Y bien, esta vez no tarde casi medio año en actualizar XD Por fin, el comienzo del final. Tenia planeado algo bastante distinto a esto, pero así salio, y supongo que asi se quedara (porque fue un martirio escribir este capitulo tambien xD)
Me han llegado algunos borradores de las portadas de RoM a mi facebook (Maria Ollitsac por si les interesa xD) y ademas me he creado un ask donde pueden hacerle preguntas a nuestro querido Levi ( PreguntaleALevi), por si se quieren dar una vuelta y ver el caos xD Preparen sus dibujos y sus emociones. En dos capitulos mas, RoM llega a su final 8D
Muchas gracias a:
Lizbeth snow
Kasumi Isumi
Aranza Leonhardt Aguirre
Atzuko-san
ElizabethJaeger
Gii-chan
Min_Akane_Akatsuki
Rivaille's wife
Koisshi Saotome
srayt
D-Henderwhore
Y gracias por darle favorito y a seguir 8D
ACLARANDO CLARESAS CLARAMENTE (?):
"blablabla" son pensamientos
-blblblblaaaa- son dialogos
-_._._._, fue a casa de pedro.- estan diciendo el nombre o el apellido del lector.
"-jhjklla-" flashback
Espero les guste este capitulo!
Disclaimer: Shingeki No Kyojin NO ES MIO, es de Hajime Isayama!
Advertencia: Lenguaje Vulgar, OOC y Contenido Sexual
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-Nacerá muy pronto. Una semana o dos, máximo.
El galeno se quitó el estetoscopio de los oídos y lo metió en su maletín mientras tú lo seguías con la mirada, tan fría que hubiese puesto orgulloso al Lance Corporal. Ese bastardo que se hacia llamar medico era quien había tratado a tu padre cuando este había sido mordido por una serpiente en una de sus salidas de cacería para traer comida a la casa, siendo el culpable de que terminase muriendo. Habías aceptado recibirle en casa solo porque él había estado presente cuando aquel "incidente" tuyo con el hacha y ese otro malnacido años atrás, y sabía muy bien que ahora eras una militar capaz de hacer algo mucho peor que eso.
Algunos días atrás habías tenido una falsa alarma de comienzo de parto. Tu vientre había comenzado a sufrir de contracciones casi diarias y ademas el bebé, que supuestamente había estado sentado y enfrentando tu cuerpo, ahora había dado una vuelta que te había dolido como el infierno y su cabeza apuntaba hacia abajo, listo para salir cuando fuese el momento.
-Una semana o dos...- susurraste para ti misma, Zara y Charlie sentados a tu lado, mirando desconfiados al hombre antes de que tú volvieses a hablar. -¿Cree que pueda hacer un viaje así como estoy?-
El hombre con barba y canas te miró, levantando una de sus cejas. -Es muy arriesgado. El bebé podría nacer tanto en dos semanas como dentro de unos minutos. Hacer un viaje significaría correr el riesgo de dar a luz en la ruta.-
-Ya veo...
Chasqueaste la lengua, mirando hacia tus hermanos antes de levantarte y entregarle tres monedas de plata. Ellos ya sabían el por qué de esa pregunta. -Acompañen al doctor hacia el pueblo.- ordenaste y ellos asintieron, levantándose y escoltándolo hacia la salida sin decirle nada mas. Tú te limitaste a sentarte de nuevo, sintiéndote cansada y adolorida.
Acariciaste distraidamente tu vientre, grande por los nueve meses de embarazo. Ni siquiera la advertencia de ese viejo verde iba a detenerte. Estabas determinada a cumplir con lo que tenías planeado...
"Espera un poco más, por favor... Espera hasta que pueda estar junto a él."
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Trost.
Había pasado casi medio año desde la última vez que habías estado allí. La recordabas como un lugar prospero y al mismo tiempo caótico, como todas las grandes ciudades. Pero aquello había quedado en el pasado, ahora solo el hambre, la destrucción y la miseria deambulaban por aquellas calles en antaño ajetreadas mientras tu pasabas por una de ellas sobre el lomo de Minerva, en búsqueda de pistas. La corona había literalmente abandonado a Trost a su suerte desde que había sido atacada por el Titan Colosal, y desde entonces sus pobladores habían tenido que depender de la buena de Dios para poder sobrevivir. Esto era lo que los titanes eran capaces de hacer...
No. No solo por ellos...
Era muy difícil guiarte en ciertas calles cuando algunos puntos de referencia se habían convertidos en ruinas o simplemente desaparecido, pero al menos fuiste capaz de llegar a cierto sitio el cual habías frecuentado muchas veces mientras estabas allí. El letrero había desaparecido y el lugar estaba en reconstrucción, pero podías reconocerlo tranquilamente. El "Petite Mort".
