al igual que su cerebro reproducía una vez tras otra la oración que quería decir.
- Veamos – se giró sobre sus talones mirando lo que teníamos alrededor, lo vio caminar hacia el fondo… hacia el altar y luego desapareció – No sabes las cosas que uno consigue en una iglesia, es retorcido y hasta gracioso – su voz hacía eco, gire mi cabeza a ambos lados esperando la llegada del cura o de alguien ¿Qué no había nadie?.
De nuevo el crepitar de los pasos decididos de su Amo se oyeron y ante sus ojos apareció su figura sacudiendo en su mano una vara color roble, lisa y que iba golpeaba su mano repetidas veces. Empezó a temblar.
- A ver – con parsimonia alzo la vara y se dio un golpe en el muslo - ¡Auch! – la mirada de Isabella era atónita. Estaba muy lejos de creer lo que sus ojos captaban. Él no era de esa manera, algo estaba mal con él. – Si ¿raro verdad? Digo… ¿conoces la historia? – Señaló con la vara el entorno – encontrar un instrumento que sirve para la flagelación es de esas controversias que no puede explicar la iglesia – empezó a caminar a su alrededor ¿el cura no se acerca a la iglesia de noche?
A lo lejos… haciendo eco, un coro empezó a cantar. Desde su punto Edward pudo ver como la piel de Isabella se erizaba. Sonrió para sus adentros.
- Tenemos fondo. ¿Conoces lo que cantan? – Edward seguía golpeando su mano, todas sus acciones estaban destinadas a predisponer a Isabella a sus acciones, mas podía ver aun la lucha en sus ojos, en su mente. Aun no entendía nada y eso en parte le frustraba. Ella negó, sus pequeñas manos estaban sujetas a los lados de la pileta… fuerte, pues sus nudillos se veían mas blancos de lo que de por si eran. Sus brazos tenían un ligero temblor. Ella estaba verdaderamente asustada. Ahora sonrió para ella.
- Bueno… ¿Cómo solucionamos tu ignorancia al catolicismo? – Dijo Edward penetrando con la mirada a Isabella, la intensidad de la mirada que el envió la hizo encogerse en su lugar. – Conozco una buena forma, a las chicas buenas no les ocurre esto pero a ti… pequeña puta, te toco. Desabrocha tu pantalón y bájalo hasta las rodillas – dijo con voz calma. Isabella se paralizo en su lugar sin siquiera poder absorber aire para sus pulmones, ¿él había dicho eso…? Pensó tragando, él no bromeaba y una mirada hacia su persona basto para entender que era mejor apurarse. ¡No!
- Señor por favor… yo no sé qué he hecho pero p-podemos ¿en ca-a-sa? – dijo Isabella con voz temblorosa y quebrada.
- Hmmm. No, ¿para que en casa? ¿Por qué no aquí? Estamos solos ¿no? – respondió con sorna. Isabella negó con insistencia como si estuviese soñando y pudiera despertar con ese gesto, ¿Qué ocurría? Por lo visto él no le iba a responder.
- Te di una orden, estoy esperando – dijo él despreocupado.
Isabella sintió su rostro colorearse, el calor inundar sus facciones. No el calor del deseo no ese calor que él solía causarle. Era el calor de sentirse humillada, de sentir que él estaba pasando por completo por encima de su persona, dejándola aplastada y minimizada. Por primera vez sintió que ante él ella no significaba nada y es que, era la primera vez, que ella no sabía que había hecho mal. Con indecisión pero sin ver que más podía hacer llevo sus manos al broche del jean para desajustarlo y proceder a obedecer su orden. Empezó a bajar su pantalón llevándose consigo la liga de las bragas, sintió el frio rozar su piel recién descubierta, su Señor se movió hacia atrás y el aire siendo cortado en un soplido fue seguido del golpe de la vara en su carne.
- ¡Ahh! – soltó un alarido que hizo eco en toda la iglesia. Miro a su alrededor sintiéndose completamente mal consigo misma.
- Dije que bajaras tu pantalón, no las bragas. ¿No sabes obedecer una orden? – justifico su Amo el azote recibido. Dios ¿Qué pedía?. La sola mención de Dios en sus pensamientos la hizo sentir enferma consigo misma. ¿Cómo podían estar en esas allí?. Acomodo en su lugar sus bragas.
