¡Qué cuentan chicas!... Como ven, aquí estoy de vuelta. Obviamente no con el mismo optimismo de siempre... pero bueeeno...
Sigo subiendo los capítulos que tengo, he intentado corregir la historia pero mi mente no da para mucho jejeje...
"Nuevo Reto, Nuevas Emociones"
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Capítulo XXI. Carte Blanche.
Brianna pasó gran parte de la noche sin poder dormir, y cuando lo lograba, un perturbador sueño la acosaba.
Alice y Rosalie entraron a la recámara muy de madrugada, esperando el momento en que la chica despertara. Brianna se revolvía mientras permanecía dormida, sus latidos eran acelerados y las chicas estaban empezando a preocuparse.
De un momento a otro despertó, su respiración era entrecortada y tenía el rostro encendido.
—¿Estás bien? — interrogó la rubia, secando el sudor de su frente.
—¿Tuviste una pesadilla? — quiso saber Alice.
—¡No! — respondió medio distraída.
—¿Y entonces? — volvió a preguntar. Tanto ella como Rosalie la miraban esperando una respuesta, Brianna se puso muy nerviosa.
—¡L-l-lo olvidé! — mintió. Su sueño era demasiado privado y vergonzoso para contarlo a alguien, en especial a ese par. Las vampiresas la miraron dudosas. — ¡Creo que… mejor voy a ducharme! — dijo y salió de la cama en el acto.
Se encerró en el baño, se desvistió y dejó que el agua tibia la golpeara. Se estaba relajando, sintiendo el agua correr por su cuerpo, cerró los ojos mientras se masajeaba la cabeza con su shampoo de almendras favorito. Fue en ese momento en que aquel perturbador sueño volvió a su mente.
Podía sentir unos brazos cálidos alrededor de su cuerpo, no estaba consciente de dónde o con quién se encontraba, pero repentinamente un aroma familiar la envolvió. Ese aroma parecía embriagarla, acallaba su razón… ¡y eso se sentía bien! Su corazón dio un vuelco cuando reconoció el aroma… era él, Edward. Se dejó guiar por sus sentidos y sus labios rozaron la superficie de una piel cálida y suave que se alejó casi de inmediato, pero no estaba lista para dejarlo ir. Enredó sus brazos en el cuello del vampiro y lo atrajo hacia ella, y lo besó.
Lo siguiente que sintió fue como una lengua acariciaba sus labios, éstos se abrieron por si solos permitiendo el paso a una impetuosa lengua que se entrelazaba y acariciaba a la suya. Cuando se apartó y pensó que todo había terminado, sintió los suaves labios del vampiro besar su cuello, deslizándose por su clavícula hasta llegar a su escote. Emitió un gemido de placer al tiempo que sentía su cuerpo entero arder. Una mano se deslizó por su pierna y subió por su muslo derecho debajo de la falda, instintivamente arqueó la espalda presionándose al cuerpo del vampiro. La mano bajo su falda empezó a tirar de su ropa interior… en ese momento despertó.
Brianna abrió los ojos nuevamente, se encontraba en la ducha, apretó los labios con fuerza reprimiendo un espectacular gemido cuando se dio cuenta de lo que había estado imaginando. No podía creer que eso le estuviera pasando, no solo lo sentía tan real, lo peor de todo era que le gustaba. Confundida y avergonzada, cerró de golpe el agua caliente. Estuvo a punto de gritar cuando el agua fría, que en realidad estaba helada, azotó su cuerpo, pero se contuvo.
Cuando salio de la ducha, se vistió, peinó y calzó, todo como un zombie. Aunque se esforzaba por aparentar normalidad, lo cierto era que su mente seguía en otra parte.
Bajó a desayunar, igual de retraída, apenas había acertado a dar los buenos días.
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—¡Bri! ¿Qué te ocurre? — preguntó Esme al verla tan distraída.
Briana estaba recogiendo los trastos sucios después de terminar su desayuno, y empezó a fregarlos.
—¡Nada! — respondió igual de retraída — ¿Por qué?
—¡Te noto algo… "ausente" desde esta mañana!... ¡Hija, ¿segura que está todo en orden?!
—¡Sí, mamá… no te preocupes!... ¡Sólo estoy algo mmm… "reflexiva" — dijo no muy convencida. Eso despertó la curiosidad de Esme.