Con cierta dificultad bajaste de tu yegua, acercándote a la puerta del local y preguntando a uno de los obreros sobre el paradero del dueño. No sabías si siquiera había sobrevivido al ataque, más grande fue tu alivio al ver que, desde la cocina, aquella mole de hombre salía con la frente sudorosa y limpiándose las manos llenas de harina, habiendo podido escuchar su nombre desde allí. Al principio no pareció conocerte, después de todo, había pasado casi un año desde la última vez que se habían visto, sus ojos fijándose en tu enorme vientre primero.
-Louis para servirle. ¿En que puedo ayudar-...?- sus ojos se abrieron ligeramente entonces, sorprendidos cuando terminó su escaneo sobre ti, observando tu rostro, reconociéndote. -Tu... La muñeca de Levi... ¿_._._._-chan?- preguntó incrédulo, mirándote mientras en su rostro comenzaba a nacer una sonrisa falta de algunos dientes.
-Ha pasado un tiempo.- sonreíste emocionada, acercándote a él. -Creí que no podría volver a verte después de lo que ocurrió aquí... Pero veo que has logrado sobrellevarlo bien. ¡Me alegro mucho!-
-Y tu, pequeña niña. Luces casi igual que la última vez que te vi.- dijo, palmeando suavemente tu cabeza, encantado. -Aunque veo que ya no puedo llamarte "Señorita"- afirmó, pero antes de que tu pudieses ser capaz de responderle, sentiste tu vientre contraerse con fuerza, arrancándote un gemido ahogado y haciéndote retorcer sobre ti misma, alarmando a Louis. -¡Muñeca!-
No tardó más de un segundo en darte una silla y servirte un vaso de agua mientras intentabas controlar tu cuerpo de alguna forma. Habían sido tres duros días de viaje de esa misma manera y los dolores comenzaban a hacerse cada vez más fuertes, pero no podías detenerte...
-L-Louis. Lo siento, pero no... He venido solo de visita...- gemiste entrecortadamente, mirándolo adolorida. -Necesito que me ayudes... Él... Tengo que encontrarle... Rápido...-
Aun con palabras tan ambiguas, Louis pareció comprender de inmediato de quien se trataba, asintiendo con la cabeza mientras apuntaba hacia el norte, a tus espaldas.
-Viniste al sitio correcto, nena. Él estuvo aquí hace tiempo con sus subordinados. Muchos se acercaron a ellos, hubo un alboroto y al parecer secuestraron a dos de ellos... No se en que terminó todo eso, pero él estaba bien en ese entonces.- afirmó al notar como tu rostro se tornaba preocupado mientras al fin el dolor en tu vientre cesaba. -Nadie esta seguro realmente de en donde están, pero hubo rumores de que estaban escondidos en la montaña, hacia Yalkel.-
Asentiste con la cabeza, logrando al fin recomponerte. De tu bolsillo, sacaste una moneda de oro, dejandosela sobre la mesa. Era lo menos que podías hacer por él ya que, literalmente, habías llegado a Trost sin saber a donde se habían dirigido, guiada más que todo por una corazonada.
Sin hacer nada más, acabaste tu vaso de agua y lo dejaste sobre la mesa, levantándote con cuidado. -Muchas gracias, Louis. Te debo una.-
-¡Espera, muñeca!- sin aviso, tomó una de tus manos antes de que pudieses moverte siquiera un metro, deteniéndote, ignorando la moneda. -¿Acaso estas por dar a luz? ¿Estás loca? ¡Hay bestias salvajes hacia ese lugar! ¡No puedes ir sola y menos a estas horas! ¡Además son simples rumores!-
Tú le dedicaste una mirada, frunciendo el ceño mientras mirabas la luz de la calle. En un par de horas la noche abría caído y un montón de nubes se acercaban con la promesa de traer una tormenta con ellas... Apartaste su mano amablemente, palmeandola.
-Me alegro haberme encontrado contigo. Ya debo irme, el bebé no puede esperar mucho más.
Anonadado, Louis te observó salir del local, montar con cierta dificultad sobre Minerva y arrancar hacia el horizonte, allá donde las montañas se elevaban dentro del muro.
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Dánae
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Con las luces apagadas, ellos esperaban un ataque en cualquier momento. Podría ser tanto de día como de noche, tanto de tarde como de madrugada, una emboscada, un violento asalto a la cabaña, cualquier cosa...
Menos a que tocasen la puerta a las ocho y media de la noche mientras azotaba una tormenta.
Aun así, la reacción del Escuadrón de Operaciones Especiales fue inmediata. De pronto todas las armas de los habitantes de la cabaña estaban apuntando hacia la puerta y las ventanas, incluyendo armas punzo-cortantes y de fuego. Hubo silencio, nadie se movió de su sitio por al menos un minuto completo, esperando...