- ¿Algún problema Isabella? – negó de inmediato, recordando que él había dicho que permaneciera callada. – Eso pensé – podía sentir la sonrisa burlona en sus labios. Sintió sus ojos llenarse de lágrimas, no entendía nada de lo que estaba sucediendo.
- Supongo que te estas preguntando el porqué de todo ¿me equivoco? – preguntó mientras ella se encargaba de negar. Sintió la vara acariciando su piel. Haciendo que su cuerpo, un condenado a las caricias, castigos y todo lo que viniera de parte de su Amo, despertara al deseo. Él no se equivocaba, su cabeza estaba llena de preguntas… preguntas que terminaban todas en ¿Por qué? – No entiendes… y es frustrante no entender – seguía hablando desde su espalda, al fondo voces soprano entonaban aquel canto católico, contra sus nalgas la vara se paseaba, a su alrededor sentía como aquellas figuras divinas la miraban. – Yo tampoco entiendo cosas… si pudiera saberlo todo, no sería solo un hombre ¿cierto? La única manera de yo saber algo, de entender, es la misma que tú tienes para ello. Necesitas que te expliquen y enseñen. ¿Y si no te digo nada? ¿Si solo te castigo y te llevo a casa? Nunca sabrás porque te castigo, ni sabrás porque las cosas son como son ¿te gustaría eso? ¡Respóndeme! – demandó Edward con la intención de dejar otro golpe en sus nalgas pero amortiguando la fuerza con que su brazo pretendía moverse, relajándose para tomar una respiración, dándole tiempo de responder.
- No Señor, no me gustaría eso – respondió Isabella, su voz aún más quebrada.
- Entonces… No te gustaría. Bueno pero tú no lo practicas ¿cierto? – cuestionó – No tienes idea Isabella, crees que te ocultas, que no te veo pero lo hago – sintió sus dedos en su rostro y miro de reojo, él estaba tomándola suavemente con su mano libre – Se cuando algo no anda bien, al menos contigo lo sé pero… ¿Cómo te ayudo? ¿Soy yo de verdad tu Señor, como dices llamarme? ¿Confías en mi a nivel de representar yo realmente ese papel? – preguntó pero ¿para ella? O ¿para él mismo?
Isabella era un mar de confusión.
Edward era un mar de confusión.
¿Quién estaba más cerca de estar en lo correcto?
¡Más Cerca!
Ella quería hablar, responderle… decirle cualquier cosa para defender su posición pero ¿la dejaría él? No, él ahora no estaba dejándola hablar.
- Entonces… no conoces el Ave María de Schubert – volvió a hablar, dejando a un lado la ira que había mostrado segundos atrás para teñirla de sarcasmo, nuevamente – No sabes que Schubert no tenía idea en que se convertiría su letra, su melodía… que de componer para La dama del Lago paso a María. ¡Vaya! Eso merece ¡otro! – se burló y de nuevo aquel silbido de la vara al agitarse en el aire previno del azote que hizo tambalear a Isabella en su lugar, esta vez, sus dientes se apretaron y ningún sonido escapo de su boca.
- Conoces… ¿esto? – volvió a pasearse delante de ella, mostrándole la vara con deleite, acariciándola y paseándola sobre su cuerpo.
- U-una Va-var-a –balbuceo.
- ¿Qué más? – dijo sonriendo torcidamente, sonrisa poco sincera.
- ¡No sé más! – la voz de Isabella sonó exasperada, cansada, abrumada y algo dentro de Edward se removió, intentando flaquear pero volvió a llenarse de determinación.
- Caña, Cane, Caning… Londres, niños, azotes… castigo – el impacto del siguiente azote fue en menor potencia, era el tercero, pero por menos potente que fuese no dejo de doler. El impacto de la vara dejaba un dolor creciente en la piel.
Tres azotes… y sentía que no podía sostenerse en sus pies.
Su mundo giraba en una constante de no saber que estaba ocurriendo… y en el fondo muy en el fondo sabía que ella tenía mucho de culpa. Bastante.
- Paso todo el día de ayer… espere a que me dijeras que ocurría pero de tu boca no salió ni una palabra. ¿Cuándo aprenderás? - ¡Azote!
- Una vez más te cierras… en ti misma, ¡no has entendido que no puedes esconder nada de mí! - ¡Azote!
