Día 20: Shower Sex
Su cuerpo cubierto con una bata de baño danzaba por la habitación a pies descalzos, tarareaba una suave tonada mientras se entretenía con la tarea de llenar la bañera de burbujas y florares fragancias. Tantea la temperatura con los dedos y sonríe para sí complacido, deja la bata caer al suelo y poco a poco, con cuidado de no balancearse demasiado, queda rodeado de agua destinada a relajar sus músculos.
Se estira lo más que puede en el espacio un tanto reducido para sus largas piernas y siente los azulejos de la pared con la punta de los dedos sacándole una risita divertida. Atrapa la esponja con sus manos y luego de aplicar jabón líquido pierde el tiempo en hacer su extremidades resbalosas del contacto; hace más burbujas y ríe más alto ante el reino lleno de jabón y graciosas burbujas traslucidas que volaban por la habitación, ensimismado en su aniñado actuar estaba que no se percatada de la figura que llevaba ya algunos minutos observándole desde el umbral de la puerta.
El castaño escondía una sonrisa divertida y afectuosa una vez que sus ojos se posan sobre el cuerpo del moreno, el agua turbia no le dejaba divagar demasiado pero él se conformaba de momentos con la extensión de piel que le mostraba las tonificadas piernas a causa de horas interminables de ejercicio y baile.
—¿Te diviertes? —Taemin se sobresalta ante la voz ronca y entretenida que le habla y gira el rostro con prisa logrando que varios mechones queden adheridos a su frente, se acerca al filo de la bañera y saluda al mayor con un movimiento de sus manos.
—¡Minho! —Endereza la espalda con la intención de acercarse al recién llegado pero cuando a su cuerpo le llega una ráfaga de aire frío, decide mejor esconderse en la seguridad que el agua aun templada le ofrecía pero no antes sin ladear el rostro en dirección al castaño para inclinarse y sonreír despacio una vez que Minho está lo suficientemente cerca como para acariciarle el cabello. Como un pequeño, alza los brazos cuidadoso se no mojar al hombre, en un gesto de querer tenerle cerca.
Habían pasado quizás demasiadas horas separados, ahora que le tenía en frente Taemin solo quería abrazarle con fuerza y acunarse en su pecho.
Minho ríe en un tono grave y se inclina para quedar a la altura del pequeño, le acaricia la mejilla con los dedos y posa un corto beso sobre su nariz.
—Acompáñame —Taemin le pide lanzándole una mirada coqueta tras las pestañas y él solo puede suspirar derrotado, ¿cómo era posible que él no tuviese ningún tipo de voluntad para contradecir al más joven?
—En un momento. —Le ve alejarse de la habitación, probablemente a liberarse del molesto traje que tenía puesto desde la mañana, aunque tomando en consideración la forma en como la tela le daba una gran apreciación del perfecto y redondo trasero del mayor, él no tenía por qué oponerse.
Jadea sorprendido y cubre sus ojos con las manos casi avergonzado al contemplar como el castaño regresaba a las cuatro paredes completamente desnudo, sin siquiera una toalla que le rodease la cintura. Es turno de Minho de reír una vez más con un dejo entrañable ante las actitudes avergonzadas del chico, como si fuese la primera vez que le viese de esa forma.
—Ven aquí Minnie. —Aun con los ojos cerrado puede escuchar con total atención como Minho se adentra en la bañera y a él no le queda más opción que acceder ya que el espacio se había reducido considerablemente; queda sentado en el regazo del mayor y le rodea la cintura con las piernas, le abraza por el cuello y su mejilla se posa contra el hombro contrario. Suspira agradecido de la cercanía.
Minho le abraza por la cintura y le atrae por completo a su pecho, deja un beso amoroso sobre su cabello; permanecen en la misma posición por unos cuantos minutos.
Sus labios se encuentran con lentitud, casi con parsimonia, no hay prisas ni apuro, solo existen ellos dos en ese momento y con un beso es más que suficiente para entender lo mucho que se habían extrañado.
Taemin sube las manos por su cuello y no le deja escapar posando una mano en su cabello, la temperatura va en aumento cuando sus besos dejan de ser afectuosos para volverse más apasionados y necesitados.
Sus caderas se encuentran sugerentes, poco importaba ya que el agua se hubiese enfriado o que el piso se viese cubierto de agua; no pasa demasiado para que sus cuerpos se vean unidos a la perfección mientras palabras y promesas de eternidad sean susurradas en sus oídos.