-Ah... Ayuda...- algunos gestos de sorpresa se dejaron ver en un par de soldados gracias a la voz femenina que se alzó detrás de la puerta, justo antes de que las miradas de todos se posaran sobre el capitán del escuadrón, quien permanecía impasible, casi fastidiado. -...Estoy buscando a unas personas y... Creo que me he perdido.-
Levi abrió la puerta de un sopetón, arrastró a la dueña de aquella voz al interior de la casa y cerró de nuevo, sujetando a la persona que ahora chorreaba agua por el suelo de madera, empapada hasta los huesos. Para cuando los demás lograron reconocer a la mujer, ya el Lance Corporal tenía un largo rato despotricandole.
Su esposa. Diamant D'Hiver. No necesitaba verla para saber que era ella, podía reconocer su voz... Y ya esperaba que tarde o temprano, ella apareciese allí. En verdad, cuando se lo proponía, podía comportarse como una mocosa caprichosa.
-¡¿Cómo mierda nos encontraste?!- rugió enfurecido, sujetando con suficiente fuerza sus brazos como para no dejarla escapar. -¡Maldita sea, de todas las ordenes que te he dado y que puedes pasártelas por el culo, decides usar esta que era en serio! ¡¿Qué demonios haces aq-...?!
No pudo seguir hablando. Ella, quien había estado observándolo como si estuviese aliviada a pesar del griterío, repentinamente se estremeció y soltó un grito, encorvándose sobre si misma, sujetándose el vientre. Había un charco de algún líquido que no parecía lluvia debajo de ella...
-¡_._._._!- Levi rugió su nombre, sujetándola alarmado mientras Hange Zoë corría hacia ambos, comprendiendo la situación de inmediato.
-¡Está en labor de parto!- exclamó la científica, sujetando uno de los brazos de la joven. -Diamant D'Hiver, ¡¿Acaso viniste a buscarnos en ese estado?!-
-Y-yo... Quería estar junto a Levi...- gimió en respuesta la joven. Hange pareció molestarse, pero aun así, se limitó a reaccionar al ver que todos los demás presentes se quedaban estáticos.
-¡Señores! ¡Tenemos un caprichoso bebé que se cansó de estar allí dentro y que si no sale como se debe podría morir o matar a su madre!- todos los demás soldados, incluyendo a Levi, abrieron los ojos alarmados al escuchar lo ultimo, mirando a la científica que permanecía mirándolos sin perder el temple, frunciendo el ceño. -¡Mikasa, Historia y Nifa vienen conmigo. Traigan sabanas y toallas, todas las que puedan! ¡Sasha, Connie y Jean calienten agua rápido! ¡Levi y Eren, ayuden a Diamant D'Hiver a recostarse. Rápido! ¡El bebé nacerá aquí!-
Obediente, el Lance Corporal levantó a su mujer en brazos y la llevó a los dormitorios, teniendo a Eren de apoyo en caso de que no pudiese soportar el doble peso, pero aquello no ocurrió, la fuerza de Levi siempre había sido anormal. Como balas, Historia, Mikasa y Nifa habían preparado uno de los catres en donde dormían para que la mujer estuviese lo mas cómoda posible, toallas y sabanas listas para ser utilizadas mientras el Lance Corporal dejaba a la joven sobre la cama suavemente y le quitaba la capucha empapada de los hombros, sus ojos demostrando verdadera preocupación al ver la expresión de dolor y los fuertes gemidos de su esposa.
-Eres una maldita idiota... ¿Cómo nos encontraste?
Ella, aun entre el dolor, se giró a verlo con una sonrisa, gimiendo. -...Una corazonada...-
Repentinamente se retorció, gritando tan fuerte que los tímpanos de los demás en la habitación dolieron. Levi se quedó estático, repentinamente invadido por un fuerte sentimiento que no supo reconocer.
-Tendrás todo el tiempo para reclamarle después, Levi. Ahora será mejor que te lleves a todos los chicos fuera de la cabaña y monten guardia. No sería nada divertido que nos fuesen a atacar mientras ella da a luz.- Hange entró a la habitación, quitándose el abrigo que llevaba puesto y arremangándose la camisa hasta los codos mientras lo pasaba. -Muy bien, señoritas. Son militares y han visto mucha sangre, pero hoy no la verán porque alguien murió... Sino porque alguien va a vivir.-
La sonrisa maniática de Hange, las expresiones nerviosas de las tres jóvenes y a su mujer gritando de dolor fue lo último que Levi pudo ver de esa habitación por un largo tiempo.
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Aun llovía a cantaros y la luna de media noche había desaparecido entre las nubes cuando los hombres habían salido a hacer guardia varios minutos atrás. Todos empapados hasta los huesos, no se atrevían a decir una sola palabra, tan solo escuchar el sonido de la incesante tormenta golpeando la tierra y de vez en cuando los gritos de dolor puro que salían del interior de la cabaña.
Eren giró el rostro ligeramente, observando a su capitán en silencio. Lucía aterradoramente sereno, nada afectado por los gritos de su mujer aun cuando Armin se sujetaba los oídos, tembloroso, Jean y los subordinados de Hange se tensaban con cada grito y el mismísimo Eren comenzaba a ponerse cada vez mas nervioso por la tensa situación. Su padre había sido medico, muchas veces había regresado a casa tras atender un parto en donde el hijo, la madre o incluso ambos habían muerto... Y dadas las circunstancias en las que la capitana había llegado...