- Yo… Soy. Tú. Señor - ¡Azote! - ¿Confías más en alguien que en mí? - ¡Azote! - ¡Responde! - ¡Azote!
Ambos respiraban con dificultad, la piel descubierta en las nalgas de Isabella dejaban entrever marcas fuertemente arraigadas. Casi tan fuertes como las de su alma. Lagrimas barrían su rostro.
- Confías más en él que en mi… - escucho a su Amo murmurar, ¿en él? ¿en quién? Podía escuchar el propio agotamiento en su voz.
Aun con el temor de recibir otro azote, giro sobre su cuerpo para verlo a él mirar una de las tantas figuras divinas que les rodeaba. Un cristo en la cruz. ¿Él… se refería a…? ¡No podía!
- No puede – dijo, negando. Él levanto la mirada hacia ella, apretó su mandíbula al verla tan vulnerable ante él. Dio un paso cadencioso hacia ella, seguido de otro hasta llegar a su lado ¿en qué momento se había alejado tanto? Sus miradas se conectaron, si… había mucho respeto de por medio, pero eso no evitaba que una sumisa quisiese buscar respuestas en la mirada de su Amo y que este a su vez intentase buscar eso que le inquietaba en la propia mirada del objeto de su posesión.
- No confió más en nadie… - un suspiro lleno de dolor físico agudo.
- Te he estado observando – confeso él, como dándole a entender a que se refería. Isabella no podía creer lo que oía, no el hecho de que él la estuviese observando, era más la confirmación de saber a quién se estaba refiriendo.
- No tiene sentido – dijo más para sí misma – Yo, aquí… me he sentido bien, en paz, tratando de aclarar mis pensamientos. No puede simplemente por eso decir que yo confió más en él – sentía como se iba a derrumbar. Él no respondió. Empezaba a darse cuenta como toda su actuación, desde cierto punto de vista, podía notarse ridícula.
El tomo su pantalón y empezó a subirlo hasta dejarlo en su lugar. Ella no dio más miradas en su dirección. Su mente estaba perdida en profundas reflexiones.
Vergüenza, Humillación.
Atrás quedo la vara tirada en el suelo, ella podía sentir como era arrastrada fuera. Dio una última mirada a la iglesia, no pidió disculpas porque no había razón para hacerlo, ese era su mundo y ella se sentía bien con ello. Tampoco agradeció porque ahora sus pensamientos estaban más revueltos. Solo miro la escena tras de sí. Al fondo, las voces dieron su ultimo canto.
- Mi Auto… debo ir por él – dijo ella cuando el frió aire exterior golpeo en su rostro.
- ¿Dónde? – dijo él.
- Iré por el – respondió ella.
- ¡¿Dónde?! – demando Edward en un grito que la hizo, por enésima vez esta noche, encogerse en su sitio.
- En… la Av. Este – empezó a dar las indicaciones de donde estaba su auto, él la hizo subir al mustang sin importarle su estado actual y luego condujo en un silencio sepulcral. No habían palabras, cada uno se encontraba sumergido en sus reflexiones. Al acercarse, desde lo lejos, diviso su auto.
- En casa en menos de media hora Isabella – fue lo único que él dijo antes de ella bajarse del auto de su Señor e ir a por el suyo.
Aunque quiso demorar más de treinta minutos, no para desafiarlo, sino para poder aclarar su mente. No lo hizo. Después de todo, una orden de él era una orden y ella no iba a desobedecerlo luego de lo sucedido recién. Ya tendría tiempo para pensar.
…
Pensar que iba a haber un dialogo era la idea más absurda que cualquiera podría plantearse. Nada se puede predecir del comportamiento de las personas y justo aquí estábamos… Los días pasaban y ¿las cosas mejoraban?, no. Después de un día de tan completa calma y compenetración. Un día donde ella había sentido finalmente lo que era saber que le pertenecía a su Señor tanto como él a ella. Un día en el que él había dado un paso importante en su relación basados en la confianza. Ese mismo día los miedos y las inseguridades de ella habían acabado con todo. Porque aunque no se viera, era un muro invisible que se interponía entre ambos.
No se habla de un acercamiento armonioso. Solo del acercamiento de dos personas que se complementan y llenan sus carencias entre sí. Que se necesitan el uno al otro y es allí, en ese sentimiento de necesidad, él que no se comprende y hace perderlo todo.