La vampiresa se acercó y le ayudo enjuagando los platos.
—¡Y… ¿sobre qué has reflexionado?! — preguntó como que no quiere la cosa.
—¡Eh… "cosas"! — Esme la miró alzando una ceja. — ¡Por favor, no me preguntes! —suplicó, y un tímido rubor apareció en sus mejillas.
—Te falta el postre! —un vampiro de cabellos cobrizos entró en la cocina, abrió la nevera y empezó a llenar una copa de helado. Brianna reconoció el olor al instante.
—¿Queso y zarzamoras? — chilló emocionada. Edward asintió y le ofreció la copa y una cucharilla.
—¡Gracias! —volvió a sentarse a devorar su helado.
—¿Será que la consentimos demasiado? —pensó la vampiresa, dirigiéndose a su hijo. Pero Edward no le respondió, estaba embelesado contemplando a Brianna.
Fue hasta ese momento en que Esme pareció comprender lo que había estado sucediendo ante sus propios ojos… ¡su hijo estaba enamorado! Disimuladamente abandonó la cocina y se dirigió a trabajar en su estudio.
Apenas notó que se había quedado sola con el vampiro, los nervios empezaron a invadirla. Miró al frente y se encontró con la penetrante mirada de Edward.
—¿Ahora qué? — musitó con voz temblorosa.
—¿Qué de qué? — cuestionó indiferente. Había notado el nerviosismo en la chica, le encantaba verla así, sobre todo si él lo provocaba.
—¡No me veas así!
—¿Así cómo?
—¡Así!
—¡No te entiendo!
—¡Pues… no me veas!
—¡Oblígame!
—¡Edward! — chilló desesperada. Emmett acudió en su auxilio.
—¡Ya hermano, se va a hiperventilar!... ¡Deja de verla así!
—¿Así cómo?
—¡Así!
—¡No enti…!
—¡BASTAAAAAA! — Brianna saltó de su silla y abandonó la cocina.
Edward y Emmett se echaron a reír.
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No habían pasado ni quince minutos que llegó, cuando alguien llamó a la puerta.
—¡Adelante, Bri! — la invitó a pasar, no necesitaba leer mentes, ni vista de rayos x, para saber que era ella, podía escuchar su corazón latir desbocado desde que abandonó la cocina.
—¡Mamá… ¿Qué haces?! — dijo en cuanto entró en el pequeño estudio y vio que tenía unos planos sobre la mesa. — ¡Oh… estás ocupada! — hizo amago de retirarse, pero la vampiresa la tomó del brazo.
—¡No! ¡Entra, cielo! ¡Me alegra que estés aquí! — le ofreció una silla que colocó a su lado. — ¡Estoy terminando de trazar los planos para tu recámara!... ¡Ya que estás aquí, podrías ayudarme eligiendo los colores!
—¿En serio? ¿Esta será mi recámara? — miró los planos ladeando la cabeza a un lado y luego al otro, sin entender una sola rayita.
—¡Así es! — tomó una carpeta de un estante y se la entregó a la chica. — ¡Aquí hay varias muestras de color… revísalas y dime cual te gusta!
Brianna tomó la carpeta, la puso sobre sus rodillas y empezó a ojearla.
—¡Todavía no comprendo cómo lo harás! — comentó pasando las páginas. — ¡Esta casa ya tiene muchas habitaciones!
—¡No en el tercer piso!... ¡Sólo está la recámara de Edward, pero aún queda mucho espacio… mira… — le señaló en el plano — este es un pasillo muy amplio, levantaré una pared aquí, — volvió a señalar con su índice — tu recámara será del mismo tamaño que la de Edward!… ¿Ves? — apuntó el cuadro que representaba la habitación de su hijo. — ¿Qué te parece?
—¡Genial! — Por suerte Esme no notó el sarcasmo que impregnaba esa exclamación. — ¡Mi recámara frente a la suya!... ¿QUÉ DIABLOS VOY A HACER?... ¡Calma, Brianna, calma! ¡Tampoco es como que vayas a levantarte en mitad de la noche y violar a Edward!... ¡OUSH! ¡PERO QUÉ BABOSADAS PIENSO!
—¡Bri!