La puerta de la cabaña se abrió. Los siete hombres se giraron hacia Connie Springer, quien regresaba de haber ayudado a Sasha a llevar el agua caliente. Pálido como un muerto, miró hacia sus compañeros mientras cerraba la puerta detrás de si.
-Tanta sangre...- susurró, mirando hacia el suelo con los ojos casi en blanco. -...Nunca había visto tanta sangre...-
Todos lo miraron alarmados. Él había entrado a la habitación. -¿Connie?- Armin se acercó, poniendo una mano sobre el hombro de este.
-No quiero tener hijos nunca...- volvió a susurrar entonces, pasándose una mano por la cabeza rapada. -No quiero que mi mujer sufra de esa manera tan horrible por mi culpa...-
Un ligero crujido resonó junto a Eren. Levi aun miraba impasible hacia Connie, pero él pudo notar como la madera de la escopeta se había astillado bajo sus dedos.
Él no estaba nada tranquilo.
-Todo estará bien, señor.- fue lo único que atinó a decir, mirándolo preocupado. -_._._._-Taichō es alguien muy fuerte... Un poco de sangre no es nada para ella.- afirmó, sonriendo forzado, intentando infundirle valor. Levi se limitó a chasquear la lengua en respuesta, dándose media vuelta y regresando a su sitio de guardia con los demás.
Los gritos continuaron por quien sabe cuánto tiempo, lo suficiente como para que el silencio se volviese tan tenso que los jóvenes comenzaron a mirarse a los rostros, incómodos. Los segundos se convirtieron en minutos, y los minutos en horas... Y nadie salía a informar sobre el estado de la mujer.
-...Dando tanta pelea para nacer...- Jean repentinamente cortó el silencio. -Apuesto tres de mis cenas a que es un varón.-
Eren le mandó una mirada al joven que gritaba que no era momento para esas idioteces, pero sin dejarle tiempo para exteriorizarlo, Connie le frunció el ceño, socarrón. -Tonterías. Mi madre tuvo dos hijas después de mi, idiota. Y siempre decía que yo fui el más fácil de todos. Apuesto tres de mis cenas a que sera una niña.- con una sonrisa entretenida, miró hacia Armin, Keiji, Moblit y "Lentes", como le habían llamado al subordinado de Hange que siempre usaba lentes al igual que ella. -¿Y ustedes?-
Armin bajó la cabeza, rascándosela y mirando a los otros tres. -...Yo creo que será un niño... Levi-Heichō no parece ser de los que tienen niñas... Sin ofender.-
-Nosotros también creemos que será niño.- Afirmaron los tres subordinados de Hange. -Uno idéntico a Levi-Heichō y tan fuerte como él.-
-Tsk...- Eren negó con la cabeza, aburrido. -¿Eso realmente importa ahora? Sea niño o niña, es hijo de Levi-Heichō y _._._._- Taichō... Será tan increíble como lo son ellos dos.-
-No estamos hablando de como será, suicida lamebotas.- Jean lo miró con odio, recibiendo una mirada idéntica de parte del Titan-cambiante. -Tres de tus cenas. ¿Será niño o niña?-
-Maldito cara de caballo.- le respondió, pero se mantuvo pensativo... Girándose hacia su capitán. -Apuesto por lo que crea usted, Heichō.-
Pero Levi no respondió. Ni siquiera había escuchado aquella absurda apuesta. Tan solo pensaba...
Él también sabía que riesgos corría su mujer al dar a luz. Recordaba haber escuchado alguna vez, tiempo atrás, que como castigo de Dios sobre la primera mujer por haber comido de la fruta prohibida, cuando una mujer tuviese que dar a luz un hijo, agonizaría y correría el peligro de morir. Apretando los puños hasta que sus nudillos se tornaron blancos, Levi miró hacia el cielo tormentoso, iracundo. Maldito fuera ese Dios que se hacía llamar benevolente cuando le hacía eso a alguien como lo era su mujer. Maldito fuera mil veces... Y maldito fuera esa criatura que se empeñaba en lastimarla y robarle la vida solo por su egoísta deseo de vivir. ¿Esto era lo que _._._._ quería? ¿Poner su vida en riesgo por un ser al cual ni siquiera le había visto el rostro? ¿Alguien del que no sabía si cuando creciera tal vez se convertiría en un malagradecido y una deshonra? Si era así, nunca más le dejaría tener otro hijo.
Primero sobre su cadáver...
Los gritos en el interior de la cabaña comenzaron a volverse cada vez más altos y constantes. Levi frunció el ceño, cada vez más preocupado, ignorando aquellas frases de aliento que sus subordinados le daban de vez en cuando. Ella sufría cada vez más, y él no podía evitar sentir que el corazón se le apretujaba dolorosamente en el pecho, sintiéndose culpable... Más aun cuando los "Todo estará bien" de Eren, tras varios minutos, se convirtieron repentinamente en un tembloroso, inseguro, casi aterrorizado...