Porque ahora habían retrocedido. Él no consideraba que los buenos tratos llevaran a algún lado. Las putas, las malas mascotas, las esclavas. Todas querían tratos fuertes y rudos, querían ser tomadas por lo que eran y no recibir ningún otro trato ¿era eso lo que ella quería? Pues la complacería en ello. Lo de aquel lunes quedaba olvidado. Ahora serían las cosas como siempre debieron ser, como él estaba acostumbrado a ser.
Se había vuelto una rutina de constante tortura para Isabella y no en cuanto a dolor físico ni tampoco un profundo dolor a nivel sentimental.
Día 1: Él llega del Hospital… hace que sirva su cena, hace que sirva de mesa, masajista, no importa lo que él haga ella debe estar a su lado, sentada sobre sus talones o dispuesta sobre sus manos y rodillas. Él la usa, se satisface y la deja.
Día 2: Ella lo espera… porque sea como sea el trato de su Amo, ella acepta con deleite cada cosa de él. Ella puede soportar todo su mal trato, mal genio pero no su ausencia. Él no llega. Ella lo espera, él llega en la madrugada, ha tenido turno. Él pasa a descansar y ella solo se queda como la mascota que espera la atención de su Amo y solo obtiene una vaga mirada.
Día 3: Desespero, ¿Cuánto tiene que esperar? Cuando cae el velo del día. Sus pasos resuenan, vuelve hacer todo para él, su sirvienta, su mesa, quien atiende sus dolencias y su mascota de compañía, luego su satisfacción sexual y ya. No hay liberación ni un gesto que indique que ella ha vuelto a ganarse su confianza.
Día 4: Tomada por la mañana, no habían sesiones reales solo encuentros sexuales para su propia satisfacción, ella lo aceptaba y aunque quedara insatisfecha, ella era feliz por el contacto físico, ya que no había ningún otro tipo de contacto, ninguna conversación, ningún ¿Cómo estuvo tu día?
Día 5: No hubieron más conversaciones con su familia, ni con la de él desde su regreso. Nada de Alice, Jasper o la pequeña Chloe, nada del hospital y ni siquiera algo de Carmen, porque trataba de que nadie la viese y mucho menos conversaciones en su mente con Dios ni ninguna de esas 'cosas'. Sus días se resumían a esperar cualquier cosa que viniera de él. Algunas veces la noche o la madrugada le sorprendían en el sillón donde él tomaba la cena. Ese pequeño salón estaba impregnado de él, de ambos. Eso le hacía bien. Sus emociones contradictorias quedaron reducidas a nada. ¿Qué importaban sus emociones cuando él la trataba como una paria? Nada, ahora solo disponía sus días para y por él, esperando hasta lo más insignificante que él pudiese darle.
Día 6: ¿En realidad seguían así? Si, así seguían… ella estaba por explotar, no de rabia… ella no sentía rabia, sentía una profunda inquietud formándose en el pecho que poco a poco iba convirtiéndose en dolor. ¿Qué hacer? ¿Cómo mejorar algo cuando todo estaba dado para que él fuese quien dirigía todos sus asuntos?... La noche anterior él no había llegado, lo hizo por la mañana, viéndose completamente agotado, ella hubiese querido hacerle compañía, atenderle, cualquier cosa. Pero él solo le ignoro se fue a descansar a su habitación. Ella espero, espero y espero en el pequeño salón, paso la hora del almuerzo y un minuto tras otro corrió el reloj.
Siento que no puedo más, estoy ahogada en mi propia desesperación y necesidad de más de él. De recuperar esa forma en que él me miraba, tocaba e incluso hablaba. Lo he estropeado por mis inseguridades tontas que a fin de cuentas ¿de qué sirven? En lugar de disfrutar el poco tiempo de contrato que nos queda, solo he hecho lo posible por hacer de esto un calvario para mí. Él toma lo que quiere, yo soy feliz dándoselo pero el hecho de haber probado más de él me hacía desearlo completo. La intimidad que teníamos, eso.
Los días eran cada vez más fríos, en todos los sentidos posibles. Sin embargo mi vestimenta consiste en escaza ropa interior. Siempre preparada, dispuesta y disponible, ese es el lema. Respiro con calma pero duele, todo duele, es… no sé cómo explicar la sensación permanente que se ha instalado en mi pecho. Se siente a veces como si el aire que tomo no es suficiente para mis pulmones. Nada parece ser suficiente.