—¿Eh? ¿Sí? — despertó de sus divagaciones.
—¡Te pregunté qué color te ha gustado! — repitió la vampiresa.
Bajó la vista y se dio cuenta de que había estado pasando las páginas del muestrario sin prestarles atención. Regresó unas cuantas páginas y encontró un tono que la conquistó.
—¡Este! — apuntó en el catálogo.
—¡Verde berilo… — leyó — sí, también me gusta!
La puerta se abrió inesperadamente, mostrando a una inquieta rubia.
—¡Bri!... ¿Puedes venir un momento? — pidió, casi suplicó.
—¿Eh?... ¡Claro, Rose! — volteó a ver a Esme, pero estaba tan confundida como ella.
—¡Está bien, Bri… ve!... ¡Yo seguiré con esto ahora que estoy inspirada!
—¡Bien, mamá!... ¡Y graciaaaaaaas! — se escuchó el largo gritito de Brianna mientras Rosalie la arrastraba fuera del estudio.
La rubia no se detuvo hasta llegar a la recámara de Edward, dónde cerró con llave después de que ambas estuvieron adentro.
—¡Rose! ¿Volviste a tomar el bolso favorito de Alice?¡Porque dudo mucho que el pestillo de la puerta la detenga! — dijo con las manos en la cintura y mirando a Rosalie incrédula.
—¡No es Alice! — dijo abrazándose a la chica como un náufrago a un salvavidas.
—¡Entonces, ¿Quién?!
—¡Emmett! — respondió Edward saliendo del cuarto de baño, con el torso desnudo y el cabello mojado.
Brianna se quedó absorta con aquel panorama. Primero ese bochornoso sueño, luego como la miraba en la cocina, la decisión de Esme sobre las recámaras, y ahora, él saliendo de la ducha luciendo endemoniadamente sexy. Sentía las piernas de gelatina y temió que de un momento a otro la traicionaran.
Por suerte, Rosalie fue más rápida y la empujó hasta un taburete obligándola a sentarse. Empezó a cepillar el cabello de la chica, era su "terapia de distracción" para no pensar en muchas cosas que se le antojaban hacer en ese momento.
—¡P-p-p… ¿Por qué huyes de Emmett?! — preguntó cuando recuperó el habla. Cerró los ojos para no ver de nuevo al vampiro, que ahora se paseaba por la recámara buscando una camisa en el armario.
Cerrar los ojos, de nuevo fue un error. Las imágenes de aquél perturbador sueño, aparecieron de nuevo en su mente, haciéndola estremecer.
—¡No quieres saberlo! — comentó Edward abotonándose la camisa. Brianna abrió los ojos y se quedó mirándolo como hipnotizada. Edward sonrió de lado y la chica parpadeó deslumbrada.
—¿Por qué? — insistió, más que nada para disimular el efecto que la sonrisa de Edward le había provocado y se dio vuelta para encarar a la vampiresa.
—¡OK… lo que pasa es que Emmett tiene ganas de…!
—¡ROSE, NO!
—Rlájate, Edward!... ¡Bri ya tiene suficiente edad para hablar de sexo!
—Noooooooooo! ¡Eso no!... ¡Es lo que menos necesito ahora! — dijo Brianna para sus adentros poniéndose colorada hasta las orejas. Sin embargo tenía ciertas dudas — ¡Aún no entiendo… ¿Por qué huyes?, que no te gusta tener…! — su cara se puso aún más roja y no pudo terminar la frase.
—¡Generalmente esperamos a la noche! — respondió la rubia. Brianna arrugó el ceño.
—¡Rose, si es por "consideración" a mí… ¿consideración?... ¿pero que estupideces digo? — pensó y no pudo contener la risa — «¡Rose, no es necesario que cambien su "ritmo" de vida por mí… es algo a lo que tendré que acostumbrarme tarde o temprano!... ¡Y te aseguro que mi mente es mucho más abierta que la de Edward!» — ambas voltearon a verlo sin decir nada y rieron por lo bajo — «¡Pero mientras me acostumbro, te aviso que pienso salir a dar un paseo, que buena falta me hace!»
Rosalie asintió agradecida, abrazó a la chica y le dio un beso en la mejilla antes de salir de la habitación.
—¿Qué le has dicho? — preguntó interesado por la reacción de su hermana.