-Ella estará bien... ¿Verdad, Levi-Heichō?
Repentinamente todo se puso obscuro frente a sus ojos. Se imaginó el peor escenario posible: el repentino silencio después de los gritos, y que cuando él entrase a la cabaña para ver que era lo que ocurría, Sasha, Nifa e Historia saliesen de la habitación con las manos ensangrentadas, incapaces de verle al rostro aunque él les gritara que contasen lo que había pasado. Y que cuando el decidiese entrar por cuenta propia, Hange y Mikasa lo viesen de esa forma... Con pesar, con derrota antes de explicarles porque su mujer yacía con los ojos cerrados en la cama y solo un bulto completamente cerrado yacía entre sus brazos... Ya que tanto la criatura como su mujer habían terminado muriendo...
Si eso llegaba a ocurrir, las últimas palabras que ambos se habrían dicho hubiesen sido un reclamo y una respuesta, la última mirada hubiese sido una adolorida. ¿Qué iba a hacer él si eso llegaba a ocurrir? ¿Cómo reaccionaría? ¿Qué iba a ser de él mismo?
Ahora que él no era capaz de recordar cómo era estar solo... ¿Cómo podría vivir él en un mundo donde ella no existiese?
La escopeta en su mano tembló y resbaló en sus manos, cayendo estrepitosamente al suelo, alterando a los tensos soldados a su alrededor. Eren casi chilló a su lado, sorprendido. -¡L-Levi-Hei-...!
Un largo alarido agonizante que desgarró los tímpanos de los hombres y que retumbó en la montaña interrumpió las palabras del titán-cambiante antes de que, sin mucho más, la cabaña se sumiese en silencio. Todos abrieron los ojos mientras miraban al suelo, sintiendo que cada mísero musculo de sus cuerpos se tensaba por el mutismo, conteniendo el aliento, rezando por un milagro... Levi se dio cuenta incluso de que él mismo estaba rezándole a ese Dios al cual segundo antes había maldecido. Los minutos de mortal, lúgubre silencio pasaron mientras los soldados esperaban, al menos, escuchar el llanto de un niño... Tres... Cuatro... Cinco... Diez minutos.
El llanto jamás llegó. Y repentinamente la puerta de la cabaña se abrió de par en par.
-L-Levi-Heichō...
Nifa. Su corazón se detuvo en su pecho, girándose en menos de un pestañeo hacia la jovencita que había salido de la cabaña, su voz débil y temblorosa al hablar. De nuevo, el peor escenario llegó a su cabeza mientras ella se acercaba a él, su rostro imposible de descifrar ahora para él mientras ella, pareciendo notar su incapacidad de reaccionar debidamente, tomó su muñeca y lo guió hacia el interior de la cabaña, dejando a los demás afuera. Su escondite no era demasiado grande, apenas había pocos metros entre habitaciones, sala y cocina... Pero ese pequeño trayecto entre la puerta de entrada y la habitación fue el más largo, el mas calvarico en todos sus años de vida. Y él había pasado por trayectos terribles desde que tenía memoria...
-Ella...- su voz sonó fría. Su expresión inmutable. Pero incluso el más tonto hubiese podido notarlo, oculto tras sus pupilas, tras lo vacío de su voz... Su profundo e innegable terror... -¿Ella está bien, Nifa?
-Entre, Heichō...- fue la única respuesta que ella le dio, soltando su muñeca. -...Véalo por usted mismo.-
"¿Por qué mi cuerpo se mueve tan lento?" Se preguntaba, al darse cuenta de que sentía que todo su cuerpo temblaba tras esas palabras, frágil, débil, aterrorizado, lento e inseguro, a pesar de que realmente no era así. Sintió que le tomaba toda la vida extender la mano y tomar el pomo, y aun mas atreverse a girarlo y empujar la puerta... La habitación en silencio. La puerta cedió...
Hange, Sasha, Mikasa e Historia yacían tiradas en el suelo, jadeando, todas bañadas en sudor a tal punto que los cabellos se les pegaban a la frente y sus ropas lucían empapadas. Muchas toallas y sabanas cubiertas de sangre en una esquina... ¿Por qué no escuchaba al bebé llorar, o algún otro sonido?
Lentamente, Levi levantó la vista... Y la vida regreso a él con tal fuerza que su cuerpo se tambaleó.
Allí estaba ella. En realidad lucía pálida, débil y también estaba cubierta de sudor, pero él no pudo evitar encontrarla radiante como el sol que nacía detrás de las muralla. En sus brazos un pequeño bulto que se removía ligeramente, sollozando de forma apenas audible mientras ella lo veía como si... Incluso él se sorprendió de su expresión, su mirada, tan hermosa que incluso él fue incapaz de verla por demasiado tiempo sin sentir que su corazón se disparaba. Era la encarnación de la ternura, algo tan puro que incluso sintió envidia, pues jamás había visto algo... así.