Hoy es el sexto día luego de ese día y él no ha salido de su habitación, siento que puedo enloquecer, su ausencia me hace sentir encerrada, porque su presencia equivale a mi libertad. Hemos pasado antes por tiempos difíciles y siempre hemos salido de ello pero me siento más insegura, el tiempo juega en mi contra. El impulso de buscarlo esta en mi pero ¿Cuántas veces mis impulsos me han hecho ganar castigos? Me faltarían dedos para contar las veces que ha ido mal y me sobrarían todos para decir las que bien. Pero no puedo evitarlo y camino por mi habitación en círculos, pensando y pensando. La necesidad creciente de él es más grande que cualquier cosa, inclusive mi miedo se ve reducido. Extraño las sesiones, la mazmorra, su voz, su seguridad y experiencia; su tacto, su mirada, su voz acogedora. Siempre había sido admiradora de su frialdad pero una en la que me quemaba, no está… la cual está demasiado lejos de mi persona.
No puedo retenerlo y salgo de la habitación, mis sentidos están alerta por lo que voy a hacer y siento su olor impregnado en el aire. En estos momentos, con la adrenalina en todo nivel, su aroma es mi droga, mis fosas nasales se dilatan y absorben tanto como pueden, mientras mis ojos se calientan ante el reconocimiento y mi sensible piel puede sentirlo en el aire. Veo el pasillo como un lugar al que nunca he atravesado, no es cierto, pero el lugar al que me dirijo si es. No planeo entrar, solo llamar a su puerta, sé que pueden ocurrir unas tres cosas.
1. Puede solo ignorarme, me cansare y me iré a mi habitación.
2. Se asoma, se molesta y me brinda un castigo.
3. La tercera es todo cuanto deseo.
Mis pasos se vuelven inseguros, mis piernas tiemblan y por poco me devuelvo y desisto pero tengo que hacerlo, quiero hacerlo y más que eso, necesito hacerlo. Así termino de llegar frente a la puerta, acaricio el roble sin atreverme a llamar. Recuesto mi frente que parece febril contra el frió de la misma y pienso con claridad lo que estoy a punto de hacer, aunque conscientemente, aquí la claridad en mi mente es menos. Estoy envuelta por una nube posesa, su olor es más fuerte, este es su lugar.
Alzo la mano y miro de reojo como estoy temblando, trato de relajarme respirando pero sé que no va a suceder, no me voy a calmar, mi tranquilizante está al otro lado de la puerta. Separo mi cuerpo de esta para dar el primer toque pero antes de poder hacerlo mi corazón se paraliza. La Puerta se abre y completamente perplejo por mi presencia, aparece mi Señor con un pantalón de pijama y su torso desnudo. No me fijo demasiado en eso para no estropear el hecho de que esta frente a mí y no parece enojado. Me tomo un segundo para apreciarlo y más que nunca siento la necesidad de guindarme de él y besarlo y tocarlo. Su mirada cambia por un ceño fruncido, pero es ligero y oculta sus emociones de mí. Su cabello esta aplastado en algunas zonas, sinónimo de que ha estado durmiendo.
Pero en la misma medida que lo admiro me paralizo. ¿Qué digo? ¿Por qué no planifique esto antes de venir? Me ha tomado por sorpresa y mi corazón truena en mis oídos impidiéndome pensar con claridad. Mi mano elevada ha bajado y aprieto en puños ambas ante la necesidad imperiosa de tocarlo.
- ¿Qué haces aquí? – su voz irrumpe el silencio. Ronca, suave y caliente. Así suena en mis oídos y disfruto por unos segundos de ese sonido que poco he oído. Sus palabras hacia mí en los últimos días han sido más gestos y monosílabos u órdenes de una palabra.
- Quería pedirle… - digo pero ¿Qué quería pedirle? ¿hablar? ¿algo más?
- ¿Qué? – su mirada se intensifica, he descubierto que brillan de un tono verde voraz cuando pretende buscar respuestas en mí. Yo no tengo la respuesta.
- No tengo la respuesta – digo con resignación. Es mi verdad, no sé qué estoy buscando, a él pero ¿en qué medida? Y ¿Cómo pretendí que él fuese a aceptarlo?