No le respondió, sólo sonrió con malicia y salió rápidamente de la recámara.
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Esme seguía en su estudio, cuando escuchó el sonido de nudillos golpeando suavemente en la puerta. Estaba a punto de invitar a pasar a su visita, cuando la puerta se abrió sola.
—¡Mamá, ¿puedo salir a dar un paseo?! — preguntó Brianna agarrada de la puerta y sonriendo angelicalmente.
—¡Sí, cielo!... ¡Pero ten cuidado y…!
—¡Gracias, mami! — le dio un beso rápido en la frente y salió corriendo antes de dejarla terminar.
—¡… y que alguien te acompañe! — concluyó la atónita vampiresa.
—¡Yo voy! — avisó Edward pasando a prisa frente a la puerta.
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Salió de casa sin rumbo fijo, ahora que se había solucionado lo de la amenaza Volturi, se sentía libre de explorar por el bosque a placer. Llegó hasta una pequeña laguna… o charco, según le pareció a ella. En la orilla el agua era cristalina y alcanzaban a distinguirse infinidad de renacuajos. Se sentó a observar, y un sapo se aproximó a ella saliendo de entre unos helechos.
—¡Hola! — saludó al animalito extendiéndole su palma.
No le extraño para nada que el sapito subiera a su mano, desde niña había tenido ese efecto en todo tipo de criaturas… igual que su padre, era una de las pocas cualidades banshee que su padre había manifestado. Levantó al sapo y con la mano libre empezó a acariciarlo.
—¿Has encontrado tu príncipe? — se burló Edward cuando la encontró acariciando al anfibio.
—¡Yo diría! ¡Todo es posible! — respondió soltando una tímida risita. — ¡Si hay hombres que se convierten en lobos… aunque, hay que admitir que uno que se convierta en sapo resultaría bastante grotesco! — hizo una mueca. Ambos rieron.
—¡Puedes besarlo y ver que pasa! — dijo divertido.
—¡Ja-ja! ¡Besar un sapo es una de las cosas que nunca me verás hacer! — soltó al sapo y éste se fue dando saltos.
—¿Y qué más hay en la lista? — se acomodó junto a ella. Brianna se sobresaltó, pero fingió estar pensativa mientras ocultaba su sonrojo.
—¡No… si te lo digo, lo usarás en mi contra!
—¡No lo haré, lo prometo! — le enseño las palmas para que viera que no cruzaba los dedos. Brianna lo miró a los ojos, pero no pudo sostenerle la mirada y se volvió a ver el charco-laguna.
—¡Arácnidos e insectos… nunca me verás tocar, sostener, ni mucho menos comer uno!
—¡Estoy a favor!
—¡Y ni se diga acercarme a un… un… p-p-payaso!
—¿Le temes a los payasos? — preguntó notoriamente sorprendido.
—¿Por qué te sorprende? ¡Muchas personas les temen, no es algo raro! — se defendió apenada.
—¡Sí!... ¡Pero dudo mucho que cualquiera de esas personas sea capaz de correr a encarar a tres vam… bueno, dos vampiros — se corrigió — hambrientos de venganza y poder!
Brianna se quedó muy pensativa, esta vez en serio estaba pensando, ¿Edward creía que no le temía a los Volturis?... ¡Solo un demente no les temería!
—¡Crees que no les temo, solo porque no me dejé intimidar!... — dedujo — ¡He visto lo que hacen en su castillo, como "viven"!... ¡Y les temo, por dios… claro que les temo!... ¡Sin embargo, hay sentimientos mucho más fuertes que el miedo!
—¡Lo se! — coincidió con ella. Después de un largo e incómodo silencio, cambio de tema. — ¡Marco te cuida mucho!
—¡Sí, él no es como los otros!... ¡Pero lleva demasiado tiempo entre ellos para intentar algo diferente!
—¡Pero… Áine y él… !
—¡Eso fue hace mucho tiempo!... ¡Eligieron caminos distintos y ahora son demasiado obstinados y orgullosos para aceptar que se equivocaron!
Se quedaron nuevamente en silencio, observando a los renacuajos en el agua cristalina.
—¡Hola! ¿Qué hacen? — se presentó un duende de cabello negro.