Ambos, tanto su mujer como su primogénito, estaban vivos.
Tardó un largo tiempo en ser capaz de recuperar el aliento contenido desde que había visto a Nifa, y otro largo en ser capaz de conseguir su propia voz, dando el primer paso hacia el interior de la habitación. -Diamant D'Hiver...-
Ella levantó la mirada al escucharlo, sonriendo débilmente, al parecer incapaz de mover un músculo.
-Ven...- susurró, su voz temblorosa y jadeante. -Quiero que conozcas a alguien.-
Obediente como un perro fiel, Levi se acercó a ella, cada vez más curioso al ver a la criatura removerse entre la suave tela blanca que la cubría mientras su mujer lo destapaba... Un jadeo se escapó de su boca.
-Quiero presentarte a alguien importante...- acercando el bulto lo suficiente como para que él pudiese verlo, ella sonrió mas ampliamente hacia el bulto. -Este es Levi... Es tu padre...-
El Lance Corporal se mantuvo en silencio, sintiendo que, repentinamente, todo su mundo se ponía cabeza arriba.
-...Parece un jodido mono.
Pero era hermoso. Lo más hermoso que había visto en toda su miserable existencia, al mismo nivel en el que estaba su esposa. No deseaba cargarla... Alguien tan frágil, de apariencia tan pura, tan perfecta no podía ser siquiera mirado por alguien como lo era él. Si llegaba a hacerlo la mancharía, la rompería con su fuerza, con su brutalidad, él no... Él no...
-...Cárgala.
Él no pudo resistirse. Sus brazos se movieron solos apenas ella le dio permiso. Rodearon aquel pequeño cuerpo con la mayor delicadeza que tuvo en su vida, casi temblando mientras la levantaba, apoyándola contra su pecho mientras su corazón latía tan rápido que sentía que en cualquier segundo moriría, notando como los sollozos del bebé se calmaban al ser cargado por él, mientras todo en su mundo adquiría repentinamente un nuevo significado, un nuevo punto de vista. Aquello que había estado creciendo en el interior de su mujer ahora había nacido, y estaba vivo y en sus brazos... Era algo que ambos habían hecho juntos, algo que tenía sus carnes y sangres, y se convenció aun más al ver que la criatura lentamente abría los ojos... Gris azulado. Como sus propios ojos...
-¿Su nombre...?
-Dánae...- respondió suavemente, recostándose con cuidado en la cama, pareciendo conmovida. -...Es una niña.-
Una niña... Sorprendido, pestañeó un par de veces. Entonces él había atinado aquella vez...
"-Tch, me ofende que dudes de mí. Cuidaría de ustedes dos con mi vida. Ninguna de mis dos mujeres correrá peligro mientras estén bajo mi protección.-
-¿Dos mujeres?-
-Claro. Porque será una niña. Isabella... Y sería una jodida belleza, idéntica a su madre... Ningún cerdo asqueroso pondrá una mano sobre ella."
"Isabella." Levi se giró hacia la niña, mirándola como sus ojitos del color de las estrellas se movían desenfocados, mirando todo a su alrededor antes de clavarse en él, haciendo que su corazón retumbara. No era idéntica a su madre como él había querido. Lamentablemente a su parecer, sus ojos eran idénticos a los de él, pero a pesar de ello... Aquello no le restaba belleza alguna, como él había predicho que pasaría.
"...Dánae."
-Nos preocupaste mucho, Dánae.- Hange de pronto estaba parada a su lado, limpiándose el sudor del rostro con una toalla que aun estaba limpia. -Pusiste a tu mami y a nosotras en aprietos...-
Mierda. Levi abrió los ojos de par en par. Había olvidado por completo a su mujer. De haber sido su cuello de cristal, se hubiese roto en pedazos cuando se giró violentamente hacia la cama, encontrando a ... con los ojos cerrados, pálida... De nuevo el terror lo invadió. -¡_._._._!- gritó su nombre, cargando a la niña con un brazo y agitando a su mujer con otro.
-Solo perdió la conciencia.- Mikasa habló mientras sujetaba la muñeca de su capitán, habiendo notado el instante en que la mujer se había rendido al ver que la niña estaba en brazos de su padre, segura. -Esta exhausta, perdió mucha sangre y se esforzó demasiado para venir hasta acá.-
-Por un momento creímos que moriría.- fue el turno de Sasha de hablar, sentada en el suelo aun recuperándose.
-Pero es muy fuerte, Levi-Heichō...- Historia susurró, tirada en el suelo. Un brazo cubriendo sus ojos. -Otra mujer en su situación no lo hubiese logrado. Y mucho menos el bebé...-
El moreno solo atinó a mirar al bebé en sus brazos... Arrepintiéndose de haberla maldecido por hacer sufrir de esa forma a su mujer. No tenía ni cinco minutos de haberla conocido, pero ahora era también incapaz de imaginar un mundo donde esa pequeña criatura no estuviese entre sus brazos...