Dio un paso más fuera ante mi atenta mirada y cerró la puerta tras sí. No me tomo la molestia de mirar dentro, todo lo que me interesaba de esa habitación estaba frente a mí. Intento una vez más calmar mi respiración y los intensos latidos de mi corazón.
- Camina a tu habitación – dice y todo en mi cae precipitadamente. Él me está despidiendo, he venido aquí a decirle no sé qué cosa pero me he paralizado. Siento mis hombros caídos, me giro y empiezo a caminar a mi habitación abrumada por mis pensamientos. Contengo el llanto porque me resulta estúpido hacerlo, mi cabeza recrea rápidamente mil insultos hacia mi persona y los repite una y otra vez, al menos eso me hace sentir mejor. Abro la puerta y manoteo fuerte para cerrarla, espero el ruido pero nunca llega… porque él está allí sosteniéndola, ha venido tras de mí y mi corazón vuelve al martilleo incesante en un segundo.
- Vas a decirme que sucede – dice y no es una pregunta es una sugerencia con todo el matiz de orden.
Está lleno de determinación y yo me siento carente de respuestas. El avanza cerrando y recostándose a la puerta, lo miro y me mira y no hay respuesta de mi parte porque sigo en blanco.
- Yo… tuve el impulso de ir a su puerta, solo eso – antes he dicho que mis respuestas son patéticas, puede que hoy empiece a sobrepasarme. El inclina su cabeza hacia un lado y no deja de estudiarme.
- Ve a la cama – dice suavemente, trago y pienso que no quiero que esto termine como en los últimos días aunque tenerlo en mi habitación es nuevo. Él no ha estado acá desde el lunes pasado que me baño y aplico cuidados, por eso avanzo a la cama, tal vez… no mejor no soy tan positiva.
Solo me siento y espero a que él diga algo o haga algo más. El sigue mirando donde yo estaba parada unos segundos antes, parece perdido en sus pensamientos. Pocas veces he sentido la necesidad de saber qué es eso que pasa por su mente y justo ahora quiero saberlo todo. Me gustaría tener la libertad de preguntarle. Gira su cabeza hacia mí.
- Recuéstate – lo hago… pero siento la negativa tirar de cada articulación de mi cuerpo, se cómo es probable que termine este encuentro y no quiero eso, no por el hecho de satisfacerle a él y olvidarme de mi, esa sería la última de las cosas por las cuales yo me negaría. Es porque si eso ocurre las cosas seguirán exactamente igual.
Él se acerca a la cama y se detiene a mirarme por un segundo. Su mirada quema sobre mi cuerpo y no puedo evitar sentir el deseo creciendo, ya he dicho que no controlo mi cuerpo en ese aspecto.
- Acuéstate en el centro y extiende los brazos y muñecas – no dudo en cumplir su orden. Todo se galopa en mi mente, contradiciendo, mi cuerpo quiere, mi mente no. El sexo ha formado parte del castigo, es una placentera fricción que acaba en una tortuosa insatisfacción. Es ver en su rostro el placer de reducirme en él y sentirme feliz porque mi cuerpo le complace y agotada porque no avanzamos en absoluto. Sin embargo no digo nada cuando mis manos y tobillos se atan en los puños que están dispuestos en los cuatro barrotes de la cama. Una vez más, desde que nuestro contrato dio inicio, estoy vulnerable para él.
Cierro los ojos y empiezo a contar mentalmente, así cuando todo acabe no me afectara demasiado, o solo me he engañado con eso en los últimos días. Pero me sorprendo al darme cuenta que he contado los primeros cien números y aún no ha rasgado mi ropa interior, abro los ojos y él está sentado a mi lado y me observa, mi pecho sube y baja demasiado rápido. Veo con tortuosa lentitud como levanta su mano y lleva uno de sus dedos a mi abdomen y con el dorso de este empieza a acariciar mi panza y alrededor de mi ombligo, siento unas contracciones que me hacen sonreír pero es solo la sensación física porque de cualquier otra manera no lo haría, él me mira de reojo cuando sonrió y eso me cohíbe pero no para sus caricias y no puedo evitar mi reacción.
- Estas más delgada – dice frunciendo el ceño en el momento en que posa su dedo sobre mis levemente notorias costillas, es inevitable que se marquen por la forma en que estoy acostada, sin embargo sé que está en lo correcto. – Debes comer bien Isabella, eso forma parte del contrato – me da una mirada fugaz y vuelve a su tarea provocando contracciones y un hormigueo que recorre mi cuerpo y me hace estremecer.