—¡Allie! — fue todo lo que se le ocurrió decir al verla.
—¡Hola! — saludo Jasper. — ¡Pero cuanta paz!... ¿No deberían estar halándose de los cabellos o sacándose la lengua a estas alturas del día?
—¡Nop!... ¡Es domingo! — respondió Edward.
—¡Sipi!... ¡Día de descanso! — agregó Brianna. — ¿Y ustedes que hacen por acá?
—¡Huir de la pareja "demoledora"! — respondió Jasper. Brianna soltó una carcajada.
—¿Demoledora?... ¡No suena muy romántico!
—¡No intentamos ser románticos… somos literales! — respondió Alice — ¿Sabes cuantas casas han destrozado?
—¡Lo ignoro!... ¡Y prefiero no imaginarlo! — dijo sacudiendo la cabeza con cara de trauma.
—¡Pues como castigo, tendrás que imaginarlo! — chilló Alice.
—¿Castigo? ¿Yo? ¿Por qué? — preguntó asustada.
—¡Porque fuiste tu la que les dio "carte blanche" en todo esto! — contestó Jasper muy serio, mientras Alice la miraba fijo y con las manos en jarras.
—¡Ups!
—¿Ups?... ¿Eso es todo lo que tienes que decir a tu favor?
—¡Pues… ¿Qué quieres que diga, Allie?... ¿Qué me arrepiento?!... ¡No voy a mentir!... ¡Después de todo, son una pareja tal cual, y tienen derecho a hacer… — se estaba poniendo cada vez más roja — "eso", es algo natural!... ¡Tal vez sean un "poquito" desenfrenados, pero… es porque se aman y así es como ellos se lo demuestran y… ¿QUIERE ALGUIEN CALLARME, POR EL AMOR DE DIOS?!
Los tres vampiros estallaron en carcajadas, mientras Brianna seguía acalorada por el bochorno. Edward, al verla tan sonrojada, no pudo evitar recordar la noche anterior, cuando casi… casi la hacía suya, sin proponérselo empezó a recordar los besos de la chica, la forma en que se dejaba acariciar, sus gemidos, su cuerpo ardiente fundiéndose con el suyo…
—¡Edward… ¿Qué te parece si me acompañas a cazar?... creo que ya te hace falta! — lo llamó Jasper sujetándolo del hombro — "¡Hermano, la situación aquí, está peor que con Rose y Emmett!... ¡Necesitas alejarte un poco!... ¡Vamos!"
—¡Tienes razón Jazz, la verdad empiezo a tener algo de sed! — dijo sin apartar la mirada de Brianna.
—¡Si me sigues viendo así pensaré que quieres comerme! — dijo la chica bromeando.
—¡La verdad, sí! ¡Te ves bastante apetitosa!... — La chica se sonrojó de nuevo. — ¡Pero tu sangre es lo que menos me interesa ahora!
—¡Suerte para mí que seas vegetariano!... ¡Ahora ve, y caza un enorme puma! — le animó. — ¡Bautízalo con mi nombre si con eso te resulta más apetecible!
Alice y Jasper rieron del chiste, pero Edward solo sonrió y negó con la cabeza.
—¡Ay, Bri! ¿Te he dicho que estás bien loquita? — preguntó Edward con exagerada ternura.
—¡Sip!
—¡Pues lo confirmo! – Brianna le sacó la lengua.
—¡Domingo! – avisó Jasper. Brianna volvió a esconder la lengua de inmediato.
¡Lo sé, lo sé, lo sé... he tardado un milenio en actualizar! Amigas, fieles lectoras mías... me disculpo encarecidamente, pero ahora siento que todo mi mundo empieza a colapsarse. Es mi último semestre en la carrera de derecho, estoy por graduarme y entre las practicas, las juntas del comité prograduación, las actividades para recabar fondos y demás, pues se me come el tiempo... eso y algunas otras cosillas que me han salido por ahí (sin albur jajaja). Luego les cuento en privado la razón de mi bloqueo jajaja.
Un gran abrazo y un beso para mi vecina y amigocha: Perita, mejor conocida en fanfiction como Little Hope, quien no ha dejado de actualizar y publicar nuevos fics pese a los problemillas que la agobian... ¡ánimo amigui! ¡ese es el espíritu de una buena escritora!