Él hubiese sido incapaz de sobrevivir si las hubiese perdido a ambas.
-Gracias.
...
Las cinco mujeres se giraron hacia el único hombre, parado en medio de la habitación, a los pies de la cama. Su flequillo negro le hacía sombra en los ojos, y luego cubrió parte de su rostro cuando bajó la cabeza...
-De parte de ella como mía... Gracias. Yo jamas hubiese podido ayudarla.- Levi repitió, apretando ligeramente a la bebé contra su pecho.
Las mujeres no pudieron evitar mirar a Levi sorprendidas, incluso la mismísima Hange Zoë. Era la primera vez, en todos aquellos años conociéndose, que le escuchaba agradecer a alguien. Podía jurarlo... Una suave sonrisa surco entonces el rostro de la científica, palmeando su hombro suavemente, haciendo que la mirara.
-Es nuestro deber como soldados, ¿No? Ayudar a nuestros compañeros...
-Aun así...
-Aun así deberías agradecerle a Diamant D'Hiver cuando despierte.- afirmó, sonriendo psicoticamente entonces. -Ella hizo todo el trabajo mientras te maldecía en idiomas que no conocía... Fue tan entretenido.-
El aura solemne en la habitación se volvió pedazos.
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-Con cuidado.
-Ya lo sé, Levi. Di a luz, no sufrí un accidente.
-Estuviste a punto de morir.
-Ya lo has dicho mil veces en dos semanas. ¿Realmente crees que no estoy consciente de ello?
-No, no lo estás.
Ambos se mandaron una mirada asesina justo antes de que él abriera la puerta. Habías estado una semana entera dentro de la cabaña sin hacer mucho más que cuidar de la bebé, ayudar con la cocina y permanecer en reposo. Y por fin, tras tres días de ruegos y peleas con el Lance Corporal, te había dejado salir y tomar un poco de aire fresco. Si te habías quejado de lo sobreprotectora que podía ser Mikasa Ackerman, Levi parecía ser idéntico a ella elevado a la enésima potencia. Apenas si había dejado siquiera que cargaras a Dánae, argumentando que aun estabas débil y que él se encargaría de todo mientras tu descansabas, cosa que no duró mucho tiempo cuando se dio cuenta de que era incapaz de darle pecho o de siquiera cambiarle un pañal.
Idiota.
Tus ojos se entrecerraron ligeramente cuando la luz del sol los golpeó, tanto tiempo bajo techo no le hacía bien a nadie. Cuando fuiste capaz de ver normalmente, notaste el patio de la cabaña en donde los jóvenes soldados practicaban sus calentamientos matutinos, guiados por la capitana del Escuadrón de Investigaciones. El solo verlos moverse, los músculos contraerse y distenderse resultaba, por ahora, incluso cansado para ti aunque una parte de ti que se negaba a morir te decía que debías cambiarte de ropa ya que ellos habían comenzado sin ti. Una risa por aquel pensamiento condicionado se escapó de tu boca. Tanto tiempo en la milicia afectaba el cerebro.
-¡_._._._-Taichō!
Los soldados ignoraron olímpicamente a Hange, corriendo todos al mismo tiempo, sudorosos, sucios y semidesnudos hacia ti. Pero la cuarta y más pequeña muralla, Levi, se interpuso entre esos titanes humanos y tú, cortando sus nucas con la mirada.
-Atrévanse a tocarlas con esas asquerosas manos suyas y los asesinaré.- gruñó, cruzándose de brazos delante de ti. Los soldados parecían profundamente decepcionados mientras chasqueaban las lenguas y se alejaban hacia las duchas, dejándote junto con Levi nada más. En esas dos semanas ellos habían sido prohibidos de ir a verlos a ti y a la bebé, adivinen por quien. Frunciéndole el ceño, te dejaste guiar hasta que te hizo sentar (con extremo cuidado) sobre uno de los cuatro troncos que hacían de bancos en el patio. Comenzaba a molestarte la forma en que te trataba.
-Eres peor que una mamá gallina, Levi. Los chicos ni siquiera conocen a Dánae.
-¿Te parece que me importa?- fue su seca respuesta, sentándose a tu lado. -Y además, ¿De dónde vino ese nombre? "Dánae", eso no era lo que habíamos acordado.-
Levantando una ceja, arrullaste a la niña mientras le mirabas, divertida. A pesar de esa pregunta, su voz siempre tosca y grosera sonaba como una caricia cada vez que la nombraba.
-Tampoco habíamos acordado que tendríamos una niña, o que nacería en una cabaña en mitad de la nada justo en medio de una tormenta.- mandándote él una mirada que hubiese congelado una hoguera, tu suspiraste, apartando la mirada hacia el suelo. Desde esa noche no había vuelto a llover. -Lo he sacado de uno de mis libros... Dánae era la madre del Dios Perseo en la mitología griega. Su nombre tiene dos significados...-
-¿Dos?