- Quiero que me digas como te has sentido en los últimos días… y quiero que hables, no quiero forzarte para hacerlo – dice, lo miro por un rato más para volver a cerrar mis ojos. Tengo miedo de hablar, pero debo hacerlo, dejar eso a un lado. Dejar de pensar que él va a juzgar cada palabra que yo diga. Él parece cansado.
- Es complicado explicar cómo me he sentido, pero esencialmente… mal. En primer lugar – empecé a decirle – no tengo del todo claro como se desencadeno todo esto. No lo cuestiono – dije rápidamente – es solo que, sé que mi mutismo le molesta pero… en fin. Todos estos días he pensado y he esperado, a veces pasa y no obtengo nada pero está bien porque luego sé que mi cuerpo le satisface y eso me hace feliz, más se que algo he estropeado porque… ya nada es igual – explico vagamente y en voz baja, a medida que voy hablando voy sintiendo mis palabras sin sentido. Él no ha cesado las caricias sobre mi abdomen pero ya no está alrededor de mi ombligo y eso me relaja.
- Tu eres mi Sumisa Isabella… desde el principio te explique los términos bajo los cuales nos regiríamos, ha habido límites y restricciones pero fuimos avanzando. Lo mínimo que espero de ti, es confianza, si bien no hay cosa más satisfactoria para mí, como tu Amo, que verte entregada por completo, te pedí que quería tu sumisión mental y cuando creo que lo tengo entonces me demuestras que hay reservas… Dentro de todo esto, como tu Amo, sabes que soy un hombre y debo confesar que he perdido el control. Que he hecho turnos extra en el hospital porque un colega se ausento y no tuve la delicadeza de comentarte. Y todo porque, como te dije, soy un hombre y me ha exasperado el hecho de que no confiaras - me sorprendo al ver los matices por los que pasa su rostro mientras explica con sus palabras cosas que jamás pensé, es decir, nunca pensé que escucharía a alguien… como él, ofrecer algún tipo de disculpas. Mi cara de perplejidad ha de haberlo hecho volver a mí.
- No creas que por ser un Dominante no soy capaz de disculparme con el hecho de que se, he cometido errores. – Dice – En mi concepto de un buen Amo, es saber reconocer cuando se comete un error, el ser perfecto no existe y mucho menos el que lo sepa todo. Así que aquí estoy, haciéndolo. – veo un encogimiento de hombros y quiero sonreír pero me contengo. No tengo palabra para responderle, más que mis propias justificaciones y explicaciones.
- Yo también he perdido el control – pero no puedo explicar mirando a su rostro así que clavo mi mirada en el fondo, en el paisaje del anochecer y el infinito azul del cielo – He perdido el control sobre lo que debo o no sentir, sobre mis pensamientos y he dejado que eso estropee todo. No puedo hablar con Alice porque probablemente, al igual que Jasper, no entendería nada y terminaría juzgándome. No puedo hablar con mi familia o con cualquier persona porque no entenderían y ese día solo me deje llevar e hice lo que todo el mundo hace, ¿hablar con Dios? Yo nunca he hecho algo así pero tenía la necesidad – me siento estúpida explicándole pero es todo verdad. Él deja lo que estaba haciendo sobre mi abdomen y toma posición sobre mí, siento su calor más no su peso pero tengo su rostro a escasos centímetros de mí y me invade la necesidad.
- Sé que no puedes hablar con ninguno de ellos, pero debes saber que estoy yo, que soy tu Amo que te voy a entender o lo voy a intentar que no te voy a juzgar o tomar una decisión sobre ti solo por lo que te suceda. Está en mí velar por ti y tu bienestar, no solo físico sino también emocional – Todo su aliento golpea contra mi rostro y me siento ligeramente mareada, todo él tiene un poder sobre mí, mi cuerpo y la forma en que me hace perder. – Mañana debes ir a casa de mis padres. Chloe está ansiosa por verte. – dijo, agacha su rostro hasta el mío y veo por el rabillo del ojo sus músculos flexionarse. Trago grueso y abro mi boca permitiendo que el tome mi labio inferior entre sus dientes.
Hace mucho él no se preocupaba porque yo sintiera. Hace mucho él no hacia eso que era tan característico. Mi cuerpo vibra en reconocimiento y antes de que él suelte mi labio y nuestras miradas se despeguen, me arqueo para sentirlo más cerca y tomo el impulso de besarle, él no repara en mi atrevimiento y arranca un beso voraz que me deja sin respiración pero poco me importa, sus manos sujetan mi cintura y siento más de su peso sobre mí pero me encanta eso y el beso continua. Sus labios se sienten suaves y cálidos. Su lengua es seda contra la mía, no hay lucha es un reconocimiento, él palea y arrasa conmigo.
Me siento impotente sin poder tocarlo, esto lo he sentido otras veces pero ahora la sensación parece más intensa. Pero no digo nada, lo beso y lo beso. Esto es todo lo que quiero, es más de lo que he tenido en muchos días y estoy totalmente perdida. Siento su piel, su cuerpo, en completo contacto con el mío, en cada recoveco del mio propio.
Fue difícil no usar mis manos, controlar las ansias locas que presentaba mi cuerpo. Pero él hizo todo el trabajo, al unir su cuerpo al mío se sintió el cambio. Mi mente y mi cuerpo estaban completamente entregados en dar y sentir. Gemidos con frases incoherentes me fueron permitidos, gruñidos suyos dulcificaron mi oído, mordidas, pequeños pellizcos, tirones… placer, dolor… fue bueno, fue rudo, fue él. Una liberación potente y cansina. Me sentía física y mentalmente agotada, él me desato y acaricio las partes más marcadas. No espere nada más de su persona, estaba feliz. Me acurruco y espero que el sueño llegue con una sonrisa plasmada en mis labios. No es sino hasta que siento su peso y calor en la cama, a mi lado, que mi cuerpo se tensa… abro los ojos pero no me giro, no lo haré; me he prometido a mí misma que no me dejare invadir más por cosas absurdas y estúpidas, inconsciente o tal vez mas consciente de lo que yo misma admito, mi cuerpo se aprieta más a su lado y luego de seis exasperantes días, me dejo ir en un sueño lleno de vida y colores.
Conversación no Plasmada entre Edward y Garrett
Lugar: Northwestern Memorial Hospital, Chicago.
"Vaya, Vaya... Edward Cullen esta tomado en las manos de su adorable mascota"
"Cuando te cuento algo Garrett es porque necesito que alguien escuche pero no porque este buscando una opinión"
"Eres un completo idiota Cullen"
"Nadie está pidiendo tu opinión Garrett"
"Soy tu amigo Edward, un completo insensible tal vez… pero me importa lo que haces. Y tú estabas celoso"
"Garrett"
"Garrett nada, los celos son de esas emociones estúpidas que no puedes permitirte, te hacen perder el control y lastimas más de la cuenta a las personas. No es ese el tipo de dolor que quieres infligir, castigas castigándote ¿no lo ves?"
"…"
"Tienes que ver las cosas con claridad Edward. No dejes que el ego te sobrepase. No te dejes creer más. Podrás tener experiencia pero siempre habrán cosas que ignores o que pases por alto. Eres humano hermano"
"Garrett, ultima vez… nadie te pidió tu opinión"
"No hace falta… yo la doy de todas formas. Sigue así y ella terminara dejándote antes de que acabe el contrato que tienen"
"Eso no va a ocurrir"
"¿Y qué te hace pensar que no? La estas tratando como nada, solo te sirves de ella y ni siquiera le das lo que ella como Sumisa necesita. Dices que ella tiene reservas para contigo, eso es suficiente para decir que no puedes tener una certeza de que vas a llegar y ella no va a estar o te estará esperando con sus maletas para irse"
"¡Maldita sea Garrett! Te estoy diciendo que no. ¡Déjame en paz! He tenido un día y una noche completa en el hospital, llegas me retienes cuando lo único que deseo hacer es irme a casa a descansar"
"De nada Cullen, de nada"
"¡Bastardo!... Bastardo con razón"
¡Hola Gente!
Vine a dejarles mis saludos. Corro y me escondo. No todo podía seguir color rosa ¿Verdad? Todos estamos llenos de inseguridades y llegamos a perder el control, asi que... espero no me insulten tanto.
Gracias por sus comentarios, fav, foll... etc. Siempre es más de lo que espero.
Besos :*