-Si... Por un lado significa "árido, quemado"...- Levi frunció el ceño hacia ti, sin comprender probablemente por qué le habías puesto semejante nombre a su hija cuando tenía ese significado, y su confusión aumentó al notar que, lentamente, comenzabas a sonreírle a la pequeña. -Pero también puede significar... "Lluvia valiosa que cae sobre lo seco y trae vida".-
Los ojos del Lance Corporal se abrieron ligeramente, comprendiéndolo.
"Lluvia que trae vida".
Sin decir mucho más, se atrevió a meter un dedo en el interior del bulto blanco que llevabas entre tus brazos, acariciando suavemente una de las pequeñas mejillas de la niña, quien dormitaba tranquila entre la cálida tela antes de que frunciese el ceño por el toque, abriendo ligeramente los ojos.
Una sonora carcajada salió de tu boca al notar la mirada gélida que le mandó al dedo de Levi con esos hermosos ojos azul acero, como si le reclamase por haberla despertado. A pesar que pasaba casi todo el día durmiendo y apenas si lloraba cuando tenía hambre, había mostrado ciertos comportamientos en esos días que te hacían creer que sería idéntica a su padre, e incluso él mismo se sorprendió y tragó duro a alejar el dedo, intimidado.
-Creo que no le caigo muy bien a Dánae...- su tono afligido te hizo reír más fuerte, haciendo que él también te mandase una mirada gélida. -¿De qué mierda te ríes?
Fue entonces cuando lo notaste. La bebé se removió ligeramente, una suave sonrisa surcó su rostro por algunos segundos, sorprendiéndote.
...¿Acaso se había reído al escuchar a Levi decir groserías?
Ambos se miraron al rostro, mirando luego la adorable sonrisa de su hija y volvieron a verse al rostro, cada vez más anonadados... Una risita se escapó de tu boca, y segundo después Levi estaba sonriendo también, inclinándose para dejar un beso sobre la cabeza de Dánae y luego uno sobre tus labios, suave y lento, mirándote con adoración por largos minutos que parecían ser míseros segundos, asombrado y alegre. Jamás le habías visto tener esa mirada tan pacífica y satisfecha... En paz.
-¡Levi-Heichō! ¿Ya podemos verla? ¡Nos dimos un ba-!
Eren y los demás cortaron sus palabras, deteniéndose a algunos metros a sus espaldas sin que ustedes se diesen cuenta. Lentamente, apoyaste la cabeza contra el hombro de Levi, sintiéndolo apoyar luego su cabeza contra la tuya, un suave, casi inaudible suspiro saliendo de sus labios mientras veía hacia la nada. A pesar de haber estado "encerrada" durante todo ese tiempo, los días se sentían tan tranquilos y pacíficos como si todos hubiesen olvidado todo a su alrededor, como si ya no hubiesen muros ni titanes, ni personas que intentaban hacerles daño. Tan solo ustedes... Viviendo...
Esto era a lo que llamaban la calma tras la tormenta. ¿No? Eren pareció darse cuenta de ello. -Tengo un mal presentimiento.
Mikasa y Armin fruncieron el ceño, girándose a ver a su amigo. Este fruncía el ceño a su vez, mirando a la pareja que yacía tranquila, mirando hacia la nada en su propia burbuja de ilusoria felicidad. Aunque lo parecía, las cosas no estaban en paz... Justo ahora, de hecho, solo era el comienzo.
-Lo tengo desde hace tiempo... Esa bebé... Ha nacido en un mundo peligroso.- Eren masculló, apretando los puños. -...Y todos nosotros debemos saberlo... Incluso ellos deben saberlo... Cuál va a ser su futuro si esto sigue como sigue.-
Ante sus ojos, la imagen parpadeó. Ya no estaban las figuras de una pareja de soldados y una bebé...
Sino dos tumbas con dos capas de la Legión de Exploración ensangrentadas, y una niña de ojos como estrellas llorando entre ellas.
-...No podemos permitirlo.- Eren volvió a gruñir, sus ojos comenzando a tornarse de color dorado mas que turquesa... -No voy a permitirlo... Tenemos que acabar con todos ellos, y darle un futuro distinto a su hija.-
Sus compañeros miraron a Eren en silencio, inexpresivos. Normalmente cuando él empezaba con esas cosas, simplemente lo ignoraban o lo molestaban... Pero ahora, ahora estaban de acuerdo...
Que si no hacían algo, aquel futuro obscuro sin duda ocurriría.
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Muchas gracias por leer y perdón por lo malo y por la tardanza T_T! Por favor, si te gusto, si no te gusto, si lo odiaste, si quieres otro capitulo, si tienes una sugerencia para el siguiente capitulo, si crees que merezco morir... POR FAVOR deja un review, sigue o deja de favorita la historia o a mi, la escritora. Eso me ayudaría mucho.
Kurenai Lukia
